Capítulo 1
LOS PALOMARES DEL PARQUE ROBLEDAL
José María Moreno
© 2025 José María Moreno
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Este es un trabajo de ficción. Cualquier semejanza con personas reales, vivas o muertas, es pura coincidencia.
“La vida siempre ofrece otra oportunidad, y se llama ‘mañana’.”
Anónimo
Capitulo 1.
Edificio Brisas del Robledal.
Piso 5, Unidad 3.
Cuando el amanecer anunció con su creciente claridad la llegada de un nuevo lunes de febrero, él se levantó de la cama a las cinco de la mañana y se dirigió al baño para iniciar su rutina diaria.
Después de asearse y vestirse, fue al estudio y realizó sus ejercicios durante media hora. Al terminar, encendió el computador, revisó el correo y se dispuso a continuar con su nuevo escrito.
Trabajó hasta que escuchó la voz de su esposa, anunciando que ya estaba lista.
—¿Ya le preparaste el desayuno a las palomas? —bromeó al observarla empacar en una bolsa la mezcla de granos de arroz, lentejas, hojuelas de avena y maíz triturado con la que alimentaba a las palomas del parque.
—Claro que sí, sabes que son mis consentidas —replicó ella, manifestando su cariño hacia esa especie.
—Lo mismo decías de los tres perros que criamos como mascotas —continuó bromeando él.
—Pues sí. Me apodan “San Francisca” —contestó ella, complementando la broma que les dibujó una sonrisa y les alegró el inicio de su caminata diaria hacia el Parque Robledal.
Capítulo 2.
El Parque Robledal.
El Parque Robledal, el nuevo orgullo de la ciudad, se ubicaba al oeste, abarcando 30 hectáreas de un bosque seco tropical. Ofrecía todas las comodidades para la recreación de la creciente población que habitaba los nuevos desarrollos de vivienda aledaños.
Allí, los visitantes disfrutaban de una pista de BMX, otra de patinaje, un gimnasio, un pequeño teatro y una plaza de comidas. Además, un sendero serpenteante de seis kilómetros se adentraba en el bosque, rodeando la laguna central con su hermosa fuente. Por las noches, la fuente ofrecía un impresionante espectáculo de luces, convirtiéndose en un atractivo turístico.
En un punto del recorrido, el sendero se bifurcaba para rodear un claro y volver a unirse más adelante. A lo largo del borde exterior de ambos caminos se habían colocado varias bancas. Y dentro de aquel círculo, se erigían seis palomares.
Cada palomar era un cubo de madera dividido en tres secciones, y cada sección tenía un orificio circular con un pequeño techo que simulaba graciosamente la entrada de una vivienda. Los cubos, sostenidos por postes de madera, se elevaban sobre el suelo. Estos dieciocho nidos eran el hogar de la Colonia del Parque Robledal.
Capítulo 3.
Colonia del Parque Robledal.
Yo-Mar siempre era el primero en despertar. Batió sus alas para desperezarse y abandonó el nidovolando hacia el centro de los palomares. Como jefe de la colonia, debía organizarla para afrontar el nuevo día. Con un gorjeo de mando, convocó a su reunión diaria.
Ese gorjeo marcó el inicio de la actividad matutina. Presurosos, los miembros de la colonia abandonaron sus nidos y volaron hacia donde su líder los había citado. Una vez que todos estuvieron presentes, Yo-Mar pidió a Tau-Be, su asistente, que designara a los vigilantes del día según la programación establecida.
La vigilancia era esencial. Al estar en el bosque, los palomares eran vulnerables a los depredadores. Los vigilantes, asignados por turnos, se apostaban en las ramas de los árboles circundantes para avisar ante cualquier peligro. Su jornada estaba organizada para asegurar la vigilancia constante de los palomares. Antes de terminar la reunión, Yo-Mar recordó que si algún miembro necesitaba adentrarse en el bosque, debía ir acompañado para no estar desprotegido.
Cuando la reunión concluyó y todos se dispersaron, Tau-Be preguntó:
—¿Algo más para el día?
—Sí, Tau-Be. Se acercan las competencias y mi viaje. Cerciórate de que To-Lux y So-Mol se alimenten bien, especialmente To-Lux. Este año debemos ganar ambas competencias. No soportaría volver a perder contra la colonia de la Plaza de los Mártires.
—Así será, Yo-Mar —respondió Tau-Be antes de retirarse.
Poco después, un vigilante anunció con un gorjeo:
—¡Se acerca La Benefactora!
Había reconocido a la pareja que se aproximaba por el sendero. La pareja llegó al centro de los palomares, y la mujer, imitando con dulzura el gorjeo de las aves, comenzó a depositar la nutritiva mezcla de granos en el suelo, formando una línea con ellos para evitar que las palomas se disputaran la comida. Al terminar, como de costumbre, ambos se sentaron en una banca para descansar, conversar y observar a las aves alimentándose.
Mientras picoteaba los granos, Yo-Mar recordó cómo era su colonia antes de mudarse a los palomares. Su colonia había habitado ese rincón del bosque antes de la construcción del parque. Nunca quiso una colonia urbana; amaba la libertad y las aventuras que ofrecía el bosque. La vida monótona de las palomas de ciudad nunca fue de su agrado. Cuando su padre le concedió permiso para marcharse con un pequeño grupo, Yo-Mar se asentó en este sitio y organizó la colonia.
No era numerosa. Pocas crías, al llegar a la adultez, se quedaban; la mayoría emigraba a la ciudad, uniéndose a colonias urbanas. Durante la construcción del parque, su colonia aprendió a convivir con los humanos, descubriendo sus costumbres y bondades. Aprendieron que la cautela era su mejor defensa.
Al concluir los palomares, los dieciocho nidos fueron ocupados. La comodidad de los nuevos hogares atrajo a algunas parejas que, decepcionadas del ambiente urbano, desearon unirse. Debido a esto, Yo-Mar estableció nuevas normas de convivencia:
lServir como vigilante será obligatorio para todo adulto, macho o hembra, cuando sea requerido.
lLos nidos serán hereditarios. Las crías de las parejas que los habiten conservarán este derecho mientras permanezcan en la colonia. En caso contrario, el derecho desaparecerá y el nido se considerará disponible.
lSe permitirá el ingreso de nuevas parejas. A las admitidas se les asignará un nido disponible, si lo hay; en caso contrario, deberán anidar en los árboles hasta que se les asigne un lugar.
lLa asignación de nidos disponibles se realizará según la lista de espera, en riguroso orden.
lTodas las normas serán de obligatorio cumplimiento para los miembros.
Pocas parejas aceptaron estos términos, pero la colonia permaneció organizada y entrenada.
Al ver que La Benefactora y su pareja retomaban la caminata, Yo-Mar sintió curiosidad por conocer más sobre ellos. El alimento que esa humana les brindaba fortalecía y mantenía sana a su colonia, y ese gesto motivó a las aves a bautizarla con aquel apodo.
Le pidió a Tau-Be que se encargara de la colonia y voló hacia la entrada del parque para seguirlos.
Capítulo 4.
Colonia de La Plaza de Los Mártires.
—Sur-Fe, ¿qué noticias me traes? —preguntó Ta-Lama a su asistente cuando este arribó.
—Algunas nos favorecen, pero otras no —contestó Sur-Fe.
—¡Explícate, Sur-Fe, y deja los melodramas! —ordenó Ta-Lama con un gesto de fastidio.
—Si usted está pensando en una invasión, no será fácil. A pesar de ser una colonia pequeña, está muy bien organizada y defendida. Sus miembros lucen fuertes, saludables y bien entrenados. Sorprenderlos no será sencillo y obligaría a una confrontación violenta que el Consejo Regente no aprobaría —informó Sur-Fe.
—Entonces, ¿dónde está lo favorable?
—En que podemos infiltrar a una pareja espía que nos mantenga informados y nos ayude a encontrar un punto débil que podamos aprovechar —concluyó Sur-Fe.
Después de escuchar el informe, Ta-Lama analizó la apremiante situación de su propia colonia. Era la más grande de la ciudad y, por estar asentada en la plaza principal, atraía la atención de las autoridades, que la consideraban una amenaza para la conservación de los monumentos y edificios históricos.
