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Las leyendas están hechas para ser contadas y escuchadas por los oídos adecuados. Hace mucho tiempo, mi tío solía contarme la historia de amor que había trascendido hasta convertirse en una de las leyendas más hermosas del mundo: el romance entre el Rey de los Dragones y el Príncipe de los elfos.
El rey de los Dragones, cuyo infinito dominio iba más allá del conocimiento otorgado por los reyes universales, cayó prendido por un joven de belleza etérea y personalidad brillante. En la cima del cielo, allá dónde nadie podía llegar sin autorización y ayuda de un dragón, estaba el reino Baelia, un lugar espléndido y repleto de magia y vida silvestre. En Fhaler, el Príncipe de los Elfos, se preparaba para guiar al reino hacia la prosperidad que merecían después de tantos siglos.
Sus caminos estaban destinados a cruzarse.
El dragón sobrevoló la tierra de un intenso verde, y encontró un riachuelo de agua corriente que desembocaba en un lago color esmeralda. Su imponente figura aterrizó en la hierba con un estruendo y avanzó hacia el lago curioso. Sus pasos se detuvieron abruptamente cuando del lago una cabeza blanquecina emergió cual ninfa del Bosque. El joven le daba la espalda sin darse cuenta de su presencia, por lo que el dragón cambió a su forma humana y se escondió entre los arbustos, curioso por la figura ante él. En el momento en que se giró, su corazón se detuvo. El cabello blanco le caía en cascadas por la espalda, húmedo por el agua en la que estaba, y un mechón larguísimo de cabello negro mostraba su rango entre las criaturas mágicas. Las orejas puntiagudas en la cúspide lo identificaba como elfo. Tenía el cuello cubierto de collares de perlas brillantes, sus cejas eran pobladas e igual de blancas que su cabello, su nariz puntiaguda y refinada invitaba a ser besada con dulzura y sus labios rojos y llenos estaban hechos para ser mordidos por horas.
Los impactantes ojos azules del príncipe de los elfos lo miraron directamente y una ceja se dobló hacia arriba. La punta de sus labios se dobló hacia arriba y usando su magia apareció justo frente a él, mirándole con la misma intensa curiosidad que él.
-- Hola. – habló el príncipe con suavidad – Soy Taemin, Príncipe Heredero de los Elfos de Baelia. ¿Quién eres tú?
Sabía que una presencia lo observaba desde un arbusto, pero no veía inconveniente en dejarle disfrutar de lo que veía un rato más. La curiosidad fue demasiada y terminó por girarse y encontrar una criatura extraña que intentaba ocultarse lo más que podía. Aunque su forma humana era visiblemente más alta que la suya más menuda, los ojos verdosos en forma de serpiente le devolvieron la mirada fija.
-- Su Alteza Real – saludó el dragón con un tinte avergonzado al verse en una situación tan extraña – Soy Minho, rey de los…
-- Dragones – Taemin jadeó por la sorpresa – Su Majestad, un placer.
Ante el reconocimiento, el dragón salió de los arbustos finalmente, mostrándose ante el menudo. Era imponente. Los ojos reptilianos dieron paso a unas pupilas oscuras y nítidas, que le observaban embelesado y lo dejó enrojeció de pies a cabeza.
-- Disculpe mi intromisión, pero no pensé encontrarme a nadie en mi exploración. – Taemin asintió sonriente -- ¿Sucede algo?
-- Es la primera vez que interactúo con un dragón, su Majestad. – se disculpó el elfo – Debo disculparme yo también.
-- Llámame Min y lo olvidaré – el Rey extendió su mano hacia el Príncipe y la estrecharon en el medio -- ¿Cómo te llamo?
-- Tae.
A partir de esa tarde, cada dos lunas se reunían en el mismo lugar. Las conversaciones incómodas fueron reemplazadas lentamente por otras más profundas e íntimas. Las anécdotas que sucedían en ambos reinos sacaban carcajadas ruidosas y extensas y la compañía se volvió rutinaria. Un sentimiento verdadero surgió entre el roce de criaturas tan diferentes y tan iguales al mismo tiempo. Las ansias de más comenzaron a bañar sus charlas de pequeños roces de manos y miradas robadas que aceleraban el corazón inocente de ambos, y cuando menos se esperaba, la doceava luna llena y fría llegó. Minho declaró su amor con temor de ser rechazado, mas grande fue su sorpresa, cuando el príncipe elfo lo aceptó sin dejarlo terminar. El beso anhelado cayó en los labios del elfo y la cuerda tensa del destino apretó sus estómagos mostrando finalmente la profundidad de un vínculo que estaba destinado a ser. Esa noche, se entregaron al fuego pasional de una unión casi perfecta.
La noticia de la unión recorrió el reino y los susurros incrédulos flotaron. Al ver la adoración propia hacia cada criatura, el agradecimiento flotó en bandadas feroces. Los dragones aceptaron a su reina con el corazón latente, y los elfos aunque al principio recelosos del poder de la criatura, abrieron su mundo a las criaturas que manejaban el fuego como la sangre maneja el cuerpo.
Con el movimiento de la luna en el cielo y la fuerza del sol diario, el primogénito de la pareja saludó al mundo con un grito tan potente que sacudió el castillo de piedra oscura. Era una criatura regordeta de ojos pequeños y celestes como su madre y agarre tan fuerte como su padre. Lo llamaron Chanyeol.
Sin embargo, la maldad que afloró en los corazones, terminó destruyendo lo que los dioses habían bendecido. Una noche sin luna, un elfo oscuro visitó la cabaña de la reina regente. Se escabulló dentro de la casa mientras la pareja dormía junto a un niño pequeño. El tiempo se detuvo cuando la daga de punta azul se clavó en el rey Dragón. Quiso hacer lo mismo con el niño, pero el dragón que dormía dentro suyo lo impidió. El elfo se congeló cuando la piel manchada por la sangre de sus padres se tiñó de negro. Las escamas oscuras serpentearon por encima reemplazando la palidez humana por la suya. Y creció. Creció tanto que la daga resonó en el suelo y la bocanada de fuego cubrió el grito de horror. La cabaña sucumbió a las llamas. El dragón recién nacido protegió a su madre con su cuerpo mientras el del elfo de mala sangre se calcinaba frente a él. Un par de semanas más tarde, su madre se dejó ir con la pena de su corazón y se unió a su pareja más allá del velo.
El heredero de los clanes fue entregado a los dragones para que se criara con ellos, pero aún cuando su rey llevaba las dos sangres, los hijos del fuego jamás perdonaron la traición de los elfos. El paso a la montaña fue sellado y los lazos que habían crecido entre ellos se quemaron bajo las llamas del dragón.
De ello han pasado quinientos años y un día, pero los dragones somos seres de buena memoria. Los dragones nunca olvidan a los que perdieron por manos de la magia, y yo corro con una suerte diferente. Enamorarse del hijo del asesino de tus padres es una herida particularmente difícil de ignorar, pero ni siquiera él podrá borrar mi objetivo: el mundo arderá bajo el fuego de mi dragón. Quemaré aquella parte de mi que no protegió a mi madre y los haré pagar por sus crímenes.
¡Sé bienvenido a este ChanBaek que mezcla dragones, elfos, parejas y todo aquello que tanto nos gusta! Es una historia que se encuentra actualmente en edición, y que iré subiendo poco a poco, para ir al mismo tiempo. Estés aquí o allí, espero que la disfrutes.
¡Bienvenido a Fhaler y que el dragón esté contigo!








