1. Mi profesor de economía es lo peor
—Gracias por venir. Nos pondremos en contacto contigo después de valorar tu entrevista.
Mentira. Era una mentira tan grande como el estúpido edificio de cincuenta plantas en el que me encontraba.
Sonreí con fingida amabilidad, les di la mano a los tres imbéciles al otro lado de la mesa y salí del despacho con mucha más dignidad de la que realmente me quedaba. La secretaria se quedó mirándome, un gesto que no supe si era simple aburrimiento o también un poco de lástima. Ella sabía tan bien como yo que ni siquiera habían guardado mi número. Que aquella sería la última vez que pisaba las oficinas de Choi’s technology.
Pues bien, me daba igual. Yo no quería ese trabajo. No quería ser el asistente personal de un viejo con más ojeras que pelo en la cabeza. No quería ganar una millonada por servir cafés. No, para nada.
Joder.
Pues claro que quería. ¿Por qué si no me habría puesto el ridículo traje de mi hermano? Apenas era capaz de verme en el espejo. Mi cuñada aseguraba que estaba guapísimo, que nunca había estado mejor. Juraba que el pelo engominado, el horrible traje negro y los diminutos zapatos me quedaban de muerte. Yo pensaba que podría morirme si algún conocido me viera así. O quizás ya estaba a punto de morir por una infección en los pies.
Me metí corriendo en el baño y me senté en el primer cubículo que encontré abierto para quitarme los zapatos. Hasta ahora, no habría imaginado que los pies de Donghwa serían tan pequeños. Solté un suspiro mientras me masajeaba por encima de los calcetines, la única prenda que era mía de todas las que llevaba.
El teléfono sonó y contesté sin mirar la pantalla. A esas horas solo podía ser mi hermano, preguntándose cómo había ido la entrevista.
—¿Y bien?
—Ahora tengo que trabajar seis horas cojo por tu culpa —me quejé.
—Mal.
—Eran unos imbéciles, hyung. Estoy seguro de que ni siquiera han leído mi currículum. Quieren a una tía buena para que sea su asistenta personal.
—Entonces has tenido suerte. No vas a cambiar un trabajo malo por uno peor, ¿a que no?
—No, claro que no.
Era una forma de consolarme. Pensar que ellos se habían perdido un buen empleado y no que yo tenía que volver esta noche a la gasolinera y pasarme seis horas detrás de un mostrador. Solo para luego llegar a casa, ducharme y correr a la universidad de empalme.
—Te he dejado la comida hecha. Descansa un poco antes de irte.
Suspiré como respuesta. Apreté un poco más los laterales del pie, donde seguro que iban a salir ampollas.
—Imposible, tengo que terminar un trabajo de economía para mañana.
—Puedes dormir un par de horas.
—¿Qué parte de economía no has entendido? —pregunté de mal humor. Oí que la puerta se abría, e imaginé a otro candidato entrando para lavarse las lágrimas por el obvio desprecio de los entrevistadores— El señor Lee es el diablo encarnado. O le entrego el trabajo sin una coma fuera de lugar o me quemará vivo.
Donghwa rio.
—No seas exagerado. Yo también tuve clase con él y no era tan malo.
—Porque a ti no te odiaba —resoplé—. Te lo juro, ese hombre no sabe lo que es una sonrisa. Necesita follarse a alguien lo antes posible.
—Hae, por Dios.
—Le diré a Kyuhyun que intente conquistarlo.
Aunque intentaba hacerse el respetuoso con su antiguo profesor, al final mi hermano acabó riéndose conmigo. La idea de Kyuhyun, mi mejor amigo, seduciendo a ese amargado era muy graciosa. Ya podía imaginarlo, observándolo por encima de sus gafas cuadradas y poniendo cara de asco.
Volví a ponerme los zapatos y decidí que ya era hora de salir del cubículo y volver a casa. Cojeé un poco de camino a lavarme las manos. Ya había un hombre trajeado haciendo eso mismo, aunque obviamente no por la misma razón. El traje se ajustaba perfectamente a sus anchos hombros y los zapatos debían de costar más que mi casa. Bueno, que la casa de mi hermano y su mujer.