Todas las medidas que Ta-Lama había implementado para controlarla fracasaban debido a su numerosa y desordenada población. El estatus positivo que le otorgaba dirigir la colonia más grande de la ciudad lo estaba perdiendo por ese mismo caos. Además, las autoridades consideraban un programa de esterilización que amenazaría su supervivencia.
Otro hecho preocupante era la alimentación. Al estar en medio de un bosque de cemento, su dieta carecía de variedad y se limitaba a los escasos granos que les arrojaban los visitantes, a las migajas de sus sobras y, lo más degradante, a lo que la colonia podía encontrar en las bolsas de basura. En cuanto a la vivienda, la falta de sitios adecuados los obligaba a improvisar nidos en los edificios cercanos, donde, sin protección, eran vulnerables al clima, los depredadores y los humanos.
Todas estas razones lo habían motivado a planear una mudanza, y los comentarios favorables acerca de la colonia del Parque Robledal la convirtieron en su objetivo. A esto se sumaba una motivación personal. Durante tres años consecutivos, su colonia había ganado las competencias regionales de velocidad y larga distancia, lo que le había generado puntos positivos en el Consejo. Sin embargo, su supremacía se veía ahora amenazada por la colonia del Parque Robledal. En su primer año de existencia, esta colonia había ocupado el tercer lugar en ambas competencias; al año siguiente, el segundo; y, el año pasado, logró ganarle la competencia de larga distancia.
La envidia que crecía en su interior se acrecentó con el desalentador informe de su asistente. Necesitaba descubrir las debilidades de la colonia rival para disminuir su creciente reconocimiento en el Consejo. El momento de elegir a los candidatos para la posición vacante se acercaba, y él deseaba ser uno de ellos. Le urgía impedir que Yo-Mar fuera considerado un posible candidato. Para lograrlo, debía inducirlo a quebrantar alguna de las leyes éticas que eran importantes para el Consejo. La más adecuada era la del celibato.
Por esa razón, la idea de la pareja espía le pareció idónea. Necesitaba una pareja capaz de mantenerlo informado de las actividades de su rival y, lo más importante, capaz de seducir a Yo-Mar. Con esto en mente, le explicó a Sur-Fe su plan y le encomendó la tarea de seleccionar a la pareja.
Capítulo 5.
Colonia del Parque Robledal.
El transcurrir de aquellos días de finales de marzo, con sus chubascos ocasionales que alimentaban el creciente verdor y la floración del bosque, complementaba la felicidad que vivía la colonia durante su época de apareamiento.
El alegre y constante arrullo de cortejo que se escuchaba en los palomares contrastaba con la preocupación y la tristeza que Yo-Mar comenzó a percibir en La Benefactora. Sus caminatas y sus descansos en la banca perdieron su alegría, convirtiéndose en momentos de silenciosa inquietud.
—Yo-Mar, una pareja solicitó unirse a la colonia. Les informé acerca de las normas y las aceptaron. ¿Cuándo los recibirás? —preguntó Tau-Be.
—Tau-Be, dejemos esa reunión para mi regreso. Ahora estoy enfocado en el entrenamiento de To-Lux y So-Mol. Dejemos que aniden y ponlos en la lista de espera. Sus turnos de vigilancia los acordaremos después de mi retorno.
—Así será, Yo-Mar —aceptó Tau-Be. Sin embargo, no le comentó la desconfianza que esa pareja le había generado y su firme propósito de mantenerlos vigilados.
Día tras día, Yo-Mar, To-Lux y So-Mol recorrían el bosque para fortalecer sus músculos y encontrar larvas y gusanos que les dieran las proteínas necesarias para la competencia. De esta manera transcurrieron los días en la colonia hasta el momento del viaje.
Capítulo 6.
El Valle Venturoso.
La sociedad de nuestras palomas era una organización depurada y madura. A lo largo de su historia como especie, se había adaptado a las diferentes circunstancias de su existencia hasta evolucionar hacia lo que era hoy.
Su mundo estaba dividido en cinco regiones geográficas. Las colonias habitaban las regiones Norte, Oriente, Sur y Occidente, mientras que la región Central, también conocida como Valle Venturoso, era la sede de su gobierno. Solo era habitada por el Consejo Regente y sus funcionarios, quienes ejercían las funciones ejecutivas y legislativas de su administración.
El Consejo Regente estaba conformado por cinco miembros, cada uno con voz y voto para administrar y legislar en representación de su región. La función judicial la ejercía el Fiscal, un funcionario elegido por el Consejo, encargado de vigilar el fiel cumplimiento de las leyes. También participaba en las reuniones como secretario.
Cada colonia era administrada por un jefe y su asistente, quien lo ayudaba y reemplazaba durante su ausencia. Cada año, los jefes de colonia se reunían en el Valle Venturoso para rendir su informe de gestión al Consejo e inscribir a sus atletas para las competencias regionales y mundiales.
La región Central estaba separada de las demás por dos sistemas montañosos: la Sierra Norteña y las Montañas Orientales. La Sierra Norteña abarcaba el norte y el occidente, mientras que las Montañas Orientales cubrían el sur y el oriente. Ambos sistemas daban cobijo al Valle Venturoso, que era atravesado por el Río Tu-Di. Este río nacía en las Montañas Orientales y cruzaba el valle en dirección norte para desembocar en el océano.
Tres días antes de la fecha estipulada para la reunión anual, Yo-Mar, To-Lux y So-Mol emprendieron su largo viaje. De sus cuellos colgaban bolsas con las provisiones necesarias. Los tres viajeros se orientaron hacia el Río Tu-Di para localizar el Gran Cañón y seguir su curso, atravesándolo para llegar a su destino. Dos días después, cansados pero optimistas, arribaron al Valle Venturoso.
No importaba cuántas veces Yo-Mar hiciera este viaje, siempre admiraba la serena y acogedora belleza del valle. Mientras lo cruzaba para llegar al Centro Administrativo, pensó: “Vivir aquí, rodeado de tanta belleza, es el mejor premio para cualquier paloma”. Esa era su meta, y para conseguirla se esforzaba cada día administrando su colonia, con la esperanza de que sus méritos fueran reconocidos y algún día lo nominaran para ser miembro del Consejo.
Al observar a la distancia el Bosque de La Prosperidad, recordó que debía recoger algunas semillas del Fruto del Bien para reponer su inventario. Las semillas del Fruto del Bien eran administradas por los jefes de colonia y su uso era controlado por el Consejo. Utilizarlas sin su consentimiento era una violación grave de la ley.
Ya en el Centro Administrativo, los viajeros ocuparon los nidos asignados para su estadía, cenaron y se retiraron para descansar. Al día siguiente, Yo-Mar presentaría su informe ante el Consejo, mientras que To-Lux y So-Mol realizarían sus entrenamientos en las pistas de competencia.
Capítulo 7.
El Informe.
A la mañana siguiente, Yo-Mar se dirigió al vestíbulo norte del Centro Administrativo para reunirse con los jefes de colonia de su región y esperar su turno para presentar el informe.
Cada miembro del Consejo Regente recibía los informes de las colonias de su región para evaluar su desempeño y otorgar una puntuación. Esta calificación se complementaba con los puntos obtenidos por la posición de la colonia en las competencias. La suma total reflejaba el nivel de desempeño, una evaluación crucial, ya que solo los jefes de las colonias de una región podían ser postulados para reemplazar a su representante en el Consejo.
El incesante murmullo de los gorjeos llenaba el vestíbulo, revelando el nerviosismo que este importante evento generaba entre la gran cantidad de palomas. Mientras conversaba con sus colegas, Yo-Mar esperó su turno.
Cuando lo llamaron, Yo-Mar presentó su informe, resaltando los aspectos positivos de su gestión y resolviendo las dudas de su evaluador. Al terminar, se dirigió a las pistas de competencia para reunirse con sus atletas y supervisar su entrenamiento.
Capítulo 8.
Las Competencias.
El evento más atractivo de la convención de las palomas eran las competencias, que se realizaban en dos modalidades: velocidad y larga distancia.
Para la de velocidad, los atletas debían recorrer una pista rectangular de 500 metros de longitud. El ganador era el primero en llegar al otro extremo. La competencia de larga distancia se llevaba a cabo en una pista ovalada de 2,000 metros, y el ganador era quien recorría toda la distancia estipulada y regresaba primero al punto de partida.
