1
¡Se habían graduado!
Graduados de verdad, con diploma en mano y todo. Listos para entrar en la vida adulta.
Aunque algunos más que otros.
Baekhyun corría por la bulliciosa fiesta de graduación lanzando gritos dramáticos. Llevaba puesto uno de los uniformes de porrista de las chicas, el cabello rubio recogido en coletas y las uñas de la mano y el pie izquierdos pintadas de rosa.
—¡¡¡CHANYEOOOL!!! —gimoteó con fingida desesperación.
El mariscal de campo, de hombros anchos, sobresalía una cabeza por encima de casi todos los demás estudiantes, así que era fácil encontrarlo entre la multitud.
Chanyeol se volvió, interrumpiendo la tranquila conversación que mantenía, justo a tiempo para que su novio se estrellara contra él. Por poco derrama la botella de cerveza medio vacía que sostenía en la mano derecha.
El pequeño rubio se acurrucó contra el cuerpo mucho más grande de su novio, escondiéndose detrás de sus enormes bíceps.
—¡Escóndeme! —suplicó.
Pero ya era demasiado tarde.
Sus perseguidoras lo habían alcanzado.
Nayeonhari sonreía con picardía mientras lanzaba un tubo de lápiz labial al aire y lo atrapaba como si fuera una de las bastonetas que tan bien sabía girar.
Detrás de ella se encontraban las demás porristas, con las uñas perfectamente pintadas y una expresión amenazante. Cada una sostenía distintas herramientas de su arsenal cosmético.
Chanyeol bajó la mirada hacia su diminuto novio tembloroso, que además era el capitán de las porristas.
Su voz grave retumbó divertida.
—No puedo ayudarte, cariño. Una apuesta es una apuesta. Según recuerdo, prometiste que si todos se graduaban, dejarías que las chicas te hicieran un cambio de imagen. Es hora de cumplir.
—¡Judas! ¡Traidor! ¡Desertoooor! —se lamentó Baekhyun dramáticamente mientras permitía que sus compañeras lo arrastraran de vuelta al baño.
Chanyeol soltó una carcajada y lo dejó a su suerte.
Cuando finalmente reapareció, el bonito rubio llevaba el rostro cubierto por un maquillaje exagerado: sombras brillantes, labios rosa intenso con mucho brillo y suficiente rubor como para avergonzar a una reina de belleza.
Las uñas de sus manos y pies estaban pintadas de rosa fuerte.
Las puntas de sus coletas también.
El uniforme prestado se ajustaba a su torso, dejando al descubierto la suave piel de su estrecha cintura.
La falda plisada apenas alcanzaba a cubrir sus shorts deportivos.
El equipo de fútbol estalló en vítores cuando las porristas salieron corriendo al jardín arrastrando a su capitán detrás de ellas.
Por supuesto, Baekhyun fingía resistirse.
Pero siempre había sido un artista nato.
Y tenía suficiente ron de coco en el cuerpo como para olvidarse por completo de su dignidad.
No es que hubiera tenido demasiada para empezar.
Todo el equipo de porristas, con Baekhyun al frente, comenzó a repetir sus viejos cánticos y rutinas.
Para cuando terminaron, habían cometido tantos errores y se estaban burlando tanto de sí mismos y de los demás que todos acabaron llorando de la risa.
Nayeonhari alternaba entre abanicarse el rostro enrojecido y abanicar el de Baekhyun mientras lo regañaba.
—¡Deja de llorar! ¡Vas a arruinar todo mi trabajo!
Baekhyun se dobló de la risa.
Tanto, que la falda se le levantó ligeramente.
Chanyeol entrecerró los ojos al ver las miradas divertidas de sus amigos.
Los demás jugadores desviaron la vista de inmediato.
Baekhyun tenía, sin discusión, el trasero más bonito de toda la escuela.
Pero todos habían aprendido la lección.
Nadie se atrevía a quedarse mirando demasiado tiempo.
A las personas que observaban al capitán de las porristas más de la cuenta solían pasarles cosas desagradables.
Una vez, Chanyeol había derribado a un linebacker con tanta fuerza que el pobre estuvo tartamudeando durante tres meses.
—Los voy a extrañar muchííísimo —lloriqueó Baekhyun mientras abrazaba borracho a todo aquel que se dejara atrapar.
—Parece que fue ayer cuando éramos unos pequeños estudiantes de primer año muertos de miedo. Y ahora mis bebés ya crecieron y se van a la universidad.