—Nos vemos en la cena —se despidió Donghwa, todavía medio riendo.
Me metí el teléfono en un bolsillo, junto al currículum doblado unas seis veces sobre sí mismo. A mi lado, el hombre se enjabonó las manos dos veces. Tenía la marca de un anillo en el anular izquierdo. ¿Divorciado? Curioso, levanté la mirada hasta su rostro.
Y entonces un par de ojos oscuros se clavaron en mí por encima de sus gafas cuadradas. Creo que se me paró el corazón durante unos segundos al verlo. Al reconocerlo.
Mi profesor de economía, el diablo encarnado, el hombre al que acaba de insultar de varias formas diferentes, estaba ahí. A apenas dos pasos de distancia. Como siempre que me observaba, tenía la mandíbula apretada, los labios tensos y las pupilas dilatadas. Me odiaba tanto que a veces creía que quería matarme. Y si antes no lo hacía, ahora probablemente empezase a plantearse la idea.
Pasé saliva e intenté sonreír.
Él me recorrió de pies a cabeza con la mirada, sin decir absolutamente nada. A veces, el silencio daba más miedo que las palabras. Prefería cuando me gritaba delante de todos por tener faltas ortográficas.
—Señor Lee… —titubeé— Yo no…
Cortó mis palabras con un ruido brusco al arrancar unas pocas servilletas para secarse las manos. Luego hizo una bola con ellas, las lanzó a la papelera y salió del baño.
Ya no me quedaba ninguna duda. Iba a suspender economía. Podía intentar hacer el mejor examen del universo, pasarme todos mis ratos libres haciendo ecuaciones y gráficas y leyendo libros sobre las fluctuaciones montarías o como se llamarán, pero jamás conseguiría caerle bien a ese hombre. Había perdido cualquier oportunidad que me quedaba para darle pena y pasar de curso con un suficiente. Me iban a quitar la beca y tendría que dejar la universidad.
El autobús de vuelta a casa iba llenísimo de gente. Estuve prácticamente pegado a una anciana todo el camino, hasta que ella se bajó y subieron tres personas más. Sin embargo, no fue esto lo que hizo que el viaje fuese incómodo y largo, sino el constante recuerdo de lo que había dicho y lo que él podría haber oído. Me pregunté si cabía la pequeña posibilidad de que no supiera que hablaba de él. O incluso que no me hubiera reconocido.
Al llegar a casa, lancé los zapatos a cualquier parte y corrí hasta el baño para quitarme ese asqueroso mejunje del pelo. Luego me puse el chándal y me senté en la mesa del comedor frente a mi portátil de segunda mano. No tenía tiempo que perder. Tenía que hacerlo perfecto, revisar cada palabra diez veces y cada signo de puntuación unas treinta. No podía dejar nada al azar. Nada.
Mientras escribía e intentaba concentrarme llegaron mi hermano y Hyemin. Los obligué a irse a su habitación para que no me molestaran.
Por fin, casi las ocho de la tarde, se lo envié a Kyuhyun para que me lo corrigiera. Sabía que era un gran favor, pero también que invitarlo a comer serviría como pago.
A las once, tras una hora de siesta y un delicioso sándwich de parte de Donghwa, bajé las escaleras corriendo hasta mi bicicleta, que estaba atada en la entrada. Tenía veinte minutos de camino hasta la gasolinera y diez para prepararme antes de que mi compañera acabara su turno y me cediera el puesto.
Por eso, a las once y media estaba ya sentado tras el mostrador con mi chaleco rojo y la calefacción a toda potencia. Hacía frío en toda la ciudad, pero en esa zona parecíamos estar a menos cien grados. Cada vez que tenía que salir a poner gasolina o ayudar con una rueda pensaba que me iba a quedar congelado como un cubito de hielo. Afortunadamente, no venía mucha gente por las noches. No era como un trabajo en una tienda o un restaurante de comida rápida, donde tenías que estar atento las ocho horas de trabajo. Pero, claro, allí me pagan mucho más. Y no sé si merecía la pena estar más tranquilo si cobraba menos de la mitad.