Cada colonia presentaba un atleta por modalidad. Las competencias se desarrollaban en dos etapas: primero, las regionales, y los cuatro ganadores regionales competían posteriormente por el campeonato mundial. El sistema de ambas competencias era por eliminación. Las colonias de una misma región se emparejaban por sorteo, y los ganadores de cada ronda clasificaban para la siguiente, mientras los perdedores eran eliminados. Este proceso se repetía hasta conseguir un campeón.
Para el campeonato mundial de velocidad, los cuatro campeones regionales se volvían a emparejar por sorteo en una ronda de eliminación. Los ganadores competían por el campeonato y los perdedores por el tercer puesto. Sin embargo, la competencia para el campeonato mundial de larga distancia era diferente: los cuatro campeones regionales participaban en una única carrera de 10,000 metros, es decir, cinco vueltas a la pista ovalada. El primero en completarlas era el ganador.
Excitados, optimistas y un poco nerviosos, To-Lux y So-Mol esperaban su turno para competir. Desde los camerinos podían escuchar el crepitante murmullo de los espectadores y sus gorjeos de aliento, alegría o frustración que acompañaban cada enfrentamiento.
La gran expectativa se centraba en el duelo que se había repetido durante los tres años anteriores. La rivalidad deportiva entre la Colonia de la Plaza de Los Mártires y la Colonia del Parque Robledal, ambas de la región Norte, mantenía las apuestas y los comentarios al rojo vivo.
Poco a poco, ambas colonias fueron ganando sus rondas, ratificando su favoritismo hasta que el duelo tan esperado fue una realidad.
Primero se llevó a cabo la competencia final de larga distancia para la región Norte entre As-Car, de la colonia de Los Mártires, y So-Mol, de la del Parque Robledal. Ambos atletas debían recorrer el óvalo tres veces para completar 6,000 metros. As-Car había ganado por dos años consecutivos, pero había sido derrotado por So-Mol el año anterior.
Los competidores tomaron sus posiciones y, al escucharse la señal de partida, iniciaron su carrera. Ambos recorrieron las dos primeras vueltas sin distanciarse y regulando su gasto de energía. Al iniciar la tercera vuelta, As-Car se adelantó un poco, tomando la delantera por el lado interno del óvalo. Sin perder distancia, So-Mol esperó hasta la última curva, donde aumentó su velocidad, lo sobrepasó y, en la recta final, aleteó con todas sus fuerzas para cruzar primero la meta.
Un sonoro y merecido batir de alas y gorjeos de felicitación llenó el escenario, mientras So-Mol, jadeante y feliz, saludaba sonriente con sus alas levantadas para festejar su triunfo.
—¡Volvimos a ganar! —exclamó Yo-Mar, excitado, mientras lo abrazaba para felicitarlo.
—Fue gracias a ti, a tu dedicación y, sobre todo, a tus consejos —reconoció So-Mol, agradecido.
—¡Ahora, vamos a disfrutar el triunfo de To-Lux! —exclamó Yo-Mar, optimista, y juntos se dirigieron a los camerinos para preparar la competencia de velocidad.
Los asistentes guardaron silencio cuando los altavoces anunciaron: “¡A continuación se realizará la competencia final de velocidad para la región Norte!“. “¡Por la colonia de Los Mártires, el actual campeón Oye-Le!“. El batir de alas y los gorjeos de ánimo retumbaron en las gradas cuando Oye-Le ocupó su puesto. “¡Y por la colonia del Parque Robledal, To-Lux, ‘El Joven Maravilla’!“, gorjeó el presentador, usando el apodo con el que los comentaristas reconocían a To-Lux por su sorprendente rendimiento.
Al escuchar su nombre, To-Lux se dirigió a la pista. Mientras lo hacía, se concentró en la carrera. Todos los sonidos a su alrededor desaparecieron. Era como si, en ese instante, solo existieran él, la pista y el aire que utilizaría para impulsarse. Con calma, ocupó su posición, desplegó sus alas para preparar el arranque y esperó la señal de partida. Al escucharla, inició su vuelo aleteando con todas sus fuerzas, sintiendo cómo sus alas “remaban” en el aire y lo impulsaban hacia la meta. Cuando la cruzó, desplegó su cola para detenerse.
Sin saber aún el resultado, miró hacia donde estaban Yo-Mar y So-Mol y, por sus expresiones, supo que algo importante había sucedido.
Por los altavoces se volvió a escuchar la voz del anunciador: “Este es el resultado oficial de la competencia por el campeonato de velocidad para la región Norte: ¡El ganador y nuevo campeón es To-Lux, ‘El Joven Maravilla’, con un tiempo de 9.644 segundos! ¡Es un nuevo récord regional!“.
La emoción de la colonia ganadora era acompañada por el gorjeo que, coreando el nombre de To-Lux, recorría las gradas que rodeaban el óvalo. Yo-Mar y So-Mol volaron hacia To-Lux y los tres, con un fuerte abrazo, celebraron su triunfo como los ganadores regionales de ambas competencias.
Una vez conocidos los cuatro campeones regionales, se realizó el sorteo para la competencia mundial de velocidad. To-Lux logró clasificar para la carrera final, pero fue vencido por el atleta de la colonia Sur, obteniendo el segundo lugar.
Posteriormente, se efectuó la competencia mundial de larga distancia, que fue ganada por la región Occidental, y So-Mol ocupó también el segundo lugar.
Reunidos en el camerino y aún emocionados por su actuación, Yo-Mar, To-Lux y So-Mol continuaron comentando lo sucedido. En los cuatro años de existencia de la colonia, sus logros sociales y deportivos ya eran destacados por los comentaristas, quienes les pronosticaban un futuro prometedor.
Antes de abandonar el camerino, los tres juntaron sus alas, y Yo-Mar, dirigiendo la oración, gorjeó: “Gracias, Creador, por esta jornada llena de alegría y reconocimiento para nuestra colonia. Lo sucedido hoy nos indica que nuestras acciones han sido de tu agrado. Reconocemos que, transitando por el camino correcto y trabajando como un equipo, lograremos transformar el éxito en costumbre”.
Satisfechos consigo mismos, abandonaron el camerino y volaron hacia sus nidos.
Al día siguiente, Yo-Mar recibió el suministro de semillas del Fruto del Bien que le correspondía a su colonia y la noticia de haber obtenido la calificación más alta de su región. Orgullosos y contentos, los tres iniciaron su viaje de regreso.
Capítulo 9.
Colonia de La Plaza de Los Mártires.
—Sur-Fe, ¿qué noticias me tienes? —graznó Ta-Lama apenas arribó del Valle Venturoso.
—¿Con respecto a qué, jefe? —preguntó este, fingiendo ignorancia.
—¡Déjate de estupideces, Sur-Fe! Necesito saber qué noticias nuevas han llegado del Robledal —graznó Ta-Lama, exasperado.
—Todavía ninguna —respondió Sur-Fe, preparándose para la andanada de reclamos que el evidente mal humor de Ta-Lama generaría.
Después de soportar el desahogo de su jefe, Sur-Fe se atrevió a preguntar:
—¿Cómo nos fue?
—¡Peor que eso es imposible! Bajamos al tercer lugar en la calificación de la región y perdimos ambas competencias.
—¿Quién ocupó el primer lugar?
—¿No te lo imaginas? ¡El Robledal! Y no solo eso: nos ganaron en ambas competencias e incluso casi ganan el campeonato mundial.
—¡Caramba, jefe, nos dieron una paliza! —bromeó Sur-Fe.
—¡No vuelvas a repetirlo o te daré yo una! —graznó Ta-Lama antes de retirarse a su nido.
La situación de su colonia y la suya como jefe ahora eran mucho más desesperadas. Los halagos y las felicitaciones que en años anteriores recibía se habían transformado en quejas y reproches sobre el desorden de la colonia y el deterioro de sus relaciones con las autoridades humanas por los daños que ocasionaba en la plaza.
Además, en lo personal se sentía humillado. Su aspiración de ser nominado para la próxima vacante de su región en el Consejo se había complicado. “Todo esto ha sido causado por Yo-Mar”, pensó desanimado.
Necesitaba que su plan para desacreditarlo empezara a dar frutos, para así poder frenar a su rival. “Si no puedo ser yo, tampoco lo será él”, pensó con perverso propósito mientras llamaba a Sur-Fe.