Se secó unas lágrimas imaginarias mientras sus amigos lo consolaban entre risas.
—¿Ya decidiste qué vas a hacer, Baekhyun? —preguntó Nayeon.
Baekhyun negó con la cabeza.
No tenía ni idea.
Su madre pensaba que sería un buen higienista dental, igual que ella, pero la saliva le daba muchísimo asco.
Su padre había sugerido que estudiara para técnico veterinario debido a lo mucho que amaba a los animales, pero cuando descubrió cuántas mascotas tendría que ayudar a sacrificar humanitariamente, comprendió que no podría soportarlo.
No sabía qué quería hacer con su vida.
Pero confiaba en que lo sabría cuando lo encontrara.
Y como sus padres no ganaban demasiado dinero, tampoco quería acumular una deuda enorme en matrículas universitarias mientras intentaba descubrir quién era o qué quería hacer.
Por eso era uno de los pocos estudiantes de último año que no se había inscrito en la universidad.
Pensaba trabajar, probar distintas cosas y quizá tomar algunas materias básicas en el colegio comunitario local hasta encontrar su camino.
Ojalá pudiera ser como su novio.
Chanyeol era tan inteligente.
Y tan increíblemente decidido.
Quería convertirse en abogado fiscal, una profesión que combinaba conocimientos de contabilidad y derecho, y que resultaba indispensable para las grandes corporaciones.
Los mejores terminaban ocupando puestos ejecutivos de altísimo nivel.
Chanyeol sabía exactamente qué quería hacer y cómo pensaba conseguirlo.
Muy lejos del estereotipo del deportista tonto, Chanyeol era brillante.
Había sido el mejor alumno de su generación y solo jugaba fútbol americano porque le ayudaba a conseguir una beca.
Había recibido múltiples ofertas, pero al final eligió la universidad estatal más cercana.
Juraba que era porque tenía el mejor programa preparatorio para derecho.
Aun así, Baekhyun no podía evitar sentirse un poco culpable.
Sospechaba que la verdadera razón era que quería permanecer lo bastante cerca como para visitarlo los fines de semana.
Los estudiantes de primer año estaban obligados a vivir en las residencias universitarias, así que Baekhyun seguiría un año más en casa de sus padres.
Pero después de eso…
Podrían mudarse juntos a un apartamento.
Habían estado juntos toda la vida.
Primero fueron vecinos y amigos de la infancia. Después, novios de preparatoria.
Baekhyun no sabría decir exactamente cuándo su relación se volvió romántica, pero probablemente fue cuando la pubertad golpeó a Chanyeol como un tren de carga.
Prácticamente de la noche a la mañana pasó de ser un chico larguirucho a una auténtica montaña de músculos.
Baekhyun estaba acostumbrado a ser el más alto de los dos, pero hacía años que había perdido ese título.
La pubertad apenas había rozado al pequeño rubio.
Era bajito, apenas alcanzaba el metro setenta y tres frente al impresionante metro noventa y cinco de Chanyeol, pero la naturaleza lo había compensado con belleza y encanto de sobra.
Eran opuestos en todos los sentidos.
Donde Chanyeol era callado y serio, Baekhyun era ruidoso y juguetón.
Donde Chanyeol era moreno, Baekhyun era de tez clara.
Chanyeol era brillante; Baekhyun, un poco despistado.
Y aun así, funcionaban.
Siempre lo habían hecho.
Se entendían y se complementaban con una facilidad que solo podía nacer de toda una vida de amistad y cariño.
Eran la pareja perfecta.
Los reyes del baile.
Los chicos oscuros de la preparatoria.
El capitán de las porristas y el mariscal de campo.
La Belleza y el Cerebro.
(Baekhyun guardaba cierto resentimiento hacia ese último apodo. Que no fuera tan inteligente como Chanyeol no significaba que fuera tonto).
A esas alturas, la gente prácticamente había fusionado sus nombres.
CHANBAEK.
Porque era imposible mencionar a uno sin pensar en el otro.
Pero últimamente las cosas se sentían diferentes.
Baekhyun no lograba identificar exactamente qué era, pero algo estaba mal entre ellos.
Chanyeol siempre había sido del tipo callado y reservado, pero en las últimas semanas se había vuelto todavía más silencioso.
Más distante.
Baekhyun sabía que estaba bajo mucha presión e intentaba comprenderlo, pero la situación comenzaba a preocuparlo de verdad.
Nunca antes se habían ocultado cosas.
