᭑
El aire en el estudio de danza era denso, cargado con el sudor salado de horas de ensayo y la electricidad tácita que siempre vibraba entre ellos.
Jungkook observaba a Jimin a través del espejo empañado, no como un compañero, sino como un depredador evalúa a su presa, con una mezcla de admiración y un hambre que le retorcía las entrañas. Jimin se movía con una fluidez que desafiaba la gravedad, cada músculo tensándose y relajándose bajo la tela fina de su camiseta, una promesa silenciosa de la carne que se escondía debajo. Sus ojos se encontraron en el reflejo, un destello fugaz que encendió una chispa, una que ambos habían estado ignorando, o quizás alimentando, durante demasiado tiempo.
La canción de Yoongi, “Seesaw”, había sonado en bucle, su melodía melancólica y su letra sobre el equilibrio precario de una relación resonando en los huesos de Jungkook.
Al principio, era solo una canción más para practicar, pero con cada repetición, las palabras se incrustaban más profundamente, tejiendo una narrativa paralela a la suya. “Fue divertido al principio, subir y bajar, eso era todo”, pensó Jungkook, recordando los primeros días, la ligereza de su coqueteo, la inocencia de sus toques accidentales. Pero ahora, la balanza se inclinaba, pesada con una tensión innegable.
— Jimin.. —la voz de Jungkook era un susurro ronco, apenas audible sobre el jadeo de Jimin. El menor se detuvo, su pecho subiendo y bajando rápidamente, el cabello pegado a la frente.
— ¿Sí, Kook?.. —preguntó Jimin, su voz un poco entrecortada, sus ojos oscuros y brillantes.
Jungkook se acercó, cada paso deliberado, acortando la distancia entre ellos. El olor de Jimin, una mezcla de sudor, loción y algo intrínsecamente suyo, lo envolvió, embriagándolo. Se detuvo a centímetros, la respiración de Jimin rozando sus labios. La tensión era un animal vivo entre ellos, gruñendo, exigiendo ser liberado.
— Necesito… necesito un descanso.. —dijo Jungkook, pero sus ojos no mentían. No era un descanso lo que quería, sino una inmersión, una rendición.
Jimin asintió lentamente, sus párpados pesados. La invitación era clara, no necesitaba palabras. En el silencio del estudio, solo se escuchaba el latido acelerado de sus corazones. Jungkook extendió una mano, sus dedos largos y fuertes rozando la piel expuesta del cuello de Jimin, bajando lentamente por la clavícula, deteniéndose justo donde el tejido de la camiseta comenzaba. Jimin se estremeció, un pequeño sonido escapando de sus labios entreabiertos.
— ¿Estás seguro?.. —la pregunta de Jimin era un hilo apenas audible, una última oportunidad para retroceder. Pero sus ojos, fijos en los de Jungkook, rogaban lo contrario.
Jungkook no respondió con palabras. En su lugar, se inclinó, capturando los labios de Jimin en un beso que era a la vez tierno y voraz. Era un beso que había estado gestándose durante meses, años quizás, una acumulación de miradas robadas, toques fugaces y deseos reprimidos. La boca de Jimin se abrió bajo la suya, invitándolo a profundizar, y Jungkook no dudó. Sus lenguas se encontraron, una danza lenta y exploratoria que rápidamente se volvió más urgente, más desesperada. Las manos de Jungkook se deslizaron por la espalda de Jimin, apretando su cintura, atrayéndolo más cerca hasta que no hubo espacio entre sus cuerpos.
Jimin gimió, un sonido gutural que resonó en el pecho de Jungkook. Sus propias manos se aferraron a los hombros de Jungkook, sus dedos apretando la tela de su camiseta, buscando anclaje en la marea creciente de sensaciones. El beso se intensificó, un torbellino de deseo que los arrastró. Jungkook sintió la dureza de la erección de Jimin contra su muslo, una confirmación de la reciprocidad de su anhelo.
Era crudo, real, sin adornos, una expresión pura de la necesidad que los consumía.
Se separaron, jadeando, los labios hinchados y rojos. Los ojos de Jimin estaban nublados por la pasión, su respiración irregular. Jungkook lo miró, sus ojos oscuros brillando con una intensidad casi salvaje.
— Vamos a mi apartamento.. —dijo Jungkook, su voz apenas un susurro, pero la orden era innegable.
Jimin asintió, incapaz de hablar, su cuerpo temblaba con una mezcla de anticipación y una punzada de miedo. Sabía que esto era un punto de no retorno, el inicio de un juego en el que las reglas aún no estaban escritas, pero las apuestas eran altísimas.
La canción de Yoongi seguía resonando en su mente, la metáfora del sube y baja, la advertencia de un equilibrio que podía romperse en cualquier momento. Pero en ese instante, la promesa de la caída era demasiado dulce para resistir.
