Prologo
«¿Cuánto tiempo ha pasado? Hace mucho desde que el paso del tiempo dejó de ser relevante para mí, desde el día que me convertí en esto…»
La mujer deambula por el bosque; a su espalda los cuerpos sin vida de bestias.
A la distancia ve un pequeño puesto con algunos hombres cuidando la entrada a la ciudad. Quienes resguardan el paso son los Hunters que le dan caza a las bestias.
Ella camina y camina hasta que llega al puesto. Ellos la detienen.
– ¿Qué le pasó a tus padres, niña? – El hombre que lleva su cara cubierta por completo se inclina para ver el rostro de la joven.
La voz gruesa y despreocupada con tono de ignorancia le molesta aunque no lo demuestre.
Retira la capucha que le cubre el rostro. Alza su cabeza y se revela; ojos rojos como la sangre fresca brillan con la poca luz del amanecer.
«Están tan acostumbrados a recibir gente que vaga huyendo de su precaria situación que ven una infante deambulando sola por el bosque y asumen que su familia ha perecido.»
Los Hunters al ver el intenso color saben lo que es.
– Perdón, no es normal ver a un vampiro a esta hora del día – Al igual que sus compañeros se inclinan en señal de respeto y miedo por verla enojada.
La vampiro se cubre nuevamente del sol. Suspira molesta.
– No importa, estoy acostumbrada a estas faltas de respeto por mi apariencia. – Continúa caminando.
El más cercano a la puerta se abre, ella le da las gracias y entra a la gran ciudad.
Camina por las poco concurridas calles.
Carlotta
Es una de las cinco ciudades importantes del país, esta en específico tiene fama por ser de las más seguras solo por debajo de la nueva capital.
Calles bastante vacías, muy pocas personas la recorren y los comercios apenas abren sus puertas.
«Necesito un lugar para descansar… Espero que ese hotel no esté ocupado por completo.» Mira al cielo.
La suave brisa de la mañana despeja el cielo azul; el sol ilumina con calidez pero incomoda a la mujer vampiro que al estar centrada en sus pensamientos es cegada.
Desvía la mirada al suelo, talla sus ojos y parpadea rápido para recuperarse de la ceguera momentánea; en su pequeña mano sostiene un bastón envuelto en tela negra, lo levanta y sacudiéndolo levemente, la tela se expande convirtiéndose en un paraguas, o más bien parasol. Al sol, una vez más, se le ha negado su camino para que la pequeña vampiro esté cómoda y segura.
El sol es una molestia muy grande para aquellos que viven a base de sangre; pasar unos minutos bajo la blanca luz no resulta ser letal, algunos pueden llegar a durar horas con apenas quemaduras medias.
Permanecer más de lo necesario les trae graves consecuencias como debilidad física y en capacidades de usar arcana, además de incremento en su sed de sangre.
Pueden contrarrestar parcialmente estas negativas primero que nada cubriéndose, luego bebiendo sangre. Cuando se vive por años se llega a adquirir resistencia, aunque eso es un logro que solo unos pocos vampiros llegan a tener.
Continuando en búsqueda de un techo la pequeña avanza.
Más y más personas salen a medida que pasa el tiempo, ya sea para llegar a sus trabajos o comprar lo que necesiten.
Sale del hotel una vez registrada, para su buena suerte muy poca gente se está hospedando.
«Bueno, el día apenas está comenzando. Debo aprovechar para orientarme. Por lo que veo algunos sitios han cambiado; curioso, no hace mucho que estuvimos aquí y ha cambiado bastante… tal vez sea que no recuerde del todo su aspecto.»
Suelo lleno de charcos, un niño corriendo detrás de su madre pisa uno de estos y moja a la infantil mujer. Lejos de molestarse ella solo sacude su falda para limpiarla.
Sin más tiempo que perder recorre el lugar en busca de alguien que no ha visto en décadas.
Consciente de que estar a la espera de cualquier información no vale la pena, ella se da el lujo de hacer turismo ya que se quedará bastante tiempo.
Entra a un pequeño restaurante y pide la especialidad de la zona; como aún es temprano y es la única en el lugar su comida le es entregada rápido. Toma los utensilios para comer con tranquilidad.
Ha terminado, pide la cuenta para pagar; un camarero se la entrega y la paga para continuar visitando sitios de interés, no sin antes dejarle algo de propina; el camarero agradece haciendo una leve reverencia.
La intensidad de la luz solar aumenta, comienza a incomodarse.
«Es hora de regresar.»
De vuelta al hotel pasa por una boutique donde se exhiben vestidos, vestidos de novia tan hermosos que cualquier mujer desearía vestirlos para su día especial.
