One shot
Jeon Jungkook ha tenido que dejar Busan para poder poner su propio negocio. Desde niño, se encontró a sí mismo maravillado por la rebeldía, como si fuera un prodigio e hijo de la rebelión humana.
Ha sido agradecido con sus padres por darle la dicha de nacer en cuna de oro. Ha viajado por el mundo, ha comprado su propia casa en Seúl, ha podido dedicarse a la mecánica de motos y tatuajes profesionales. Todo con tan solo veinticuatro años de edad.
Es un alfa poderoso. Desde la secundaria ha tenido omegas detrás suyo, rogando y suplicando por tan solo una mirada o caricia. Eso le permitió ser el primero de sus amigos en perder la virginidad con tan solo quince años de edad, siendo la envidia andante de todos a su alrededor.
Aquello le permitió creer que cualquier omega quedaría totalmente satisfecho por sus dotes en la cama. Podía tener al hombre o la mujer que deseara con tan solo sonreír de lado, acomodarse el cabello y pasar la lengua sobre sus labios, justo en aquella perforación que enloquecía a más de uno.
Cada sábado, iba al bar en el centro de la ciudad con sus mejores amigos, aprovechando el momento para observar las delicias más bellas que se esconden en la semana como personas normales, pero aprovechan el último día de la semana para sucumbir ante el deseo carnal que los envuelve.
—Tal vez hoy lleve dos a la cama.
Asegura Jungkook bebiendo de su whisky. Mantiene la mirada en dos chicos que lo observan desde la pista de baile con los ojos llenos de placer y necesidad.
Uno de ellos es de piel morena, cabello negro largo que le cae por los hombros, ojos grandes color azul que se iluminan cada que la luz alumbra su rostro.
A su lado, su amigo es de piel clara. El cabello lo tiene teñido de rojo, con suerte, le cubre un poco las orejas. Mantiene una mirada neutral, fingiendo desinterés ante las ansías de cierto alfa de caminar hacia ambos y follarlos en la camioneta que le han regalado sus padres hace dos semanas.
—Eres un pito caliente—comenta Jimin, su mejor y único amigo omega—. ¿Qué te hace creer que podrás coronar hoy?
—La fortuna de ser guapo es más que suficiente, cariño—Taehyung rodea la cintura de su novio, recargando el mentón en su hombro—. Recuerda, Jeon puede tener a quien quiera.
—Si. Todos menos Yoongi hyung.
Ah, mierda. Eso logra poner de mal humor al pelinegro.
Min Yoongi es su vecino. Vive en la casa de al lado y desde que llegó a vivir ahí con veintidós años, supo que el hombre sería su total perdición.
Tiene treinta y seis años, da clases en la Universidad Nacional de Seúl como historiador. En sus tiempos libres lo ve en el patio trasero jugar con sus pequeñas hijas, quienes apenas tienen edad suficiente para mantenerse de pie y correr por el inmenso lugar, siendo perseguidos por su padre.
No tendría interés en él, de no ser por el imbécil de su esposo.
Lee Jungwon está más cerca de los cuarenta que de los treinta. Es accionista de SAMSUNG y se permite darle los lujos que le exige su omega. Pero el muy imbécil, no tenía idea de cómo tratarlo.
Más de una vez se encontró a sí mismo espiando al matrimonio en la alcoba principal. Y no era su culpa que la terraza de su habitación tuviera una perfecta vista de la casa de al lado. Al contrario, se sentía bendecido por las maravillosas vistas.
Escuchaba los llamados necesitados de Yoongi en temporada de celo, rogando y suplicando por el nudo de su alfa. Sin embargo, el idiota de Jungwon argumentaba estar cansado por el trabajo y solo se dedicaba a tomarlo con un dildo. No había juegos pre sexo, tampoco palabras sucias o besos lascivos. Simplemente se sentaba frente a la gran cama, mirando con desinterés a su omega deshacerse por el placer.
Si tan solo lo mirara como hombre. Si tan solo respondiera a sus coqueteos desvergonzados o a las provocaciones llevando a omegas y follándolos en su alcoba, ya lo habría hecho tocar el cielo.
—Deja de meterte en mi mierda—gruñe, recibiendo a cambio un jadeo de Taehyung—. ¿Qué? Dile a tu omega que no hable tonterías.
—Mi novio puede hacer lo que quiera—la sonrisa triunfal de Jimin lo hace rodar los ojos—. Ya te dije. Tú búscalo y da el siguiente paso, deja de ser un maldito cobarde.
—Que te jodan—bebe de golpe el whisky y deja el vaso sobre la mesa de mármol en un sonido hueco, ahogado por la música del lugar—. Nos vemos la semana siguiente. Iré por esos dos lindos omegas.
Jungkook solo necesita un par de caricias a sus caderas en medio del baile para tener a ambos restregándose contra su cuerpo en busca de atención. No pierde el tiempo, los lleva de inmediato a la camioneta para poder ir a casa.
Tiene metido a uno entre las piernas mientras maneja, haciéndole una mamada. El otro, está casi acostado sobre él, besando su cuello y chupando su mandíbula, gimoteando por lo delicioso que se ve manejando con el rostro totalmente sereno.
En su terraza, tiene a uno empotrado contra el balcón, follándolo con firmeza sin importarle que en el hogar de a lado una familia está descansando. Pasan de la media noche y la familia Lee acostumbra los domingos ir temprano a misa para agradecer por la bendición de su pastor.
Sale del omega de piel blanca para ahora penetrar al de piel morena, aprovechando que el otro hombre sigue abierto para follarlo con los dedos. Adora tener el tiempo necesario para ambos.
Además, es un Dios del sexo.
Escucha una puerta corrediza y el corazón se le acelera. Sus ojos viajan de inmediato a la alcoba principal del hogar de al lado, encontrándose con su lindo y sexy vecino.
