Capítulo 1: Hogar
El humo de la pipa se elevaba lentamente hacia el techo mientras el suave crepitar del tabaco llenaba el silencio de la habitación.
Hiruzen Sarutobi permanecía sentado frente a una pequeña mesa baja junto a una de las ventanas de su hogar, observando el exterior con una tranquilidad que, en realidad, no sentía del todo. Afuera, la aldea seguía viva como siempre. Personas caminando por las calles, comerciantes atendiendo puestos, niños corriendo de un lado a otro...
Pero aun así, todo se sentía diferente.
Habían pasado varios días desde el regreso de la familia Namikaze Uzumaki y todavía le costaba creerlo. Después de todo, él mismo había visto sus cuerpos aquella noche.
El viejo Hokage exhaló lentamente una nube de humo mientras cerraba los ojos por un instante, muchas cosas habían cambiado demasiado rápido desde entonces.
Lo primero había sido el cargo de Hokage.
Hiruzen después de dimitir del cargo ante el regreso de Minato y que este quisiera volver a tomar el puesto de Hokage había esperado resistencia, discusiones e Incluso amenazas por parte del consejo. Después de todo, aunque oficialmente había retomado el puesto tras la muerte de Minato, la situación de la aldea había cambiado mucho durante esos años.
Y el que Minato hubiera abandonado la aldea en su momento de mayor crisis bien podría considerarse traición.
Sin embargo...
Sorprendentemente gran parte del consejo, tanto shinobi como civil, había votado a favor de devolverle el puesto a Minato. Supuestamente aceptaron su regreso ya que su vuelta de entre los muertos pondría en una mejor situación a la aldea especialmente con Kumo e Iwa ya que la amenaza de un ataque por parte de ellos disminuiría por la reputación del mismo.
Incluso Danzo Shimura había votado a favor, lo cual le pareció raro y sospechoso, porque conocía demasiado bien a su viejo compañero como para creer que aquello había sido un simple gesto de buena voluntad.
Danzo nunca hacía nada sin calcularlo antes.
Aunque siendo justos... oponerse públicamente al regreso del que era considerado un héroe para la aldea, el Yondaime Hokage, probablemente habría sido una pésima idea incluso para él.
Especialmente considerando el estado emocional en el que Minato se encontraba.
Hiruzen dio otra calada a la pipa al recordarlo.
La noticia del regreso de la familia se había extendido por toda Konoha como fuego salvaje que llenó de júbilo tanto a shinobis como civiles. Pero aquello no había sido lo único que se volvió público.
También se reveló el parentesco de Naruto como hijo del Cuarto Hokage.
Y aquello...
Bueno, había causado un caos considerable.
Muchos civiles simplemente no lo creían al principio. Otros intentaron justificar el trato que le dieron durante años. Algunos incluso tuvieron el descaro de decir que “no podían haberlo sabido”.
Pero el problema llegó después, porque Minato no reaccionó como el Hokage tranquilo y amable que la mayoría recordaba. Reaccionó como un padre y uno furioso.
Todavía podía recordar el silencio absoluto que cayó durante aquella reunión cuando Minato, con una calma mucho más intimidante que cualquier grito, les informó a varios civiles y comerciantes que gran parte de las zonas que ocuparon tras su supuesta muerte pertenecían legalmente tanto a él como a Kushina.
Terrenos, edificios, propiedades...
Y que si no cooperaban activamente en la búsqueda de Naruto, comenzaría el proceso para reclamar absolutamente todo.
La reacción fue inmediata.
Pánico. Arrepentimiento. Nerviosismo.
Aunque también un poco de resentimiento.
Porque para muchos civiles, Naruto seguía siendo el recipiente del Kyubi antes que el hijo del Hokage.
Hiruzen cerró ligeramente los ojos, entonces hubo otro problema.
Mikoto Uchiha.
El viejo Hokage soltó lentamente el humo por la nariz al recordar aquella discusión.
Había ocurrido apenas dos días después del regreso de Kushina.
Mikoto apareció usando su genjutsu directamente en la residencia Namikaze sin importarle demasiado quién intentara detenerla.
Y después...
Bueno.
Kushina probablemente nunca olvidaría esa conversación.
Flashback
—¿¡Cómo pudiste abandonarlo!? —había exigido Mikoto con una furia tan contenida que resultaba más intimidante que un grito—. ¡¿Cómo pudiste dejar solo a ese niño después de todo lo que pasó?!
Kushina intentó responder.
Intentó explicarse.
Pero Mikoto no le dio oportunidad.
—¡Todos creían que estabas muerta e incluso lo creyeron de mi! —continuó, señalándose a sí misma—. ¡Tuve que esconderme! ¡Tuve que usar un genjutsu constantemente para evitar que me arrastraran al CRA como si fuera ganado!
Kushina siguió sin poder responder ante el arrebato de ira de su vieja amiga.
