Artista
El artista también es hijo del hombre de la fé.
Caravaggio pudo usar palabras pero usó algo más entero, más desbordante, más real.
La vida del artista no es sencilla, una vida que paga con soledad y dolor pero mucho más digna de vivir que cualquier otra con mil promesas.
La oposición entre el héroe griego contra el caballero Abraham no solo es revolucionaria también es necesaria.
Abraham va a tener una caída tan estrepitosa y potente que sirve para fundar una nueva corriente no solo de pensamiento, también de fe.
Ya no es meramente una cuestión epistemologica o teológica, ni siquiera moral.
El momento en que Abraham va a clavar la daga en su amado hijo, entre pasiones y terror aparece el signo de la caída que va a destrozar la moral y la fama, las fábulas y cantos ya no alcanzan.
Los ojos del becerro que nos muestra Caravaggio son el alma del artista, el costo y el dolor del corazón desnudo.
Todos nosotros somos ese becerro, incluso y con más devoción lo somos ante la caída, probablemente es lo que nos lleva a un devenir artístico.
El hombre de la fe que salta al vacío de dios con una daga, la inocencia y ternura de Isaac, el ángel de Dios y el becerro. Todos están en el artista. Son el esquema de todo artista, de toda alma elegida o condenada.
El relato también muestra el precio que se paga, sacrificamos el becerro que nos mira profundamente, que no puede más que tener compasión.
Lo hacemos entre lágrimas y con dolor, al precio de no sacrificar a nuestro inocente hijo.
Pero nuestra alma arde y solo en el último momento puede salvarnos el ángel de Dios, es esencial que sea en el último momento.
Caravaggio y Kierkegaard nos muestran algo más que un simple esquema, también es un afecto potente.
Un nacimiento y un destino, el del artista. La vida del artista.
Ya no hay razón que alcance, ni moral que aguante.
Somos el fuego y las lágrimas en los ojos de Abraham, somos la piedad y el amor sincero en los ojos del becerro y siempre necesitamos de la mano angelical para detenernos en el último momento.








