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Esposos en la Oscuridad 《CharlieBabe》

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Summary

Segunda parte del ONE SHOT "Nadie toca lo mío"

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

El Nuevo Equilibrio (El Imperio Sigue)

Días después, la rutina volvió, pero con un matiz diferente. Los rumores sobre la "desaparición" de Willy se extendieron rápido por el submundo: un yate encontrado a la deriva, sin cuerpo, sin pistas. Nadie preguntó demasiado. Nadie se atrevió.

Babe y Charlie fortalecieron aún más su alianza. Las reuniones ahora eran conjuntas: Babe al mando en Tailandia, Charlie en Oceanía, pero siempre con la presencia del otro, ya fuera física o virtual. Los lugartenientes lo notaban: las decisiones eran más rápidas, las amenazas se extinguían antes de nacer, y el miedo al dúo Naret-Krittin se convirtió en leyenda.

Una tarde, en la terraza de la mansión, Babe y Charlie tomaban café mientras revisaban informes de nuevas rutas.

—¿Crees qué habrá más como Willy?— preguntó Babe, con su tono casual pero atento.

Charlie dejó la taza y tomó la mano de Babe, entrelazando sus dedos.

—Siempre habrá idiotas que crean que pueden tenerte.— Su mirada se endureció un segundo, pero luego se suavizó.— Pero ninguno llegará tan lejos como él. Porque ahora saben: tocarte es tocarme a mí. Y yo no perdono.

Babe se inclinó y besó su mejilla.

—Y yo no quiero que nadie más me toque. Solo tú, Cachorro. Siempre tú.

Charlie lo atrajo hacia su regazo, abrazándolo fuerte contra su pecho.

—Siempre yo.— repitió, besando su cabello.— Hasta el final.

El mar rugía abajo, testigo silencioso de su unión. En un mundo de traiciones y sangre, ellos habían encontrado algo más fuerte que el poder: un amor que había sobrevivido a la muerte, a la amnesia y a la oscuridad. Y ahora, nadie podrá arrebatárselo.

La Mañana Compartida

El sol entraba suave por las cortinas de la mansión Naret, iluminando la cama donde Babe y Charlie seguían enredados bajo las sábanas. Charlie despertó primero, como siempre, y se quedó observándolo: el rostro relajado de Babe, las marcas tenues en su cuello que ya empezaban a desvanecerse, la forma en que su pecho subía y bajaba con calma.

Babe abrió los ojos lentamente y sonrió al verlo.

—Otra vez mirándome como si fuera a desaparecer.— murmuró, estirando la mano para tocar la mejilla de Charlie.

Charlie atrapó esa mano y besó la palma con ternura.

—Porque ya desapareciste una vez, mi amor. Ahora no puedo dejar de comprobar que estás aquí.— Se inclinó y lo besó en los labios, un beso lento, profundo, lleno de esa posesividad tranquila que ya era parte de ellos.— Te amo, Babe. Te amo tanto que a veces me duele el pecho.

Babe rodeó su cuello con los brazos, atrayéndolo más cerca.

—Yo también te amo, Cachorro. Cada mañana me despierto y pienso: “Es real. Lo recuperé”. Después de trece años…esto sigue pareciendo un sueño.

Se quedaron así un rato largo, solo besándose suavemente, sus frentes pegadas, respirando el mismo aire. Charlie pasó los dedos por el cabello de Babe, desenredándolo con cuidado.

—¿Sabes qué quiero hoy?—.susurró Charlie.— Nada de reuniones. Nada de mapas. Solo tú y yo. Desayuno en la terraza, caminar por la playa privada…y que me cuentes otra vez cómo era yo a los quince años. Quiero recordar cada detalle que tú guardaste.

Babe rio bajito contra su boca.

—Eras un desastre adorable. Robabas comida de la cocina y me culpabas a mí. Pero siempre me mirabas como si yo fuera el centro del mundo.

—Porque lo eras.— respondió Charlie, besándolo una vez más, esta vez con más intensidad, pero sin prisa.— Y lo sigues siendo.

La Tarde en la Playa

Después del desayuno, bajaron a la playa privada de la mansión. El mar estaba calmado, el viento cálido. Caminaron descalzos por la arena, manos entrelazadas.

Charlie llevaba una camisa blanca suelta; Babe solo pantalones cortos y una camiseta holgada. De vez en cuando se detenían para besarse: un beso rápido contra una palmera, otro más largo cuando las olas les mojaban los pies.

—Dime la verdad.— dijo Babe, deteniéndose y mirándolo a los ojos.— ¿Nunca dudaste de qué yo te esperaría? ¿Aunque no recordarás nada?

Charlie lo abrazó por la cintura, atrayéndolo contra su pecho.

—Dudé de todo…menos de ese vacío que sentía. Siempre supe que faltaba alguien importante. Cuando te vi por primera vez en el yate, algo dentro de mí gritó “es él”. No sabía por qué, pero lo sentí.—.Besó su frente.— Y ahora que lo sé todo, no pienso soltarte nunca. Eres mío, Babe. No por la mafia, no por el poder. Solo mío.

Babe apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos.

—Y tú eres mío, Cachorro. El único que puede hacerme sentir vulnerable y fuerte al mismo tiempo.

Se quedaron abrazados frente al mar, el sonido de las olas como única música, besándose hasta que el sol empezó a bajar.

La Separación Temporal

Por la tarde, la realidad del imperio los llamó. Babe se quedó en Phuket, en el despacho principal, revisando los informes de los puertos tailandeses. Charlie voló a Sydney para supervisar una entrega crítica en Oceanía.

En la oficina de Babe, su asistente Tan entró con una carpeta.

—Jefe, los nuevos contactos de Malasia ya firmaron. Pero hay un retraso en la ruta de Singapur.

Babe levantó la vista, frío y calculador como siempre.

—Diles que si no lo resuelven en 24 horas, perdemos el contrato. Y avísame si alguien intenta negociar por separado. Nadie mueve nada sin mi aprobación…o la de Charlie.

Tan asintió y salió. Babe tomó su teléfono y marcó el número privado de Charlie. Este contestó al segundo tono.

—¿Ya extrañándome, mi amor?—.dijo Charlie con esa sonrisa que Babe podía oír en su voz.

Babe se recostó en el sillón, sonriendo a pesar de sí mismo.

—Un poco. Aquí todo está controlado, pero quiero saber cómo va tu lado.

Charlie, desde su oficina con vista al puerto de Sydney, respondió mientras revisaba pantallas.

—Perfecto. El cargamento ya está en camino. Mis hombres están nerviosos porque saben que si algo sale mal, te tengo que dar explicaciones a ti.— Rio bajito.— Te amo, Babe. Incluso cuando estamos en países diferentes, siento que estás aquí conmigo.

Babe cerró los ojos un segundo, imaginando su rostro.

—Yo también te amo, Cachorro. Termina rápido y vuelve. La cama se siente demasiado grande sin ti.

—Volveré mañana por la noche.—.prometió Charlie.— Y cuando llegue…te compensaré por cada hora lejos. Ahora concéntrate en tu trabajo, jefe Naret. Yo me encargo del mío.

Colgaron con una promesa silenciosa. Babe volvió a los mapas con renovada energía; Charlie siguió revisando rutas con la misma determinación. Estaban separados por océanos, pero conectados por algo mucho más fuerte que la distancia.

Cada uno en su trono, cada uno en su territorio…pero siempre pensando en el otro.

El imperio más poderoso del sudeste asiático y Oceanía seguía creciendo, porque ahora lo construían juntos, aunque fuera desde dos puntos distintos del mapa.

El Regreso de Charlie (Reencuentro en Casa)

Charlie aterrizó en Phuket al atardecer del día siguiente. El vuelo había sido corto pero interminable; cada minuto lejos de Babe se sentía como una eternidad. Cuando entró en la mansión, el sol ya teñía el cielo de naranja y rosa. Babe lo esperaba en la terraza principal, apoyado en la barandilla, mirando el mar con una taza de café en la mano.

Llevaba una camisa ligera abierta en el pecho y pantalones sueltos, el viento jugando con su cabello.

Charlie se acercó en silencio por detrás, rodeó su cintura con los brazos y apoyó la barbilla en su hombro.

—Volví.— susurró contra su cuello, inhalando su aroma familiar.

Babe dejó la taza en la barandilla y giró en sus brazos, sonriendo con esa suavidad que solo Charlie veía.

—Te tardaste demasiado, Cachorro.— dijo, rodeando su cuello con los brazos.— La mansión se siente vacía sin ti.

Charlie lo besó despacio, un beso que empezó tierno y se profundizó poco a poco, sus manos subiendo por la espalda de Babe bajo la camisa.

—Cada segundo pensando en ti.— murmuró contra sus labios.— En cómo te verías esperándome. En cómo olerías. En cómo sabrías.

Babe rio bajito, mordisqueando su labio inferior.

—Eres un cursi cuando quieres.

Charlie sonrió, besándolo de nuevo.

—Solo contigo. Solo contigo soy todo lo que no soy con el resto del mundo.

Se quedaron abrazados allí, viendo cómo el sol se hundía en el horizonte, besándose intermitentemente, susurrando tonterías y promesas. Cuando la noche cayó, entraron a la casa tomados de la mano, como si no pudieran soportar ni un segundo de separación.

Noche de Conversación Íntima

Cenaron en la habitación principal, comida ligera traída del restaurante favorito de Babe: mariscos frescos, arroz con coco y una botella de vino tinto. Se sentaron en la cama, con platos en las piernas, riendo de anécdotas del día.

Charlie le contó sobre un lugarteniente nervioso en Sydney que casi deja caer un contenedor porque “sabía que el jefe Krittin estaba de mal humor por extrañar a su pareja”.

Babe soltó una carcajada.

—¿De mal humor? ¿Tú? Imposible.

Charlie lo miró con fingida seriedad.

—Cuando no estás cerca, sí lo estoy.—.Dejó el plato a un lado y se acercó, quitándole el plato a Babe también.— Ven aquí.

Babe se dejó arrastrar hasta su regazo, sentándose a horcajadas sobre él. Charlie lo abrazó por la cintura, besando su clavícula expuesta.

—¿Qué hiciste hoy sin mí?— preguntó Charlie, con su voz baja y curiosa.

Babe pasó los dedos por su cabello.

—Trabajé. Cerré el acuerdo con Malasia. Revisé las rutas del Golfo. Pero cada vez que sonaba el teléfono, esperaba que fueras tú.— Besó su frente.— Te extrañé. Mucho.

Charlie lo apretó más fuerte.

—Y yo a ti. No soporto estar lejos. Quiero que vengas conmigo la próxima vez a Sydney. O que yo me quede aquí más tiempo. No me gusta esta distancia.

Babe asintió, apoyando la frente contra la de Charlie.

—Hagámoslo. El imperio puede esperar un poco. Nosotros no.

Se besaron largo rato, besos lentos y profundos que no buscaban más que conexión, que no pedían nada más que estar cerca. Cuando se separaron, Charlie lo miró a los ojos.

—Te amo, Babe. No solo como antes. Más. Más profundo. Más fuerte.

Babe sonrió, besándolo una vez más.

—Y yo a ti, Cachorro. Siempre más.

