Cena romántica (DKBK)

Summary

Izuku ama demasiado a Katsuki por ende desea darle el mejor regalo posible para su aniversario Tal vez más personas disfruten de la cena

Genre
Romance
Author
Zenzen
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo unico


Era un día hermoso, el tipo de día que adormece los sentidos y hace creer que nada malo puede pasar. En un café bañado por la luz del sol, una castaña de mejillas sonrosadas charlaba animadamente con un peliverde lleno de pecas. Ella lo veía como la personificación de la dulzura.


-Esto es tan lindo, Izuku -confesó Ochako con una sonrisa ingenua, antes de tomar un sorbo de su malteada de fresa.


-Me alegro mucho de que te guste, Ochako -respondió él.

Mantuvo la sonrisa, pero por un segundo, sus ojos se volvieron vidriosos, fijos en su cuello con una intensidad que a ella le pareció "extraña". Una punzada de duda la atravesó, pero él era tan guapo, tan diferente a todos los idiotas que había conocido antes, que decidió ignorar su instinto. Estaba ciega por la desesperación de encontrar a alguien, y esa página de citas le había entregado el "premio" perfecto.


-¿No vas a comer nada? -preguntó ella, notando que él no había ordenado nada más que un agua helada.


-Hoy tengo una cena muy especial -respondió Izuku, y su voz sonó casi mecánicamente baja-, y no quiero arruinar mi apetito. Pero tú, pide todo lo que desees. Consideralo un regalo anticipado.


Ochako estaba radiante. Creía haber ganado la lotería. Había pasado por tantos pervertidos y patanes que encontrar a alguien tan atento, amable y educado parecía un milagro. Justo cuando estaba por sumergirse de nuevo en su fantasía romántica, Izuku inclinó la cabeza, su tono volviéndose sospechosamente casual.


-Dime... ¿tus padres saben que saliste hoy? -preguntó él, clavando sus ojos verdes en los de ella-. Me encantaría llevarte a un lugar realmente especial, pero no quisiera que tus padres se preocuparan. Sé que pueden ser sobreprotectores cuando su hija conoce a alguien a través de una aplicación.


Ochako soltó una risita nerviosa, bajando la guardia por completo.

-Oh, no te preocupes por eso. No vivo con mis padres. Vivo sola en un pequeño apartamento en la ciudad.

La sonrisa de Izuku se amplió unos milímetros, volviéndose depredadora.


-¿Ah, sí? Eso lo hace mucho más fácil. Entonces... ¿te gustaría acompañarme a un pueblo hermoso? No está muy lejos de aquí. Prometo que vale la pena.

Ella dudó de nuevo. El estómago se le apretó. *Algo no estaba bien*.


-Iremos en mi auto -añadió él rápidamente, su voz bajando a un susurro seductor-. Y te llevaré de vuelta directamente a la puerta de tu casa. Te lo prometo.


Esas simples palabras, la falsa promesa de seguridad en un auto nuevo con aire acondicionado, fueron el anzuelo que ella mordió con gusto. La necesidad de compañía era más fuerte que su instinto de supervivencia.


....

El viaje duró unas dos horas. El auto olía a cuero nuevo y desinfectante, un olor metálico que a ella no le importó. Se sentía como una reina. Izuku fue el conductor perfecto, atento y silencioso. El tiempo voló.


-Llegamos -anunció él, deteniendo el auto.


Como un perfecto caballero, se bajó para abrirle la puerta. Ochako salió y contempló el lugar. El pueblo era, sin duda, hermoso. Había una tranquilidad impresionante, casi antinatural. Los jardines de las casas estaban inmaculados, y la gente que pasaba caminaba con una calma extraña. Todos parecían conocerse entre ellos. No había gritos, ni tráfico, ni rastro de discordia. Era el tipo de paraíso rural con el que cualquiera soñaría.


Izuku se posicionó detrás de ella, rompiendo la distancia personal. Ochako sintió el calor de su cuerpo y se ruborizó, interpretándolo como el inicio de algo romántico. Él la tomó suavemente por los hombros.


-Este es mi pueblo natal -susurró él, y su aliento helado en su oído la hizo estremecer-. Mi casa no está nada lejos. Y... lo siento mucho, de verdad, pero esto es por un bien mayor.


