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Un amor pasajero

Summary

Un vuelo de 15 horas. Un asiento equivocado. Y alguien que no debería importarle... pero le cambia el viaje entero. A veces, el problema no es el destino. Es con quién terminas sentado al lado. . . . One shot Jikook . . .

Genre
Lgbtq
Author
Nunu
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Un vuelo de ida (sin regreso)

Hay personas que pasan años buscando al amor de su vida.

Jungkook iba a encontrarlo a diez mil metros de altura.

Y todo porque casi perdió un vuelo.

HORA 0

—¡Espere! ¡Por favor, espere!

Con una mochila colgando de un solo hombro y el pasaporte en la mano, Jungkook atravesó la puerta de embarque completamente agitado. Alguna personas giraron la cabeza para mirarlo; otras

Simplemente negaron con resignación.

La azafata que estaba junto a la entrada dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Llgó justo a tiempo, señor.

—¿Justo a tiempo...? —preguntó entre respiraciones agitadas—. Yo diría que llegué cinco años tarde.

Ella soltó una risa.

—Disfrute su vuelo.

Jungkook agradeció con una ligera reverencia y caminó por el estrecho pasillo del avión mientras leía una y otra vez el número de su asiento.

—Treinta y dos A... treinta y dos A...

Se detuvo frente a una fila y sonrió satisfecho.

—Perfecto.

Pero la sonrisa le duró exactamente dos segundos.

Porque el asiento de la ventanilla ya estaba ocupado.

Un joven de cabellos rubios, vestido con un suéter negro y unos auriculares alrededor del cuello, leía tranquilamente un libro, completamente ajeno a la presencia de Jungkook.

Este carraspeó con discreción.

—Disculpa...

El muchacho levantó la vista.

Tenía unos ojos tranquilos. Bonitos.

Demasiado bonitos como para que Jungkook pudiera concentrarse durante más de un segundo.

—Creo que ese es mi asiento.

El desconocido observó su boleto y luego volvió a mirarlo.

—No.

Jungkook parpadeó.

—¿Cómo que no?

—Porque este es mi asiento.

—Estoy bastante seguro de que...

—Yo también.

Los dos se quedaron mirándose durante unos segundos.

Ninguno parecía dispuesto a ceder.

Hasta que una azafata apareció detrás de Jungkook con una sonrisa profesional.

—¿Ocurre algo?

—Sí —respondieron ambos al mismo tiempo.

La mujer tomó los dos boletos, los comparó y, apenas unos segundos después, levantó la vista hacia Jungkook conteniendo una risa.

—Señor... su asiento es en la fila treinta y tres.

Hubo un silencio incómodo.

Jungkook bajó lentamente la mirada hacia el número que tenía delante.

33.

Había confundido el tres con un dos.

—...

—...

El desconocido cerró su libro con calma.

—¿Seguro que no quieres revisar también el número del avión?

Jungkook abrió mucho los ojos.

—¡Oye!

Por primera vez, el chico sonrió.

Y, sin saber por qué, Jungkook pensó que aquella sonrisa había valido completamente la vergüenza.

Jungkook soltó un suspiro avergonzado y se rascó la nuca.

—Bueno... esto nunca pasó.

—Claro que pasó.

—¿Podrías fingir que no?

—Lo pensaré.

Negando con la cabeza, Jungkook continuó caminando por el pasillo hasta encontrar, por fin, su verdadera fila.

—Treinta y tres A... ahora sí.

Guardó su mochila en el compartimento superior y se dejó caer sobre el asiento con una sonrisa de satisfacción.

—Perfecto. Quince horas de tranquilidad.

No habían pasado ni treinta segundos cuando una azafata volvió a acercarse.

—Disculpe, señor.

Jungkook levantó la vista.

—¿Sí?

—Lamentablemente, hemos tenido un inconveniente con este asiento. El sistema de entretenimiento no funciona y, como el vuelo es bastante largo, queremos reubicarlo para que viaje más cómodo.

—¿En serio? Qué suerte la mía.

—Sígame, por favor.

Tomó su mochila y volvió a recorrer el pasillo detrás de la tripulante.

Ella se detuvo unos metros más adelante.

—Aquí está.

Jungkook levantó la vista.

Y sintió que el universo tenía un sentido del humor bastante cuestionable.

El asiento libre estaba justo al lado del chico del libro.

El desconocido también lo reconoció de inmediato.

Alzó una ceja.

—¿Otra vez tú?

Jungkook cerró los ojos un segundo antes de responder.

—Empiezo a pensar que me estás siguiendo.

—Curioso. Yo iba a decir exactamente lo mismo.

La azafata, completamente ajena a la situación, sonrió.

—Que tengan un excelente vuelo.

Jungkook tomó asiento con una risa nerviosa.

—Bueno... supongo que las probabilidades de que esto ocurriera eran bajas.

—Muy bajas.

—¿Crees en el destino?

—No.

—Qué pena. Yo iba a culparlo de esto.

Por primera vez, el chico dejó escapar una risa sincera.

No era una carcajada.

Era apenas una pequeña risa.

Pero Jungkook sonrió sin darse cuenta.

"Tiene una linda risa."

