Customize readability
Aa

Verdades Sumergidas - Zutara

Summary

Diez años después de la guerra, Katara cree haber dejado atrás los errores de su juventud. Está equivocada. Cuando una organización llamada Los Invasores del Sur comienza a asesinar antiguos soldados relacionados con las incursiones al Polo Sur, secretos enterrados durante una década salen a la luz. Obligada a participar en una investigación que todos intentaron mantener lejos de ella, Katara se verá arrastrada a una conspiración que conecta el presente con uno de los momentos más oscuros de su pasado. Mientras desaparecen aliados, resurgen viejos enemigos y la confianza entre amigos comienza a fracturarse, Katara descubrirá que algunas decisiones tienen consecuencias que tardan años en alcanzarte. Y que hay verdades imposibles de mantener ocultas para siempre.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Diez años atrás…

Katara miró con ira desquiciada a Yon Rha el antiguo líder de los invasores del sur.

Era un hombre patético que en el invierno de su vida no era más que un cascarón vacío, consumido por el autodesprecio. Sin embargo, para Katara aquello no era suficiente justicia, ya no quería fingir.

No era el Avatar; era incapaz de perdonar y, sobre todo, de olvidar.

Por eso no perdonó y por primera vez en su vida tomó la vida de un hombre.

Envuelta en el éxtasis que le generaba usar la sangre control, no se detuvo hasta ver al hombre que le arrebató a su madre, convertido en un cuerpo inerte frente a sus ojos. Cuando sintió que no quedaba ni un solo resquicio de vida en Yon Rha, pensó que yacía en el suelo ya no era una persona, sino una hoja seca que finalmente había caído del árbol donde dio su último suspiro.

No sentía nada.

Era como si su alma hubiera abandonado su cuerpo y, sin fuerzas para sostenerse, sus piernas cedieron, sin embargo, jamás tocaron el suelo, porque alguien la sujetó antes.

Fue entonces cuando reparó que no estaba sola.

Cierto yo llegué hasta aquí gracias a…Zuko” ese pensamiento la trajo de vuelta a la realidad.

Él lo había visto todo, cómo perdió el juicio y aun así…no apartó la mirada, no la detuvo y…tampoco la juzgo.

Y, por alguna razón, aquello resultaba más aterrador que cualquier condena.

Zuko no dijo nada, simplemente la cargó en brazos y la llevó hasta donde habían dejado a Appa.

El viaje fue silencioso y surrealista, ni en sus sueños más extraños habría imaginado una escena así, en la que quien hasta hacía poco había sido su enemigo, la procurará tanto.

En cuanto recuperó un poco la noción de su entorno, se sorprendió de lo diligente que fue el príncipe exiliado, en cuando reparó a su entorno, ya había ido por su cena, un par de pescados que no sabía en qué momento había ido a pescar.

—Ten cuidado, está caliente, con tu paladar del Polo Sur no será una experiencia agradable.

—De acuerdo.

Katara obedeció y sopló varias veces antes de probar un bocado. Aún así, el pescado seguía demasiado caliente y terminó quemándose la lengua.

Escuchó un suspiro proveniente de Zuko.

Sin decir nada, él le quitó el pescado de las manos y le tendió otro, colocado sobre una planta arcoíris que utilizaban como plato improvisado. Este estaba considerablemente más frío y, además, no tenía una sola espina.

Comieron en silencio.

Sin embargo, y pese a lo que cualquiera pudiera pensar, para Katara fue uno de los pocos momentos de calma que había experimentado después de todo lo ocurrido aquella tarde.

Por la noche Zuko le cedió la tienda de campaña, mientras él alegó que necesitaba aire fresco y que dormiría sobre las mullidas patas de Appa y Katara no lo cuestionó, aceptó sin decir palabra y se preparó para dormir.

No lo consiguió.

Se despertó sobresaltada al poco tiempo, había algo que le impedía conciliar el sueño, como si una maldición hubiera caído sobre ella.

Sus pensamientos la estaban atormentando y por más que quería alejarlos, estos aumentaban, lamentos que arremolinaban a su alrededor.

No por favor, aléjense, aléjate, déjame en paz”.