Donghwa y Hyemin decían que era una estafa, que se aprovechaban de mí y mi desesperación. A estas alturas, me daba igual. No encontraba nada mejor.
No sé qué hora era cuando Kyuhyun me envió el trabajo corregido. Tenía hasta las doce del mediodía para revisarlo y enviarlo, pero la clase con el señor Lee era a las nueve y no quería que creyera que se me había olvidado hacerlo, así que lo abrí en ese momento y empecé a leerlo. Sin embargo, llevaba apenas dos líneas cuando un hombre entró con cara de pocos amigos y una botella de cerveza en la mano. Esa clase de clientes nunca estaban solo cinco minutos en la gasolinera.
Suspiré y lo envié sin revisar. Total, yo no iba a ver nada que Kyuhyun no hubiera visto ya. Mi amigo era un genio de la economía y las matemáticas, seguro que me había dejado el trabajo niquelado.
Al final el hombre estuvo cuarenta minutos molestando. Que si necesitaba cambio, que si quería limpiar su moto y cambiarle las ruedas, que si tenía hambre, que si el gobierno de Corea era esto o aquello… Me limité a asentir a todo hasta que se fue. Luego me dejé caer en la silla y me puse a pensar en la cara del señor Lee cuando viera que yo, Lee Donghae, había entregado un trabajo en plena madrugada y no minutos antes del límite.
Quizás el shock le hacía olvidar la escenita del baño.
***
—¿Y por qué me nombraste a mí? ¿De verdad parezco capaz de seducir a ese cascarrabias?
—Yo qué sé, Kyu, me salió tu nombre. Como siempre dices que ligas un montón.
—Pero eso es porque soy guapo, carismático y divertido, todo lo que ese de ahí no es —señaló al hombre trajeado que escribía muchas cosas en la pizarra. Demasiadas para nuestro propio bien.
Aún quedaban siete minutos para el comienzo de la clase. Estábamos casi todos sentados, hablando en susurros, mientras él preparaba la lección. Me daba miedo levantar la voz más de la cuenta y que me escuchara rememorando lo ocurrido en el baño, pero Kyuhyun y yo nos sentábamos bastante lejos de la tarima. Dudaba que fuera capaz de oír nada con las conversaciones de los de primera fila de por medio.
—Vale, perdona. La próxima vez usaré a una chica como ejemplo. A Taeyeon, mismo.
La aludida giró la cabeza de repente al oír su nombre. Se quitó los cascos inalámbricos que se había estado escondiendo con el pelo y nos miró con curiosidad. Tenía que haber usado el nombre de una chica que no estuviera sentada literalmente a una mesa de distancia.
—¿Qué pasa? —preguntó— Solo he oído algo de que Kyuhyun liga un montón, pero habrá sido una interferencia.
—Qué graciosa —se quejó mi amigo, aunque en el fondo sabía que sí le había hecho gracia el chiste.
Taeyeon era una chica genial, muy lista y agradable. Pertenecía al consejo estudiantil y estaba en todo, desde eventos y festivales hasta reuniones importantes. No sé cómo tenía tiempo para estudiar, pero lo tenía y sacaba buenísimas notas. Era otra de las favoritas del señor Lee junto con Kyuhyun.
Qué casualidad que los dos se sentaran cerca de mí.
—Solo hablábamos de si Kyuhyun sería capaz de seducirlo —no era totalmente cierto pero tampoco totalmente mentira.
—Entiendo —ella asintió—. Pues, aunque sigo dudando de la capacidad de seducción de Kyu, creo que sería posible.
Los dos nos inclinamos sobre nuestras mesas. No esperábamos esa respuesta.
—¿Sabéis que se está divorciando?
Negué, igual que lo hizo mi amigo, aunque la imagen de su dedo anular con una marca sin broncear pasó por mi mente.
—Se rumorea en la sala de profesores —siguió Taeyeon— que podría haber engañado a su mujer con un hombre y por eso ahora se odian tanto. Llevan meses negociando y aún no se han divorciado.
