El Río Han by SeWha Noona 🧝🏻‍♀️ at Inkitt
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El Río Han

Summary

Hace mucho tiempo existieron dos jóvenes que se encontraron por casualidad a las orillas del río Han. Lo que había comenzado como una inocente amistad se convirtió poco a poco en un profundo amor, uno que fue capaz de desafiar las reglas de lo que se creía que estaba bien y que estaba mal, fue capaz incluso de soportar la lejanía y algunos dirían que hasta la muerte. Hoseok y Taehyung encontraron el uno en el otro algo que jamás imaginaron haber necesitado o buscado, porque lo que sentían iba más allá de lo que estaba bien, porque no solo era amor, sino también devoción por el otro. Hoseok - Top. Taehyung - Bottom. Mpreg. Smut. Mención de la guerra.

Status
Complete
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


La primavera estaba por acabar y dar paso al soleado verano, esa tarde era tranquila y fresca. Era el año de 1925, a las afueras de Keijō (actualmente Seúl). El sol comenzaba a descender tranquilamente, tiñendo el cielo de suaves naranjas y, a su vez, tiñendo de dorado los reflejos del agua del río Han. Al norte del río comenzaba la ciudad, la cual empezaba a ser ajetreada, pero muy a su vez pacífica. los tranvías aún se escuchaban a lo lejos de ese lugar, mientras que poco a poco se podían ver los letreros en japonés que empezaban a invadir incluso los senderos rurales, así como aún quedaban muy pocos letreros en coreano.

A lo lejos se podía divisar, muy apenas, los puestos callejeros que incluso en la lejanía llenaban el aire con el delicioso aroma a comida. Los arrozales seguían estando verdes y, a su lado, los senderos de tierra ya empezaban a ensancharse, los cuales habían sido recorridos muchas veces por trabajadores yendo a sus hogares.

Los pasos sobre el sendero de tierra se empezaron a escuchar primero como murmullos entre el silencio del campo y el bullicio de la ciudad, luego se hicieron más fuertes y presentes. Un joven caminaba por ellos sin prisa alguna, su vestimenta era ligera, de un lino blanco completo, el cual denotaba su posición social como lo era la de la clase trabajadora.

Jung Hoseok tenía dieciséis años aquella primavera, acababa de terminar el día luego de una agotadora jornada en la fábrica en la cual trabajaba, en donde apenas podía ganarse algunos yenes por ser tan joven, a veces, y cuando tenía tiempo, solía ir de manera clandestina a las clases que impartían los japoneses y lograba aprender algo allí. En esos lugares había pocos profesores coreanos que a veces, muy pocas veces, lo dejaban entrar a las aulas y le hablaban un poco sobre cómo era Joseon antes de la ocupación japonesa.

Aquella tarde Hoseok llevaba un pequeño cuaderno bajo el brazo, en el cual garabateaba letras sin ningún tipo de sentido, a veces pequeños versos que aprendía en esas escasas clases y muchas más donde dibujaba nubes e imaginaba que algún día podría tener tanto dinero como quisiera para que su familia no muriera de hambre como cada invierno que se acercaba.

Esa tarde Hoseok no tenía muchas ganas de volver a casa. Últimamente le pasaba lo mismo: no deseaba volver aún, había trabajado hasta romperse la espalda y el cansancio era demasiado, solo quería un pequeño momento de paz para relajarse. No deseaba ver cómo su padre era esclavizado por los japoneses en la oficina donde lo ponían a llevar todo tipo de objetos pesados, no deseaba ver cómo el hombre que un día era sonriente llegaba a casa callado, cabizbajo y adolorido del trabajo. Mucho menos deseaba ver a su madre dañándose las manos por tener que lavar la ropa de los japoneses, los cuales no le pagaban los suficientes yenes como para reponer aunque sea el agua que había gastado.

El río Han era silencioso y casi nadie pasaba por allí en esas fechas, al menos no para descansar. Hoseok se sentó en una piedra cercana al agua sintiendo cómo esta mojaba sus pies, el agua estaba especialmente tranquila aquel día y Hoseok lanzó una pequeña piedra al agua, la piedra saltó unas cuantas veces antes de hundirse. Hoseok lanzó un par más sintiéndose un poco más feliz y menos cansado con cada salto que la piedra hacía, tal vez se sentía solo con un poco más de esperanza.

A unos metros de Hoseok se encontraba otro joven igual a él, igual de cansado y agotado, tenía el cabello totalmente despeinado y suelto, un poco más largo de lo que las estrictas reglas japonesas toleraban hoy en día.

El joven iba en una bicicleta vieja y roída por el óxido, la había apoyado en un árbol cercano y vio a lo lejos el río Han, donde empezaban los cultivos y donde su abuela vivía ya hacía mucho tiempo. Kim Taehyung tenía quince años ese año, venía de Yongsan, al otro lado del río, donde su padre trabajaba hasta más allá del cansancio las tierras que alguna vez pertenecieron a su familia y las cuales fueron arrebatadas brutalmente cuando los japoneses los invadieron, su madre falleció por esas fechas, cuando los japoneses apenas ocuparon sus tierras.

Taehyung era alguien obediente, respetaba a sus mayores, trabajaba la tierra día y noche como era costumbre, pero ese día simplemente no había podido más, no más con la rutina agotadora ni el cansancio extremo. Es por eso que decidió escapar aunque sea solo por un momento, solo quería pensar, llevó consigo una caña de pescar la cual había improvisado el año anterior con su padre, con ella no atrapaba grandes peces, pero los que sí atrapaba aún servían para comer.

