Capítulo 01-El Cuarto Vínculo
Introducción
Bienvenido aPRIMUS.
Esta novela está dividida enLibros, y cada uno representa una nueva etapa dentro de una única historia.
A medida que la obra avance, cambiarán los escenarios, los conflictos y los desafíos que enfrentan sus personajes. Algunas respuestas llegarán. Otras solo abrirán nuevas preguntas.
Sin importar dónde transcurra cada Libro, todos forman parte del mismo objetivo:
Proteger a PRIMUS.
Gracias por acompañarme en este viaje.
N.D. Alonso
LIBRO I: Los Guardianes de la Corona
Durante veinte años, PRIMUS solo luchó por sobrevivir.
Pero cada batalla perdida fortalecía a la Zona Oscura y acercaba el final.
Para cambiar ese destino, Eon tomó una decisión que ningún Vínculo había tomado antes.
Enviar la primera expedición hacia otro universo.
Su objetivo era encontrar un Nodo y sellarlo, fortaleciendo las barreras que protegían a PRIMUS de la Zona Oscura.
Al otro lado los esperaban los Guardianes de la Corona, guerreros que llevaban generaciones enfrentando una amenaza cuyo verdadero origen desconocían.
Ninguno imaginaba que ese encuentro cambiaría el destino de ambos mundos.
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Capitulo 01
El Templo Flotante permanecía en el centro de Ecrion como un faro vigilando y dando tranquilidad a Primus.
En su interior, la Sala del Vínculo donde el líder tomaba decisiones importantes para el ejército. Columnas de energía del Pulso ascendían desde el suelo hasta la cima del templo.
En el centro de la sala, apoyada sobre su báculo del Pulso, Eon permanecía inmóvil, tomando el peso de lo que vendría.
Ella sería la nueva líder de Primus, quien se encargaría de hacer que este mundo sobreviviera un minuto más. Mientras pensaba eso, el báculo parecía cada vez más pesado.
La energía azul del Pulso giraba lentamente alrededor de su figura. Era cálida y muy estable. Los ciudadanos la sentían como una vibración en el cuerpo, la sentían en sus huesos, sabiendo que dependían de ella para sobrevivir.
Durante un instante que pareció eterno, Eon caminó hasta el balcón abierto del templo.
Desde allí podía verse toda Ecrion: la ciudad que respiraba al ritmo del Pulso, energía que era vital para este mundo.
Las Cuencas de Luz Muerta brillaban a lo lejos.
El Jardín del Pulso, haciendo contraste con el cielo brillante.
Y más allá, en el horizonte norte, la penumbra infinita de la Zona Oscura esperaba.
Eon dio un paso hasta la orilla del balcón, apoyó el báculo en el suelo, sintiendo la responsabilidad que venía con ese hecho.
El Pulso respondió. Todos los habitantes y la ciudad sintieron una resonancia que los atravesaba, y una voz se alzó por Primus, dejando claro el momento que vivían.
—Salve Eon, Cuarto Vínculo de Primus.
Los habitantes se detuvieron, los soldados inclinaron la cabeza y el mundo entero reconocía al portador del destino.
Pero Eon no respondió. Sus ojos permanecían fijos en el Horizonte Fracturado.
Ella no miraba lo que estaba enfrente, sino aquello que aún no había ocurrido: aquello que había visto, la misión y la primera en un mundo exterior.
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Un año después, lejos de Ecrion, en el límite norte, el Nexo de Primus no se detenía.
Soldados moviéndose en todas direcciones, órdenes que no necesitaban repetirse, una actividad constante que no daba espacio a la duda.
No era solo una base militar. Cada ejercicio, cada sudor, cada cansancio de sus soldados los hacían recordar que todos estaban preparándose para enfrentar a la muerte en todo momento.
Ahí el Pulso se concentraba más que en cualquier otro punto. Era donde se entrenaba, donde se probaba el límite de cada uno. Las Cámaras de Resonancia se encendían una tras otra mientras los Soportes activaban los Anillos de Transferencia.
La primera misión exterior estaba por comenzar.
