Pecado en la Sombra: El Inicio (Parte 1)
El estadio de baile estaba sumido en un silencio expectante, roto únicamente por el zumbido lejano de las luces. El aire en el estudio de baile era una masa densa y sofocante; el calor parecía adherirse a las paredes.
Llevaba más de dos años en este ritmo frenético, dividiendo mi vida entre las coreografías y mi labor en el escuadrón médico de la policía, en la sección de bomberos. Era una dualidad que me agotaba los huesos, pero que amaba con una intensidad difícil de explicar. En ese momento, sin embargo, solo quería arrancarme las capas de ropa holgada que me asfixiaban.
La puerta se abrió y Hyunjin entró junto a I.N y Changbin. Con movimientos fluidos, se deshicieron de sus chaquetas, dejándolas a un costado. Antes de dar un solo paso más, la mirada de Hyunjin me recorrió de arriba abajo, lenta y analítica, antes de acercarse.
— ¡¡Hace demasiado calor!! ¡Es horrible! —se quejó Changbin, dejándose caer al suelo con un dramatismo casi infantil que hizo reír a Jeongin.
— Hola, chicos. Tranquilos, las noches son más frías de lo que creen —respondí, tratando de mantener la voz estable.
Sentía los ojos de Hyunjin clavados en mí. Sabía que me observaba con una intensidad renovada desde nuestra última charla en la que ella le había dejado claro que no podía aceptar sus sentimientos porque mi corazón ya pertenecía a otro, la tensión entre ambos era un hilo invisible pero tenso. A pesar de todo, no quería perderlo; él era mi mejor amigo.
— Hola... ¿Cómo estás? —le pregunté, intentando romper el hielo.
Este se apoyó contra el marco de la puerta, cruzando los brazos sobre el pecho. Una pequeña sonrisa, algo tensa, curvó sus labios.
— Estoy bien, ¿y tú? —Su mirada volvió a bajar hacia mi vestimenta. Supe de inmediato que le irritaba verme tan cubierta bajo ese clima.
— Muero de calor —admití, tironeando del cuello de mi sudadera en un gesto desesperado por aire.
— Eso es porque tienes toda esa ropa puesta, es obvio —se burló I.N desde el suelo.
— ¿Debería quitármela? —le devolví el juego, disfrutando de la oportunidad de molestarlo por ser el menor—. ¿Algo así como un striptease? — dije insinuante mirando a mi cómplice tirado a su lado
La risa de Changbin estalló en el salón mientras I.N soltaba un chillido, con las mejillas encendidas. Hyunjin también rió suavemente; amaba mis ocurrencias, o quizás la forma en que mis gestos acompañaban cada broma.
— ¡Oye, no le des ideas a Changbin! —exclamó I.N entre risas.
— ¿Qué dices, Binnie? ¿Le damos un espectáculo al pequeño? —dije, agarrando el borde de mi hoodie para subirlo.
En la adrenalina del momento, olvidé por un segundo el vendaje que comprimía mi abdomen. Hace apenas un par de días, un segundo piso se había desplomado bajo mis pies mientras combatía un incendio, pero gracias a mi “suerte maldita” mis heridas no habían sido tan graves. Sin embargo, no les había dicho nada; no quería su lástima ni su preocupación interfiriendo con el ensayo para los MAMA.
Justo cuando estaba por levantar la prenda, el recuerdo de los moretones me golpeó. Me detuve en seco, fingiendo desinterés.
— Será para la próxima. Además, yo solo me desnudo por dinero —bromeé, tratando de disimular mi repentina rigidez.
— Que aburrida eres... – Chanbing se rio con ironía
— ¡No le digas eso! — I.N le dio un pequeño empujón a este.
I.N suspiró aliviado, pero la expresión de Hyunjin se transformó. Su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una seriedad cortante mientras sus ojos se fijaban en la línea de mi torso.
— Oye... ¿de verdad estás bien? —le pregunté, acercándome para tocarle la frente—. ¿Te dará un golpe de calor? ¿No tienen aire acondicionado aquí?
Él retrocedió un milímetro, sus mejillas tiñéndose de rosa ante mi contacto, pero no apartó la vista.
— No es a mí a quien deberías revisar... —susurró, bajando la voz para que solo yo lo escuchara. Su mirada bajó hacia donde las vendas se adivinaban bajo la tela y luego volvió a mis ojos con un reproche doloroso—. Tuviste un accidente en el trabajo... y ni siquiera nos dijiste nada. ¿En serio estás bien?