Min Yoongi lleva un pijama común. Pantalón de seda color azul marino y playera negra, el conjunto perfecto para resaltar su hermosa piel lechosa. Muchas veces suele preguntarse cómo se vería lleno de marcas y mordidas, con sus dedos tatuados en su piel como si de un lienzo se tratase. Lo rosa que sería la piel de su trasero o su pene, necesitados de la atención que su alfa no le da.
El omega ni siquiera se digna a mirarlos, ignorando los gemidos sin sentido que sueltan los chicos que están siendo atendidos por el alfa. En su lugar, se lleva el cigarrillo a los labios y saca un encendedor del bolsillo del pantalón. Recarga los codos en el barandal de su terraza, cerrando los ojos, disfrutando de la deliciosa brisa de la noche.
Jungkook no sabe si le enfurece más ver a su omega pasar una noche fría totalmente solo, o que el hombre al que ha deseado desde meses atrás no se digna a mirarlo, aunque sea con desprecio. Tampoco importa lo rápido que mueva la cadera para penetrar a los omegas, tampoco los gritos de éxtasis que ellos sueltan cada que anuda dentro de ellos. Min Yoongi no voltea.
Al paso de la hora, ambos omegas han abandonado su hogar después de una buena sección de sexo. Jungkook se permite darse una ducha, ponerse el pantalón del pijama rojo terciopelo y salir a su balcón para fumar. Se deleita al ver que su sexy vecino, mucho mayor que él, sigue en el mismo lugar que antes, inmutándose apenas con su presencia.
—¡Señor Min! —Jungkook grita desde su lugar, ignorando la hora que marca su reloj—. ¿No tiene frío? Debería meterse, ya se ha congelado bastante la noche.
—Ya te he dicho que no grites a estas horas de la noche—bingo, si lo había notado.
—Lo siento, es solo que soy un Dios que ha llegado a la tierra para complacer a los omegas y no puedo evitarlo.
Maldita mierda. Ahí está de nuevo esa risa burlona de Yoongi. Pareciera que el hombre duda de su capacidad para poder follar correctamente a un lindo omega. Debería ser Jungkook el que lo irrite con sus risas al saber que el hombre tiene a un “alfa” que no se digna a tocarlo ni siquiera por error.
—Te falta mucho para ser el Dios del sexo, Kookie—el omega estira los brazos hacia el cielo, dejando ver esa perfecta y pequeña cintura blanca que no desapareció ni siquiera con el nacimiento de sus hijas—. Intenta descansar, hasta el amanecer.
Jungkook suspira al verlo entrar de nuevo a su habitación, maldiciendo por no poder ser él quien lo reciba en la cama cada que debe ir a dormir. Desearía poder intercambiar lugar con Jungwon. Poder tocar y acariciar al omega delicioso cada maldito segundo, ¿cómo es que solo tenían dos hijas? Si fuera suyo, lo llenaría tanto de leche que el hombre tendría hijos cada año.
Siente su pene palpitar dentro del pantalón. El no llevar ropa interior, junto al frío de la noche y la deliciosa vista de la cintura de su vecino, hicieron la mezcla perfecta para provocarle una erección.
Entra a su habitación, dejándose caer en la enorme cama para bajarse el pantalón y sacar su miembro, acariciándolo de arriba a abajo. La mano libre la pasa desde su pecho hasta su abdomen, imaginando que es el tacto del hombre que vive en la casa de al lado. Desea, con todas sus fuerzas, poder tenerlo encima suyo, montándolo como si fuera la única misión que tenía en ese mundo sucio y cruel.
Un gruñido sale desde lo más recóndito de su pecho al recordar el último celo de Yoongi. El hombre estaba tan necesitado, que aprovechó la soledad de su hogar para auto follarse el culo al aire libre de su patio. Su trasero estaba alzado, con un dildo que entraba y salía sin parar, perforando su próstata.
Ese día, Jungkook llegó tres horas tarde a su trabajo por perder el tiempo al verlo masturbarse. Tuvo que cumplir, porque tenía varias sesiones de tatuajes y cancelarlas le costaría mucho dinero. No había problema con ello, pero la reputación de su trabajo era lo más valioso en su vida.
Un calor insoportable se formó en su abdomen bajo. El pecho le subía y bajaba con desesperación, tuvo que morderse el puño de la mano para no gritar en el momento en que el orgasmo lo golpeó. Se había masturbado pensando en un hombre que no se inmutaba con su presencia.
Ugh, lo odiaba.
Jungkook iba llegando a su hogar en moto cuando se encontró el auto de Yoongi preparado para entrar a la cochera. Era martes por la tarde, y eso significaba que el hombre acababa de terminar sus clases.
Apresuró el paso, lo suficiente para detenerse frente a él, obstruyendo su camino. Sonríe por debajo del casco al verlo fruncir las cejas y apretar los labios hasta formar una línea perfecta. ¿Había algo imperfecto en él? Imposible.
—Jungkook, no vuelvas a hacer eso—el omega baja del auto, mirándolo desde detrás de la puerta—. Fue un punto ciego. Pude atropellarte.
—No me importaría que lo hiciera, hyung—Jungkook se quita el casco y se pasa las manos por el cabello con intención de acomodarlo—. ¿Cómo le fue hoy en las clases?
—Dudo mucho que sea de tu interés—se acomoda las gafas que se le resbalan por la nariz y lo observa sin expresión alguna—. Necesito que te muevas para poder meter mi auto.
—A cambio de algo—el omega alza las cejas, irritado por su insistencia—. Vamos, Yoongi hyung. Usted sabe lo que yo quiero.
Claro que lo sabe.
Lo supo desde el momento en que estaba en la mesa del patio con su esposo, montándolo con desesperación mientras su alfa gruñía, aferrado a su cintura. El celo le había golpeado con tanta intensidad a Jungwon, que agradeció ser tocado, aunque fuera bajo las drogas del calor. Necesitaba sentirse vivo, aunque fuera por unos momentos.
Aferrado a los hombros de su esposo, se impulsó para mover las caderas con mayor velocidad. En un momento de distracción, sus ojos encontraron el rostro atónito de Jungkook, quien apenas se había mudado hace dos semanas. Parecía ser tan ingenuo e inexperto en el tema por el desborde de placer que derramaban sus ojos.