En el centro de la Cúpula del Eco se encontraba Iria, líder del Consejo de Primus. Observaba todo sin intervenir, evaluando cada movimiento. Era el contrapeso directo al Vínculo. A su alrededor, el resto del Consejo mantenía la misma vigilancia, asegurando que todo siguiera las leyes de Primus.
Eon estaba en el centro de la actividad. Daba órdenes sin dudar, manteniendo el control de lo que ocurría a su alrededor. Su decisión de ir a mundos exteriores seguía firme. No la cuestionaba. Pero el peso estaba ahí, en el pecho, constante.
A su lado permanecían los Pilares del Vínculo.
Shayen, representante del Consejo, vigilando cada decisión por el bien del pueblo.
Y Randull, designado por Eon, su maestro, cuya presencia representaba un apoyo al Vínculo dentro de tantos que la juzgan.
Más atrás, entre las sombras del Nexo, las voces del ejército comenzaban a moverse.
—¿Por qué él?
—¿Por qué el gran Gansoo?
El nombre se repetía, cargado de incredulidad. Gansoo, Lanza Rota, antiguo miembro del Consejo y guerrero que había estado en demasiadas batallas. Su tiempo se estaba acabando, y aun así había sido elegido.
La decisión no pasaba desapercibida. Para los presentes, Eon había hecho algo prohibido: incluir un miembro del Consejo de Primus en una misión, quien junto al resto avanzaba lentamente hacia el Umbral de Tránsito.
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El día anterior, en la Sala del Vínculo, el ambiente era frío.
Gansoo estaba ahí, conversando con Eon. El antiguo guerrero la observaba con una mezcla de respeto y preocupación. Siempre leal con todos los Vínculos, era la primera vez que cuestionaba una decisión. Solo una.
—¿Por qué eligió a Hakuto?
Eon no respondió de inmediato.
—Es joven —continuó Gansoo—. Es su primera misión y es la primera de Primus en un mundo exterior. Esto no es correcto.
Eon levantó la mirada y respondió con calma.
—Él es tu último discípulo, ¿verdad?
Gansoo bajó la mirada.
—Aunque estuve de acuerdo con bajar la edad en que las Lanzas fueran a una misión, no debería ser la primera en un mundo exterior.
Eon levantó lentamente los ojos.
—Pero para que la misión sea exitosa —dijo con calma—, solo será porque Hakuto irá en ella. Él es indispensable.
El silencio llenó la sala.
Gansoo comprendió entonces que la decisión ya estaba tomada. Suspiró y soltó el aire con pesadez, miró al techo pensando en una respuesta o solución, luego bajó la mirada hacia Eon.
—Entonces, Vínculo Eon, déjeme ir con él. Por favor.
Eon inclinó ligeramente la cabeza.
—El resultado no cambiará si vas o no.
El Pulso vibró suavemente en el aire en todo el salón.
—Pero si lo deseas, no me opondré.
Porque incluso esa decisión ya había sido contemplada. Ella vio múltiples futuros ocurrir, y que Gansoo participara en la misión era lo más probable. Para él, Hakuto es el futuro de Primus, y si podía protegerlo en todos los escenarios vistos, siempre lo intentaría.
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Ahora, en la Cúpula del Eco, el escuadrón esperaba salir en su misión. Solo faltaban algunos detalles.
Gansoo acaparaba las miradas, mientras que Hakuto no hacía más que admirar a su maestro y se sentía honrado de compartir su primera misión con él.
Ninguno parecía tenso. Solo demostraban preparación absoluta para lo que se venía.
Eon avanzó hacia el Umbral de Tránsito donde el equipo estaba de pie, el suelo comenzó a brillar y su voz resonó con la autoridad del Vínculo.
—Gansoo “Melodía Mortal”. Lanza Rota. Tienes todos los detalles de la misión.
El Umbral de Tránsito comenzó a brillar.
—Llegarán cuando los Guardianes de la Corona hayan derrotado a Claud Whitlock, quien, a pesar de ser un humano en comienzo, se convirtió en la bestia menor de su mundo. Era humano, pero debido a que el Pálido Aliento mutó en su interior se convirtió en lo que es ahora, una amenaza para el Mundo Vibra.