Jungkook acomodó su mochila bajo el asiento y dejó escapar un suspiro.

—Bueno... prometo no volver a robarte el asiento.

Jimin cerró el libro por un instante.

—Qué alivio.

—Aunque sigo pensando que ese tres parecía un dos.

—Claro.

—Lo digo en serio.

—Por supuesto.

Jungkook frunció el ceño.

—¿Siempre eres tan sarcástico?

—Solo cuando me dan motivos.

Una sonrisa divertida apareció en el rostro de Jungkook.

—Creo que estas quince horas van a ser interesantes.

—Yo creo que van a ser muy largas.

—Eso duele.

Antes de que pudiera responder, una azafata comenzó a dar las indicaciones de seguridad. Ambos dirigieron la mirada al frente mientras el avión empezaba a rodar lentamente por la pista.

Durante unos minutos no intercambiaron palabra.

Jimin volvió a concentrarse en su libro.

Jungkook intentó distraerse mirando por la ventanilla, aunque apenas podía ver el ala del avión desde su asiento.

Resopló.

Miró el respaldo de enfrente.

Miró a los pasajeros.

Volvió a mirar el libro que sostenía Jimin.

Cinco minutos.

Diez minutos.

Finalmente, la curiosidad pudo más.

—¿Está bueno?

Jimin levantó la vista.

—¿Qué cosa?

—El libro.

Bajó la mirada a la portada antes de responder.

—Sí.

Silencio.

Jungkook esperó unos segundos.

—¿Y... de qué trata?

Jimin comenzó a explicarle la historia con tranquilidad. Habló de los personajes, del conflicto principal y de un par de detalles que, según él, hacían que valiera la pena leerlo.

Cuando terminó, Jungkook lo observó muy serio.

—No entendí absolutamente nada.

Jimin parpadeó.

Y, sin poder evitarlo, soltó una pequeña risa.

—Entonces, ¿para qué preguntaste?

—Porque quería empezar una conversación.

La respuesta tomó a Jimin por sorpresa.

No esperaba tanta sinceridad de alguien a quien acababa de conocer.

Jungkook le sonrió y extendió la mano.

—Por cierto... soy Jungkook.

Jimin observó la mano durante un momento antes de estrecharla.

—Jimin.

—Mucho gusto, Jimin.

—Igualmente.

Un breve silencio volvió a instalarse entre ellos.

—Bueno... oficialmente ya no somos dos desconocidos.

—¿Así de rápido funciona para ti?

—Sí. Ya sé tu nombre.

—Solo sabes mi nombre.

—Es un excelente comienzo.

Jimin negó con la cabeza, divertido.

—Hablas mucho.

—Me lo dicen seguido.

—Lo creo.

El avión comenzó a acelerar por la pista.

Jungkook se acomodó en el asiento con una emoción que no intentó ocultar.

En cuanto las ruedas se despegaron del suelo, una sonrisa apareció en su rostro.

Jimin lo observó de reojo.

—¿Te gustan los aviones?

—Muchísimo.

—Pensé que alguien que casi pierde el vuelo los odiaría.

Jungkook soltó una risa.

—Precisamente por eso corrí tanto.

Jimin sonrió por lo bajo.

Era raro.

Apenas llevaban unos minutos compartiendo asiento, y aquel desconocido ya había conseguido hacerlo sonreír dos veces.

Tal vez aquellas quince horas no serían tan largas después de todo.

HORA 00:30

Jungkook se acomodó mejor en el asiento y cruzó los brazos.

—Entonces...

Jimin levantó la vista del libro.

—¿Entonces?

—¿Qué haces cuando no estás atrapado en un avión con un desconocido?

—Vivir.

Jungkook soltó una risa.

—Qué respuesta tan aburrida.

—No le hago publicidad a mi vida.

—¿Y si te invito un café cuando aterricemos?

Jimin arqueó una ceja.

—Llevamos menos de media hora hablando.

—¿Eso es un no?

—Eso es un "qué rápido vas".

—Perdón. Estoy optimizando el tiempo. Solo tenemos quince horas.

Jimin negó con la cabeza mientras una pequeña sonrisa se escapaba de sus labios.

—Sonreíste.

—No.

—Sí.

—Fue un espasmo.

—¿En la boca?

—Exacto.

Jungkook se echó a reír.

—Eres raro.

—Y tú hablas demasiado.

—Eso ya me lo habías dicho.

—Quería asegurarme de que lo recordaras.

Jungkook hizo una mueca de falsa indignación.

—Empiezo a creer que no te agrado.

—No dije eso.

—Pero tampoco dijiste que sí.

Jimin guardó silencio unos segundos.

—Digamos que... todavía te estoy evaluando.

—¿Como una entrevista de trabajo?

—Más o menos.

—¿Y qué tal voy?

Jimin fingió pensarlo.

—Has perdido puntos por intentar robarme el asiento.

—¡Fue un accidente!

—También por interrumpir mi lectura.

—Objeción.

—Denegada.

—Este juez está comprado.

Jimin soltó otra risa.

Jungkook abrió mucho los ojos.

—¡Otra más!

—¿Otra qué?

—Sonrisa.