—No perdamos más tiempo, Sur-Fe. Comunícate con De-Lay para que actúe rápido. Debemos aprovechar que Yo-Mar estará un poco distraído después de su regreso y que estamos en época de apareamiento. Que utilice su belleza para conseguir lo que le ordenamos.
—Enseguida, jefe —aseguró Sur-Fe y se dispuso a enviar el mensaje.
Capítulo 10.
Colonia del Parque Robledal.
Las buenas noticias arribaron a la colonia antes que sus protagonistas. Tau-Be, siempre diligente, se dio a la tarea de organizar una bienvenida que transmitiera a su líder y a sus atletas todo el orgullo y el agradecimiento que la colonia sentía hacia ellos.
Para ello, le encargó a un artesano la elaboración de tres coronas de laurel. Estas debían ser entregadas por la paloma hembra más atractiva de la colonia. Sin dudarlo, seleccionó a De-Lay. Desde su llegada, ella había causado un gran revuelo. La admiración que despertaba entre los machos con su picaresco y natural coqueteo provocaba envidia en las hembras. Además, Tau-Be necesitaba comprobar si su presentimiento sobre los verdaderos propósitos de la nueva pareja era cierto.
Al llegar los tres viajeros, toda la colonia formó una calle de honor y los recibió con un ruidoso y alegre batir de alas y gorjeos de felicitación. A continuación, De-Lay colocó las coronas sobre sus cabezas mientras la colonia los vitoreaba.
Después de agradecer el animoso recibimiento, To-Lux y So-Mol se retiraron a sus nidos para reunirse con sus familias y disfrutar de su merecido descanso.
Por su parte, Yo-Mar se reunió con Tau-Be para recibir su informe.
—¿Qué ha sucedido en la colonia durante mi ausencia? —interrogó Yo-Mar.
—Todo transcurrió normalmente. Pero ha sucedido algo que debes conocer.
—¿Qué ha pasado?
—Desde tu partida, La Benefactora no ha regresado.
—Eso es bastante raro. ¿Conoces algún motivo?
—No, Yo-Mar. Afortunadamente hemos encontrado suficiente comida en el bosque.
—Cambiando de tema, ¿quién es la paloma que nos coronó?
—¡Pensé que no lo ibas a preguntar! Es la hembra de la pareja que se nos unió antes de tu viaje.
—¡Ajá!, ¡es bastante agraciada!
—Sí, lo es —concluyó Tau-Be.
El interés de Yo-Mar por ella lo alarmó y reafirmó sus sospechas sobre la verdadera intención de esa pareja. Debía redoblar la vigilancia.
La noticia de la ausencia de La Benefactora le recordó a Yo-Mar el cambio de ánimo que había percibido en ella y presintió que algo malo había sucedido. La bondad que esa pareja les entregaba diariamente sin esperar retribución lo motivó a intentar averiguar la causa de su ausencia.
A la mañana siguiente, después de su reunión diaria, Yo-Mar se dirigió al edificio donde habitaba La Benefactora. Posado en el alféizar de la ventana de la alcoba principal, pudo observarlos. El rostro de La Benefactora reflejaba toda su angustia y desconsuelo mientras atendía a su pareja. Él, postrado en la cama, denotaba los estragos causados por alguna grave enfermedad.
“¡Él está muy enfermo! ¡Esa es la razón de su ausencia!”, dedujo Yo-Mar mientras volaba de regreso.
La reanudación de sus actividades en la colonia llenó su tiempo y le permitió olvidar por un momento la penosa situación de La Benefactora. Pero, al retirarse a su nido para descansar, el doloroso recuerdo regresó.
“La Benefactora ha sido importante para el progreso que hemos desarrollado desde que la colonia habita los palomares de este parque. Esos granos que con cariño nos ha proveído todos los días nos han permitido mantenernos sanos y fuertes. ¡Qué ironía! ¡Nosotros estamos sanos gracias a ella y ahora su esposo está enfermo! ¿Qué hemos hecho nosotros por ella a cambio? ¡Nada! Nuestra relación ha sido injusta. Nosotros recibimos beneficios, pero no hemos devuelto nada.”
Meditó Yo-Mar mientras, intranquilo, trataba de dormir.
La idea de retribuir algo valioso que compensara todo lo bueno que La Benefactora les había regalado no se apartaba de su mente. Por eso, continuó pensando:
“¿Qué puede hacer la colonia para agradecerle? ¿Qué poseemos nosotros que pueda generarle alegría y compensar la que hemos recibido de ella? Lo más valioso que poseemos son las semillas del Fruto del Bien.”
Concluyó Yo-Mar. Pero esa idea traía consigo importantes consecuencias para él y potencialmente para su especie. Por lo tanto, Yo-Mar continuó:
“Nuestra especie es la única que conoce la existencia de esas semillas porque solo germinan en el Valle Venturoso. Además, nosotros conocemos el efecto curativo que tienen en nuestra especie, pero nunca han sido utilizadas por los humanos. ¿Tendrán el mismo efecto? Y si es igualmente beneficioso, ¿podremos seguir manteniendo el secreto? Y en cuanto a mí, esa decisión me llevaría a romper las leyes de nuestra sociedad, y el castigo que recibiría podría cambiar mi vida para siempre.”
Así de importante era la decisión a la que se enfrentaba. No pudo dormir. Pero, con la llegada del alba, también arribó su decisión.
Capítulo 11.
Edificio Brisas del Robledal.
Piso 5, Unidad 3.
No esperaban recibir esa noticia.
Cuando él comenzó a sentirse más cansado de lo habitual después de sus caminatas, lo atribuyó a un exceso de ejercicio y disminuyó la intensidad. Sin embargo, la preocupación aumentó al notar que el cansancio persistía, junto con la pérdida de apetito y un desgano que le impedía realizar las actividades que antes lo entusiasmaban.
Durante su chequeo trimestral, le comentó su situación a su médico. El doctor, al examinar los resultados de laboratorio, encontró valores que requerían un análisis más detallado. Le ordenó exámenes más específicos y, tras evaluar los nuevos resultados, le confirmó que padecía una seria enfermedad y le explicó el tratamiento a seguir. Sin perder tiempo, él lo inició, confiado en que la ciencia lo ayudaría a superarla.
Esta era la situación que afrontaba La Benefactora, la causa de que sus caminatas diarias por el parque se hubieran detenido. Ahora sus días transcurrían atendiendo a su pareja, debilitado por el agresivo tratamiento que lo mantenía postrado en la cama la mayor parte del tiempo.
Esa mañana, después de levantarse, ella abrió la ventana de la habitación para permitir que la brisa y la luz del sol lo acompañaran en su sueño. Se dirigió a la cocina y regresó con un vaso de agua que colocó en la mesita a su lado para que lo bebiera al despertar.
Cuando su celular anunció una llamada entrante, se retiró de la habitación para atenderla sin despertarlo. Mientras la escuchaba, oyó un batir de alas en el cuarto y, alarmada, regresó para ver a una paloma volar hacia la ventana y marcharse.
“La pobre equivocó su camino. Menos mal no lo despertó”, pensó, mientras continuaba su conversación, alejándose de nuevo.
Después de atender la llamada, regresó a la habitación y lo encontró despierto.
—¿Ya tomaste tu vaso de agua? Recuerda que debes consumir bastante durante todo el día.
—Sí, señora. ¿Cómo podría negarme a una enfermera tan sexy como usted? —bromeó, mirándola divertido.
A pesar de su situación actual, él no había perdido su buen humor y continuaba bromeando para hacerla sonreír.
—¡Qué paciente tan coqueto! ¡No se sobrepase conmigo o lo acusaré de acoso! —respondió ella, siguiendo la broma.
Se acercó a la cama, lo besó en la mejilla y le susurró al oído:
—De esta también saldremos. Juntos y más fuertes.
Retiró el vaso vacío de la mesita y se dirigió a la cocina para organizarle el desayuno.
Capítulo 12.
Colonia del Parque Robledal.
Como todos los días, al escuchar el llamado de Yo-Mar, Tau-Be se dispuso a iniciar su jornada.
“Yo-Mar no pudo dormir bien”, estimó Tau-Be al notar las huellas que una noche intranquila había dejado en su semblante.
“¿Qué le preocupa? La única situación anormal que le comuniqué fue la ausencia de La Benefactora. ¿Será eso?”, continuó pensando Tau-Be mientras organizaba la colonia para el nuevo día.