La Rutina Separada pero Conectada

Al día siguiente, la realidad volvió a reclamarlos.

Babe se quedó en Phuket. Pasó la mañana en el despacho principal, coordinando con Tan la inspección de un nuevo cargamento en el puerto principal. Revisó mapas, firmó autorizaciones, habló por teléfono con contactos corruptos en aduanas.

—Quiero ojos en cada contenedor.— ordenó Babe a Tan.— Si hay algo fuera de lugar, avísame inmediatamente. Y mantén la línea directa con Charlie abierta.

Tan asintió.

—Sí, jefe. ¿Algo más?

Babe miró su teléfono, donde tenía un mensaje reciente de Charlie: una foto de él en su oficina en Sydney, con la leyenda “Pensando en ti. Vuelve pronto a casa (nuestra cama)”.

Babe sonrió y respondió: “Ya estoy contando las horas. Te amo.”

Mientras tanto, en Sydney, Charlie estaba en una reunión con sus lugartenientes. La sala era fría, moderna, con vistas al puerto.

Hablaba con voz firme, señalando puntos en un mapa digital proyectado en la pared.

—El próximo envío a Melbourne debe llegar sin retrasos. Si hay problemas con la policía portuaria, sobórnenlos o elimínenlos. No tolero errores.

Uno de sus hombres intervino.

—Jefe, hay rumores de que alguien está ofreciendo rutas alternativas más baratas. Podría ser competencia.

Charlie sonrió fríamente.

—Que ofrezcan. Nadie compite con nosotros. Porque no solo tengo rutas…tengo a Babe Naret. Y eso significa que cualquiera que intente meterse, termina como Willy: desaparecido.

La sala quedó en silencio. Nadie preguntó más.

Charlie miró su teléfono: el mensaje de Babe.

Respondió rápido: “Te extraño ya. Termino aquí y vuelo esta noche. Prepárate, mi amor. Quiero verte dormido con mi camisa otra vez.”

Babe, al otro lado del mundo, leyó el mensaje y sintió un calor en el pecho. Contestó: “Ya la tengo puesta. Ven pronto.”

Ambos volvieron al trabajo con la misma intensidad de siempre: fríos, calculadores, implacables. Pero en cada pausa, en cada mirada al teléfono, recordaban que su verdadero hogar no era una mansión ni un imperio…era el otro.

El poder seguía creciendo. Las rutas se expandían. Los enemigos se reducían. Pero lo que realmente importaba era que, al final del día, siempre volvían el uno al otro.

El Reencuentro (Noche de Reclamación)

Charlie aterrizó pasadas las once de la noche. No avisó. Quería sorprenderlo. Entró a la mansión en silencio, subió las escaleras y abrió la puerta del dormitorio sin hacer ruido.

Babe estaba exactamente como Charlie había imaginado: dormido boca abajo, con solo la camisa de Charlie puesta, desabotonada y arrugada, cubriéndole apenas el trasero. Nada debajo. Las piernas ligeramente abiertas, el cuello expuesto con las marcas viejas aún visibles. Charlie sintió cómo su sangre hervía al instante.

Se quitó la ropa en segundos, dejando solo los pantalones abiertos. Subió a la cama con movimientos depredadores y se colocó encima de Babe, presionando su peso contra él. Sin preámbulos, separó sus piernas con las rodillas y metió una mano debajo de la camisa, agarrando su muslo con fuerza.

Babe despertó con un jadeo ahogado cuando sintió el cuerpo duro de Charlie sobre él.

—Charlie…—mgimió, todavía medio dormido.

Charlie no contestó con palabras. Bajó la cabeza y mordió su nuca con saña, clavando los dientes mientras alineaba su miembro ya completamente duro contra la entrada de Babe.

—Te dije que vendría esta noche.— gruñó contra su oreja, voz ronca y peligrosa.— Y te dije que te quería exactamente así.

De un solo empujón brutal, se hundió hasta el fondo en un movimiento seco y violento. Babe gritó, su cuerpo arqueándose violentamente bajo él, las manos aferrándose a las sábanas.

—¡Joder…Charlie!— sollozó Babe, lágrimas instantáneas llenando sus ojos por la intensidad del estiramiento.

Charlie empezó a follarlo sin piedad, embestidas profundas y rudas que hacían que la cama golpeara contra la pared. Cada embestida era un golpe seco, animal, sin ningún tipo de suavidad.

—Mírate…durmiendo con mi camisa y sin nada abajo, esperando que te use.— gruñó Charlie, mordiendo su cuello con fuerza mientras acelera el ritmo.— Tu agujero tan caliente, tan apretado, tragándose mi polla como si llevara todo el día rogando por esto. ¿Lo extrañaste, mi amor? ¿Extrañaste qué te folle como si quisiera romperte?

Babe sollozaba contra la almohada, el placer tan brutal que su cuerpo temblaba sin control.

—¡Sí…sí, te extrañé! ¡Más duro, por favor…!— gritó, lágrimas corriendo por sus mejillas.

Charlie lo agarró del cabello, tirando su cabeza hacia atrás para morder su mandíbula y luego devorar su boca en un beso salvaje, mordiendo sus labios hasta que sangraron ligeramente.

—Así me gusta…llorando mientras te abro.— dijo Charlie, su voz obscena y posesiva entre embestidas bestiales.— Siente cómo te llenó, mi amor. Tu interior tan resbaladizo, apretándome tan rico que casi no puedo salir. Nadie más va a tener esto nunca. Nadie más te va a hacer gritar así.

Bajó la boca a los pezones de Babe, chupando uno con fuerza brutal, mordiéndolo con los dientes mientras seguía follándolo sin descanso. Babe gritó más alto, su cuerpo convulsionando.

—¡Charlie…duele rico…no pares!— sollozó Babe, las lágrimas empapando la almohada.

Charlie cambió al otro pezón, succionándolo con saña, dejando marcas rojas mientras sus caderas golpeaban sin misericordia, el sonido húmedo y violento de piel contra piel llenando toda la habitación.

—Llora más fuerte, mi amor.— ordenó Charlie, tirando de su cabello otra vez.— Quiero oír cuánto te gusta que te use. Quiero que sientas cada centímetro de mi polla rompiéndote por dentro. Eres tan perfecto…tan mío…tan jodidamente apretado.

Babe sollozaba sin control, su cuerpo entero temblando, las piernas abiertas al máximo mientras Charlie lo mantenía inmovilizado contra el colchón.

—Te amo…te amo…¡fóllame más fuerte, Cachorro!— gritó entre lágrimas.

Charlie aceleró hasta un ritmo casi inhumano, embistiendo con violencia pura, una mano apretando su cadera con moretones mientras la otra seguía tirando de su cabello.

—Vente para mí.— gruñó contra su oreja, mordiendo el lóbulo.— Quiero sentir cómo te corres mientras te destruyo. Muéstrame que eres mío.

Babe explotó con un grito ahogado, su interior apretando a Charlie con fuerza desesperada, lágrimas y gemidos saliendo sin control.

Charlie lo siguió segundos después, embistiendo una última vez con brutalidad salvaje, llenándolo hasta el fondo con chorros calientes y espesos.

Se quedaron así, jadeando, Charlie aún enterrado profundamente dentro de Babe, besando ahora las lágrimas de su rostro con una ternura contrastante.

—Te amo, mi amor.— susurró Charlie, todavía dentro de él.— Te amo tanto que a veces tengo que follarte así para recordarme que eres real.

Babe, exhausto y temblando, giró la cabeza lo suficiente para besarlo débilmente.

—Y yo te amo…aunque me rompas cada noche, Cachorro.

Charlie sonrió contra su boca, sin salir todavía.

—Entonces prepárate…porque todavía no he terminado contigo esta noche.

La Boda Secreta (Unos Meses Después)

La ceremonia fue privada, casi clandestina, como todo lo que ellos hacían en su mundo.

No hubo invitados de la mafia, ni ostentación.

Solo un pequeño jardín privado en una isla tailandesa remota, rodeado de mar y guardias discretos. Babe vestía un traje negro impecable, sin corbata, el primer botón abierto; Charlie uno gris oscuro que hacía resaltar sus ojos. Ninguno llevaba anillos visibles —solo dos cadenas finas de oro con colgantes idénticos: un pequeño ancla grabada con sus iniciales, ocultas bajo la camisa.

Ofició un juez amigo de confianza, uno que no preguntaba nombres ni orígenes.

Cuando llegó el momento de los votos, Babe habló primero, su voz baja pero firme, solo para Charlie.

—Te perdí una vez, Cachorro. Trece años sin ti fueron el infierno más largo de mi vida. Juré que si volvías, nunca te dejaría ir. Hoy cumplo esa promesa. Te doy todo lo que soy: mi poder, mi imperio, mi cuerpo, mi alma. Eres mío. Y yo soy tuyo. Para siempre.

Charlie tragó saliva, sus ojos brillando con una emoción que raramente mostraba al mundo.

—Babe…mi amor. Volví sin saber quién era, pero mi cuerpo y mi corazón siempre supieron que eras tú. No recuerdo cada detalle del pasado, pero recuerdo lo que importa: que te amo desde que tenía quince años. Hoy te prometo lo mismo que tú me diste entonces: protección, lealtad, pasión. Nadie te tocará nunca más. Nadie nos separará. Te amo. Te amo tanto que duele. Y te amaré hasta que el mar se seque.

Se besaron bajo el sol poniente, un beso profundo y lento que selló todo. Los guardias aplaudieron discretamente. Nadie más lo sabría. En el submundo, seguirían siendo los jefes Naret y Krittin, aliados invencibles. Pero entre ellos, ahora eran esposos.

Luna de Miel en Francia (París y Provenza)

Volaron a Francia esa misma noche en un jet privado. Primero París: una suite en el último piso del Ritz con vistas a la Torre Eiffel. La primera noche la pasaron en la terraza, bebiendo champán mientras la ciudad brillaba abajo.

Charlie abrazó a Babe por detrás, besando su cuello.

—Señor Naret-Krittin…— susurró burlón contra su piel.— Suena bien, ¿no?

Babe río, girándose en sus brazos.

—Suena perfecto, señor Krittin-Naret.— Lo besó profundamente.— Pero aquí no hay jefes. Solo nosotros.

Charlie lo levantó en brazos sin esfuerzo y lo llevó adentro, depositándolo en la enorme cama con dosel.

—Entonces déjame demostrarte cuánto te amo como esposo.— dijo, su voz bajando a un ronroneo posesivo.

Se desvistieron mutuamente con lentitud deliberada, besos que empezaban suaves y se volvían hambrientos. Charlie empujó a Babe contra las almohadas, subiéndose encima de él.

—Mi esposo…— repitió Charlie, mordiendo su labio inferior.— Mi marido. Mío legalmente ahora. Nadie puede negarlo.

Babe jadeó cuando Charlie bajó por su cuello, chupando y mordiendo la piel ya marcada.

—Entonces fóllame como esposo.— susurró Babe, sus manos enredándose en el cabello de Charlie.— Hazme sentir que soy tuyo de todas las formas posibles.

Charlie no esperó más. Se hundió en Babe de un solo empujón brutal, arrancándole un grito ahogado.