Chanyeol apenas estaba en casa, pero Baekhyun tampoco sabía dónde pasaba el tiempo ahora que habían terminado los entrenamientos de fútbol.
Cada vez que proponía planes para el verano, Chanyeol respondía con evasivas.
Rechazaba la mayoría de sus ideas para hacer viajes sin ofrecer explicación alguna.Y su normalmente cariñoso novio parecía cada vez más cerrado.
Seguían durmiendo juntos.
Pero todo lo demás…
Las notas adorables.
Las muestras públicas de afecto.
El estar constantemente pendientes el uno del otro.
Todo eso estaba desapareciendo.
Era como si Chanyeol se estuviera alejando.
Como si estuviera desconectándose emocionalmente antes de marcharse físicamente.
Y, en el fondo, Baekhyun estaba aterrorizado por lo que aquello pudiera significar.
Aterrorizado de quedarse atrás mientras Chanyeol comenzaba una vida completamente nueva, en una ciudad nueva y rodeado de gente nueva.
La inseguridad lo había vuelto algo irritable
Demasiado sensible.
Temperamental.
Últimamente había provocado discusiones increíblemente estúpidas.
Chanyeol simplemente se alejaba de ellas.
Y, siendo sinceros, tenía razón al hacerlo.
Pero su negativa a discutir solo conseguía que Baekhyun se sintiera aún más inseguro y distante.
También estaba el problema del «te amo».
Más específicamente, el hecho de que Baekhyun lo decía constantemente.
Llevaba años diciéndolo.
Y Chanyeol jamás se lo había respondido.
Ni una sola vez.
Durante mucho tiempo, eso no le había importado.
Baekhyun había crecido en un hogar cálido y cariñoso, donde sus padres se decían esas palabras a todas horas.
Por la mañana.Al mediodía.Por la noche.
Chanyeol, en cambio, había sido criado únicamente por su padre, un hombre que probablemente era una de las personas más reprimidas emocionalmente del planeta.
Baekhyun no podía imaginarse a aquel hombre de expresión pétrea pronunciando esas palabras.
Y si alguien se las hubiera dicho a él, probablemente habría reaccionado como si acabaran de insultarlo gravemente.
Por eso había sido paciente.
Durante años se convenció de que no importaba que Chanyeol nunca dijera «te amo», porque lo demostraba de muchas otras maneras.
O al menos eso había creído.
Ahora ya no estaba tan seguro.
Y aunque aquello le molestaba cada vez más, sentía que era la única cosa que no podía pedirle.Ese tipo de palabras tenían que nacer por voluntad propia.No podían exigirse.
Todo lo que Baekhyun quería era que las cosas siguieran igual un poco más.
Pero todo lo que Chanyeol quería hacer era hablar del futuro.
Aunque nunca de su futuro juntos.
Cada vez que Baekhyun intentaba sacar el tema, Chanyeol se volvía evasivo y esquivo.
La euforia que había sentido antes comenzaba a desaparecer, ahogada por aquellos pensamientos oscuros.
Decidido a no arruinar su última fiesta de preparatoria con un mal humor de perros, concluyó que necesitaba otro trago.
Urgentemente.
Entró en la cocina en busca de algo fuerte.
No había rastro de Chanyeol.
Se sirvió un vaso de vodka de un solo golpe y se lo bebió.
Hizo una mueca cuando el alcohol le quemó la garganta y el estómago.
Estaba a punto de servirse otro cuando un brazo familiar rodeó su cintura y le quitó el vaso de la mano.
Baekhyun levantó la vista y fulminó a Chanyeol con la mirada.
—¿Qué? —gruñó.
—¿No crees que ya has bebido suficiente?
Baekhyun puso los ojos en blanco.
—Es una fiesta, aguafiestas.
Los ojos de Chanyeol se entrecerraron.
—Sí, pero luego soy yo quien tiene que cuidar de tu trasero borracho y evitar que termines caminando en medio del tráfico.
—¡Eso pasó una sola vez!
—Una sola vez es más que suficiente.
Baekhyun estaba empezando a cansarse de que Chanyeol lo tratara como a un niño y actuara como si él fuera todo un adulto cuando apenas se llevaban unos meses de diferencia.
A veces parecía que esos seis meses entre ellos fueran seis años.
Y lo peor era que, muchas veces, Chanyeol tenía razón.
Frustrado y sintiéndose de repente ridículo por las payasadas que había estado haciendo mientras bebía, Baekhyun se quitó las ligas que sostenían sus coletas.
