SISTEMA E: Más allá del rumor (snk)

Summary

Eren ha estado ocultando que, desde la caída del Muro María, su mente ya no es solo suya. En su cabeza conviven tres identidades más: Elis, Estelle y Ehan. No se lo dijo a nadie por miedo a que Mikasa le prohibiera unirse a la milicia. No aparecieron todas al mismo tiempo, fue algo gradual, pero en su soledad del calabozo del cuartel del cuerpo de exploración son su compañía constante. Una noche recibe la visita de alguien que ve que no se ha vuelto loco como los rumores dicen; lo ve como una persona afectada por un trauma que no supo gestionar solo. Eren ha estado ocultando que, desde la caída del Muro María, su mente ya no es solo suya. En su cabeza conviven tres identidades más: Elis, Estelle y Ehan. No se lo dijo a nadie por miedo a que Mikasa le prohibiera unirse a la milicia. No aparecieron todas al mismo tiempo, fue algo gradual, pero en su soledad del calabozo del cuartel del cuerpo de exploración son su compañía constante. Una noche recibe la visita de alguien que ve que no se ha vuelto loco como los rumores dicen; lo ve como una persona afectada por un trauma que no supo gestionar solo. Contenido sensible: Traumas y TID DISCLAIMER LEGAL Los personajes y el universo de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama. El concepto del Sistema E y el desarrollo de la trama de este fanfic son de mi autoría. Queda prohibida la copia o adaptación sin consentimiento.

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
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18+

SISTEMA E

Eren llevaba semanas encerrado en su habitación —más bien el calabozo—, metido en su cabeza, hablando consigo mismo. Los guardias creían que se había vuelto loco y se reían de él; pero no era así, él no estaba loco. O al menos no en el sentido literal de la palabra. Estaba hablando con su hermano de sistema, Elis, un niño de nueve años.

—¿Crees que saldremos de aquí, Eren? —dijo Elis en su cabeza—. No me gusta estar aquí abajo, hace demasiado frío.

—Estoy seguro de que lo haremos, Elis —respondió, suavizando su voz.

—Pft, como si esos imbéciles nos fueran a sacar de aquí —habló otro hermano suyo, Ehan, de veintiocho años, el mayor de todos—. Nos ven como un monstruo por culpa de padre y ahora como un loco porque Eren está hablando solo.

Eren se encogió bajo las sabanas, escuchando como Ehan discutía con la hermana de su sistema, una chica de diecinueve años, Estelle. Escuchar a la voz calmada de Estelle calmando la furia inminente de Ehan y el llanto silencioso que estaba por emerger de Elis logró adormecerlo.

—Eren, déjame el control —dijo Estelle y él sin quejarse, sintiendo cómo la conciencia se deslizaba hacia un rincón de su mente, le cedió su puesto… aunque podía escuchar y ver lo que hacía Estelle desde su espacio mental. Con voz firme, sin rastro de la locura que los guardias le achacaban a Eren, preguntó:— ¿Qué quiere, Capitán Levi?

El capitán Levi, que había estado observando a Eren desde la puerta de la celda con su habitual expresión impasible, no esperaba esa voz. Clara, firme, sin el temblor o la desesperación que había oído en el Eren que balbuceaba. Sus ojos grises se entrecerraron.

—¿Qué quiere, Capitán Levi? —repitió Estelle, esta vez con un matiz de impaciencia, casi de desafío.

Levi dio un paso dentro de la celda. El cuerpo de Eren seguía encogido bajo las sábanas, pero la postura, la forma en que sus manos se aferraban a la tela, era diferente. Había una quietud en él que no era la de la locura, sino la de una presencia calculada.

—¿Quién eres tú? —preguntó Levi, su voz áspera como siempre, pero con una inusual curiosidad.

Estelle ladeó ligeramente la cabeza, una expresión indescifrable en el rostro de Eren. En la mente compartida, Eren sentía la punzada de una vergüenza familiar, el murmullo asustado de Elis y el bufido irritado de Ehan. La reacción de los demás era un coro familiar, un telón de fondo constante en la vida de Estelle. Tenía que mantener la calma.

—Soy Estelle —respondió con una calma que descolocó a Levi—. Uno de los protectores de Eren. Él está... indispuesto. ¿Qué necesita del huésped, Capitán?

Levi observó el cuerpo de Eren, intentando conciliar la voz de una mujer con el físico de un joven. Se acercó a la cama y se detuvo a un par de pasos, los brazos cruzados.

—¿Estelle? ¿Huésped? —dijo Levi, su tono volviendo a la dureza habitual—. ¿Esto es para no ir de misiones, Eren? ¿Para esto querías unirte al Cuerpo de Exploración?

Estelle se movió, y Levi vio un atisbo de la gracia femenina en los movimientos del cuerpo de Eren. Se sentó en la cama, y sus ojos, los ojos de Eren, lo miraron con una perspicacia que el verdadero Eren raras veces mostraba, a menos que estuviera en el fragor de la batalla.

—No es ninguna broma, Capitán Levi —suspiró Estelle, escuchando la voz burlona de Ehan en su espacio mental repitiendo las palabras de Levi—. Eren, a raíz de la muerte de su madre y la revelación de que su padre le inyectó el titán de ataque… bueno, su mente se fragmentó.

Levi dio un paso más, apoyando una mano en la pared fría de la celda, su postura tensa. Su mirada se mantuvo fija en el rostro de Eren, sin parpadear. No había un rastro de duda en su expresión, solo una demanda silenciosa de más información.

—¿Fragmentó? —dijo Levi, y el matiz en su voz era indescifrable, una mezcla de escepticismo y algo más.

Estelle asintió, su voz adoptando un tono más grave y serio. La historia no era fácil de contar, ni de escuchar.

—No puede soportar la carga de esos recuerdos por sí mismo. Así que el Sistema E nació. Somos sus protectores, las piezas que lo mantienen entero, el muro entre él y la locura. Yo me encargo de su control emocional, de mantenerlo funcional. Ehan es el pragmático, el que maneja la ira y el instinto de supervivencia. Y Elis... —Una dulzura sutil apareció en los ojos de Eren al mencionar al pequeño, y Estelle pudo sentir la necesidad de Elis de ser protegido—. Elis es su inocencia, su niño interior, el que mantiene viva la esperanza.

Levi bajó la mano de la pared, sus ojos grises como el acero. Se movió para sentarse en el suelo frente a la cama, un gesto inusual en él que no pasó desapercibido para Estelle. Cruzó las piernas, indicando que estaba dispuesto a escuchar.

—Entonces, ¿cuántos de ustedes hay? —preguntó Levi, su voz carente de juicio, solo pura observación.

Estelle lo miró, sintiendo un leve alivio. Este hombre, por alguna razón, no estaba reaccionando con la repulsión o la incredulidad que otros habrían mostrado. En la mente del Sistema E, Eren seguía encogido, pero la tensión había disminuido ligeramente.

—Por ahora, somos nosotros cuatro. Los principales. Pero el Sistema E es complejo, Capitán. Hay recuerdos, traumas… y otros que no se han manifestado del todo. Es un mecanismo de defensa. Una prisión para Eren dentro de su propia mente.

Levi asintió lentamente, sus ojos aún fijos en ella. Su postura era de escucha, cada músculo quieto.

—Y esto, ¿cómo afecta a sus habilidades de Titán? —preguntó Levi, la pregunta práctica y directa, sin rodeos.

Estelle cerró los ojos por un momento, la imagen del caos en las batallas, del miedo de Eren, cruzando su mente.

—Afecta a todo, Capitán. Cuando Eren está abrumado, es cuando el cambio es más inminente. Cuando la desesperación lo consume... podemos perder el control. En especial cuando Ehan toma el control contra otros titanes.

Estelle escuchó una risa infantil junto a un “Oye” por parte de Ehan y un “Pero si tiene razón” adormilado de Eren. La sonrisa que apenas se formó en sus labios, sin embargo, no fue para Levi, sino para el sistema.

Levi asintió de nuevo, con su mirada evaluando a Eren de arriba abajo. Se puso de pie con un movimiento fluido.

—Bien. Explícame esto —dijo Levi, señalando la puerta de la celda con un movimiento de cabeza, sin esperar respuesta—. Te quiero en el campo de entrenamiento en dos horas.

Estelle lo observó caminar hacia la puerta.

—Capitán, no creo que...

Levi se detuvo en el umbral, volteando solo la cabeza. Su expresión era ilegible.

—No te estoy pidiendo tu opinión, Estelle. Es una orden. Y si no puedes mantener a ese mocoso inútil bajo control, entonces los titanes lo harán por ti. Vendré a por ti en dos horas.

