"PROTOCOLO DE SEDUCCIÓN"

Summary

Jeon Jungkook (35 años) es el alfa dominante y CEO de JK Enterprises. Es conocido por su frialdad y su control absoluto. Park Jimin (22 años) es un brillante estudiante de último año que ha conseguido una pasantía en la empresa. Jimin es un omega de aroma dulce (quizás flores blancas y miel) que nunca ha permitido que un alfa se acerque lo suficiente... hasta ahora.

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Complete
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1
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n/a
Age Rating
18+

OneShot

La noche había caído por completo sobre Seúl. En el último piso de la torre de JK Enterprises, solo una luz permanecía encendida: la del despacho del CEO. Jeon Jungkook (35 años) ajustaba el nudo de su corbata mientras repasaba los últimos informes trimestrales. Su aroma —una mezcla opulenta de madera quemada, sándalo y un toque sutil de ámbar— dominaba la estancia, un recordatorio silencioso pero potente de su estatus como alfa puro.

Un leve toque en la puerta de cristal esmerilado interrumpió su concentración.

— Adelante —dijo Jungkook, con esa voz profunda que había hecho temblar a más de un competidor en la sala de juntas.

La puerta se abrió y Park Jimin (22 años) entró tímidamente. Llevaba una carpeta de manila apretada contra el pecho. Jimin era un omega de aroma dulce y natural, como flores blancas y miel recién recolectada, que contrastaba fuertemente con la atmósfera cargada de la oficina. Llevaba un suéter de lana ligeramente grande y unos vaqueros ajustados, un atuendo que gritaba "estudiante universitario" en un mundo de trajes a medida.

— Sr. Jeon... lo siento por la hora. Me dijeron que necesitaba estos informes de marketing antes de mañana por la mañana.

Jungkook levantó la vista, y sus ojos oscuros, casi negros, se fijaron en Jimin. Había algo en el joven que siempre lo había intrigado. Quizás era su dedicación, o quizás era esa aura de inocencia que parecía intacta, una rareza en su mundo cínico. Jungkook respiró hondo, y su instinto de alfa gimió. El aroma de Jimin era más fuerte hoy, más dulce. Y había algo más: un rastro de miedo, pero también de una anticipación que hizo que la sangre de Jungkook se calentara.

— Déjalos sobre la mesa, Jimin —dijo Jungkook, su voz ahora un poco más baja, más ronca.

Jimin se acercó a la imponente mesa de caoba. Su corazón latía con fuerza. Estaba en la presencia de uno de los hombres más poderosos y atractivos del país, un alfa que emanaba una autoridad que lo hacía sentir pequeño y, al mismo tiempo, extrañamente seguro. Mientras dejaba la carpeta, su mano tembló ligeramente.

Jungkook lo observó. Se levantó de su silla, una figura imponente en su traje negro de tres piezas. Caminó lentamente hacia Jimin, rodeando la mesa.

— Pareces nervioso —comentó Jungkook, deteniéndose a solo unos centímetros de él.

— N-no, Sr. Jeon... es solo... —Jimin tragó saliva, el calor subiendo por su cuello. El aroma de Jungkook lo estaba envolviendo, nublando sus pensamientos.

Jungkook extendió una mano y, con un movimiento lento, casi perezoso, acarició la mejilla de Jimin. La piel del omega era increíblemente suave.

— Tu aroma... —susurró Jungkook, inclinándose hacia él—. Es más intenso hoy. Como si estuvieras... receptivo.

Jimin sintió que sus rodillas flaqueaban. El toque de Jungkook era electrizante. — No... no sé de qué habla.

Jungkook soltó una risa baja, un sonido que vibró en el pecho de Jimin. — Oh, lo sabes. Y yo también. Puedo olerlo. Y también puedo oler tu miedo... y tu curiosidad.

Antes de que Jimin pudiera reaccionar, Jungkook lo tomó por la cintura y lo levantó con facilidad, sentándolo sobre la imponente mesa de caoba. Los informes que Jimin acababa de entregar se desparramaron por el suelo. Jimin soltó un jadeo de sorpresa, sus manos instintivamente agarrándose a los hombros del CEO.

— Sr. Jeon... ¿qué está haciendo? —preguntó Jimin, con los ojos muy abiertos, una mezcla de terror y deseo reflejada en ellos.