La palidez me invadió de golpe y un mareo repentino me hizo tambalear. El pánico me había invadido de forma agresiva.
— No pasó nada, ¿sí? No es para tanto —evadí, sintiendo cómo el mundo daba vueltas por la impresión de haber sido descubierta finalmente —. Solo fueron unos golpes y quemaduras leves. En verdad la saqué barata... ¿Cuándo vendrán los demás? —Intente alejarme buscando excusas para poner distancias pero aquel giro repentino termino siendo muy brusco para mis piernas que ya estaban afectadas por el calor intenso que me obligaba a soportar.
Hyunjin reaccionó al instante, sujetándome por el hombro para darme estabilidad.
— Para ti tal vez no sea nada, pero para nosotros sí —masculló, frunciendo el ceño.
Changbin y I.N se levantaron alarmados al verme flaquear. Changbin me tomó del brazo con fuerza para sostenerme, pero sus dedos presionaron directamente sobre una de mis heridas abiertas.
— ¡Ah! —el gemido de dolor escapó de mis labios antes de que pudiera contenerlo.
Los dos palidecieron. Changbin me soltó como si se hubiera quemado, horrorizado, mientras Hyunjin pasaba rápidamente un brazo alrededor de mi cintura para evitar que cayera.
— ¡O-Oh, Dios mío! ¡Lo siento! —exclamó Changbin con la voz temblorosa.
— ¿Te duele mucho? —preguntó Hyunjin, su voz era un hilo de pura angustia mientras me sostenía contra él.
Suspiré, tratando de recuperar el control de mi cuerpo. Me liberé suavemente de su agarre y los miré a los tres.
— Primero, no se escandalicen. Estoy bien, nada se rompió —dije, y sin más fuerzas para ocultarlo, me quité el hoodie, quedando solo en mi top deportivo.
El silencio que siguió fue sepulcral. I.N soltó una maldición por lo bajo y Changbin apretó los puños, con la mirada fija en los moretones violáceos y las abrasiones que marcaban mi piel. Pero fue Hyunjin quien pareció perder el color por completo.
— ¿Por qué mierda no nos dijiste nada? —preguntó, su mano aún apretando mi cintura con una mezcla de posesividad y miedo.
— ¿Me sueltas? Si me aprietas, duele... —le pedí con suavidad—. No les dije nada porque estoy bien. Es parte del trabajo. No quería que perdiéramos el ensayo.
En ese momento, el sonido de la puerta anunció la llegada del resto del grupo. Suspiré, preparándome para la tormenta que venía. Hyunjin me soltó, pero lo hizo con una lentitud casi agónica, como si dejar de tocarme fuera la tarea más difícil del mundo.
Los cinco miembros restantes entraron al salón entre risas que se extinguieron en un segundo. El aire se volvió gélido a pesar del calor sofocante en cuanto sus ojos aterrizaron en mi torso descubierto, marcado por un mapa de golpes y quemaduras que se escapaban por debajo de aquel vendaje improvisado.
— Tranquilos... no pasó nada —dije, levantando las manos en un gesto defensivo mientras retrocedía. Parecía que ocho perros de caza estaban a punto de abalanzarse sobre mí.
Lee Know fue el primero en romper el silencio. Se acercó con una seriedad que rara vez mostraba, sus ojos escaneando cada marca.
— ¿“Nada”? ¿Cómo que nada? ¡Estás llena de moretones!
Bang Chan, junto a la puerta, se cruzó de brazos con el ceño hundido en una expresión de pura decepción.
— ¿Cómo nos ocultaste esto?... no es justo que nos trates como si no importara.
Hyunjin no se movió de mi lado. Se quedó allí, como una sombra protectora, con una mirada cargada de un reproche que me calaba más que el dolor físico.
— Podrías haber muerto... y ni siquiera nos avisaste —susurró, con la voz rota por la impotencia.
— Siempre podría estar a punto de morir, no por eso los llamo cada vez que voy a trabajar —solté sin pensar.
Me arrepentí en el instante en que las palabras salieron de mi boca. Vi cómo sus rostros cambiaban; para mí era el pragmatismo del oficio, para ellos era una realidad aterradora que no querían procesar. Me dejé caer al suelo, buscando una posición que no hiciera gritar a mis músculos.
— Eso es lo peor que pudiste decir ahora —masculló Changbin, con los puños apretados.
I.N se sentó a mi lado, cabizbajo, mientras Lee Know se agachaba a mi derecha, como custodiándome. Hyunjin se acomodó justo frente a mí, atrapando mi mirada, obligándome a ver el dolor que mis “gajes del oficio” le causaban.