—¿De verdad hablan de eso delante de ti?
—Hablan demasiado alto —fue su respuesta. Luego comprobó que el señor Lee no nos miraba y dijo—: Lo que yo creo es que es bisexual. Se sentía atado con ella y su única forma de escapar fue follándose a un jovencito en su cama. Ella los pilló y ahora quiere quedarse con todo.
Sonrió como si estuviera hablando de un telenovela y no de la vida de nuestro profesor. Kyuhyun abrió la boca, interesado, y asintió efusivamente.
—¿Entonces crees que tendría posibilidades?
—¿Qué? —ahora me reí yo— Pero si no te gustaba hace cinco minutos.
—Me da morbo.
Dicho esto, se levantó y empezó a bajar las escaleras hasta la tarima con la espalda recta. No podía creerme que de verdad estuviera haciendo eso. Había visto a Kyuhyun en alguna fiesta, ligando con hombres y con mujeres. No negaba que tenía cierto sex appeal, pues normalmente conseguir irse con alguien, pero yo también había tenido mis escapadas con chicas y no me veía capaz de ligar con una profesora.
Además, hacía menos de veinticuatro horas que el señor Lee me había oído diciendo que iba a enviar a Kyuhyun a seducirlo. Si ahora Kyuhyun empezaba a coquetear con él… Mierda. Iba a creerse que era culpa mía.
Me levanté demasiado tarde. No había salido de detrás de mi mesa cuando mi amigo apoyó las dos manos en el escritorio del profesor. Este dio media vuelta para mirarlo. No sé qué palabras intercambiaron en los próximos minutos, solo que el señor Lee levantó la cabeza y se quedó mirándome. Volví a sentarme y me hundí en la silla, escondiéndome en la capucha de mi sudadera.
—Me parece que no ha salido muy bien —comentó Taeyeon, pero me negué a mirar hasta que supe que la escena había terminado—. ¿Te ha rechazado?
—Nah —Kyuhyun se sentó en su sitio—. No se ha dado cuenta de nada. Me parece que, en vez de bisexual, es impotente. Dejaría a su mujer porque no se le levantaba o algo así.
En otra ocasión, esa clase de chistes me habría hecho reír a carcajadas. Kyuhyun y yo disfrutábamos insultándolo, devolviéndole a sus espaldas lo mal que me lo hacía pasar con sus gritos y humillaciones. Sin embargo, seguía teniendo la sensación de que nos había pillado. De que me observaba. Y de que quería matarme con sus propias manos.
—Silencio —ordenó poco después—. La clase va a empezar. Volved todos a vuestro sitio y abrid los libros por la página ciento ochenta y seis.
En cuestión de segundos, todo el mundo obedeció. Me quité la capucha, dejándome el pelo alborotado, y abrí mi libro de segunda mano. La letra de mi hermano estaba por todas partes. La mitad de veces no entendía cómo había sido capaz de tomar tantos apuntes, si yo apenas era capaz de ir al día con sus explicaciones.
—Lee Donghae.
No sé si se me paró el corazón o directamente se detuvo el tiempo, porque tampoco era capaz de respirar. Miré con miedo hacia la tarima, desde donde el señor Lee esperaba mi respuesta. Estaba junto a la pizarra, con los brazos cruzados sobre el pecho, el pelo echado hacia atrás y las gafas sobre la nariz. El traje de tres piezas marrón parecía hecho a su medida, y resultaba jodidamente intimidante.
—¿Sí? —me temblaba la voz.
—Ven a verme después de clase.
Asentí. Satisfecho, nombró a otra alumna y le pidió que interpretara los apuntes de la pizarra en relación al tema en el que estábamos. No escuché nada. Me pitaban los oídos.
—Lo sabe —le dije a Kyuhyun—. Sabe que has ido a hablar con él por mi culpa.
—Qué va. Seguro que es otra cosa, no te preocupes.
Pero me preocupé mucho. No fui capaz de prestar atención a nada de lo que decía. Cuando me pidió que corrigiera un ejercicio, lo hice fatal, como siempre, y me lanzó una mirada que podría haberme atravesado el cerebro.