El viaje en taxi fue un tormento silencioso, cada bache en la carretera, cada luz roja, una prolongación insoportable de su espera. Las manos de Jungkook estaban entrelazadas con las de Jimin, sus pulgares acariciando la piel suave, una conexión constante que los mantenía anclados a la realidad de lo que estaba a punto de suceder. El aire dentro del taxi estaba cargado con la misma electricidad que había en el estudio, una tensión palpable que hacía que cada respiración fuera un esfuerzo.
Al llegar al apartamento de Jungkook, la puerta se cerró detrás de ellos con un suave clic que resonó como un disparo en el silencio. La penumbra del lugar, iluminada solo por la luz tenue de la ciudad que se filtraba por la ventana, añadió una capa de intimidad a la escena.
Jungkook no esperó. Empujó a Jimin contra la pared más cercana, sus labios encontrándose de nuevo en un beso desesperado, hambriento. Esta vez, no había dulzura, solo una necesidad abrumadora, una urgencia que los consumía a ambos.
Las manos de Jungkook se deslizaron bajo la camiseta de Jimin, sus dedos fríos rozando la piel caliente, provocando un escalofrío que recorrió la columna vertebral de Jimin. El cuerpo de Jimin se arqueó contra el suyo, buscando más contacto, más presión. La camiseta fue arrancada con una impaciencia que rozaba la violencia, lanzada al suelo como una prenda sin importancia.
Los ojos de Jungkook recorrieron el torso desnudo de Jimin, deteniéndose en la curva de sus costillas, la delicadeza de sus hombros, la promesa de su piel suave.
— Eres tan hermoso.. —murmuró Jungkook, su voz áspera, sus labios trazando un camino de besos húmedos por el cuello de Jimin, bajando por su clavícula, hasta el hueco de su garganta. Jimin inclinó la cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello, un gesto de sumisión que encendió aún más el deseo de Jungkook.
Las manos de Jungkook continuaron su exploración, desabrochando el cinturón de Jimin, despojándolo de sus pantalones con una facilidad sorprendente. Jimin, por su parte, luchaba con la camisa de Jungkook, sus dedos torpes con los botones, la impaciencia creciendo en su interior, hasta que la tela cedió, revelando el torso musculoso de Jungkook, su piel bronceada y tensa. Jimin trazó las líneas de sus abdominales con dedos temblorosos, sintiendo la fuerza que se escondía debajo.
Ambos cayeron sobre el sofá, una maraña de extremidades entrelazadas, besos y caricias. La ropa se amontonaba a su alrededor, testigos silenciosos de la rendición de sus inhibiciones.
Jungkook se posicionó sobre Jimin, sus ojos fijos en los suyos, una pregunta silenciosa, una confirmación tácita. Jimin respondió con un arqueo de caderas, una invitación que Jungkook no pudo ignorar.
Las manos de Jungkook se deslizaron por los muslos de Jimin, abriéndolos suavemente. Jimin gimió, su cuerpo temblaba con una mezcla de excitación y una vulnerabilidad que nunca antes había experimentado. Jungkook bajó su mirada, sus ojos oscuros fijos en la intimidad de Jimin. La visión era exquisita, una revelación que le robó el aliento. La piel era suave, rosada, los pliegues delicados y húmedos, una promesa de placer inaudito. Era diferente, sí, pero no menos deseable, de hecho, más, infinitamente más intrigante.
— Dios, Jimin.. —murmuró Jungkook, su voz apenas un susurro, cargada de asombro y un deseo casi reverencial. Sus dedos rozaron la entrada, sintiendo la humedad, la calidez. Jimin se retorció bajo él, su cuerpo pidiendo ser llenado, ser poseído.
Jungkook se inclinó, besando la piel sensible del interior del muslo de Jimin, su lengua trazando un camino húmedo hacia arriba. Jimin se arqueó, sus manos aferrándose a la espalda de Jungkook, sus uñas arañando suavemente la piel. La sensación era abrumadora, una mezcla de placer y una punzada de dolor dulce que lo hacía jadear.
— Por favor, Kook.. —suplicó Jimin, su voz ronca, al borde de las lágrimas. La necesidad era tan intensa que apenas podía soportarla.
Jungkook respondió con un beso en la boca, profundo y posesivo, mientras sus dedos se abrían paso, explorando la entrada húmeda y apretada. Jimin se contrajo, su cuerpo reaccionando con una sensibilidad exquisita. Los dedos de Jungkook se movieron con una delicadeza experta, estirando, preparando, provocando. Jimin gimió, sus caderas se levantaron instintivamente, buscando la presión, el roce.
La canción de Yoongi volvió a la mente de Jungkook, la idea del equilibrio, del sube y baja.