Al finalizar la reunión, Yo-Mar le solicitó que lo reemplazara por un momento y, sin más explicaciones, voló hacia la entrada del parque.
—Eso definitivamente tiene que ver con La Benefactora —concluyó Tau-Be.
—¿Para dónde vas, Hum-Ye? —preguntó Tau-Be con desconfianza al ver que el macho de la nueva pareja se disponía a volar para seguir a Yo-Mar.
—Tengo hambre y voy a buscar algo para comer al bosque —respondió Hum-Ye, abandonando su intención.
—Eso lo harás más tarde. Ahora te necesito como vigilante —le ordenó Tau-Be para impedir que volviera a intentarlo.
Desconocía hacia dónde se había dirigido Yo-Mar, pero desconfiaba de la nueva pareja y le pareció prudente que Hum-Ye tampoco lo supiera.
Mientras tanto, Yo-Mar se dirigió hacia el edificio donde vivía La Benefactora con una semilla del Fruto del Bien en su pico. Esa había sido su decisión. Pero esta acción no debía ser conocida por nadie: ni por su colonia ni por los humanos. Por eso, no le comentó el motivo de su ausencia a Tau-Be.
En su anterior visita, había observado que ella siempre depositaba un vaso con agua en la mesita de noche para que él la consumiera cuando lo necesitara. Al notar que la ventana de la alcoba principal se encontraba abierta, sin la presencia de La Benefactora, y que él estaba dormido, supo que era el momento adecuado.
Sabiendo que la semilla se disolvía al entrar en contacto con el agua, su plan era depositarla dentro del vaso lleno para que fuera consumida por él al beberla.
Rápidamente, voló a través de la ventana, dejó caer la semilla en el vaso con agua y abandonó la habitación con la tranquilidad de haber logrado su objetivo sin testigos.
A su regreso, Tau-Be lo abordó y, con una sincera expresión de admiración, le dijo:
—Yo-Mar, tú y yo hemos sido amigos desde nuestra infancia y estoy muy agradecido por haberme escogido como tu asistente al fundar la colonia. Juntos hemos recorrido un trecho de nuestras vidas y, por ello, conozco muy bien tus nobles sentimientos. Sé que algo has hecho para intentar solucionar una situación que tiene que ver con La Benefactora. Por eso, sin importar la acción, quiero manifestarte que la apruebo. La colonia le debe mucho a esa humana y cualquier cosa en su beneficio está justificada. Cuentas con mi apoyo y, si la necesitas, con mi discreción.
—No necesitas decirlo. Lo sé muy bien. Gracias, hermano —agradeció emocionado Yo-Mar mientras lo abrazaba.
Esas palabras significaron mucho para él. Le ratificaron que su decisión había sido la correcta a pesar de las consecuencias que esta le podría ocasionar.
Capítulo 13.
Edificio Brisas del Robledal.
Piso 5, Unidad 3.
Para La Benefactora, abril fue el mes más hermoso de ese año.
A pesar de la calurosa temperatura y las frecuentes lluvias, la recuperación de su pareja le devolvió la alegría y reafirmó su optimismo para afrontar lo bueno y lo malo que la vida pudiera ofrecerles.
Durante el último chequeo, el médico le confirmó a su pareja que en su organismo habían desaparecido los rastros de la enfermedad. Ahora iniciarían un tratamiento de recuperación basado en una alimentación sana y mucho ejercicio.
—¿Te acuerdas de lo que te dije? —le preguntó ella al regresar a casa después de la consulta.
—Como si fuera ayer. ¿Qué sería de mí sin tu optimismo?
—Serías un viejo pesimista, triste y amargado —bromeó ella, mirándolo burlona y sonriente.
—La pareja ideal para alguien como tú —complementó él, siguiendo la broma.
—¿Ese es el premio que me merezco? ¡Desagradecido! —replicó ella, y ambos terminaron celebrando su fingida controversia con una alegre carcajada de felicidad.
—Mañana reanudaremos nuestra caminata en el parque —le anunció ella.
—¿Con el correspondiente desayuno para las palomas?
—¡No lo dudes! —concluyó ella, apretando su mano con cariño.
Capítulo 14.
Colonia del Parque Robledal.
El tranquilo discurrir de la vida en la colonia continuó, esta vez más alegre, gracias al triunfo en la convención. El evidente regocijo que reflejaban sus gorjeos se complementaba con la explosión de colores que había invadido el bosque. Los distintos tonos de verde que ofrecía la vegetación se enriquecían con el colorido de sus flores y frutos ya maduros, que brindaban una abundante alimentación.
Tau-Be, que no perdía de vista a la nueva pareja, observaba cómo la coquetería de De-Lay ahora estaba enfocada en Yo-Mar. Ella no desperdiciaba ninguna ocasión para acercarse a él. Hasta que, una mañana después de la reunión diaria, Yo-Mar se retiró hacia su nido. Sin perder tiempo, De-Lay lo siguió e ingresó al nido de Yo-Mar.
“¡Peligro!”, pensó Tau-Be y rápidamente voló hacia allá para impedir que la intención de De-Lay se concretara.
No fue necesario. Toda la colonia escuchó el gorjeo de alegría de uno de los vigilantes:
—¡Se acerca La Benefactora!
El primero en abandonar su nido y volar hacia el centro de los palomares fue Yo-Mar. El resto de la colonia siguió su ejemplo para manifestarles a esa querida pareja de humanos el alborozo que su retorno les inspiraba.
Ellos, reanudando su rutina, suministraron su mezcla de semillas en el lugar acostumbrado y ocuparon su banca preferida para observar a la colonia mientras se alimentaban.
—Yo-Mar, ¿qué sucedió en tu nido?
—Nada. Afortunadamente, el arribo de La Benefactora me salvó. ¡De-Lay es un peligro! Con su coqueteo casi consigue seducirme —exclamó aliviado Yo-Mar.
—Yo sospeché de ellos desde su llegada, pero no quise comentarlo porque no tenía pruebas. Ahora ya las tengo. El día que te ausentaste sin decirme a dónde ibas, Hum-Ye intentó seguirte, pero logré impedirlo. Ahora, con el intento de De-Lay, no me queda ninguna duda: ellos fueron enviados por Ta-Lama para espiarnos y encontrar algo para desacreditarte ante el Consejo —concluyó Tau-Be con una expresión de alivio.
—Infórmales que ya no son bienvenidos en nuestra colonia y cerciórate de que nos abandonen —le solicitó Yo-Mar.
—Así se hará.
Capítulo 15.
Colonia de La Plaza de Los Mártires.
Al notar Sur-Fe la presencia de Hum-Ye y De-Lay en la colonia, les preguntó alarmado:
—¿Qué pasó?
—¡Sospecharon que éramos espías y nos expulsaron! —respondió Hum-Ye.
—Esto debe conocerlo Ta-Lama. Vamos a contárselo. Espero que tengan una buena información. Ya conocen su carácter —los previno Sur-Fe mientras volaban hacia donde Ta-Lama se encontraba.
—¿Qué noticias me traen? —los interrogó Ta-Lama al verlos llegar.
—Nos descubrieron y nos expulsaron del Robledal —respondió Sur-Fe.
—Eso significa que la misión terminó. ¿Qué resultados me traen?
Hum-Ye fue el primero en declarar:
—Algo inusual sucedió en esa colonia y tiene que ver con una humana a quien llaman La Benefactora.
—¿Inusual? ¡Explícate!
—La humana les lleva alimentos todos los días, pero se ausentó desde el día de la partida de Yo-Mar hacia el Valle Venturoso. A su regreso, Tau-Be le informó acerca de eso. Yo-Mar se ausentó de la colonia por un rato. Después de unos días, la humana regresó y eso ocasionó una gran alegría en la colonia —explicó Hum-Ye.
—¿Por qué se ausentó Yo-Mar y adónde fue?
—No pude averiguarlo. Tau-Be me tenía vigilado. Cuando intenté seguirlo, lo impidió.
—¿Eso es todo?
—Sí, jefe.
—¿Y tú, De-Lay, lo conseguiste?
—Ya lo tenía atrapado en mi red, pero el arribo de esa tal Benefactora arruinó mi plan.