Me dolía la cabeza cuando terminó la clase. Vi que guardaba sus cosas en su maletín y salía del aula, y me quedé en mi sitio sin ganas de seguirlo. Pero tenía que hacerlo. Me había pedido que lo hiciera. No podía arriesgarme a que realmente fuese un ingenuo y quisiera hablar conmigo para otra cosa. Quizás era por mi trabajo. Quizás lo había hecho tan bien que quería felicitarme en privado.
Mis amigos me acompañaron hasta el despacho y me desearon suerte. Luego se fueron a su siguiente clase. No podía pedirles que se quedaran por más que me habría gustado. No podía dejar que el señor Lee supiera que le tenía miedo, porque eso haría que quisiera molestarme todavía más. Era un abusón.
Me sequé el sudor de las manos en los pantalones de chándal. Usé el puño para llamar y asomé la cabeza en el despacho. El señor Lee estaba sentado detrás de su escritorio, con el portátil tapándolo casi por completo.
—Pasa —dijo.
Entré y cerré la puerta a mi espalda. No eché el pestillo. Necesitaba al menos una oportunidad de escapar si intentaba matarme.
Vale, no. Estaba siendo demasiado exagerado. Necesitaba tranquilizarme. El señor Lee solo era un hombre de cuarenta años que envidiaba que yo fuese más joven y más guapo y… ehm… ¿Más simpático?
—Siéntate —señaló una silla, así que me dejé caer en ella y puse la mochila entre mis pies—. Dame un momento.
Asentí por inercia mientras retorcía las mangas de la sudadera. Tras lo que pareció una eternidad, cerró el portátil y me observó. Bajó a mis manos y a mis pantalones grises, y luego subió hasta mi rostro. Suspiró.
—Lo siento —las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas—. No era mi intención que Kyuhyun intentara seducirle. Sé lo que dije, pero estaba hablando con mi hermano, no pretendía que usted lo escuchara. A ver, no es que Donghwa y yo hablemos mucho de su sexualidad. Lo que quiero decir…
—Para.
Apreté los labios. Creo que no había solucionado nada. Al menos, la cosa estaba tan mal que no podía empeorar.
—No te he pedido que vinieras para eso —dijo entonces, y no sé si me alegré o me avergoncé todavía más. Probablemente un mix de ambas cosas— Quiero hablarte del trabajo que entregaste anoche.
—Oh —eso era bueno. Estaba muy orgulloso de ese trabajo. Veintisiete páginas de pura investigación, una bibliografía bien citada y ni una sola falta de ortografía. Lo sabía. Kyuhyun era un maniático de esas cosas y no se habría saltado ni una coma.
Se me escapó una pequeña sonrisa por la expectación. Debía de estar tan impresionado que había querido hablar conmigo en privado. Y le molestaba tanto que no podía dejar de fruncir el ceño. Era tan gracioso.
—¿Te parece divertido? —preguntó, mientras cruzaba las dos manos sobre su mesa. La línea blanquecina del dedo resaltaba en su piel, que ya era pálida de por sí— Yo no le veo la gracia a suspender una asignatura troncal. Sé que no todas las asignaturas se le dan bien a todo el mundo, pero deberías haberlo pensado antes de meterte en Administración de empresas si no sabes sumar dos más dos.
—¿Qué? ¿Suspender? No me puede suspender. Ese es el mejor trabajo que he hecho jamás.
Una sonrisa cruzó su rostro, pero era cruel y llena de ira. No estaba feliz ni tenía ganas de reírse. Vi cómo apretaba las manos.
—Con ayuda de Cho Kyuhyun.
—Bueno, sí, pero…
—¿Pero qué? Kyuhyun ha firmado el trabajo con su nombre. Si querías fingir que era tuyo, deberías empezar por asegurarte de no dejar pistas.
No, Kyuhyun jamás haría eso.
A no ser que lo hiciera porque esperaba que yo me diera cuenta y editara el documento antes de enviarlo. Cosa que era más que posible, por supuesto.