Se daba vueltas sobre su saco de dormir, era una batalla de la que ya no tenía energías para pelear, quería acallar todo, cerró sus ojos con fuerza en un intento para volver al mundo de los sueños, implorando, rogando.

No veía el fin, cuando de pronto las voces que la acosaban fueron silenciadas de golpe.

Se percató de un calor que la envolvía, era como estar acostada frente a una fogata, pero eso no era posible.

Lentamente abrió los ojos y aunque la penumbra se mantenía dentro de la tienda de campaña, no era eso lo que vio, sino el pecho de otra persona, reconoció el olor a magnolias e incienso, era Zuko quien la abrazaba como si la protegiera de los peligros del exterior.

Lo lógico hubiera sido echarlo de ahí, empujarlo o golpearlo con su agua control, pero nada de eso sucedió, su cuerpo no se movió, por el contrario, se pegó instintivamente a ese calor que desprendía el cuerpo del muchacho.

Katara enterró su rostro en su pecho y como si algo se hubiera roto dentro de ella, comenzó a llorar desconsoladamente, se sentía igual que cuando vio a su madre por última vez, llegar a la realización de que se había ido para siempre aún pesaba en su corazón y dolió, dolía tanto que pensó que se quebraría.

Zuko jamás la soltó, fue su refugio, fue lo que ni su hermano, ni Toph y…ni siquiera Aang pudieron ser. Un puerto, un lugar donde no podía ser juzgada y desahogarse en completa libertad.

A la mañana siguiente, Katara se sorprendió de que Zuko había tomado las riendas de Appa.

Con palabras escuetas, le explicó que descansara, que la despertaría cuando llegaran a su destino.

Una vez más, ella no discutió, ni siquiera tenía energías para hacerlo, por lo que se dejó arrullar por el suave balanceo de Appa mientras este surcaba los cielos.

Por eso su sorpresa fue aún mayor cuando descubrió que no habían regresado con el resto del grupo, Zuko los había llevado a un pequeño pueblo no tan lejos de ahí llamado Hudie.

Se instalaron a las afueras y, aunque el cansancio aún pensaba sobre ella, la curiosidad terminó imponiéndose.

—¿Qué hacemos aquí?

Zuko estaba eligiendo unas verduras para la comida en un puesto cercano. Pago antes de responder.

—Necesitas despejarte, no creo que quieras que Aang y tu hermano te vean en ese estado, ¿oh sí?

Sus ojos dorados se posaron sobre ella, escrutándola, lo que provocó que ella desviara la mirada ante su cuestionamiento interno.

—No… tienes razón, creo que necesito calmarme primero.

—Bien. Entonces vamos tenemos que ir a otro lugar.

—¿A dónde?

—Ya lo verás.

Para sorpresa de Katara, Zuko la llevó a recorrer distintas tiendas del pueblo.

Desde una de té, hasta otra donde vendían extraños artefactos que le parecían más interesantes a Sokka que a ella, y finalmente, una pequeña librería, su favorita.

El local era modesto, pero sus estantes rebosaban de títulos interesantes, uno de ellos llamó especialmente su atención, titulado “Amor entre dragones”.

Un bufido detrás de ella la hizo girar de inmediato.

—¿Qué?

—Nada—respondió Zuko—. No tienes mal gusto. Solo te recomiendo que jamás veas la adaptación teatral.

Katara arqueó una ceja.

—¿Tú conoces la historia?

—Mi madre solía llevarnos a Azula y a mí cuando éramos niños. Todos los años era igual.

—¿Y qué tenía de malo?

—Los actores.

El tono de Zuko era tan solemne que Katara no pudo evitar reír, una carcajada limpia, sincera.

Y para su sorpresa, él también sonrió, por un momento el estigma del príncipe exiliado y la cicatriz que cubría la mitad de su rostro dejaron de doler, solo era un muchacho de dieciséis riéndose de un recuerdo absurdo de su lejana infancia.

Aquella imagen permaneció con ella más de lo que habría querido admitir, la de un joven que parecía un niño al sonreír, en su mente imaginó a un pequeño Zuko harto de presenciar la misma obra siendo un desastre.

—¿Qué sucede? —preguntó Zuko, claramente distraído en sus pensamientos, que no se percató de las bochornosas comparaciones de las que fue presa Katara hace un momento.