Su cabello rubio, teñido parcialmente de rosa, cayó sobre sus ojos, ocultando el brillo húmedo que comenzaba a acumularse en ellos por una razón que ni él mismo era capaz de explicar.
Se dio la vuelta para esconderlo y tomó la botella de vodka con intención de beber directamente de ella.
Pero Chanyeol también se la quitó.
Baekhyun giró sobre sus talones y lo señaló acusadoramente.
—¡Tú has tomado al menos el doble que yo!
—Peso el doble que tú —replicó Chanyeol.
Estaba tranquilo.
Siempre estaba condenado a estar tranquilo.
Tan sereno.
Tan controlado.
Tan… tan…
Condescendiente.
Baekhyun se abrió paso a su lado dispuesto a marcharse.
—Vete a la mierda, Chanyeol.
Una mano fuerte se cerró alrededor de su delicada muñeca y lo jaló hacia atrás, atrapándolo entre la encimera y el cuerpo firme y musculoso de Chanyeol.No parecía enfadado por el insulto.
Solo preocupado.
Chanyeol se inclinó y apartó el cabello de los hermosos ojos de Baekhyun para mirarlo directamente.
—¿Qué te pasa últimamente, cariño? Siento que siempre estás buscando pelea.
Baekhyun hizo un puchero, pero no respondió.
—Si estás preocupado porque me voy, no lo estés. Nada va a cambiar. Te lo prometo.
Su voz sonó grave y suave mientras se inclinaba para besar sus labios.Baekhyun quiso responder que no podía prometer algo así.
Pero cuando abrió la boca para hablar, Chanyeol profundizó el beso.
Sabía a ese horrible whisky oscuro que Baekhyun detestaba por sí solo.
Y que, de alguna manera, adoraba cuando lo probaba en los labios de Chanyeol.
Era un sabor intenso, ahumado.
Y el rubio no pudo evitar derretirse poco a poco entre sus brazos.
Cuando el beso terminó, ya había olvidado por completo lo que quería decir.Se quedó observando a Chanyeol con las pupilas dilatadas y los ojos muy abiertos.
El joven más alto lo rodeó con los brazos y depositó un beso sobre su cabeza rubia.
—¿Estamos bien, cariño?
Baekhyun asintió.
Aunque en realidad no estaba seguro.
Últimamente no estaba seguro de nada.
Todo estaba cambiando demasiado rápido.
—Te amo —murmuró contra su pecho, casi a regañadientes.Sabía que Chanyeol lo había escuchado porque lo estrechó con más fuerza entre sus brazos.
Pero no respondió.
No le devolvió las palabras.
Y aunque Baekhyun no esperaba realmente que lo hiciera…
Aun así dolió.
Algo en su pecho se tensó un poco más.
Chanyeol le dio un último abrazo antes de abrir el refrigerador y sacar una bebida de fresa.
Destapó la botella con una sola mano.
Baekhyun jamás había conseguido hacer algo así.
Chanyeol le revolvió el cabello.
—Nada más de licor fuerte esta noche, cariño ¿de acuerdo?
Baekhyun asintió de mala gana y tomó un sorbo.La fresa era su sabor favorito.
Chanyeol sonrió y lo empujó suavemente para que volviera con sus amigos.
Probablemente aquella sería la última noche que pasarían todos juntos.
Varios de ellos partirían en cuestión de días para comenzar el semestre de verano.
Cada uno siguió su camino.
Baekhyun se dedicó a recorrer la casa conversando con todo el mundo al mismo tiempo.
Todo el mundo quería a Baekhyun.
La fiesta estaba más animada de lo habitual.
Los gritos y las risas resonaban por toda la casa.
Los jugadores de fútbol protagonizaban sus habituales estupideces alcohólicas.
Incluso hubo un idiota que decidió lanzarse desde el tejado a la piscina.
De vez en cuando, Baekhyun sentía la mirada de Chanyeol sobre él.
Observándolo.
Probablemente asegurándose de que no hiciera nada vergonzoso.
Baekhyun decidió ignorarlo deliberadamente.
Aquel último trago de vodka le había pegado más fuerte de lo esperado.
Empezaba a tener ganas de volver a casa.Pero también sentía que debía quedarse.
Así que decidió buscar un lugar tranquilo donde descansar un poco y recuperar la sobriedad.
La planta alta estaba silenciosa.Baekhyun caminó hasta la última habitación de invitados.
La cama estaba perfectamente arreglada, con un elegante edredón y varios cojines decorativos.