Estaba tan seguro de que, a pesar de su apariencia tan masculina, el hombre era virgen. Grande fue su sorpresa cuando se hizo costumbre que cada sábado, hubiera omegas gritando y gimiendo con locura desde la alcoba de su vecino. Pero solo se reía, porque era imposible que los hiciera sentir así. Él también era omega, y reconocería a cualquiera que fingiera a kilómetros.
—Oh, Jeon—sus ojos recorrieron su cuerpo, disimulando una sonrisa de satisfacción al verlo estremecerse—. Me halaga mucho saber lo que te provoco. Pero créeme, no eres lo que busco.
—Su esposo no es el mejor.
—Cariño, eso lo sé—Yoongi sale de su escondite, dando pasos decididos hacia el alfa que no se había logrado mover de su motocicleta—. Dime, ¿acaso necesito de mi esposo para pasarla bien?
Coloca una mano por encima de la playera negra de tirantes que el alfa vestía, justo donde podía sentir su pecho trabajado e inflado. Adoraba verlo con ropa justa porque su imaginación lograba crear imágenes mentales tan inapropiadas que lo hacían recurrir a autosatisfacerse.
—Hay tantos alfas en el mundo para pasarlo bien—su mano baja lentamente por su abdomen, riendo al sentirlo tensarse bajo su tacto—. Te he escuchado cada noche de aventura. Te he visto en acción, y estás tan joven que no tienes idea de cómo hacer sentir a un omega.
Jungkook tuvo que haber tomado aquello como una ofensa. Gritarle que dejara de burlarse de él cada que se le insinuaba, que los omegas con los que follaba terminaban tan secos por los orgasmos que debía hidratarlos después para continuar cogiendo. Pero nada salió de su boca. El tacto por encima de la ropa quemaba tanto que se sentía desorientado.
—Usted es un...
—¿Promiscuo? Puede ser—retira la mano en el momento justo en que encontró el botón de su pantalón—. Excelente martes, Jungkook.
Gira sobre sus talones, regresando al auto para poder moverlo. En realidad, la motocicleta roja de Jungkook no era un impedimento para meterse a la cochera, porque tenía el espacio suficiente para pasar a su lado e ignorar su presencia. Pero, deseaba probarlo una vez, y había sido excitante.
La tarde con su esposo fue, de nuevo, aburrida. De no ser por las hermosas risas de sus hijas que hablaban sin parar por lo maravilloso que fue el colegio, ya se habría lanzado de la ventana.
—Jungwon, ¿puedes dejar el celular y escuchar a Lía? —gruñe Yoongi, mirando al alfa—. Hoy aprendió a contar hasta el veinte, ¿no es genial?
—Lo sería si pudiera llegar mínimo al cien.
Yoongi le hizo señas a las niñeras, quienes entendieron la situación y tomaron a las gemelas, subiendo las escaleras en dirección a sus habitaciones.
—¿Qué mierda te pasa? —el hombre debía recordar que no estaba casado con un omega sumiso—. Tus hijas se emocionan de poder compartir contigo la comida porque no te vieron toda la semana, ¿y esa es toda tu respuesta ante ellas?
—Vengo cansado de un jodido viaje de negocios, ¿cómo crees que todo esto se mantiene? —señala su hogar—. No tengo tiempo para jugar con niñerías.
—Ni siquiera tienes tiempo para follarme—Yoongi se levanta de golpe, provocando que la silla callera contra el suelo en un sonido sordo—. Vete a la mierda. Que no te extrañe si dejo que otro hombre me folle.
Jungwon no se inmuta. Continua su comida mientras revisa unos documentos en su tableta, ignorando las maldiciones que salían de la boca del hombre que eligió años atrás en su juventud para formar una hermosa y perfecta familia.
Yoongi se queda el resto de la tarde con sus pequeñas. Hacen tarea, juegan con las muñecas y terminan en una noche de chicas, donde tiene que soportar ser maquillado y peinado de las maneras más extravagantes posibles.
Cerca de la media noche, sale al balcón de su habitación. Jungwon ni siquiera duerme con él, pareciera que la simple idea de compartir cama con su omega lo hacía vomitar, por lo que prefería mil veces dormir en alguna habitación de invitados que a su lado.
—Señor Min, ¿no ha fumado demasiado?
Yoongi deja salir el humo, y por primera vez en noches, se digna a verlo. Había una ligera diferencia de alturas entre las terrazas, y qué decir de la distancia. Pero no era algo que los detuviera para una charla casual o el intercambio de saludos.
—Jungkook, ¿de verdad me deseas?
Ahí estaba. El semblante serio y demandante del alfa titubeaba cada que el hombre le hacía preguntas directas. Parecía ser que no sabía cómo actuar cuando era el omega quien tomaba la iniciativa de hablar sin titubear.
—¿P-Perdón? —jadea, sintiendo su pene brincar por una simple pregunta—. Señor Min, creo que el cigarro le está haciendo efecto.
—Quiero que me folles—Yoongi deja caer el cigarro al suelo y lo aplasta con el zapato para apagarlo en su totalidad—. Te enseñaré lo que es hacer sentir bien a un omega para que aprendas.
—Ya le dije que soy un Dios del sexo.
Bien, al menos esta vez ya no se había carcajeado. Solo apareció una sonrisa pequeña, casi burlona, pero no lo suficiente para que su lobo se sintiera ofendido por la poca fe que su vecino tenía sobre él.
—Jungwon saldrá el viernes de viaje y mi madre quiere tener a las niñas con ella—bajo la atenta mirada del alfa, se retira el suéter gris que cubría su esbelta figura—. Toca el timbre a las seis de la tarde. Mi empleada te dejará pasar sin problema alguno hasta la oficina.
—¿Acaso no es de su esposo? —los enormes ojos de Jungkook se abrieron en grande—. ¿No es muy atrevido?