Jungkook se interpuso entre las piernas de Jimin, su cuerpo presionando contra el del omega. — Estoy haciendo lo que los dos hemos querido desde que entraste aquí, Jimin.

El alfa se inclinó y enterró su nariz en el cuello de Jimin, inhalando profundamente su aroma. Jimin soltó un gemido involuntario cuando sintió los labios de Jungkook besar la piel sensible de su cuello, justo donde debería estar su marca.

— Me perteneces —susurró Jungkook contra su piel—. Lo has hecho desde el momento en que pusiste un pie en este edificio.

Jimin sintió una ola de calor recorrer su cuerpo. Las palabras de Jungkook, su voz de mando, la forma en que lo sostenía... todo estaba activando instintos en él que nunca antes había sentido.

— Pero... Sr. Jeon... yo... —trató de decir Jimin, pero las palabras se perdieron cuando Jungkook subió su suéter, exponiendo su torso pálido y delgado.

Jungkook observó el cuerpo de Jimin con una mezcla de rudeza y una extraña reverencia. La piel era perfecta, sin una sola cicatriz. — Eres un virgen, ¿verdad? —preguntó Jungkook, su mirada fija en los ojos de Jimin.

Jimin asintió lentamente, el sonrojo cubriendo todo su rostro. — S-sí...

Una sonrisa depredadora apareció en el rostro de Jungkook. — Bien. Yo seré el primero. Y el único.

Jungkook no perdió más tiempo. Sus manos bajaron a los vaqueros de Jimin, desabrochándolos y bajándolos con un movimiento rápido. Jimin estaba completamente expuesto sobre la mesa, su cuerpo temblando bajo la mirada intensa del alfa.

Jungkook se desabrochó el cinturón y bajó la cremallera de su pantalón. Cuando su miembro emergió, grueso y ya completamente erecto, Jimin soltó un jadeo de pura sorpresa y miedo.

— Shh... —dijo Jungkook, su voz ahora suave, casi tranquilizadora—. No te haré daño, pero esto será intenso. Tienes que confiar en mí.

Jungkook tomó una de las manos de Jimin y la guio hacia su miembro. Jimin cerró los ojos, su respiración entrecortada. El tacto era abrumador.

— Ahora, Jimin... —dijo Jungkook, su voz de mando regresando—. Prepárate.

Jungkook se arrodilló entre las piernas de Jimin y, con un movimiento firme y decidido, se introdujo en él. Jimin gritó, un sonido agudo y lleno de dolor y placer mezclados. Su cuerpo se tensó, sus uñas se clavaron en los hombros de Jungkook. Era su primera vez, y el nudo del alfa era grande, una fuerza que parecía separarlo.

Jungkook se detuvo, dándole tiempo a Jimin para adaptarse. — Respira, Jimin. Respira —susurró, besando la frente empapada de sudor del omega.

Jimin respiró temblorosamente, sintiendo cómo el cuerpo de Jungkook se fusionaba con el suyo. El dolor inicial comenzó a transformarse en un calor sordo, una tensión que se acumulaba en su vientre.

— ¿Estás listo? —preguntó Jungkook, su voz ronca.

Jimin asintió de nuevo, incapaz de hablar. Jungkook comenzó a moverse, al principio con lentitud, pero luego con más fuerza y ritmo. Cada embestida hacía que Jimin soltara gemidos entrecortados. El placer que estaba experimentando era algo que nunca había imaginado. El aroma de Jungkook, el calor de su cuerpo, la forma en que lo sostenía... todo era demasiado.

Jungkook, por su parte, estaba en su propio paraíso. La estrechez de Jimin, su inocencia, la forma en que su cuerpo reaccionaba a cada toque... estaba perdiendo el control. Su instinto de alfa estaba tomando el mando, demandando que marcara este territorio, que hiciera a este omega suyo para siempre.

— Jeon... Jeon... —gemía Jimin, su cabeza echada hacia atrás, su cuerpo arqueándose hacia el de Jungkook.

Jungkook sintió que el nudo en la base de su miembro comenzaba a hincharse, la señal de que el clímax estaba cerca. — Me voy a correr, Jimin. Me voy a correr dentro de ti.