Le dio algo de pena deshacer todo aquello.
Por eso terminó acurrucándose en un enorme puff que alguien había abandonado en una esquina.Se cubrió con unas mantas y se acomodó dentro de aquel improvisado capullo.
Era cálido.
Silencioso.
Pacífico.
Y, por primera vez en semanas, el alcohol consiguió que su mente se callara.No estaba durmiendo bien últimamente.
Las dudas y las inseguridades no dejaban de atormentarlo.
Y eso no se parecía en nada al Baekhyun de siempre.
Baekhyun estaba a punto de quedarse dormido cuando escuchó que alguien entraba en la habitación.
No, dos personas.
Y justo cuando se disponía a hacerse notar, escuchó que uno de ellos mencionaba su nombre.
—Es tan triste. Es como si Baekhyun ni siquiera se diera cuenta. Y eso lo hace todavía más patético.
Baekhyun reconoció al instante la característica voz grave, pero de algún modo todavía femenina, de Luhan.
Ellos eran los únicos dos porristas varones del equipo y los clásicos amigos-rivales: amigos cuando sus intereses coincidían y enemigos cada vez que Baekhyun se interponía en algo que Luhan quería.
Como el puesto de capitán de las porristas.O Chanyeol.
Hacía mucho tiempo que Baekhyun había aprendido a no confiar en él.
Su corazón comenzó a acelerarse.
Sabía que debía interrumpir aquella conversación, pero quería escuchar más.
¿Qué era eso que supuestamente no veía?
¿Qué tenía de tan patético?
Otra voz grave emitió un sonido de aprobación, y aquello pareció bastar para que Luhan continuara desahogándose.
—Quiero decir, es tan obvio que Chanyeol está intentando terminar con él de la manera más suave posible. Ahora es un hombre hecho y derecho, tan maduro… y Baekhyun sigue siendo un niño. Parecen más hermanos que novios. Me sorprendería muchísimo que Chanyeol no lo dejara antes de que termine el verano. Está clarísimo que quiere hacerlo, pero no quiere lastimar al pobre chico. Chanyeol se va a la universidad y encontrará a alguien que esté a su nivel. Si Baekhyun realmente se preocupara por él, le facilitaría las cosas y se haría a un lado con dignidad.
—¿Y cuándo ha hecho Baekhyun algo con dignidad? —se burló otra voz.
Reconoció el acento del atractivo estudiante de intercambio ruso.
Luhan soltó una risita.
Baekhyun sintió que apenas podía respirar.
Las palabras de Luhan estaban confirmando todos sus peores temores.
¿Era tan evidente para todo el mundo que Chanyeol ya no estaba interesado en él?
¿Que había madurado y lo había dejado atrás?
¿Era tan obvio para sus amigos como lo era para él que Chanyeol se marcharía a la universidad y acabaría olvidándolo?
—Además, los amores de preparatoria nunca duran —murmuró Luhan.
Aquello se sintió como una puñalada directa en el pecho.
Respirar dolía.
Se sentía humillado.
Avergonzado.
Lo único que quería era quedarse escondido bajo aquellas mantas para siempre.
Cuando escuchó el sonido de ropa moviéndose y un suave gemido, finalmente se arrancó las mantas de encima y se puso de pie de un salto.
Oyó el jadeo sobresaltado de Luhan.
Pero el otro porrista no fue tras él.
Y por eso estuvo agradecido.
Ignorando las voces que lo llamaban, Baekhyun salió por la puerta trasera y se internó en el frío aire nocturno.
Sentía el estómago hundido.
Los ojos le ardían.
Lloraban sin parar.
Meses atrás habría sido fácil descartar las crueles palabras de Luhan como simples celos.
Pero ahora…
Ahora se repetían una y otra vez dentro de su cabeza hasta sonar verdaderas.La larga caminata hasta su casa ayudó a despejar un poco su mente.
Para cuando introdujo la llave en la cerradura de la puerta principal, el dolor lo había sobrepasado tanto que había terminado por adormecerlo.
Se sentía extrañamente tranquilo.
Desconectado.
Pero en el instante en que vio a su madre sentada en la mesa de la cocina, envuelta en su suave bata rosa, esperándolo a pesar de que siempre le pedía que no lo hiciera…
Se derrumbó.
—Cariño, ¿qué pasa? —preguntó ella alarmada cuando Baekhyun se lanzó a abrazarla.
Él negó con la cabeza.
Era incapaz de poner en palabras lo que sentía.