Dicho esto, Levi salió de la celda, la puerta de hierro chirrió al cerrarse tras él. La voz de los guardias burlándose regresó, pero esta vez, Estelle pudo sentir un atisbo de su antigua determinación, mezclada con la furia reprimida de Ehan y el miedo de Elis.

—¿Lo has escuchado, Ehan? —dijo Estelle en la mente compartida, la voz más dura de lo habitual—. Dice que somos inútiles.

La respuesta de Ehan fue un rugido mental, una oleada de rabia que Estelle tuvo que trabajar para contener.

—¡Que se atreva a venir aquí y se lo diré a la cara! ¡Le mostraré lo inútiles que somos!

Elis, por su parte, sollozaba.

—No quiero salir. Los titanes dan mucho miedo.

Eren seguía adormilado, pero una pequeña voz en su mente dijo:

—No quiero que te hagan daño, Estelle. No quiero hacer daño a nadie.

Estelle suspiró, el cuerpo de Eren temblaba ligeramente. La orden de Levi era un desafío. Una prueba. Pero también, quizás, una oportunidad. Tenían que estar listos en dos horas.

Levi había ido a hablar con Hange y con Erwin tras la charla con Estelle. Aunque había entendido lo que había oído, su cabeza estaba reviviendo sus años en los subterráneos, recordando las noches en que la cordura pendía de un hilo delgado. El hecho de saber que Eren convivía con tres identidades en su cabeza era algo que a él le pudo llegar a pasar y aun así no sucedió.

Podía ver a otros miembros del Cuerpo de Exploración saludarle, con una pequeña reverencia o un simple movimiento de mano, pero Levi seguía su camino metido en sus pensamientos, las sombras de los callejones y el goteo constante de agua sucia aún frescas en su memoria.

“Ehan… Elis… Estelle… y Eren…” pensó, repitiendo sus nombres. “El sistema E, el que mantiene a Eren con vida.”

Levi llegó al despacho de Erwin, su capa ondeando ligeramente detrás de él. Hange ya estaba allí, inclinada sobre un mapa lleno de anotaciones, sus lentes empañados por la concentración. Cuando Levi entró, el silencio en la habitación se hizo más denso, cortado solo por el crujido de los papeles.

Erwin levantó la vista, sus ojos azules fijos en el Capitán. Hange enderezó la espalda, una ceja levantada en expectación.

—¡Levi! ¿Dónde estabas? —preguntó Hange, su voz animada.

—Estuve… Estuve con el mocoso.

Hange jadeó, un sonido ahogado. Erwin mantuvo su expresión estoica, pero sus ojos se entrecerraron imperceptiblemente.

—Levi, se ordenó que nadie podía bajar.

Levi no se molestó ante la sequedad de la voz de su compañero, su mirada tan afilada como de costumbre.

—Eren no está bien.

Hange frunció el ceño, su entusiasmo inicial dando paso a una genuina preocupación.

—¿No está bien? ¿A qué te refieres, Levi? ¿Qué le pasa?

Erwin, por su parte, arqueó una ceja, su voz mantuvo un tono de escepticismo, su mirada fija en el rostro de Levi.

—¿"No está bien"? Es el chico que se transforma en Titán. ¿Esperas que no tenga alguna peculiaridad? Parece que los rumores sobre su "locura" te han afectado más de lo que pensé.

Levi se cruzó de brazos, su expresión no cedió ante la burla implícita de Erwin. Un destello de frustración cruzó sus ojos.

—No es una peculiaridad, Erwin —dijo Levi, su voz más áspera que de costumbre—. Su mente... se partió. No está "loco" en el sentido que los guardias creen. Su mente se partió a causa de lo que pasó con su madre y el Titán.

Erwin ladeó la cabeza, la incredulidad aún en su voz.

—¿Partirse? ¿A qué te refieres con eso, Levi? ¿Qué significa que su mente se haya partido?

Hange, con los ojos fijos en Levi, un brillo de comprensión y seriedad inusual en su mirada, se adelantó un paso. Su voz era grave, desprovista de su habitual exuberancia.

—Erwin, lo que Levi intenta decir es que Eren, al enfrentar un trauma tan abrumador como la muerte de su madre y la revelación de los poderes Titán de su padre, no pudo procesarlo. Su psique se fragmentó como un mecanismo de defensa. Ha desarrollado lo que conocemos como un trastorno de identidad disociativo.

Hange hizo una pausa, sus ojos ahora fijos en Erwin, transmitiendo la gravedad de la situación.

—En términos más simples, es como si su mente hubiera creado diferentes "personas" o identidades para sobrellevar lo que la conciencia principal no podía soportar. Son fragmentos de su propia psique, cada uno con una función. Levi, ¿es correcto? ¿Te ha hablado de diferentes "alters"?

Levi asintió, su mirada fija en Hange, una rara muestra de acuerdo tácito.

—Sí. Me habló de tres. Estelle es quien estaba al frente. Dijo que se encarga del control emocional. Luego hay un tal Ehan, que maneja la rabia y el instinto de supervivencia. Y un niño, Elis, que es su inocencia, su esperanza. Dice que el Sistema E lo mantiene unido.

La expresión de Erwin se volvió más grave, el escepticismo dando paso a una profunda contemplación. La implicación de esto para Eren, y para la Legión, era inmensa.

—¿Qué significa esto para la Legión? —preguntó Erwin de nuevo, su voz tranquila, pero el peso de la pregunta era evidente. La supervivencia de la humanidad dependía de Eren, y ahora la situación era mucho más compleja.

Levi asintió con la cabeza, una señal de su propia aceptación de la extraña realidad.

—Significa que tenemos que adaptarnos. Le he ordenado que se prepare para el entrenamiento. En dos horas voy a verlo.

Estelle le había devuelto el control a Eren pero se lo dio a Elis, y el cuerpo se sintió de repente más ligero, más despreocupado, mientras el niño empezaba a saltar en la cama a pesar de tener las manos engrilladas. La risa infantil de Elis llenó los pasillos, un sonido insólito en la habitual quietud sombría de las celdas. El resorte chirriando bajo su peso. El colchón, viejo y delgado, apenas ofrecía amortiguación, pero para Elis, era un trampolín hacia la libertad.

—¡Mira, Eren! ¡Mira cómo salto! —exclamó Elis en la mente compartida, su alegría infantil inundando el lúgubre espacio mental de los otros.

—Ten cuidado, enano, vas a caerte y a hacerte daño —masculló Ehan, su tono siempre pragmático y preocupado, aunque su exasperación era evidente.

—Déjalo, Ehan, es lo único que puede hacer aquí —intervino Estelle, su voz más suave, comprendiendo la necesidad de Elis de encontrar cualquier atisbo de alegría.

La risa de Elis llenó los pasillos de piedra, rebotando en las paredes húmedas del calabozo. Los guardias, que habían estado ignorando los murmullos de Eren durante semanas, ahora escucharon el sonido claro de un niño riendo. Intercambiaron miradas, su confusión mezclándose con el desprecio. "¿Ahora también le ha dado por reírse como un mocoso?", se escuchó a uno susurrar, sin saber la verdad de la situación.

Pero a Elis no le importaba. Para él, ese catre en la celda, con sus sábanas ásperas y su colchón hundido, era un castillo. Y su risa, el eco de un mundo que había perdido, era la única forma de escapar de la fría realidad. Era lo único que el niño podía hacer en ese húmedo y opresivo lugar: saltar en la cama.

—Así que tú eres Elis…

Elis dejó de saltar al escuchar la voz de Levi, cayendo de rodillas sobre el colchón. La voz seca pero con un atisbo de dulzura los sorprendió a los cuatro, en especial al Huesped, Eren, que sintió un vuelco extraño en su pecho al percibir esa suavidad en la voz del Capitán.

Elis vio a Levi abrir la celda, ignorando las advertencias de un guardia sobre que se había vuelto loco. Levi se agachó ligeramente, apoyando una rodilla en el suelo frente a la cama, a la altura de Elis. Su voz seca pero con un atisbo de dulzura los sorprendió a los cuatro.

—Así que tú eres Elis… —repitió Levi, la voz un poco más baja esta vez, casi un murmullo—. Los guardias dicen que Eren se ha vuelto loco. ¿Eres tú el que ríe?

Elis se encogió un poco, sus ojos grandes y asustados, el brillo de la alegría anterior desvaneciéndose. En la mente compartida, Eren sintió una punzada de protección hacia el niño. Ehan gruñó en silencio, listo para la confrontación si Levi mostraba alguna malicia. Estelle, sin embargo, permaneció en calma, observando a Levi con una calculada cautela.

—No... no estoy loco —murmuró Elis, su voz temblorosa—. Solo... solo me gusta saltar. Aquí es muy aburrido.