Ella mira pero no en especial a los vestidos, mueve la cabeza de un lado a otro intentando ver por adentro.
«¿Tendrán ropa de uso cotidiano o solo para novias?»
Sin dejar de ver la vitrina ella camina a la entrada.
Al no prestar atención choca con alguien que también va en su misma dirección. La mujer se gira molesta y le grita:
– ¡Oye! ¡Mira por donde caminas! ¡Ah eres una niña! ¿Tus padres no te enseñaron a caminar o qué? – La mujer la mira enojada inclinándose con los puños en las caderas.
La joven vampiro no se queda callada dejando que le falten el respeto.
– Cuida tus palabras. He de tener más años que tú, jovencita – Responde con la educación y formalidad que la caracteriza – Tus padres debieron mostrarte la manera correcta de dirigirte a los mayores – Se cruza de brazos.
La provocación causa que se comporte más agresiva.
– ¡Conoce tu lugar, majadera! –retrocede cruzando los brazos– ¡Estás hablando con una hunter; gracias a mí es que vives en paz! – Le muestra la lengua como ofensa.
– ¿Una hunter? Vaya sorpresa, resulta que yo soy un vampiro. Así que más respeto, que por mí tienes un mínimo de utilidad para la sociedad.
Las dos se miran fijamente enojadas, hasta que una voz le habla a la mujer.
– ¡Bridget! – La voz de un adulto joven – Bridget, no te adelantes demasiado – Interrumpe la discusión entre ambas.
– ¿Qué haces aquí?! ¡Ve por ella! Que ella es quien se va a probar los vestidos! ¡No yo! – Regaña al joven.
Él se da la vuelta siguiendo su orden.
La llamada Bridget mira como se aleja.
– ¡Espera! – La vampiro toma la ropa de la mujer – ¿Cómo te llamas, disculpa?
Da media vuelta.
– Bridget, ¿algún problema? – De mala gana le da su nombre.
– ¿Bridget? ¿Bridget Sunday?
– Sí~
– Yo… Yo soy Gwynevere! – Su cuerpo se mueve solo, esta mujer es alguien muy especial para ella. Sus brazos la rodean y presionando fuerte – ¡Me da tanto gusto encontrarte, hermanita! – La abraza fuerte, su cara se frota en la ropa – ¡No te reconocí! ¡Has crecido mucho!
Gwynevere buscó por años y décadas a su única familia que le queda.
Tiempo atrás aconteció una noche que duró más de lo que debería. Miles de personas por todo el mundo contrajeron una enfermedad que devoraba lentamente la mente hasta tal punto de desaparecer todo rastro de cordura en ellos. En el mejor de los casos morían, en caso de que no vagaban sin rumbo complaciendo sus primitivos impulsos y para quienes los mismísimos dioses los abandonaron, se convierten en criaturas deformadas no muy distintas de un animal, en bestias.
Bridget se queda viendo al vacío con la mirada perdida.
– Gwy…nevere… – No sabe cómo reaccionar, ha pasado tanto tiempo. Por instinto también levanta lentamente los brazos y poco a poco – Hermana. Perdón – La envuelve en brazos; sin darse cuenta lágrimas caen de sus ojos – ¡No te reconocí! ¡Te-te ves diferente!
Ella pasó demasiada soledad, la tristeza y la desesperación; no solo ella, todos enfrentaron situaciones similares a la suya que con el tiempo también lograron pasar página y llevar la vida que sus seres queridos quisieron que tuvieran.
Toma el largo pelo café de su pequeña hermana para acariciarlo.
Su llanto es fuerte, casi al punto de ser desgarrador, pero al mismo tiempo reconfortante.
– No es mucho pero al menos mi pelo se ve distinto! – Con sus manos retira el cabello que esconde su rostro.
Sus ojos rojos que muchos temen contrastan con las lágrimas de alegría que caen sin cesar.
Entre lágrimas las dos ríen felices por volverse a encontrar.
Fue un largo viaje para este esperado encuentro.
Sus vidas cambiaron totalmente desde ese trágico acontecimiento; cuando el sol dejó de reinar sobre el cielo y la oscuridad envolvió al mundo las dos se separaron y sin querer hicieron sus vidas la una sin la otra.
– ¿Qué haces aquí?! ¿Acaso te vas a casar? ¿Por fin encontraste un buen hombre de tu agrado? – Gwynevere se separa de su hermana y seca las lágrimas con las mangas de su ropa.
– ¡Sí y no! – Bridget hace lo mismo – No tuve la suerte de tener una boda como me gustaría pero sí tuve la suerte de conocer a un lindo chico! Ahora soy madre y la que se casa es mi hija! ¡El chico que interrumpió es el novio!