Terminó dejándose caer en una de las sillas de la cocina y ella deslizó una taza de té caliente frente a él.
Baekhyun la sostuvo entre las manos, pero no bebió.Simplemente dejó que el calor le entibiara las palmas mientras buscaba las palabras adecuadas.
—¿Recuerdas cuando mi tío dijo que podía pasar el verano en París con él?
Ella asintió lentamente.
—¿Y que sacamos tu pasaporte, pero luego cambiaste de opinión porque no querías dejar a Chanyeol?
Baekhyun respiró hondo.
—Creo que volví a cambiar de opinión. Quiero ir después de todo.
—¿Pasó algo con Chanyeol, cariño?
Su tono era tan cuidadoso.
Tan suave.
Tan comprensivo.
Que terminó de romperlo por dentro.
Al parecer incluso ella lo había visto venir antes que él.
Su rostro se contrajo y comenzó a llorar otra vez.
Su madre lo atrajo hacia ella y le acarició el cabello.
—Lo siento mucho, bebé. Lo siento muchísimo.
—Ni siquiera sé quién soy sin él —sollozó.
—Quizá ya sea hora de descubrirlo.
Lo acunó suavemente, igual que hacía cuando era pequeño.
Y cuando finalmente dejó de llorar, con los ojos hinchados y rojos, Baekhyun se incorporó con determinación.
—Quiero irme. Mañana por la mañana.
—¿Mañana? —sus ojos se abrieron de par en par—. ¿No crees que estás actuando un poco impulsivamente? Tal vez deberías esperar a sentirte menos alterado.
Baekhyun negó con firmeza.
—No. Si no me voy ahora, nunca reuniré el valor para hacerlo. Tengo que irme ahora.
Ella se mordió el labio.
—Bueno… tu tío dijo que podías ir cuando quisieras. Y llevo tiempo deseando que empieces a ser un poco más independiente.
Baekhyun frunció el ceño.
Ella se apresuró a corregirse.
—Sabes que quiero mucho a Chanyeol. De verdad. Es como otro hijo para mí. Pero ustedes dos siempre han sido un poco…
Su voz se apagó.
Así que Baekhyun terminó la frase por ella.
—Codependientes.
Había escuchado esa palabra suficientes veces de labios de su madre.
Ella sonrió con tristeza.
—Sí. Exactamente. Creo que un tiempo separados les haría bien a los dos. Lo que está destinado a ser, encontrará la manera de serlo.
Se inclinó sobre la mesa y apretó su mano.
—Si esto es realmente lo que quieres, hagámoslo. Llamaré a mi hermano para avisarle que vas para allá. Ya tienes el pasaporte, que era lo más complicado. Mañana es sábado. Me levantaré temprano y te llevaré al aeropuerto. ¿Te parece bien? Te pondremos en lista de espera y nos quedaremos allí hasta que aparezca un vuelo. Llevaré cartas para entretenernos.
Baekhyun sonrió aliviado ante el apoyo de su madre.
Ella era inquebrantable.
Siempre estaba de su lado.
Cuando había entrado por la puerta vestido con un uniforme de animadora y la cara llena de maquillaje, ni siquiera había pestañeado.
Había sido igual cuando le confesó que era gay siendo apenas un adolescente.
Ella simplemente había dicho:
—¿Y?
Luego le confesó que ya lo sabía desde que tenía seis años y le pidió ayuda para bajar las compras del coche.
Su madre era la definición misma del amor incondicional, y Baekhyun sabía lo afortunado que era por tenerla en su vida.
—Gracias, mamá —dijo con sinceridad.
—Solo para que conste, creo que estás haciendo lo correcto. Parte de crecer consiste en descubrir quién eres. Y a veces, aferrarse demasiado a relaciones antiguas puede impedirlo. Pero sé lo difícil que esto es para ti.
No tan difícil como pasar todo el verano viendo a Chanyeol alejarse cada vez más hasta desaparecer por completo, mientras todos observaban y sentían lástima por Baekhyun al quedarse atrás.
Comparado con eso, esto era fácil.
La salida cobarde.
Pero no lo dijo en voz alta.
—Voy a hacer mi maleta para no tener que hacerlo por la mañana.
Ella besó su frente y le dio las buenas noches antes de recordarle que el desmaquillante estaba en el botiquín y que se quitara todo aquello antes de dormir si no quería acabar con una infección en los ojos.
Después de una larga ducha caliente, Baekhyun se envolvió en una toalla y preparó una pequeña maleta.