El tono de su voz había cambiado por completo; ya no era dulce, era gélida e indiferente. El pánico, ese que había ignorado en el café, estalló en su pecho como una bomba. Se dio la vuelta violentamente para encararlo, pero su mirada ya estaba nublándose. Logró vislumbrar la silueta de una jeringa en la mano de Izuku, la aguja brillando bajo el sol.


-¿Izuku...? -su voz fue un susurro de terror.


Sus piernas perdieron fuerza de inmediato y cayó de rodillas sobre el pavimento perfecto. Su respiración se agita mientras la oscuridad comenzaba a devorar los bordes de su visión. Cree que está perdida, pero entonces escucha la voz de una mujer, una voz de anciana que vivía cerca.

*¡Ayuda!* intentó gritar Ochako, pero el mundo se balanceaba y sus labios no obedecían.


-Izuku... -llamó la anciana, acercándose con una sonrisa que no llegó a sus ojos marchitos.

Ochako reunió hasta el último gramo de su fuerza moribunda para pedir auxilio a la mujer, convencida de que su "dulce pareja" estaba cometiendo un error terrible. Pero las palabras de la anciana la dejaron helada, paralizando su corazón antes de que el químico en su sangre lo hiciera.


-Veo que tendrás un festín para esta noche -propuso la anciana, evaluando a Ochako con una mirada que era puro cálculo-. Hagamos un trato, joven. Dame sus dedos de las manos y de los pies, y te prepararé un curri delicioso con ello. Sabes que me encanta cocinar la carne tierna.


Izuku no dijo nada, solo sonrió de esa manera extraña que Ochako había notado en el café, pero esta vez, la mirada de sus ojos verdes era de una satisfacción monstruosa.


En ese momento, la realidad de la trampa en la que había caído, la realidad de lo que significa confiar en un extraño en la red, la golpeó con la fuerza de un mazo. El mundo se volvió completamente negro. Lo último que vio, fue al peliverde y a la dulce anciana mirándola con una sonrisa idéntica, la sonrisa hambrienta de los monstruos que se esconden a plena luz del día.


(...)


No sabe cuanto tiempo paso pero despertó en una mesa atada de manos y pies, forsejeo pero no hubo resultado, estaba bien sugeta, mira a su alrededor y parece ser algún tipo de cocina


— hola ochako-chan — saluda izuku entrando un guantes y un delantal ,ella empieza a sollozar y suplicar que la libere pero el no le hace caso ,una pisca de esperanza nace en su corazón cuando escucha una puerta  sonar y la voz femenina después


una risa estridente rompió la tensión. Mina entró saltando, seguida de Kirishima, que ya traía un delantal de lona pesado y manchado de óxido viejo sobre los hombros.


—¡Qué buena pinta tiene ! —exclamó Mina, acercándose a la chica y pellizcándole la mejilla, como si evaluara la frescura de un trozo de carne en el mercado—. Tiene la piel súper suave, Izuku. Esto va a quedar de lujo con un buen marinado.


Esa palabras destruyeron las pocas esperanzas de ochako y nuevamente comenzó su llanto que fue rápidamente silenciado por mina ,al colocarle una cinta


—Acuérdate de quitarle bien los tendones y los cartílagos —añadió Kirishima con una indiferencia brutal, sacando una olla de metal macizo que resonó al chocar contra la estufa—. La última vez fue un asco masticar al tipo aquel del chat de videojuegos. Tenía los huesos tan duros que casi me rompo un diente. Fue un trabajo duro, pero valió la pena — dice acompañado de una sonrisa


Los tres empezaron a moverse por la cocina improvisada con una coordinación aterradora y mecánica. Mientras ponían el agua a hervir y preparaban los ganchos y las especias, hablaban de sus "obras" como quien comenta un partido de fútbol.


