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Entré sombras y destino

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Summary

Durante siglos, el reino de Eryndor ha estado protegido por una barrera mágica que impide la entrada de criaturas oscuras. Cuando la barrera comienza a romperse, la princesa Aria descubre que la única persona capaz de salvar el reino es el hombre más temido del continente: Kael, el Rey de las Sombras, un gobernante inmortal acusado de haber destruido ciudades enteras. Sin embargo, Kael guarda un secreto mucho peor: hace siglos una profecía anunció que Aria sería su perdición... o su salvación. Mientras monstruos ancestrales despiertan y las guerras se acercan, ambos quedan unidos por un vínculo mágico imposible de romper. Lo que comienza como odio y desconfianza se transforma en una obsesión peligrosa capaz de destruir reinos.

Status
4mo ago
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

La grieta en el cielo


La noche en que el destino llamó a su puerta, Aria Valemont no podía dormir.


El viento golpeaba suavemente los ventanales de su habitación en el castillo de Eryndor. Más allá de los gruesos muros de piedra, el reino descansaba bajo una capa de oscuridad y silencio. Las calles estaban vacías, las antorchas ardían lentamente y las estrellas brillaban sobre el cielo despejado.


Sin embargo, algo se sentía extraño.

Aria estaba sentada en el alféizar de la ventana con un libro abierto sobre las piernas. Había intentado leer durante horas, pero sus ojos recorrían las páginas sin comprender una sola palabra.

La sensación había comenzado al caer la tarde.


Una inquietud.

Un presentimiento.

Como si algo enorme estuviera aproximándose.

Suspiró y cerró el libro

A sus veintiún años, era considerada una de las jóvenes más admiradas del reino. Los nobles alababan su inteligencia, los soldados respetaban su valentía y el pueblo la adoraba por su cercanía.


Pero nadie conocía el miedo que guardaba en secreto.

Nadie sabía que desde hacía meses tenía sueños extraños.

Sueños donde una sombra la observaba.


Sueños donde una voz masculina pronunciaba su nombre.

Sueños donde el mundo ardía.

Y siempre terminaban igual.


Con unos ojos plateados brillando en la oscuridad.

Un golpe repentino en la puerta la sobresaltó.

—¿Princesa?

Era Lyra, su doncella.


—Pasa.

La joven entró rápidamente.

—Su Alteza, el rey solicita su presencia.

Aria frunció el ceño.

—¿A estas horas?

—Parece urgente.


Aquello no era normal.

Su padre detestaba las reuniones nocturnas.

Si la estaba llamando cerca de la medianoche, debía tratarse de algo importante.

Aria se puso de pie.


—Voy enseguida.

Minutos después caminaba por los largos pasillos iluminados por antorchas.

Las sombras danzaban sobre los muros.

El castillo parecía más silencioso que de costumbre.

Incluso inquietante.


Cuando llegó a la sala del consejo encontró a varios nobles reunidos alrededor de una enorme mesa.

Su padre estaba de pie frente a un mapa.

El rey Aldric Valemont parecía cansado.

Mucho más de lo habitual.

Su cabello oscuro estaba salpicado de canas y profundas líneas marcaban su rostro.

—Aria.

—Padre.

Ella observó el ambiente.

Algo iba mal.

Muy mal.

—¿Qué ocurre?

El rey intercambió una mirada con los consejeros.


Luego habló.

—La barrera está debilitándose.

El corazón de Aria se detuvo.


—¿Qué?

Un silencio pesado llenó la sala.

La barrera.

La protección mágica que rodeaba el reino.

El escudo creado hacía siglos para mantener alejadas a las criaturas oscuras.

Según las historias antiguas, sin ella el continente entero sería devorado por monstruos.


—Eso es imposible —susurró Aria.

—Pensábamos lo mismo.

Uno de los magos reales extendió varios pergaminos.

Runas brillantes cubrían el papel.

—Las mediciones son claras.

—¿Qué tan grave es?

Nadie respondió inmediatamente.


Aquello fue suficiente.

Porque cuando nadie quería responder era porque la verdad era peor de lo que uno imaginaba.

—Está muriendo —dijo finalmente el rey.

El aire abandonó los pulmones de Aria.

—No...

—Hemos enviado exploradores a los límites del reino.

—¿Y?

—Han desaparecido.

El silencio volvió a extenderse.

Aria sintió un escalofrío.

Desaparecidos.

No muertos.

No heridos.

Simplemente desaparecidos.


Algo estaba ocurriendo fuera de la barrera.

Algo que nadie comprendía.

De repente las antorchas parpadearon.

Una.

Dos.

Tres veces.


Los presentes intercambiaron miradas nerviosas.

Entonces ocurrió.


Un estruendo sacudió todo el castillo.

El suelo tembló violentamente.


Varias personas cayeron.

Un cuadro se desplomó contra el piso.

Los cristales vibraron.


Y una explosión de luz roja iluminó la noche.

—¡¿Qué fue eso?!

Un guardia irrumpió en la sala.


Su rostro estaba completamente pálido.

—¡Majestad!

—Habla.

—La barrera...

Su voz tembló.

—La barrera se ha roto.

El mundo pareció detenerse.


Aria fue la primera en reaccionar.