Jimin solo pudo gemir en respuesta, su propio cuerpo alcanzando el punto de no retorno. Con una última embestida poderosa, Jungkook se corrió dentro de Jimin, el nudo anclándolos juntos. Jimin sintió una explosión de calor y placer que lo hizo temblar, su propia semilla cubriendo su vientre.

Jungkook se quedó allí, jadeando contra el cuello de Jimin, su cuerpo pesado y dominante presionando al omega contra la madera fría de la mesa. El nudo en la base de su miembro los mantenía anclados, una unión física y biológica que anulaba cualquier jerarquía de oficina. Jimin estaba abrumado; su cuerpo temblaba incontrolablemente, abrumado por la intensidad de su primer orgasmo y la invasión cruda del alfa. Sus manos, aún débiles, estaban enredadas en el cabello oscuro de Jungkook.

El silencio en el despacho era absoluto, roto solo por sus respiraciones erráticas. El aroma a sándalo y madera quemada de Jungkook se había vuelto denso, casi asfixiante, mezclándose con el olor a miel y flores blancas de Jimin, ahora teñido con el almizcle de la cópula.

— Jeon... —susurró Jimin, su voz apenas un hilo, llena de cansancio y una extraña devoción.

Jungkook gruñó bajito, un sonido animal que vibró contra la piel de Jimin. Lentamente, el nudo comenzó a ceder. Jungkook se retiró con cuidado, un gemido húmedo escapando de los labios de Jimin ante la pérdida de calor y la fricción. El semen de Jungkook, espeso y cálido, comenzó a deslizarse por los muslos de Jimin, una marca invisible pero innegable de lo que había sucedido.

Jungkook no lo soltó. Con un movimiento posesivo, levantó a Jimin de la mesa, como si fuera una muñeca de porcelana. Jimin, con las piernas débiles, envolvió instintivamente su cintura alrededor del torso del alfa. Jungkook caminó hacia el gran ventanal que daba a la ciudad de Seúl, la carpeta de informes que Jimin había traído yacía olvidada y pisoteada en el suelo.

— Míralos —susurró Jungkook al oído de Jimin, su voz ronca y cargada de autoridad—. Todos ellos, allá afuera... no tienen ni idea.

Jungkook apretó el agarre en las nalgas desnudas de Jimin, haciéndolo jadear. Con una mano, giró el rostro de Jimin para obligarlo a mirarlo a los ojos. Las pupilas de Jungkook estaban dilatadas, casi cubriendo el iris, su lobo aún al mando.

— Tú eres mío, Jimin. No solo esta noche. No solo en esta oficina. Eres mío en cada fibra de tu ser —continuó Jungkook, sus palabras clavándose como garras en la psique del omega—. He esperado treinta y cinco años para encontrar este aroma, esta pureza. Y ahora que la tengo, no la voy a soltar. Nunca.

Jimin, con los ojos nublados por las lágrimas y el deseo residual, solo pudo asentir. La intensidad del alfa lo asustaba, pero también lo completaba de una manera que nunca creyó posible. Su naturaleza de omega, ahora despierta por completo, rogaba por esa posesividad.

— S-sí, Alfa —susurró Jimin, aceptando su lugar, su sumisión absoluta ante el hombre que lo había reclamado.

Jungkook sonrió, una sonrisa que no tenía nada que ver con los negocios y todo que ver con la conquista. Se inclinó y, en lugar de besarlo, mordió suavemente el lóbulo de la oreja de Jimin, dejando una marca roja y húmeda.

— Mañana, vendrás a vivir conmigo. No quiero que vuelvas a ese dormitorio universitario —ordenó Jungkook, sin dejar espacio para la réplica—. Y Jimin... —Jungkook bajó la mirada hacia donde su semen aún goteaba por las piernas del joven—. Asegúrate de no limpiarte. Quiero que huelas a mí todo el camino a casa.

Jimin sintió un escalofrío de anticipación y vergüenza recorrer su columna. No hubo "protocolo cumplido". Solo una reclamación total y absoluta. Jungkook lo llevó hacia el sofá de cuero en la esquina de la oficina, no para dejarlo ir, sino para reclamarlo de nuevo, esta vez con más calma, pero con la misma intensidad posesiva. La noche en JK Enterprises apenas estaba comenzando.