DEDICATORIA,Nota & SINOPSIS
Dedico este libro a todas aquellas almas en pena que jamás nos animamos a salir del anonimato. Jamás le dijimos “te quiero” a esa persona que nos volvía locos.
Para aquelcrushque nunca fue mío, por miedo a no haber podido soportar todo lo que habría sido capaz de dar. 🥀🍷
_ Sophie M.

NOTA DE LA AUTORA
Hola, mucho gusto. Me presento: soy Sophie M., una escritora amateur que durante años ha creado historias enteras en su mente. Después de más de diez años imaginando mundos, personajes y emociones, finalmente me animé a dar un paso que siempre me intimidó: terminar y compartir una de esas historias. No sé si lo hice perfecto, pero sí sé que lo hice con el corazón, y para mí eso ya es un logro enorme.
También podría decir que soy una “veterana” de otra plataforma —la famosa naranja— donde publiqué varias historias que, por distintos motivos, terminé borrando. A veces fue por falta de inspiración, otras por inseguridad o miedo. Pero hoy decidí dejar eso atrás y apostar por este proyecto, que considero mi pequeño diamante en bruto. Esta historia también está publicada allí, por si quieren pasar a verla y darme su apoyo.
Este libro reúne muchos de los elementos que amamos de la época de regencia: bailes, secretos, tensiones románticas y emociones intensas. Si te gustan las historias al estilo de Bridgerton o los romances de época, probablemente encuentres aquí algo que te atrape.
Quiero dejar una advertencia importante: esta obra está dirigida a un público mayor de edad. A lo largo de la historia se abordan temas sensibles y pueden aparecer escenas de carácter explícito. Todo está escrito desde la ficción y con el mayor respeto posible, pero es importante tenerlo en cuenta antes de comenzar la lectura.
No tengo un calendario fijo de publicación, ya que no me dedico profesionalmente a la escritura ni estudio una carrera relacionada. De hecho, este libro también representa algo muy personal: la prueba de que alguien con una formación completamente distinta —en mi caso, la ingeniería— puede crear desde el amor, la imaginación y la pasión por contar historias.
También pido disculpas si en algún momento el lenguaje no resulta completamente neutral; soy de Argentina, y eso inevitablemente se refleja en mi forma de escribir.
Sin más, espero que te prepares una taza de té, te acomodes en tu lugar favorito y le des una oportunidad a “Todo fue por tu beso”.
Con cariño, Sophie M.


Sinopsis🥀
Ese día no podía ser más normal y aburrido en la casa de campo de los Cárdenas. Hacía pocos días atrás habían llegado al recinto la sobrina nieta del marqués y su excéntrico primo materno, Fernando.
Ambos estaban parados en la casa solo por el último diluvio de invierno, que daría la bienvenida a la primavera y, por lo tanto, a una nueva temporada para que las jóvenes casamenteras buscaran marido.
Toda dama estaba expectante de dicho suceso, menos Elena Charlotte Cárdenas Chappel, o como la llamaban sus familiares y amigos más íntimos, Elle. Ya era considerada prácticamente una solterona y no faltaba mucho para serlo.
Pero puede que eso esté a punto de cambiar todo por completo.
—Señorita, acaba de llegar esto, es de su tío —anunció la joven sirviente, tendiéndole una carta que tenía el sello rojo, con la marca de una herradura de caballo proveniente del marqués Cárdenas.
—Gracias, Ava. ¿Puedes traernos más té, por favor? —pidió con amabilidad Elena.
—Por supuesto. —Luego tomó la tetera y desapareció por el pasillo.
—¿Qué querrá el marqués para que envíe una carta hoy, luego de habernos enviado algo ayer? —preguntó Fernando sin sacar la vista de su libro mientras comía una galleta. —Lo sabía, ese viejo está peor con los años y de seguro te mandó la misma carta que ayer.
—Fernando, te dije que no hables así de él. —lo reprendió Elena, con una sonrisa. Era habitual ver esa enemistad entre su primo y su tío, pero sabían que se querían mucho, en el fondo. —De seguro olvidó decirme algo, capaz que quiere decirme que estará fuera y viajará por negocios.
Miró la carta entre sus manos y tomó el abrecartas. Se sentía igual que las cientos de cartas de su tío abuelo. Con las mismas recomendaciones de siempre, el mismo sello, el mismo papel y la letra. Cuando la abrió por completo, parecía exactamente igual que todas las cartas que enviaba cuando estaban en Inglaterra y él en España, pero no lo era.
No lo era.