—¡Y aun así cuidé de mis hijos! —continuó la Uchiha con rabia visible en los ojos—. ¡Aun así seguí protegiéndolos! ¡E incluso intenté cuidar de Naruto cuando pude!
Kushina se quedó completamente en silencio.
Y eso probablemente fue lo peor.
Porque Mikoto no había terminado con su vieja amiga.
Fin del Flashback
Se necesitaron varias dosis de tranquilizantes para poder calmar lo suficiente a la mujer y evitar que la situación se saliera de control.
Hiruzen suspiro mientras le daba otra calada a su pipa, pensando en dónde podría estar Naruto pues seguía sin haber rastro del mismo a pesar de la cantidad de gente que se encontraba buscándolo.
Aunque sinceramente si es que de algún modo la desaparición de Naruto estuviera relacionada con su trato en la aldea y huyera para buscar una vida mejor, esperaba que la hubiera encontrado.
Entonces sus ojos se abrieron de golpe cuando lo sintió, al principio fue algo sutil y podría haber pasado como un shinobi practicando con un Jutsu nuevo, pero rápidamente los descarto cuando dicha sensación aumento a lo que solo podía describir como una acumulación masiva de chakra.
El anciano frunció el ceño de inmediato mientras dejaba su pipa a un lado. La sensación era extraña... demasiado extraña. No se sentía como el chakra de un shinobi común, tampoco como el de una bestia con cola o algún jutsu conocido.
Era más denso pero al mismo tiempo se sentía como si enormes cantidades de energía estuvieran siendo comprimidas en un único punto.
Y provenía de las afueras de la aldea.
La silla se deslizó suavemente hacia atrás cuando Hiruzen se puso de pie de inmediato. En cuestión de segundos ya había abierto la ventana de su estudio, observando el exterior.
No era el único que lo había sentido.
Varias figuras ya se movían entre los tejados de Konoha a toda velocidad. ANBU, jōnin e incluso algunos sensores abandonaban sus posiciones mientras se dirigían hacia el mismo punto.
La reacción fue prácticamente instantánea.
Como debía ser.
Porque una concentración de chakra de ese nivel tan cerca de la aldea solo podía significar dos cosas.
Un ataque.
O algo peor.
Hiruzen rápidamente dirigió su mano a su mesa en un ademán de tomar el sombrero del hokage antes de que su mano solo tocara la madera de la mesa, por lo que dirigió su mirada a donde debería estar su sombrero antes de recordarlo.
Ya no era el Hokage y dicho sombrero no estaba ahí, si no que estaba guardado junto a su antigua túnica de hokage en un armario de la mansión. Suspiro un poco pues algunos viejos hábitos tardarian en desaparecer.
Entonces en un rápido sunshin desapareció de su estudio para aparecer en un tejado cercano y unirse al resto de shinobis. El viento golpeó sus ropas mientras avanzaba entre los tejados siguiendo la dirección de la perturbación. A su alrededor podía ver otros shinobis movilizándose con expresiones tensas ante lo que podria ser la causa del fenómeno que sentían.
“¿Orochimaru...?” pensó Hiruzen con el ceño cada vez más fruncido al pensar en su viejo alumno.
La idea no le gustaba.
Demasiadas cosas estaban ocurriendo últimamente alrededor de los exámenes chūnin. Y aunque todavía no tenía pruebas concretas, llevaba días sintiendo que algo no encajaba.
Orochimaru era paciente, astuto y aterradoramente difícil de predecir.
¿Podría tratarse de algún tipo de invocación?
¿Un experimento?
¿Una barrera?
¿Un arma?
El anciano aceleró ligeramente.
No tardaron mucho en abandonar los límites principales de la aldea y llegar a una zona rocosa parcialmente cubierta por vegetación. Allí, varios shinobis ya rodeaban la entrada de una cueva natural.
El chakra provenía de dentro.
Un ANBU apareció junto a él al instante.
—Hokage-sama.
Hiruzen volvió a verlo levente acostumbrado a ser llamado asi antes de corregir al shinobi.
—Ya no tienen que llamarme así, el yondaime ha vuelto después de todo
— Perdón, Sarutobi-sama? - Se disculpó antes de decir lo último con duda pues no sabia cómo referirse ahora al anciano.
Hiruzen solo atino a asentir antes de adentrarse en la cueva.
Varios shinobis lo siguieron inmediatamente.
El sonido de las sandalias resonó contra la piedra mientras el grupo se internaba por el túnel natural. La presión en el aire se volvía más intensa a cada paso, haciendo que algunos shinobis tensaran inconscientemente el cuerpo.
Entonces finalmente llegaron.
Y todos se detuvieron.
Frente a ellos, en medio de una enorme cámara subterránea, se alzaba una estructura de piedra.
El objeto parecía antiguo y su superficie estaba cubierta de grabados y símbolos extraños que recorrían toda la estructura como venas talladas en roca.
Pero eso no fue lo que captó realmente la atención del grupo, lo hizo lo que había en medio.
O más bien...
Lo que estaba desapareciendo.