En ese momento, él era el que estaba arriba, el que controlaba el ritmo, la intensidad. Pero sabía que, en cualquier momento, la balanza podía inclinarse, y sería Jimin quien lo llevaría a las alturas, o a las profundidades. Era un juego peligroso, pero uno que ambos estaban dispuestos a jugar.
Jungkook retiró sus dedos, y Jimin gimió en protesta. Pero antes de que pudiera quejarse, Jungkook se posicionó entre sus piernas, su erección dura y palpitante rozando la entrada de Jimin. La visión de sus cuerpos unidos, la piel contra la piel, era una imagen de deseo puro, sin adulterar.
— Mírame, Jimin.. —dijo Jungkook, su voz grave, sus ojos fijos en los de Jimin. Quería que Jimin lo viera, que fuera consciente de cada momento, de cada sensación.
Jimin lo miró, sus ojos llenos de una mezcla de miedo y una excitación salvaje. Asintió, su cuerpo temblaba, listo para la inmersión.
Jungkook empujó, lenta y deliberadamente. La entrada de Jimin era apretada, caliente, envolviéndolo con una intensidad que le robó el aliento. Jimin gritó, un sonido ahogado de placer y una punzada de dolor que rápidamente se transformó en una euforia abrumadora. Sus músculos se contrajeron alrededor de Jungkook, apretándolo, succionándolo más profundamente.
— Jimin-ssi.. —jadeó Jungkook, sus dientes apretados, su cuerpo temblaba con el esfuerzo de contenerse. La sensación era indescriptible, una fusión de carne y alma que trascendía cualquier experiencia anterior.
Jimin se aferró a Jungkook, sus piernas rodeando su cintura, atrayéndolo más cerca. El movimiento del sube y baja, la canción de Yoongi, todo se desvaneció en la niebla de la sensación. Solo existían ellos dos, sus cuerpos entrelazados, sus almas expuestas.
Jungkook comenzó a moverse, un ritmo lento y constante al principio, que gradualmente se volvió más rápido, más profundo, más urgente. Cada embestida era una ola de placer que los arrastraba, los elevaba, los dejaba sin aliento.
Los gemidos de Jimin llenaban la habitación, una sinfonía de placer que impulsaba a Jungkook a ir más allá, a explorar los límites de su resistencia. Sus caderas se movían en un ritmo ancestral, una danza de dos cuerpos que se conocían, se deseaban, se consumían. El sudor perlaba sus frentes, sus cuerpos brillaban bajo la luz tenue, una obra de arte viviente de deseo y entrega.
Jungkook se inclinó, besando el cuello de Jimin, mordisqueando suavemente la piel sensible. Jimin arqueó la espalda, su cuerpo temblaba incontrolablemente. La sensación era tan intensa que sentía que iba a explotar. La presión, la fricción, la calidez envolvente, todo se combinaba en una sinfonía de éxtasis.
— Más… más rápido.. —suplicó Jimin, su voz rota, sus uñas arañando la espalda de Jungkook con más fuerza. Quería más, lo necesitaba, no podía tener suficiente.
Jungkook obedeció, su ritmo acelerándose, sus embestidas más profundas, más potentes. El sofá crujía bajo ellos, un testimonio silencioso de la intensidad de su unión. Los cuerpos de ambos se tensaron, sus músculos se contrajeron, al borde de la liberación.
La metáfora del sube y baja, se convirtió en una realidad palpable, un vaivén de placer que los llevaba al límite.
Jimin gritó, su cuerpo se arqueó por última vez, una descarga eléctrica recorriendo cada fibra de su ser. Sus músculos se contrajeron violentamente alrededor de Jungkook, apretándolo con una fuerza increíble. Jungkook sintió la oleada de placer de Jimin, una confirmación de su propia inminente liberación. Con un gruñido gutural, se abandonó a la sensación, su cuerpo temblaba, su semen caliente llenando a Jimin, una ofrenda de su deseo, una marca de su posesión.
Se quedaron así por un tiempo, jadeando, sus cuerpos entrelazados, el sudor mezclándose, la respiración agitada. El silencio en la habitación era profundo, roto solo por el sonido de sus corazones latiendo con fuerza.
La luz de la ciudad seguía filtrándose por la ventana, proyectando sombras largas y danzantes sobre sus cuerpos. La canción de Yoongi había terminado, pero su eco seguía resonando en el aire, una advertencia, una promesa. El sube y baja había alcanzado su punto más alto, y ahora, la caída comenzaba. Pero en ese momento, en los brazos del otro, la caída no parecía tan aterradora. Parecía, inevitable, parecía el comienzo de algo nuevo, algo peligroso, algo real.
≽^• ˕ • ྀི≼
𓂃 Esta historia está inspirada en Seesaw de SUGA 𓂃
Espero que les guste y la disfruten.. 𖹭