—Es más atrevido cogerte al omega de otro hombre, ¿no lo crees? —se masajea la mandíbula, mirando de reojo su habitación—. Quiero que me folles en esa habitación. Así el imbécil de mi esposo notará que un joven inexperto lo hace mejor que él.
No lo deja responder. Regresa a su habitación como si no hubiera encendido una intensa pasión y necesidad en un veinteañero que creía haber llegado a la cima por estar pronto en medio de las piernas de su vecino que era un total dilf.
¿Seguro Jeon, que eres tú el que está ganando?
—Maldición, debe ser una jodida broma—jadea Namjoon, totalmente emocionado—. ¡Tu vecino es el pecado perfecto!
—¿Tan sexy es? —Hoseok pregunta, ajeno a la charla—. Nunca he ido a su casa, así que no lo conozco.
—Es malditamente sexy—Namjoon recuerda cuando lo saludó mientras su amigo abría la puerta y casi se corre en los pantalones—. Tiene esa fachada de maestro serio y molesto, pero estoy seguro que en sus tiempos de juventud le gustaba estar de pene en pene.
—Eso no lo dudes—Jungkook juega con la servilleta para controlar su lobo—. Me aseguró que se divierte con otros alfas, no necesita de su esposo para satisfacerse.
—¿Quién diría que ese lindo profesor, es una zorra? —vale, no solo Jungkook está excitado—. ¿Cuándo lo harán?
—Este viernes.
—¡Necesito conocerlo!
Hoseok descubre que, sus amigos no mintieron en absoluto.
Desde la terraza de Jungkook aprecian cómo Yoongi viste unos pantalones cortos acompañados de una playera blanca que apenas cubre lo necesario. Ese día se siente infernal por el sol caliente, por lo que el omega decidió tomar a sus pequeñas y jugar en la alberca del enorme patio, disfrutando del agua fría.
—Maldito idiota—gruñe Hoseok, golpeando el brazo de su amigo—. Tienes tanta suerte de disfrutar el banquete completo.
—Lo haré tragarse sus palabras.
—Amigo, lamento decepcionarte—Namjoon aprieta su hombro sin dejar de ver al omega—. Va a devorarte por completo. Será él quien te folle con solo un roce.
Jungkook no responde. Mantiene la mirada fija en el hombre que sale de la alberca totalmente empapado con sus dos hijas riendo a carcajadas. Para ellas, es solo su padre siendo parte del juego. Pero, para esos tres alfas veinteañeros, es la definición pura de lujuria. Matarían por poder meterse entre sus piernas, chupando y devorando todo su cuerpo a su paso.
Lástima, porque fue Jungkook el elegido por el señor Min.
El viernes llega tan rápido que el pobre alfa apenas tiene tiempo mente y razonamiento para terminar un par de tatuajes que le llevan toda la mañana. Agradeció a todos los cielos que no hubiera tenido algún accidente con los materiales o ahora mismo tendría su trabajo clausurado.
Cuando llega a su hogar, se toma el tiempo para arreglarse. Se da una ducha, agrega algunos aceites corporales y busca intensamente entre su guardarropa algo para impresionar al omega. Termina eligiendo una camisa azul marido arremangada, un pantalón liso color negro y zapatos de charol. Quizás está exagerando con lo que lleva puesto, porque, vamos, solo va a la casa de al lado a follarse a vecino. Nada más.
Apenas toca el timbre del hogar, una mujer abre con total seriedad. No lo saluda, no le da indicaciones, solo camina al interior. Jungkook deduce que debe seguirla, y así lo hace. Está tan nervioso que no nota la enorme fotografía familiar que cubre la pared de la sala, tampoco los juguetes guardados en una canasta al lado de las escaleras. Es un hogar, y el alfa estaba importunando la tranquilidad de una familia por la excitación ante su vecino.
La mujer para frente a una gran puerta blanca de madera y hace una reverencia, regresando a primer piso.
Jungkook toma el pomo de la puerta entre sus dedos, preguntándose si realmente es correcto lo que está por hacer. Va a entrar, tomar a un omega que conoce desde hace dos años, el cual tiene marido e hijas, y luego regresará a su hogar como si nada hubiera pasado.
Vamos, Jeon Jungkook. Tú puedes hacerlo.
Al momento en que gira el pomo y abre, todo se va al carajo. El hombre con el que soñó varias noches con las fantasías y posiciones más extremas, estaba sentado en la silla giratoria del escritorio, vistiendo una camisa negra que resalta los delicados rasgos faciales con los que fue bendecido al nacer, y un pantalón de cuero que abraza las deliciosas piernas que ha visto cientos de veces desde su alcoba cuando el omega nada en la alberca con sus hijas.
—Señor Min...
Yoongi no lo deja hablar. Se lleva los dedos al cuello y de un solo movimiento, se arranca el parque que cubre su glándula del olor, dejando salir su delicioso aroma a fresa. Uno tan dulce y embriagador que Jungkook admira la fuerza de sus piernas por no caer ante él.
—Ven, cariño—susurra Yoongi, estirando la mano—. Deja que hyung te cuide hoy.
Lo primero que quiere hacer Jungkook es comerle la boca y arrancarle la ropa, lo que provoca una dulce risa en Yoongi.
—Debes tomarte tu tiempo—acaricia su mejilla, levantándose de la silla, permitiendo que sea él quien tome su lugar—. ¿Qué es lo que haces cuando vas a follar a un omega?
Jungkook intenta responder, pero los labios acariciando su mejilla en un delicado beso, bajando suavemente por su mandíbula hasta llegar a su cuello, lo hacen jadear. Por inercia, lleva sus grandes manos a la pequeña cintura, disfrutando de lo bien que se sentía, pero el hombre se aparta con brusquedad, dejando que anhelara solo el vacío.
—Muchos alfas como tú, no son conscientes de que los omegas sabemos dar placer—sin romper la distancia por completo, lleva sus dedos delgados a los botones de la camisa azul que abrazan el cuerpo trabajo del hombre frente a él—. Eres solo un niño, ¿cómo piensas poder satisfacerme?
