El anhelo de un demonio-SebaCiel
—Dime a quién perteneces Sebastian— cuestionó con tranquilidad. Para Ciel no había nada más satisfactorio que molestar a su mayordomo.
—A ti, My Lord— responde inclinándose levemente con una mano sobre su pecho.
El joven satisfecho con aquella respuesta, sonrió con arrogancia antes de irse.
Sebastian lo vio marcharse, mientras sonreía mostrando sus colmillos, esperando con ansias el día en que pueda devorar aquella alma después de mucho tiempo sin probar alguna, anhelando que tenga el mismo sabor como aquel olor tan exquisito que emana.