—No estaba sonriendo.

—Ya perdí la cuenta.

Jimin volvió a abrir el libro para ocultar la cara.

Jungkook, satisfecho, sonrió para sí.

"Dos sonrisas en menos de una hora. No está mal."

HORA 1

Un rato después, una azafata pasó empujando el carrito de bebidas.

—¿Qué les gustaría tomar?

—Un café, por favor —pidió Jimin.

—Lo mismo —respondió Jungkook.

Jimin lo miró de reojo.

—¿También copias mis bebidas?

—No. Solo confío en tus decisiones.

—Qué conveniente.

Cuando la azafata les entregó los vasos, Jungkook tomó un sorbo demasiado rápido.

Hizo una mueca.

—Está hirviendo.

Jimin soltó una risa.

—Te quemaste, ¿verdad?

—No.

—Se te pusieron los ojos llorosos.

—Es la emoción de viajar.

—Claro.

Jimin dio un pequeño sorbo a su café.

—¿Sabes?

—¿Qué?

—Creo que eres un desastre.

Jungkook sonrió con orgullo.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo recibo como si lo fuera.

Jimin negó con la cabeza.

Era imposible discutir con él.

HORA 3

Pasó aproximadamente una hora más entre conversaciones sin importancia, silencios cómodos y pequeñas bromas. Hablaron de música, de sus comidas favoritas y de los países que querían conocer algún día.

En algún momento, Jimin se dio cuenta de que había cerrado el libro hacía bastante tiempo.

Ni siquiera recordaba en qué página se había quedado.

Y, por extraño que fuera, no le molestaba en absoluto.

El anuncio del altavoz interrumpió la conversación sin aviso.

—Estimados pasajeros, en breve se servirá el servicio de comida.

Jungkook se enderezó de inmediato, como si acabaran de anunciar algo importante.

—Por fin.

Jimin lo miró de reojo.

—¿Tenías hambre?

—No lo sé. Pero ahora sí.

—Esa no es una buena señal.

—¿Por qué?

—Porque la comida del avión nunca es buena.

Jungkook se llevó una mano al pecho.

—No destruyas mis expectativas.

—Solo estoy siendo realista.

—Yo prefiero vivir en la mentira.

Jimin soltó una pequeña risa antes de poder evitarlo.

—Eso explica muchas cosas.

Unos minutos después, las bandejas comenzaron a llegar.

Jungkook las recibió con una emoción exagerada.

—Esto es como Navidad.

Jimin abrió la suya con calma.

—Es arroz con algo indefinido.

—Es arte culinario.

—Es sospechoso.

Jungkook probó el primer bocado... y se detuvo.

—Ok.

—Te lo dije.

—No es tan malo.

Jimin lo miró.

—Estás sufriendo.

—Estoy disfrutando en silencio.

—Estás haciendo una mueca.

—Es mi cara de felicidad.

Jimin negó con la cabeza, divertido, y siguió comiendo.

Un minuto después, Jungkook volvió a hablar.

—Ok, necesito probar el tuyo.

—No.

—Solo un poco.

—No.

—Jimin.

—No.

Jungkook lo miró con dramatismo.

—¿Vas a negarle comida a alguien con quien vas a pasar quince horas?

—Sí.

—Eres cruel.

Jimin suspiró.

—Está bien. Pero solo un poco.

Jungkook abrió la boca como si fuera lo más natural del mundo.

Jimin se detuvo.

—¿Qué haces?

—¿Qué?

—No soy una máquina expendedora.

—Es más fácil así.

—No.

—Sí.

—Jungkook.

—Jimin.

Silencio.

Finalmente, Jimin le dio un poco de su comida con la cuchara.

Jungkook la probó.

—Esto sí está bueno.

—Obvio.

—Deberías haberme dicho antes que sabías elegir comida.

—No es una habilidad especial.

—Para mí sí.

Jimin lo miró un segundo más de lo necesario.

Luego apartó la mirada.

—Eres raro.

—Me lo estás diciendo mucho hoy.

—Porque es verdad.

Jungkook sonrió satisfecho.

—Creo que estamos avanzando en nuestra relación.

—No tenemos una relación.

—Aún.

Jimin lo miró con una ceja levantada.

—Eres muy confiado.

—Es mi mejor cualidad.

—Eso es discutible.

Mientras terminaban de comer, el avión hizo un pequeño movimiento.

Nada grave. Pero suficiente para que el vaso de Jungkook se moviera ligeramente.

Él lo sostuvo rápido.

—Tranquilo.

—¿Eso fue una turbulencia? —preguntó Jimin.

—Sí.

—Fue leve.

—A mí no me engañas. Esto es el inicio del final.

—¿El final de qué?

—De todo.

Jimin lo miró sin entender.

Jungkook bajó la voz.

—He visto películas. Esto empieza así.

—¿Con una vibración mínima?

—Exacto.

Jimin lo observó unos segundos... y luego soltó una carcajada.

—Eres dramático.

—Soy precavido.

—Estás exagerando.

—Estoy sobreviviendo.

Jimin seguía riéndose incluso después de que el avión volviera a la normalidad.