—Nada, pensaba en qué cocinarías el día de hoy.

—Ya verás, es algo que no esperas.

Terminaron siendo expulsados por el bibliotecario después de su escándalo, aunque no sin antes comprar el libro.

Por primera vez desde la muerte de Yon Rha, Katara sintió que podía respirar.

No completamente, pero era un comienzo.

Más tarde, cuando regresaron al campamento improvisado, Zuko sonreía de medio lado con suficiencia, en su mente, se llevaba todos los halagos de Katara por su gran habilidad culinaria. Un pensamiento que se quedó tal cual, dentro de su cabeza.

Se podría decir que al menos lo intento.

Katara observó el contenido de su cuenco durante varios segundos, sin saber qué decir.

—¿Acaso quieres matarme?

—¡¿Pero qué demonios estás diciendo?!

—Oye solo digo que esto tiene un color…extraño.

Los ojos de Zuko se entrecerraron.

—Es tal cual lo dice en la receta.

—¿Seguro?

—Es comida.

—Estoy bastante segura de que algo se mueve.

La expresión indignada de Zuko habría sido divertida en cualquier otra circunstancia, pero aquel gato al que le habían pisado la cola, sin esperar a que dijera algo más le quitó el cuenco de las manos y lanzó el contenido hacia la fogata y se alejó ahí con furia.

Katara lo miró estupefacta, pero reaccionó tarde y ya no consiguió alcanzarlo, tras desaparecer entre los árboles.

La diversión dio paso a la culpa casi de inmediato,

Tal vez no debió ser tan dura con su comentario, pero sinceramente quién no pensaría que iba a ser envenenado tras ver aquello, no comprendía como Zuko había logrado que un par de verduras y carne se volviera en…lo que sea que fuera eso.

Se sentía culpable, así que buscó entre algunas de las provisiones que aún estaban intactas y se puso manos a la obra, era una forma de compensar el gesto.

Cuando el aroma empezó a extenderse por el campamento, Zuko regresó.

Ella se puso de pie enseguida.

—Zuko...

Antes de que pudiera continuar, él depositó un paquete en sus manos y luego entró en la tienda sin decir una sola palabra.

Confundida, Katara abrió el envoltorio en su interior habían pasteles de osmanthus y dumplings comida típica de la nación del fuego, que para su paladar resultaba no sólo cómodo, también eran sus favoritos.

¿Cómo era posible que él lo supiera?

La sorpresa la dejó inmóvil.

Su mirada se dirigió hacia la tienda y, sin pensarlo demasiado, fue tras él.

Zuko estaba sentado de espaldas, su perfil del lado donde no había cicatriz se suavizó con la tenue luz de la lámpara de gas que tenían para iluminar el interior, ella se arrodilló a su lado y carraspeo para atraer su atención, por supuesto Zuko no respondió, pero eso no la desanimó y continuó.

—Hice una sopa, hay suficiente para los dos.

No recibió respuesta.

—Además, trajiste demasiado para una sola persona.

—No tienes por qué terminarlo todo, guárdalo o tíralo, es tu decisión.

—Solo digo que hay suficiente para ambos…

—No es necesario.

—Para mí sí lo es Zuko, ¿crees que soy ciega? —Katara apretó la tela sobre sus rodillas, sus nudillos se pusieron blancos por la presión que ejercida, esto era otra cosa que la estaba molestando más de lo que quería admitir. —Estás en los huesos, necesitas alimentarte mejor.

—Ya comí.

—¡Deja de mentir! ¡Sabes que no es cierto!

Zuko finalmente levantó la vista.

—¿Qué?

—Si sigues así, yo…

El príncipe parpadeó.

—Katara...

El rostro de Zuko se llenó de terror al verla derramar gruesas lágrimas, como las de la noche anterior, fue como si lo hubieran apuñalado, no quiso analizar qué estaba pasando por su mente y su corazón, pero aún cuando podía ignorar lo que estaba sintiendo, su cuerpo no y si este gesto fue impulso o necesidad, la abrazó como si quisiera protegerla del dolor, del juicio del mundo, no imaginaba cuánto lo afectaba y afectaría ver a Katara así.

