Entre Sombras y Susurros
El sonido de las ramas crujiendo bajo sus pies era lo único que acompañaba a Jimin mientras corría sin mirar atrás. Su corazón latía con fuerza desbocada, su respiración entrecortada por el miedo y el esfuerzo. No sabía cómo había terminado en aquel bosque oscuro, pero su instinto le gritaba que debía escapar. Algo o alguien lo estaba siguiendo.
Las sombras de los árboles se alargaban como garras en la penumbra de la noche, y el viento gélido le arañaba la piel. Se sentía observado, como si un par de ojos invisibles lo estudiaran desde la espesura. Cada sonido, cada crujido de hojas secas, le erizaba la piel.
Tropezó con una raíz y cayó de bruces al suelo. Un dolor agudo se extendió por su rodilla raspada, pero no tuvo tiempo de quejarse. Una presencia helada se cernía sobre él. Cuando levantó la vista, vio un par de ojos carmesí brillando en la penumbra.
-No deberías estar aquí -murmuró una voz profunda y melódica.
Jimin sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La figura frente a él era alta y esbelta, con una belleza imposible. Piel pálida como la luna, cabellos oscuros que caían sobre su frente y labios entreabiertos que dejaban ver el destello de colmillos afilados.
-¿Q-qui...? -balbuceó Jimin, intentando arrastrarse hacia atrás.
Antes de que pudiera terminar la pregunta, una mano helada se cerró alrededor de su garganta. La presión fue inmediata, un agarre de hierro que lo inmovilizó.
-No hables -ordenó Jungkook con frialdad, inclinándose sobre él-. No quiero escuchar tus súplicas.
El pánico invadió a Jimin, sus manos agarrando con desesperación el brazo de Jungkook en un intento inútil de soltarse. El vampiro lo levantó del suelo con una facilidad insultante, como si no pesara nada, y lo empujó con fuerza contra el tronco de un árbol cercano. La corteza áspera se clavó en su espalda, sacándole un gemido de dolor.
Jungkook lo miraba con algo parecido al desprecio, sus ojos rojos brillando con un fulgor peligroso.
-¿Tienes idea de lo estúpido que fuiste al venir aquí? -su voz era un susurro helado contra su piel-. Los humanos como tú no duran mucho en este lugar.
Jimin apenas podía respirar. Sus dedos arañaban los de Jungkook, pero era inútil. Su visión empezaba a oscurecerse cuando, de pronto, el agarre se aflojó y cayó de rodillas al suelo, tosiendo violentamente.
-Eres patético -espetó Jungkook, limpiándose la mano como si el solo contacto con Jimin fuera algo repulsivo-. Débil.
La humillación quemó en la garganta de Jimin, mezclada con el miedo y la rabia. Se obligó a levantar la cabeza, a mirarlo directo a los ojos, incluso cuando su cuerpo temblaba.
-Mátame de una vez si eso es lo que quieres -escupió, con la voz rota pero desafiante.
Jungkook sonrió, pero no era una sonrisa amable. Era cruel.
-No -susurró, agachándose hasta quedar a su nivel-. No todavía.
Antes de que Jimin pudiera reaccionar, un golpe certero en la cabeza lo hizo perder el conocimiento.
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Cuando despertó, estaba en una habitación desconocida. Las paredes de piedra fría, la tenue luz de un candelabro, la sensación de estar atrapado. Intentó moverse, pero un dolor agudo le recorrió el cuerpo.
-Al fin despiertas.
Jungkook estaba sentado en una silla frente a la cama, observándolo con expresión indiferente.
-¿Dónde...? -intentó preguntar Jimin, pero su voz apenas salió. Su garganta ardía por la presión que había soportado.
-En mi hogar -respondió Jungkook, apoyando un codo en el brazo de la silla-. O tu prisión, dependiendo de cómo decidas comportarte.
Jimin apretó los dientes.
-¿Por qué no me mataste?
Jungkook ladeó la cabeza, como si estuviera considerando la pregunta.
-Aún no decido qué hacer contigo -respondió finalmente-. Pero te advierto algo, humano...
Se inclinó hacia él, su aliento frío rozando la piel de Jimin.
-Si crees que puedes desafiarme y salir de aquí con vida, estás muy equivocado.
Jimin sintió un escalofrío recorrer su espalda. No sabía qué era peor: el miedo de saber que estaba atrapado con un monstruo, o la certeza de que, de algún modo, esto solo era el comienzo.








