Manifest

Summary

Cuando el vuelo 828 llega a Nueva York, los pasajeros descubren que, por alguna razón que desconocen, han pasado cinco años en el aire, pero no han envejecido. Los pasajeros se reúnen con sus seres queridos, aunque ya nada será como antes. (Basada en la serie)

Genre
Scifi
Author
MartaSnix
Status
Ongoing
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Las olas del mar rompían contra las rocas, aquella noche hacía un poco de aire, aunque no era desagradable. A lo lejos se podía escuchar el ruido de la música, no muy lejos había una fiesta por las calles, se escuchaban los tambores, los pitos y la música.

Y en aquella tranquilidad, en la paz de aquella solitaria playa, debajo del mirador, Matisse gritó con todas sus fuerzas, deseando que el mar se tragase todo lo que sentía. La joven dio un brinco asustada cuando su grito sonó doblado, no era un eco, no se había producido segundos después, era un grito interpuesto en el suyo, un grito de una voz distinta a la suya. Matisse miró hacia arriba, al mirador, y vio a una joven igual de sorprendida mirando hacia abajo.

-¡No! -gritó la chica cuando la valla de madera sobre la que estaba inclinada para observar mejor se rompió

Matisse consiguió atrapar a la chica, cayendo las dos a la arena de la playa

-¿Estás bien? -preguntó Matisse a la chica soltando el agarre, hizo una mueca, tenía el cuerpo adolorido

-Creo que me he torcido el tobillo -dijo rodando a un lado para quitarse de encima de la otra mujer y tocándose el tobillo

-¿Puedo? -dijo Matisse quitándole las sandalias que llevaba y tocando el tobillo, moviéndolo lentamente-. Parece un pequeño esguince

-¿Eres médico?

-No, pero tengo nociones básicas de tratamiento de heridas

-¿Por eso me has agarrado así la cabeza? Has protegido mi nuca y mi cuello

-Instinto supongo -Matisse miró hacia arriba-. Vaya destrozo has hecho

-¿Yo? ¡El estado de esa valla es denunciable! ¡Podría haberme matado!

-Tampoco exageres, no hay tanta altura, ¿tres metros quizás?

La otra mujer intentó ponerse de pie, apoyó el pie y supo que había sido una mala idea en el momento en que tocó el suelo

-Deja que te ayude -dijo Matisse agarrándola de la cintura

-Mis cosas están… -la otra mujer hacia arriba, al mirador

-Vale, no te muevas -Matisse rodeó el lugar para llegar a las escaleras que daban al mirador, vio en el suelo un bolso bandolera y lo cogió

Cuando Matisse volvió le entregó el bolso a la otra mujer, que se lo colgó por el lado contrario al que Matisse la tenía agarrada por la cintura, ayudándola a caminar

-¿Por qué gritabas? -preguntó Matisse

-No te conozco -dijo la otra mujer

-He salvado tu vida, yo creo que eso ya nos une, ¿o te lanzas a los brazos de desconocidas todos los días?

-Soy Saanvi -dijo la desconocida-. Y gritaba porque iba a hacer este viaje con otra persona, pero me dejó tirada y me avisó cuando era demasiado tarde para bajarme del avión. Así que lo que se suponía que iban a ser unas vacaciones románticas, solo han sido unas vacaciones para adelantar trabajo…

-Normal que te lances a los brazos de desconocidas -bromeó Matisse

-¿Y tú? ¿Por qué gritabas?

-Necesitaba desahogarme

-¡Yo te lo he contado! -se quejó Saanvi deteniéndose-. Necesito descansar

Matisse se sentó a su lado en la playa, mirando al mar, comenzó a jugar con la arena distraídamente

-Soy una agente secreta del gobierno, por eso ciertos trabajos no se lo puedo contar a mi familia, lo que hace que discuta diariamente con mi madre porque ella piensa que desaparezco para estar con alguna mujer, y que eso es más importante que la familia

-Si ya, claro, ¿y si ahora me cuentas la verdad?