—Katara perdón, olvida lo que dije, comeré, compartiré contigo, pero por favor deja de llorar…

—Lo siento. —El tono de voz acuoso de Katara sonó amortiguado contra el pecho de Zuko cuando respondió.

—No te disculpes, tú no hiciste nada malo.

Por primera vez desde la muerte de su madre, Katara sintió que alguien la veía realmente.

Y aun así decidía quedarse.

Zuko no supo si sus palabras fueron consuelo o no para Katara, nunca fue muy bueno para reconfortar a las personas, sinceramente no sabía si era bueno en algo ni siquiera para controlar su elemento, pero no era momento para el auto desprecio, porque había alguien que necesitaba de él.

Cuando Katara se calmó comieron tanto lo que él trajo, como la sopa que sorprendentemente tenía un buen sabor.

Zuko ya no era quisquilloso, las penurias que vivió durante su exilio a lado de su tío le hicieron valorar todo, tal vez por eso se sentía que una cena tan sencilla como aquella era un banquete a diferencia de los ostentosos banquetes del palacio de la nación del fuego, porque en aquella estrecha tienda a lado de Katara no sentía esa presión asfixiante, podía respirar.

A diferencia de la noche anterior y como si fuera lo más natural del mundo ambos compartieron la tienda de campaña.

Se acostaron dándose la espalda.

Katara cerró los ojos, decidida a dormir, pero el sueño no llegaba, el frío tampoco ayudaba, era absurdo, nació y creció en el Polo Sur, su cuerpo debería estar habituado a las bajas temperaturas, sin embargo, aquella noche no lograba entrar en calor.

Tal vez no era el clima, podía ser algo más, algo en lo que no quería pensar.

Sin pensarlo demasiado, se giró sobre su saco de dormir, como una polilla atraída por una llama, se acurrucó contra su espalda.

Esperaba que la apartara, una protesta, que exigiera respeto a su espacio personal, pero ninguna de esas opciones que pasaron por su mente sucedieron.

Zuko simplemente se acomodó para hacerle sitio, luego pasó un brazo alrededor de ella y colocó su propia manta sobre sus hombros, un gesto sencillo, pero que se sentía natural como si fuera la opción lógica.

—No era necesario—murmuró Katara.

—Tengo mejor resistencia al frío que tú.

Katara estuvo a punto de señalar lo ridículo que sonaba aquello viniendo de alguien nacido en la Nación del Fuego, pero se contuvo.

Por primera vez en dos días, se sentía segura.

—Si, supongo que sí—respondió finalmente.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, no era incómodo, de hecho, resultaba extrañamente agradable, ninguno parecía tener prisa por conciliar el sueño, durante unos minutos ninguno dijo nada.

Katara observó las sombras proyectadas sobre la tela de la tienda.

Zuko contempló la oscuridad.

Parecía que ambos estaban esperando que el otro hablara primero.

—Hueles a osmanthus—dijo ella de pronto.

Sintió cómo el pecho de Zuko vibraba ligeramente, estaba riéndose.

—Eso es porque me comí casi todo.

—Lo noté—Katara soltó una risita al recordar como Zuko se veía bastante alegre comiendo dichos pasteles. —¿Eras un niño de dulces?

—¿Y a quién no le gustan los dulces de niño? —respondió Zuko con una fingida exasperación. El maestro fuego bajo la cabeza y su mirada se enfocó en los de Katara, que con la justa luz emulaban al reflejo de la luna llena.

—Bueno de dónde vengo no había mucha variedad.

—Eso explica muchas cosas.

Katara volvió a reír, pequeña, breve, pero real.

Durante unos instantes ambos olvidaron por completo por qué habían emprendido aquel viaje.

Olvidaron la sangre, la muerte y el dolor.

Solo eran dos adolescentes compartiendo una conversación en la extraña intimidad de una tienda de campaña

Entonces llegó el silencio.

Cuando Katara levantó la vista descubrió que Zuko ya la estaba observando, sus ojos dorados parecían más suaves bajo la tenue luz que se filtraba desde el exterior.

Por un momento ninguno apartó la mirada.

Y eso fue un error, o tal vez no.

Katara no lo supo.