Corrió fuera de la sala.

Ignoró los gritos de los consejeros.

Ignoró las órdenes.

Subió las escaleras de la torre más alta tan rápido como pudo.

Su corazón golpeaba con fuerza.

No.

No podía ser.

No podía estar pasando.

Finalmente llegó a la cima.

Y entonces lo vio.

La barrera.


Durante toda su vida había brillado como una inmensa aurora azul alrededor del reino.

Ahora estaba agrietada.

Miles de fracturas rojas atravesaban la magia.

Como heridas abiertas.

Como venas sangrando en el cielo.


Aria se quedó inmóvil.

Era hermoso.

Y aterrador.

Un sonido grave resonó en la distancia.

Parecía provenir del otro lado de las montañas.

Un rugido.

Profundo.

Antiguo.

Inhumano.

Entonces una de las grietas explotó.

La luz roja se extendió por el firmamento.

Y algo comenzó a emerger.

Una sombra gigantesca.

Más grande que cualquier criatura que Aria hubiera visto.

Sus alas cubrían parte del cielo.

Sus ojos brillaban como brasas.

La princesa retrocedió.

El miedo le recorrió el cuerpo.

Aquello no era una bestia común.

Era algo mucho peor.

Algo salido de las leyendas.

Las historias que las niñeras contaban para asustar a los niños.

Historias sobre seres que existían antes de los reinos.

Antes de los hombres.

Antes de la luz.

La criatura abrió la boca.

Y lanzó un rugido capaz de hacer temblar las montañas.

Abajo, en la ciudad, comenzaron a sonar las campanas de emergencia.

El caos estalló.

Gritos.

Órdenes.

Soldados corriendo.

Aria observó todo desde la torre.

Y por primera vez comprendió que el reino podía desaparecer.

Aquella misma noche.

Aquella misma hora.

Aquellos mismos minutos.

Entonces sintió algo.

Una presencia.

Alguien estaba detrás de ella.

Se giró de golpe.

Y se quedó sin aliento.

Un hombre permanecía inmóvil entre las sombras de la torre.

No había escuchado pasos.

No había visto abrirse ninguna puerta.

Simplemente estaba allí.

Como si hubiera surgido de la oscuridad.

Era alto.

Vestía un largo abrigo negro.

Su cabello oscuro caía sobre su frente.

Y sus ojos...

Aquellos ojos.

Plateados.

Exactamente iguales a los de sus sueños.

El corazón de Aria se aceleró.

No.

Era imposible.

Lo había visto cientos de veces mientras dormía.

Aquella mirada.

Aquella presencia.

Aquellos ojos.


—¿Quién eres?

La voz le salió apenas como un susurro.

El desconocido la observó durante varios segundos.

Como si estuviera estudiándola.

Como si hubiera esperado mucho tiempo para aquel momento.

Demasiado tiempo.

Finalmente habló.

Su voz era profunda.

Hipnótica.

Peligrosa.


—Han pasado siglos.

Aria frunció el ceño.

—¿Qué?

Una extraña emoción cruzó el rostro del hombre.

Dolor.

Alivio.

Oscuridad.

Todo al mismo tiempo.


—Al fin te encontré.

El viento atravesó la torre.


La capa negra del desconocido ondeó detrás de él.

Aria sintió que algo dentro de ella reaccionaba.

Una energía extraña.

Dormida.

Antigua.

Como si una parte de su alma reconociera al hombre frente a ella.

Y eso la aterró más que cualquier monstruo del cielo.


—No te conozco.

—No.

Una leve sonrisa apareció en sus labios.

—Todavía no.

Aria retrocedió un paso.

Instintivamente.

El desconocido dio uno hacia adelante.

Las sombras parecieron moverse junto a él.

Como criaturas obedientes.


—¿Quién eres?

Los ojos plateados brillaron.


—Mi nombre es Kael Nocthar.

El nombre cayó como una piedra.

Aria sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Conocía ese nombre.

Todo el continente lo conocía.

El Rey de las Sombras.

El monstruo inmortal.

El hombre que aparecía en las leyendas más oscuras.

El enemigo de los reinos.

La pesadilla de los niños.


No podía ser.

Porque Kael Nocthar debía estar muerto.

O quizás nunca había existido.

Pero allí estaba.

Frente a ella.

Real.

Peligroso.

Hermoso.


Y absolutamente aterrador.

La sonrisa desapareció de los labios de Kael.

Su mirada se dirigió al cielo roto.

A las grietas.

A la criatura que emergía de la oscuridad.

Cuando volvió a observar a Aria, sus ojos parecían aún más fríos.


—El tiempo se ha terminado.

—¿Qué significa eso?

—Significa que el mundo está a punto de arder.

Un nuevo rugido atravesó la noche.

Más fuerte.

Más cercano.

Kael mantuvo la vista fija en ella.


—Y eres la única persona capaz de impedirlo.

Aria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Porque, por primera vez en su vida, tuvo la sensación de que todas las respuestas que había buscado estaban frente a ella.

Y también todos los peligros.

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Good Writing

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Compelling Plot

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Great Character

2

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Strong Dialog

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Me gusta, cuando actualizas el próximo? la agrego a mi lista 👍😊

5 months

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