A Taehyung le gustaba ir al río Han algunas veces, no solo para descansar sino porque le gustaba el sonido del agua corriendo contra las piedras, por la serenidad que le daba estar allí y porque el tiempo parecía detenerse solo un instante para dejarlo respirar un poco. Al menos no se preocupaba tanto al estar allí.

La tarde había estado fresca, pero el viento había empezado a soplar más y más fuerte, con pequeñas ráfagas rápidas, tan rápidas que se llevaron el ligero cuadernillo que Hoseok llevaba. Voló a unos metros de él y aterrizó justo donde Taehyung estaba intentando pescar, el cuadernillo cayó abierto, justo en un boceto donde el río estaba plasmado aún sin terminar. Taehyung lo recogió y fue inevitable ver el dibujo.

El joven buscó a su alrededor y allí lo vio por primera vez. Era tan igual y a la vez tan diferente a él.

¿Esto es tuyo?— Preguntó al desconocido frente a él, se levantó y caminó.

Hoseok asintió avergonzado al ver cómo aquel chico caminaba frente a él.

Gracias, no sabía que el viento estaría fuerte hoy.

Taehyung le devolvió el cuadernillo, aunque se quedó viendo el dibujo plasmado en las páginas.

Es lindo... ¿Quieres ser pintor o algo así?

No.— Respondió avergonzado. —No lo sé, solo me gusta dibujar... ¿Eso es una caña de pescar? ¿La hiciste tú mismo?

Sí.— Sonrió ampliamente y pareció por un instante que el sol alumbró un poco más. —Aunque no he pescado nada aún, al menos nada grande, pero con estar un rato fuera de casa me basta.

Ambos eran tan jóvenes y tenían tantas preocupaciones en sus mentes, pronto vendría el invierno y la comida escasearía. La hambruna sería su compañera durante ese invierno, pero aquella vez no se sintieron responsables por nada. Se sintieron diferentes durante ese día. Conversaron durante lo que parecieron ser horas, primero de cosas sin gran importancia, de lo molestos que eran los tranvías japoneses los cuales eran tan ruidosos, de que a veces iban a la escuela de forma clandestina y se quedaban escuchando la clase en un rincón escondido, de cómo era difícil trabajar en el verano porque hacía tanto calor, luego, sin darse cuenta, empezaron a conocerse de manera más personal, de saber cosas que no debían saberlas un desconocido.

Hoseok le contó que tenía una hermana mayor que trabajaba en una fábrica que era cercana a la que él trabajaba, pero que no vivía con ellos porque ya se había casado hacía mucho tiempo y que tenía dos hijos. Taehyung mencionó que su abuela solía contarles historias de cómo era Joseon de verdad, de cómo era la vida antes de que los japoneses llegaran a invadir y de cómo eran las canciones tradicionales que ahora eran prohibidas.

El sol se había puesto demasiado pronto y el frío ya los estaba haciendo temblar por lo ligero de sus ropas, pero ninguno deseaba irse todavía.

¿Vienes mañana?— Preguntó Taehyung de repente. —Podría traer algo de comer, tal vez un poco de arroz.

Hoseok dudó un segundo, solo un segundo, pero era tan agradable conversar con Taehyung que con los chicos que había en la fábrica.

Claro.— Dijo luego. —Podría traer un poco de kimchi que mi mamá hace.

Así empezó todo, se veían cada tarde, después del trabajo o de las clases que Hoseok alcanzaba a ver, después del trabajo agotador de Taehyung, se encontraban en el mismo lugar en el que se conocieron, junto al río Han. A veces llevaban comida, pero esas veces eran tan escasas porque la comida no abundaba y tenían que cuidarla para sobrevivir.

Hoseok le enseñaba a escribir a Taehyung las pocas palabras que él sabía, hacían rimas simples pero hermosas. Taehyung le contaba las historias que su abuela le contaba en las noches, sobre los espíritus que había en el río Han y de las dinastías anteriores, de los grandes reyes de antaño, a veces, cuando el río estaba lo suficientemente calmado y el calor del verano era demasiado, nadaban en él aun cuando el agua estaba fría, lo único que hacían era reír por ello. Otras veces solo tiraban pequeñas piedras y veían cuál de ellas saltaba más alto o simplemente se quedaban lado a lado viendo cómo las pequeñas barcas de arroz o madera navegaban por el río.

La vida de ambos jóvenes era muy dura y llena de pobreza, pero cuando estaban juntos eso no parecía tener gran importancia. Su vida parecía ser sencilla en la superficie, tampoco hablaban de lo mucho que censuraban los periódicos ni de cómo varias personas desaparecían solo por hablar de lo que los japoneses hacían, aun cuando estos mismos decían que estas desapariciones eran meramente rumores sin fundamento. No hablaban de cómo había más japoneses por cualquier lugar para vigilarlos, para Hoseok y Taehyung el mundo estaba bien solamente cuando estaban juntos en el río. No les importaba cómo este fluía, solo les importaba estar allí, donde el viento danzaba a su alrededor y se llevaba su cansancio y lo reemplazaba por risas.

Es así como con el paso del tiempo ambos se fueron haciendo inseparables, su amistad fluyó como el río y se hizo igual de profunda que este, cada día esperaban ansiosamente poder verse y jugar un rato, y así como cada tarde se despedían con la promesa de volver a verse el día siguiente.

Hoseok y Taehyung sentían que la vida era más gentil con ellos, que esas tardes junto al río Han podrían durar eternamente si estaban juntos, aunque en el fondo ambos sabían que el tiempo jamás se detenía y que pronto esas tardes serían tan añoradas en sus corazones.

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