Capítulo Único
La música vibraba en el pecho como si el corazón hubiera perdido el control y ahora siguiera otro ritmo, uno más salvaje, más libre. Las luces se movían como olas eléctricas, pintando cuerpos que no se quedaban quietos, que chocaban, que reían, que existían sin pensar.
Brielle no solía ir a fiestas así, pero esa noche no quería pensar, quería dejar atrás toda la mierda que había tenido que soportar porque se le ocurrió enamorarse del peor tipo del mundo. Sus amigas habían estado con ella y le habían insistido mucho para salir todas. Ese día la mejor amiga de Brielle había organizado una fiesta mexicana, la joven había llegado desde muy pequeña a Los Ángeles junto a sus padres persiguiendo el “sueño americano”. Ahí se conocieron y se convirtieron en inseparables.
— Vamos Bri, te la vas a pasar muy bien, sé que no te vas a arrepentir, no me gusta verte mal por culpa de ese cabrón… no sabes las ganas que tengo de encontrarlo y ponerlo en su lugar.
La pelinegra se sentó en su cama sin muchos ánimos y le sonrió apenas.
— Beth, no tengo ánimos en verdad que solo quiero quedarme…
— Claro que no, ya estuviste encerrada mucho tiempo, no es justo para ti mi reina, además… mi primo va a llevar a un amigo que ¡ufff!, está como quiere el cabrón. Mira que nomás porque yo estoy enamorada de mi Andy, pero ¡ufff!, chica, no te imaginas lo que te pierdes, ya quisiera ese pocos huevos de Marc.
— Ok, Beth, nos vemos ahí.
La joven de piel bronceada y curvas de impacto la abrazó feliz.
—Nada de ahí nos vemos, pasamos por ti a las nueve, así que te pones super mamacita y las lágrimas me las dejas para después.
— Te quiero mucho Beth, no sé qué hubiera hecho sin ti y las chicas.
— Pues seguramente hubieras seguido llorándole a ese hijo de…
— Beth… jajajaja
— Ok, ok ya dejemos en santa paz al cabronazo ese.
Cuando Beth salió del departamento de Brielle, la joven se quedó un rato más, sentada en silencio, recordando los malos momentos que había pasado después de la ruptura con Marc, sabía que tarde o temprano tendría que volver a su vida y tal vez esta sería la ocasión. Luego se metió a bañar dejando que el agua se llevará el peso y los malos ratos, al menos por esa noche.
Salió más ligera, ya no había llorado, solo dejó todo fluir, se acercó al espejo, aún tenía ojeras, pero eso no la detendría. Se aplicó su crema hidratante, luego fue hasta su armario, tratando de elegir qué ponerse para esa noche.
Una vez que se terminó de vestir se miró en el reflejo del espejo su top aperlado abrazaba su cuerpo como un secreto, con esa tela de satén que se adhería como una segunda piel, eligió uno vaqueros ajustados, a la cadera, dejando ver su abdomen plano. Su cabello negro caía desordenado, ligeramente húmedo, lo aliso y aplico maquillaje natural, nada llamativo y al final se aplicó su perfume favorito “Himmel”.
A las nueve en punto, tal como lo prometió llegó Beth, Bri escuchó el claxon de un auto, se asomó y era el auto de Andy, Beth se asomó por la ventanilla del copiloto hacia la ventana de su amiga y la apuro a bajar.
Una vez en el auto, Andy la saludo.
—Me da gusto que te hayas animado a venir Bri, cuando Beth me dijo me alegré, verás que vendrán cosas mejores.
— Gracias Andy.
Durante el trayecto la pelinegra notaba como Andy miraba de reojo a Beth, buscaba su mano y la tomaba de la pierna, ambos sonreían, se miraban tan enamorados. Brielle se alegró mucho por su amiga porque la quería tanto y sabía que Andy era un buen tipo. Pero no pudo evitar sentir un poco de dolor, porque ahora que lo analizaba, Marc jamás la había visto de la misma forma y eso la puso a pensar en que por más que ella se aferró y trato, el cariño solo era unilateral.
