El nunca protagonista

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Summary

Emocionados por lo cerca que estaba el día de su graduación, un grupo de estudiantes organiza un viaje de egresado a un parque arqueológico, una semana entera para divertirse y crear recuerdos inolvidables antes de que sus caminos se separen. Entre ellos Billy, personaje central de esta historia, luchaba internamente con sus inseguridades e incertidumbres, pero con ayuda de sus amigos poco a poco consigue superarlos, entre risas y juegos. Pero la tragedia asecharía al campamento, y tras un trágico accidente Billy termina en un mundo diferente, viéndose a obligado a incorporase mientras busca la forma a de volver a casa o de aprender a vivir con los amargos recuerdos de su anterior vida.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo

Un páramo desolado, desértico sin un solo árbol a la vista, rodeaba las ruinas de una ciudad enorme, pero con signos de llevar varios años abandonada. Incluso el cielo se sentía apagado, de luto por la caída de una civilización entera. Calles completamente desoladas y estructuras que de forma aleatoria se desplomaban producto de la erosión y la falta de mantenimiento. Criaturas rastreas como cien pies o serpientes era lo único que prosperaba entre las casas y edificios vacíos, nutriendo lentamente el suelo conforme plantas y árboles comenzaban a reclamar de nuevo su dominio.

Y en algún lugar de aquel melancólico paisaje, sobre una estructura alta en forma de pirámide escalonada, rodeada por otras estructuras similares que parecían canalizar energía desde el suelo hacia esta misma, se encontraba una especie de máquina, una creación tecnológica tan avanzada que parecía poder romper la fina tela de la realidad sin ningún problema, un portal circular de color blanco como el vacío, con algunos destellos grises.

Y en la plataforma donde aquel portal descansaba, un hombre anciano se encontraba sentado en una desgastada silla de madera, con una tablilla de piedra y herramientas similares a un cincel y un martillo, tallando un mensaje, como si se tratara de sus ultimas memorias, su mirada delataba esto, su auto conciencia de saber que sus días estaban llegando a su fin.

«Durante miles de años, los seres humanos pudimos disfrutar del mejor regalo que el creador diera jamás a ningún ser vivo. La brisa, el viento, el calor del sol y la guía de la luna. Campos y praderas inmensos donde ver crecer a nuestros hijos. Amaneceres bañados con el perfume que estornudaban las flores en primavera. Atardeceres decorados por los sueños aun por concebir… y aunque parezca mentira, inteligencia.»

El anciano se detuvo, observando justamente el atardecer, antes de continuar tallando en la roca.

«Pero el hombre despreció aquel regalo, y a medida que la vida le sonreía, él le contestaba dando patadas al destino. Si alguien lee esta carta, por favor no olvide, que el fin de esta civilización se debió al egoísmo, codicia e imprudencia de la raza humana. Lo hombres ya no somos mamíferos, el ser humano no se convirtió en un dios, la raza humana somos simplemente un parasito. Matamos, crecemos, y nos multiplicamos.»

«Por eso nos extinguimos, por eso la selva se tragará nuestra civilización. El verdadero Edén, éramos nosotros. Y por eso dejo escrita esta nota para formas de vida inteligente venideras, cuando los hombres se escupen al suelo, se escupen a sí mismos.»

Habiendo terminado de tallar aquella tablilla, la dejo en el suelo lentamente, se puso de pie y levantando su mano, una interfaz avanzada se desplegó del suelo de la plataforma, donde tras ingresar algunas ordenes en algún tipo de pantalla, el portal se apagó poco a poco, para después abrir una compuerta enorme en el suelo, en medio de las dos pirámides más cercanas que habían dejado de drenar energía. En cuanto el anciano bajó de la plataforma junto a la tablilla y se alejó lo suficiente, la maquina ingresó a la compuerta, doblándose en si misma como quien desarma un mueble, para descender al subsuelo, al olvido.

Tan pronto la compuerta se cerró, el hombre caminó al centro de aquel lugar, justo en medio de las dos pirámides dibujó un círculo en el metal con una piedra caliza y colocó la tablilla suavemente dentro de este, con la esperanza ciega de que lograra superar la prueba del tiempo y servir como una advertencia a alguien, algún día. Amarga sería su desdicha si pudiera haberlo visto, con el tiempo la selva reclamó aquel paramo tal y como predijo, metros y metros de sedimento enterraron aquella ciudad y otras como ella, y el frondoso bosque terminó de sellar aquel misterio.

Pero sin tiempo para lamentarse, el anciano simplemente se recostó al lado del círculo, viendo el cielo estrellado, dando gracias por haber podido cumplir con su trabajo hasta el fin de sus días, soñando con haber podido ir al mismo lugar que su gente, con la esperanza de que todos estuvieran a salvo.

Cerrando los ojos, su respiración se volvió pesada, y con una lagrima escapando de uno de sus parpados, su corazón, finalmente se detuvo.