—Yo me encargué de un chico la semana pasada —decía Mina entre risas, mientras pasaba el cuchillo a milímetros del cuello de la joven, disfrutando de su terror—. Fue tan patéticamente fácil atraerlo. Le dije que quería una cita romántica en el parque abandonado y el tonto vino corriendo. Me divertí mucho viendo cómo intentaba escapar de mi.! Fue precioso y delicioso además


—Lo mío fue más de fuerza bruta —comentó Kirishima, encogiéndose de hombros mientras afilaba su propio gancho—. El tipo se creía muy rudo en sus perfiles de entrenamiento de 'crossfit', pero cuando le rompí las rodillas con el martillo, gritó como un cerdo en el matadero. No tenía nada de "masculino" al final. Se rompió igual que todos ,saben aún me sorprende como todos ignoran los avisos


— si exacto,osea estan en cada esquina los letreros "no entren al pueblo caníbal " pero como no tiene un vídeo abajo nadie le presta atención — dice y ambos se rien


Izuku los escuchaba mientras se acercaba a la chica para susurrarle al oído con una voz que derretía de ternura obsesiva:


—¿Ves? Esto es lo que pasa cuando confías en extraños en internet, linda. Pero no llores, por favor, no estropees el momento. Gracias a ti, mi Kacchan tendrá una cena increíble esta noche. Eres tan afortunada de servir para algo tan noble y puro como nuestro amor.


Dejó un beso suave, casi religioso, en la frente sudorosa y fría de la joven, antes de levantar el cuchillo de carnicero, con la mirada perdida en la imagen de Katsuki sonriendo al primer bocado.

.


La noche cayó pesada sobre el pueblo, cargada de una humedad asfixiante. Katsuki bramaba en silencio, con la rabia burbujeando bajo su piel. ¿Cómo se atrevía ese estúpido a desaparecer casi todo el día? Precisamente hoy, en su aniversario. La furia lo guiaba mientras cruzaba el umbral, dispuesto a destrozar lo que encontrara a su paso.


Llegó a la puerta y la golpeó con una violencia ruda, buscando derribarla, descargando en la madera el desprecio que sentía por la ausencia de su novio. Pero la puerta se abrió de golpe y, antes de que el primer grito pudiera escapar de su garganta, fue silenciado. Izuku lo atrapó en un beso voraz, una emboscada de labios y deseo que, para su desgracia, siempre lograba doblegarlo. Katsuki gruñó contra su boca, pero sus manos, traicioneras, subieron por los hombros del pecoso mientras este lo anclaba por la cintura, fundiendo sus cuerpos en un abrazo posesivo.


— Antes de que me grites, déjame mostrarte algo —susurró Izuku entre besos, con una voz que arrastraba una dulzura perturbadora.


Lo guio de las manos, arrastrándolo hacia la penumbra del comedor. Sobre la mesa descansaba un festín grotesco y elegante a la vez: diversos platillos humeantes, preparados con una dedicación meticulosa.


— Estaba ocupado asegurándome de que nuestra cena fuera perfecta —continuó Izuku, deslizándose detrás de él para rodearle el cuello con los brazos. Besó su mejilla con una ternura que contrastaba con el olor a hierro que flotaba en el aire—. Además, hay un plato con carne fresca... Sé que te fascina sentir la textura cruda en tu paladar.


El susurro en su oído provocó un escalofrío violento que recorrió la espina dorsal de Katsuki. Se giró, encontrándose con la mirada de Izuku; esos ojos verdes brillaban con una devoción absoluta, una locura que solo le pertenecía a él.


— ¿Hiciste todo esto... por mí? —preguntó el cenizo, su voz ahora un hilo quebrado por la fascinación.

Izuku asintió con una sonrisa boba, casi angelical, si no fuera por las manchas imperceptibles que salpicaban su cuello.


— Eres el mejor novio del mundo. Te amo tanto  —sentenció Katsuki antes de estrellar sus labios contra los del otro en un beso ardiente, rudo y hambriento.


— Feliz aniversario, Kacchan.


— Feliz aniversario, Izuku.


En la mente de Izuku no existía el remordimiento, solo el culto a su compañero. No importaba a cuántas mujeres tuviera que cazar, ni cuánta sangre tuviera que derramar para ver ese brillo de satisfacción en los ojos rubíes de su amante. Aunque no pudieran terminar aquel banquete macabro, no había de qué preocuparse; en ese pueblo, los secretos se entierran profundo y la "carne" jamás se desperdicia.


Fin