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THUNDERCATHIANS

Summary

fanfic crossover de thundercats (anime) + asobi ni iku yo (chicas gato)

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
16+

La promoción

Disclaimer: este es un fanfic sin ánimo de lucro y que no intenta vulnerar los derechos de quien sea tenga la propiedad de Asobi ni Iku Yo, o los Thundercats. 

THUNDERCATHIANS

Capítulo 1: La promoción

Un soberbio corredor interior de mármol blanco era bañado por la luz que entraba por el patio interior, el cual, albergaba un extenso jardín de estilo oriental muy bien cuidado.

Varios interlocutores cortaron sus conversaciones al amparo de las sombras que proyectaban las columnas níveas de estilo griego distribuidas equidistantes por el aristocrático corredor.

La razón de su pronto silencio, se debía al apurado y fuerte paso de un par de botas militares de lustre pulidísimo de color negro y de aspecto estético pero a la vez severo.

El agresivo andar era acompañado por una figura de tensos movimientos pertenecientes a un cathiano, el cual se veía disgustado y con vistos de querer llegar lo más pronto posible a su destino sin tener la necesidad de ponerse a correr y mostrar a los demás presentes una postura de falta de auto control.

El nombre del cathiano de severa marcha, era Yuubi Parches, quien hace pocas semanas había egresado de la academia aeroespacial de Cathia. Su severo traje militar estilo siglo XIX combinaba a la perfección con sus pulcras botas ya que la tela era de un color oscuro más ligero que el profundo azabache de sus botas, las cuales reflejaban como un espejo negro las imágenes de los alrededores.

El cabello de Yuubi de una coloración gris ceniza era cortísimo y lo tenía así para resaltar a todos su severidad, un objetivo de cierta manera innecesario debido a la expresión de sempiterna desaprobación que tenía el chico gato, expresión que ahuyentaba a los demás y no dejaba apreciar la verdadera belleza del cathiano, la cual incluso podría considerarse algo femenina.

Los ojos de Yuubi por otra parte, eran de color marron y en ese momento relampagueaban al ver que tenía que subir un montón de escalones para llegar a su destino, puesto que el elevador del edificio de estilo neoclásico en su fachada exterior, resultaba lento para él, en especial, debido a que su ascenso calmado hacia los pisos superiores no concordaba con el tormentoso ánimo que tenía en ese momento.

Pese haber subido un buen número de pisos, Yuubi no se encontraba agitado, pero tomó aire frente a las puertas dobles de madera y entró con paso decidido.

―¡Risu, explícame de qué va todo eso de una misión exploratoria en espacio profundo!

Apenas dichas esas palabras de tono elevado, Yubbi fijó su vista en el cathiano delante de él y no pudo evitar tropezar y caer al piso debido a lo que vio.

Acostado sobre una mesa de oficina bastante enorme y conformada de caoba fina, estaba un chico gato cuya apariencia no podía ser más diferente a la de Yuubi.

El cathiano llevaba un uniforme militar de estilo siglo XIX azul marino abierto en toda su extensión exponiendo una camisa o mejor dicho un cuello de camisa desabrochada la cual llevaba una corbata preanudada pegada al cuello de la prenda cuyo objetivo era que el portador fingiera llevar una pulcra camisa debajo del severo uniforme militar.

El chico gato tenía subida hasta el pecho la camiseta ya que en ese momento se rascaba el pecho de manera ociosa, mientras que con la otra mano se hurgaba la nariz con profusión.

―Eeres tú Yuubi, ¿qué ondas mi compadre?

―Tú... Tú..., maldito..., ¡¿esa es la forma correcta de llevar el uniforme?! ¿Y por qué estas echado de esa manera indolente sobre el escritorio de tu padre, el almirante?

―Me aburro, mi buen Yuubi ―fue la única respuesta que recibió Yuubi del chico gato, ya que luego se llevó una mano a las nalgas y empezó a rascarse, mientras la otra mano cubría un bostezo descomunal.

Las orejas de Yuubi se tensaron y su cola de una coloración que no combinaba con la de su cabello, puesto que era de color café, se erizó por la furia.

―¡Comandante Risu Glain Astropholis Mearves Kalisu Metalis IV! ¡Compórtese de acuerdo a su rango y a sus títulos nobiliarios!