-Mi sobrino tiene cáncer terminal, mi hermano y su mujer llevan años haciendo hasta lo imposible por encontrar el modo de curarlo, toda la familia está volcada con él…, mi familia no puede soportar más malas noticias… -Saanvi había puesto una mano en la pierna de Matisse al enterarse de la noticia de su sobrino, estaba callada mirándola atentamente, viendo el dolor en su mirada, pero se mantuvo callada, porque algo le decía que había más-. Hace un mes que debería haber empezado con la quimioterapia, pero no lo he hecho porque teníamos este viaje, no sé cómo decirles a mis padres, a mis hermanos, que tengo cáncer…, porque no pueden perderlo a él y tener miedo por mi… -Matisse miró a Saanvi-. Es la primera vez que lo digo en voz alta, tengo cáncer…

Saanvi la abrazó y ambas se quedaron en silencio un buen rato, con la música de fondo y las olas del mar enfrente

-Tengo hambre -dijo Matisse poniéndose en pie de repente sobresaltando a Saanvi-. Deberías invitarme a comer

-¿Y eso por qué? -Saanvi cogió la mano que Matisse le extendía para ayudarla a levantarse

-Porque te he salvado la vida

-Te recuerdo que tú misma dijiste que no estaba tan alto…

-Un mal golpe mata a cualquiera, salvé tu cabeza y cuello, estás viva gracias a mi

Saanvi no pudo evitar reír por la forma de hablar de aquella mujer y porque había algo en su sonrisa que le hacía querer sonreír

-Aún no sé tu nombre

-Matisse

Ambas mujeres fueron por las calles donde había música, pidieron algo de comer en uno de los puestos ambulantes y se sentaron en el paseo marítimo a comer, como muchos otros hacían, comenzaron a hablar un poco de todo, del tipo de música que sonaba, del vestuario de los artistas callejeros, de los diferentes puestos, y poco a poco, a temas más específicos, y así fue como Matisse se enteró que Saanvi era investigadora médica.

-¿Queréis que os lea vuestro futuro? -una mujer caracterizada de adivina cogió las manos de ambas

-No gracias, no creo en eso -dijo Saanvi intentando retirar la mano pero la mujer no le dejaba

-No os conocéis… -dijo la mujer mirando las palmas de las dos

-Cualquiera que nos haya escuchado hablar dos minutos habría llegado a esa conclusión -comentó Saanvi, Matisse la miraba divertida

-Pero vuestro destino está entrelazado, volveréis a veros, pues es vuestro destino encontraros de nuevo -comentó la adivina

-Esto es una tontería -Saanvi se levantó quitando la mano con un movimiento brusco

-Encuentra el zafiro para ella -dijo la mujer mirando a Matisse

-Sí, gracias -dijo Matisse soltándole un billete y yendo a agarrar a Saanvi que se alejaba cojeando

-Es una estafa -se quejó Saanvi

-Es su trabajo

Ambas se echaron a un lado cuando un pequeño desfile pasó por su lado, las dos rieron y comentaron, charlando como si se conocieran desde hace años y no únicamente de hace una hora, como si no fueran dos desconocidas que se acababan de conocer y seguramente no vieran más después de esa noche. Pero quizás es lo que ambas necesitaban, olvidar por un instante sus vidas, el motivo del porqué estaban en Jamaica y solo disfrutar con una desconocida que no la juzgaría ni esperaba nada.

A pesar de estar mal con el pie, Saanvi había decidido detenerse a mirar cada uno de los puestos que decoraban toda la calle

-¿Puede envolverlo? -preguntó Matisse señalando un colgante con el ojo de Ra, sacó la cartera cuando algo llamó su atención un colgante con un zafiro-. ¿Puede darme ese también?

-¿También se lo envuelvo?

-No, ese no hace falta -dijo guardandoselo en el bolsillo

Matisse terminó de pagar las compras y fue a buscar a Saanvi que estaba apoyada junto a un pequeño muro, intentaba disimular el dolor que sentía en el pie

-¿Dónde queda tu hotel? Deberías descansar ese pie antes de que termines peor -comentó agarrando de nuevo la cintura de la otra mujer para ayudarla a andar

El hotel no quedaba muy lejos de allí, Matisse la acompañó hasta la puerta de su habitación

-Tengo algo para ti

-¿Para mí? -Saanvi la miró extrañada, abrió los ojos de par en par al ver el colgante con el zafiro-. ¿Un zafiro?

-No seré yo quien se arriesgue a desafiar los designios de una adivina -dijo riendo-. ¿Puedo?

