INDELEBLE

All Rights Reserved ©

Summary

A sus 24 años, Lexa Herman ya tiene una carrera impecable en el FBI. Su ascenso la lleva a enfrentarse a lo peor del mundo: tráfico, trata de personas y mafias que no perdonan errores. Pero nada es más complicado que trabajar con su nuevo jefe. Alexander Wemebeley es todo lo que detesta: frío, arrogante y decidido a hacerle saber que no la quiere allí. Sin embargo, también es peligrosamente atractivo… y alguien imposible de ignorar. Entre casos que pueden costarle la vida y una tensión que crece con cada mirada, Lexa descubrirá que el verdadero peligro no siempre está en las misiones… sino en él.

Status
Ongoing
Chapters
29
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 - El ascenso




Capítulo 1 - El ascenso

Lexa Herman

— Oficiales, ¿listos? — preguntó por el micrófono cuando tenemos el objetivo en la mira.

— Listo, posición uno.

— Listo, posición dos — escucho una voz diferente.

— Listo, posición tres — responde la última voz.

— Bien, listo, voy a entrar.

Aliso mi pantalón y coloco mi arma en su estuche, colocándola lo más disimulada que se pueda. Camino hacia el callejón mientras arreglo mi coleta. Hay algo que he notado en el transcurso de mi vida: cuando me hago una cola alta y me pongo mucho rubor, me veo mucho más joven de lo que soy y paso desapercibida.

Entro al callejón y unos minutos después entra él, un chico, con un maletín en las manos. Está vestido totalmente oscuro, con un abrigo con la capucha encima, tapándose la cabeza, en conjunto con sus lentes que no dejan mucho que ver, apenas puedo ver su nariz y labios de color rosa oscuro.

Me recuesto contra la pared, esperando a que sea él quien se acerque a mí, y así lo hace.

— Hola — me dice —, ¿tú eres Daniela?

— Esa misma — le sonrío mientras me despego de la pared —, ¿tienes mi pedido?

— Sí — responde —, aquí lo traigo. — Me enseña el maletín con mi nueva computadora.

— Muchas gracias — le sonrío mientras pongo una sonrisa tímida —, la necesitaba urgente.

— Sí, y aquí la tienes. — Me extiende el maletín.

— Aunque no comprendo por qué querías que nos viéramos en este callejón.

— Medida de seguridad — me mira como si fuera una completa idiota —. Si alguien te ve con esa computadora, podría ir detrás de ti y robarte.

— Cierto, muy inteligente — me toco la cabeza —, ¿puedo revisarla?

— Claro, pero sé rápida y, si puedes, dame el dinero.

— Bien, lo hago rápido.

Abro el maletín, veo la caja de la computadora y aparentemente sí es buena y original. La miro unos segundos y pongo cara de que no comprendo mucho sobre la computadora.

— Dame el dinero, niña — lleva un poco de prisa.

Suelto una risa. Niña, quizás lo menos que se imagina es que es probable que yo sea mayor que él.

— Solo una última pregunta — lo miro —. ¿Cómo se llama el programa?

— ¿Qué programa? — pregunta algo confundido.

— El programa que utilizas, para que cuando tus víctimas compren la computadora puedas observarlas, tomarle fotos inapropiadas y luego sobornarlas.

Él me mira como si me estuviera volviendo loca.

— Lexa Herman, agente del FBI.

Se echa a reír.

— ¿Tú no tienes como quince años?

Entonces, cuando saco mi identificación, su sonrisa se borra.

— Mierda — y en ese momento comienza a correr.

— Como era de esperarse, comenzó a correr — informo por el micrófono —, atrápenlo.

Y comienza la persecución, a correr los tres policías detrás del chico. Al menos yo no tengo que correr; buen día para usar mis tacones. Me coloco en la entrada de unas casas, ya que antes de venir analicé este lugar. Tiene muchos callejones, pero solo tiene una salida a la urbanización, así que sé que va a salir por aquí en algún momento.