La dejó junto a la puerta principal.
Guardó el pasaporte en el bolsillo delantero porque no confiaba en que su versión con resaca del día siguiente recordara llevar consigo lo más importante.
Luego se sentó a escribir una carta para Chanyeol.
Que no tuviera el valor de enfrentarlo no significaba que fuera a marcharse sin decir una palabra.
Durante mucho tiempo, el bolígrafo permaneció suspendido sobre el papel.
Finalmente comenzó a escribir.
Chanyeol:
Te amo.
Me has escuchado decirlo tantas veces.
Y lo decía en serio.
Pero necesito que sepas que cada vez que no me lo devolvías, también te escuchaba.
Tú nunca dices algo que no sientes.
Pero el silencio se volvió demasiado fuerte.
Lo siento.
Con amor, siempre,
Baekhyun
Era una carta terriblemente corta.
Y terriblemente directa.
Chanyeol merecía algo mejor.
Pero Baekhyun ya no tenía fuerzas para ser elocuente.
La dejó sobre su mesita de noche con la intención de corregirla por la mañana, cuando estuviera menos cansado y menos borracho.
Encima colocó el anillo de graduación de Chanyeol.Dormirse debería haber sido fácil.
Pero no lo fue.
Menos de una hora después, escuchó cómo la ventana de su habitación se abría con un leve chirrido.
Luego se cerró.Y finalmente escuchó el seguro encajando.
Baekhyun siempre la dejaba abierta.
Y solo había una persona que podía entrar por ahí.
Las mantas se levantaron.Después volvieron a caer.
El cuerpo pesado de su novio se deslizó en la cama detrás de él.
El colchón se hundió bajo su peso y Baekhyun no pudo evitar rodar directamente hacia sus brazos.
—Te fuiste sin decirme nada —gruñó Chanyeol con evidente molestia.
—Lo siento —murmuró Baekhyun contra su garganta, sin ofrecer ninguna explicación.
Su cabeza quedó acomodada bajo la barbilla de Chanyeol.
Sus pies entre las piernas del otro.
Los brazos de ambos rodeándose mutuamente.
Sus cuerpos encajaron con una comodidad nacida de años y años de costumbre.
—No vayas a ningún lugar donde no pueda encontrarte.
El corazón de Baekhyun dio un vuelco.
Por un instante sintió esperanza.
—¿Por qué? —preguntó en voz baj.
—Porque sí.
No era mucho.
Pero parecía algo.
Lo suficiente para hacerlo dudar de sí mismo.
Quizá estaba equivocado.
Quizá había exagerado todo aquello.
Había suficiente luz para distinguir apenas los ojos de Chanyeol.
Se quedaron observándose.Durante segundos.
O quizá minutos.
Era extraño darse cuenta de lo difícil que resultaba ahora leer a la persona que alguna vez creyó conocer mejor que nadie.
La tensión siguió creciendo hasta que Baekhyun ya no pudo soportarla.
Se incorporó de golpe y capturó los labios de Chanyeol con los suyos.
Y el tiempo se detuvo.
Sus labios estaban cálidos, suaves y todavía conservaban el sabor del whisky.
Baekhyun no profundizó el beso, aunque quisiera hacerlo.
Simplemente apoyó sus labios contra los de Chanyeol y dejó que él tomara el control, como siempre hacía.
Un estremecimiento recorrió su cuerpo mientras se aferraba al pecho de su novio.
Chanyeol lo hizo recostarse nuevamente sobre la cama y apoyó la frente contra la suya.
Bajo las mantas, buscó sus manos y entrelazó sus dedos con los de él en un gesto tan íntimo como familiar.
Y entonces permanecieron así, besándose.
Se besaron durante mucho, mucho tiempo.
Fue un beso apasionado y suave a la vez; lento, desesperado y lleno de emociones contradictorias. Era un beso cargado de consuelo e incertidumbre.
Hacía que todo lo demás desapareciera.
El pasado parecía lejano.
El futuro dejaba de existir.
Y no había nada más que aquel instante dorado que se derretía lentamente entre ellos.
Chanyeol no tenía idea de que sería el último.
Cuando Baekhyun se apartó apenas lo suficiente para suplicar lo que necesitaba, murmuró:
—Por favor.
Chanyeol malinterpretó lo que estaba pidiendo.
Aunque ambos deseaban seguir aferrados el uno al otro, el sueño y el alcohol ya estaban nublando sus pensamientos.
Negó con la cabeza y lo abrazó más fuerte.