– ¡Felicidades! Es tarde pero me alegro por ti y tu hija! – La abraza contenta por la noticia y luego la suelta – No pensé que pudieras encontrar un hombre de tu agrado; siempre fuiste muy exigente y rechazaste a muchos, me sorprende que incluso una mujer se te declarara! – Junta sus manos – Quiero conocer al afortunado!
– Me abandonó – Dice Bridget sin nada de sutileza.
– ¿Qué? – Gwynevere está confundida, permanece inexpresiva, a la par que sus ojos lucen muertos.
– Después de una mágica noche desperté y no estaba.
– No… No te ves muy triste pese a que te dejaron…
– Fue duro al principio… lloré mucho, digo, ¿dónde más voy a encontrar a alguien como él! Es casi imposible!
– … – Gwynevere piensa en silencio, tratando de asimilar.
– No le des importancia; fue hace muuuuucho. Lo que importa es que en ese momento – sus dos manos acarician su vientre con delicadeza, su rostro se pone rojo al recordar – me dejó un lindo regalo que compensa lo que hizo – ríe cálidamente cerrando sus ojos claros como azul cielo desprendiendo amor maternal.
Gwynevere fuerza una sonrisa.
– L-lo que importa es que eres feliz, ¿verdad?
– ¡Mucho! Y ahora que mi niña es una mujer y – da unos pasos para poder tener entre sus brazos a su hermana mayor, sostiene sus dos manos y sus suaves labios besan su frente – ¡Tú que me has encontrado no tengo cabida para la tristeza!! – Sin miedo, con plena confianza en lo que hace la toma de la cintura, apenas ejerciendo fuerza la levanta para comenzar a dar vueltas.
Gwynevere que no le gusta ser tocada y mucho menos tratada como una niña, permite que su hermana menor la alce como una muñeca.
Juntas giran en medio de la calle, el tiempo parece detenerse para que disfruten la una de la otra.
La brisa hace volar sus cabellos mientras que las dos no dejan de verse tan contentas y juguetonas como inocentes niñas divirtiéndose.
El tiempo retrocede al instante en que fueron más felices, a esa lejana infancia que atesoran y añoran.
Blancas palomas vuelan por fuerte retumbar de las campanas al sonar.
Una pequeña familia se acaba de formarse y cuando llegue el momento se hará más grande.
Incluso en un mundo tan decadente donde muchos han perdido toda fe y sucumbido a su oscuridad interior, puede existir bellos momentos que le dan esperanza de algún día todo vuelva a la alegría de antaño, aún falta para ese día pero llegará.
Es una boda pequeña, los invitados son en su mayoría por parte del novio y se pueden contar con una sola mano; de lado de la novia solo hay dos acompañantes, su madre y su tía.
Antes una boda era un evento de lo más concurrido, docenas de personas asistían para convivir y darle sus mejores deseos a la joven pareja; en estos tiempos es mejor ser discreto y sin contar que los integrantes de las familias se han reducido, ya sea porque no se casan o prefieren no tener hijos, además de los familiares que perdieron su vida por la enfermedad o cazados.
Cuando la celebración termina Gwynevere junto con su hermana se retiran.
Bridget abraza fuerte a su hija y le desea lo mejor con su amado.
Las dos llegan a su pequeña casa.
Se desprenden de sus vestimentas elegantes para colocarse algo más cómodo para estar en casa y relajarse.
Gwynevere rompe con el silencio.
– ¿No te sentirás sola ahora que tu hija se ha casado? – Toma la taza para darle un sorbo.
– ¿Qué dices? ¡Para nada! Ahora estamos juntas – Sonríe – Ella ya es una mujer adulta, mi trabajo con ella ha terminado; ahora es su marido se encargará de cuidarla – Bebe del té.
– Sigues siendo muy despreocupada – Bebe té – En eso no has cambiado.
– Pero es cierto, el trabajo de todo padre es cuidar a sus bebés hasta que se pueden cuidar por sí mismos o hasta que alguien más lo hace. Si se pareciera más a su padre sí me dolería más que se vaya – Bebe más.
– Debe de ser un hombre magnífico si tuvo el logro de cautivar tu corazón – Deja la taza sobre el pequeño plato en la mesa frente a ella, posterior ella cruza sus piernas y la mira expectante.
Los ojos de Bridget brillan con anhelo al recordar a su amado.
– Tuvimos una pequeña aventura, en el buen sentido, al principio solo era un cualquiera más del montón pero!! AAAH! – Grita emocionada con sus manos sobre sus mejillas – ¡Me emociono de tan solo recordarlo! ¡Te lo contaré después! Quiero que sea una ocasión especial cuando lo escuches! De todas formas tenemos muuuuucho tiempo para hablar de nosotras!