—¡Elena! Ten más cuidado, mujer. —le dijo Fernando, luego de que tirara la taza de té y se hiciera trizas en la alfombra. Luego se vio cómo Fernando se disponía a limpiar el desastre de su prima. —Frederic, no es necesario venir así, puedo limpiarlo yo.
Avisó Fernando al lacayo, que ya estaba dispuesto a limpiar el desastre, aunque ambos primos sabían cuidarse y valerse bien por sí mismos.
—Pero, señor...
—Habré nacido en cuna de oro, pero mi tía me enseñó bien cuando son los pequeños accidentes. —finalizó él, recogiendo los pequeños trozos de la alfombra y entregándoselos al lacayo. —Ten, luego dile a Ava que traiga otra taza.
—Sí, señor. —El sirviente se fue a la cocina con gran rapidez.
Fernando se dio la vuelta para ver a su prima sentada ahora en la ventana, leyendo y releyendo la carta del marqués. Debía ser algo importante para que la tuviera tan así; ella no era fácil de impresionar.
Se acercó tras ella como cuando eran niños y quería asustarla, pero ahora con mayor intriga, se dispuso a leer la dichosa carta.
Miró sobre el hombro de su prima la carta y releyó un poco en voz alta. —Elena... estado de salud... ¡Ey, estaba leyendo eso! —le reprochó cuando el trozo de papel desapareció de su campo de visión.
—¿Tú sabías esto? —preguntó ella, con los brazos cruzados y señalando la carta.
—No llegué a terminar, pero no. No me comentó nada antes de que partiéramos.
—No lo puedo creer, ese hombre. —Elena se puso a morder su labio y a jugar con sus manos mientras pensaba.
Ella se paró en el medio del salón, caminando de un lado a otro mientras pensaba. Sí, su primo la conocía tan bien que simplemente se sentó en el asiento junto a la ventana.
Todo estaría en silencio si no fuese por la lluvia, los pasos de la señorita Cárdenas y su cabeza entrando en una especie de trance.
—Elle, te vas a quedar calva si sigues haciendo eso con tu pelo...
—Es que... ¡Es increíble! —exclamó ella, mirando a su primo mientras seguía caminando. —Quiere que use este último año para conseguir un pretendiente.
—¿Y? Has bailado con cientos estos últimos años y hablado. —le recordó su primo sin importancia. —¿Recuerdas al señor Richardson? A él le gustaste.
—Fer, no estoy para juegos, y él no es un pretendiente digno. Y, por si te lo recuerdo, ese hombre horrible está casado.
—Bien, bien, pero podríamos haberlo usado de apariencia.
—¿No has leído la carta?
—Tú solo me dejaste ver el primer párrafo, ese viejo siempre te chantajea con su salud. —suspiró y volvió a sentarse a la mesa, bajo la gran mancha de té en la alfombra color crema. —Lástima, tardará en salir eso.
—Fer, esto no es igual. —le dijo Elena, yendo a sentarse frente a él.
—Pues ilumíname, prima.
—El marqués dice que su salud es grave y, como no sabe cuánto vivirá, este año me exigió conseguir un pretendiente digno que quiera casarse conmigo y tener un heredero. Si es así, ese niño es el único que puede pasar el título al marquesado; si no, pasará a alguien más y no me financiará más a mí. Y por lo tanto tú, tendras que volver a vivir con tus padres.
Él la miró con los ojos abiertos por el shock, cruzó sus piernas una arriba de la otra y tomó su té viendo a la pared, preocupado. —Bueno, creo que tendremos que ponernos en marcha, ¿no? Mierda.
—Sí, mierda. Dice que si no logro conseguir un pretendiente en los próximos cuatro meses, nos llevará a España y arreglará un matrimonio. —ella volvió a releer esa parte.
—Doble mierda.
—Sí... ¿quién querrá desposarme en cuatro meses? —preguntó Elena, volviendo hacia la ventana, mirando a la calle y, sobre todo, a la casa de la esquina, que siempre le abrió las puertas y era prácticamente su otra familia.
—Bueno, pueden pasar muchas cosas en esos cuatro meses. Mientras no tenga que desposarte a tí, todo bien.
—¡Fernando!
—¿Qué? Escúchame, eres la mismísima Elena Charlotte Cárdenas Chappel. Lo harás y, bueno, si no, sabes que siempre estaré para ti. Tal vez un corte de pelo, unos pantalones y suciedad, y podremos ser piratas y escaparnos con todas las joyas.
Ella sonrió a pesar de sus nervios. —Nunca cambias. Gracias. —le dijo y golpeó su hombro.
—Tranquila, confía en ti. Sé que lo resolverás, Elle.