—Mierda —farfullé—. No es lo que parece. Juro que hice todo el trabajo por mí mismo, solo le pedí que me corrigiera algunas cosas.
—Claro.
—¿No me cree?
—No —se recostó en su silla con los brazos cruzados sobre el pecho.
—¿Por qué no? Puedo demostrarlo. Tengo el documento sin corregir en mi ordenador.
—Donghae —odiaba cómo pronunciaba mi nombre—. Preferiría un trabajo sin corregir que uno perfecto y copiado.
—¡Mentira! —exclamé. Sabía que no debía gritarle a un profesor, pero la situación me estaba superando. Era la primera vez que me esforzaba tanto en una asignatura y debería darse cuenta, no acusarme de engañarlo— Habría usado cualquier excusa para suspenderme. Siempre lo hace.
Él funció el ceño.
—No, no lo hago.
—Claro que sí. Si Kyuhyun o Taeyeon hicieran la mitad de las cosas por las que yo he suspendido, tendrían al menos un notable.
—El problema es que tus amigos no hacen esas cosas —se inclinó hacia delante—. Para empezar, no te envían a coquetear con un profesor para ver si lo convences de que les apruebe.
Noté que mi cara se calentaba. Sabía que iba a sacar el tema, pero me dio muchísima rabia que lo hiciera insinuando no solo que yo había “enviado” a Kyuhyun, sino también que este había aceptado para ayudarme a aprobar. Como si no pudiera hacerlo de otra forma.
—¿De verdad me cree capaz de algo así? No tiene ningún sentido. E incluso si lo fuera, iría yo mismo a seducirlo, no enviaría a nadie.
Su respuesta fue resoplar. Nada más. No dijo que era ridículo que pensara en ello. No me recordó que Kyuhyun al menos le caía bien, pero que a mí apenas podía mirarme sin sentir repulsión. No sacó a relucir la importancia de que él fuese mi profesor y yo su alumno. Sabía que yo tenía claras todas esas cosas, así que solo se quedó ahí, callado, acomodado en su silla de polipiel, pensando que era un cobarde.
Pues no. No tenía ni idea de quién era Lee Donghae en realidad.
Me levanté con los puños apretados y rodeé la mesa. Cuando llegué a su lado, empecé a dudar. Nunca había coqueteado con un hombre. Tampoco con una mujer. Las pocas veces en las que me acostaba con alguna era porque ella se acercaba a mí primero, así que solo tenía que seguirle el juego. Eso de dar el primer paso se me daba regular. No sabía qué tenía que hacer exactamente.
Me mordí el labio, nervioso.
Tampoco podía quedarme así mucho tiempo. Si no sospechaba lo que estaba a punto de hacer, se daría cuenta pronto o pensaría que era simplemente tonto. Bueno, pensaría que lo era todavía más.
—¿Qué estás haciendo?
La pregunta me sirvió como disparo de salida. Me obligué a continuar, incluso si no tenía muy claro cómo hacerlo. Improvisaría. No podía ser tan difícil.
—Seducirlo.
—Espero que sea una broma.
Meneé la cabeza de lado a lado. Luego me acerqué a él e hice lo primero que se me pasó por la cabeza: inclinarme sobre su oreja. Intentó apartarse, pero apoyé las manos en el reposabrazos de su silla para inclinarme aún más.
—Señor Lee —susurré—. ¿Nunca le ha apetecido saltarse la ley?
—Basta.
—¿No es esta una fantasía de todos los profesores? Podría meterme bajo la mesa mientras corrige mi examen. Sé cómo recibir dos aprobados en una tarde.
No, no sabía. Ni siquiera había visto cómo se hacía una mamada porque, cuando me las hacían, acababa retorciéndome y cerrando los ojos. Y al ver porno me gustaba ir directo al grano, así que me saltaba todos los preliminares. Incluyendo el sexo oral.
No obstante, el señor Lee no sabía nada de mi vida privada. Podía hacerle creer lo que me diera la gana.