Y Jungkook, sin entender muy bien por qué, sintió que le gustaba ese sonido.

La azafata volvió a pasar con el carrito.

—¿Algo más?

—Café —dijo Jimin.

—Café también —repitió Jungkook.

Jimin suspiró.

—Esto se está volviendo peligroso.

—¿Qué cosa?

—Que pidas todo lo mismo que yo.

—Es estrategia social.

—Es copia.

—Es conexión.

—Es inquietante.

Jungkook sonrió.

—Ya te estás acostumbrando a mí.

Jimin no respondió.

Pero no lo negó.

Y eso, de alguna forma, fue suficiente.

HORA 5

Después de la comida, el avión volvió a caer en un silencio cómodo.

Demasiado cómodo, pensó Jimin.

Demasiado ruidoso, pensó Jungkook.

Porque Jungkook no dejaba de moverse.

—¿Siempre estás tan quieto? —preguntó en voz baja.

—Estoy sentado.

—Eso no es una respuesta.

—Es una explicación.

Jungkook soltó una risa por lo bajo.

—Necesito hacer algo.

—Puedes dormir.

—No estoy cansado.

—Puedes leer.

—No me gusta leer en aviones.

Jimin lo miró de reojo.

—Entonces sufre en silencio.

—Eso suena ilegal.

Jimin no respondió. Volvió a su libro... o al menos lo intentó.

Porque Jungkook estiró el brazo.

Y ahí empezó la guerra.

El apoyabrazos del medio.

Ambos lo tocaron al mismo tiempo.

Silencio.

Se miraron.

Ninguno lo soltó.

—Ese es mío —susurró Jungkook.

—No lo creo —respondió Jimin sin levantar la voz.

—Lo vi primero.

—No existe esa regla.

—Debería existir.

Jimin empujó ligeramente el brazo hacia el centro.

Jungkook lo devolvió con la misma intensidad.

El libro de Jimin tembló un poco.

—Estás siendo infantil.

—Estoy defendiendo mi territorio.

—Esto no es una selva.

—Lo es emocionalmente.

Jimin soltó una pequeña risa, pero no cedió.

—Cinco minutos —dijo Jungkook.

—¿Cinco minutos de qué?

—De silencio si me lo dejas.

Jimin lo miró.

—Eso es extorsión.

—Es negociación.

Silencio.

Finalmente, Jimin retiró el brazo lentamente.

—Cinco minutos.

—Trato hecho.

Jungkook sonrió como si hubiera ganado una guerra.

Pero apenas apoyó el codo...

Jimin lo volvió a empujar suavemente.

—No has ganado nada.

Jungkook abrió los ojos.

—¡Engaño!

—Te lo merecías.

Y por primera vez desde que empezó el vuelo, ambos se rieron al mismo tiempo.

Un rato después, el avión apagó algunas luces.

El ambiente se volvió más tranquilo.

Más lento.

Jimin intentó volver a leer, pero el cansancio empezaba a pesarle.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Jungkook.

—Leer.

—Otra vez.

—Sí.

—Eso es muy aburrido.

Jimin cerró el libro.

—Entonces dime qué propones.

Jungkook pensó un segundo.

Luego señaló la pantalla del asiento.

—Película.

—No me gustan las películas de aviones.

—No puedes odiar algo tan específico.

—Puedo.

—Esto es una oportunidad de vida.

Jimin suspiró.

—Solo si no es una película romántica.

Jungkook sonrió.

—No prometo nada.

Jimin lo miró con sospecha.

—Eso no me gusta.

—Confía en mí.

—Esa es otra frase que no me gusta.

Aun así, aceptó.

Jungkook encendió la pantalla.

—Perfecto. Pero hay un problema.

—¿Cuál?

—Solo tengo un auricular.

Jimin lo miró como si el universo estuviera conspirando contra él.

—Claro.

—Podemos compartirlo.

—No.

—Sí.

—No.

—Jimin.

—Jungkook.

Silencio.

Finalmente, Jimin cedió con un suspiro resignado.

—Esto es ridículo.

—Esto es íntimo —corrigió Jungkook.

—Es incómodo.

—Es romántico.

—Es molesto.

—Es destino.

Jimin no respondió.

Pero se inclinó ligeramente hacia él.

El auricular compartido los obligó a estar más cerca de lo necesario.

Demasiado cerca.

Jungkook eligió la película.

—Si esto es una comedia romántica, te mato —dijo Jimin.

—No lo es.

Cinco segundos después, apareció el título en pantalla.

Jimin cerró los ojos.

—No puedo creer esto.

Jungkook intentó no reír.

—Fue el destino.

—El destino no existe.

—Entonces fue el algoritmo.

—Peor aún.

La película empezó.

Pero ninguno de los dos la estaba viendo realmente.

Porque cada vez que Jungkook reía, el auricular se movía.

Y cada vez que Jimin se acomodaba, sus hombros chocaban un poco más de lo necesario.

—Estás muy cerca —murmuró Jimin.

—Es el asiento.

—No es el asiento.

—Es física.

—Es tu culpa.

Jungkook sonrió.

—No me estás diciendo que te molesta.

Jimin lo miró un segundo.