—Ya veo. De Hum-Ye solo recibo una suposición y de De-Lay, un fracaso. Esperaba un mejor resultado. ¡Retírense! —les ordenó fríamente un decepcionado Ta-Lama.
La misión de la pareja espía no fue exitosa. En realidad, no esperaba mucha información valiosa, ya que Sur-Fe la había suministrado anteriormente. Su esperanza estaba depositada en los encantos de De-Lay y sus habilidades para seducir. Según su relato, casi lo consigue. Sin embargo, la desconocida situación surgida entre Yo-Mar y la llamada Benefactora podría ser útil.
“Si comienza a circular el rumor de que Yo-Mar ha hecho algo ilegal en beneficio de una humana, podría hacerle daño. Aunque no existan pruebas para comprobarlo, una mentira repetida muchas veces termina por convertirse en verdad”, pensó Ta-Lama y llamó a Sur-Fe para iniciar su nuevo plan.
Algún tiempo después, Ta-Lama recibió una citación para presentarse ante el Consejo.
Capítulo 16.
Regreso al Valle Venturoso.
—Yo-Mar, acaba de llegar una citación del Consejo. Debes viajar lo más rápido posible y presentarte en el despacho de nuestro Consejero —le comunicó Tau-Be, después de despedir al mensajero que arribó con la noticia.
—¿Comunican el motivo?
—Sí. Es para la selección del nuevo Consejero de la Región Norte. ¡Eres uno de los candidatos! ¡Felicitaciones!
—Gracias, mi querido Tau-Be. Voy a disponer todo para mi viaje.
—Antes de irte, quiero informarte de algo que debes saber. Está circulando un rumor en las colonias de nuestra región que te involucra a ti y a La Benefactora.
—¿Qué dicen en concreto?
—Nada en específico, solo un rumor sobre una posible violación a nuestras leyes —comentó Tau-Be. Al notar la preocupación que comenzaba a reflejarse en el rostro de Yo-Mar, agregó: —Cuentas con todo nuestro apoyo.
—Gracias de nuevo, Tau-Be —finalizó Yo-Mar y se alejó hacia su nido para preparar el viaje.
Mientras viajaba, Yo-Mar analizó el posible origen de ese rumor y concluyó que Ta-Lama lo había iniciado a partir de la información suministrada por sus espías. Estaba seguro de que su acción con la semilla carecía de testigos y, sin ellos, no podían acusarlo formalmente. Si por alguna circunstancia se hacía un inventario de sus reservas, él podría justificar la ausencia de esa semilla, alegando que la perdió accidentalmente. Esto sería una falta leve que no lo perjudicaría en exceso.
Además, el tiempo y sus buenas acciones se encargarían de borrar cualquier duda sobre su honestidad.
Pero, ¿cómo silenciaría a su conciencia? ¿Cómo aliviaría la pena de haber traicionado sus principios? Principios que su familia había cultivado y convertido en normas de vida, y de las cuales estaban muy orgullosos.
Con este dilema moral aún sin resolver, Yo-Mar voló hacia el Valle Venturoso para cumplir con su citación. Al llegar, se anunció en el despacho de su Consejero, como lo indicaba la citación recibida. Después de un breve momento de espera, fue autorizado a ingresar.
—Bienvenido, Yo-Mar. ¿Tuvo un buen viaje?
—Sí, señor. Afortunadamente, sin contratiempos.
—Le pedí que se presentara ante mí a su llegada porque quiero aclarar un rumor que está circulando en nuestra región y que lo involucra. ¿Sabe de qué hablo?
—Sí, señor, ya estoy enterado.
—Muy bien, Yo-Mar, quiero aclararle que voy a grabar su explicación para que quede en nuestros registros. ¿Está de acuerdo?
—Sí, señor.
—Lo escucho, Yo-Mar —dijo el Consejero, después de preparar el dispositivo para grabar.
Yo-Mar, aliviado de poder confesar su culpa, le informó a su Consejero sobre la relación de su colonia con los humanos que visitaban el parque y, en especial, con La Benefactora. Le explicó la razón de ese apodo y el beneficio que la acción de esa humana le generaba a su colonia.
Le explicó su interés por conocer los hábitos de la pareja y cómo eso lo llevó a descubrir el motivo de su repentina ausencia. Le habló del espionaje organizado por Ta-Lama y sus intentos de desprestigiarlo.
Le reveló cómo había usado la semilla del Bien para intentar sanar al compañero de La Benefactora sin testigos, y cuáles habían sido sus motivos. Para terminar, reconoció su falta y su decisión de confesarla.
—Le agradezco su sinceridad y reconozco su valentía para confesar su falta. Es una situación delicada y debo comunicársela a nuestro Fiscal para que determine qué acciones debemos tomar. Ahora, descanse de su viaje y espere por nuevas noticias.
En paz consigo mismo y con su conciencia, Yo-Mar se retiró a su nido para esperar con resignación las consecuencias de su falta.
Capítulo 17.
El Juicio.
Esa misma tarde, el Fiscal recibió y escuchó la grabación con la declaración de Yo-Mar y, obedeciendo la norma, citó al Consejo en pleno para una reunión.
En dicha reunión, el Fiscal les comunicó que, por la naturaleza de la falta cometida, Yo-Mar debía ser sometido a un juicio. A continuación, se determinó que el Consejero de la Región Central actuaría como juez, el Fiscal como parte acusadora y el Consejero de la Región Norte como defensor. El juicio se llevaría a cabo tres días más tarde.
La noticia del juicio contra Yo-Mar recorrió todas las regiones con la rapidez con que se propagan los acontecimientos importantes. Se trataba de un proceso contra uno de los líderes más prometedores de las palomas, considerado por muchos como el próximo Consejero de la Región Norte.
En tiempos recientes, no se había llevado a cabo un juicio de tal relevancia. Comentaristas de diversas regiones se acreditaron para presenciarlo y los medios de comunicación se prepararon para cubrir, con detalle, cada momento del proceso.
Capítulo 18.
La Acusación.
Al iniciar el juicio, el juez instruyó a la audiencia sobre la falta que sería juzgada y la función de cada interviniente. A continuación, le solicitó al Fiscal que iniciara su alegato.
—Honorable juez y distinguida audiencia, este juicio no se realiza para determinar si se violó o no una de nuestras normas éticas. Eso ya no está en discusión; el acusado lo ha reconocido —dijo el Fiscal.
—Como prueba, solicito que escuchen su confesión. La grabación que escucharán a continuación aclarará cualquier duda sobre su culpabilidad. Señor juez, pido su autorización para presentar esta evidencia.
—Señor asistente, por favor, inicie la reproducción —ordenó el juez.
Por los altavoces de la Sala de Audiencias, los presentes pudieron escuchar la declaración realizada por Yo-Mar.
Al finalizar la emisión, el Fiscal continuó:
—Como les manifesté, no hay dudas sobre su culpabilidad. Por eso, la razón de este juicio es determinar la pena que debe ser impuesta al acusado.
—¿Cuál fue su delito? La utilización de la semilla del Fruto del Bien sin la autorización de nuestro Consejo Regente. Esta falta constituye, por sí sola, una grave violación a la norma ética más importante de nuestra sociedad. ¿Por qué? Se preguntarán. Por el valor y el significado que tiene para nosotros esa semilla. Se trata de nuestro bien más preciado.
—El secreto de su existencia nos ha permitido sobrevivir como especie. Ocultar su existencia a los humanos ha evitado que su avaricia destruya nuestra sociedad y, posiblemente, cause nuestra extinción.
—Por esa misma razón, el delito cometido por el acusado tiene un agravante: ¡fue utilizada para sanar a un humano! De manera irresponsable, el acusado ha puesto en grave peligro a toda nuestra sociedad.
—Para concluir, solicito que se le aplique la pena más severa que nuestro honorable juez considere conveniente.
Un creciente murmullo se extendió por la sala mientras los asistentes comentaban la intervención del Fiscal. Golpeando su escritorio con el mazo, el juez ordenó:
—¡Silencio! Haremos una pausa y continuaremos esta tarde para escuchar la intervención de la defensa. Pueden abandonar la sala.
La Sala de Audiencias se desocupó paulatinamente. Un sereno Yo-Mar fue conducido por los asistentes del juez hacia una sala de espera, donde permanecería hasta la reanudación del juicio. En su mente, repasó una vez más los argumentos que lo llevaron a tomar esa decisión. A pesar de todo, no sentía arrepentimiento. Dentro de sí, sabía que, si el destino lo ponía en la misma encrucijada, volvería a actuar sin dudarlo.