Levi asintió lentamente, sus ojos escaneando el rostro de Elis. La inocencia era palpable. Era una faceta de Eren que nunca había presenciado, ni siquiera el propio Eren. Era como mirar al niño que Eren debió ser antes de todo el trauma.

—Lo entiendo —dijo Levi, sorprendiendo a todo el sistema con la sinceridad en su voz—. ¿Sabes algo? En un almacén tenemos una cama elástica, es algo que solo los de altos mandos sabemos.

Los ojos de Elis se abrieron como platos, la alegría regresando a su rostro. En la mente, Eren sintió una punzada de esperanza infantil, algo que no había experimentado en años. Ehan, por un momento, se quedó en silencio, su escepticismo habitual descolocado por la oferta de Levi. Estelle, sin embargo, evaluó la situación con su calma habitual, preguntándose cuál era la verdadera intención detrás de esa revelación.

—¿Una cama elástica de verdad? —preguntó Elis, su voz llena de asombro—. ¿Es grande?

Levi asintió, una chispa inusual en sus ojos grises.

—Sí. Grande. Suficiente para que saltes hasta que te canses.

Elis sonrió, una sonrisa radiante que rara vez aparecía en el rostro de Eren. Era pura, sin la sombra de la guerra o el trauma.

—¡Quiero verla! ¡Quiero saltar! —exclamó Elis, moviendo el cuerpo de Eren con emoción.

—Elis —intervino Estelle con su voz tranquila en la mente compartida—, el Capitán Levi no ha terminado.

Elis se encogió un poco, avergonzado, y miró a Levi.

—Pero ahora necesito hablar con Eren —continuó Levi, su tono volviendo a la dureza, pero la suavidad anterior aún resonaba—. Tenemos entrenamiento.

Elis cerró los ojos unos segundos, los movimientos dejando de ser tan aniñados y volviendo al joven de quince años. Los ojos brillosos dejaron paso a unos más opacos.

—¿En serio debo salir? No quiero hacerlo, prefiero estar aquí con mis hermanos —La voz era la de Eren, pero teñida de una profunda reticencia, casi un lamento. En la mente, la risa de Elis se había apagado, reemplazada por un pequeño sollozo. Ehan gruñó, la ira burbujeando—. No soy bueno, Capitán. Ellos sí. Yo solo... soy el anfitrión. El que lo estropea todo.

Levi se puso de pie, su expresión indescifrable, pero el sistema sintió una intensidad crecer en él. Se acercó a la cama y se sentó en el borde, con la vista fija en el rostro de Eren.

—Mocoso —dijo Levi, su voz tan afilada como siempre, pero con un matiz que no era de desprecio, sino de una exigencia silenciosa—. No eres inútil. Eres el centro de todo esto. Y no te voy a dejar aquí a pudrirte. Tienes un trabajo que hacer.

La mano de Levi se levantó, y el corazón de Eren, y el del sistema entero, dio un vuelco. Esperaban un golpe, una reprimenda, pero, en cambio, la mano de Levi se posó con sorprendente suavidad en su cabeza, dando una pequeña caricia. En el espacio mental de Eren, Estelle, por un momento, se permitió sonreír y soltar un suave “aw”, Ehan parpadeó sorprendido por la acción de aquel hombre con el que apenas se llevaba cuatro años y Elis no sabía como reaccionar, su pequeña cabeza tratando de analizar lo que había presenciado.

La caricia en el pelo se sintió extraña, una mezcla de lo prohibido y lo increíblemente reconfortante. Era un toque que Eren no había recibido en años, no con esa intención, no con esa ternura velada. Se estremeció bajo la mano de Levi, la calidez extendiéndose desde su cuero cabelludo hasta el resto de su cuerpo. Era tan diferente a los golpes, a los empujones, a las ataduras. Este toque era... cuidado.

—Capitán… ¿qué..?—murmuró Eren, su voz aún temblorosa por la sorpresa.

—Escuchad, los cuatro —se dirigió a todas las identidades, su voz baja y seria, sin un rastro de duda—. Si el entrenamiento sale bien, dejaré que Elis salte en esa cama elástica.

El silencio se hizo en la mente del Sistema E. La oferta de Levi era un truco, claro. Pero, ¿era una manipulación o una motivación?

—¿Una trampa, Capitán? —la voz de Estelle, aunque no se había adelantado, resonó con claridad desde el cuerpo Eren, y el cuerpo se tensó ligeramente. La protectora estaba alerta.

Levi retiró la mano de la cabeza de Eren, pero no se apartó del borde de la cama. Sus ojos se entrecerraron, una mirada que el sistema conocía bien: de acero.

—No es una trampa, Estelle, es un trato. Y solo funcionará si los cuatro trabajáis juntos. Si Eren puede mantenerse al frente la mayor parte del tiempo. Si Estelle puede mantenerlo bajo control. Si Ehan canaliza su rabia solo cuando sea necesario. Y si Elis... bueno, si Elis puede esperar su turno.

Eren sintió cómo los alters se agitaban en su interior. Elis emitía pequeños sonidos de emoción ante la mención de la cama elástica. Ehan bufaba, aunque una parte de él parecía considerar la "recompensa". Y Estelle, la calculadora, evaluaba la propuesta.

—Es arriesgado, Eren —susurró Estelle en la mente compartida—. Pero... la promesa de la cama elástica... podría ayudar a Elis. Y mantenerlo a salvo.

–¡No me gusta que nos hable como si fuéramos niños! —gruñó Ehan, la ira asomando—. Pero... si es por el mocoso...

La mirada de Levi seguía fija en Eren, esperando una respuesta. Era un desafío, una prueba de voluntad para todo el sistema.

—De acuerdo, Capitán —dijo Eren finalmente, su voz temblorosa pero con una nueva resolución. La cama elástica de Elis era un ancla que no había esperado, una razón para intentar superar su propia desesperación. —Estaremos listos.

Una sombra de algo que parecía satisfacción cruzó el rostro de Levi. Se puso de pie con un movimiento fluido.

Erwin y Hange se dirigieron al campo de entrenamiento con una mezcla de curiosidad y preocupación. esperándolo encontrar con el equipo de maniobras o con Eren transformado en titán. Pero lo que presenciaron los dejó sin poderse mover, tanto que Hange tuvo que quitarse las gafas y limpiarlas: Levi con una sonrisa, una que ni siquiera ellos habían visto, llena de sinceridad y dulzura.

Aunque eso no era lo más desconcertante de todo. Eren estaba saltando en aquella cama elástica que solo ellos y algunos más conocían. La risa de Eren, infantil, los desconcertó aún más. No habían oído nunca a Eren reírse de esa forma tan despreocupada.

—Creo… Creo que ese es Elis, el niño del que nos habló Levi —entendió Hange, volviéndose hacia Erwin—. Aunque ver esa sonrisa cálida en Levi me da escalofríos.

Erwin fue el primero en recuperar el aliento. Sus ojos azules se fijaron en Levi, intentando descifrar el significado de esa expresión, de esa interacción. Hange, por su parte, se cubrió la boca con la mano, una mezcla de asombro y el inicio de una risa nerviosa. Nunca, en todos sus años, habrían imaginado a Levi en esa situación, con esa sonrisa.

—Levi... —murmuró Hange, dando un paso adelante, la voz temblorosa de la sorpresa.

El sonido de la voz de Hange rompió el encanto. La sonrisa de Levi desapareció en un instante, reemplazada por su habitual impasibilidad. El cuerpo de Eren dejó de saltar, y los ojos de Elis se abrieron con pánico al ver a Erwin y Hange. En un parpadeo, Elis estaba escondido detrás de Levi aunque le sacara varias cabezas.

Levi giró la cabeza, sus ojos ahora fríos como el acero, perforando a Hange y Erwin. La tensión en el aire se volvió palpable, casi una represalia silenciosa por haber interrumpido.

—¿Se les perdió algo aquí? —la voz de Levi era más un gruñido bajo que una pregunta, y la calma que había inundado el campo hacía segundos se evaporó por completo.

Hange titubeó, el entusiasmo científico habitual reemplazado por una cautela repentina.

—Nosotros... solo veníamos a supervisar el entrenamiento, Levi. No esperábamos... esto.

Erwin dio un paso adelante, su semblante inmutable, pero sus ojos analizaban la escena con una rapidez asombrosa. Eren, encogido. Levi, con una furia apenas contenida en su mirada. Y el eco de una risa infantil que seguía resonando en sus mentes.

—El entrenamiento salió bien —contestó y Hange vio como Levi agarraba la mano temblorosa de Eren—. Solo le estoy recompensando algo al pequeñajo.