—Siente esto, mi amor.— gruñó Charlie, embistiendo con fuerza ruda, cada movimiento profundo y posesivo.— Tu entrada tan caliente, tan apretada, tragándose mi polla como si nunca quisiera soltarme. Eres mi esposo…mi todo…y te voy a follar hasta que no puedas caminar mañana.

Babe sollozó de placer, lágrimas rodando por sus mejillas mientras sus uñas se clavaban en la espalda de Charlie.

—¡Charlie…sí…más duro!— gritó, arqueándose contra él.

Charlie mordió su pezón con saña, succionándolo mientras aceleraba el ritmo, la cama crujiendo bajo ellos.

—Mírate…llorando para tu marido.— dijo Charlie, su voz obscena y dominante.— Tu interior tan resbaladizo, tan perfecto para mí. Nadie más te llenará así. Nadie más te hará gritar como yo lo hago.

Babe sollozaba sin control, el placer tan intenso que su cuerpo temblaba.

—Te amo…te amo…¡fóllame más fuerte, esposo!— suplicó entre lágrimas.

Charlie obedeció, embistiendo con violencia bestial, una mano tirando del cabello de Babe para exponer su cuello y morderlo de nuevo.

—Vente para mí, mi amor.— ordenó.— Quiero sentir cómo te corres siendo mi esposo. Muéstrame que esto es para siempre.

Babe explotó con un grito roto, su interior apretando a Charlie con fuerza desesperada.

Charlie lo siguió, embistiendo una última vez con brutalidad salvaje, llenándolo mientras gruñía contra su oído:

—Te amo…mi esposo…siempre mío.

Provenza (Días de Paz y Pasión)

Después de París, se mudaron a una villa privada en Provenza: campos de lavanda, viñedos, una piscina infinita con vistas a colinas verdes. Pasaban los días caminando de la mano, besándose bajo el sol, comiendo en terrazas ocultas.

Una tarde, en la piscina, Charlie atrapó a Babe contra el borde, besándolo con hambre.

—Aquí nadie nos ve.— susurró Charlie, sus manos bajando por el cuerpo mojado de Babe.— Quiero follarte bajo el sol francés.

Babe jadeó cuando Charlie lo levantó, enredando sus piernas alrededor de su cintura.

—Entonces hazlo, esposo.— dijo Babe, mordiendo su oreja.— Reclámame otra vez.

Charlie lo penetró con fuerza, el agua salpicando alrededor mientras embestía con rudeza.

—Siente cómo te abro bajo el cielo de Francia.— gruñó Charlie.— Tu cuerpo tan caliente, tan mío. Mi esposo…mi vida.

Babe sollozó de placer, lágrimas mezclados con el agua.

—Te amo…te amo tanto…

Charlie mordió su cuello, chupando con saña mientras seguía follándolo sin piedad.

—Llora para mí, mi amor. Llora mientras te hago mío en cada rincón del mundo.

El orgasmo los alcanzó juntos, gritos ahogados contra el cuello del otro, cuerpos temblando en el agua.

Después, se quedaron abrazados, flotando en silencio.

—Esto es para siempre.— susurró Babe.

Charlie lo besó suavemente.

—Para siempre, mi esposo. Donde sea. Como sea. Siempre nosotros.

La luna de miel continuó: besos robados en viñedos, noches de pasión violenta y tierna, promesas susurradas al amanecer. En Francia, lejos del mundo mafioso, eran solo dos hombres casados, profundamente enamorados, y completamente irrompibles.

El Regreso a Tailandia (Vuelta a la Realidad)

El jet privado aterrizó en Phuket bajo un cielo gris de tormenta. Babe y Charlie bajaron tomados de la mano, el aire húmedo y cálido golpeándolos como un recordatorio inmediato de que la luna de miel había terminado. Los guardaespaldas los esperaban en la pista, con vehículos blindados listos. Ninguno de los dos soltó la mano del otro hasta que entraron en la mansión.

En el salón principal, Tan ya tenía una carpeta preparada sobre la mesa de centro. Charlie la abrió mientras Babe se servía un whisky.

—Bienvenidos de vuelta, jefes.— dijo Tan, inclinando la cabeza— Lamento interrumpir su regreso, pero el problema no puede esperar.

Babe se sentó junto a Charlie en el sofá, apoyando una mano en su muslo de forma automática.

—Habla.— ordenó Babe, su voz ya en modo jefe.

Tan respiró hondo.

—Los puertos del norte, en Chiang Rai, están bloqueados. No por la policía…por una nueva facción. Se hacen llamar “Los Dragones del Mekong”. Han tomado control de tres muelles clave que usábamos para el contrabando hacia China. Dicen que las rutas ahora son suyas. Han interceptado dos cargamentos nuestros en los últimos cinco días. Mataron a cuatro de nuestros hombres en el último intento de recuperación.

Charlie cerró la carpeta con un golpe seco.

—¿Quién los lidera?— preguntó, su tono helado.

—Un ex-lugarteniente de los antiguos aliados de los Krittin en Laos. Se llama Somsak. Fue expulsado hace dos años por traición. Ahora tiene apoyo de mercenarios birmanos y armas nuevas. No son aficionados.

Babe miró a Charlie, sus ojos encontrándose en una comunicación silenciosa perfecta.

—Somsak…— murmuró Babe.— Lo recuerdo. Siempre fue ambicioso. Y estúpido.

Charlie asintió.

—Quiere probar que puede desafiar a la alianza Naret-Krittin. Un error fatal.

Babe se levantó, caminando hacia la ventana que daba al mar agitado.

—Necesitamos información precisa. Cuántos hombres tiene, rutas de suministro, contactos en China. No podemos atacar a ciegas.

Charlie se levantó también y se colocó detrás de él, rodeando su cintura con los brazos y apoyando la barbilla en su hombro.

—Mandaré a Jax a Laos esta misma noche.— dijo Charlie.— Quiero ojos en Somsak 24/7. Mientras tanto, cerramos temporalmente las rutas del norte.

Redirigimos todo por el sur, aunque perdamos un 20% en ganancias.

Babe giró la cabeza y lo besó brevemente en la comisura de los labios.

—Bien. Pero no perdemos territorio. Si Somsak cree que puede quedarse con nuestros muelles, le demostraremos que no.

Charlie apretó su abrazo.

—Le demostraremos que nadie toca lo nuestro. Ni muelles…ni personas.

Babe sonrió fríamente.

—Exacto, esposo.

Estrategia en el Despacho (Noche de Planificación)

Esa misma noche, en el despacho principal, mapas digitales proyectados en la pared, vasos de whisky a medio beber sobre la mesa. Babe y Charlie estaban sentados uno al lado del otro, hombros rozándose, trabajando como una sola mente.

Charlie señaló un punto en el mapa.

—Aquí está su base principal, cerca del río Mekong. Si Jax confirma que Somsak está allí, podemos enviar un equipo nocturno.

Corte de suministro eléctrico, entrada silenciosa, lo sacamos vivo si es posible.

Babe frunció el ceño.

—No. Lo quiero muerto. Pero primero, quiero que vea venir su fin. Que sepa que fue por desafiar a los Naret-Krittin.

Charlie giró la silla de Babe hacia él, tomándolo de la barbilla con dos dedos.

—¿Estás seguro? Matarlo rápido sería más limpio.

Babe lo miró fijamente.

—Rápido es misericordia. Y él no merece misericordia. Mató a cuatro de los nuestros.

Quiero que sufra. Quiero que su último pensamiento sea: “Debí haber dejado en paz a Babe y Charlie”.

Charlie sonrió, una sonrisa oscura y orgullosa.

—Mi esposo sádico.— murmuró, besándolo con fuerza, un beso que empezó posesivo y se volvió hambriento.

Se separaron jadeando ligeramente.

—Entonces lo haremos a tu manera.— dijo Charlie.— Lo atraemos. Usamos un cebo: un cargamento falso que parezca irresistible. Cuando intente tomarlo, lo emboscamos. Lo capturamos vivo. Y después…lo llevamos al almacén viejo. Tú decides cuánto tiempo dura.

Babe asintió, sus ojos brillando con determinación fría.

—Perfecto. Prepara el cebo para dentro de tres días. Y Charlie…

Charlie levantó una ceja.

—¿Sí, mi amor?

Babe se inclinó y lo besó de nuevo, esta vez lento y profundo.

—No lo mates sin mí. Quiero estar allí. Quiero verlo romperse sabiendo que fuimos nosotros dos los que lo hicimos.

Charlie gruñó bajo contra sus labios.

—Juntos, entonces. Como siempre.

Se besaron otra vez, más intenso, las manos de Charlie subiendo por la espalda de Babe bajo la camisa.

—Te amo cuando planeas venganzas.— susurró Charlie.

—Y yo te amo cuando me dejas liderarlas.— respondió Babe, mordiendo su labio inferior.

Se separaron solo cuando Tan llamó a la puerta con el último informe de inteligencia.

Pero incluso entonces, sus manos siguieron rozándose bajo la mesa, un recordatorio constante de que, en medio del caos y la sangre, ellos eran el centro inamovible.

El conflicto acababa de empezar. Y los jefes Naret-Krittin estaban listos para aplastarlo…juntos, como esposos, como aliados, como una fuerza imparable.

El Cebo (Preparación y Lanzamiento)

Tres días después del regreso, el plan estaba listo. El cebo era un cargamento ficticio: contenedores declarados como “equipo médico de alta tecnología” pero cargados con armas de precisión y dinero en efectivo falsificado para atraer a Somsak. El muelle elegido era uno de los que los Dragones del Mekong habían tomado parcialmente: un lugar aislado en la frontera con Laos, donde el río Mekong serpenteaba entre jungla y niebla.

Babe y Charlie estaban en la sala de operaciones de la mansión, monitores mostrando vistas en vivo desde drones y cámaras ocultas. Charlie, con los brazos cruzados, observaba la pantalla principal.

—Jax confirma que Somsak mordió el anzuelo.— dijo Charlie, su voz baja y satisfecha.— Cree que el cargamento es real. Sus hombres ya están moviéndose hacia el muelle. Llegarán al anochecer.

Babe se acercó por detrás, posando una mano en la nuca de Charlie y besándolo brevemente en la sien.

—Bien. Deja que se acerquen lo suficiente para que sientan que ganaron. Luego los rodeamos.

Charlie giró la cabeza y capturó los labios de Babe en un beso corto pero intenso.

—Quiero que lo veas romperse, mi amor.— murmuró contra su boca.— Quiero que sepa que fuimos nosotros dos los que lo destruimos.

Babe sonrió fríamente.

—Juntos. Como siempre.

La Emboscada (Noche del Ataque)

El muelle estaba envuelto en niebla espesa cuando los hombres de Somsak llegaron en lanchas rápidas. Diez hombres armados, liderados por Somsak en persona: un hombre de unos cuarenta años, cicatriz en la mejilla izquierda, ojos codiciosos. Inspeccionaron los contenedores falsos, riéndose entre ellos.

—Los Naret-Krittin se están volviendo descuidados.— dijo Somsak, abriendo uno de los contenedores y viendo las cajas marcadas como “equipo médico”.— Esto vale millones en el mercado negro chino. Mañana lo movemos al otro lado del río.