Capítulo 19.
La Defensa.
Al llegar la tarde, el juicio se reanudó y el juez le solicitó al defensor iniciar sus argumentos.
—Señor Fiscal, este juicio es muy particular —comenzó el defensor—. Ambos estamos de acuerdo en que se cometió una violación a una de nuestras leyes éticas. También estamos de acuerdo en que el acusado merece ser castigado por ello. Pero en lo que no estamos de acuerdo es en su criterio para determinar la pena a imponer. Lo que usted considera un agravante, en mi concepto, debe ser evaluado como un atenuante.
Los murmullos que dicha aseveración causó entre los asistentes fueron acallados por el juez, quien golpeando el escritorio con su mazo volvió a solicitar silencio.
—Para explicarlo, voy a referirme a unos cuantos sucesos de nuestra historia, que también lo son para la historia de los humanos. Considero que no debemos perder de vista el pasado común que ambas especies poseemos.
—En nuestra historia y en la de los humanos se narra una catástrofe natural conocida como el Diluvio Universal. Cuenta la tradición que nuestro Creador decidió inundar la tierra para castigar la maldad que se había apoderado de sus habitantes. Para ello, eligió a un humano justo y le encomendó la misión de construir una gran embarcación para salvar a una pareja de cada especie.
—Cuando aquel humano terminó la construcción y embarcó a su familia y a las parejas de cada especie, nuestro Creador inundó la tierra. ¿Cómo supo aquel humano que había llegado el momento de desembarcar? ¡Eligió a uno de nuestros antepasados! Depositó su confianza en uno de nosotros y le encomendó la misión de verificar si la tierra podía ser nuevamente habitada. ¡Y nuestro antepasado, fiel a su nobleza y principios, lo hizo! Regresó con una rama en su pico para informarle que ya podía abandonar la embarcación y repoblar la tierra.
—Otros hechos importantes de nuestra historia común tienen que ver con las mitologías antiguas. Homero, un humano que escribió dos famosos libros sobre sus dioses, nos narra cómo aquellos dioses se alimentaban con néctar y ambrosía. ¿Quiénes les proveían ese alimento a los dioses? ¡Las palomas acarreadoras! Eran nuestros antepasados los merecedores de su confianza. ¿Por qué? ¡Por nuestra nobleza y principios!
—Nuestros textos históricos y Sófocles, otro humano, nos relatan cómo dos palomas fueron enviadas por sus dioses para anunciar la muerte de Hércules, uno de sus héroes más famosos. Y volvemos a preguntarnos: ¿Por qué dos de nuestros antepasados? Y la respuesta sigue siendo la misma: ¡Por nuestra nobleza y principios!
—Como he recordado, nuestra especie ha sido considerada y relacionada con las deidades de muchas religiones humanas. Tanto así, que una de las más importantes nos ha elegido para representar físicamente a su Espíritu Santo. Sus textos sagrados describen que, al ser bautizado Jesús, del cielo descendió el Espíritu Santo en forma de paloma. Para los humanos, nuestra especie simboliza valores como la paz, la pureza y una conexión divina.
—Han sido esos mismos principios los motivadores para que Yo-Mar, uno de los jefes de colonia más reconocidos en mi región por su nobleza y sus capacidades de liderazgo, decidiera realizar la acción por la que está siendo juzgado.
—Como jefe de colonia, Yo-Mar conocía la importancia de las semillas del Fruto del Bien para nuestra especie. También era consciente del peligro que representaba utilizarlas en humanos. Pero, tal como lo escucharon en su declaración, habían sido tantos los beneficios que esa pareja de humanos anónimos regalaba a su colonia, sin esperar retribución alguna, que no dudó en intentar remediar su dolorosa situación, a sabiendas de las consecuencias personales que eso le traería.
—¡Fue un acto de nobleza y agradecimiento!
—También escuchamos las precauciones que tomó para evitar que dicha acción fuera conocida por humanos o palomas. Personalmente, puedo dar fe de ello. La certeza de que Yo-Mar cometió ese acto solo pudo ser conocida gracias a su declaración rendida ante mí, que yo hice pública. No existía ninguna prueba que lo condenara. Solo un miserable rumor, creado y esparcido por alguien motivado por la envidia, que intentó desacreditarlo.
—Pueden no coincidir conmigo, pero el hecho de tomar las precauciones necesarias para que su acción solo lo perjudicara a él me indica el talante de un líder. Un líder que asume la responsabilidad de sus actos sin perjudicar a los demás.
—Para concluir, haré nuestra una frase humana para su consideración: “La grandeza de un palomo no se mide por su riqueza, sino por los valores que posee”.
Y señalando a Yo-Mar, concluyó:
—Este es Yo-Mar, un miembro de nuestra especie a quien considero un palomo justo, honrado, íntegro y noble. Un palomo que merece una segunda oportunidad.
El silencio que se hizo presente en la sala al terminar el consejero su argumentación fue interrumpido por la voz del juez al decir:
—Habiendo escuchado ambas argumentaciones, damos por finalizada esta sesión. Mañana, en horas de la mañana, daré a conocer mi decisión. Pueden retirarse.
Mientras abandonaban la sala, las miradas de Yo-Mar y su consejero se encontraron. Una estaba cargada de respeto y agradecimiento, mientras que la otra era alentadora y animosa.
Capítulo 20.
La Espera.
Más tarde en su habitación, Yo-Mar pudo reflexionar sobre todo lo sucedido.
“He cometido un error. Ahora puedo reconocerlo. No importan los atenuantes que me motivaron, he cometido un error y debo ser castigado por ello.”
“Debo asumir las consecuencias que este error me generó. Debo aceptar que mi sueño de convertirme en Consejero de mi región se alejó y, posiblemente, desapareció, al igual que el regocijo que me inspiraba mi deseo de habitar en el Valle Venturoso.”
“Aceptar mi culpa me permitiría aceptar mi pena. Soy joven y podré superarlo.”
Pero en su mente resaltaba el hecho de que su Consejero lo había calificado como un líder.
“¿Lo soy?”
“Un líder ejerce una influencia motivadora en su gente.”
“Un líder tiene claro hacia dónde dirigir a su grupo y la capacidad para cambiar de rumbo si es necesario.”
“Un líder es perseverante en la búsqueda de objetivos, sabe reconocer sus errores y se recupera de ellos.”
“Un líder sabe escuchar y aprender de los demás.”
“¿Poseo yo todas esas cualidades?”
“Es muy difícil autocalificarte. A veces la modestia te impide reconocer los valores que posees, y otras veces te sobrestimas y crees poseer los que te faltan.”
“Por eso, es mejor no juzgarte. Fijarse en un ideal y trabajar para acercarse a él puede ser el mejor camino.”
Yo-Mar lo vio claro. Su Consejero era el espejo en el que debería mirarse.
Reconoció en él a su mejor ejemplo.
Aquel ser poseía todas las cualidades que Yo-Mar quería para sí. Aquella reconfortante mirada de su Consejero le indicó la calidad de su ser.
“Cuando todo esto termine, quiero ser como él.”
Se dispuso a dormir y, después de varias noches sin conseguirlo, durmió tranquilo.
Capítulo 21.
El Veredicto.
La Sala de Audiencias, colmada en su totalidad, reflejaba la expectativa de la concurrencia por conocer cuál sería la decisión del juez en este juicio. Sin duda, este caso se convertiría en un referente legal para la jurisprudencia de su sociedad. Las intervenciones del Fiscal y del defensor eran motivo de comentarios y opiniones que recorrían la sala, inundándola con el confuso rumor de los presentes.
Los gorjeos cesaron al ingresar el juez y sus asistentes. Este, después de acomodarse en su silla y ordenar los documentos, se pronunció:
—Revisando los escasos fallos que nuestra jurisprudencia ha emitido para este delito, no pude encontrar alguno que contemple las situaciones que este caso presenta.
Los murmullos expectantes de los asistentes volvieron a escucharse, obligando al juez a solicitar silencio.
—Por lo tanto, espero que mi juicio sea justo y que contribuya favorablemente a resolver situaciones como esta en el futuro.
—Señor Fiscal, señor defensor y acusado, de pie por favor.