Y como imaginé, unos largos minutos después viene corriendo mientras mira hacia atrás. Error: siempre ten pendiente lo que viene delante de ti. Viene a una velocidad increíble, y cuando meto el brazo, el golpe que se da en el pecho lo hace caer. Me coloco sobre él y comienzo a esposarlo.

— Jordan Fisher estás bajo arresto, por invasión a la privacidad, sobornos, y compartir pornografía infantil.

— Hija de perra — gruñe.

Le doy un golpe que lo calla.

— Por cierto — digo — tengo veinticuatro años — digo mientras me suelto el cabello.

Los otros tres policías vienen detrás.

— Buen trabajo, jefa. Calló justo como usted dijo — le sonrío.

— Buen trabajo a los tres — ellos me ayudaron con todo eso. — Súbanlo, es hora de irnos.

Siguen la orden.

Diez minutos después llegamos a la comisaría donde todos los presentes comienzan a aplaudir al ver cómo traigo al Hacker que sobornaba a chicas. Él vendía de manera ilegal computadoras que tenían un programa de vigilancia, y luego lograba tomarle fotos desnudas, ya que es normal que uno tenga su computadora en su habitación, y la sobornaba, para no subir sus fotos a las redes sociales, tenían que pagarle. Mucha de ellas son menores de edad.

Pero ya no más, se encontró conmigo para su mala suerte.

— Oficial Herman — la voz de una rubia como el sol y sobre todo pecosa, llama mi atención.

Mi compañera Dasha, Dasha Petrova, nos conocimos cuando comencé a trabajar aquí. Es originaria de Rusia. No es que sea mi super amiga, pero es una muy buena compañera y, sobre todo, la mejor investigadora que he conocido. Dasha es como un tipo de detective, trabaja desde adentro averiguando casos y entrevistando testigos. A pesar de ser muy joven, con tan solo 22 años, es una de las mejores detectives del país. Lo que a los detectives les toma años hacer, ella lo hace en cinco meses.

— Oficial Petrova — la saludo con una sonrisa.

— Muchas felicidades, ¿es tu delincuente número diez en el mes? — pregunta.

— Doce, pero ¿quién los cuenta?

Nos reímos.

— Toma, te traje tu café.

— Muchas gracias, Dasha — tomo el café — encárguense de él — señalo al chico que me mira como si me quisiera matar.

Lo pruebo, dejando que su sabor dulce inunde mis papilas gustativas. Delicioso.

— Tenemos una reunión ahora.

Mierda. ¿Por qué tiene que haber una reunión apenas acabo de llegar?

Frunzo el ceño, dándole otro sorbo a mi café. Ambas caminamos a la oficina de reuniones, hablando sobre cosas de importancia para nosotras. Al llegar a la junta, ya se encuentran algunas personas que considero que porque están aquí significa que van a estar en la reunión. Mi padre entra mientras observa desaprobatoriamente; él dice que beber café es lo mismo que consumir drogas.

— Sigue bebiendo esa porquería — me reprende.

— Buenos días para ti también — expreso sarcásticamente.

Sus ojos azules me miran en reproche. Algunas personas consideran que, por ser su única hija, básicamente sería la niña de papi; en cambio, no es así. Mi padre es una persona totalmente fría, con todo el mundo, incluso con mi madre, aunque a veces hace algunas excepciones. Emmanuel Herman, mi padre, es totalmente diferente a mí en todo el sentido de la palabra, físicamente. Sus ojos son azules, mientras que los míos son marrones claros; su pelo es rubio con algunas canas gracias a su edad ya un poco avanzada, y yo marrón claro como mis ojos. Es un hombre rígido, con un cuerpo esbelto, alto, facciones duras. Está de más decir que yo mido como un metro y, a pesar de que soy bastante buena peleando y tengo mucha fuerza, a simple vista parece una pluma que si soplas fuerte saldría volando.

