El inicio desde el fin
Las cenizas del Conde Drácula se habían desvanecido y habían salido por la ventana hacia el cielo, todos en el castillo creyeron que todo había acabado, pero entonces el sacerdote vió bajar a Jonathan Harker, solo y con mirada deprimida.
-Jonathan, que ocurre? Todo acabo, y Mina?
Jonathan al escuchar ese nombre se estremeció un poco y lo miró resignado.
-Esa ya no es Mina...-
El sacerdote confundido subió rápidamente las escaleras del palacio.
-señorita Murray!!-
Grito mientras cruzaba los cuerpos hasta llegar a la puerta de la habitación, donde le recibió la vista de “Mina” llorando desconsolada en la cama.
-Señorita Murray, ya acabo todo, podemos irnos-
Se acercó a ella, pero entonces ella levantó la mirada y se levantó, retrocediendo con una mirada de tristeza y odio mezclados.
-Tu...tu eres el que lo mato...tu hiciste que nos separemos otra vez!!-
Ella gritó con odio, el cura extendió las manos en señal de calma
-Mina, estas bajo el control del perfume del conde, pero ya murió, no debes preocuparte, en unas horas estarás bien-
-Mina...ese no es mi nombre...-
Tomó una de las dagas que dejó Vlad en el suelo y apuntó al cura lentamente.
-mi nombre...es Elizabetha, Reina Elizabetha, esposa del Rey Vlad II Conde Drácula...-
El cura abrió un poco la boca y más los ojos en comprensión, de algún modo, Elizabetha había tomado el cuerpo de Mina.
-Elizabetha...tu esposo el conde Drácula, se ha redimido, ha vuelto a brazos de Dios...-
-Entonces dile a Dios que me lo devuelva!!-
-Min... Elizabetha, eso es imposible, deberías...dejar el cuerpo de Mina Murray y reunirte con tu amado en la gracia de Dios-
El cura se acercó a ella, la cual había bajado lentamente la cuchilla, el cura la tomó de los hombros queriendo consolarla.
-Su tiempo ya pasó, es hora de que regreses tu alma con Dios, Mina Murray tiene una vida que vivir aún-
-Es curioso...ser prácticamente dos chicas en un solo cuerpo...
Habló con la mirada baja.
-Pero sabe algo,siervo de dios?...ella y yo somos una misma-
Susurró al oído del cura para luego apuñalarlo, el cura quiso separarse, pero Elizabetha lo atravesó múltiples veces.
-Mina y yo somos una misma! Es simplemente que yo no tenía memoria, no fue hasta que mi rey volvió a mi...y pude tomar conciencia de nuevo!-
El cura lentamente cayó al suelo siendo sostenido por Elizabetha, cuyo vestido estaba manchado de sangre.
-No... Elizabetha...-
-y ahora que he vuelto...estoy pensando... Dios...es un maldito caprichoso-
Sacó la cuchilla del cura mientras se sentaba sobre el y veía la hoja ensangrentada.
-lo que me hace pensar...cómo se que mi Vlad no va a reencarnar también...?-
El cura la miro con sus últimos respiros.
-Por que...el ya ascendió... está ahora...en su gracia de dios... además...solo algunas almas puras...pueden reencarnar...-
-Mi esposo mató y fue el siervo fiel de Dios toda su maldita vida!! Dios se lo debe!!...-
-Aun si así fuese...eres humana...tardaste 400 años en reencarnar...no vivirás lo suficiente para verlo...-
Elizabetha tuvo un pensamiento, viendo la sangre en la hoja de la cuchilla y luego el cuello del cura, recordó a Vlad cuando volvió a tomar conciencia y este casi le había mordido el cuello.
Dejó la cuchilla a un lado y abrió el saco del cura, lo suficiente para poder exponer su cuello.
-que haces...?...no...-
-Mi amado... espero cuatrocientos años por mi... entonces...yo debo poder hacerlo también...por el!-
Con fuerza mordió el cuello del cura, succionando su sangre y con ella la vida del cura.
-Mi príncipe...mi rey...fuiste una vez el siervo más devoto a Dios al igual que yo...pero el único ser al que fuiste más devoto que a Dios siempre fuí yo...y yo siempre fuí y seré devota a tí.-
Eran los pensamientos de Elizabetha mientras tomaba un rosario que el cura tenía encima, viendo fijamente la cruz en el.
-Si Dios no acepta que nos amemos de una forma tan pura y sincera... entonces que se valla al infierno-
Puso el rosario en el suelo y con la cuchilla atravesó justo por la mitad el rosario, cortándolo en dos. Fue entonces que el cielo en ese momento claro se volvió en tormenta, sellando la condena de vagar por la tierra eternamente por segunda vez.
-Esperare el tiempo que deba...-
Elizabetha miro un cuadro en el que estaban ella y Vlad retratados, al mismo tiempo los recuerdos de alegría y éxtasis junto a el atormentaban su mente.
-...volveremos a estar juntos...vuelve a mi, mi príncipe, mi rey... porque sin ti no se cómo encontrar la forma de vivir-