—Es muy tarde, cariño. Mañana estaré contigo, te lo prometo.
Aquello que llevaba tanto tiempo tensándose dentro del pecho de Baekhyun se apretó un poco más.
Y entonces algo se rompió.
Baekhyun inhaló bruscamente, como si la garganta se le estuviera cerrando.
Todo el amor que sentía parecía ahogarlo.
No tenía ningún lugar adonde ir, excepto hacia afuera.
—Te amo —susurró una última vez, con la desesperación de alguien que se está hundiendo.
Pero su súplica quedó sin respuesta.
Lo único que recibió fue un abrazo tranquilizador mientras Chanyeol se quedaba dormido, dejándolo atrás.
Al día siguiente, fue Baekhyun quien dejó atrás a Chanyeol.
Había puesto una alarma, pero cuando los primeros rayos de sol entraron por la ventana, la apagó.
No la necesitaba.
No había dormido ni un minuto.
Había pasado toda la noche memorizando el sonido de la respiración de Chanyeol, el aroma de su piel y cada detalle de su rostro.
Con cuidado, se deslizó fuera de sus brazos y se vistió con la ropa que había preparado la noche anterior.
Su mirada se posó sobre la carta y el anillo que descansaban en la mesita de noche.
Pero no quiso cambiar nada.
Ya había dicho todo lo que necesitaba decir.
Ni más.
Ni menos.
Tanto él como su madre permanecieron extrañamente callados mientras cargaban el coche y salían de la entrada de la casa.
Un peso opresivo se instaló sobre Baekhyun.
La falta de sueño finalmente comenzó a pasarle factura.
Se colocó unas gafas oscuras sobre los ojos hinchados y reclinó el asiento para intentar dormir un poco.
No vio a la figura de hombros anchos de su novio salir disparada por la puerta principal con tanta fuerza que casi la arrancó de las bisagras.
No vio a Chanyeol correr tras el coche a toda velocidad.
Pero su madre sí.
Y en una decisión impulsiva que cuestionaría durante muchos años, en lugar de pisar el freno, hundió el pie en el acelerador.
Quería a Chanyeol.
De verdad que sí.
Pero no tanto como quería a Baekhyun.
Siempre había sentido que Chanyeol era demasiado posesivo con él.
Quizá incluso obsesivo.
Le incomodaba ver cómo Baekhyun buscaba constantemente su aprobación en lugar de tomar sus propias decisiones.
Y aunque Baekhyun insistiera en que no era así, aquella relación siempre le había parecido un poco controladora.
Como si Chanyeol ejerciera una influencia extraña sobre su hijo.
Nunca le había gustado la forma en que ambos parecían girar alrededor del otro.
La forma en que Baekhyun lo miraba como si fuera el sol.
Y ahora que por fin tenía la oportunidad de sacarlo de su órbita, pensaba aprovecharla.
Sabía que no tendría otra.
El coche salió disparado hacia adelante.
Las ruedas levantaron una nube de polvo que le quemó los ojos a Chanyeol y le llenó los pulmones.
Pero él siguió corriendo.
Más rápido.
Más fuerte.
El quarterback lo dio todo.
Corrió más rápido de lo que jamás había corrido en su vida.
Porque Baekhyun significaba más para él que cualquier victoria.
Más que cualquier trofeo.
Más que cualquier touchdown.
Sus piernas impulsaban su cuerpo sin descanso mientras perseguía el pequeño automóvil.
El pánico y la adrenalina lo empujaban más allá de sus límites.
Su cabello negro ondeaba detrás de él.
Sus ojos oscuros estaban llenos de desesperación.
Abrió la boca para gritarles que se detuvieran.
Pero la madre de Baekhyun encendió la radio y ahogó el sonido.
Por mucho que corriera, no podía competir contra un coche.
Las pequeñas luces traseras fueron haciéndose cada vez más pequeñas.
Hasta desaparecer por completo en la distancia.
Y aun así, Chanyeol siguió corriendo.
Corrió y corrió.
Hasta que sus pies quedaron destrozados por el asfalto.
Hasta que sus pulmones ardieron.
Hasta que la garganta se le llenó de polvo y lágrimas.
Incapaz de aceptar que nunca le había dicho a Baekhyun lo que realmente sentía, siguió persiguiéndolo.
Y, en realidad…
Nunca dejó de hacerlo.









que fuelteeee, es que igual Chanyeol no te pases
ay Chanyeol quien te entiende 😭