Libélulas En La Oscuridad

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Summary

“Escribir sin saber hacerlo no convierte a nadie en un testarudo. Eso los convierte en la hoja en el arroyo que deja que la corriente se la lleve." Eso dije en Antojo de un Dios, el ensayo que abre este libro. Y esos cuentos que vienen después son hoja que se deja llevar. Son callejones húmedos, sillas de ruedas, pizarras con palabras mal escritas, llamadas en la madrugada, camiones verdes que no se detienen, cartas de suicidio, lagos que guardan secretos, poetas que se quiebran como porcelana, ruanas que esconden sangre, y una última cena que no es la de ningún evangelio. Los escribí en Calarcá, en Armenia, en mesas de café y en cuartos prestados. Los escribí cuando apenas aprendía a confiar en mi voz. Hoy los reúno porque creo que merecen estar juntos, como hermanos que crecieron en la misma casa, pero cada uno con su propio cuarto. Y al final, un abecedario erótico. Porque después de tanta muerte, también hay cuerpo. También hay deseo. También hay Comunión. Espero que usted, lector, encuentre algo que le remueva por dentro. Así sea el olor a colina primaveral que nunca se va. Franciny Torres Corrales.

Status
Complete
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo

Prólogo

Estos cuentos nacieron durante mi paso por la Red Nacional de Talleres Literarios (Renata) del Ministerio de Cultura de Colombia en el año 2001. Fueron años de aprendizaje, de correcciones, de lecturas compartidas, de descubrir que la palabra escrita podía ser un refugio y también una trinchera. Pero también nacieron en las noches del parque de Calarcá, donde con los DDW inventábamos historias al filo de la madrugada, entre el frío y la complicidad. Allí no había tutores ni metodologías. Solo la urgencia de contar, de reír, de asustarnos con nuestros propios relatos.

Este libro es un mapa de esos dos mundos: el taller y el parque. La disciplina y la calle. El oficio y la amistad.

No pretenden ser ejemplares. Son, simplemente, lo que escribí mientras aprendía a confiar en mi voz. Los he ordenado como mejor he podido, y los entrego ahora con la certeza de que todo cuento, por pequeño que sea, es un pedazo de quien lo escribe.

Gracias a los talleres de Renata.

Gracias a los DDW, por esas noches que nunca se olvidan.

Gracias a usted, lector, por abrir este libro.

Franciny Torres Corrales