Una
Erase una vez, una linda niña, de risos dorados como el sol, de piel canela, labios gruesos e intensos ojos azules. Su nombre era igual de puro que ella misma, sus padres pensaron en lo delicioso que era verla despertar en las mañanas. Roció le llamarían como las pequeñas gotas de agua que amanecen en las hojas por las mañanas.
Siempre fue una niña deseada, una niña amada, una niña mimada.
Sin duda Roció fue deseada, en mas de una manera, y por más de una persona.
I
Cuando Roció cumplió quince años asistió al primer evento formal en la empresa donde su padre trabajaba, su peculiar belleza, atrajo a todos en el lugar, su largo cabello rizado que caía con gracia por la espalda era admirado en elogios y miradas tiernas.
“Es como una muñeca”
“Sus rizos son tan preciosos como el oro”
Ella se sintió de cierta abrumada por el exceso de atención, no estaba acostumbrada, tampoco es algo que adorara. Prefería pasar desapercibida y poder evitar el hablar con los socios de su padre.
Caída la noche sus pies estaban algo cansados, pues era la primera vez que usaba zapatillas altas, busco un lugar alejado de la fiesta para descalzarse, salió a uno de los balcones alejados del gran salón, asegurándose que nadie estuviera se quito los molestos zapatos y anduvo descalza sintiendo el helado suelo.
Se recargo en el barandal cerrando los ojos, apoyaba las puntas de sus pies de arriba abajo. El aire se colaba un poco por su vestido y su piel se erizaba ante la sensación. Adoraba esa sensación de frio. Sus pequeños pezones se habían puesto tan duros que dolían ante el roce del sostén.
—¿No tienes frio?
Aquella voz la asusto un poco, se paro de manera recta al instante y se acomodó el vestido, busco sus zapatos. Miraba al joven de reojo, este era algo alto, pero por su rostro era notorio que no pasaba de la adolescencia, traía un traje, pero la corbata deshecha.
—Perdona, perdona —alzo sus manos en manera de disculpa —no quería asustarte, solo que te veías tan cómoda, que pensé que tendrías frio, ¿Tu nombre es Roció?
—Si —se comenzó a poner los zapatos —¿Te conozco?
El chico negó con la cabeza, se acerco mostrando una linda sonrisa como la de un conejo.
—Mi nombre es Jungkook, viene aquí con mis hermanos, pero estar entre tanto adulto me marea un poco.
—Entiendo me pasa la mismo.
—Pero no deberías de estar aquí sola, ¿Conoces a todos aquí? —Ella negó algo apenada —eres muy bonita para andar sola, es mejor que regresemos con tus padres, linda ricitos.
Extendido la mano, Roció se sintió un poco temerosa de agarrarla al principio, pero por un momento pensó que estaba bien, el chico era amable, además no parecía ninguna amenaza.
Pero Ricitos nunca volvió con sus padres a la fiesta esa noche…
II
Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños Ricitos, feliz cumpleaños a ti…
Se le había traído un enorme pastel con decoración de fresas y betún dulce de mantequilla, tenias las velas con los numero uno y siete.
—Pide un deseo —Un joven moreno le hizo aun lado el cabello dorado para poner su barbilla en el hombro de la chica —te cumpliremos un deseo el día de hoy.
—¿Podría? —se quedo en silencio un momento, otra persona mas se acerco hasta la mesa donde se encontraban.
—¿Podrías? ¿Podrías qué? —le toco la mejilla de manera delicada.
—Es que, deseo salir un poco al patio, solo poder sentir el aire fresco en el rostro, es todo.
—¿Crees que pueda salir Hermano?
El mayor de los tres hermanos asintió con la cabeza, a la chica se le ilumino el rostro, soplo las velas del pastel y espero pacientemente hasta que el hermano pequeño tomo una llave entre sus manos, se agacho hasta donde estaba sentada quitando uno de los grilletes de sus pies, al quitar el segundo se permaneció sentada.
—Mírala Seokjin, mírala que hermosa, ya espera —se arrodillo acomodándose en el regazo de la joven —¿Ya podremos usarla?
Seokjin le palmeo el hombro, para que se levantara.
—Pronto Namjoon, pero tu sabes que el primero será Jungkook, es su regalo después de todo, él la eligió esa noche y no debemos desesperar.
—Es por eso que la llevare yo al patio, es como nuestro aniversario —le dio la mano para levantarla —ven mi linda ricitos, vayamos afuera.
La chica asintió, hoy hacia dos años que había tomado la mano del mismo joven, el cual la había drogado y metido al maletero de un auto, llegando a un cobertizo helado. La primera semana no dejo de llorar, pero descubrió que entre más lloraban menos atención le ponían, dejaba de hacerlo y aparecía un hermano diferente cada vez, un trato diferente en cada uno, un temor nuevo en cada uno, pero la única constante que tenia era el cuerpo de Jungkook que se metía a su cama por las noches para atraparla entre sus brazos y dormir de esa manera. Si pedía a sus padres Seokjin la golpeada. Si lloraba mientras le daban de comer, Namjoon le quitaba la comida. Pero en los únicos momentos de paz eran con Jungkook, él cual siempre fue amable, siempre.
—¿Te gusta?
Jungkook la ayudo a poner un pie en el césped, Roció miro alrededor notando los tonos verdes y de colores de la primavera, no estaba cerca de la ciudad, parecía una especie de cabaña, sus ojos azules miraron al cielo, el sol le acaricio el rostro y suspiro satisfecha.
—Te ha costado dos años, pero al fin estas mas suelta, eres mas obediente y ya no lloras igual, espere mucho, fue tan paciente y se que ahora serás mía.









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