Cuando llegaron, todo el mundo bailaba, la música se escuchaba más que sus palabras, Brielle, encontró a sus amigas, que también estaban disfrutando, Cris y Angee. La abrazaron apenas la vieron, estaban felices de que por fin se hubiera animado a salir. La fiesta estaba en el punto máximo, Brielle, después de tanto tiempo ya no estaba triste, incluso reía como antes de todo aquello, bromeaba con las chicas y bailaba con algunos primos de su amiga.
En un momento se alejó de sus amigas para ir a la barra y pedir otro trago, el ambiente, la música y la compañía la estaban reviviendo, sentía el sudor debajo de su cabello por el calor del lugar, sus labios brillaban y sus ojos también, pero no por la fiesta si no por la necesidad de sentirse feliz.
—Respira —se dijo, casi en silencio.
Y entonces entró más al centro, el mundo era un caos bonito habían risas, vasos chocando, perfume mezclado con sudor y miradas, sobre todo se fijó en una que le provocó una sensación incómoda, casi eléctrica, que la recorrió de pies a cabeza.
Apoyado contra una pared, con el cabello trenzado, playera ancha y una expresión relajada pero no distraída. Estaba un joven guapísimo, sus ojos estaban en ella, fijos, directos, sin disimular; la recorría de arriba, abajo, delineando cada curva. Brielle tragó saliva.
No pudo evitar sentirse sonrojada y trato de ignorarlo, siguió caminando hasta la barra, pidió una margarita. El alcohol quemó un poco… pero no tanto como esa sensación que seguía en la nuca.
Volvió a mirar y lo vio acercarse. Ella se giró, sin saber muy bien qué hacer, así que solo se quedó de pie en la barra bebiendo su trago esperando.
“ Tal vez solo viene por un trago”— pensó para sí misma, hasta que sintió el calor de una presencia detrás suyo.
—Oye… —dijo él, inclinándose apenas hacia ella para que su voz cruzará la música—.
Su voz era baja, rasposa, peligrosamente tranquila.
Brielle levantó la vista.
—¿Sí?
Él sonrió de lado, no de manera amable, si no una sonrisa de planeación, porque sabía lo que hacía.
—¿Cómo te llamas?
Preguntó directo, sin rodeos, Billy soltó una pequeña risa nerviosa.
— Brielle.
— Brielle…— El joven la miró, se relamió el labio y jugueteó con la perforación en su labio, sin apartar su mirada— Estas como quieres, preciosa, desde que entraste no he podido dejar de mirarte.
—Eso suena un poco intenso… ¿no?
—Lo es —respondió él, sin apartar la mirada—. Pero también es verdad, yo soy Tom.
—Tom…— respondió ella.
Su nombre le quedó bien, demasiado bien.— pensó.
—¿Siempre haces eso? —preguntó ella, cruzándose de brazos, intentando recuperar un poco de control—. ¿Hablarle así a desconocidas?
Tom negó suavemente.
—No, solo cuando alguien me gusta en verdad.
Brielle sintió el golpe de esas palabras en el estómago.
—¿Y yo te gustó de verdad?
Tom dio un paso más cerca, ahora sí sin dejar espacio, ambos podían incluso respirar sus perfumes.
—Entraste… —murmuró— y fue como si todo lo demás bajara el volumen.
Brielle dejó de respirar por un segundo, ridículo, exagerado, pero eligió creerle. La música cambió, más lenta al inicio, más pegada.
Tom extendió la mano, sin tocarla todavía.
—Baila conmigo.
No era una pregunta, Bri lo miró y dudó, pero también se quería dejar llevar por la música, por el ambiente, por él…
—Solo una canción —dijo ella, al final.
Tom sonrió.
—Claro.
Pero era mentira y ambos lo sabían.
La tomó de la mano y ahí pasó, ese pequeño chispazo. Ese contacto que no debería significar tanto… pero significa todo. La acercó lo suficiente para que ambos pudieran sentir sus cuerpos, juntos, muy juntos. Brielle puso sus manos en los hombros de él, sintiendo el calor de su piel incluso a través de la tela. Tom apoyó las suyas en su cintura, firme… seguro.
La música los envolvió, se movieron lento al inicio, probándose, midiendo distancias invisibles, pero pronto sus cuerpos se adaptaron al ritmo y al contrario. Él la miraba y sonreía, deseándola sin ocultarlo.