Y ni digamos de la actitud y forma de ser; él es lo más frío que existe, mientras yo soy más amable. A él no le gustan los eventos sociales o todo lo que implique socializar, mientras que yo soy todo lo contrario, me encantan las personas. Somos tan diferentes que sé que es mi papá por el hecho de que mi acta de nacimiento lo dice; si no fuera así, creo que lo dudaría.

— Buenos días.

El general, que es el primer jefe, entra con su típico traje bien planchado de color gris. Es un hombre guapo a quien ya se le nota la edad en su piel un poco arrugada y su cabello lleno de canas; tiene algunos cincuenta años. Sería un buen partido, sin embargo, no me gustan los hombres viejos, es decir, que me lleven más de diez años.

— Buen día — saludamos todos en general.

— Bien, comencemos, espero que todos se encuentren muy bien — comienza a explicar algunas cosas generales — ahora el punto más importante, no sé si se han enterado del caso del Mafioso, Mishael Aslan.

No he leído nada de ese caso. Es un caso que le pertenece a las Fuerzas Armadas. Si no mal recuerdo, escuché una vez a mi padre hablando sobre algo parecido; sin embargo, nunca le di importancia.

— Mishael Aslan es un criminal muy buscado hace más de dos años por nosotros, LFA, la FP y la FPNI. Hemos tenido ese caso y hasta hoy no han encontrado ni la mínima pista de su paradero. — El jefe toma asiento en la silla principal, ya que se había quedado parado mientras hablaba — así que las Fuerzas Armadas, que son los encargados del caso, han decidido hacer un equipo con los mejores integrantes de cada ejército.

Abro los ojos como plato y no solo yo, sino todos los presentes. ¿La armada?

La diferencia entre donde trabajo, que es el ejército, la FP (La fuerza policiaca) y la FPIN (Fuerza policial interna) de la armada, es mucha. La FP es el ejército nacional, se encarga de los casos que están dentro del país, es decir, casos de robos, multas, disputas entre personas, que se cumplan las reglas viales, cosas sencillas. La FPIN está un poco más preparada, ya que se encarga de lo que son homicidios, casos de abusos y violencia. Nosotros, en el ejército, estamos preparados para enfrentar a mano armada, casos de asesinos, buscar personas desaparecidas y casos un poco más profundos. Sin embargo, las armadas están repletas de policía muy preparada, básicamente todo lo que tenemos nosotros tres, ellos lo tienen mucho más mejorado. Ellos se encargan del caso de narcotraficantes, trata de blancas, casos internacionales que tengan que ver con el país, es decir, todo lo que sobrepase los límites, entre otras cosas, que para lo que trabajamos aquí nos parece increíble y fuera de lo común. Una vez quise intentar entrar a las armadas, pero cuando se lo comenté a mi padre, me dijo que no creía que estaba muy preparada, así que decidí quedarme aquí hasta que esté lista.

Nos resulta raro que ellos pidan nuestra ayuda, ya que todos los que están en la armada sobrepasaron el ejército por mucho, es decir, están mucho más preparados que nosotros.

— ¿Nosotros? — Hasta mi padre se impresiona y eso es mucho decir — no se supone que ellos están más preparados que nosotros. ¿Para qué nos necesitan?

— Ellos piensan que necesitan nuevas cabezas — explica — nuevas personas con ojos frescos que quizás puedan encontrar pistas que ellos no, pero quieren a los mejores — dice con bastante drama — a los mejores de cada equipo.

Todos escuchamos atentamente.

— Así que convoqué esta reunión para que votemos quién sería el mejor candidato para trabajar en el equipo que está formando Las Fuerzas Armadas.

— Bueno, si me preguntas a mí, yo creo que Samuel y Dasha son los mejores para este caso.

— ¿En serio? — Me mira. — Hice esto por protocolo, pero tú sabes quién es la mejor de esta comisaría completa — escupe.

Y todavía me encuentro impresionada con la noticia. Me atrevo a decir que Dasha realmente es muy buena en su trabajo.