Saanvi dudó, se quedó mirando a la mujer que tenía en frente sin comprender sus intenciones, finalmente, se giró retirando su melena negra exponiendo su cuello, sintió un escalofrío al sentir el roce de las manos de la otra mujer en su cuello

-Gracias por el día de hoy -dijo Matisse cuando le puso el colgante-. Me he divertido

-Si… sorprendentemente yo también… -admitió Saanvi que tenía que admitir que era la primera vez en una semana que salía de su habitación por más de una hora, y por primera vez en ese tiempo había vuelto a reír. Y quizás por miedo a volver a sentir ese dolor que la había acompañado durante todo el viaje habló-. ¿Quieres pasar? -dijo abriendo la puerta

Matisse miró sorprendida a Saanvi, no es que no estuviera acostumbrada a irse con desconocidas a la cama, lo había hecho muchas veces, pero en aquella ocasión ni siquiera se lo había propuesto, no había desplegado sus encantos con Saanvi, no le había sonreído de forma coqueta o acariciado suavemente para intentar propiciar un encuentro carnal, por eso la proposición le pilló por sorpresa. Miró el pasillo por donde estaba el ascensor, después la habitación abierta, vio como Saanvi a cada segundo que pasaba se ponía más nerviosa, era evidente que no estaba acostumbrada a hacer aquello.

-Lo cierto es que sí, me gustaría -respondió Matisse entrando en la habitación mientras agarraba la cara de Saanvi y la besaba, cerró con la mano libre la puerta sin ni siquiera mirar


El sonido de un teléfono móvil despertó a Matisse, la mujer que tenía desnuda a su lado se removió.

-Lo siento, tengo que irme -dijo disculpándose Matisse mientras salía de la cama y comenzaba a vestirse

-Sí, claro -Saanvi se tapó con las sábanas, sintiendo vergüenza por su desnudez, ¿de verdad se había acostado con una desconocida?

-¿Qué tal tu pie? -se sentó en la cama para ponerse los zapatos

-Apenas duele

-Saanvi -dijo Matisse acercándose al lado de la cama donde estaba la otra mujer, la besó suavemente en los labios antes de alejarse-, esa mujer es idiota por dejarte tirada

-Yo no he dicho en ningún momento que fuera una mujer…

-Cariño, después de lo de anoche es evidente que no es tu primer rodeo con una mujer -dijo riendo.

-¿Debería darte mi número? ¿Darme tú el tuyo? -preguntó tímida Saanvi-. Lo siento, nunca he hecho esto… ¿qué se supone que debería decir?

-Eres un encanto. No te preocupes, volveremos a vernos

-¿Ah si? Mi vuelo sale hoy, así que lo dudo

-Estamos destinadas a encontrarnos de nuevo, ¿recuerdas?

Saanvi puso los ojos en blanco, Matisse iba a decir algo más cuando su móvil volvió a sonar, lo miró preocupada y terminó descolgando haciéndole un gesto a Saanvi de que guardase silencio

-Hola preciosa, sí, he salido a correr por la playa…, llegaré en quince minutos -Matisse recogió sus cosas mientras se despedía con un gesto de Saanvi, cerrando con cuidado la puerta al salir

Saanvi la observó mientras se escabullía de su habitación, pensando en que acababa de acostarse con alguien casada o con novia, después se recordó que no era problema suyo, ella no lo sabía. Se dejó caer en la cama, pero el olor a sexo y el recuerdo de la noche anterior la hizo levantarse y dirigirse a la ducha. Podía apoyar el pie, sentía un poco de dolor, pero estaba remitiendo.

Saanvi cerró los ojos bajo la ducha, dejó que el agua cayera por ella borrando los restos de la noche anterior, se preguntó si algo de lo que sucedió fue real, tampoco es que supiera mucho de ella, tenía cáncer al igual que su sobrino, ¿era cierto o solo era algo que usaba para dar pena y llevarse a las chicas a la cama? Tocó el colgante y se preguntó por qué le importaba, quizás porque aparte de con Alex nunca había estado con nadie, ella no era de las que se iban a la cama con una desconocida, y para una vez que lo hacía deseaba que no hubiera sido una mentira.

Saanvi salió de la ducha, se quitó el colgante y lo dejó en la cama, comenzó a recoger sus cosas, revisó todo antes de abandonar la habitación del hotel, vio el azul del zafiro sobre la colcha blanca y por alguna razón, lo cogió de nuevo antes de marcharse