Luego volvió a la pantalla.

—No dije eso.

Y Jungkook, por primera vez en todo el vuelo, no encontró una respuesta inmediata.

Solo sonrió.

Y siguió viendo la película.

HORA 7

La película seguía avanzando, pero ninguno la estaba viendo realmente.

El auricular compartido era más incómodo de lo que querían admitir.

O demasiado cómodo.

Dependía de a quién le preguntaras.

Jimin intentaba mantenerse concentrado en la pantalla, pero el cansancio empezaba a ganarle lentamente.

Sus párpados pesaban.

—¿Estás viendo o solo finges? —murmuró Jungkook en voz baja.

—Estoy viendo.

—Mientes mal.

—Concéntrate.

Jungkook soltó una pequeña risa, pero no insistió.

Por primera vez en el vuelo, su voz era más baja.

Más tranquila.

Y eso, irónicamente, hizo que Jimin se sintiera más relajado.

El avión estaba en esa parte del viaje donde todo se vuelve silencioso.

Luces tenues.

Motor constante.

El tipo de ambiente que engaña al cuerpo haciéndole creer que es hora de dormir.

Jimin parpadeó una vez.

Luego otra.

—Solo cinco minutos... —susurró sin darse cuenta.

—¿Qué? —preguntó Jungkook.

Pero no hubo respuesta.

Jimin ya había cerrado los ojos.

Jungkook lo notó primero por el cambio en la respiración.

Dejó de hablar.

Se quedó quieto.

Miró de reojo.

—Ah...

Jimin estaba dormido.

Completamente dormido.

La cabeza ligeramente inclinada hacia el lado.

Hacia él.

Jungkook parpadeó.

—¿En serio?

No sabía qué hacer durante los primeros segundos.

Podría despertarlo.

Podría moverse.

Podría fingir que nada estaba pasando.

Pero no hizo nada de eso.

Porque Jimin, en sueños, terminó apoyando la cabeza sobre su hombro.

Jungkook se quedó completamente rígido.

—Ok... esto no estaba en el plan —susurró para sí mismo.

Miró hacia adelante.

Luego hacia Jimin otra vez.

Seguía dormido.

Respirando tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Jungkook tragó saliva.

—No te muevas... —se dijo a sí mismo—. No hagas nada raro.

Pero no se movió.

El auricular seguía en su oído, reproduciendo la película que ya nadie veía.

Después de unos minutos, su tensión empezó a bajar.

Su cuerpo dejó de estar rígido.

Y sin darse cuenta, bajó la mirada hacia Jimin.

Su expresión dormida era distinta.

Más suave.

Menos seria.

—Hablas mucho... pero duermes como si no tuvieras problemas —murmuró Jungkook, casi en secreto.

Jimin no respondió, obviamente.

El avión hizo un pequeño movimiento.

Jimin se acomodó más sobre su hombro.

Jungkook se tensó otra vez.

—Ok... ok, está bien... —susurró—. No pasa nada. Solo respira.

Pero lo peor (o lo mejor) fue que no le molestaba.

De hecho...

Era raro.

Pero no quería que se moviera.

Pasaron minutos.

Quizás más.

Jungkook no estaba seguro.

Solo sabía que la película ya no le interesaba en absoluto.

En algún momento, dejó de mirar la pantalla.

Y empezó a mirar hacia adelante, perdiéndose en sus pensamientos.

Hasta que una pequeña risa casi silenciosa se le escapó.

—Quién diría... el chico que casi me odia está dormido en mi hombro...

Bajó un poco la voz.

—Qué problema...

Pero no sonaba como un problema.

El avión siguió su curso.

Y por primera vez en el vuelo, Jungkook dejó de contar las horas.

HORA 9

Jimin despertó lentamente.

Primero fue el sonido constante del avión.

Luego el leve movimiento del motor.

Y después... la incomodidad de darse cuenta de dónde estaba.

Su cabeza seguía apoyada en algo cálido.

Su primer pensamiento fue confusión.

El segundo, vergüenza.

Y el tercero lo hizo abrir los ojos de golpe.

Jungkook.

Estaba apoyado en su hombro.

Jimin se enderezó de inmediato.

—Ah...

El movimiento hizo que Jungkook parpadeara.

—¿Hm...?

Jimin se alejó un poco más rápido de lo necesario.

—Yo... me dormí.

—Sí —respondió Jungkook, con voz todavía adormilada—. Bastante.

Silencio.

Jimin pasó una mano por su rostro.

—Lo siento.

—¿Por qué?

—Por... esto.

Señaló vagamente su hombro.

Jungkook lo miró un segundo.

Luego sonrió.

—No fue un ataque, Jimin.

—Igual es incómodo.

—Para ti tal vez.

Jimin lo miró.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Nada malo —dijo Jungkook, levantando las manos un poco—. Solo... no me molestó.

Esa respuesta lo descolocó un poco.

Jimin apartó la mirada.

—¿Cuánto dormí?

Jungkook miró la pantalla del asiento.

—Unas dos horas.

—¿Dos horas?

—Sí. Estabas bastante fuera de combate.

—No suelo dormirme así.

—Ya lo noté.