— No — se queja mi papá.

— Sí.

— Dije que no.

El jefe pasa una mirada rápida hacia mí y luego a mi padre.

— Enmanuel, sabes que Lexa está más que preparada para estar en la armada.

— ¿Qué preparada ni qué nada? — dice mi padre en un tono despectivo —. Si apenas hace su trabajo bien aquí adentro, me atrevo a decir que tiene trabajo porque yo trabajo aquí.

Mi corazón se aprieta un poco. Esas palabras son muy duras, y más viniendo de mi padre. Él siempre me ha dicho que no soy muy buena. Me hice policía para complacer a papá. Siempre dejó en claro que hubiera preferido a mi hermano y no a mí. Él siempre quiso que Nate siguiera sus pasos, así que lo hice. Me hice policía para complacerlo a él y demostrarle que no necesitaba un varón para eso. No negaré que me gusta mi trabajo, sin embargo, lo hice más por él que por mí misma. Creo que este trabajo me gustó por el hecho de que solo me centré en él y no vi más opciones.

— No digas disparates, Enmanuel — el jefe lo corta — Aquí no hay personas más capacitadas que tu hija. No sé cómo tú no puedes verlo — me defiende haciéndome sentir un poco mejor —. A sus veinticuatro años, sabe hablar cuatro idiomas, es graduada de la academia militar y especialista en combate cuerpo a cuerpo — reconoce todos mis atributos —. Y es verdad que trabaja aquí por ti, pero no porque no pueda, sino porque tú las has limitado mucho haciendo que se quede aquí.

Suspiro porque mi padre se ve algo enfadado. Yo no me atrevo a mirar a nadie, no sé si tengo más nostalgia o vergüenza. Mis padres siempre me enseñaron que no debo dejar de pisotear a nadie, sin embargo, no sé cómo enfrentarlos cuando me pisotean ellos.

— ¿Quién está de acuerdo con que sea Lexa?

La mayoría de los que están aquí levantan la mano.

— Lexa, ¿qué opinas?

— Pues no sé, creo que mejor Dasha, ¿no? — digo — Es una hacker increíble.

— Lexa, no necesitan hackers, necesitan un soldado preparado — dice —. Así como tú. — me mira. — Vamos, Lexa, no te desanimes por lo que dijo tu padre — dice —, sé que este siempre ha sido tu sueño.

Es cierto, esto siempre ha sido mi sueño, pero siento como que no debería hacerlo.

— Considero que puedo intentarlo — me limito a decir.

Las personas comienzan a sonreír, y Dasha me felicita susurrando. Estoy muy feliz. Uno de mis sueños se está cumpliendo. Trabajaré en la armada. No lo puedo creer. Básicamente, acabo de ascender. Y cumplir uno de mis mayores sueños.

— Yo no estoy de acuerdo.

— Para tu mala suerte, tu hija es una adulta y ya aceptó.

Mi padre me da una última mirada antes de salir de la sala. Diremos que está enfadado, ya que literalmente va botando humo por las orejas. Yo sigo su mirada hasta que sale del lugar. Se supone que debería felicitarme y estar feliz por mí, pero todo lo contrario. Es como si acabara de darle la mayor decepción del mundo.

— No importa, Lexa. — Dasha me da un abrazo. — Muchas felicidades, nena. Básicamente, acabas de lograr lo que todo policía aspira a lograr.

Me olvido de mi padre y me alegro por mí. Muchas de las personas que se encontraban en la reunión se acercan a felicitarme. Realmente, ascender del ejército a la armada es como si un empleado común ascendiera a jefe de un momento a otro. Es un honor.

El jefe se acerca a mí.

— Muy bien, Lexa, espero que estés lista para el nuevo puesto.

— Claro, jefe, estoy muy emocionada.

— Yo sé que lo harás bien, confío en ti.

Sonrío, y básicamente estoy dando un salto en mi puesto.

— Dasha te ayudará en todo — me explica el jefe —. A partir de ahora, ya no eres parte del ejército, sino que eres un agente de las Fuerzas Armadas.