Risu esta vez frunció el ceño al mirar a Yuubi, pero lo único que salió de él fue un pedo muy sonoro y largo.

―¡Agh, que perros, Risu! ¡Sea lo que fuera que digeriste, no vuelvas a repetir! ―gritó Yuubi, mientras se dirigía a la ventana y procedía a abrirla con rapidez o al menos esa era su intención, ya que el pestillo del enorme ventanal doble no cedía ni un milímetro.

Viendo los patéticos y divertidísimos intentos de Yuubi de abrir las ventanas, Risu se apiadó de él y dirigiéndose a la ventana, levantó el pestillo como si fuese lo más sencillo del mundo.

Yuubi estaba contrariado y fijó su vista en su amigo de una altura algo mayor a la de él y de complexión bronceada que a diferencia suya tenía la piel pálida.

Risu tenía el cabello algo corto pero salvaje, diríase indomable, con una coloración azul Prusia, la cual combinaba a la perfección con su cola y sus ojos que eran del mismo color.

Risu era de la nobleza de Cathia, pero no se comportaba como uno, sus continuas muestras de rebeldía iban acompañadas por un rostro hermoso y varonil, pero que siempre estaba mal afeitado y mostraba constante, una sonrisa bastante agresiva que enseñaba los colmillos de chico gato. Cualquiera se sentiría intimidado ante una sonrisa tal, pero Yuubi conocía a Risu desde hacía años y sabía que su amigo no mataría ni a un chihuahua.

―Todo te sale bien a la primera ―le recriminó Yuubi.

―Es solo saber el truco, como en todo lo demás, el esfuerzo solo es para los demás.

―No me vengas con eso ―le contestó ceñudo Yuubi―, puede que actúes de forma indolente debido a lo cansado que estás por vivir a la sombra de tus apellidos reales, pero yo sé muy bien cómo tuviste que sudar sangre y tragarte tu orgullo para egresar de la academia.

―Puede que me tragara mi orgullo, pero chupé y lamí muchas cosas...

―¡Tú y tus historias con quien fuera que tuviera faldas! ¡No me impresionas, sabes! De hecho, hasta me aburres.

Risu y Yuubi se hablaban de esta forma ya que se tenían confianza, relación forjada durante los varios años que pasaron juntos, antes y durante su vida en la academia.

Risu apreciaba mucho a Yuubi, quien pese a ser de origen humilde, siempre había estado para él y lo conocía detrás de la fachada que tenía que mostrar debido a su noble cuna.

Yubbi respetaba mucho a Risu, su noble amigo jamás se avergonzó de él y lo defendió en la academia, lugar reservado solo para la élite y que, además, era clasista ya que no mostraba mucha tolerancia ante lo que la mayoría de los nobles llamaban: la chusma.

Ambos chicos gatos pese a ser clasificados como “pareja dispareja”, en realidad se complementaban muy bien debido a sus contrapuestas personalidades, las cuales les otorgaron la ventaja de ver y sortear la vida académica desde distintos puntos de vista. Claro, que era Yuubi quien controlaba “al gato salvaje” de su amigo y que evitaba que Risu metiera la pata, al menos más de lo académico y lo social permitido.

Y resulta que la visita de Yuubi a su amigo tenía esa finalidad.

―Risu, explícame esa noticia que corre en todas partes respecto a que capitanearás una nave espacial al espacio profundo, buscando..., aliados cathianos.

―Nuestras naves de espacio profundo nos comunicaron que recibieron ondas radiales de origen desconocido, no pertenecientes a ninguna raza con la cual tuvimos contacto antes.

―Entiendo ―dijo Yubbi, mientras ponía una pose como si recibiera un informe importantísimo de un comandante superior―, puesto que de seguro el alto mando imperial ya descartó que esas ondas radiales procedan de cualquier raza conocida, quisiera saber el motivo de las conversaciones no autorizadas que hablan respecto a una raza lejana de cathianos.

―Verás, algunas transmisiones dieron a entender que quienes están a cargo de lo que parece un conglomerado de varias razas son de naturaleza similar a la nuestra... Y con respecto a las conversaciones que escuchaste hasta llegar aquí... Bueno, se me escapó la noticia a los demás ―explicó Risu riéndose a continuación.