No tuvieron tiempo de celebrar.

De la jungla surgieron sombras silenciosas: hombres de los Naret y Krittin, armados con rifles silenciados y cuchillos. En segundos, los guardias de Somsak cayeron uno tras otro, sin disparos ruidosos que alertaran a posibles testigos. Somsak intentó sacar su pistola, pero Jax apareció detrás de él y le clavó el cañón en la nuca.

—No te muevas.— ordenó Jax.— Tus hombres están muertos. Tú eres el siguiente si no cooperas.

Somsak palideció, pero intentó mantener la compostura.

—¿Quién coño son ustedes?— gruñó.

Charlie salió de las sombras, Babe a su lado.

Ambos vestían negro completo, rostros fríos bajo la luz de las linternas.

—Somos los dueños de estos muelles.— dijo Charlie, su voz helada.— Y tú los tomaste sin permiso.

Somsak los miró alternadamente, el reconocimiento golpeándolo como un puñetazo.

—Naret…Krittin…— balbuceó.— Pensé que la alianza era solo rumores.

Babe dio un paso adelante, su expresión letal.

—Los rumores son verdad. Somos esposos. Y compartimos todo: poder, rutas…y enemigos.

Charlie sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Mataste a cuatro de nuestros hombres. Eso tiene un precio.

Somsak intentó retroceder, pero Jax lo mantuvo fijo.

—No fue personal.— dijo Somsak, sudando.— Solo negocios. Puedo pagar. Tengo dinero, contactos…

Babe se acercó más, hasta que su rostro estuvo a centímetros del de Somsak.

—No queremos tu dinero. Queremos que sufras.

Charlie hizo una seña. Dos hombres lo arrastraron hacia una lancha que esperaba en el río. Babe y Charlie subieron detrás.

El Almacén Viejo (La Ejecución)

El almacén estaba oscuro, iluminado solo por una bombilla colgante. Somsak fue atado a la misma silla oxidada que Willy había ocupado meses atrás. Babe y Charlie se pararon frente a él, Charlie con la daga en la mano, Babe con los brazos cruzados.

Somsak jadeaba, sangre ya goteando de un corte en la ceja que Jax le había hecho en el camino.

—Escuchen…por favor.— suplicó.— Tengo familia. Niños. No me maten.

Charlie ladeó la cabeza.

—¿Tuviste piedad de los cuatro hombres qué mataste? ¿De sus familias?

Somsak negó con la cabeza, lágrimas cayendo.

—No…pero fue un error. Lo juro.

Babe se agachó frente a él, mirándolo a los ojos.

—Tu error fue creer que podías desafiarnos. Que podías tomar lo nuestro. Estos muelles son nuestros. Nuestros hombres son nuestros. Y ahora…tú eres nuestro.

Charlie se acercó, la daga rozando la mejilla de Somsak.

—Vamos a hacer esto lento.— dijo Charlie.— Cada corte por cada hombre que mataste.

Cada hueso roto por cada cargamento que interceptaste.

Somsak gritó cuando Charlie le cortó la palma de la mano, un corte profundo pero controlado.

—Esto es por el primero.— dijo Charlie, su voz calmada.

Babe observó en silencio, su expresión impasible.

—El segundo.— continuó Charlie, cortando la otra palma.

Somsak sollozaba, rogando.

—Por favor…mátame rápido…

Charlie miró a Babe.

—¿Quieres terminarlo tú?

Babe negó con la cabeza.

—No. Quiero que viva lo suficiente para que sepa quién lo hizo.

Charlie asintió y siguió: un corte en el brazo, otro en el muslo. Cada vez nombraba un motivo: “Por el tercero…por el cuarto…por atreverte a tocar nuestras rutas”.

Cuando Somsak ya apenas podía hablar, solo gemir, Charlie se inclinó cerca de su oído.

—Última cosa.— susurró.— Recuerda esto en el infierno: Babe y Charlie Naret-Krittin te enviaron allí. Juntos.

Con un movimiento rápido, Charlie le cortó la garganta. Somsak se convulsionó unos segundos y quedó inmóvil.

Charlie limpió la daga en la camisa de Somsak y se giró hacia Babe.

—Está hecho.

Babe se acercó, tomó la mano de Charlie —aún manchada de sangre— y la besó en los nudillos.

—Gracias.— dijo Babe.— Por protegernos.

Charlie lo atrajo hacia sí, besándolo profundamente, el sabor metálico de la sangre aún en sus labios.

—Siempre, mi amor. Siempre juntos.

Salieron del almacén, dejando el cuerpo atrás. Jax se encargaría del resto: al río, como un “accidente” más en el Mekong.

De regreso en la mansión, se ducharon juntos en silencio, lavando la sangre y la tensión.

Luego se metieron en la cama, abrazados, sin palabras. Solo besos suaves, respiraciones sincronizadas.

El imperio estaba a salvo otra vez. Y ellos, más unidos que nunca.

Una Semana Después (La Llegada de la Socia Japonesa)

Una semana después de la eliminación de Somsak, el imperio Naret-Krittin respiraba tranquilo. Las rutas del norte estaban seguras de nuevo, los rumores de su venganza se extendían como fuego en el submundo, y el respeto (y el miedo) hacia la pareja se había multiplicado. Babe y Charlie volvieron a su rutina: reuniones conjuntas por la mañana, trabajo separado por la tarde, y noches en las que se reencontraban con besos que borraban cualquier distancia.

Pero el negocio no descansaba.

Charlie había cerrado un acuerdo importante con una socia japonesa: Akira Tanaka, dueña de una de las redes de contrabando más sofisticadas de Asia Oriental. Sus rutas conectaban Japón con Corea y China, y necesitaba socios fuertes en el sudeste para expandirse. Charlie voló a Tokio para las negociaciones finales; Babe se quedó en Phuket supervisando la redistribución de cargamentos.

Akira era impecable: traje sastre negro, cabello recogido en un moño perfecto, voz suave pero firme, modales impecables.

Durante las reuniones en su oficina en Ginza, fue profesional hasta el último detalle: números, porcentajes, garantías de seguridad, contratos en tres idiomas. Charlie la respetó inmediatamente.

—Señor Krittin.— dijo Akira en inglés perfecto, inclinando ligeramente la cabeza al final de la tercera reunión.— Su propuesta es sólida. Acepto el 45% de las ganancias en las rutas compartidas. Pero quiero una cláusula personal: reuniones trimestrales cara a cara. Para fortalecer la confianza.

Charlie asintió, sin sospechar nada.

—Es razonable. Mi esposo y yo valoramos la confianza por encima de todo.

Akira sonrió, una curva sutil en los labios que Charlie interpretó como cortesía empresarial.

—Por supuesto. Su…esposo.— Hizo una pausa mínima.— Debe ser un hombre extraordinario para compartir a alguien como usted.

Charlie rió brevemente, acostumbrado a comentarios así.

—Lo es. Babe es todo para mí.

Akira no dijo más. Solo anotó algo en su tablet y cambió de tema. Pero en su mente, la semilla ya estaba plantada. Charlie Krittin era exactamente lo que ella buscaba: poder, inteligencia, atractivo crudo, lealtad feroz.

Quería eso para sí misma. Quería que él fuera suyo. No como socio. Como esposo.

El Primer Encuentro

Akira voló a Phuket tres días después para firmar los documentos finales en persona.

Babe insistió en estar presente; no por desconfianza hacia Charlie, sino porque le gustaba ver cómo manejaba los negocios su esposo.

La reunión fue en la sala de conferencias de la mansión: mesa de caoba larga, vistas al mar, guardaespaldas discretos en las puertas.

Akira entró con un vestido negro ajustado pero elegante, tacones altos, perfume sutil que llenaba la habitación. Saludó a Charlie con una inclinación ligera y una sonrisa cálida.

—Señor Krittin. Un placer verlo de nuevo.

Luego miró a Babe.

—Y usted debe ser el señor Naret.— Extendió la mano.— Encantada.

Babe tomó su mano, firme pero breve. Sus ojos se clavaron en los de ella durante un segundo más de lo necesario. No dijo nada.

Solo observó. Y en esa mirada, vio todo: la forma en que los ojos de Akira se demoraban en Charlie, la sutil inclinación del cuerpo hacia él, el brillo calculador detrás de la cortesía.

Akira sintió el peso de esa mirada. Sonrió más ampliamente, como si nada.

—He oído mucho sobre usted, señor Naret. Su reputación es…impresionante.

Babe sonrió fríamente.

—Y yo he oído de usted, señorita Tanaka. Su red en Japón es envidiable.

Charlie, ajeno a la tensión invisible entre ellos, señaló los documentos.

—Firmemos y celebremos con un brindis. El acuerdo es perfecto.

Firmaron. Brindaron con sake importado que Akira había traído. Durante la conversación posterior, Akira se dirigió casi exclusivamente a Charlie: preguntas sobre rutas, anécdotas de Tokio, comentarios sutiles sobre cómo “un hombre como usted debe disfrutar de la vida en dos mundos”.

Babe observaba en silencio, sentado al lado de Charlie con una mano puesta casualmente en su muslo bajo la mesa. No interrumpió. No dijo nada. Solo miró. Y guardó cada gesto, cada palabra.

Cuando Akira se despidió, estrechó la mano de Charlie un segundo más de lo necesario.

—Espero verlo pronto en Tokio, señor Krittin. Solo.

Charlie asintió cortésmente.

—Con mi esposo, por supuesto.

Akira sonrió.

—Por supuesto.

Cuando la puerta se cerró, Babe se levantó y caminó hacia la ventana, mirando cómo el auto de Akira se alejaba.

Charlie se acercó por detrás, rodeándolo con los brazos.

—¿Todo bien? Parecías…distante.

Babe giró en sus brazos y lo besó lentamente, posesivamente.

—Todo perfecto, Cachorro.— dijo contra sus labios.— Solo observaba.

Charlie frunció el ceño ligeramente.

—¿Observabas qué?

Babe sonrió, una sonrisa fría y peligrosa que Charlie conocía muy bien.

—A alguien que cree que puede jugar con fuego. Pero no te preocupes. Por ahora, solo miro.

Charlie lo besó de nuevo, más profundo.

—Si juega, la quemamos juntos.

Babe asintió, sus ojos brillando.

—Juntos. Siempre.

Esa noche, en la cama, Babe se acurrucó contra el pecho de Charlie, trazando patrones en su piel con los dedos.

—No le digas nada aún.— susurró Babe.— Deja que crea que tiene una chance. Cuando se atreva a dar el paso…ahí sí actuaremos.

Charlie besó su frente.

—Como quieras, mi amor. Tú marcas el ritmo.

Babe levantó la cabeza y lo miró fijamente.

—Nadie te toca, Charlie. Nadie te tiene. Solo yo.

Charlie lo atrajo más cerca, besándolo con fuerza.

—Solo tú. Siempre tú.

Se durmieron así, abrazados. Babe no durmió del todo; su mente seguía trabajando. Akira Tanaka había entrado en su territorio. Y Babe Naret-Krittin no dejaba que nadie jugara con lo suyo sin pagar un precio.

El juego acababa de empezar. Y Babe ya sabía cómo ganarlo.

