Creación sabor a pecado
Desde que Masacrick tiene memoria admira a su padre, siempre a querido ser como el. Es uno de esos amores tan torcidos y a la vez tan intensos.
—¿Tu me amas Papi?—Pregunto Masacrick
—¿Qué te hace pensar que no?
—En realidad no lo dudo, me gusta escucharlo de tus labios— susurro mirando a la cara a su padre las comisuras de sus labios se estiraron sonriendo, Wolfman estaba a la cabeza de la mesa inclinado para comer.
Tan cruda y sangrienta como sea posible, le encanta comer la carne de traidores y trabajadores por igual. Limpio las gotas con su lengua para mirar al joven.
—Por su puesto que te amo querido— los ojos azules glaciar miraban fijamente al pequeño pelirrojo.
—Aw~ ¿Por qué me amas?— ese era Masacrick siempre tan preguntón y curioso
—Porque estás roto— respondió volviendo a su plato enterrando sus dientes sobre el trozo de carne, haciendo correr las pequeñas gotas carmín.
Para el joven pelirrojo era más que suficiente esa respuesta, se inclino exajeradamente en la mesa mientras suspiraba, se acercó y seco un poco la lengua para lamer las gotas que habían llegado al mentón.
—Buen chico— Wolfman inclino su cabeza, dejo el trozo ensangrentado para colocar los dedos en la mejilla de Masacrick. El cuarto alrededor era frío y oscuro, con detalles morados oscuro alrededor, no las velas de la mesa tienen una llama apenas suave bailando que parece querer apagarse en cualquier momento.
El mantel color verde tóxico contrasta con ellos, el piso de madera de roble oscuro que chorrea cada que lo pisan, Masacrick se inclino queriendo recibir un beso aún que fueron interrumpidos por una chica de cabello azul y un gorro de cordero.
—Mi señor... Está listo su baño para ambos— Mimi lucia un elegante traje de mucama, con una gran falda negra, aún que se quedó quieta en el portal de el comedor y mantuvo la cara serena acostumbrada a estas inapropiadas muestras de afecto padre e hijo.
—Ya vamos Mimi— dejo la cena a medio terminar y tomo la servilleta de tela con bordes dorados para apenas limpiarse las manos y la boca.
—Asegurate de que recojan y limpien todo— acomodo su corbata negra con un paso depredador y silencioso abandono la habitación. Mimi tomó una campana plata y la hizo sonar al ser capitana por arriba de los mayordomos y mucamas de la casa.
—Ush... Eres una idiota por interrumpirnos en el mejor momento
—Mis Disculpas Joven Masacrick Pero ya estaba el agua
—Bien, bien, Pero que no se vuelva a repetir, ahora tocará ir por mi toalla.
El ojo derecho de Mimi sufrió un ligero tic de estrés ante las estupideces del sociopata, apareció una chica de cabello rosa claro.
—Straw por favor retira la comida de la mesa— ella asintió y empezó a recoger platos con eficiencia para llevarlos a limpiar y tirar al desperdicio lo que no servía ya.
—Buttercup barre por todo el lugar, retira las sillas y apaga las velas, yo me ocuparé de pasar el plumero por los alrededores para sacudir el polvo
—Si Madame Mimi— el joven de cabellos verdes empezó a barrer por todo alrededor de el oscuro y siniestro comedor.
Un rayo cayó seguido de un trueno fuerte, iluminando las ventanas en general que causarían un ligero susto. Masacrick como un buen chico caminaba alrededor para buscar sus materiales para bañarse, al pasar por un pasillo justo iluminó el rayo dando ese toque siniestro que tanto le revuelve el estómago con gusto.
Paso ignorando por completo una pintura, un retrato familiar pintado a mano, la imponente figura de su padre. Lo hace estremecer de excitación, su hermosa madre un bello angel en la tierra, y el, solo el, el es el que importa ¿A quien diablos le interesa saber por esos bastardos que también aparecen? Están muertos.
Ni siquiera se molestó en recordar los nombres de sus hermanos muertos, el punto es que el gano.
Reteodeciendo a a momentos, su memoria va a una época más compleja donde a su corta edad de tal vez 13 miraba alrededor, el viento aullaba y era luna nueva, un círculo trazado con una rama sobre la tierra húmeda.
Encantador aroma a rocío nocturno del pasto. Arbustos con pinchos y moras salvajes que no se pueden comer, pinos y árboles alrededor cubriendo todo rastro de vida y civilización, perfecto para que nadie pudiera escucharlos gritar.
—La naturaleza hará el resto— Wolfman tiró cuchillas de doble filo al piso, bajo su atenta mirada Masacrick tomaba la daga con interés, paso el dedo para confirmar lo obvio dejando una pequeña y apenas notoria cortada en su dedo.
—Padre... ¿Que se supone que quieres que hagamos aquí?— Masacrick apenas podía recordar el nombre de el pobre imbécil que pregunto eso, y menos podía recordar el rostro, estaba tan borroso.
—Matense— espetó con gélida voz sin darle la cara a ninguno solo mirando atento cuál se acobardaria, cuál de ellos sería el débil en morir primero
—¿¡Qué?!
—¡No hablas en serio!— Wolfman ni se inmuta esperando cuál tomaría el mando de la situación.
Masacrick salió de sus pensamientos cuando sintió las manos gruesas y callosas de el hombre con sombrero de lobo. Un estrangulado suspiro apenas se detecto al sentir como se enterraban las uñas.
—¿En qué tanto piensas? Te estoy esperando en el baño desde hace bastante rato.
—Recordaba que soy un bastardo con suerte
—Explicate
—¿Recuerdas que yo fui el último que quedó en pie?
—Yo no lo llamaría suerte, eras el más apto para sobrevivir y el siguiente para tomar el imperio que te pertenece por derecho
El hombre más grande sonrió con lo que solo se puede describir como un depredador cuando encuentra carroña, y entierra sus dientes sobre el cuello de su hijo, aprieta los dientes sobre el pulso.
—¡AH!~
—Mantente quieto— bajo un poco más los dientes hacia el hombro para volver a enterrarlos