Jimin lo miró de reojo.

—¿Qué quieres decir?

Jungkook sonrió ligeramente.

—Que hablas mucho, pero duermes como si el mundo pudiera esperar.

Jimin no respondió de inmediato.

Luego bajó la mirada.

—Eso no tiene sentido.

—Sí tiene.

Silencio otra vez.

Pero ya no era incómodo.

Era distinto.

Más suave.

Jimin tomó aire.

—¿Hice algo raro?

—Solo te apoyaste en mi hombro.

—Eso es raro.

—No para mí.

Jimin lo miró.

Jungkook se encogió de hombros.

—Fue... tranquilo.

Jimin desvió la mirada otra vez.

—No me acostumbro a eso.

—¿A qué?

—A... confiarme así.

La frase quedó flotando entre ellos un segundo más de lo normal.

Jungkook no respondió enseguida.

Esta vez su tono fue más bajo.

—No tienes que confiarte tanto si no quieres.

Jimin lo miró.

—No es eso.

—¿Entonces?

Jimin dudó.

Miró por la ventanilla. Afuera solo había oscuridad y nubes.

—Solo... no suelo dormir cerca de otras personas.

Jungkook asintió despacio.

—Yo tampoco.

Silencio.

Pero no incómodo.

Jimin ajustó su postura en el asiento.

—¿La película sigue?

Jungkook miró la pantalla.

—Creo que la dejé hace rato.

Jimin lo miró.

—¿Por qué?

Jungkook se encogió de hombros.

—Te estabas durmiendo.

Jimin frunció el ceño ligeramente.

—No era necesario quedarte despierto.

—No estaba "despierto". Estaba... vigilando.

—Eso suena peor.

Jungkook sonrió.

—Sí, probablemente.

Jimin dejó escapar una pequeña risa.

Casi imperceptible.

Pero Jungkook la escuchó.

—Otra vez —murmuró él.

—¿Qué?

—Sonreíste otra vez.

Jimin suspiró.

—Eres obsesivo.

—Curioso.

—Molesto.

—Honesto.

Jimin negó con la cabeza, pero no había molestia real en su expresión.

Hubo un pequeño silencio antes de que Jungkook hablara de nuevo.

—Oye.

—¿Hm?

—¿Te arrepientes de haberme conocido?

Jimin lo miró directamente esta vez.

La pregunta era demasiado directa para las tres de la madrugada.

Demasiado simple.

Demasiado honesta.

Y aun así...

—No —respondió.

Jungkook parpadeó.

No esperaba esa respuesta tan rápida.

Jimin se acomodó otra vez en el asiento.

—Pero no te acostumbres.

Jungkook soltó una risa suave.

—Eso suena a amenaza.

—Es una advertencia.

—Entendido.

Pero ninguno de los dos dejó de sonreír.

Y por primera vez desde que subieron al avión, el silencio entre ellos no necesitaba ser llenado.

HORA 11

La tranquilidad no duró mucho.

Apenas unos minutos después, una azafata pasó por el pasillo empujando el carrito de mantas.

Jimin ya estaba volviendo a su estado habitual: callado, leyendo de forma distraída, fingiendo que nada de lo anterior había pasado.

Jungkook, en cambio, parecía demasiado despierto para la hora.

La azafata se detuvo junto a ellos con una sonrisa amable.

—Buenas noches, ¿les gustaría una manta?

Jimin levantó la vista.

—Sí, gracias.

—Yo también —añadió Jungkook.

La azafata asintió y les entregó una sola manta grande.

Jungkook la tomó primero.

—Perfecto.

La desplegó un poco... y luego se quedó quieto.

Jimin lo miró.

—¿Qué pasa?

—Es una sola.

—Eso es normal.

—¿Es normal compartir una manta?

—En aviones, sí.

Jungkook lo miró como si acabara de descubrir una nueva ley del universo.

—Interesante.

Jimin suspiró.

—Solo úsala.

Pero Jungkook no la soltó.

La azafata, que seguía ahí, observándolos con una sonrisa cada vez más sospechosa, inclinó ligeramente la cabeza.

—Si necesitan otra, puedo traerles.

—No, está bien —respondieron los dos al mismo tiempo.

Silencio.

La azafata sonrió aún más.

—Qué sincronizados... qué lindo.

Los dos se quedaron congelados.

—No somos—

—No—

Demasiado tarde.

La azafata ya se había ido.

Jungkook abrió la manta lentamente.

—Creo que nos adoptó.

—No te acostumbres a eso —dijo Jimin de inmediato.

—¿A qué? ¿A que piensen que somos pareja?

—Exacto.

Jungkook se encogió de hombros mientras colocaba la manta sobre ambos.

—Podría ser peor.

—¿Cómo?

—Podría ser verdad.

Jimin giró la cabeza hacia él.

—No digas cosas raras.

—No estoy diciendo cosas raras. Estoy explorando posibilidades.

—No explores.

Jungkook soltó una risa bajita.

—Relájate, Jimin.

—Estoy relajado.

—Estás tenso como una cuerda.

—Es tu culpa.

—¿Mi culpa?

—Sí.

Jungkook lo miró, divertido.