Levi no desvió la mirada de los ojos de Erwin mientras hablaba, su agarre en la mano de Eren firme pero tranquilizador. La mención de "recompensando algo al pequeñajo" fue un golpe directo para Hange y Erwin, una clara indicación de que Levi estaba completamente al tanto de la presencia de Elis, y no solo eso, sino que estaba dispuesto a nutrirla.

Hange observó la mano de Levi, pequeña y fuerte, cubriendo la de Eren. La imagen era extraña, casi protectora. ¿Levi, protector de un niño interior? ¿El mismo hombre que antes lo había arrastrado por los cabellos? El contraste era tan abrupto que le hizo la cabeza un lío.

—Le…Levi…

La voz temblorosa de Elis, infantil, llamando a su compañero por su nombre de pila, algo que solo los altos cargos hacían, los dejó sin habla.

Hange se quedó más sorprendida aún cuando Levi se giró y acunó la cara del chico en sus manos, con una suavidad impensable. Erwin solo pedía que aquello fuera una pesadilla, que Levi volviera a su yo estoico de siempre.

—Shh, tranquilo, Elis. —Lo calmó, haciendo pequeñas caricias en las mejillas—. Todo está bien, ¿si? Sigue saltando, yo me encargo.

La voz de Levi era un susurro, apenas audible, una melodía suave que ni Hange ni Erwin habrían creído que el Capitán era capaz de producir. Los dedos de Levi acariciaban el rostro de Eren con una delicadeza que desmentía su reputación brutal. Parecía completamente ajeno a la presencia de sus superiores, o simplemente no le importaba. Su atención estaba completamente centrada en el tembloroso chico en sus manos, en los ojos asustados de Elis.

Hange y Erwin intercambiaron una mirada. La implicación era clara: Levi no solo conocía a los alters, sino que también interactuaba con ellos de una manera profundamente personal. La relación que se había desarrollado entre Levi y Eren era mucho más compleja y tierna de lo que jamás habían imaginado, y lo que presenciaban ahora era una intimidad que rozaba lo sagrado.

Erwin, por primera vez, sintió una punzada de algo parecido a celos, no por Eren, sino por la conexión que Levi había forjado. Una conexión que él, como Comandante, rara vez podía permitirse con sus soldados. Hange, por su parte, ya estaba mentalmente redactando informes, aunque sabía que nadie creería una sola palabra de lo que estaba viendo. El estoico Levi, acariciando el rostro de un chico, calmando a su "pequeñajo" con una ternura inaudita. Era una visión que desafiaba todo lo que creían saber sobre el Capitán.

Levi, finalmente, soltó el rostro de Eren y se giró hacia Hange y Erwin, su expresión de nuevo tan dura como el acero. La fugaz ternura había desaparecido como si nunca hubiera existido mientras Elis regresaba a sus saltos en la cama elástica.

—¿Necesitáis una invitación? —Soltó con sarcasmo gélido, con el ruido de los muelles de fondo—. Dejadnos solos.

Después de la sorprendente escena en el campo de entrenamiento, Erwin y Hange se retiron, dejándolos solos pero la imagen de Levi con Elis quedó grabada en sus mentes.

El entrenamiento con Levi había establecido una rutina, una extraña armonía.

Elis seguía disfrutando de la cama elástica —su risa infantil ahora una melodía ocasional en los pasillos de la fortaleza, un secreto conocido solo por el pequeño círculo—. Ehan, aunque gruñón, se había convertido en un aliado inesperado en los simulacros de combate, su furia canalizada con una eficacia brutal. Y Estelle, la protectora, mantenía el equilibrio, la voz de la razón en el caótico espacio mental de Eren.

Levi, por su parte, había asumido un rol que nadie, ni siquiera él mismo, habría imaginado: el guardián de una mente fragmentada. Su dureza habitual se mezclaba con una paciencia y una comprensión que sorprendían incluso a Hange y Erwin, aunque ninguno de ellos se atrevía a mencionarlo en voz alta.

Pero la relativa calma era solo el preludio de la tormenta.

El Cuerpo de Exploración se embarcó en una nueva misión de reconocimiento, una particularmente arriesgada, más allá de los muros. El cielo era plomizo, el viento gélido, y la sensación de peligro inminente pesaba en el aire. La formación avanzaba por un bosque denso cuando, de repente, una horda de Titanes, anormales y de tamaño considerable, emergió de la espesura. El caos estalló.

Eren, transformado en su forma Titán, luchaba con la ferocidad habitual, guiado por Ehan cuando la rabia lo consumía, y estabilizado por Estelle. Levi, una ráfaga borrosa de acero y velocidad, se movía entre los titanes, cercenando nucas con una precisión mortal. La batalla era un infierno de rugidos, vapor y gritos de soldados caídos.

En medio de la vorágine, un Titán anormal, con una velocidad sorprendente, se abalanzó sobre Levi, que en ese instante estaba recargando sus cuchillas. Era demasiado rápido. Los ojos de Levi se entrecerraron, sabiendo que no llegaría a tiempo para esquivarlo. En el espacio mental de Eren, el pánico se apoderó de los alters.

—¡Capitán! —gritó Elis, su voz un sollozo ahogado.

—¡Levi! ¡Muévete, imbécil! —rugió Ehan, su furia incontrolable, impotente.

Estelle intentó tomar el control, pero la escena era demasiado abrumadora. El Titán estaba a centímetros de aplastar a Levi contra un árbol. En ese instante de terror absoluto, algo se rompió dentro de Eren. Un frío glacial lo invadió, un silencio ensordecedor que sofocó el caos interno. No era la desesperación de Eren, ni la furia de Ehan, ni la calma de Estelle. Era algo completamente nuevo.

El cuerpo del Titán de Ataque, bajo el control de Eren, se movió con una velocidad y una precisión escalofriantes. No fue una acción impulsiva, sino un cálculo frío y desapasionado. La mano gigantesca de Eren no golpeó al Titán que amenazaba a Levi, sino que se interpuso con una fuerza controlada, desviando el golpe del Titán anormal justo a tiempo. El impacto resonó en todo el bosque. El Titán anormal tropezó, dando a Levi el segundo que necesitaba para esquivar el peligro.

Levi, en el aire, se giró para ver al Titán de Ataque, sus ojos brillando con una luz extraña y vacía. No había furia, ni pánico, ni siquiera una pizca de la personalidad habitual de Eren. Era una máquina eficiente, un protector implacable. El Titán de Ataque procedió a desmembrar al anormal con una frialdad y una estrategia nunca antes vistas en Eren, movimientos quirúrgicos, precisos, sin un ápice de emoción.

Cuando la batalla finalmente cesó, y los últimos Titanes cayeron, el cuerpo de Eren, exhausto, colapsó con un estruendo. Levi fue el primero en llegar a él, aterrizando con un golpe seco. El vapor se arremolinaba alrededor del cuerpo descompuesto del Titán, revelando a Eren, tirado en el suelo, respirando con dificultad. Levi se agachó junto a él, colocando una mano en su hombro.

Pero al contacto, Eren se estremeció violentamente. Sus ojos se abrieron, un verde opaco que no reflejaba la luz. No eran los ojos de Eren, ni de Elis, ni de Estelle, ni siquiera los de Ehan. Eran ojos vacíos, que miraban a través de Levi, sin reconocerlo del todo.

—¿Quién eres ahora? —preguntó Levi, su voz tensa, sintiendo la nueva y gélida presencia.

Una voz, monocorde y sin inflexión, respondió desde el cuerpo de Eren. No era el timbre habitual, sino uno más bajo y resonante, desprovisto de emoción.

—Elysia.

La palabra "Elysia" flotó en el aire viciado por el vapor y la sangre. Levi sintió un escalofrío que nada tenía que ver con el frío. La voz era extraña, plana, como si viniera de muy lejos. Los ojos de Eren, vacíos, lo miraban sin verlo. Dentro de la mente compartida, un silencio sepulcral había reemplazado el caos. Elis estaba petrificado, Ehan, por una vez, mudo, Eren tratando de recuperar el control y Estelle sentía una barrera helada.

—¿Elysia? —repitió Levi, su voz más áspera, intentando encontrar un asidero en esa nueva identidad—. ¿Qué papel tienes tú en el Sistema de Eren?

—Protección.

—¿Pero esa no era Estelle? —Levi estaba confundido.

—Sí, protección interna, yo soy la externa.

Levi asimiló la información. Protección interna, protección externa. Era como si la mente de Eren hubiera creado una fortaleza aún más compleja, con diferentes capas de defensa. Esto significaba que el trauma reciente había sido tan abrumador que la propia Estelle, con toda su calma, no había sido suficiente.

—¿Y qué implica eso? —preguntó Levi, sus ojos fijos en el rostro inexpresivo de Eren. —¿Cómo opera tu "protección externa"?

