Oye Bunny

Summary

Rin se pierde en Madrid y sin pedirlo un conejo se atraviesa en su camino. •••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• Está es mi primera historia es un Bunny x Rin espero que sea de su agrado tiene faltas de ortografía y creo que es muyyyy chiquito pero hice lo mejor que puede basándome en la canción de Oye Pablo de Dana Paola Créditos al creador de la portada.

Genre
Lgbtq
Author
Iván_an
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

One-shot

Eran las ocho de la noche y Rin no sabía dónde diablos estaba, se suponía que tenía que reunirse con Bachira en el metro de Grandia pero dio una vuelta equivocada y terminó perdido.

Decidió sentarse un rato en la banca de un parque, su teléfono no cargaba señal y mientras estaba insultando mentalmente a Bachira por convencerlo de ir a España para ver a Lavinho alguien se le acercó, Rin admite que esa persona era atractiva, de cabello blanco, ojos rojos y una cicatriz en forma de cruz en su mejilla derecha.

El tipo ese sonrió levemente tal cual un depredador cazando.

—Hola precioso, ¿Cómo estás? —

—Y eso a ti que te importa —

Si de por sí ya estaba enojado este tipo lo irrito más, ¿Quién carajos se creía que era como para hablarle con tanta confianza? Y que agradezca que le contesto, si fuera por el ya lo hubiera ignorado olímpicamente (como tú crush a ti) pero su Nii-chan le enseño modales.

—¿Por qué tan agresivo? Me presento soy Bunny Iglesias ¿No eres de por aquí, verdad?—

—Uno: eso no es de tu interés, dos: ¿A mi qué? y tres: no, no soy de aquí—

Rin suspiró pesado, como si admitir que estaba perdido fuera una humillación internacional.

—Perfecto —murmuró—. Perdido, sin señal y con un tipo raro con nombre de peluche.—

Bunny soltó una risa baja, divertida, como si Rin fuera un gatito salvaje intentando morderle.

—Relájate, guapo. No muerdo… a menos que me lo pidan.—

Rin lo miró con cara de “si no te vas, te entierro vivo en este parque”.

—No me llames así.—

—¿Así cómo?—

—Guapo. Precioso. Lo que sea que estés intentando detenlo ahora.—

Bunny se sentó a su lado sin permiso, cruzando las piernas como si el parque fuera su escenario personal. Sacó un cigarro, pero no lo encendió, solo lo giró entre los dedos mientras miraba a Rin con descaro.

—Eres japonés, ¿no? Se te nota en la cara de “no confío en nadie”.—

Rin apretó los dientes.

Este tipo tenía esa vibra peligrosa de persona que arruina tu vida y encima te hace agradecerlo.

—Busco el metro de Grandia —dijo finalmente, rendido a la lógica—. ¿Sabes dónde queda?—

—Claro. Pero está lejos de aquí. Caminando te tardas como… una hora mínimo.—

Rin soltó un tch molesto, ¿Cómo carajos terminó tan lejos? Sabía que no tubo que hacerle caso al tipo raro vestido de hippie.

—Si quieres te llevo, mi auto no está lejos…—

Rin alzó una ceja.

—No confío en desconocidos.

—Entonces quédate aquí y hazte amigo de las palomas.

Rin guardo silencio por un momento pensando en que tan malo podría ser irse con el, tal vez si lo lleve a el metro… o talvez lo mate y venda sus órganos en el mercado negro, no lo culpen por pensar así pero ese tipo tiene pinta de ser una persona cuestionable.

—Esta bien, pero te aviso que no pienso irme a algún otro lado con tijo—

Dicho esto se pararon los dos y caminaron en un silencio no cómodo pero si tranquilo dirigiéndose a un Ferrari negro.

•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

El camino a el metro estaba lleno de un silencio demasiado denso… que fue roto por el conejito.