—¿Qué hice ahora?

—Existir.

Jungkook se rió más fuerte esta vez, tratando de no molestar a los demás pasajeros.

—Ok, eso fue bueno.

Jimin se acomodó bajo la manta, aún serio... pero no del todo.

Porque la manta era grande.

Pero no tanto.

Y sus brazos quedaban demasiado cerca.

—Esto es incómodo —murmuró Jimin.

—Esto es cálido —corrigió Jungkook.

—Es lo mismo.

—No, no lo es.

Jimin lo miró de reojo.

—Estás disfrutando esto demasiado.

—Solo un poco.

—Se nota.

Jungkook bajó un poco la voz.

—Oye.

—¿Qué?

—La próxima vez que la azafata nos vea... probablemente ya esté convencida de que somos pareja oficial.

Jimin cerró los ojos un segundo.

—No habrá próxima vez.

—¿Por qué estás tan seguro?

Jimin no respondió.

Porque en el fondo...

No estaba tan seguro.

Y eso era lo más molesto de todo.

HORA 13

Las luces del avión estaban casi completamente apagadas.

Solo quedaban pequeños puntos tenues sobre los asientos y el murmullo constante del motor, como una especie de respiración lejana que acompañaba a todos sin molestar a nadie.

Ya no había bromas.

Ni discusiones por el apoyabrazos.

Ni comentarios sobre la comida.

Solo silencio.

Un silencio extraño.

No incómodo.

Pero tampoco del todo cómodo.

Jimin tenía el libro abierto sobre las piernas, aunque hacía rato que no leía.

Sus ojos seguían la misma línea una y otra vez sin procesarla.

A su lado, Jungkook miraba hacia adelante, apoyado contra el respaldo, con una expresión tranquila que no había tenido en todo el vuelo.

—No estás durmiendo —murmuró Jimin sin mirarlo.

—No.

—¿Por qué?

—No tengo sueño.

Jimin lo miró de reojo.

—Mentira.

Jungkook soltó una pequeña risa.

—Ok... un poco.

Jimin volvió a mirar el libro.

—Duérmete.

—No quiero.

—¿Por qué?

Jungkook tardó un segundo en responder.

—Porque si me duermo ahora, se acaba.

Jimin bajó la mirada lentamente.

No preguntó a qué se refería.

No hacía falta.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Pero ahora era distinto.

Más pesado.

Más consciente.

El tipo de silencio que te hace notar cosas que antes ignorabas.

La distancia entre los brazos.

El espacio en la manta.

El hecho de que, sin darse cuenta, ya no estaban tan separados como al inicio del vuelo.

Jimin cerró el libro despacio.

—Han pasado muchas horas.

—Sí —respondió Jungkook.

—Más rápido de lo que pensé.

Jungkook lo miró por primera vez en un rato.

—Sí.

Otra pausa.

Esta vez más larga.

Jimin miró por la ventanilla.

Afueras oscuras.

Nubes.

Nada que pudiera marcar el tiempo.

—¿Siempre eres así en los vuelos? —preguntó.

—¿Así cómo?

—Ruidoso.

Jungkook sonrió ligeramente.

—Solo cuando estoy nervioso.

Jimin lo miró.

—¿Nervioso?

—Sí.

—¿Por qué estarías nervioso en un avión?

Jungkook dudó un segundo.

Luego encogió los hombros.

—No lo sé. Supongo que no me gusta estar encerrado con desconocidos.

Jimin levantó una ceja.

—Curioso.

—¿Qué?

—Que ahora estás tranquilo.

Jungkook giró la cabeza hacia él.

Sus miradas se encontraron un segundo más de lo habitual.

—Ya no eres un desconocido —dijo finalmente.

Jimin no respondió de inmediato.

Sintió algo extraño en el pecho.

Pequeño.

Difícil de nombrar.

Desvió la mirada hacia sus manos.

—Eso es rápido.

—Han sido... muchas horas —respondió Jungkook.

Jimin soltó una risa leve.

—Quince.

—Suficientes.

El avión hizo un pequeño movimiento.

Ninguno se separó.

Solo ajustaron ligeramente la postura.

Como si ya hubieran aprendido a ocupar el mismo espacio sin pensarlo.

Jimin cerró los ojos un momento.

—Cuando aterricemos... todo vuelve a ser normal.

Jungkook lo miró.

—¿Normal?

—Sí.

—Qué aburrido suena eso.

Jimin abrió los ojos otra vez.

—Es la vida real.

—Esto también lo es.

Jimin no respondió.

Porque no estaba seguro de qué era "esto".

Jungkook bajó la voz.

—Oye.

—¿Hm?

—Si no hubiéramos hablado... ¿crees que este vuelo habría sido largo?

Jimin lo pensó.

Sinceramente.

—Sí.

Pausa.

Luego añadió:

—Muy largo.

Jungkook sonrió.

—Entonces hice bien en molestarte.

Jimin lo miró de reojo.

—Me estás llamando aburrido.

—No.

—Eso sonó a eso.

—Te estoy llamando... menos aburrido de lo que parecías.

Jimin negó con la cabeza, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.

Otra vez.

Jungkook la notó.

