Demasiado Cerca Para Ser Solo Inquilino | Kookmin by LunarJiminie at Inkitt
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Demasiado Cerca para Ser Solo Inquilino | Kookmin

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Jimin, de 32 años, acepta a Jungkook, de 22, como inquilino en su casa sin imaginar que se enamorará de él.

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ÚNICA PARTE

El anuncio llevaba semanas publicado: “Se alquila habitación. Persona responsable, tranquila.” Nada más. Sin adornos, sin promesas. Como Jimin.

A sus treinta y dos años, había aprendido a vivir con una rutina casi perfecta. Trabajo estable, casa ordenada, silencios que no incomodaban. Había paz en eso. Una paz limpia, pulida, como los muebles que él mismo había elegido.

Por eso, cuando Jungkook apareció en la puerta con una mochila colgando de un hombro y esa sonrisa descarada, Jimin supo, en el fondo, que algo iba a romperse.

—¿Eres el del anuncio? —preguntó el más joven, inclinándose apenas hacia adelante, como si invadir el espacio personal fuera su idioma nativo.

Jimin asintió, sosteniendo la puerta con firmeza.

—Sí. ¿Tienes veintidós, verdad?

—Veintidós y medio —corrigió Jungkook, guiñándole un ojo—. Pero no creo que eso afecte mi capacidad de pagar a tiempo.

Jimin lo observó. Cabello oscuro, ojos brillantes, una energía que parecía demasiado viva para esa casa tan silenciosa.

—Pasa —dijo al fin.

Ese fue el primer error.


La convivencia empezó de forma simple. Demasiado simple. Jungkook era ordenado, pagaba puntual, no hacía ruido excesivo… al menos no el tipo de ruido que se podía medir.

Porque había otro tipo de ruido.

El que hacía al reírse en la cocina.

El que hacía al caminar sin camisa por el pasillo.

El que hacía al decir el nombre de Jimin como si fuera algo que valía la pena repetir.

—Hyung —decía, apoyándose en el marco de la puerta—, ¿siempre desayunas solo?

—Sí.

—Qué triste.

—No lo es.

—Podría ser mejor.

Y entonces se sentaba frente a él sin pedir permiso, robándole una tostada, sonriendo como si ya supiera que Jimin no iba a detenerlo.

Jimin intentaba ignorarlo. De verdad lo intentaba. Pero Jungkook era como un verano inesperado entrando por la ventana: cálido, insistente, imposible de ignorar.

—Deberías salir más —comentó Jungkook una noche, tirado en el sofá mientras jugaba con su celular.

—Trabajo.

—Excusa.

—Responsabilidad.

—Aburrido.

Jimin alzó la mirada desde su libro.

—¿Siempre eres así?

—¿Así cómo?

—Molesto.

Jungkook sonrió lentamente, ladeando la cabeza.

—Solo contigo.

Y ahí, justo ahí, algo en el pecho de Jimin se tensó.


Las semanas pasaron, y el espacio entre ellos empezó a cambiar. Ya no era solo convivencia. Era cercanía. Era roce. Era una tensión suave, como electricidad escondida bajo la piel.

Una noche, la lluvia cayó con fuerza, golpeando las ventanas como si quisiera entrar. La luz se fue por unos minutos, dejando la casa en penumbra.

—Genial —murmuró Jungkook desde el pasillo—. Justo cuando iba a cocinar.

—Hay velas en la cocina —respondió Jimin.

El sonido de pasos se acercó. Luego, una chispa. Una llama pequeña iluminó el rostro de Jungkook, creando sombras que lo hacían ver… peligroso.

—Ven —dijo, levantando la vela.

Jimin dudó un segundo antes de acercarse.

Error número dos.

La cocina quedó envuelta en una luz cálida, casi íntima. Jungkook se movía con naturalidad, como si ese espacio también le perteneciera.

—¿Te molesta si cocino igual? —preguntó.

—No.

—Perfecto.

El silencio se instaló entre ellos, pero no era incómodo. Era… cargado.

—Hyung —dijo Jungkook de repente, sin mirarlo—. ¿Por qué sigues soltero?

Jimin frunció el ceño.

—No es asunto tuyo.

—Tal vez quiero que lo sea.

Esa vez, Jimin sí lo miró.

—Eres diez años menor.

—Diez años no son nada —replicó Jungkook, girándose lentamente—. No cuando alguien te gusta.

El aire cambió. Literalmente.

—No digas tonterías —murmuró Jimin, intentando sonar firme.

Jungkook dio un paso hacia él.

—¿Seguro que lo son?

El corazón de Jimin empezó a latir más rápido de lo que debería.

—Jungkook…

—Dime que no sientes nada —interrumpió el menor, acercándose aún más—. Mírame y dímelo.

Jimin abrió la boca… pero no dijo nada.

Porque mentir, en ese momento, era imposible.

Jungkook sonrió, suave, victorioso.

—Eso pensé.


Después de esa noche, todo cambió.

Ya no eran solo miradas robadas. Eran sonrisas cómplices, roces intencionales, conversaciones que se alargaban más de lo necesario.