La Segunda Reunión (Akira Regresa a Phuket)

Dos semanas después del primer encuentro, Akira Tanaka volvió a Phuket. Esta vez no era solo para firmar papeles; traía una propuesta de “expansión conjunta” que requería una cena de trabajo en la mansión Naret. Charlie aceptó, profesional como siempre. Babe, sin decir una palabra, decidió estar presente.

La cena se sirvió en la terraza privada con vistas al mar: mesa larga de madera oscura, velas bajas, mariscos frescos, sake japonés y vino tailandés. Akira llegó vestida con un kimono moderno negro con detalles plateados que acentuaban su figura esbelta. Saludó a Charlie con una inclinación profunda y una sonrisa cálida que duró un segundo más de lo necesario.

—Señor Krittin, gracias por recibirme en su hogar —dijo, su voz suave y modulada.— Es un honor.

Luego miró a Babe, que ya estaba sentado a la cabecera de la mesa, con Charlie a su derecha.

—Señor Naret. Qué placer verlo de nuevo.

Babe inclinó la cabeza ligeramente, su expresión neutra, casi aburrida.

—El placer es mutuo, señorita Tanaka. Siéntese.

Akira tomó asiento frente a Charlie. Durante la cena, habló casi exclusivamente con él: detalles de la expansión a puertos japoneses, porcentajes de ganancias, contactos en Yokohama. Cada vez que Charlie respondía, ella lo miraba directamente a los ojos, con una intensidad sutil pero innegable. Reía suavemente a sus comentarios, inclinaba la cabeza cuando él hablaba, rozaba accidentalmente su mano al pasar el sake.

—Su visión para las rutas es impresionante, señor Krittin.— dijo Akira en un momento, bajando la voz como si compartieran un secreto.— Es raro encontrar a alguien que combine fuerza y...elegancia. Me pregunto cómo lo logra equilibrar todo.

Charlie sonrió cortésmente, sin captar la doble intención.

—Es cuestión de prioridades. Mi esposo y yo trabajamos en equipo. Eso simplifica las cosas.

Akira miró brevemente a Babe, luego volvió a Charlie.

—Por supuesto. Un equipo perfecto. Aunque a veces uno necesita un respiro. Alguien que entienda el peso de liderar solo.

Babe tomó un sorbo de vino, sus ojos fijos en ella por encima del borde de la copa. No dijo nada. Solo observó. Cada mirada prolongada, cada roce “accidental”, cada comentario que rozaba lo personal. Guardó cada detalle como un arma cargada.

Charlie, ajeno, cambió de tema al negocio puro.

—La cláusula de reuniones trimestrales...¿prefiere qué sean en Tokio o aquí?

Akira sonrió, inclinándose ligeramente hacia adelante.

—Tokio sería ideal. Podría mostrarle personalmente mis operaciones. Solo nosotros dos, sin distracciones. Para...profundizar en la confianza.

Babe dejó la copa en la mesa con un clic suave pero audible.

—Las reuniones serán conjuntas.— dijo Babe, su voz calmada pero cortante como un filo.— Charlie y yo no negociamos por separado. Ni con socios…ni con nadie.

Akira parpadeó una sola vez, la sonrisa intacta.

—Por supuesto, señor Naret. Entiendo perfectamente.

Charlie miró a Babe, notando el tono, pero no dijo nada en ese momento.

La cena terminó con firmas y brindis formales. Cuando Akira se levantó para despedirse, extendió la mano primero a Charlie.

—Hasta la próxima, señor Krittin. Espero verlo pronto en Japón.

Charlie estrechó su mano brevemente.

—Con mi esposo, sí.

Akira miró a Babe.

—Señor Naret. Gracias por su hospitalidad.

Babe se levantó, tomó su mano y la sostuvo un segundo más de lo necesario, su mirada clavada en la de ella.

—Cuide bien sus intenciones, señorita Tanaka.— dijo en voz baja, solo para ella.— El fuego quema a quien lo enciende.

Akira mantuvo la sonrisa, pero sus ojos se entrecerraron ligeramente.

—Entendido, señor Naret. Buenas noches.

Salió escoltada por los guardias.

La Conversación en Privado

Cuando la puerta se cerró, Babe caminó hacia el balcón. Charlie lo siguió, cerrando las puertas corredizas detrás de él.

—¿Qué fue eso?— preguntó Charlie, rodeando su cintura desde atrás.— Parecías…tenso.

Babe se giró en sus brazos, apoyando las manos en su pecho.

—Ella te quiere, Charlie.— dijo sin rodeos.— No como socio. Como hombre. Como esposo. Lo vi desde la primera vez que entró aquí. Cada mirada, cada palabra… está midiendo. Está esperando el momento de dar el paso.

Charlie frunció el ceño, sorprendido.

—¿Estás seguro? Fue profesional todo el tiempo.

Babe sonrió fríamente, pasando los dedos por la mandíbula de Charlie.

—Soy yo quien te observa cada día, Cachorro. Sé cómo te miran los que quieren algo más. Y ella te quiere. Mucho.

Charlie apretó su abrazo.

—No me interesa. Ni siquiera lo noté. Solo veo negocios… y a ti.

Babe lo besó lentamente, posesivamente.

—Lo sé. Pero ella no lo sabe aún.— Se separó apenas, mirándolo a los ojos.— Déjala creer que tiene una oportunidad. Déjala acercarse un poco más. Cuando intente algo…cuando cruce la línea…entonces la aplastamos.

Charlie sonrió, una sonrisa oscura y cómplice.

—¿Quieres qué la dejemos quemarse sola?

Babe asintió.

—Exacto. Observamos. Esperamos. Y cuando dé el paso… le recordamos que Charlie Krittin ya tiene dueño. Y que ese dueño no comparte.

Charlie lo besó con fuerza, levantándolo ligeramente del suelo.

—Como quieras, mi amor. Tú marcas el ritmo. Yo solo te sigo…y la destruyo si toca lo que es mío.

Babe rio contra sus labios.

—Juntos. Siempre juntos.

Se besaron bajo las estrellas, el mar rugiendo abajo como testigo. Akira Tanaka había entrado en el tablero. Y Babe Naret-Krittin ya tenía el jaque mate planeado.

El juego continuaba. Y esta vez, Babe no iba a ser pasivo.

El Despacho – La Revelación y el Final de Akira Tanaka

Charlie estaba en su despacho privado de la mansión, revisando los últimos detalles de la expansión hacia Yokohama. Akira Tanaka había solicitado una reunión “urgente y confidencial” esa misma tarde. Charlie la recibió solo, profesional, sin sospechar que ella había elegido el momento perfecto: Babe estaba en el puerto principal supervisando una inspección.

Akira entró con su habitual elegancia, pero esta vez el traje negro era más ceñido, el escote más pronunciado.

—Señor Krittin.— dijo con voz melosa, acercándose lentamente.— Gracias por recibirme sin compañía.

Charlie levantó la vista del portátil, arqueando una ceja.

—Directo al grano, señorita Tanaka. ¿Qué es tan urgente?

Ella se detuvo frente al escritorio, apoyó las manos en la madera y se inclinó hacia adelante, dejando que el escote se abriera más de lo necesario.

—Desde que te conocí sentí que hubo una conexión entre nosotros.— dijo, bajando la voz a un susurro íntimo.— No es solo negocio, Charlie. Es química. Poder. Destino.

Charlie dejó el bolígrafo sobre la mesa y se reclinó en la silla, cruzando los brazos.

—¿Conexión?— repitió, tono seco y escéptico.

Akira asintió, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y cálculo.

—Admiro lo que has construido. Eres un líder nato, un hombre que merece estar al lado de alguien de igual calibre. Por eso te propongo algo simple y lógico: sé mi esposo. Lideremos juntos el este y el sudeste. Tú y yo. Una alianza matrimonial que nadie podría romper.

Charlie la observó en silencio durante varios segundos. Luego soltó una risa corta, fría, sin humor.

—No me interesa. Tengo a Babe y es suficiente.

Akira se enderezó, pero no retrocedió. Su expresión se endureció.

—El señor Naret es increíble, sí. Pero no tiene lo que necesitas para estar a su lado a largo plazo. Él es…impulsivo. Violento. Tú necesitas estabilidad, sofisticación, una pareja que entienda el juego diplomático. Yo puedo dártelo.

Charlie rio de nuevo, esta vez más fuerte, más cruel.

—No tienes ni puta idea de lo que ha hecho Babe desde que era un niño. Todo lo que es ahora lo construyó siendo solo un adolescente: mató por primera vez a los quince, controló su primer puerto a los diecisiete, reconstruyó un imperio desde cero después de perderlo todo. Tiene más cerebro, más huevos y más sangre en las venas que tú en toda tu vida corporativa de mierda. Tú solo eres una pieza en el tablero. Babe es la fábrica entera.

Akira enrojeció de furia y celos. Sus manos temblaron ligeramente.

—No sabes lo que dices…

Charlie se levantó despacio, rodeando el escritorio con pasos tranquilos.

—Sé exactamente lo que digo. Y tú estás a punto de aprenderlo.

Akira, en un último intento desesperado, se abrió el vestido por delante, dejando al descubierto su pecho desnudo.

—Esto puede ser tuyo, Charlie.— dijo con voz temblorosa pero desafiante.— Sabrás que con una mujer en tu cama será mucho mejor que con ese hombre.

Charlie ni siquiera bajó la mirada. Su expresión era de absoluta indiferencia.

—Para otros idiotas tal vez funcione. Pero conmigo no. No me gustan las mujeres. Solo me gusta Babe. Siempre ha sido él. Siempre será él.

Akira intentó acercarse para besarlo. Charlie la agarró del brazo con fuerza brutal, apretando hasta que ella soltó un quejido de dolor.

—Mucho cuidado con lo que intentas hacer.— dijo Charlie, su voz baja y letal.— Porque el siguiente paso que des será el último.

La soltó de golpe. En ese instante, la puerta se abrió de par en par.

Babe entró.

Sus ojos barrieron la escena en un segundo: Akira con el pecho descubierto, Charlie de pie con expresión de acero, el aire cargado de tensión.

Akira, en lugar de cubrirse, sonrió con malicia y se giró hacia Babe.

—Lamento que hayas tenido que enterarte así…— dijo con falsa dulzura.—Pero Charlie y yo somos amantes.

Charlie abrió la boca para hablar, pero Babe fue más rápido.

Soltó una risa fría, cruel, que llenó toda la habitación.

—¿Qué más soñaste, estúpida? ¿La boda con hijos? ¿La casita en Tokio con un jardín zen y un perrito?— Babe avanzó despacio, cada paso deliberado.— Pobrecita. Te inventaste una película entera en esa cabecita hueca tuya y ni siquiera te diste cuenta de que el protagonista ya tiene dueño.

Akira enrojeció de rabia.

—¡Tú no entiendes nada!— gritó.— ¡Él necesita una mujer de verdad, no a un salvaje tatuado que solo sabe matar y follar!

Babe se detuvo frente a ella. Sonrió. Y sin previo aviso, le dio un puñetazo directo en la nariz. El crujido fue audible. Akira retrocedió tambaleándose, sangre brotando.

—Primer error.— dijo Babe con calma.— Pensar que puedes hablar mierda de mí en mi casa.