—¿Siempre miras así? —susurró Brielle.
—¿Así cómo?
—Como si ya supieras lo que va a pasar.
Tom inclinó un poco la cabeza.
—No lo sé —dijo—. Pero sé lo que quiero que pase.
La pelinegra sintió el pulso en la garganta.
—¿Y qué quieres?
Tom no respondió de inmediato, solo la miró. Después, bajó la voz, casi rozando su oído:
—Que no te vayas cuando termine la canción, que te quedes bailando conmigo, que te quedes toda la noche.
El mundo se redujo a eso, a él, a ella y a su deseo.
Brielle cerró los ojos un segundo, se suponía que era solo una fiesta, solo música, solo una noche de distracción con sus amigas. Pero había algo en la forma en que él la sostenía que la hacían querer explorar, algo distinto como si no fuera casualidad. Como si la hubiera estado esperando sin saberlo. Cuando abrió los ojos, lo encontró aún más cerca.
—Tom…
—Dime que no —murmuró él— y me voy.
No se iba a ir, los dos lo sabían. Brielle sonrió apenas, nerviosa, rendida… viva.
—No me voy.
Y eso fue suficiente, porque Tom la acercó un poco más, porque el espacio dejó de existir.
Cuando sus labios se encontraron, no fue un beso dulce, fue rápido, caliente, inevitable. La música seguía, la gente seguía, la fiesta seguía, pero para ellos, todo lo demás dejó de importar. Como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo otra vez y solo quedara eso.
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La música entonces se apagaba de apoco, cuando ambos salieron de la fiesta, necesitaban estar lejos, solos, en la intimidad de un lugar apartado.
Brielle no era una mujer de cometer tonterías, pero algo había en aquel chico que simplemente la arrastraba a la aventura y ella solo se dejó llevar. Tom la sostenía de la mano, guiandola hasta su camioneta Cadillac. Antes de subir se detuvo, la tomó de la cintura, asegurándose de mirarla a los ojos.
— ¿Estás segura?, podemos detenernos, si quieres, solo te llevo a tu casa…
Ella se acercó, enterró sus manos entre el cabello trenzado del joven y lo besó, con pasión mientras él, la rodeó por la cintura, bajando hasta sus nalgas, apretandolas a su gusto, gimiendo en su boca.
—No, quiero ir a casa, sola, quiero pasar la noche contigo, en mi casa o en la tuya, me da igual.
Él la miró, sonrió y la besó, penetrándola con la lengua con necesidad, antes de abrirle la puerta del vehículo.
Adentro, él encendió la radio y una canción comenzó a sonar, provocandolos.
Oye mujer, lo que has provocado en mí,
No tengo explicación,
Me hundo en la emoción.
¿Qué sucede?...
Ella le sonrió, mientras él encendía un cigarrillo, conduciendo. Brielle se acercó y le quitó el tabaco de la boca, para darle una calada, aspiró y el fuego consumió, no solo el tabaco, también a Tom que la miraba a ella y a la carretera, que a esa hora ya estaba más despejada. Le devolvió el tabaco y Tom también lo aspiró, sacando el humo por la nariz,
— Joder Brielle, estás como quieres y todavía me provocas.
La joven se recargó en el asiento, se llevó una mano a la pretina y la desabotono. Metió poco a poco su mano hasta su intimidad.
—Dime Tom… dime cuánto te provocó y que me vas a hacer.
La pelinegra empezó a gemir, mientras sus dedos exploraban su propia humedad, mientras la canción seguía. Tom apretó el volante, con la mirada fija en el vaivén debajo del pantalón de la chica. No lo soportó, no sólo quería ver, quería ser él. Se detuvo en una calle solitaria y metió su mano, la joven se puso de rodillas en su asiento, con las piernas abiertas, Tom le bajó un poco más el pantalón para poder acariciarla, ella se dejó llevar cuando lo dedos de él se anclaron en su interior, penetrando.
Ella se acercó a él para besarlo, para abrazarlo, respirando rápido, gimiendo bajito. Tom la sostuvo con su cuerpo, que también empezaba a sudar.