El cuerpo de Eren, bajo el control de Elysia, se movió con una precisión fría y calculada. A pesar de la reciente transformación, Elysia logró ponerse de pie. Levi la imitó.

—Básicamente, Estelle se ocupa de la protección de la mente de Eren y yo de lo que sucede a la gente que él quiere, a sus seres queridos.

La última frase de Elysia cayó sobre Levi como una losa de hielo. Sus "seres queridos". La razón por la que Elysia había emergido con esa precisión brutal no había sido solo para proteger a Eren, sino para protegerlo a él. Una punzada de algo parecido a la vulnerabilidad, algo que Levi rara vez sentía, lo recorrió. La idea de que una parte de Eren, una parte tan fría y desapasionada, existiera para salvaguardar a las personas importantes para Eren... la implicación era abrumadora.

—¿Y cuánto tiempo permanecerás al frente? —preguntó Levi, la preocupación se filtraba en su tono, una preocupación nueva y compleja que se mezclaba con la anterior. Si esta "solución" se volvía permanente, ¿qué quedaría del Eren que conocía, del chico que le había mostrado una risa infantil y una determinación feroz?

—Hasta que la amenaza se disipe por completo —respondió Elysia, sus ojos verdes opacos se posaron en Levi por un instante, una mirada que no era de reconocimiento, sino de evaluación. No había calidez, ni afecto, solo la fría lógica de su función—. O hasta que el Sistema principal se recupere lo suficiente para retomar el control sin riesgo de colapso. Mi función es estabilizar el perímetro.

La Legión comenzó a reagruparse, los soldados exhaustos y heridos. Petra y Erwin se acercaron, sus rostros llenos de alivio al ver a Eren, pero rápidamente notaron la extraña quietud en él.

—Eren, ¿estás bien? —preguntó Petra con cautela, sintiendo la tensión en el aire.

Elysia giró la cabeza para mirarlos, y Petra se tensó, algo en esa mirada vacía la perturbó profundamente. La familiaridad de Eren había desaparecido.

Antes de que Elysia hablara, Levi se adelantó, sus brazos cruzados.

—Sí, solo está agotado.

—¿Y tú, Levi? –Quiso saber Erwin, al percibir la tensión en los hombros del Capitán—. Casi te atrapa ese titán, no es habitual en ti.

Levi desvió la mirada de Erwin por un instante, un destello indescifrable en sus ojos grises. La verdad era que había estado a un pelo de ser aplastado, y que la intervención de Elysia había sido brutalmente eficiente. Lo había salvado. Pero admitirlo, o incluso insinuarlo, revelaría demasiado. La presencia de Elysia era un secreto demasiado delicado para ser expuesto ahora.

—Un descuido —espetó Levi, su voz áspera como de costumbre, pero con un matiz que no pasó desapercibido para Erwin, que había estado a su lado en innumerables batallas—. No volverá a ocurrir.

Erwin frunció el ceño. Sabía que un "descuido" en Levi era casi tan probable como que un Titán se pusiera a bailar. Sus ojos se movieron de Levi a Eren, o a Elysia, y una comprensión lenta comenzó a formarse. La forma en que Eren había actuado en la batalla, esa precisión inusitada, y ahora esta quietud... Era más que agotamiento.

—Entiendo —dijo Erwin, su voz tranquila, pero con una advertencia implícita—. En ese caso, asegúrate de que ambos regresen a salvo. Petra, encárgate del resto de la escuadra.

Petra asintió, aunque su mirada seguía fijada en Eren, una mezcla de confusión y preocupación en sus ojos. No podía sacudirse la sensación de que algo fundamentalmente diferente había pasado con él.

Una vez que Petra se alejó para dar las órdenes, Erwin se acercó a Levi, manteniendo una distancia prudente de Eren.

—Levi, ¿qué fue eso? —preguntó Erwin en voz baja, con una seriedad que no admitía evasivas. Sus ojos azules eran penetrantes—. El comportamiento de Eren. Esa mirada. Y tu reacción.

Levi miró a Erwin a los ojos, una batalla silenciosa librándose en su expresión. Podía intentar mentir, pero Erwin lo vería a través de él. Y Hange ya lo sabía. Era mejor ser directo con el Comandante, aunque el riesgo fuera inmenso.

—Elysia —dijo Levi, la palabra era casi un susurro, pero cargada de peso.

Los ojos de Erwin se abrieron imperceptiblemente. Un nuevo nombre. Otra identidad. La información que Hange y Levi le habían dado cobraba una nueva, y escalofriante, dimensión.

—¿Una nueva? —La voz de Erwin era apenas un murmullo—. ¿Tan pronto?

—Emerge cuando la amenaza externa es directa y personal para los que Eren considera sus seres queridos —explicó Levi, sin rodeos—. Es la protección externa. Fría. Calculada. Desprovista de emoción. Y ha salvado mi vida.

La última frase de Levi colgaba en el aire. La implicación era clara: la existencia de Elysia era vital para la supervivencia de la Legión, pero a un costo desconocido para Eren. Erwin miró a Eren, que seguía de pie, inmóvil, con la mirada vacía. La eficiencia de Elysia era innegable, un arma de doble filo.

—Ya veo —dijo Erwin, su mente ya procesando las implicaciones estratégicas, pero también el peligro inminente para la psique de Eren. —Tendremos que hablar de esto en detalle. Necesitamos saber cómo controlar esto, Levi. Y si es posible, cómo traer de vuelta a Eren.

Mientras tanto, en la mente de Eren, el silencio de Elysia era absoluto. Elis seguía acurrucado, temeroso. Ehan estaba frustrado por la inactividad, y Estelle, aunque aliviada de que Levi estuviera a salvo, sentía el frío abrazo de Elysia en su propia mente.

—Elysia… Gracias… —agradeció Eren, por poco se le paraba el corazón cuando ese titán estaba por atrapar a Levi—. Creí… creí que perdería a Levi.

La respuesta de Elysia no fue una voz, sino una presencia, una resonancia fría en la mente compartida. No había emoción, solo una afirmación inquebrantable de su función.

“La amenaza fue neutralizada. Mi objetivo ha sido cumplido.”

Eren sintió una punzada de frustración y alivio. Estaba agradecido, profundamente agradecido, por la intervención de Elysia. Había salvado a Levi. Pero también sentía una desolación abrumadora al no poder acceder a su propio cuerpo, al sentir la gélida eficiencia de este nuevo protector.

—Pero... ¿por qué tú? —preguntó Eren, su voz mental apenas un susurro. —Estelle es la protectora.

La presencia de Elysia se intensificó, una explicación sin palabras que se grabó en la mente de Eren.

“Estelle protege lo interno. Mi rango es externo. Cuando la aniquilación es inminente y la emoción compromete el éxito, la disociación es completa.”

Estelle, cuya calma era raramente perturbada, proyectó un pensamiento de resignación.

—Eren, ella tiene razón. Yo puedo protegerte de tus miedos, de tus recuerdos. Pero lo que estuvo a punto de pasarle al Capitán Levi... eso fue una amenaza tan directa y devastadora que requería una desconexión total. Una que yo no puedo mantener sin comprometer el resto del sistema.

Ehan, que había estado gruñendo en la lejanía mental, finalmente rompió su silencio, su rabia usualmente descontrolada ahora matizada por una extraña solemnidad.

—Esa cosa... no tiene sentimientos. No duda. Es un arma. Si no fuera por ella, ese viejo cascarrabias estaría hecho papilla

La aceptación en la voz de Ehan era inquietante. Elis, en contraste, seguía temblando.

—Tengo miedo de ella. Es muy fría. ¿Va a quedarse mucho tiempo?

Eren sintió la desesperación de Elis, la resignación de Estelle y la extraña aprobación de Ehan. Estaba atrapado, un mero observador en su propia mente, mientras Elysia controlaba su cuerpo, una máquina perfecta e inhumana para proteger a las personas que él amaba. La gratitud se mezclaba con un miedo creciente. ¿Y si Elysia nunca lo soltaba? ¿Y si, para mantener a salvo a sus seres queridos, su propia humanidad tenía que ser sacrificada?

—¡Sistema E!

La voz de Levi junto a un dolor en la mejilla derecha los hizo regresar a la realidad, un golpe firme que dejaba claro que era el Levi que todos en el Cuerpo conocían y no el dulce que cuidaba de Elis. Ehan tomó el control por un momento.

—¡¿A qué vino eso?! —rugió Ehan, el cuerpo de Eren tensándose, los puños apretándose. La ira, a pesar de la batalla recién terminada, era cruda y potente.

Levi no se inmutó. Su mano estaba ligeramente roja por el impacto. Sus ojos, fríos y penetrantes, se fijaron en la furiosa expresión de Eren.