—Soy un hombre—maldice internamente cuando la voz le tiembla—. No necesito que un omega me enseñe absolutamente nada. Sé hacer las cosas.
—Oh, cielo—suelta una risa, jugueteando con el círculo de madera entre sus dedos—. Entre omegas reconocemos cuando otro finge. Claro que puedes follar, cualquiera en el mundo puede. Pero no sabes cómo hacerlo, y hyung te enseñará.
Jungkook es despojado de su camisa, dejándolo desnudo de la parte superior de su cuerpo. No es la primera vez que un omega lo desnuda primero, en realidad, no tiene problema si la persona con la que va a coger decide verlo sin nada, le gusta ser devorado por las miradas hambrientas de sus parejas. El problema, es que ninguno de ellos lo ha hecho sentir como el hombre frente a él.
Yoongi no lo toca directamente. Lo único que hace es rodear la silla, llegando por detrás para recargar su mentón sobre el hombro musculoso del joven chico. Las yemas de sus dedos acarician con lentitud su pecho; es un tacto tan pobre y escaso que se siente ridículo por estremecerse como si estuviera siendo masturbado.
La presencia de los dedos se hace más notoria en el momento en el momento que delinea los músculos de su abdomen y parte de su zona baja. Eso, es algo que ningún otro omega con el que se ha acostado, ha hecho. Casi todos son tímidos, se refugian bajo esa fachada de pureza e inocencia que han construido por culpa de la sociedad, dedicándose solo a gemir y sollozar en el acto, pero nada más.
Su vecino lo está tocando sin pudor alguno, tomándose el jodido tiempo de deleitarse con la vista ante él.
—¿Alguien te ha tocado así? —susurra cerca de su oído con un tono tan sensual que Jungkook debe aferrarse a los reposabrazos de la silla para no gemir—. Dices que eres un Dios del sexo, ¿no es cierto?
Suspira cuando su vecino encuentra la hebilla del cinturón, jugando con ella por unos segundos. Necesita de su otra mano para desabrocharla por completo, susurrando un “inclínate” para poder retirarla por completo de su cuerpo.
—Quiero ver cómo te masturbas—deshace la unión del botón con el agujero que une su pantalón, bajando lentamente el cierre—. Supongo que mínimo, eres bueno con eso.
Se aparta, caminando con movimientos aburridos al sofá que está justo frete a él. Toma asiento, cruzando las piernas y recargando el codo en respaldo para apoyar la mejilla en la palma de la mano; el rostro sereno, totalmente indiferente a la tensión sexual que hay en la habitación, lo asusta. No puede mover las manos, no puede deshacerse de su ropa interior, no puede sacar su miembro erecto para masturbarse y demostrarle de lo que es capaz como alfa.
Yoongi tararea, señal de que está perdiendo el interés de la situación. Aquello solo hace ruido en la cabeza de Jungkook, quien se pregunta cuánta experiencia tiene el omega para no verse sensible ante la situación. Si fuera otro, ya estaría gimiendo y abierto de piernas, rogando por ser anudado y llenado por completo; pero el señor Min sigue mirándolo fijamente a los ojos en espera de algo, pero ni siquiera él sabe de qué.
—Supongo que ni siquiera eso sabes hacer—suspira con cansancio, casi decepcionado de su elección—. Ven acá.
Como si fuera una mascota, corre al lado de su dueño sin saber qué hacer. ¿Debería tocarlo?, ¿debería besarlo? Tal vez ponerse de rodillas sea una buena opción, o quizás necesita elogiarlo por lo bonito que se ve.
—Eres un cachorro al que se le debe mimar primero, para luego enseñarle los trucos—sus manos abrazan el borde de su ropa interior, bajándolos de golpe junto a sus pantalones, dejando a la vista su hombría—. Bien, al menos estás dotado.
Jungkook suda. Las gotas se forman en el inicio de su frente y se deslizan por su rostro, perdiéndose en la línea de la mandíbula. Por un demonio, ¡el hombre no era virgen! Ahora mismo podía salir a cualquier lugar y tendría cientos de omegas llorando y suplicando por ser cogidos, lo cual haría sin titubear. ¿Qué hacía esto diferente de ello?
La respiración se le corta por una mano que envuelve su pene sin vergüenza alguna; siente las caricias del pulgar que parece no tener intenciones de permanecer quieto.
—¿Te han dado alguna mamada? —Jungkook se sobresalta, pero logra asentir—. ¿Cuál es tu récord sin correrte?
—Y-Yo no lo cuento—tenía sentido aquello—Tal vez diez minutos.
Yoongi sonríe de lado, como si aquello fuera absurdo. Pero es la verdad, Jungkook nunca ha tenido un orgasmo en menos de ese tiempo. Claro que disfruta del cuerpo de otros envolviendo el suyo, sin embargo, no cree que sea algo que lo haya hecho sentir extasiado.
—Quiero las manos detrás de tu espalda en todo momento, y tienes prohibido mover las caderas—se inclina lo suficiente para aspirar el olor de su pene, sintiendo la boca hacérsele agua—. A la primera regla que rompas, te mandaré a la mierda.
Jungkook asiente, y Yoongi está seguro de poder verlo unas orejas moverse acompañados de un collar sobre su cuello. Es muy joven, la diferencia de edad entre ellos es de doce años, el doble de años que tienen sus pequeñas gemelas. Para él, era adorable verlo tan perdido y maravillado por el remolino de sensaciones que estaba experimentando al lado de un hombre de la edad de su tío; no podía evitarlo, y si pudiera, no lo haría.
Entierra las uñas sobre su palma cuando la lengua de Yoongi acaricia su pene erecto, degustando apenas de su sabor, atreviéndose a conocer la hombría del hombre que tiene entre sus manos. El músculo lo chupa desde la punta hasta la base, recorriendo lastimosamente cada vena con la punta, tratando de guardarlas en su memoria.
