Capitulo 1
La elfa se llamaba Lirael, una guerrera del bosque de cabello plateado y curvas generosas. Había sido capturada por una horda de goblins durante una emboscada en las profundidades del bosque. Atada y amordazada, fue arrastrada hasta la cueva del rey de los goblins, un ser repugnante y corpulento llamado Gorzak, conocido por su crueldad y su insaciable lujuria.
Cuando la arrojaron frente a su trono de huesos y pieles, los ojos amarillos del rey se abrieron con codicia. Lirael estaba de rodillas, aún con su falda corta y las medias negras rasgadas por la lucha. Gorzak se levantó lentamente, rodeándola como un depredador.
—Vaya… qué regalo tan delicioso —gruñó con voz ronca.
Se acercó por detrás y, sin pedir permiso, colocó sus manos callosas y verdes sobre el enorme y redondo trasero de la elfa. Lo apretó con fuerza, hundiendo los dedos en la carne suave y abundante. Lirael se tensó y forcejeó, intentando apartarse.
—¡No me toques, monstruo asqueroso! —gritó ella, resistiéndose con todas sus fuerzas, aunque sus muñecas seguían atadas.
Gorzak soltó una carcajada gutural. Con un solo gesto de su mano y un chasquido de dedos, invocó un oscuro hechizo goblin. En un instante, la poca ropa que le quedaba a Lirael se desintegró en jirones de tela negra que cayeron al suelo. Su cuerpo quedó completamente expuesto: sus enormes pechos colgando libres, su cintura estrecha y, sobre todo, su coño rosado y perfectamente depilado ahora al aire, vulnerable frente al rey goblin.
Lirael jadeó de vergüenza y rabia, intentando cerrar las piernas, pero los goblins que la sujetaban se lo impidieron.
Gorzak se arrodilló detrás de ella, agarró sus anchas caderas con fuerza y hundió su cara entre sus nalgas. Su lengua larga, gruesa y babosa comenzó a lamerle el coño con avidez. Lamía de abajo hacia arriba, saboreando cada pliegue, introduciendo la punta dentro de ella mientras gruñía de placer. Lirael se sacudió, gimiendo contra su voluntad, las lágrimas de humillación rodando por sus mejillas.
— ¡Basta! ¡Detente… ah! —protestaba ella, pero su cuerpo traicionero empezaba a reaccionar.
El rey goblin no se detuvo. Siguió devorándola con la lengua, chupando y mordisqueando suavemente su clítoris hinchado, hasta que Lirael temblaba sin control.
Entonces Gorzak se incorporó. Con una mano se bajó los harapos que cubrían su entrepierna, revelando su pene enorme, verde oscuro, cubierto de gruesas venas palpitantes y mucho más grande que cualquier cosa que Lirael hubiera visto. La cabeza bulbosa ya goteaba un líquido espeso.
Sin decir una palabra más, colocó la punta gruesa contra la entrada del coño de la elfa y empujó con brutalidad.
Lirael gritó con fuerza cuando el enorme miembro verde la penetró de golpe, rompiendo su estrecha entrada. Sintió un dolor agudo y caliente; un hilo de sangre corrió por sus muslos mientras el pene del rey goblin la abría por completo, estirándola al límite.
— ¡Aaaahhh! ¡Duele! ¡Sácalo! —chilló ella, el cuerpo convulsionando, lágrimas cayendo de sus ojos verdes.
Gorzak solo rio y empujó más profundo, enterrando casi la mitad de su verga venosa dentro de ella, disfrutando de cómo el coño de la elfa se contraía alrededor de su grosor.
—¿Qué pasa, elfa? ¿Tu culito grande no estaba preparado para un verdadero rey? —se burló mientras comenzaba a moverse con embestidas lentas pero brutales.
Lirael sollozaba y gemía, su cuerpo temblando entre el dolor y las primeras oleadas involuntarias de placer, completamente a merced del rey goblin.








