Prólogo
El día parecía normal. Bastante normal hasta el momento. Aburrido se podría decir.
El profesor Aizawa daba su cátedra como era costumbre. Todos atentos para tomar notas importantes, pues sabían que el azabache no se detendría a repetir información.
La puerta fue golpeada, la coordinadora y el director de la institución se asomaron en silencio, pidiendo autorización del profesor titular para entrar y dar un aviso. Con un asentimiento en silencio, el par entró con incomodidad, signo de una mala noticia.
Todos los alumnos se giraban para mirar a su alrededor, coincidiendo en sus expresiones consternadas y preocupadas, previendo lo que se venía.
—Chicos —saludó Nezu, el director de la institución —Probablmente ya se dan una idea del anuncio que tenemos. Una compañera de primer grado se ha reportado como desaparecida, no llegó a casa ayer. Chikuchi Togeike, su ficha ya fue colgada en el letrero de anuncios.
La clase entera se alarmó, preocupados e indignados por la ineptitud de las autoridades. El número de desaparecidos se disparó desde inicios de semestre, siendo la academia UA una de las más afectadas.
—¿¡Cómo es posible que no se haya encontrado el culpable!? —cuestionó Momo Yaoyorozu —Han habido demasiadas desapareciones este año y me parece imperdonable que las autoridades no hayan hecho ningún avance.
Izuku Midoriya, con la mejilla apoyada en el dorso de su mano, la miró con ojos aburridos. Su porte tranquilo y sin inmutar, era ya algo común de ver. No llamaba la atención su actitud.
Bufó ligeramente entretenido, observando cómo la coordinadora trataba de tranquilizar las inquietudes de todos los alumnos. Esperaba que las medidas de seguridad no fueran en aumento, sería aburrido ir a clases en línea.
"Idiotas" pensó el pecoso, recostandose en su asiento y desviando su mirada hacia la ventana.