Jungkook se concentra en recordar la humedad de la pared de su estudio que necesita compostura; intenta recordar dónde dejó las luces nuevas que llegaron para su motocicleta; piensa en el regalo perfecto para el cumpleaños número cincuenta de su madre, pero nada nubla su mente de la deliciosa humedad que envuelve su miembro.
—Señor Min…—jadea, cerrando los ojos para no verlo—. S-Se siente bien.
—Dime algo que no sepa—murmura al sacarlo de su boca para masturbarlo con lentitud, provocando que mueva la cadera inconscientemente en busca de más—. Jeon, ¿qué te dije?
—Lo siento hyung.
¿Jeon Jungkook, pidiendo perdón? Si sus amigos lo escucharan se soltarían a las carcajadas, es imposible que él haga tal cosa, porque nunca se equivoca. Dos años atrás, antes de mudarse a la casa de al lado, tuvo una discusión con un alfa vecino solo porque le pidió que moviera la motocicleta de lugar, algo que claramente le molestó. Él podía dejar las cosas donde quisiera porque tenía la maldita bendición de que sus padres arreglaban sus errores, así que, ser señalado por un cualquiera lo enfureció. No le pidió perdón ni siquiera cuando vio a su familia llorarle en el hospital por su estado.
Yoongi mete todo el pene en su boca, sorprendiendo a Jungkook porque tenía la boca tan pequeña y delicada que no creía que fuera posible meter toda su longitud. Cierra con fuerza los labios para que el movimiento se haga duro y estrecho; la lengua sigue haciendo su trabajo, lamiendo todo a su paso para una mayor lubricación.
Las manos le pican, el pecho sube y baja, la respiración se vuelve difícil de sostener. Quiere tomar su cabeza, enredar los dedos en su cabello negro para follarle la boca hasta llenarlo por completo de su semen, pero se abstiene.
Gime alto cuando el calor en su abdomen bajo se concentra, enviándole descargas al cuerpo en señal de que el clímax está más cerca de lo que le gustaría. Yoongi lo nota, sacando su pene con lentitud de la boca; sonríe por verlo tan brilloso y con suficiente líquido preseminal que le avisa está al borde de derramarse.
Estira la mano, tomando el cinturón que trajo consigo al irse a sentar al sofá. Se levanta, envuelve su lindo cuello con el y lo cierra lo más que puede, como si de una correa se tratase. Regresa a su lugar, toca lentamente su pene, subiendo la mano por su abdomen y pecho hasta llegar al cuero que cuelga de su cuello; lo enreda entre sus dedos y jala hacia abajo, obligando a Jungkook a caer de rodillas.
—Ahora, te enseñaré cómo comer a un omega—no la quita la mirada de encima, ni siquiera cuando desabrocha los botones de su propia camisa—. Empezaremos con mis pezones, y luego, me prepararás tal como me gusta. Ojalá mínimo sepas hacer eso.
Jungkook asiente, totalmente perdido ante toda la humillación que está viviendo a manos del omega. No le molesta, no le incomoda; su pene tiene ligeros espasmos cada que Yoongi critica la manera en que lame sus pezones, regañándolo con insultos sobre cómo debería hacerlo. Incluso, se traga un gruñido de enojo cuando lo aparta bruscamente de su pecho, prohibiéndole seguir probando sus pezones.
Yoongi se termina de deslizar la camisa hasta que cae sobre el sofá; se levanta, desbrochando el cinturón y pantalón bajo los ojos brillosos del alfa inexperto, el cual ya está babeando por la ansiedad de ver más.
—Vas a comerme el culo—afirma mientras se baja la ropa, aventándola con el pie a algún lugar de la oficina. Jungkook confirma lo que ha estado especulando del hombre, su piel es tan blanca que brilla bajo la luz de la habitación, y qué decir de su pene rosado que desea chupar.
Yoongi le da la espalda, sube las rodillas al sofá y apoya el pecho en el respaldo, encorva ligeramente la columna para dejar en alto sus glúteos, los cuales son tan rosados que parecen algodones de azúcar. Lleva las manos a sus nalgas, y bajo una inspección profunda por parte de Jungkook, las separa, dejando a la vista su ano rosado.
No dice nada cuando el alfa suplanta las manos pálidas por las suyas, abriendo más la vista que tiene ante él, incluso se atreve a inclinarse para rozar la punta de su nariz contra aquel músculo que se contrae por la acción. El lubricante que gotea no parece tener intenciones de detenerse, y no puede estar más feliz con aquello.
—Recuerda que te tengo en mis manos, cachorro—Yoongi habla con tono firme, volviendo a estirar la mano para tomar el cuero del cinturón—. Chupa con total calma, que tenemos toda la noche. Ocupa la lengua, aprovecha el lubricante para resbalar dentro, y cuando yo te lo indique, mete los dedos.
—¿No se supone que el lubricante ya se encarga de prepararlos? —Jungkook apenas logra articular la frase, sigue endiosado por las puertas al cielo que tiene frente suyo.
—Por eso, es que eres un alfa inexperto—ríe al escucharlo gruñir—. Puedes follarme directamente y lo disfrutaré, pero es tan exquisito un juego antes. Sentir los dedos tocar la próstata es una deliciosa total que solo aumenta tu lívido; hace que roguemos por un nudo.
—Hyung, por favor—gime, volviendo a restregar la nariz contra su agujero—. Permítame comerlo como es debido.
—Adelante, cariño.
Yoongi aprieta los dedos contra el cuero del cinturón al sentir la lengua lamer la orilla de su ano con lentitud, felicitándolo internamente por su total calma. Sabe que está desesperado porque las manos que agarran su trasero, tiemblan; la respiración caliente y agitada choca contra su intimidad, haciéndolo suspirar.
Se muerde el labio en el momento que la lengua aumenta su ritmo, chupando de arriba abajo con tanta devoción que jura agradecerle a Dios antes de dormir por tan bello regalo que le ha mandado ante sus buenos actos.