— ¿Podemos ensayar y ya? —imploré—. Chicos, dentro de poco serán los MAMA. No tenemos tiempo para esto.
Tras un largo suspiro, Bang Chan asintió. La profesionalidad se impuso, aunque la tensión seguía vibrando en el aire. Minho me ofreció la mano; la tomé, encontrando en su mirada ese entendimiento silencioso de quien sabe lo que es trabajar con el cuerpo roto.
— De verdad estoy bien. Ustedes saben lo que es entrenar con lesiones —le dije en voz baja.
— Claro que lo sabemos —respondió él con una sonrisa triste—, pero eso no quita que nos preocupemos.
Pero gracias a nuestra dinámica, o mas bien a que poco a poco los hacia normalizar mi terquedad, logre mi cometido de evadir por ahora la charla sobre mi estado.Cuando la música de“Hall of Fame”empezó a retumbar, me transformé. El dolor pasó a un segundo plano y mi “modo coach” tomó el control.
— ¡Mírense a ustedes, no a mí! —les grité cuando noté que sus ojos se desviaban hacia mis vendajes—. ¡Bang Chan, los hombros están rígidos! ¡Han, apura esos pies!
Se estremecieron ante mi tono autoritario, pero funcionó. La disciplina del K-pop se encontró con mi rigor de liderar un escuadrón de hombres rudos y la coreografía empezó a cobrar vida. Hyunjin, a pesar de todo, sonrió de lado. Sabía que le encantaba cuando tomaba el mando.
— ¡Bien! Cinco minutos de descanso y luego grabamos —anuncié, dejándome caer contra la pared. El contacto con el frío del muro me recordó que mi espalda estaba en carne viva—. Mierda... qué calor.
Estuve a punto de deshacerme de los pantalones de chándal para quedar solo en las mallas cortas, pero la voz de Hyunjin me detuvo. Estaba frente a mí, extendiéndome una botella de agua helada.
— Toma. Y no... no te quites nada más —ordenó en un susurro firme—. Ya vimos suficiente.
Se agachó y presionó la botella fría contra mi espalda, justo sobre el foco del dolor. Sus dedos rozaron mi piel y una descarga eléctrica, ajena a la temperatura, nos recorrió a ambos.
— ¡Oigan! —gritó Changbin desde el otro lado—. ¡Esos cinco minutos no cuentan si están juntos todo el tiempo!
— ¡Todavía quedan dos! —le grité de vuelta, levantando el pulgar y el dedo medio en un gesto desafiante que hizo reír a los demás.
Hyunjin rodó los ojos, pero no retiró la botella. Su cercanía era un bálsamo y un tormento a la vez.
— Eres tan terca... —murmuró.
— Aun así me quieres —solté por instinto. El silencio que siguió fue denso. Recordé su confesión, mi rechazo, la fragilidad de nuestra “amistad”. —Oye... gracias, ¿sí? Ve con los demás.
Él se quedó inmóvil un segundo. Sus ojos brillaron con una mezcla de calidez y una amargura que intentó tragar.
— Siempre —respondió antes de levantarse y volver a su posición.
Grabamos la rutina cinco veces. En la última, el mundo decidió pasarme la factura. No sé si fue el calor acumulado, el dolor punzante de las quemaduras o el hecho de que no había ingerido nada sólido desde el turno anterior en la estación, pero mi estómago dio un vuelco violento cuando baje de lo alto de la silla desde donde los filmaba.
— Es todo por hoy... recuerden estirar —logré decir mientras bajaba de la silla, pero mi voz sonaba lejana, como si viniera de debajo del agua. —yo iré al baño un segundo —logre articular mientras caminaba con pasos vacilantes hacia la salida.
El camino hacia el baño se volvió un túnel borroso. Un sudor frío me recorrió la nuca y mis piernas, esas que me habían sostenido en edificios en llamas, simplemente se rindieron.
No llegué al suelo.
Los brazos de Hyunjin me rodearon con una fuerza desesperada antes de que mis rodillas golpearan el piso. Su voz, usualmente melódica, salió aguda, casi rota por el pánico.
— ¡Ey! ¡Ey! ¿Me escuchas? ¿Qué tienes?
Sentí su pecho subir y bajar frenéticamente contra mi espalda mientras los demás corrían hacia nosotros. Bang Chan ya hablaba por teléfono, pero yo solo podía concentrarme en el susurro de Hyunjin contra mi oído, una súplica cargada de un miedo antiguo.
— No otra vez... no me dejes así otra vez...