Segundo puñetazo: directo en la mandíbula.

Akira gritó, cayendo de rodillas.

Babe la agarró del cabello con fuerza, tirando su cabeza hacia atrás.

—Te equivocaste de hombre, perra.— dijo Babe, voz baja, afilada como una navaja.— Charlie es mi hombre. Mi esposo. Mi igual en este mundo de mierda. Y yo no tolero que una arrastrada como tú entre en mi territorio, en mi casa, y crea que puede robarme lo mío.

La estampó contra el escritorio. Una vez. Dos.

Tres veces. El golpe resonó como martillazos.

Los papeles volaron, un vaso se rompió.

Akira sollozaba, la cara ensangrentada, el vestido rasgado.

—Piedad…por favor…

Babe la soltó. Ella cayó al suelo, hecha un ovillo.

Charlie se acercó, se agachó junto a ella y sonrió con burla pura.

—Mira qué patética te ves ahora.— dijo Charlie, voz goteando desprecio.— Te creíste la reina del este, ¿verdad? Pensabas que con tetas y un contrato podrías quitarme de su lado. Eres una puta de oficina con delirios de grandeza. Babe te acaba de enseñar la lección que tu padre nunca te dio: cuando juegas con los grandes, terminas en el piso…sangrando.

Babe sacó su arma del cajón del escritorio. La cargó con calma, el clic resonando en el silencio.

Akira levantó la vista, aterrorizada.

—No…por favor…lo siento…no lo haré nunca más…

Babe y Charlie se miraron. Rieron al mismo tiempo. Una risa fría, sincronizada, letal.

—¿Lo sientes?— repitió Babe, burlón.— Qué tierno. ¿También sientes qué vas a morir por una idiotez que te inventaste sola?

Apuntó.

Akira gritó.

Babe disparó. Un solo tiro limpio en la frente.

El cuerpo cayó hacia atrás con un golpe sordo.

Silencio.

Babe guardó el arma. Miró a Charlie.

—Que alguien limpie esto.— dijo Babe con voz neutra.

Charlie llamó por el intercomunicador.

—Tan. Trae a dos hombres. Cadáver en mi despacho. Llévenselo al río. Que parezca un accidente de lancha. Y que corra la voz: cualquiera que intente meterse entre Babe y yo termina igual. Sin excepciones.

Dos hombres entraron minutos después.

Envolvieron el cuerpo en una lona y se lo llevaron sin una palabra.

Cuando la puerta se cerró, Babe y Charlie quedaron solos.

Charlie se acercó, tomó el rostro ensangrentado de Babe entre las manos y lo besó con fuerza, saboreando la adrenalina y la sangre.

—Eres jodidamente perfecto cuando te pones así.— susurró Charlie contra sus labios.

Babe sonrió, todavía respirando agitado.

—Y tú eres mío. Nadie te toca. Nadie te tiene. Nunca.

Charlie lo abrazó con fuerza.

—Nunca, mi amor. Solo tú.

Se quedaron así, abrazados en medio del despacho manchado de sangre, el mar rugiendo afuera como si aplaudiera.

El mensaje estaba enviado. Y el mundo mafioso lo entendería muy claro: tocar a Charlie Krittin era firmar tu sentencia de muerte…porque Babe Naret-Krittin nunca perdonaba.

El Despacho – Sangre y Reclamo

El cuerpo de Akira ya había sido sacado. La puerta se cerró con un clic definitivo, dejando el despacho en silencio salvo por el sonido lejano del mar y sus respiraciones agitadas.

La sangre salpicada en el escritorio y en la camisa de Babe aún estaba fresca, brillante bajo la luz tenue.

Charlie dio un paso adelante y bajó las manos directamente al trasero de Babe, apretando con fuerza posesiva, clavando los dedos en la carne a través de la tela. Babe gimió bajo, un sonido ronco que escapó sin permiso, el cuerpo traicionándolo con un escalofrío de placer inmediato.

Intentó alejarse un paso, instintivamente.

—¿A dónde vas, mi amor?— preguntó Charlie, su voz baja y peligrosa, deteniéndolo con un agarre implacable en la cadera.

Babe lo miró, todavía con restos de sangre en la mejilla y en el cuello.

—Tengo sangre, Cachorro…Voy a limpiarme.

Charlie sonrió, una sonrisa sádica y oscura que le iluminó los ojos. Agarró a Babe del cabello con fuerza, tirando su cabeza hacia atrás para exponer la garganta.

—Así te ves más delicioso…— susurró contra su boca.— Con la sangre de esa puta encima para que te folle. Quiero que la sientas mientras te abro.

Babe soltó una risa baja, excitada, cuando Charlie le bajó los pantalones y la ropa interior de un tirón violento, dejándolo desnudo de cintura para abajo.

—Charlie…estás mal.— jadeó Babe, riendo entre dientes.— Tan mal…y me encanta.

Charlie lo levantó sin esfuerzo, haciendo que Babe enredara las piernas alrededor de su cintura. Lo estampó contra la pared con un golpe seco que hizo vibrar los cuadros. Babe jadeó al impacto.

Charlie acercó los labios a los suyos, susurrando contra ellos:

—Tú también…Somos igual de locos, mi amor…Somos el reflejo del otro.

Babe quiso responder, pero Charlie ya había sacado su miembro duro y lo embistió con violencia brutal, hundiéndose hasta el fondo en un solo embiste salvaje. Babe gritó, la cabeza echándose hacia atrás contra la pared, el estiramiento repentino y doloroso enviando ondas de placer masoquista por todo su cuerpo.

Charlie apretó una mano alrededor del cuello de Babe, sin asfixiarlo del todo, solo lo suficiente para controlarlo, para mantenerlo exactamente donde quería mientras empezaba a follarlo con movimientos brutales y profundos. Cada embestida golpeaba directo contra su próstata, abusando de ella sin piedad, haciendo que Babe se sacudiera y gimiera como un animal.

—Siente cómo te llenó, mi amor.— gruñó Charlie, su voz ronca y obscena, mientras mordía el cuello de Babe con fuerza, chupando la piel manchada de sangre ajena.— Tu interior tan caliente, tan apretado, tragándose mi polla como si estuviera hecho para esto. Mira cómo te abro…cómo golpeo ese punto que te hace temblar.

Babe sollozó de placer, las lágrimas mezclados con la sangre en su rostro, el dolor y el éxtasis fundiéndose en algo que solo él podía soportar.

—Más…más duro, Cachorro…— suplicó, las uñas clavándose en la espalda de Charlie.

Charlie bajó la boca a uno de sus pezones, chupándolo con saña, mordiéndolo hasta que Babe arqueó la espalda y gritó. Cambió al otro, succionando con fuerza mientras sus caderas seguían embistiendo sin descanso, el sonido húmedo y violento de piel contra piel llenando el despacho.

—Tu agujero tan resbaladizo, tan ansioso por mí.— susurró Charlie contra su pecho, mordiendo el pezón otra vez.— Siente cómo te destrozo por dentro, mi amor. Cómo abusó de tu próstata hasta que no puedas pensar en nada más que en mi polla. Eres tan perfecto así…tan mío.

Babe lloraba abiertamente ahora, el placer tan intenso que su cuerpo entero temblaba, las piernas apretando con más fuerza la cintura de Charlie.

—Te amo…te amo…¡no pares!—mgritó entre sollozos, masoquista y entregado.

Charlie apretó un poco más el cuello, controlándolo completamente, y aceleró el ritmo hasta un frenesí bestial, cada movimiento más profundo y violento que el anterior.

—Vente para mí.— ordenó, mordiendo su boca con fuerza, la lengua invadiendo mientras seguía abusando de su próstata sin misericordia.— Quiero sentir cómo te corres con la sangre de esa zorra todavía encima, mi amor. Muéstrame que eres mío incluso en medio de la muerte.

Babe explotó con un grito ahogado, su interior apretando a Charlie con fuerza desesperada, el orgasmo tan brutal que su cuerpo se convulsionó contra la pared. Charlie lo siguió segundos después, embistiendo una última vez con violencia salvaje, llenándolo hasta el fondo con chorros calientes y posesivos mientras gruñía contra su oído:

—Todo mío…siempre mío.

Se quedaron así, jadeantes, Charlie aún enterrado profundamente dentro de Babe, la mano aflojando lentamente el agarre en su cuello. Besó las lágrimas y la sangre en su rostro con una ternura contrastante.

—Te amo, mi amor.— susurró Charlie.— Incluso cuando estás cubierto de sangre ajena.

Babe, exhausto y temblando, sonrió débilmente contra sus labios.

—Y yo te amo…aunque seas un sádico enfermo.

Charlie rio bajito y lo besó de nuevo.

—Somos el reflejo del otro, ¿recuerdas?

Se quedaron abrazados contra la pared, el despacho oliendo a sexo, sangre y poder absoluto. El mundo podía arder afuera. Ellos seguían intactos.

Después del Reclamo (La Calma Violenta)

Charlie no salió de Babe de inmediato. Siguió dentro de él, moviéndose con lentitud ahora, embestidas suaves y profundas que prolongaban el placer residual, como si quisiera grabar cada centímetro de su interior en la memoria. Babe temblaba contra la pared, las piernas aún enredadas en su cintura, el cuerpo sudoroso y marcado, la sangre seca de Akira mezclada con el sudor y las lágrimas en su rostro.

Charlie besó su mandíbula, luego su boca, lamiendo el rastro de sangre ajena que aún quedaba en la comisura de sus labios.

—Estás precioso así.— susurró Charlie, voz ronca y posesiva.— Cubierto de la muerte de alguien que quiso robarte lo que te pertenece. Sangre en tu piel, mi polla aún dentro de ti…perfecto.

Babe soltó una risa agotada, entrecortada por gemidos bajos cada vez que Charlie se movía dentro.

—Eres un enfermo, Cachorro…— murmuró, pero sus manos se aferraron más fuerte a los hombros de Charlie, uñas dejando nuevas marcas.— Y yo soy igual de enfermo por amarte así.

Charlie sonrió contra su cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja.

—Somos dos locos hechos el uno para el otro.— dijo, embistiendo una vez más con fuerza controlada, haciendo que Babe jadeara.— Nadie más entiende esto. Nadie más soporta lo que somos.

Babe arqueó la espalda, sintiendo cómo Charlie rozaba de nuevo ese punto sensible dentro de él, aunque ya estaba hipersensible.

—No pares…aunque duela…— suplicó en voz baja, masoquista hasta el final.— Quiero sentirte hasta que no pueda más.

Charlie obedeció. Apretó de nuevo el cuello de Babe —solo lo suficiente para mantenerlo al borde—, y empezó a follarlo con ritmo brutal pero medido, cada movimiento golpeando profundo, abusando sin piedad de su próstata hasta que Babe empezó a sollozar de nuevo, lágrimas frescas rodando por sus mejillas manchadas.

—Mira cómo te rompo otra vez.—.gruñó Charlie, mordiendo su pezón con saña, chupándolo hasta que se hinchó y enrojeció.— Tu agujero tan caliente, tan resbaladizo por mí, tragándose todo lo que le doy. Siente cómo te lleno hasta el fondo, mi amor…cómo golpeó ese punto que te hace llorar tan rico.