Quizá nunca lo sabría.

Lo único que comprendió fue que, después de todo lo ocurrido, Zuko seguía allí.

No había huido, tampoco la había juzgado, ni mucho menos pedido explicaciones, solo permaneció a su lado, como un espíritu guardián.

Y algo dentro de ella se quebró de una forma distinta a la noche anterior.

Una pregunta que se quedó suspendida en el aire, invitándole a algo que no tenía que ver con dulces.

La distancia entre ambos desapareció poco a poco, sin prisa, como si ninguno estuviera completamente seguro de lo que hacía, tenían la noche de su lado, como si ninguno estuviera completamente seguro de lo que hacía.

Fue como un magnetismo que los atraían el uno al otro, sus frentes casi se rozaron y luego sus respiraciones.

Y finalmente sus labios.

Apenas fue un roce, suave, como si tantearan un terreno desconocido, más parecido a una pregunta que a una respuesta.

Se separaron unos centímetros, los suficientes para mirarse, detener lo que sea que estuviera pasando en ese momento, pero ninguno lo hizo, no querían perder esa atracción y volvieron a acercarse.

Esta vez con menos dudas, lo que había era honestidad.

Y el mundo exterior dejó de existir, solo eran ellos, sus respiraciones en sincronía, sus manos que temerosas exploraban el cuerpo del otro, como si descubrieran el universo, Katara sentía que la cercanía era insuficiente y Zuko parecía coincidir con ella, cuando sus manos se afianzaron en su cintura y la pegaron a su cuerpo, la fricción ahogó un sonido desconocido en sus bocas incapaces de separarse más que para recuperar el aliento y continuar con su danza.

Era exploración, no era otra cosa, eso se decían a sí mismos, mientras giraban alrededor de la tienda, para al final terminar con Zuko encima de ella, aprisionada, sintió que en ese momento era ahí, donde pertenecía.

Cuando finalmente se apartaron, ninguno dijo nada, no hacía falta, habían cosas que no podían explicarse con palabras.

Aquella noche no hicieron promesas, tampoco hablaron de un futuro que probablemente nunca existiría.

No imaginaron lo que ocurriría cuando regresaran con sus amigos.

Simplemente permanecieron allí, escuchando la respiración del otro.

Y, por primera vez desde la muerte de Yon Rha, Katara consiguió dormir sin pesadillas.

En aquel momento creyó que todo había terminado.

Que Yon Rha quedaría atrás, que el recuerdo de Hudie se quedaría ahí, enterrado en su memoria conforme los años pasaran, junto con los secretos de aquel viaje.

Durante una década tuvo razón.

Hasta que alguien comenzó a dejar cadáveres a su paso.

Y con ellos regresaron preguntas que jamás debieron volver a formularse.

Let KasalyCraft19 know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Merry Christmas - Adventskalender 2025

Aelyn Raven: Wieder eine tolle Geschichte. Leider bin ich erst jetzt dazu gekommen sie zu lesen, aber das tut der Geschichte keinen Abbruch *g* ich freue mich schon auf den nächsten Adventskalender

Read Now
Die Wölfe von Welby

maryketteler: Ich bin von diesem Roman sehr angetan. Es handelt sich um eine wunderschöne Geschichte, die durch ein tolles Happy End abgeschlossen wird.

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

Kota2015: A really good read. This is my first time on this web site. Glad I found it!

Read Now
My Blacksmith Savior

MoonlightN🌕: I absolutely love Sully. He's such a mature, patient, and understanding character—a complete green forest. 💚I love Sorsha too. She's strong, resilient, and easy to admire. They're a perfect match, and watching their relationship grow with patience, trust, and love was beautiful.The way their bond d...

Read Now
Mystic Wolf

Akthea: Fantastica

Read Now
Alien Claim: Book 1

Noor jahan: THE NOVEL WAS TRULY AMAZING, SO AMAZING THAT I WISHED FOR ME BEING KIDNAPPED BY SUCH ALIEN 🤣🤣🤣

Read Now
Ruthless Lord

Ock: romance captivante. Hâte de lire la suite

Read Now
Silver's Second Chance

natstarr: Druid? That’s so interesting. Love these little surprises you give

Read Now