Al atender los tres el requerimiento, el juez continuó:
—Esta corte determina que Yo-Mar, jefe de la Colonia del Parque Robledal, perteneciente a la Región Norte, ha sido encontrado culpable de la violación de una de nuestras leyes éticas, la que prohíbe la utilización no autorizada de la semilla del Fruto del Bien. Por lo tanto, esta corte determina la suspensión por cinco años de su derecho a ser considerado como aspirante a la posición de Consejero. Esta suspensión podrá ser revocada en un término no inferior a un año por decisión del Consejo Regente, dependiendo de su evaluación anual como jefe de colonia.
—Con este fallo, se da por terminado este juicio.
—Pueden retirarse.
La agitación que se apoderó de la sala de audiencias era un reflejo del efecto que el fallo causó en los presentes. Los partidarios de la defensa felicitaban al Consejero y a Yo-Mar, los partidarios del Fiscal manifestaban su desacuerdo, y los medios de comunicación buscaban afanosos a los protagonistas de este histórico juicio para conocer su opinión.
A través del grupo que lo rodeaba, Yo-Mar se dirigió hacia su Consejero para agradecerle su defensa. Este, después de recibir las palabras de Yo-Mar, le dijo:
—Yo-Mar, la vida te ha brindado una segunda oportunidad. Estoy seguro de que sabrás aprovecharla.
—Así será, señor Consejero —asintió un emocionado Yo-Mar.
Al llegar a su despacho, el Consejero del Norte les solicitó a sus colegas y al Fiscal reunirse para decidir sobre una situación que se presentaba en la Colonia de La Plaza de Los Mártires. Cuando todos estuvieron reunidos, el Consejero del Norte les informó:
—La Colonia de La Plaza de Los Mártires necesita ser trasladada. Las autoridades de la ciudad están muy disgustadas por el daño que esa colonia causa a sus edificios y monumentos históricos. Es tanto su enojo que han iniciado una campaña de esterilización. Si lo permitimos, esa colonia desaparecerá.
El Fiscal intervino para decir:
—A propósito de ese tema, le solicité a uno de mis asistentes que investigara el origen del rumor que involucraba a Yo-Mar antes del juicio. Su informe reveló que fue iniciado desde esa colonia. Además, su jefe envió a dos de sus miembros para que espiaran a Yo-Mar. Si bien eso no constituye un delito, sí demuestra un comportamiento inaceptable para un jefe de colonia.
—Otra razón para que esa colonia sea trasladada —comentó el Consejero Central.
El Consejero del Sur intervino para decir:
—En mi región existe un área bastante extensa y despoblada: la Estepa del Sur. No hay ninguna colonia habitándola porque su clima y su geografía son bastante difíciles. La ofrezco como la nueva sede para esa colonia.
—¿Estamos todos de acuerdo? —preguntó el Consejero Central.
Al escuchar la unánime aprobación, decidió:
—La Colonia de La Plaza de Los Mártires, situada en la Región Norte, se trasladará a la Región Sur y será conocida como La Colonia de La Estepa del Sur. Su jefe de colonia y su asistente continuarán como tales. Los miembros de esa colonia que no deseen trasladarse podrán solicitar ser acogidos por la colonia que ellos deseen.
El Consejero Occidental, dirigiéndose al del Norte, preguntó:
—Señor Consejero, ¿continúa con su decisión de retirarse?
—No. Este no es el momento adecuado. Continuaré como Consejero hasta que las circunstancias sean más favorables —respondió este.
Los demás Consejeros, comprendiendo el significado de su respuesta, le expresaron su solidaridad.
—¿Algo más? —preguntó el Consejero Central.
Al no obtener respuesta, declaró:
—No existiendo otro asunto por resolver, se levanta la sesión.
Capítulo 22.
Colonia de La Plaza de Los Mártires.
En toda confrontación, siempre habrá vencedores y vencidos.
Con las noticias diarias que recibía sobre el juicio, Sur-Fe pudo evidenciar la situación desfavorable que las decisiones de Ta-Lama le estaban generando a la colonia. Cada vez era más claro que ellos serían los perdedores. Este presentimiento se confirmó cuando llegó la noticia del fallo del juez: Yo-Mar no había salido perjudicado. La suspensión condicionada a la que debía someterse sería superada rápidamente. Su acertado desempeño lo conseguiría, seguramente, en un año.
Pero la guerra personal que sostenía Ta-Lama era un problema que solo él debía resolver. Lo que realmente le preocupaba a Sur-Fe era el rumor del traslado de la colonia. Esa noticia, de ser cierta, sí los afectaría.
De manera que, al arribar Ta-Lama, sin titubear, le preguntó sobre ello:
—Sí, es cierto. Nos desterraron. Debemos trasladarnos hacia la Región Sur. La Estepa del Sur será nuestro nuevo hogar —fue la lacónica respuesta de un resignado Ta-Lama.
—¿Jefe, a la Región Sur? ¿Qué sabe usted de ese sitio?
—Pude averiguar un poco sobre ese lugar con algunos jefes de colonia. La Estepa del Sur está dividida por las Montañas Orientales. Un lado es árido y desértico. El otro lado es rocoso, pero con bosques.
—¡Eso parece bastante solitario! —exclamó un preocupado Sur-Fe.
—Solitario y frío —aseguró Ta-Lama.
—¿Cuándo debemos mudarnos?
—Lo más rápido posible. ¡Deja ya el interrogatorio y pongámonos a trabajar! ¡No quiero volver a recordarlo! —concluyó un desalentado Ta-Lama antes de retirarse a su nido.
Una vez allí, pudo meditar acerca de su nueva situación y las ventajas que ella le ofrecía: él continuaba como jefe de colonia. Esta se reduciría de tamaño porque muchos no aceptarían mudarse; eso facilitaría su manejo. Vivirían en un ambiente agreste, ideal para el giro que empezaba a imaginarse.
Su nueva colonia no sería la colonia urbana, numerosa y desordenada que lo condujo a los errores que originaron su destierro. Ahora se enfocaría en construir una colonia campestre, pequeña y bien entrenada. Una colonia que lo elevaría de nuevo a una posición favorable para su futuro. Recobrado su prestigio, se enfocaría en derrotar a Yo-Mar. Esa intención ahora era más fuerte.
“El tiempo será mi aliado”, se dijo a sí mismo mientras se dirigía a reunirse con Sur-Fe para organizar el traslado.
Capítulo 23.
El Nuevo Plan.
La mañana en que Yo-Mar regresó a la colonia era más esplendorosa que nunca. La calidez del sol no era más que un reflejo de la felicidad que invadía a la colonia. No era para menos: su líder había superado la difícil situación del juicio de manera favorable. Su reconocimiento como un prometedor líder ahora era más notable y su posición frente al Consejo Regente más fuerte.
Después de ser recibido con alborozo, Yo-Mar se reunió con Tau-Be para organizar sus siguientes pasos.
—¿Es cierto lo del traslado de la Colonia de Los Mártires? —preguntó Tau-Be.
—Sí, Tau-Be. Los trasladan a la Región Sur. Muy lejos de aquí.
—¡Uf, qué alivio! Una preocupación menos —exclamó Tau-Be con una expresión de descanso en el rostro.
—Pero también un nuevo problema por resolver. Ese traslado no será aceptado por muchos de sus miembros y tendremos una avalancha de solicitantes para unirse a nosotros.
—¿Cómo manejaremos eso?
—Tendremos que diseñar un proceso de selección. Uno que nos permita filtrarlos. Solo aceptaremos a parejas que no nos generen problemas futuros. Tendremos que estudiar sus antecedentes —explicó Yo-Mar.
—¿Tienes alguna idea?
—Sí, Tau-Be, pero debo consultarla con nuestro Consejero. Antes de partir, tuve una reunión con él. Me informó que podría solicitar su asesoría cuando la necesitara. Fue muy claro al decirme que no deseaba que yo volviera a tomar decisiones que pudieran perjudicarme sin su consejo.
—¡Yo-Mar, serás su protegido!
—No tanto. Será mi maestro. Aprenderé todo lo que él pueda enseñarme desde su experiencia.
—Mira, Tau-Be, mi idea es la siguiente... —le comentó Yo-Mar mientras ambos se alejaban hacia el centro de los palomares para terminar de organizar el día.