—Te ves bien hoy —comentó Jungkook una mañana, apoyado en la mesa mientras Jimin se servía café.

—Siempre me veo igual.

—No —negó Jungkook, observándolo con descaro—. Hoy te ves… peligroso.

Jimin rodó los ojos, pero no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera.

—Eres ridículo.

—Y tú me miras demasiado para alguien que piensa eso.

Silencio.

Jimin bebió su café, evitando responder.

—Hyung —insistió Jungkook—, si te beso, ¿me echarías de la casa?

La taza se detuvo a medio camino.

—¿Qué?

—Pregunta seria.

Jimin lo miró, serio.

—Sí.

Jungkook ladeó la cabeza.

—¿Y si te gusta?

Esa pregunta… esa maldita pregunta.

Jimin dejó la taza sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

—No va a pasar.

Jungkook sonrió.

—Eso suena a desafío.


El desafío llegó antes de lo esperado.

Fue una noche cualquiera. O eso parecía.

Jimin estaba en el sofá, revisando documentos del trabajo. Jungkook apareció, recién salido de la ducha, con el cabello húmedo y una camiseta demasiado fina.

—¿Trabajando otra vez? —preguntó, acercándose.

—Sí.

—Deberías relajarte.

—Estoy bien.

—No lo estás.

Antes de que Jimin pudiera responder, Jungkook le quitó los papeles de las manos.

—Oye—

—Relájate —repitió, sentándose a su lado.

Demasiado cerca.

—Jungkook…

—Solo un momento.

El silencio cayó entre ellos. Jungkook no se movía. No hacía nada. Solo estaba ahí.

Pero su presencia era… abrumadora.

—Hueles bien —murmuró de repente.

Jimin se tensó.

—Es jabón.

—Igual me gusta.

El aire se volvió pesado. Denso.

—Deberías irte a dormir —dijo Jimin, intentando mantener el control.

—No tengo sueño.

—Yo sí.

—Mentira.

Jungkook se inclinó un poco más.

—Te estás escapando.

—No—

—Sí.

Sus rostros quedaron a centímetros.

—Dijiste que me echarías —susurró Jungkook.

—Lo haré.

—Hazlo.

Y entonces… lo besó.

No fue suave. No fue lento. Fue directo, seguro, como si hubiera estado esperando ese momento desde el primer día.

Jimin se quedó quieto por un segundo.

Un segundo que lo cambió todo.

Porque luego… respondió.

Sus manos encontraron la camiseta de Jungkook, tirando de ella sin pensar. El beso se profundizó, se volvió urgente, casi desesperado.

Como si ambos supieran que no había vuelta atrás.

Cuando finalmente se separaron, el aire les faltaba.

—Esto es un error —murmuró Jimin, aunque su voz no sonaba convencida.

Jungkook sonrió, rozando su nariz con la de él.

—El mejor que has cometido.


Después de eso, la casa dejó de ser solo una casa.

Se convirtió en un secreto.

En besos robados en la cocina.

En manos que se encontraban bajo la mesa.

En miradas que decían demasiado.

—Esto no puede seguir así —dijo Jimin una noche, aunque estaba recostado contra Jungkook, sus dedos entrelazados.

—¿Por qué no? —preguntó el menor, jugando con su mano.

—Porque… no es correcto.

Jungkook se giró para mirarlo.

—¿Incorrecto para quién?

Jimin no respondió.

—Te gusto —insistió Jungkook.

—Sí.

La respuesta salió más rápido de lo esperado.

—Entonces deja de complicarlo.

Jimin cerró los ojos.

—No es tan simple.

—Lo es.

Jungkook se inclinó y besó su frente.

—Solo tienes miedo.

Y tenía razón.

Pero el miedo… no era suficiente.

No cuando Jungkook lo miraba así.

No cuando lo tocaba así.

No cuando lo hacía sentir… vivo.


El día que todo cambió de verdad, no hubo advertencias.

Jungkook llegó tarde, más callado de lo normal.

—¿Todo bien? —preguntó Jimin.

—Me ofrecieron un trabajo.

—¿Y eso es malo?

Jungkook dudó.

—Es en otra ciudad.

Silencio.

El tipo de silencio que pesa.

—Oh.

—Sí.

Jimin sintió algo romperse en su pecho.

—Deberías aceptarlo.

—¿Eso quieres?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Jimin lo miró.

De verdad lo miró.

Y entendió algo simple.

No quería volver al silencio.

No quería volver a estar solo.

—No —dijo finalmente.

Jungkook se acercó.

—Entonces dime que me quede.

Jimin respiró hondo.

—Quédate.

Jungkook sonrió, esa sonrisa que lo había desarmado desde el primer día.

—Listo.

—¿Así de fácil?

—Así de fácil.

Y entonces lo besó otra vez.

Pero esta vez… no había miedo.

Solo certeza.

Solo ellos.

Y una casa que, por fin, dejó de ser silenciosa.


FIN

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Heartwarming

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Shocking

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

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Strong Dialog

3

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author

me encantooo

3 months
1
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como siempre eres genial con tus historias.

3 months
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Que hermoso 😍😭😭😍

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