Babe gritó, el placer doloroso llegando a un nuevo pico, su cuerpo convulsionando contra la pared.

—Charlie…¡joder…!— sollozó, las uñas rastrillando la espalda de Charlie, dejando surcos sangrientos.— Más…rómpeme más…

Charlie aceleró, embistiendo con violencia renovada, la mano en el cuello apretando un poco más, controlando cada jadeo, cada grito.

—Llora para mí.— ordenó, su voz sádica y dominante.— Llora mientras te follo con la sangre de esa zorra todavía en tu piel. Quiero que sientas que esto es real…que matamos por nosotros…Porque eres mío para follarte cuando quiera y como quiera.

Babe sollozaba sin control, el segundo orgasmo estallando como un latigazo, su interior apretando a Charlie con fuerza desesperada, leche caliente salpicando entre sus cuerpos. Charlie gruñó, embistiendo una última vez con brutalidad animal, llenándolo otra vez hasta desbordar, chorros calientes goteando por sus muslos.

Se quedaron pegados a la pared, jadeando, Charlie aún dentro, besando ahora las lágrimas de Babe con una ternura que contrastaba con la violencia de segundos antes.

—Te amo…— susurró Charlie, lamiendo una lágrima mezclada con sangre.— Incluso cuando estás roto por mí.

Babe, exhausto, apoyó la frente contra la de Charlie.

—Y yo te amo…aunque me rompas cada vez que puedes.

Charlie lo bajó con cuidado al suelo, pero no lo soltó. Lo abrazó fuerte, besando su cabello.

—Vamos a limpiarnos.— dijo al fin, voz suave ahora.— Pero primero…quiero que sepas algo.

Babe levantó la vista.

—¿Qué?

Charlie lo miró fijamente, ojos intensos.

—Nadie volverá a intentarlo. Porque el mundo ya sabe: tocarme es tocarte a ti. Y tú…tú destruyes lo que toca lo tuyo.

Babe sonrió débilmente, todavía temblando.

—Y tú destruyes lo que toca lo tuyo. Somos iguales.

Charlie lo besó una vez más, lento y profundo.

—Iguales. Siempre.

Lo levantó en brazos y lo llevó al baño privado del despacho. Abrió la ducha caliente, entró con él aún dentro, lavando la sangre, el sudor y el semen juntos bajo el agua que caía como lluvia.

Se besaron bajo el chorro, sin prisa ahora.

Solo ellos dos, en su mundo de violencia y amor, donde la sangre ajena solo servía para unirlos más.

El imperio seguía en pie. Y su matrimonio, más fuerte que nunca. Nadie volvería a dudarlo.

La Ducha – Limpieza y Reafirmación

El agua caliente caía como una cortina sobre ellos, lavando la sangre seca de Akira, el sudor, el semen que goteaba por los muslos de Babe y las marcas frescas que Charlie había dejado en su piel. Babe apoyaba la frente contra el pecho de Charlie, respirando agitado, todavía temblando por los dos orgasmos brutales. Charlie lo mantenía pegado a él, una mano en su nuca, la otra bajando por su espalda hasta apretar de nuevo su trasero con posesividad cruda.

—No te suelto todavía.— murmuró Charlie contra su cabello mojado.— Quiero sentirte así un rato más…abierto, lleno de mí, temblando.

Babe soltó una risa débil, agotada, pero satisfecha.

—Estás loco…acabas de follarme contra la pared con sangre ajena encima y ahora me abrazas como si fuera de cristal.

Charlie sonrió, besando su sien.

—No eres de cristal. Eres de acero…y de fuego. Por eso te follo como si quisiera romperte: porque sé que puedes soportarlo. Y porque me encanta verte romperte por mí.

Babe levantó la cabeza, el agua corriendo por su rostro, limpiando las últimas manchas rojas.

—Y a mí me encanta romperme por ti.— confesó en voz baja, casi un susurro.— Duele rico…duele perfecto. Me hace sentir vivo.

Charlie lo besó bajo el chorro, lento esta vez, lengua explorando con calma, saboreando el agua y el rastro salado que aún quedaba. Sus manos subieron por los costados de Babe, masajeando los moretones que él mismo había hecho.

—Vamos a limpiarte bien.— dijo Charlie, voz más suave ahora.— Pero no creas que hemos terminado.

Babe rio contra su boca.

—Nunca terminamos, Cachorro. Solo hacemos pausas.

Charlie tomó el jabón y empezó a lavarlo con movimientos deliberados: primero el cuello, borrando las marcas de sangre ajena con dedos firmes; luego el pecho, rozando los pezones hinchados y sensibles hasta que Babe jadeó; después la espalda, trazando con los pulgares los surcos que Babe le había dejado en la piel.

Cuando llegó a su entrepierna, Charlie se arrodilló sin aviso. Babe se tensó, apoyando las manos en los hombros de Charlie para no caer.

—¿Qué haces…?— preguntó Babe, voz entrecortada.

Charlie levantó la vista, agua corriendo por su rostro, ojos oscuros y hambrientos.

—Limpiarte por dentro también.— dijo simplemente.

Antes de que Babe pudiera protestar, Charlie separó sus glúteos con cuidado y metió dos dedos dentro de él, moviéndolos lentamente, sacando lo que había dejado antes. Babe gimió alto, las rodillas flaqueando.

—Charlie… joder…— jadeó, aferrándose más fuerte.

Charlie sonrió sádico, curvando los dedos para rozar de nuevo su próstata, aunque sabía que Babe estaba hipersensible.

—Sientes cómo te saqué todo, ¿verdad?— susurró, voz baja y obscena.— Pero no te preocupes…voy a llenarte otra vez después.

Esto es solo para que estés listo para la ronda tres.

Babe sollozó de placer-dolor, las lágrimas mezclados con el agua.

—Eres un maldito sádico…

—Y tú un masoquista perfecto.— respondió Charlie, sacando los dedos con lentitud tortuosa.— Mi masoquista perfecto.

Se levantó y lo besó de nuevo, profundo, posesivo. Terminaron de lavarse entre besos y caricias más suaves, pero la tensión sexual seguía allí, latente, como siempre entre ellos.

La Cama – Después de la Tormenta

Salieron de la ducha envueltos en toallas. Charlie llevó a Babe en brazos hasta la cama —Babe no protestó; sus piernas todavía temblaban—. Lo depositó con cuidado, pero no con delicadeza: lo tiró boca abajo y se subió encima, cubriéndolo con su cuerpo.

—No creas que porque te limpié ya terminamos.— susurró Charlie en su oído, mordisqueando el lóbulo.

Babe rio, girando la cabeza para mirarlo.

—¿Otra vez? Cachorro, acabas de destrozarme contra la pared.

Charlie sonrió, bajando una mano entre sus piernas para acariciar su entrada aún sensible.

—Exacto. Te destrocé…pero no te rompí del todo. Todavía puedes más.

Babe gimió cuando Charlie introdujo un dedo, moviéndolo con lentitud.

—Eres insaciable…

—Solo contigo.— respondió Charlie, agregando un segundo dedo.— Siempre contigo.

Babe se arqueó contra la cama, entregándose de nuevo.

—Entonces fóllame otra vez.— susurró.— Pero esta vez… despacio. Quiero sentir cada centímetro.

Charlie lo giró boca arriba, colocándose entre sus piernas. Entró lentamente esta vez, centímetro a centímetro, mirándolo a los ojos todo el tiempo.

—Mírame.— ordenó Charlie, voz dominante pero cargada de amor.— Quiero verte la cara mientras te lleno despacio…mientras te hago mío otra vez.

Babe lo miró, ojos vidriosos de placer.

—Te amo…— jadeó cuando Charlie estuvo completamente dentro.

Charlie se quedó quieto un segundo, solo sintiéndolo.

—Y yo te amo.— susurró.— Más que a nada. Más que al poder, más que al imperio. Solo a ti.

Empezó a moverse con lentitud tortuosa, cada embestida profunda y medida, rozando su próstata con precisión cruel.

—Siente esto, mi amor.— dijo Charlie, besando su boca con ternura contrastante.— Cada vez que entro…cada vez que salgo…es porque eres mío. Porque nadie más puede tener esto. Nadie más puede hacerte gemir así.

Babe sollozó suavemente, las lágrimas de placer puro rodando por sus mejillas.

—Solo tú…siempre tú…

Charlie aceleró poco a poco, pero sin volver a la brutalidad anterior. Esta vez era posesivo, profundo, casi reverente.

—Vente conmigo.— susurró Charlie.— Quiero corrernos juntos…como esposos. Como lo que somos.

Babe asintió, aferrándose a él.

—Juntos…

Llegaron al clímax al mismo tiempo, un orgasmo lento y profundo que los dejó temblando, abrazados, sin palabras.

Después, Charlie se quedó dentro un rato más, besando cada marca en el cuerpo de Babe.

—Duerme, mi amor.— susurró.— Yo velo.

Babe cerró los ojos, exhausto y feliz.

—Te amo, Cachorro.

Charlie besó su frente.

—Y yo a ti. Hasta el final.

Se durmieron así, entrelazados, en una cama que aún olía a sexo y sangre. El mundo podía esperar. Ellos ya habían ganado todo lo que importaba.

La Rutina que los Une

Días después del incidente con Akira, la mansión Naret volvió a su ritmo habitual, pero con un matiz nuevo: la certeza absoluta de que nadie volvería a intentar separarlos. El submundo había recibido el mensaje alto y claro —los rumores corrían como pólvora: “La japonesa desapareció después de una reunión con los jefes. Nadie la ha vuelto a ver”—. Nadie preguntaba. Nadie se atrevía.

Mañana en la cocina

Charlie estaba en la cocina principal —un espacio enorme con isla de mármol y vistas al mar— preparando café tailandés fuerte como a Babe le gustaba. Babe entró descalzo, con una camiseta vieja de Charlie que le quedaba grande y pantalones de pijama sueltos. El cabello revuelto, una marca fresca en el cuello que aún era morada.

—Buenos días, esposo.— dijo Charlie sin girarse, sirviendo el café en dos tazas idénticas.

Babe se acercó por detrás, rodeó su cintura con los brazos y apoyó la barbilla en su hombro.

—Buenos días, Cachorro.— respondió, besando su nuca.— ¿Ya estás trabajando o solo finges ser un esposo doméstico?

Charlie rio bajito, girándose para entregarle la taza y besarlo en los labios, un beso lento y matutino.

—Un poco de las dos. Pero hoy tengo reunión virtual con Yakarta a las diez. Tú tienes inspección en el puerto sur, ¿verdad?

Babe asintió, tomando un sorbo de café.

—Salgo en una hora. Tan dice que hay un cargamento que huele raro. Voy a revisarlo personalmente.

Charlie lo miró serio un segundo.

—Llévate a cuatro hombres extra. No quiero riesgos.

Babe sonrió, besándolo de nuevo.

—Preocupado por mí, ¿eh? Qué tierno.

Charlie lo atrapó por la cintura y lo sentó en la isla de mármol, colocándose entre sus piernas.

—No es ternura.— dijo, voz baja.— Es que si te pasa algo, quemo medio sudeste asiático. Así que sí, llévate a los cuatro.