—¿No quiere que se la ch…
Su mano cubrió mi boca y mi nariz al tiempo que su cuerpo me empujaba contra el escritorio. Solté un quejido contra su piel caliente al golpearme con la madera. Olía a colonia y a tabaco. No sabía que el señor Lee fumaba, pero sus dedos apestaban a nicotina.
Se cernió sobre mí con la mandíbula apretada y el ceño fruncido. Sus ojos parecían de color azabache, o a lo mejor solo tenía las pupilas completamente dilatadas. Más de lo normal. También tenía las mejillas ruborizadas, cosa que me hizo preguntarme si estaba avergonzado o enfadado o quizás un poquito excitado. ¿Sería posible? ¿El señor Lee me había imaginado haciéndole una mamada?
No, claro que no.
—Podría hacer que te expulsaran por esto —me dijo con la voz sumamente ronca—. Fingiré que no ha pasado nada esta vez. Como vuelvas a intentar algo parecido…
No acabó la amenaza. Tampoco alejó su mano de mí, por lo que tuve que asentir con su palma todavía rozando mis labios. Él cerró los ojos y respiró hondo, supuse que para calmarse. Mientras lo hacía, se acercó inconscientemente a mí. Solo unos centímetros más. Pero suficiente para que notara algo raro contra mis caderas. Bajé la mirada por su traje hasta la zona que nos conectaba, hasta un enorme bulto justo entre sus piernas.
Ahí no había un bolsillo. Eso era evidentemente una erección. Una que yo había provocado.
—Señor Lee —babucí contra su mano.
Abrió los ojos y volvió a observarme, así que señalé hacia abajo con la mirada. Cuando vio lo que pasaba, que no había podido ocultarme su excitación, retrocedió para que su bulto dejara de tocarme.
—Esto no ha pasado —gruñó, y me soltó para volver a sentarse en su silla. Me hizo un gesto con el brazo para que me apartara y le dejase volver a centrarse en su trabajo.
O para que me fuese y pudiera meneársela en solitario.
La sola idea me causó un escalofrío. Sacudí la cabeza y, sí, me marché. ¿Para qué iba a quedarme? ¿Para provocarlo? Ni siquiera había hablado en serio con lo de chupársela. No sabía que habría hecho de decirme que sí. Yo no esperaba que mis palabras tuvieran ningún efecto en él, no uno como ese al menos. Ver a mi profesor de economía duro por mí era demasiado extraño.
A mitad de camino hacia mi siguiente clase, me di cuenta de que no me pesaba la mochila. Busqué las asas sobre mis hombros y no las encontré. Por supuesto, se había quedado en el suelo, donde la había dejado. Salté en el sitio, dubitativo. Todas mis cosas estaban ahí dentro excepto mi móvil. No podía pasar el resto de la mañana sin ella.
Apreté los puños y me obligué a volver sobre mis pasos. Una vez llegué a la puerta, llamé con el puño. No me asomé hasta que oí un ronco “adelante”.
Su apariencia era la misma que antes. No la del profesor rabioso y excitado, sino la del amargado y tranquilo. Apartó la mirada del portátil para fijarse en mí e hizo una mueca.
—So-solo venía a por mi mochila —la recogí rápidamente de debajo de la silla y me la colgué de un hombro—. No lo molesto más.
—Bien.
Di media vuelta. Tras dos pasos, su voz llamó mi atención y lo miré por encima del hombro.
—Solo ha sido una respuesta fisiológica —explicó—. Unas palabras como esas excitarían a cualquiera.
—Ya lo sé.
—No pienses que un niño va a provocar nada en mí.
Le sonreí como si sus palabras no me hubieran molestado. ¿Niño? ¿Quién se creía que era?
—A mí tampoco me gustan los viejos.
Él volvió a mirar su portátil y yo seguí caminando para salir de su despacho. Cerré tras de mí con un portazo.
Dios. Cómo odiaba a ese hombre.









CHERRY TE AMO SOS MI ÍDOLA 😭😭😭🩷
10/10 CINCO ESTRELLAS (después lo leo)
Cherry, te amo!!