Cuando mencionan el tiempo, en específico sobre el futuro se pone melancólica.
– Sí... en eso tienes razón – Se inclina para tomar la taza, mira su reflejo en el té oscuro.
– ¿Estás bien? ¿Por qué estás triste? – Bridget se levanta y se pone cerca de ella, toma su mano.
– Es el tiempo...
– ¿Qué pasa con él?
– Soy casi inmortal, las enfermedades, las heridas, ni siquiera el calor del sol puede acabar conmigo... Pensar que viviré eternamente y... – Lágrimas se acumulan en el borde de sus ojos – Pensar... Pensar que un día no te vuelva a ver m-me hace...
Bridget se pone de pie, adquiere pose que muestra determinación. Gwynevere levanta la cara, sus ojos entrecerrados hacen que las lágrimas se deslicen.
– Gwynevere creerías que estoy loca, o si lo crees pensarás que estoy aún más loca, pero buscaremos una cura! ¡Busquemos cómo volverte ser como eras antes!
– ¿A qué se debe la repentina idea de intentar curarme? – Deslizando uno de sus dedos se quita las lágrimas.
– Trabajando como una hunter conocí vampiros, en su mayoría se enorgullecen de su poder y otros son como tú y me hablaron de mitos y leyendas de una cura. No eres la única que fue obligada a ser una – Se arrodilla frente a ella – ¿Tú no quieres? No perdemos nada en intentarlo.
– Ya lo intenté y fracasé en el intento.
– ¡No me digas que te rendiste! ¿Acaso en estos años no has dejado de ser la misma niña pesimista que perdía el interés cuando algo no le salía al primer intento?!
Gwynevere se levanta del asiento; sin ver a su hermana camina alejándose.
– ¡No seas así Gwynevere! ¡No te rindas! En este mundo existen cosas capaces de alterar la realidad! Alguna encarnación arcana, poder desconocido o algún dios! Quiero creer, no, sé que es posible!
– Sé de primera mano de lo que hablas; en mis manos – Levanta sus manos y las extiende para verlas; las abre y cierra simulando tenerlo sobre su fría piel – Sostuve algo que trastornó mi mente por toda una noche y cuando tuve una pequeña información, perdí la fe...
Durante el tiempo que Gwynevere trabajó junto con un grupo de hunters ella adquirió un libro con sin fin de remedios, medicinas, experimentos y más para contrarrestar cualquier enfermedad; para su mala suerte todas para enfermedades del cuerpo.
Viajando a una Zona bestia, zonas que están plagadas por sin fin de enfermos y dominadas por bestias fueron abandonadas y todo intento de entrar es un suicidio, ella habló con otro ser como ella y lo que escuchó la destrozó.
– ¡Aún es pronto! Si encontraste algo pequeño significa que algo más grande existe! – Bridget se acerca a ella para detenerla agarrándola del hombro – No te rindas – Con la mirada ruega para que la sugerencia sea aceptada.
– ¿Quién dijo que me he rendido, tonta! – Gwynevere se da la vuelta y su rostro aún con lágrimas sonríe, demostrando fe y determinación – No viviré como vampiro, moriré como una Vorpys como tú.
– ¡Jajaja! ¡No me des esos sustos hermana! Cuando te levantaste y te ibas pensé en otra cosa jaja.
– Solo quiero un poco de leche para mi té, solo no es de mi agrado del todo jaja.
– Has cambiado, mucho Gwynevere! Ya no eres esa ermitaña que no salía del cuarto! – Su sonrisa es apasionada.
Al cumplir los doce años luego de ser convertida en vampiro Gwynevere se aisló; encerrada en su cuarto sin ver a nadie más que a su familia para que le dieran alimento, solo leía libros.
La depresión la aprisionó, rara vez tomaba baños, al solo adquirir nutrientes al beber sangre la comida le parecía asquerosa y eso la entristecía; llevar una vida como toda chica se volvió una idea imposible.
En silencio escucha las anécdotas de su hermana menor, celosa de ella solo reprimía sus emociones negativas.
Su garganta ardía por no poder gritar rabiosa por la envidia que sentía de ella; Gwynevere necesitaba desahogarse pero no podía, Bridget no tenía la culpa de nada, simplemente no era correcto.
Durante sus periodos de sueño su mente le daba lo que necesitaba, salir con amigos, romance escolar, lo que toda chica de su edad quiere; en su cabeza era feliz.
Entonces despertaba y esos sueños se desvanecían, devolviéndola a su miserable realidad.
– ¡Soy la hermana mayor! ¡Te tengo que dar un buen ejemplo! ¡O mamá y papá se molestarían! – Coloca sus manos en su cintura.
Las dos ríen.
Su viaje ha comenzado.