El Pulso vibró más intensamente en la Cúpula del Eco.
—Luego, en la Zona Oscura, los enemigos son una bestia mayor acompañada por una bestia menor regular y hordas bajo su control. Los Silencios informaron la identidad de las hordas, en el Registro Vivo las llamamos Metal-Zombies.
Eon levantó el báculo, lo apretó con firmeza, con confianza absoluta de que la misión debía ser un éxito.
—El objetivo es el Nodo. Y nada más.
Giró hacia el joven guerrero.
—Hakuto “El Minotauro”.
La energía del Pulso rodeó su figura.
—Eres el arma de esta misión. Confiamos en ti.
Eon miró entonces a la sanadora.
—Zeta. El Respiro. Protege a todos.
Finalmente se volvió hacia el Bastión.
—Light.
El soldado colocó la mano sobre su pecho.
—Tú sacrificio hará que Primus viva un minuto más.
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Antes de que el portal alcanzara su punto de apertura, las puertas laterales del Nexo se abrieron en silencio.
Desde la penumbra, quince Soportes avanzaron en formación ordenada. Caminaban sin hacer ruido. Casi no se notaba la marcha que llevaban.
Cada uno de ellos lo sabía: muchos no verían cómo terminaría la misión, porque para que fuera exitosa deberían entregar sus vidas.
No había duda en sus rostros. Solo una calma profunda, como si hubiesen aceptado su destino mucho antes de ese momento.
El escuadrón guardó silencio.
Uno a uno, los guerreros inclinaron la cabeza. No hacia Eon. No hacia el portal.
Hacia ellos.
Gansoo bajó la mirada con respeto contenido.
Hakuto permaneció firme, pero su respiración se volvió más pesada.
Zeta cerró los ojos por un instante.
Light no se movió, pero su postura se endureció.
Los miembros del Consejo de Primus también hicieron reverencias en agradecimiento por el sacrificio que representaban los Soportes en cada misión.
Eon fue la última en reaccionar.
El Vínculo descendió lentamente el báculo y, por primera vez desde el inicio de la misión, inclinó la cabeza en agradecimiento a estos héroes silenciosos.
Los Soportes no respondieron. Su destino había sido aceptado. El objetivo era que Primus viviera un minuto más, y ellos eran parte fundamental de ese objetivo.
Avanzaron hasta el centro de la cámara adyacente, donde el Pulso fluía en un estado más puro. Allí se sentaron en círculo, en completa sincronía, adoptando una postura de meditación.
Sus respiraciones comenzaron a alinearse, lentas, constantes, preparándose para el momento en que dejarían de pertenecer a sí mismos.
No todos morirían.
Tres caerían cuando el Bastión cumpliera su función.
Tres más cuando la Lanza o Lanza Rota liberaran sus máximos poderes.
Los seis restantes permanecerían, no como sobrevivientes, sino como apoyo en caso de emergencia.
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La misión comenzaba y el portal terminó de formarse. Un tenue viento cruzaba el Umbral de Tránsito. La energía del Pulso estaba totalmente concentrada en mantener abierta esta fractura en el Nexo.
El portal estaba abierto y se dirigía por primera vez a otro mundo.
Todos estaban expectantes.
Sin dudar, el escuadrón avanzó. Cada soldado, uno a uno, atravesó la luz.
Gansoo.
Hakuto.
Zeta.
Light.
La grieta se cerró lentamente tras ellos. El silencio volvió al Nexo.
Randull y Shayen se acercaron a Eon en señal de apoyo. Ella se giró para mirar a Iria, quien junto al resto de los consejeros la miraba de frente.
—Mantennos informados de todo lo que ocurra en la misión —dijo Iria—. Te esperamos también en la Sala del Consejo, tenemos asuntos pendientes.
—Cada detalle será informado a través de Shayen —respondió Eon con calma—. Y apenas pueda asistiré a la Sala del Consejo.
Mientras el Consejo abandonaba la Cúpula del Eco, en lo alto de Ecrion el Pulso latía con fuerza. Esto se sentía en cada estructura y habitante de Primus.
La primera misión exterior de Primus había comenzado y ya no podía detenerse.