Babe rio, rodeando su cuello con los brazos.

—Entendido, jefe Krittin.— Lo besó profundo, lento.— Te amo cuando te pones protector.

Charlie sonrió contra sus labios.

—Y yo te amo cuando me dejas cuidarte…aunque seas el más peligroso de los dos.

Se quedaron así un rato, besándose entre sorbos de café, hablando de tonterías: el clima, qué iban a comer esa noche, si debían comprar más café importado. Momentos domésticos que, en su mundo de sangre y poder, valían más que cualquier cargamento.

Tarde en el despacho compartido

Por la tarde, después de que Babe regresara del puerto (todo en orden, solo un proveedor nervioso que había sido “convencido” de bajar precios), se encontraron en el despacho principal. Babe revisaba mapas digitales en una pantalla grande; Charlie hablaba por teléfono seguro con un contacto en Melbourne.

Cuando Charlie colgó, se acercó por detrás y rodeó los hombros de Babe con los brazos, besando su nuca.

—¿Todo bien en el puerto?— preguntó.

Babe giró la cabeza para besarlo brevemente.

—Todo controlado. El proveedor cantó como pajarito cuando vio a los chicos.— Sonrió.— ¿Y tú? ¿Melbourne cooperando?

Charlie asintió, apoyando la barbilla en su hombro para ver la pantalla.

—Cooperando. Pero quieren una reunión presencial la próxima semana. Pensé que podíamos ir juntos. Un viaje corto. Tú y yo.

Babe sonrió.

—Me gusta la idea. Hacemos negocios de día…y de noche nos perdemos en la ciudad.

Charlie rio bajito.

—Siempre pensando en lo mismo, ¿eh?

Babe se giró en la silla, atrayéndolo hacia él.

—Solo pienso en ti. Siempre.

Se besaron allí mismo, profundo y lento, las manos de Charlie subiendo por la espalda de Babe bajo la camisa.

—Te extrañé hoy.— confesó Charlie contra sus labios.— Aunque solo fueron unas horas.

Babe lo miró a los ojos.

—Y yo a ti. Cada vez que estoy fuera, cuento los minutos para volver y encontrarte aquí.

Charlie lo levantó de la silla y lo sentó en el escritorio, colocándose entre sus piernas.

—Entonces quédate aquí conmigo un rato.— susurró.— Olvidemos los mapas cinco minutos.

Babe rio, rodeando su cintura con las piernas.

—Solo cinco minutos, ¿eh? Mientes fatal, Cachorro.

Charlie sonrió y lo besó de nuevo, esta vez más intenso.

—Tal vez diez.

Se besaron largo rato, hablando entre besos: planes para la cena, una película que querían ver, si debían remodelar el jardín trasero.

Cosas normales. Cosas de esposos.

Noche en la terraza

Al caer la noche, salieron a la terraza principal. El mar rugía abajo, las estrellas brillaban. Se sentaron en el sofá exterior, Babe recostado contra el pecho de Charlie, una manta sobre ambos.

Charlie jugaba con el colgante del ancla que Babe llevaba al cuello.

—¿Sabes?— dijo Charlie en voz baja.— A veces me despierto y pienso que todo esto es un sueño. Que despertaré y estaré “muerto” otra vez.

Babe giró la cabeza para mirarlo.

—No es un sueño. Estás aquí. Vivo. Tuyo.

Charlie lo besó en la frente.

—Lo sé. Pero por eso cada día te abrazo más fuerte. Porque trece años sin ti fueron suficientes.

Babe tomó su mano y entrelazó sus dedos.

—Y trece años más no serán suficientes. Quiero cincuenta. Cien. Todo lo que nos quede.

Charlie sonrió, besándolo suavemente.

—Entonces viviremos hasta que el mar se seque.

Se quedaron así, abrazados, besándose intermitentemente, hablando en susurros de nada y de todo. El trabajo podía esperar hasta mañana. El imperio podía girar sin ellos unas horas.

Porque al final del día, lo que realmente importaba no eran las rutas, ni los cargamentos, ni el poder.

Lo que importaba era esto: dos hombres casados, enamorados, juntos en una terraza bajo las estrellas, sabiendo que nada —ni nadie— volvería a separarlos.

Una Mañana Tranquila (Rutina Compartida)

El sol entraba por las puertas corredizas de la habitación principal, iluminando la cama donde Babe y Charlie seguían medio dormidos. Charlie fue el primero en moverse: se giró hacia Babe, que dormía boca abajo con la cara hundida en la almohada, y pasó los dedos por su espalda desnuda, trazando las marcas que él mismo había dejado días atrás.

—Buenos días, esposo.— susurró Charlie, besando su hombro.

Babe murmuró algo incoherente y giró la cabeza, abriendo un ojo.

—Cinco minutos más…— pidió, voz ronca de sueño.

Charlie rio bajito y se pegó a su espalda, rodeándolo con un brazo por la cintura.

—No hay cinco minutos. Tienes una reunión con los proveedores del Golfo a las nueve. Y yo tengo que revisar los informes de Melbourne antes de que salgamos.

Babe suspiró, pero se giró para quedar frente a él, apoyando la frente contra la de Charlie.

—Odio cuando eres responsable.— dijo, pero sonrió.— Ven aquí.

Lo besó despacio, un beso matutino largo y perezoso que sabía a sueño y a café que aún no habían tomado. Charlie respondió con ternura, la mano subiendo por su nuca para mantenerlo cerca.

—Te amo por las mañanas.— murmuró Charlie contra sus labios.— Te ves tan suave…tan mío.

Babe sonrió, besándolo de nuevo.

—Y yo te amo cuando finges que no quieres quedarte en la cama conmigo todo el día.

Se besaron un rato más, sin prisa, solo disfrutando del contacto. Cuando finalmente se levantaron, Charlie preparó el café mientras Babe se duchaba. Bajaron juntos a la cocina, Babe todavía en bata, Charlie ya vestido con camisa negra y pantalones de traje.

Charlie sirvió las tazas y se sentó en la isla, atrayendo a Babe entre sus piernas.

—¿Qué planes tienes para hoy después de la reunión?— preguntó Charlie, besando su barbilla.

Babe tomó un sorbo de café.

—Nada importante. Revisar los libros con Tan. ¿Y tú?

Charlie sonrió.

—Terminar los informes y preparar el viaje a Melbourne. Quiero que vengas conmigo. Salimos el viernes. Cuatro días. Negocios de día…y nosotros de noche.

Babe arqueó una ceja, divertido.

—¿Negocios o excusa para tenerme solo para ti en un hotel de lujo?

Charlie rio y lo besó brevemente.

—Las dos cosas. Pero sobre todo la segunda.

Babe rodeó su cuello con los brazos.

—Entonces acepto. Pero solo si me prometes que no trabajaremos por las noches.

Charlie lo besó profundo.

—Prometido, mi amor.

El Viaje a Melbourne

Llegaron a Melbourne el viernes por la tarde.

El hotel era uno de los mejores de la ciudad: suite en el piso 45 con vistas panorámicas al río Yarra y al skyline. Charlie había reservado la mejor habitación, con terraza privada y jacuzzi.

La primera reunión fue esa misma tarde en las oficinas de su contacto australiano. Babe y Charlie entraron juntos, impecables en trajes oscuros, hombros rozándose. El contacto, un hombre de negocios curtido llamado Harris, los recibió con respeto evidente.

—Señores Naret-Krittin.— saludó Harris, estrechando sus manos.— Es un honor tenerlos aquí. La alianza con Japón ya está dando frutos, según los números.

Charlie asintió, sentándose al lado de Babe.

—Los números hablan por sí solos.— dijo Charlie.— Pero queremos asegurar las rutas del sur. Ningún retraso. Ninguna sorpresa.

Babe intervino, su voz fría y precisa.

—Hemos perdido dos cargamentos menores en los últimos meses por problemas aduaneros. Quiero garantías de que no volverá a pasar.

Harris tragó saliva.

—Las tendrán. He hablado con los contactos en aduanas. Todo limpio.

Charlie miró a Babe, con una sonrisa sutil en los labios.

—Entonces cerramos el acuerdo al 55% para nosotros en las rutas compartidas. Firma.

Harris firmó sin dudar. La reunión duró menos de una hora. Cuando salieron, Charlie rodeó la cintura de Babe con un brazo mientras caminaban hacia el ascensor.

—Bien hecho, esposo.— susurró Charlie.— Los tienes a todos temblando.

Babe sonrió, besándolo brevemente en el ascensor vacío.

—Y tú los haces firmar sin pestañear. Somos un buen equipo.

Noche en la Terraza del Hotel (Momento Íntimo)

Esa noche, después de una cena ligera en la habitación, salieron a la terraza privada.

Melbourne brillaba abajo: luces de la ciudad, el río reflejando todo. Charlie sirvió dos copas de vino y se sentó junto a Babe en el sofá exterior, atrayéndolo contra su pecho.

—¿Te gusta la ciudad?— preguntó Charlie, besando su sien.

Babe apoyó la cabeza en su hombro.

—Me gusta estar aquí contigo. El resto es solo fondo.

Charlie rio bajito, jugando con el colgante del ancla en el cuello de Babe.

—A veces pienso en cómo sería si dejáramos todo.— dijo Charlie en voz baja.— Solo nosotros. Una casa en algún lugar remoto. Sin reuniones, sin sangre.

Babe levantó la vista.

—¿Lo dejarías?

Charlie negó con la cabeza.

—No. Porque este mundo es lo que nos hizo encontrarnos de nuevo. Pero…me gusta imaginarlo. Tú y yo, sin nada más que esto.

Babe lo besó suavemente.

—Mientras estemos juntos, el mundo puede ser lo que sea. Yo solo necesito esto: tú, yo, una terraza y estrellas.

Charlie lo abrazó más fuerte, besándolo profundo y lento.

—Te amo, mi amor. Más que al poder. Más que a nada.

Babe sonrió contra sus labios.

—Y yo te amo a ti, Cachorro. Más que a la vida misma.

Se quedaron allí horas, besándose intermitentemente, hablando en susurros de planes futuros, de viajes que harían, de cosas pequeñas y grandes. El trabajo del día siguiente podía esperar. Esta noche era solo de ellos.

Al final, entraron a la habitación tomados de la mano, se desvistieron lentamente y se metieron en la cama. No hubo urgencia. Solo abrazos, besos suaves y susurros de “te amo” hasta que se durmieron entrelazados.

El viaje continuaba. Los negocios seguían. Pero lo que realmente importaba era esto: dos hombres casados, enamorados, construyendo una vida juntos en medio del caos.

¡FIN!

Dedicado a @Edith992 la segunda parte que querías…Espero te guste….

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Good Writing

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Compelling Plot

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Strong Dialog

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me encantó gracias❤️ amo cuando escribes sobre las parejitas mafiosas🥰🥰

6 months
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plis un extra donde secuestren a Babe y Charlie actue modo mafioso sadico 🫦😫😫

6 months
2
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la segunda parte la idea que te inspiro a crear Nadie toca lo mio deberas No sabes lo feliz que me hace saber que por primera vez una idea mia ,directa, logre tener ese boom que consiguio que te pideran un segunda psrte .

6 months
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