Invitada inesperada
Nunca pensé que un semáforo en rojo y un camión sin frenos terminarían metiendo a mi suegra en el cuarto de invitados de mi casa.
Me llamo Julián, tengo 26 años y, hasta hace un mes, mi vida era un equilibrio bastante decente entre el gimnasio, mi laburo en la agencia y las cenas tranquilas con mi novia, Sofía. Pero el accidente de su mamá, Elena, cambió el tablero. Ella no podía quedarse sola en su casa mientras se recuperaba de la fractura de cadera y el hombro, así que Sofía, con esa mirada de "no me podés decir que no", me convenció de que se mudara con nosotros "un par de semanas".
El problema es que Elena no es la típica suegra de chiste que hace punto y se queja del clima. Tiene 46 años, pero parece de diez menos. Es depiladora íntima, una mujer que vive de la estética, que sabe exactamente cómo tratar el cuerpo de los demás y que, francamente, tiene una seguridad que me pone nervioso. Se pasea por la casa con una bata de seda que no deja mucho a la imaginación y ese olor a cera de miel y cremas importadas que ahora impregna hasta las cortinas del living.
—Juli, ¿me alcanzás el cargador que quedó en la mesa? —me gritó desde el sillón.
Fui hasta allá. Ella estaba con la pierna estirada, la bata entreabierta por el calor del verano porteño. Me quedé mirando un segundo de más, el tiempo justo para que ella levantara la vista y me regalara una sonrisa de esas que no sabés si son amables o si te están tomando el pelo.
—Gracias, nene. Sos un sol —me dijo, rozando mi mano al agarrar el cable.
Esa noche no pude dormir. Sofía roncaba a mi lado, agotada por cuidar a su madre, pero yo tenía la cabeza a mil. El ambiente en la casa estaba cargado. Había algo en la forma en que Elena me miraba, o quizás era solo mi imaginación jugándome una mala pasada por el encierro.
Entonces, de puro aburrido y con una mezcla de adrenalina y travesura, agarré el celular. Me bajé una app de citas, pero no usé mi nombre. Me creé un perfil falso. "Marcos", 40 años, empresario, perfil bajo. Busqué por zona y, como un imán, ahí estaba ella.
Elena. 46 años. Esteticista. Busco alguien que sepa lo que quiere.
El corazón me saltó en el pecho. Estaba en la habitación de al lado. Podía escuchar el sonido de la tele a través de la pared. Mis dedos temblaron sobre la pantalla. Sabía que estaba cruzando una línea, pero la tentación de ver qué decía la mujer que me servía el café a la mañana cuando creía que hablaba con un desconocido, era superior a mi fuerza de voluntad.
"Hola, Elena. Me llamó la atención tu perfil. Parecés una mujer que disfruta de los detalles...", escribí.
Cerré los ojos, sintiendo el peso de la traición y el calor de la curiosidad. Tres minutos después, el celular vibró.
Elena: "Hola, Marcos. Los detalles son lo único que importa en esta vida. ¿Qué tipo de detalles te gustan a vos?"
El juego había empezado. Y yo no tenía idea de que estaba a punto de meterme en un laberinto del que no iba a querer salir.
Nota del autor:
¡Gracias por leer este primer capítulo! Si te gustó la tensión que se está armando entre Julián y Elena, no te olvides de seguirme y añadir esta historia a tu biblioteca.
Los capítulos son largos porque me gusta profundizar en lo que sienten los personajes, y se vienen momentos donde la cuenta falsa va a poner a Julián en situaciones muy complicadas dentro de su propia casa. ¡Dejame un comentario diciendo qué te pareció y subo el Episodio 2 mañana mismo!