—Ehan, lleváis cinco minutos ahí parados —dijo Levi, su voz carente de paciencia—. La batalla ha terminado. No es el momento para un debate existencial.

El ceño de Ehan se frunció aún más, pero la reprimenda de Levi tuvo un efecto extraño. En la mente de Eren, el bufido de Ehan resonó, una mezcla de irritación y una pizca de vergüenza. Estelle proyectó una sensación de alivio de que el silencio gélido de Elysia se hubiera roto, aunque fuera por un golpe. Elis se encogió, pero la presencia de Ehan era más familiar, menos aterradora que la de la nueva protectora. Y Eren retomó el control de su cuerpo mientras Estelle trataba de calmar a Ehan.

—Capitán… —intentó decir Eren, caminando detrás de Levi, su voz temblorosa, cargada de una mezcla de vergüenza y pánico—. No… No sabía que Elysia estaba ahí. Bueno sí, pero nunca… nunca se había presentado así.

Levi no se detuvo, pero su paso se ralentizó ligeramente, lo justo para que Eren pudiera seguirlo sin esfuerzo. Su mirada se mantuvo fija en el horizonte, escaneando el perímetro, pero su atención estaba completamente en las palabras de Eren. La reaparición del Eren "original" era un alivio, aunque estuviera visiblemente afectado.

—Ya veo —dijo Levi, su voz más suave de lo habitual, aunque sin perder su acostumbrada aspereza—. Así que, ¿esta "Elysia" es nueva para vosotros también? ¿O solo su nivel de… desconexión?

Eren tragó saliva, sus ojos bajos. La vergüenza de que Levi hubiera presenciado tal descontrol, y la aparición de una parte tan fría de sí mismo, lo abrumaba.

—Ella… ella siempre ha estado ahí, en el fondo —respondió Eren, la voz de Estelle resonando en su mente, ayudándole a articular las palabras. “Explícale la verdad, Eren. No hay tiempo para las dudas”—. Pero era como una sombra. Una última barrera. Nunca había tomado el control así. Tan… tan entera. Es por usted, Capitán. Cuando ese Titán… ella… ella apareció para protegerlo.

Levi detuvo su paso abruptamente, girándose para encarar a Eren. Sus ojos grises se clavaron en los de Eren, una intensidad que hizo que el joven se encogiera. La confirmación, explícita y directa, de que Elysia había emergido para protegerlo a él, golpeó a Levi con una fuerza inesperada.

—Protección… ¿para mí? —preguntó Levi, su voz apenas un murmullo, el atisbo de vulnerabilidad que había sentido antes regresando. Si bien había oído de la voz monótona la misión de Elysia, escuchar que se había manifestado por primera vez por él…

Eren asintió con fervor, sintiendo la punzada de la desesperación de Elis en su interior. Un rubor subiendo por sus mejillas. Decir en voz alta lo que Levi significaba para él, incluso en medio de la conmoción, era demasiado. En su mente, Ehan soltó un resoplido exasperado, mientras Estelle intentaba calmar el caos emocional de Eren.

Levi observó la confusión y el rubor en el rostro de Eren. La información era densa, pero la sinceridad del muchacho era innegable. La idea de que una parte tan formidable y desapasionada de Eren existiera específicamente para salvaguardar a las personas que Eren valoraba… y que él fuera una de esas personas. Era una revelación que lo dejaba descolocado.

—Ya veo —repitió Levi, su voz volviendo a su tono habitual, aunque con una pizca de algo nuevo. No era molestia, sino una especie de contemplación profunda. Se giró para reanudar la marcha—. Tenemos mucho de qué hablar cuando regresemos a la base, mocoso. Y tú, y todos tus… "hermanos", me lo explicaréis todo. Cada detalle.

Eren asintió, aunque el miedo por lo que vendría se mezclaba con un extraño alivio. Al menos, Levi no parecía rechazar la idea de Elysia, ni la implicación de su propia importancia en el sistema de Eren. La marcha de regreso al muro se sintió más larga de lo normal, cada paso cargado con el peso de la batalla y las revelaciones que acababan de sacudir la frágil normalidad de sus vidas.

El regreso al cuartel fue silencioso, tenso. Eren marchaba con una mezcla de agotamiento y un temor creciente. Estaba seguro de que su destino sería de nuevo el frío y húmedo calabozo.

Las miradas de los otros soldados, cargadas de confusión y el eco de los rumores sobre su "locura", eran casi tan pesadas como el cansancio físico. Pero al llegar a la entrada principal, justo cuando sus pies se dirigían automáticamente hacia las escaleras que bajaban a las celdas, Levi lo agarró bruscamente por la chaqueta.

—¿A dónde crees que vas, mocoso? —la voz de Levi era un gruñido bajo, pero había una determinación inconfundible en ella.

Eren se detuvo en seco, el cuerpo de repente inmóvil y sus ojos en el agarre de Levi en su chaqueta. Levi escaneó la expresión de Eren, buscando algo, cualquier indicio de qué identidad estaba al frente. La mezcla de la furia de Ehan, la alegría de Elis y la preocupación de Estelle, todo proyectado en el rostro de Eren, era algo que solo Levi, con su creciente comprensión del Sistema E, podía empezar a descifrar. La falta de respuesta de Elysia era una señal de que la protectora externa no tenía intención de intervenir en este momento.

—A… Al sótano… —murmuró, su voz temblorosa.

Con un tirón firme, Levi cambió la dirección de Eren, alejándolo de los calabozos y dirigiéndolo hacia las escaleras que llevaban a los cuartos de los soldados. Eren parpadeó, sorprendido. ¿No iba a ser encerrado? El alivio se mezcló con la confusión en su interior.

—No volverás a ese agujero lleno de moho —dijo Levi, su voz un murmullo que solo Eren pudo escuchar—. No ahora que sé lo que significa para ti. Y para ellos, en especial Elis.

En su mente, el caos habitual se desató. Ehan gruñó, indignado por ser arrastrado como un perro.

—¡Suéltame, enano! ¡Me vas a romper la espalda! —La rabia del hombre resonaba con fuerza.

Por otro lado, la voz infantil de Elis irrumpió con alegría.

—¡No vamos al lugar feo! ¡No vamos al lugar frío!

Su alivio era palpable mientras, la voz calmada de Estelle intentaba comunicarse con la nueva presencia.

—Elysia, ¿estás ahí? ¿Puedes escucharnos? ¿Qué vas a hacer ahora?

Pero la respuesta de Elysia fue un silencio absoluto, una ausencia fría e inquebrantable que dejaba a Estelle sin nada a lo que aferrarse.

—¿Qué?

Los pasos de Levi eran firmes mientras subían las escaleras. El resto de la Legión, los soldados heridos y exhaustos, los observaban con una mezcla de curiosidad y respeto. Erwin y Hange ya no estaban a la vista, seguramente en alguna reunión secreta sobre los eventos del día.

—Que no pienso dejar que durmáis en esa cosa llena de suciedad y moho más tiempo, Eren —sentenció sin dejar de caminar—. A partir de hoy dormiréis en mi habitación, sin ataduras metálicas en las muñecas.

Eren se permitió relajar un poco los hombros, el peso de la incertidumbre aligerándose. Levi no lo había abandonado. No lo había encerrado. Quizás, solo quizás, las cosas no serían tan malas como había temido. Pero la fría presencia de Elysia, aunque silenciosa, seguía siendo un recordatorio de la nueva y peligrosa faceta de su propia mente.

Aun así, que Levi le dijera que dormiría en su habitación, espacio que no había visto nunca, lo dejó mudo. Era un giro tan inesperado que el cerebro de Eren tardó en procesarlo. ¿En la habitación de Levi? ¿El Capitán Levi, conocido por su obsesión por la limpieza y su estricto control sobre su espacio personal, lo estaba invitando a su habitación?

En la mente compartida, la furia de Ehan se apagó abruptamente, reemplazada por un silencio atónito. “¿Su habitación? ¿Nos va a dejar entrar en su santuario de la limpieza?” Su asombro era casi cómico. Elis, por su parte, soltó una pequeña risita. “¡Es como si Levi nos quisiera!” Su inocencia era un bálsamo. Y Estelle, siempre la más sensata, proyectó una mezcla de sorpresa y una cautelosa esperanza. “Eren, esto… esto es un paso importante. Confía en él”.

Eren solo pudo asentir, sintiendo que su corazón latía con una mezcla de ansiedad y una calidez abrumadora. La mano de Levi seguía firmemente en su chaqueta, una conexión que, en ese momento, se sentía como un ancla en medio de la tormenta. Dormir en la habitación de Levi. Era una muestra de confianza que superaba cualquier cosa que Eren hubiera experimentado desde la caída de Shiganshina. La perspectiva, aunque intimidante, era infinitamente mejor que el frío del calabozo.

