Sinopsis
Kane es el Rey de los Cambia formas, un guerrero forjado en batallas y cicatrices, que gobierna desde un trono de obsidiana construido con las armas de sus enemigos. Su pueblo lo respeta porque mató a su propio padre cuando este olvidó que un rey existe para servir, no para ser servido. Pero Kane guarda una herida invisible: el miedo a la vulnerabilidad, a depender de alguien, a que el corazón lo vuelva débil.
Lyra es una omega marcada por el destino y el desprecio. Ojos grises como tormentas contenidas, piel de alabastro, y una espalda que se niega a inclinarse, aunque el mundo entero le haya dicho que las omegas solo sirven para ser usadas y desechadas. Lleva consigo la soledad de los rechazados y una sed de algo que aún no sabe nombrar.
La Luna los une. El vínculo sagrado estalla entre ellos como un latigazo de fuego y plata. En otro tiempo, en otra historia, habría sido el principio de un amor eterno.
Pero Kane dice no.
La rechaza. La marca. La destierra. La convierte en una paria que ninguna manada reclamará, ningún lobo tocará. Cree que está protegiendo a su pueblo. Cree que está eligiendo la fuerza sobre la distracción.
No sabe que el rechazo a una compañera destinada no solo rompe corazones.
Rompe reinos.
Mientras Kane observa cómo su manada se desmorona deserciones, susurros, un vacío que crece donde antes había lealtad, Lyra camina hacia el exilio con una marca ardiente en la muñeca y una certeza helada en el pecho: volverá. No por venganza. No por amor. Por algo más antiguo que ambas cosas.
Por justicia.
En algún lugar entre la traición de un rey y el renacer de una omega, una nueva manada comienza a formarse. No con alfas ni jerarquías de sangre. Con los rotos, los olvidados, aquellos a quienes el mundo les dijo que no merecían un lugar.
Y cuando esas dos fuerzas el rey que se rompió por dentro y la luna que se levantó de las cenizas finalmente se encuentren, el norte entero temblará.