—Mmg, lo estás haciendo bien…
Suelta el cuero para aferrarse a los cabellos de Jungkook, empujándolo más hacia su ano, profundizando las lamidas hasta que la lengua logra entrar a la mitad, arrancándole el primer gemido escandaloso de la noche. Motiva al veinteañero para seguir el ritmo que ha estado llevando; está ahogándose en medio de su trasero, pero cree que puede morir ahí de la manera más digna y bendita posible. No le importa comerle el culo, porque sabe que ha nacido para eso.
Yoongi se fuerza a apartarlo o eyaculará ahí mismo. Es el omega, el maestro que le está enseñando a su delicioso alumno cómo debe follarse correctamente a sus parejas sexuales y no mandará todo al carajo.
—El lubricante ayuda mucho—lleva dos de sus dedos a sus muslos que están cubiertos de líquido y los moja, lo suficiente para subirlos a su ano—. Dependiendo de la situación, son los dedos que usarás—Jungkook gime al verlo meter ambos dígitos en su interior—. En mi caso, estoy más que preparado para recibirte dentro. Pero esto es una clase, y debo enseñarte cómo hacerlo.
Jungkook no parpadea porque teme perderse algún paso importante. Admira cómo los dedos entran y salen de su ano, cómo los abre y cierra para abrir su interior, y qué decir de los deliciosos gemidos que salen de los labios de su vecino.
—¿Estás prestando atención? —pregunta Yoongi, su voz es firme a pesar del calor que le subía por el cuello.
—S-sí, hyung —tartamudea Jungkook con las manos apoyadas sobre sus propias rodillas, aferrándose a la piel como si necesitara anclarse a algo para no desmoronarse.
—Bien. Porque si me haces daño por no escuchar, esta clase termina aquí.
Yoongi retira sus dedos con un sonido húmedo que resonó en el silencio del despacho. Se incorporó con movimientos deliberados, dejando que Jungkook viera cómo el líquido lubricante goteaba por el interior de sus muslos, la evidencia de su propia excitación brillando bajo la luz cálida de la habitación.
Toma de nuevo la correa improvisada que abraza el cuello del alfa, levantándolo de un jalón, y sin importarle el temblor de sus piernas por estar de rodillas, lo sienta en el sofá de cuero donde su esposo recibía clientes importantes, donde firmaba contratos y se creía el rey de su pequeño imperio doméstico. Ese mismo sofá donde ahora un alfa veinteañero esperaba con la respiración entrecortada y las pupilas dilatadas.
Yoongi se acerca, colocando una rodilla a cada lado de las caderas de Jung, suspendiéndose justo encima de su verga sin tocarla. La punta roza su entrada preparada, y ambos se tensan. Podía sentir cómo el alfa temblaba debajo de él, cada músculo tenso, conteniéndose con la última fuerza de voluntad que le quedaba.
—Ahora —Yoongi baja lentamente, centímetro a centímetro, dejando que la verga lo abriera con una presión deliciosa que lo hizo arquear la espalda—. ¿Sientes eso? Ese es el ángulo correcto. No es solo entrar —su voz se quiebra cuando el glande roza su punto sensible—. Es... ah... es encontrar el lugar que hace que tu pareja pierda la cabeza.
Comienza a moverse, balanceando las caderas en círculos que hacen que la verga de Jungkook roce contra su próstata con cada rotación. El cuero del sofá cruje bajo sus cuerpos, el sonido mezclándose con los gemidos descontrolados del alfa y los suspiros entrecortados del omega. Yoongi sabe que estaba dejando evidencia en todas partes: su esencia en la alfombra, el olor de su excitación impregnando el sofá, los fluidos que pronto cubrirían el cuero caro. Su esposo lo notaría. Tenía que notarlo.
—Hyung, hyung, no puedo... —Jungkook solloza abiertamente, las lágrimas caen por sus mejillas mientras su cuerpo se sacude con la intensidad del placer que lo consumía—. Me voy a...
—No hasta que yo lo diga —aprieta sus músculos internos, deteniendo el movimiento de sus caderas, y Jungkook grita, la cabeza cayendo hacia atrás contra el sofá mientras sus uñas se clavaban en sus propias palmas—. Todavía tienes mucho que aprender, cariño. Y yo tengo toda la noche para enseñarte.
Algo se quiebra dentro de Yoongi. La paciencia calculada que había mantenido como armadura se desmora con un temblor en sus muslos, y sus caderas dejan de moverse en esos círculos medidos para estrellarse hacia abajo con una violencia que arranca un gruñido gutural de la garganta de Jung. El sofá de cuero protesta con un crujido seco bajo el impacto, y Yoongi supo en ese instante que la lección había terminado.
Se incorpora apenas lo suficiente para girar sobre la verga que lo llenaba, moviendo el cuerpo con una flexibilidad que solo un omega podía poseer en ese estado de excitación, y vuelve a dejarse caer de espaldas al pecho de Jung, sintiendo cada centímetro de esa verga gruesa abriéndolo mientras cambia el ángulo por completo. La nueva posición le permite controlar la profundidad, y Yoongi la aprovecha sin piedad.
Se muerde el labio al sentir cómo la cabeza de la verga de Jungkook roza su próstata con una presión brutal. Sus manos buscan los muslos del alfa detrás de él, clavando las uñas en la carne tensa mientras comienza a cabalgar con embestidas salvajes que no tienen nada de la elegancia anterior.
El sofá cruje de nuevo, más fuerte esta vez, el cuero resbalando bajo los cuerpos sudorosos mientras Yoongi se levanta y se deja caer con un ritmo frenético que hace rebotar sus muslos contra los de Jungkook. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando llena el despacho junto con los jadeos rotos del alfa, que había dejado de sollozar para emitir algo parecido a un quejido animal.
—¿Sientes eso? —Yoongi ladea la cabeza hacia atrás, encontrando la mandíbula de Jungkook junto a su oído. Su voz sale ronca, casi irreconocible—. Eres mi puta personal, ¿entiendes? Mi puto juguete.