Tal y como lo esperaban, la habitación de Levi, impoluta, emanaba un olor a lavanda. Eren sintió un pequeño tirón en su pecho junto a una súplica silenciosa de Elis.

—No te dejes, Eren —masculló Ehan en su mente, su voz sonando extrañamente apagada por el asombro del lugar—. El enano solo quiere aprovecharse de la dulzura de Levi. Ya te veo lamiendo el suelo de la gratitud.

—¡Eso no es verdad, Ehan!—replicó Elis con un puchero mental—. ¡Solo estás celoso de que a mí me trate con amor y a ti solo te golpee!

La discusión interna de los alters resonó en la mente de Eren junto a la risa suave de Estelle, pero el propio Eren estaba demasiado asombrado para prestarles toda su atención. Sus ojos recorrían la habitación, procesando la realidad de estar allí. Era un santuario, un lugar de orden y control que contrastaba con el caos de su propia mente y la brutalidad del mundo exterior.

Levi soltó la chaqueta de Eren y lo empujó suavemente hacia la cama.

—No te quedes ahí parado como un idiota. Vas a gotear sangre por todas partes si no te quitas el equipo.

Eren reaccionó, aunque torpemente. Empezó a despojarse de sus correas y equipos de maniobras, sus manos aún temblorosas. El peso de todo lo que había pasado, la batalla, la aparición de Elysia, la revelación sobre los "seres queridos", y ahora esto, era abrumador. Se sentía expuesto, vulnerable en ese espacio tan personal de Levi.

Levi se movió por la habitación con su habitual eficiencia, recogiendo el equipo de Eren con una mirada de disgusto por la suciedad, pero sin un solo comentario. Abrió un armario y sacó un par de prendas limpias: una camiseta blanca y unos pantalones sencillos.

—Ponte esto —ordenó, arrojándole la ropa a Eren—. Después, siéntate en la cama. Necesitamos hablar.

Eren asintió, sintiendo el tacto de la tela limpia en sus manos. Era la primera vez en mucho tiempo que no se ponía ropa de prisión. La idea de una conversación, de tener que explicar más de lo que ya había revelado, lo llenó de aprensión, pero también de una extraña necesidad de comprensión. En el silencio de la habitación, solo roto por el crujido de su ropa al quitarse el uniforme, los alters se preparaban para la inminente "reunión".

—Capitán, siento que soy una carga —soltó Eren, mientras se abrochaba los pantalones, su voz baja y cargada de una vulnerabilidad inesperada—. Que no debería tener este trato especial.

Levi se detuvo, el uniforme de Eren en sus brazos. Se giró lentamente para mirarlo, sus ojos grises clavados en el rostro del joven. El ceño de Levi se frunció, no con molestia, sino con una intensidad que hizo que Eren se encogiera ligeramente.

—¿Carga? —La voz de Levi era una mezcla de incredulidad y una reprimenda silenciosa—. Eres el activo más valioso de la humanidad, mocoso. Y no recibes un "trato especial" por ser una carga, sino porque lo mereces. Convives a diario con otras tres identidades, cuatro si contamos a Elysia, y eso no es fácil. El trauma de la muerte de tu madre y el de la traición de tu padre al darte al Titán de Ataque provocaron que necesitaras buscar una forma de soportarlo, Eren.

Levi dejó la ropa en su silla y avanzó hasta Eren, sus manos agarrando las de Eren. Estelle le dijo “Levi parece saber de lo que habla” y Ehan gruñó un “Espero que sí”. No escuchó la voz aniñada de Elis por lo que entendió que se había dormido, después de todo seguía siendo un niño y Estelle le había establecido una hora de “irse a la cama” nada más apareció cuando estaban en los entrenamientos como cadetes en los equipos de maniobras.

Levi no soltó las manos de Eren. Sus pulgares acariciaron suavemente los nudillos, un gesto sutil, casi inconsciente, que era extrañamente reconfortante. Sus ojos, profundos y serios, no se apartaron de los de Eren.

—Lo que pasó son heridas que nadie debería llevar solo —dijo Levi, su voz más baja ahora, casi un susurro—. Y la forma en que tu mente reaccionó, creando el Sistema E, es una prueba de tu increíble fortaleza, no de tu debilidad. Eres un superviviente, Eren. Y necesitas a tus protectores, a tus hermanos, a todos ellos.

Eren sintió un nudo en la garganta. Nadie le había hablado así de su TID. Había sido visto como una "locura", una "peculiaridad". Escuchar a Levi, el Capitán Levi, validar su experiencia, reconocer la fortaleza detrás de su fragmentación, era abrumador. Las palabras de Levi eran como un bálsamo para las heridas más profundas de su alma.

—Pero… Elysia… —murmuró Eren, su voz temblaba. El alivio por la validación se mezclaba con el terror al recordar la frialdad de su nuevo alter—. Ella es… diferente. Tan fría. ¿Y si… si se queda para siempre? ¿Y si me pierdo?

—No pienso dejar que te pierdas, Eren. —Levi le dio un apretón en la mano, mostrando la firmeza en su voz—. No pienso dejar que ninguno de vosotros os perdáis. Elis es tu yo niño y al que pienso consentir, Estelle me ayuda a mantenerte calmado y… y Ehan me da pelea y eso me gusta.

Eren escuchó a Ehan soltar una exclamación de sorpresa. No se esperaba escuchar que Levi dijera aquello. Eran los más cercanos en edad por lo que sus peleas eran constantes.

—Y tú, Eren, el se deja ver al resto, no debes dejar de ser quien Eres. Me da igual que te pongas a hablar solo o a gritar como un desquiciado. Quiero que seas tu mismo cuando estamos solos. —Levi soltó una de sus manos y con la otra, le revolvió el pelo a Eren, un gesto poco común que lo tomó por sorpresa—. Necesitamos que seas fuerte. Y para eso, todos vosotros debéis estar bien. Incluida Elysia. Ella también tiene un propósito. Y encontraremos la manera de que conviva con el resto sin que te consuma. Lo haremos juntos.

El toque en su cabello, la cercanía, las palabras firmes y honestas de Levi… Eren sintió una oleada de emoción tan intensa que apenas pudo contener las lágrimas. Nadie le había dicho que estaba bien ser quien era, que no tenía que ocultar a sus otras identidades.

Que Levi quisiera conocerlos, que aceptara sus peculiaridades, incluso que disfrutara de las peleas con Ehan, era algo que Eren nunca se atrevió a soñar. La oscuridad que a menudo lo asaltaba, el miedo a ser un monstruo, comenzó a disiparse ante la luz inquebrantable de la aceptación de Levi.

En su mente, Elis soltó un feliz “¡El Capitán Levi nos quiere!” mientras Estelle irradiaba una sensación de alivio y esperanza. Ehan, sorprendentemente, se mantuvo en silencio, procesando la confesión de Levi pero salió de su silencio al escuchar el grito de Elis.

—¡¿Pero tú no estabas dormido, enano?!

—¡Estaba fingiendo! —replicó Elis con un estallido de risa infantil.

—¡Elis, ¿qué dije de fingir dormir?! —la voz de Estelle, aunque mental, sonó con un tono de regaño.

—Lo siento Estelle —murmuró Elis, su voz mental apagándose con una última risita.

Eren sintió la vergüenza de Elis, y no pudo evitar que una pequeña sonrisa se dibujara en sus propios labios. La interacción de sus alters, tan viva y peculiar, ahora se sentía menos como una carga y más como una parte intrínseca de quién era.

—¿Y esa sonrisita?

—Estelle regañando a Elis por estar despierto cuando no debería y él queriendo tomar el control. —Eren rió un poco, una risa genuina que no había liberado en mucho tiempo.

Levi soltó un resoplido, casi una risa propia, mientras se alejaba un poco para sentarse en la silla donde había dejado el uniforme. Observó a Eren con una mirada que era una mezcla de su habitual intensidad y una nueva, y sorprendente, indulgencia.

—Parece que tenéis vuestro propio circo ahí dentro —comentó Levi, cruzando los brazos sobre el pecho pero con una sonrisa—. Bien. Dejadle tomar el control.

—No creo que sea buena idea… —dijo Eren, recordando la pequeña discusión de Ehan con Elis que se había retomado con Estelle calmándolos. El pensamiento de que Ehan se manifestara físicamente en ese momento, después de todo lo que había pasado, lo llenaba de aprensión. La última vez que Ehan había estado al frente en presencia de Levi, casi había provocado una pelea.