Pero esta vez no dijo nada.

Solo la miró un segundo más de lo necesario.

Y luego volvió a mirar hacia adelante.

El silencio regresó.

Pero ahora ya no pesaba.

Solo existía.

Como si, por unas horas, el mundo hubiera aprendido a detenerse exactamente entre dos personas.

HORA 15

El anuncio del capitán rompió el silencio como si fuera algo demasiado brusco para el momento.

—Estimados pasajeros, estamos iniciando el descenso hacia nuestro destino...

Jimin abrió los ojos lentamente.

Jungkook ya estaba despierto.

—Supongo que es ahora —murmuró él.

Jimin asintió despacio.

—Sí.

Pero ninguno se movió de inmediato.

Como si al hacerlo, todo lo de las últimas quince horas se volviera menos real.

El avión comenzó a descender.

Las luces de la cabina se ajustaron.

Y el murmullo dentro del avión cambió: bolsos cerrándose, cinturones ajustándose, pequeños movimientos nerviosos.

Jimin empezó a guardar su libro.

Jungkook hizo lo mismo con los auriculares.

Ninguno hablaba demasiado.

No porque no hubiera qué decir.

Sino porque había demasiado.

Cuando las ruedas tocaron tierra, el impacto fue suave.

Pero para ellos se sintió más fuerte de lo normal.

Como un punto final.

El avión frenó lentamente hasta detenerse por completo.

—Bienvenidos —dijo la voz del capitán.

Jungkook soltó una pequeña risa sin humor.

—Ya llegamos.

Jimin miró hacia adelante.

—Sí.

Se desabrocharon el cinturón al mismo tiempo.

Se miraron.

Y por primera vez en todo el vuelo, no hubo una broma inmediata para romper el silencio.

Jungkook fue el primero en levantarse la mochila del compartimento superior.

Jimin lo imitó.

Caminaron despacio por el pasillo del avión, siguiendo el flujo de pasajeros.

Uno al lado del otro.

Sin empujarse.

Sin hablar demasiado.

Hasta llegar a la salida.

El aire del aeropuerto los golpeó apenas bajaron.

Más frío.

Más real.

Más definitivo.

Se detuvieron.

Las personas pasaban alrededor de ellos.

Nadie parecía notar lo importante que se sentía ese momento para dos desconocidos que ya no lo eran tanto.

Jimin ajustó la correa de su bolso.

—Bueno... —dijo.

Jungkook lo miró.

—Bueno.

Silencio.

Otra vez ese mismo.

Pero diferente.

Más pesado ahora.

Más consciente.

Jimin dio un pequeño paso hacia atrás.

—Supongo que aquí termina tu "quince horas interesantes".

Jungkook soltó una risa leve.

—No fueron solo interesantes.

Jimin lo miró sin hablar.

Jungkook bajó la mirada un segundo, como si buscara algo en su bolsillo.

—Oye —dijo de pronto.

—¿Hm?

—Espera.

Sacó su celular.

Jimin frunció el ceño ligeramente.

—¿Qué haces?

—Algo importante.

Jungkook desbloqueó la pantalla y se lo mostró.

—Dame tu número.

Jimin parpadeó.

—¿Ahora?

—Sí. Antes de que te escapes.

—No me estoy escapando.

—Eso dicen todos antes de escapar.

Jimin soltó una risa, bajando la mirada.

—Eres imposible.

—Y aun así llegaste hasta el final del vuelo conmigo.

Jimin lo miró otra vez.

Esta vez más lento.

Más serio... pero no del todo.

—Eso no es un argumento válido.

—Para mí sí.

Silencio.

Jimin suspiró, como si estuviera evaluando una decisión muy complicada.

Luego sacó su propio celular.

—Rápido.

Jungkook abrió los ojos.

—¿Eso es un sí?

—Es un "antes de que cambie de opinión".

Jungkook sonrió como si hubiera ganado algo importante.

Ambos intercambiaron números.

Sin apuros.

Sin dudas ahora.

Cuando terminaron, Jungkook guardó el celular.

—Listo.

Jimin también lo guardó.

—Listo.

Silencio otra vez.

Pero ya no era incómodo.

Era distinto.

Como si el silencio ahora significara "hasta pronto" en lugar de "adiós".

Jungkook dio un paso atrás hacia su dirección.

—Bueno... Jimin.

Jimin lo miró.

—Jungkook.

Una pausa.

Ambos sonrieron al mismo tiempo.

—Fue un buen vuelo —dijo Jungkook.

Jimin asintió.

—Demasiado bueno para ser normal.

—Eso suena a que quieres repetirlo.

Jimin se encogió de hombros.

—No pongas palabras en mi boca.

Jungkook rió.

Y luego se dio la vuelta.

Pero antes de dar dos pasos, levantó una mano sin mirarlo.

—Te escribo.

Jimin lo observó alejarse entre la gente.

Se quedó quieto unos segundos.

Luego, casi en voz baja, como si solo fuera para él mismo:

—Más te vale.

Y por primera vez desde que empezó el vuelo...

El aeropuerto ya no se sintió tan grande.

Chapters
1. Un vuelo de ida (sin regreso)
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