1.
—¿Escucharon los rumores? de que alguien regresó del intercambio —La voz de Joohyun sonaba tranquila, como si no acabara de lanzar una bomba.
Jisoo dejó de comer, Rosé alzó la mirada, mientras que Nayeon y Somi se voltearon a ver entre ellas, y todas, absolutamente todas voltearon a ver a Jennie Kim quién ni siquiera levantó la vista de su vaso.
—No empecemos.
—Pero ni dijimos quién —dice Jisoo, divertida.
—No importa.
—¿Y si no es quien crees? —dice Somi, mientras fingía mirarse las uñas.
—Sí es quién creo que es, porque las conozco.
—¿Y si no?
Jennie deja el vaso en la mesa y las mira una por una, con esos ojos felinos capaces de asesinar a alguien con un parpadeo.
—No se les ocurra mencionarla.
Todas se miraron en silencio y luego comenzaron a reír.
—Ay, estás traumada —dice Im.
—Ni la mencionamos y ya te pusiste a la defensiva —añade Bae.
—Qué fuerte —murmura Jisoo—El poder de una ex.
Jennie rueda los ojos. —No tiene ningún poder.
—Claro —dice Rosé—Por eso acabas de prohibir su nombre como si fuera Voldemort.
—No exageres.
—¿Entonces la mencionamos? —pregunta Somi con malicia—. ¿Hablamos de Lisa?
—No, superé eso hace meses.
—Ajá —dice Jeon—Y yo soy monja.
—No te queda —responde la castaña.
—Concéntrate —dice Park—Pregunta importante—Se inclina hacia ella —Si regresara tu ex del intercambio ¿volverías con ella?
Kim se ríe a carcajadas, casi ofendida. —¿Qué?
—Responde.
—No volvería con ella.
—¿Ni por un día?
—No.
—¿Ni por error?
—No.
—¿Ni porque sea Lisa? —pregunta Nayeon.
Jennie ni lo piensa. —Menos.
—Wow.
—Qué rencor.
—Se llama dignidad —corrige, acomodándose en el sofá— ¿Quién regresa con su ex? Por favor, solo algún idiota haría eso.
—Tú lo harías—dicen todas al mismo tiempo.
—¿DE VERDAD ME CREEN CAPAZ DE HACERLO?—Jennie se levantó, ofendida.
—Sí —Nuevamente todas al mismo tiempo.
—Pues no lo haría.
—Sí.
—No.
—Sí.
Jennie alza la mano como si fuera una reina y todas guardan silencio—No—Todas se miran de reojo y la castaña toma su bebida, tranquila. —Siguiente tema.
—Estás en negación —murmura Bae. —Si Manobal fuera mi ex, yo sería capaz de irme de intercambio con ella.
Jennie ignora todo, estaba erfectamente bien sin saber nada de su ex, todo bajo control porque ella jamas regresaría con su ex y menos con Manobal, pfff, nunca.
El celular de Jennie, comenzó a sonar sobre la mesa, observó de reojo y era un número desconocido, iniciaba con +82 y cuando observó la terminación, sintió su corazón acelerarse,
—Contesta —dice Somi.
La castaña lo toma rápido. —Es mi hermana —dice, levantándose— Ya vuelvo.
—Sin problema Jendeuk —Dice Rosé.
Jennie asiente y se va hacia la cocina, cerrando un poco la puerta y revisando que ninguna de sus amigas la haya seguido.
Dio un respiro hondo y contesta.
—¿Qué quieres, Lisa?
Una risa suave sonó al otro lado. —Ni siquiera un hola mi amor ¿cómo estás?
—No me llames.
—Entonces no respondas cuando lo haga.
Kim aprieta los dientes. —Estoy ocupada.
—Lo sé —dice con calma— Estás en la pijamada mensual con tus amigas.
Jennie se queda en silencio. —¿Cómo sabes eso?
—Porque te conozco y yo pasaba a recogerte por la mañana ¿lo olvidas?
Eso duele más de lo que debería pero Kim solo se limita a poner los ojos en blanco, malditos recuerdos.