—¿Discute Elis con Ehan, no? —Levi suspiró, su sonrisa se desvaneció un poco, aunque la suavidad en sus ojos permaneció—. Sé cómo funciona. Déjame hablar con Ehan.

Eren asintió, su corazón latiéndole fuerte. Cerró los ojos, concentrándose. La imagen del espacio mental se hizo clara. Estelle estaba frente a Ehan, con Elis agarrado a sus piernas, pero sacándole la lengua al adulto de 28 años. La escena era caótica, y la voz de Estelle se elevaba, tratando de restaurar el orden.

—¡Chicos, basta! —Eren proyectó con todas sus fuerzas, un intento desesperado por calmar el pandemonio interno antes de que Ehan tomara el control.

El cuerpo de Eren se tensó por un momento. La transición. Un parpadeo, y la expresión en el rostro de Eren cambió drásticamente. El temor y la vulnerabilidad se esfumaron, reemplazados por una mezcla de irritación y una furia apenas contenida. Los ojos verdes brillaron con una intensidad diferente, una más cruda. Los puños se apretaron ligeramente.

Levi lo observó, sin pestañear. Podía ver la lucha interna reflejada en los microexpresiones de Eren. Finalmente, la mandíbula de Eren se endureció, y sus ojos se clavaron en Levi.

—¿Qué quieres, enano? —La voz que salió de la boca de Eren no era la suya, sino la de Ehan, áspera y desafiante, aunque con un atisbo de curiosidad por la situación inusual.

—Te recuerdo que sigo siendo tu superior, Ehan —sentenció Levi, su tono firme y autoritario, pero con una subyacente calma que a Ehan siempre le costaba descifrar. La mirada de Levi era inquebrantable, devolviéndole la de desafío a Ehan—. Y por favor, deja que Elis tome el control, eres un adulto ya.

La mandíbula de Ehan se apretó, una vena se marcó en su cuello. La provocación era obvia, y la parte de "adulto ya" le picaba. Sentía la furia burbujeando, la necesidad de responder con un improperio, pero la firmeza de Levi era un muro infranqueable. En el fondo de la mente de Eren, pudo escuchar el resoplido de Estelle, una sutil aprobación, y la alegría contenida de Elis, que ahora se sentía validado.

—No voy a dejar que el mocoso venga a lloriquear —espetó Ehan, aunque su voz carecía de la fuerza habitual, como si la presencia de Levi le impidiera desatar toda su furia.

—Es un niño, Ehan, no un soldado —replicó Levi, su voz se mantuvo uniforme—. Y como la persona que es, hay que tratarlo. Y eso significa no ponerle en situaciones donde se sienta como basura. Y a ti te pido que te comportes. No vamos a tener que recurrir a medidas más drásticas. ¿Entendido?

Levi alzó una ceja, dejándole claro que no iba a ceder. Ehan gruñó, pero no ofreció más resistencia. En la mente de Eren, Ehan sentía la lógica de Levi, aunque no le gustara admitirlo. La amenaza implícita de "medidas más drásticas" de Levi era algo que, incluso para Ehan, era mejor evitar. El cuerpo de Eren se relajó mínimamente, la furia de Ehan se retiraba, dejando paso a una ligera irritación.

—Ahora, llama a Elis. —La mirada de Levi volvió a la calma, la autoridad se mantenía, pero la tensión se disipaba—. Quiero consentirlo un poco.

En el espacio mental de Eren, Elis chilló emocionado mientras Eren y Estelle se miraban. Ellos dos eran conscientes de que Levi no solo consentiría al menor de ellos, sino a los cuatro. Y quién sabe, quizá algún dia a Elysia y lograba derribar esas barreras.

El cuerpo de Eren volvió a temblar un poco, los ojos se cerraron y luego se abrieron, la mirada verde volviendo a ser la brillante e infantil de Elis. Antes de que pudiera reaccionar, Elis se lanzó contra Levi con la fuerza de un niño pequeño desbordado por la alegría. Sus brazos se enredaron alrededor del torso del Capitán, aferrándose con una inocencia desarmante. Levi, que normalmente detestaba el contacto físico inesperado, especialmente de alguien tan… sucio, no reaccionó con su habitual brusquedad. El impacto del abrazo lo hizo retroceder un paso, pero sus manos, casi instintivamente, se alzaron para estabilizar a la pequeña figura.

—¡Levi! —La voz de Elis, aguda y llena de felicidad, resonó en la habitación inmaculada. —¡Sabía que no nos ibas a encerrar! ¡Eres el mejor! ¡Te quiero mucho!

El rostro de Levi, siempre impasible, mostró un atisbo de algo indescifrable. No era incomodidad, no del todo. Era… sorpresa. Y una pizca de algo parecido a la calidez. La pura y desinhibida alegría de Elis, expresada con la confianza de un niño que ha encontrado un lugar seguro, era algo que Levi raramente experimentaba.

En la mente de Eren, Elis irradiaba una felicidad tan intensa que el propio Eren sintió una oleada de ternura. Estelle soltó una pequeña risa mental, una mezcla de alivio y diversión por la escena que se desarrollaba. Ehan, por su parte, gruñó con indignación.

“¡Suéltale, mocoso! ¡No te pegues tanto al enano! ¡Qué vergüenza!”

Pero incluso su protesta carecía de la habitual ferocidad, teñida por una resignación tácita.

Levi dejó que Elis lo abrazara por un momento. Sintió la pequeña cabeza de Eren, o más bien de Elis, contra su pecho. La vulnerabilidad de ese niño, la pureza de su afecto, era un ancla en el caos que rodeaba sus vidas. Lentamente, Levi levantó una mano y, con una suavidad que habría sorprendido a cualquier otro miembro de la Legión, le dio unas palmaditas en la espalda a Elis.

—Ya, ya, mocoso —dijo Levi, su voz más baja y menos áspera de lo habitual. No había disgusto, solo una especie de... aceptación. —Me alegro de que estés contento. Pero suelta ya, que no puedo moverme con un koalita pegado a mí.

Elis se separó de mala gana, sus ojos verdes aún brillando con entusiasmo. Miró a Levi con una admiración tan abierta que era casi dolorosa.

—¿Vas a leernos un cuento? —preguntó Elis, su voz llena de esperanza, aferrándose al borde de la camiseta de Levi.

—No, voy a dejar que duermas a mi lado.

La declaración de Levi resonó en el aire inmaculado de la habitación, más impactante que cualquier grito de batalla. Eren sintió cómo su mente se convertía en un remolino. Ehan soltó un alarido mental, una mezcla de incredulidad y furia.

“¡¿Qué?! ¡¿Dormir con el enano?! ¡Nos va a contagiar su manía por la limpieza!” Pero su indignación se ahogó en el asombro.

Elis, por su parte, se iluminó aún más.

—¡Dormir con Levi! ¡Es como un cuento de hadas!

La pura alegría del niño era palpable. Estelle proyectó una oleada de sorpresa, seguida de una cautela que apenas contenía una chispa de esperanza. “Elis, esto es... significativo. No lo arruines”.

Levi observó la reacción, impasible. Se sentó en el borde de la cama, palmeando el espacio a su lado.

—Vamos, Elis. No tengo toda la noche. Necesitas descansar. Y no voy a estar tranquilo sabiendo que estás en un calabozo. Aquí, al menos, sé que estarás seguro. Y limpio. —Sus palabras finales fueron un murmullo con un toque de ironía, pero la intención detrás de ellas era clara.

Eren, aún bajo el control de Elis, se lanzó hacia la cama. La idea de compartir el espacio con Levi, de esa cercanía inesperada, para el Huésped era abrumadora. Aunque la alegría de Elis estaba presente en el exterior, la mente del Sistema E seguía en shock por la propuesta.

Levi suspiró, extendiendo una mano para jalar suavemente la muñeca de Elis, indicándole que se acurrucara.

—Ven aquí —dijo Levi, su voz sorprendentemente suave. —No seas así. Estoy haciendo esto por vuestra seguridad. Y por la mía, francamente. Así sé dónde estáis y qué estáis haciendo. No quiero que se desate otra de esas… "emergencias" sin que yo sepa nada.

La explicación, pragmática y lógica, resonó con Estelle y, sorprendentemente, acalló la furia de Ehan, que pareció encontrarle sentido a la "estrategia" de Levi. Elis, por otro lado, se acurrucó contra el costado de Levi con un suspiro feliz, su pequeña mano apretando un poco la camiseta de Levi. El calor del cuerpo del Capitán era un bálsamo reconfortante después del frío de la batalla.

Eren, que observaba desde el interior, sintió una oleada de alivio. No solo por la seguridad, sino por la inesperada muestra de cuidado de Levi. Esta noche, no estaría solo. Era una nueva forma de protección, una que Eren nunca había sabido que necesitaba hasta ahora.