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El Dragón de la Luna Escarlata | Libro I

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Summary

Los dragones desaparecieron hace siglos... o eso creía todo el mundo. Cuando el príncipe Aldric encuentra un extraño huevo oculto en unas ruinas prohibidas, su vida cambia para siempre. De él nace Kael, un dragón negro que debería no existir. Mientras una antigua profecía comienza a revelarse, enemigos ocultos salen de las sombras para capturar al último dragón. Entre secretos, traiciones y peligros mortales, Aldric descubrirá que el destino de su reino está ligado al de Kael. Algunos secretos fueron enterrados por una razón. Y algunos dragones jamás debieron despertar

Genre
Fantasy
Author
Reyes
Status
Ongoing
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: El Hallazgo


El viento soplaba con fuerza sobre las torres del castillo de Valoria, haciendo ondear las banderas azules y plateadas que representaban a la familia real. Desde una de las almenas más altas, el príncipe Aldric observaba el horizonte con expresión pensativa.

A sus dieciséis años, conocía cada rincón del reino, pero nunca había sentido que realmente perteneciera a él.

—Algún día todo esto será tuyo —solía decirle su padre.

Sin embargo, aquellas palabras no le producían orgullo. Le producían miedo.

Gobernar un reino era una responsabilidad enorme, especialmente uno que aún intentaba recuperarse de las heridas de antiguas guerras.

Aldric suspiró y apartó la mirada de las montañas lejanas.

—¿Otra vez escondido aquí arriba?

La voz de su tutor, Sir Roland, lo hizo girarse.

—Solo estaba pensando.

—Pensar demasiado puede ser tan peligroso como no pensar nada.

Aldric sonrió ligeramente.

—Entonces debo estar en problemas.

Sir Roland soltó una carcajada.

—Tu padre te busca. Hay una reunión importante en el salón principal.

El príncipe asintió, aunque no parecía entusiasmado.

Las reuniones siempre eran iguales: nobles discutiendo impuestos, comerciantes quejándose de las rutas y consejeros preocupados por amenazas que nunca llegaban.

Nada emocionante.

Nada que hiciera latir su corazón.

---

Dos horas después, Aldric escapó del castillo aprovechando un descuido de los guardias.

Montó su caballo gris y se dirigió hacia el Bosque Susurrante, una enorme extensión de árboles antiguos situada al norte del reino.

Era su lugar favorito.

Allí nadie le recordaba que era un príncipe.

Allí podía ser simplemente Aldric.

El bosque estaba silencioso aquella tarde.

Demasiado silencioso.

Ni siquiera se escuchaban pájaros.

El joven avanzó entre los árboles hasta que algo llamó su atención.

Un brillo.

Leve.

Distante.

Entrecerró los ojos.

—¿Qué es eso?

Movido por la curiosidad, descendió del caballo y continuó a pie.

El brillo provenía de una colina cubierta de raíces y vegetación.

Apartó algunas ramas y descubrió una estructura de piedra oculta.

Parecía una entrada.

Una antigua entrada.

El corazón comenzó a acelerársele.

Había escuchado historias sobre ruinas perdidas construidas mucho antes de la fundación de Valoria.

Lugares prohibidos.

Lugares olvidados.

Exactamente el tipo de lugar que despertaba su curiosidad.

Tomó una antorcha de su mochila y entró.

El aire era frío y olía a polvo.

Las paredes estaban cubiertas de símbolos extraños.

Algunos parecían alas.

Otros recordaban enormes garras.

Aldric avanzó lentamente mientras la luz de la antorcha proyectaba sombras inquietantes.

De repente, llegó a una enorme cámara circular.

Y allí lo vio.

En el centro de la sala descansaba un objeto gigantesco cubierto por siglos de polvo.

Un huevo.

El muchacho se quedó inmóvil.

Era imposible.

El huevo era casi tan grande como él.

Su superficie negra reflejaba la luz con destellos rojizos.

—No puede ser...

Recordó las historias que había escuchado de niño.

Historias sobre criaturas capaces de oscurecer el cielo.

Historias sobre dragones.

Sintió un escalofrío.

Aquello no podía ser un huevo de dragón.

Los dragones estaban extintos.

Llevaban siglos desaparecidos.

Dio un paso adelante.

Entonces ocurrió algo extraño.

El huevo brilló.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Aldric retrocedió sobresaltado.

El suelo comenzó a temblar.

Pequeñas grietas aparecieron sobre la superficie negra.

—¿Qué está pasando?

CRACK.

Una grieta atravesó el cascarón.

CRACK.

Otra más.

Y otra.

El príncipe observó con los ojos muy abiertos.

El huevo estaba rompiéndose.

Un rugido lejano pareció resonar dentro de la cámara.

Las grietas se expandieron rápidamente.

Finalmente, una parte del cascarón cayó al suelo.

Del interior emergió una pequeña cabeza cubierta de escamas negras.

Dos ojos brillantes se abrieron lentamente.

Ojos dorados.

Inteligentes.

Vivos.

La criatura observó la sala durante unos segundos.

Luego fijó su mirada en Aldric.

El príncipe no podía moverse.

Ni respirar.

Ni pensar.

Porque frente a él había algo que no debía existir.

Un dragón.

Pequeño.

Frágil.

Pero indudablemente un dragón.

La criatura inclinó la cabeza con curiosidad.

Después dio unos torpes pasos fuera del cascarón.

Aldric sintió que el corazón iba a salírsele del pecho.

—Esto... esto es imposible.

El dragón emitió un pequeño gruñido.

Luego se acercó lentamente.

Cada paso aumentaba la tensión.

Aldric no sabía si debía correr.

Gritar.

O quedarse quieto.

La criatura finalmente llegó hasta él.

Lo observó durante unos segundos.

Y entonces apoyó suavemente su cabeza contra su mano.

El príncipe parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

El dragón cerró los ojos.

Como si confiara completamente en él.

Como si lo conociera desde siempre.

Aldric sintió una extraña conexión recorrer todo su cuerpo.

Una sensación cálida.

Antigua.

Poderosa.

Y en ese instante supo que su vida jamás volvería a ser la misma.

Muy lejos de allí, en una fortaleza oculta entre montañas oscuras, una figura encapuchada abrió los ojos de golpe.

Una llama roja apareció dentro de un recipiente de cristal.

La señal que había esperado durante años.

El hombre sonrió.

—Al fin.

Se volvió hacia sus seguidores.

—Encontradlo.

—¿A quién, mi señor?

La sonrisa del encapuchado se volvió más oscura.

—Al último dragón.

Y traédmelo vivo.

Fin del Capítulo 1 🐉

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