—¿Para qué llamas?
—Estoy afuera de la casa de Rosé.
El corazón le da un golpe seco en el pecho. —No.
—Sí.
—Lisa, vete.
—Baja.
Jennie se pasa una mano por el rostro. —No voy a ir.
—Entonces cuelga.
Pasan varios segundos que se sintieron como horas y Jennie no cuelga, entonces escucha esa risita suave de nuevo.
—Sal cinco minutos —dice Manobal—Si no quieres verme, te regresas.
—No quiero verte.
—Entonces demuéstralo.
Jennie cierra los ojos. Maldita sea.
—Pero solo serán cinco minutos.
—Eso es todo lo que necesito.
La llamada termina y Jennie se queda quieta por unos segundos. —Eres una idiota…
Sale de la cocina y cuando llega de nuevo a la habitación, todas sus amigas la miran.
—¿Todo bien? —pregunta Rosé.
Jennie asiente, tomando su chaqueta. —Sí, mi hermana… se sintió mal.
—¿Qué? —dice Jisoo, preocupada.
—Está sola, nuestros padres no están —continúa, ya caminando hacia la puerta—Tengo que ir.
—Jennie— empieza Nayeon, sospechando.
—Vuelvo más tarde, lo prometo.
—Más te vale —dice Joohyun—. O te vetamos del club de noche de girls.
Jennie sonríe apenas. —No me vetarían porque yo fui la creadora, Bae.
—Pruébanos.
Kim abre la puerta de la habitación. —Las amo.
Cuando salió de la casa de su amiga, el aire frío le golpea la cara, pero no había ningún auto afuera ni una idiota esperando, hasta que camina a la esquina y ahí está.
Lalisa Manobal, apoyada en su auto con los brazos cruzados, esperando, como si llevara ahí toda la vida, como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera destruido nada.
Jennie se detiene y la observa. Mierda, el intercambio le sentó demasiado bien.
Era más alta, más segura, más sexy, más…idiota.
Lisa levanta la mirada y en cuant la ve, sonríe, con esa sonrisa que Jennie conocía bastante siempre y la que le arruinaba las bragas.
Kim rueda los ojos, caminando hacia ella. —Más vale que sea rápido.
Lisa no responde de inmediato, la recorre con la mirada sin vergüenza, el como llevaba una pijama de capybaras, una sudadera, pantuflas y una mascarilla en la cara.
—Te ves bien.
Jennie frunce el ceño. —Cállate.
Abre la puerta del auto y se sube, Lisa sonríe más y se sube también.
Dentro solo hay un silencio pesado, una tensión capaz de cortarse con una de las uñas postizas de Jennie quién mira al frente.
—Tienes tres minutos.
Manobal arranca el auto. —No necesito tanto.
—No estoy bromeando.
—Yo tampoco.
El coche avanza y Kim cruza los brazos. —¿Qué quieres?
Lisa la mira de reojo. —Verte.
—Pues ya me viste, fin.
—No funciona así.
—Para mí sí.
Manobal sonríe un poco. —Sigues siendo pésima mintiendo.
Jennie gira la cabeza. —No estoy mintiendo.
—Entonces mírame y dime que no querías venir, porque estabas tan segura de no querer verme cuando te llamé, sin embargo aquí estás.
Jennie la mira, era más confiada, más descarada, más malditamente atractiva, el aire de Estados Unidos la cambió o tal vez solo quitó el filtro.
—No quería venir —dice.
Lisa se acerca apenas, lo suficiente para invadir su espacio. —Pero viniste.
Jennie se queda sin respuesta un segundo, y es todo lo que Lisa necesita, quién sonríe, satisfecha.
—Sabía que lo harías.
La castaña aparta la mirada, molesta. —No te emociones.
—Ya lo estoy.
De nuevo se formó el silencio pesado y Jennie comenzó a jugar con la manga de su sudadera.
—Esto es una pésima idea.
Manobal asiente, tranquila. —Sí, pero siempre te han gustado las malas ideas.
Jennie no responde, no puede hacerlo, porque su ex tiene razón y eso es lo peor.