—Y dime hermoso ¿Qué haces en Madrid? —

—Acompaño a un amigo—

—Y cuéntame precioso ¿Te está gustando Madrid—

—No está mal—

El ferrari negro rugió suave cuando Bunny pisó el acelerador, pero no como si tuviera prisa. Más bien como si disfrutara estirar el momento. Las luces de Madrid pasaban por las ventanas como destellos intermitentes, y Rin mantenía la vista fija al frente, brazos cruzados, intentando no mirar al tipo que conducía con una mano en el volante y la otra apoyada en la palanca.

—¿Y cómo se llama el amigo que te arrastró hasta acá? —preguntó Bunny, voz baja, casi ronroneando.

—Bachira. Y no es asunto tuyo.—

—Bachira… suena divertido. ¿Es tan intenso como tú eres… contenido?—

Rin soltó un bufido.

—No tienes idea.—

Bunny rio otra vez, esa risa que parecía saber más de lo que decía.

Llegaron al metro de Grandia demasiado rápido. El cartel luminoso parpadeaba en la distancia, y Bunny estacionó el auto justo enfrente, sin apagar el motor. El silencio volvió, pero esta vez pesaba diferente. Como si ambos supieran que algo acababa de empezar… y también acababa.

Rin puso la mano en la manija.

—Gracias por trae hasta aquí—dijo seco, sin mirarlo—Pero no pienses que te debo algo por esto.—

Bunny ladeó la cabeza, la cicatriz en forma de cruz captando la luz naranja de un farol.

—¿Seguro? Porque yo creo que sí me debes algo… —Se inclinó un poco hacia él, invadiendo su espacio sin tocarlo—. Tu número de teléfono por ejemplo, o tu nombre. Todavía no me lo dijiste, precioso.

Rin apretó la mandíbula y este quien se creía para pedirle su número, que quede claro que solo se lo va a dar para desacerce de el.

—Rin, y es ######, más te vale averlo apuntado por que no lo voy a repetir—

—Rin… —repitió Bunny, saboreando la palabra como si fuera caramelo—. Me gusta. Suena afilado. Como tú.

Rin abrió la puerta, pero antes de bajar, Bunny le rozó apenas el dorso de la mano con los nudillos. Un toque fugaz, eléctrico.

—Oye, Rin —dijo Bunny, voz más suave ahora, casi seria—. Yo no te estaba esperando esta noche… pero me dejaste con ganas de más. Un poco más.

Rin se congeló un segundo. Sintió el calor subirle por el cuello, pero lo disimuló con su clásica mirada de hielo.

—No soy de los que les gusta dar, o pedir aunque sea un poco más —mintió, porque una parte traicionera de él sí quería.

Bunny sonrió, esa sonrisa de depredador que ahora parecía un poco más suave, un poco más peligrosa.

—Entonces quédate con esto: si algún día te pierdes otra vez en Madrid… búscame. Bunny Iglesias no es tan difícil de encontrar. —Le guiñó un ojo—. Y quién sabe, tal vez la próxima vez no te deje ir tan fácil.

Rin bajó del auto sin responder. Cerró la puerta con más fuerza de la necesaria y caminó hacia la entrada del metro sin mirar atrás. Pero sentía la mirada de Bunny clavada en su espalda, quemando.

Cuando llegó a las escaleras, se permitió un segundo de debilidad: giró la cabeza. El Ferrari seguía ahí, motor ronroneando, luces encendidas. Bunny lo observaba con esa misma sonrisa.

Rin hizo un “tch” y bajó las escaleras rápido, corazón latiéndole más fuerte de lo que admitiría jamás.

En su mente resonaba una frase que no quería repetir, pero que no podía sacar:

Oye Bunny… tú tienes alma de gitano. Si te hubieras quedado un poco más… poquito más…

Pero no. Él no pedía más. Nunca.

…¿O sí?

•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

Ayyyy que nervios espero de todo corazón que les guste la historia.

La verdad a mi se me hizo muy corta pero si tienen alguna queja o sugerencia para que pueda mejorar se los agradecería muchísimo, también les quiero perdir disculpas por mis faltotas de ortografía 😔

Bueno creo que eso es todo haci que su servidor se despide, hasta la próxima bay bay.