Jungkook suelta un gemido agudo que resuena contra la piel de Yoongi. Sus manos, que habían permanecido abandonadas a los costados por orden del omega, se cierran convulsivamente sobre las caderas de Yoongi, los dedos hundiéndose en la carne con desesperación.
Yoon le da una palmada en los nudillos, una fuerte, lo suficiente para que doliera—. No te atrevas a moverte sin permiso.
Las manos de Jung tiemblan, pero permanecen quietas, agarrándolo con una fuerza contenida que hace vibrar los músculos del alfa como cuerdas a punto de romperse. Yoon sonríe con los dientes apretados y aumenta el ritmo, levantándose hasta que solo la punta de la verga permanece dentro de él antes de dejarse caer de golpe, tragándosela entera en un movimiento que le arranca un gemido estrangulado de su propia garganta.
El sofá cruje una vez más, el marco de madera protestando bajo el peso combinado y la fuerza de las embestidas. Yoongi no se detiene. No puede detenerse. El líquido lubricante que sigue goteando de su entrada se mezcla con el sudor y el líquido preseminal que brota de Jungkook, creando una mancha oscura sobre el cuero claro que su esposo notará sin duda alguna. El pensamiento le arranca una risa jadeante que se convierte en un quejido cuando Jungkook involuntariamente arquea las caderas hacia arriba.
—Te dije que no te movieras—sisea Yoongi, pero no había verdadero reproche en su voz. Aprieta una vez más sus músculos internos alrededor de la verga que lo llena, castigando y premiando al mismo tiempo, y siente cómo Jungkook se estremece por completo detrás de él.
—Señor Min... por favor... —la voz del alfa se rompe en la última sílaba, convertida en algo irreconocible.
—Por favor, ¿qué? —Yoon gira la cabeza, encontrando los ojos húmedos de Jungkook a centímetros del suyo. Las lágrimas que se acumulan en las esquinas brillan bajo la luz del despacho, y Yoongi lame una de ellas con la punta de la lengua antes de morder el lóbulo de la oreja del alfa—. Dímelo. Usa esa boca para algo útil.
—Quiero... necesito... —Jungkook traga saliva, su garganta trabajando visiblemente—. Necesito correrme. Por favor, hyung, por favor.
—No—Yoongi clava las uñas en los muslos de Jung y cabalga más fuerte, más rápido, sus caderas convertidas en un borrón de movimiento que hace rebotar su propia verga erecta contra su abdomen con cada descenso—. Todavía no. Vas a aguantar hasta que yo diga lo contrario.
El sofá emite un crujido preocupante que Yoongi ignora por completo. Sus muslos arde por el esfuerzo, pero el placer que irradia desde su próstata se extiende como fuego por cada nervio de su cuerpo, y necesita más, necesita sentir a Jung desmoronarse debajo de él antes de permitirle encontrar su propio alivio.
—Vas a gemir como nunca—susurra contra el oído del alfa, su voz convertida en un ronroneo oscuro—. Vas a rogarme, y cuando finalmente te permita correrte, vas a agradecerme como la puta que eres.
Jungkook suelta un sollozo abierto que resuena en el silencio del despacho, y Yoongi siente la verga dentro de él palpitar con urgencia desesperada. Aprieta de nuevo, negándole el orgasmo con una contracción deliberada de sus músculos internos, y sonré cuando el alfa deja caer la cabeza hacia atrás contra el respaldo del sofá con un ruido sordo.
—Eso es—murmura Yoongi, aumentando el ritmo hasta que el sonido de sus cuerpos chocando se convierte en algo obsceno y húmedo que llena la habitación—. Sigue así. Déjame oírte.
Cabalga sin piedad, usando al alfa como el juguete que era, persiguiendo su propio placer con una ferocidad que hace temblar el sofá bajo ellos mientras Jungkook se ahoga en lágrimas y gemidos que no pueden ser contenidos.
—Como eres un buen chico, te dejaré follarme
Yoongi no necesita repetirlo. Jungkook lo toma de las caderas, sin sacar su verga, lo alza en brazos para dejar caer su espalda en el asiento del sofá; se acomoda entre sus piernas y aumenta los movimientos, penetrándolo sin piedad alguna. El omega puede acostumbrarse a eso, porque la mejor ventaja de coger a un veinteañero, es la desesperación que los invade al querer anudar dentro.
—S-Si, así cariño, más fuerte—grita en el momento que Jungkook se inclina sobre él, colocando una mano a cada lado de su cabeza para tener mejor enfoque en su próstata—. Dame tu nudo, lléname de tu semen y cargaré con tus cachorros.
Los ojos del alfa se vuelven negros en su totalidad. El pene sigue perforando su próstata sin piedad alguna, y Yoongi se siente a desfallecer cuando la semilla de Jungkook explota en su interior, calentándole la próstata, llevándolo también al orgasmo.
Yoongi tararea dentro de su auto, esperando que el portón eléctrico se abra con su llegada, pero parece ser que está fallando porque tarda más de lo usual. Presiona el centro del volante para hacer sonar el claxon y que alguien de la servidumbre salga a abrirlo con sus propias manos.
—Señor Min, buenos días—uno de los amigos de Jungkook se acerca a su ventana para saludarlo—. Espero me recuerde.
—Claro que lo hago—le sonríe, pero sus ojos no pueden evitar recorrer por unos segundos sus brazos desnudos—. ¿Cómo has estado, Namjoon?
—Excelente ahora que lo veo—Yoongi se limita a rodar los ojos por su exageración—. Jungkook no está y llevo rato esperándolo. El hijo de perra me ha mentido.
Yoongi suelta una risa, divertido por ver el rostro molesto del alfa frente a él. Su mirada regresa al frente en el momento que una de las chicas está abriendo el portón con una mirada cómplice, y eso significa solo una cosa.
—Namjoon, ¿te gustaría esperarlo en mi hogar?









Como no habías llegado antes a mi vida?? Escribes puras JOYAS