—Te voy a desnudar rápido, te abriré las piernas y te voy a penetrar con mi lengua, te voy a chupar y a lamer hasta que te vengas en mi boca, mientras te acarició los pechos.
Brielle gemía con los ojos cerrados, mientras Tom aumentaba el ritmo con su mano.
— Luego te pondré de rodillas para que me ordeñes, hasta que me venga en tu boquita.
—Si… si Tom, te la voy a comer muy rico.
Tom también estaba muy duro para ese momento.
— Luego te voy a poner en cuatro y te la voy a meter duro, hasta que reviente.
—Si, si Tom… quiero que me folles duro.
—¿Si?.
La voz de Tom se hacía más grave.
— Te la voy a meter toda la noche, preciosa.
Brielle no soportó más y explotó en la mano de él llenándose los pulmones de su aroma.
Se quedaron un momento en esa posición y luego ella regresó a su asiento, con las mejillas rosadas y el calor aún en el cuerpo.
— ¡Ufff!, mami, me la dejaste bien dura.
— Que mala soy…—se acercó poco a poco— ¡necesitas que te ayude!.
La pelinegra acarició primero sobre la ropa y Tom le ayudó a sacarla; cuando la vio, tragó saliva, era un miembro grande, erecto, rojizo y con las venas marcadas, ella lo miró un instante y luego abrió su boca en una O perfecta, a la circunferencia del miembro. Empezó a subir y bajar ayudándose con la mano, Tom gruñía, acariciaba la cabeza de la joven, hasta que los movimientos fueron más rápidos, él la tomó del cabello y lo enredó con su puño, para poder ver a la joven.
—Mami, que rico me la comes… aggg, preciosa, chupamela más rápido, ya casi…
Brielle, subió y bajó más rápido, respirando por la nariz, llevándose el miembro de Tom hasta la garganta, disfrutando por qué era la primera vez que un pene así la llenaba, al punto de provocarle arcadas y lo estaba gozando.
Tom gruñó y reventó en la boca de la joven que se tragó hasta la última gota de grueso semen.
—Mami, que rico, todo.
Por fin llegaron al departamento de él, Tom bajó primero y le abrió la puerta del carro, Brielle bajo, con más ansias, necesitaba estar a solas con él. Entraron al lugar y apenas Tom cerró la puerta tras de sí, la tomó por la cintura y la atrajo a su cuerpo, comiéndole la boca y bajando a su cuello, mientras con la otra mano, acariciaba sus pechos. Ella se dejó llevar, hasta la habitación, ambos se arrancaron la ropa hasta quedar completamente desnudos, Tom la recostó en su cama y recogió sus largas piernas sobre sus hombros, abriendo para él la intimidad de la joven. La besó a lo largo de las piernas, subiendo a los muslos y finalmente empezando a repartir pequeños lametones en la vulva de la joven, que gemía exigiendo más. Y claro que Tom le dio más, la penetró con la lengua, y con un par de dedos ayudándose para llegar al punto dulce de la joven, que gimió cuando él lo acarició, en círculos hasta que explotó en la boca de Tom que la bebió por completo.
Después y tal como lo prometió, Tom se levantó de la cama, para ayudar a la joven a arrodillarse arriba de la cama y empezar a comerse el miembro de él. Pero antes de terminar la detuvo, ella lo miró un poco confundida, hasta que lo vio acercarse a un cajón y sacar un pequeño paquete cuadrado.
— ¿Me ayudas?— preguntó él con el cuerpo brilloso por el sudor.
Brielle se lo quitó, lo destapó y se lo colocó a Tom, en la punta del pene sujetando la punta para sacarle el aire. Luego con su boca le ayudó a bajarlo hasta la base. Tom la giró y la puso en cuatro, él también subió a la cama, empujando su miembro sobre la intimidad de ella, hasta penetrarla, masajeaba sus nalgas y las apretaba, mientras entraba y salía.
Brielle gemía alto, el choque de su vulva con las bolas de Tom la excitaba mientras lo sentía más adentro, con más fuerza, más rápido hasta que se mojó por completo, escurriéndose y mojando a Tom que también explotó.
Y así pasaron toda la noche perdidos en el deseo y la pasión.
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Si las amigas de la joven supieran que esa noche también lloraba… pero por el miembro de Tom en la garganta.