―¡Serás perro menso! ¡¿Cómo se te ocurre filtrar tal información a los cuatro vientos?!

―¡No fue mi culpa, me dijo que no le diría nada a nadie!

―¡¿Quién te dijo que no le diría nada a nadie?!

Unas dos manos temblorosas se alzaron detrás del gran escritorio de caoba.

―¡¿Quien está allí, identifíquese?!

Para consternación de Yuubi, las dos manos se movieron de tal forma, que el chico gato concluyó que se trataba de dos chicas diferentes, en eso se divisó una cola, dos colas, tres colas..., ¿tres colas?

―¡Serás perro en celo! ―gritó Yubbi mientras ahorcaba a su amigo, mientras que tres cathianas de generosísimas proporciones, aprovechaban y salían a toda carrera del lugar y aprovechando sus reflejos de chicas gato se vestían al mismo tiempo.

»¡Maldito, debes morir! ¡Tu semilla maldita no debe esparcirse por Cathia! ―gritaba Yuubi, mientras que Risu sacaba algo del bolsillo del pantalón e intentaba entregárselo a su amigo.

―¡¿Qué es esto?! ―dijo Yuubi y, soltando el cuello de su amigo, procedió a agarrar el documento.

Cog, cog ... Son tus ordenes. Felicidades, acabas de ser nombrado vicecapitán del Rayo Felino, la nave que tratará de llegar hasta el planeta de estos “cathianos del espacio exterior”.

―¿Qué?

―Y esto se pone mejor a cada momento, ¡seré tu inmediato superior! ¡Juntos como en los viejos tiempos!

Risu debió sospechar que algo estaba mal con su amigo que se quedó como de piedra y aprovechó para salir disimulado del lugar.

Yubbi se recuperó y al ver que no había nadie en la oficina, salió disparado al corredor para ver si podía divisar a su amigo para “agradecerle” por su promoción, sin embargo, lo único que vio, fue a las tres chicas que antes salieron raudas y ahora corrían por el patio interior.

―¡Ni crean que no las reconocí, conozco sus caras! ¡Vuelvan! ¡He dicho que vuelvan! ¡Haré que las pongan en confinamiento por una semana! ¡Vuelvan o será por todo un mes! ¡Hisss!

.

.

En el tercer planeta, un joven Leono se hallaba refugiado en su cuarto secreto, lleno de cachivaches dizque poseedores de tecnología, mientras aguantaba la respiración al escuchar como su padre y su hermanastro Tigro, se preguntaban dónde pudo haber ido el joven príncipe y heredero a la corona de los thundercats.

―Padre mío, ya le hemos buscado por todo el lugar y ni rastro de Leono.

―Pronto comenzarán las festividades ―gruñó de frustración Claudus, el Rey ―además, de no presentarse tu hermano, me avergonzará frente al General Sabre que acaba de llegar con todo ese thundranio.

―Lamento que el General Pantro haya perecido en su misión en las tierras salvajes ―confortaba Tigro a su padre adoptivo quien al parecer lamentaba la suerte de Pantro.

―Yo también Tigro, yo también. Sé que el General Linzo es muy capaz pese a su ceguera, pero ni él, ni el Capitán Bengali, podrán sustituir a tan gran guerrero. Como quisiera que Leono tan solo fuera una pizca de bueno como lo fue el valeroso Pantro.

―No puedes pedir que los gatos ladren o los perros maúllen, padre, seguro Leono tuvo miedo de que le derrotase de manera humillante en la competencia de la campana real.

―Aun así es su deber competir en la justa..., claro que tienes razón, tu hermano es miedolento si lo comparamos contigo. Como quisiera que pusiera los pies sobre la tierra y dejase de creer en esos cuentos de hadas respecto a la famosa “tecnología”.

Tigro se rió con disimulo y él junto con Claudus salieron de la habitación de Leono.

«Ya verán», pensaba dolido Leono. «La tecnología existe, seguro venimos del espacio y regresaremos al espacio..., tal vez incluso nuestros parientes del cosmos nos visiten».

CONTINUARÁ…

Let Noel Mollinedo, escritor boliviano know what you thought about this chapter!
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