Sonrío tanto que ya me duelen las mejillas; no puedo pensar en todo lo que me pasa. Así pasamos el resto del día, ella explicándome todo el proceso de trabajar allá, las instalaciones y todo lo que necesito. Estoy tan emocionada que hasta las máquinas de café son mejores que las de aquí. Después de la reunión, no he visto a mi papá, pero he tratado de no pensar en eso; no debo dejar que él arruine mi día.

Dasha sabe información de las Fuerzas Armadas, ya que su padre es el jefe de las fuerzas armadas en Rusia. Básicamente, ella creció ahí y, aunque sea en un país diferente, es lo mismo. Me sorprende mucho que luego de su adultez ella mejor decidiera venir al ejército.

— Tu jefe será Alexander Wembley — me avisa mientras observa su teléfono, tiene todos los informes en su teléfono — es el jefe en general, ya que es el jefe del caso y trabajarán los otros agentes, él y tú.

— ¿Qué sabes de él?

— No lo conozco mucho — responde — solo sé su nombre y que tiene 62 años.

Me imagino que tiene que ser un viejo cascarrabias. Y yo pensé que por fin me libraría de mi padre, y ahora aparentemente voy a trabajar con otro.

Comienza a decirme algunas cosas importantes, a las que no presto atención. Hace un tiempo escuché de Alexander Wembley, poco, pero escuché. Incluso fue en una de las conversaciones del jefe y mi padre. Solamente sé que es uno de los jefes de las Fuerzas Armadas; ascendió bastante rápido al puesto por ser talentoso y bastante bueno en su trabajo. Recuerdo que una vez fui a las fuerzas, sin embargo, en ese momento estaba de viaje y nunca lo he visto.

— Dasha, acaba de llegar esto para ti — León, el chico de la puerta, nos saluda.

Deja una caja arriba del escritorio de la rubia y nos da una última mirada antes de irse despidiéndose con una leve sonrisa. Con ayuda de unas tijeras, yo misma abro la caja, encontrando todas las cosas de dentro. Ambas ponemos una sonrisa. Placa, carnet, llaves, arma, entre otras cosas, que estoy muy segura de que me ayudarán a trabajar en mi nuevo puesto de trabajo.

— Espera un segundo — digo cuando noto lo que hay en la caja — ¿Por qué todo esto está aquí? — Claro, si no hace cinco horas me acaban de informar que yo iba a pertenecer a las Fuerzas Armadas, — es como si en las fuerzas ya supieran que yo iba.

— Pues si soy sincera, hace una semana fue el reclutamiento y el jefe automáticamente te ofertó a ti.

— ¿Y si yo no hubiera aceptado?

— Te hubiera dado la orden e ibas a tener que obedecer; es tu jefe.

Eso es cierto. Cuando se trata de asuntos de la policía, normalmente no puedes refutar, al menos que sea algo personal; pero si es trabajo, tienes que acatar la orden.

Lo primero que saca es una Glock totalmente negra — tu arma —, la agarro mientras la acaricio. Dios, esto es increíble. En automático, cargo el arma y hasta me excita el sonido que hace al quitarse el seguro. Siguiente, saca una llave plateada brillante — la llave de tu nueva oficina —, luego saca un carnet, con una foto que me tomé hace unos años para hacer el carnet de aquí.

El carnet dice mi nombre completo, Lexa Herman Smith y abajo, Agente de las Fuerzas Armadas.

— Y por último una placa.

Tomo la placa en mis manos, es de color oro; realmente no sé si es del material tal, pero sí es del color tal y se ve hermosa y brillante con el nombre del agente. No me lo creo.

— Felicidades, Lexa, oficialmente eres una agente de las Fuerzas Armadas.

Muchas gracias por llegar hasta aqui, espero que le guste (Voten y comenten me ayudaria crecer mucho)

Estamos de nuevo aqui.

Hasta la proxima