Una superficie azulada suspendida dentro del arco se contrajo lentamente frente a sus ojos, como si el espacio mismo estuviera siendo comprimido sobre sí mismo. Ondas de energía recorrieron el aire mientras aquel extraño suceso que solo podían identificar como un “portal” reducía su tamaño poco a poco.
Algunos shinobis dieron un paso atrás instintivamente.
Otros prepararon kunais.
Incluso varios ANBU parecían desconcertados.
Porque nadie entendía qué estaban viendo.
La luz azul siguió disminuyendo hasta convertirse en un pequeño punto brillante y entonces desapareció por completo.
—...¿Qué demonios fue eso...? —murmuró uno de los jōnin incapaz de ocultar la tensión en su voz.
Nadie respondió.
Porque nadie tenía una respuesta.
Un ANBU se acercó cautelosamente a la estructura mientras otro comenzaba a inspeccionar las paredes de la cueva.
—No hay registros de algo así cerca de la aldea — dijo otro ninja sensor tras unos segundos tratando de recordar si había algo similar en alguna otra parte.
—Sellen la zona inmediatamente —ordenó uno de los anbus con calma, aunque su tono seguía siendo serio—. Nadie entra ni sale sin autorización directa.
Los shinobis reaccionaron al instante.
Varios comenzaron a desplegar perímetros alrededor de la cámara mientras otros preparaban sellos de contención y barreras de detección. Un pequeño grupo ya había empezado a analizar los símbolos grabados en la estructura, aunque por las expresiones que mostraban, no parecían entender demasiado.
Dos ANBU aparecieron frente al antiguo Hokage.
—Informaremos al resto del consejo y traeremos especialistas en fuinjutsu.
Hiruzen viendo que probablemente esto siguiera ocurriendo seguido solo asintió levemente y los ANBU desaparecieron en un shunshin.
El anciano permaneció unos segundos más observando el arco de piedra antes voltearse para irse ya que sabía que su presencia allí ya no era necesaria. Los especialistas tardarían horas en analizar siquiera lo más básico del lugar.
Hiruzen soltó un lento suspiro antes de girarse hacia la salida de la cueva.
Mientras los shinobis continuaban asegurando la zona detrás de él, el viejo Hokage comenzó con su camino de regreso a casa.
Una vez en su hogar Hiruzen entró con calma, cerrando la puerta detrás de sí mientras soltaba un leve suspiro cansado.
La noche ya comenzaba a caer sobre Konoha, y honestamente, después del extraño incidente de la cueva, lo único que quería era algo de tranquilidad.
Y sake.
Sus sandalias resonaron suavemente contra el suelo de madera mientras avanzaba hacia una pequeña mesa cercana. Entonces abrió uno de los compartimientos laterales y sacó una botella junto a dos vasos pequeños.
Antes de dirigirse a uno de los sillones y sentarse en el.
—Sabes —comentó Hiruzen al aire con tranquilidad mientras abría su botella de sake para servirse el líquido—. La mayoría de las personas suele tocar la puerta antes de entrar.
Silencio.
El anciano tomó uno de los vasos y bebió un pequeño sorbo antes de dejar escapar un suspiro satisfecho.
—Aunque supongo que eso dejaría de ser una “intrusion”.
Detrás de él, en la penumbra de la sala, una figura encapuchada permanecía apoyada contra una pared.
Hiruzen tomó el segundo vaso y lo levantó ligeramente hacia atrás sin girarse todavía.
—¿Quieres?
Hubo un pequeño silencio antes de que la figura le respondiera con una voz masculina.
—...¿No debería preocuparle tener un intruso en su casa?
El tono en la voz del desconocido tenía un deje divertido.
Hiruzen soltó una pequeña risa.
—A mi edad uno aprende a diferenciar entre un asesino... y alguien que solo quiere hablar.
Finalmente dejó el segundo vaso sobre la mesa.
—Aunque admitiré que entrar silenciosamente a la casa de un anciano no es precisamente la mejor primera impresión. - Le dijo mientras le daba una mirada por encima del hombro.
La figura soltó una leve risa por debajo de la capucha.
—Diría que ha tenido semanas bastante agitadas. - Le dijo mientras se movía para quedar frente al viejo.
—Eso es ponerlo de forma amable.
Hiruzen tomó otro pequeño sorbo de sake antes de continuar.
—Minato regresó de entre los muertos, el consejo está desesperado, media aldea sigue en shock... y ahora aparece una estructura desconocida liberando cantidades absurdas de chakra cerca de Konoha.
El anciano giró apenas un poco el rostro.
—Así que entenderás si no estoy exactamente de humor para acertijos.
La sala volvió a quedar en silencio unos segundos.
Entonces el desconocido habló esta vez.
—Escuché que están buscando a alguien.
La mirada de Hiruzen cambió apenas.Pero fue suficiente para el encapuchado.
—Mucha gente está siendo buscada actualmente. - Le respondió al desconocido.
—Es cierto. —respondió la figura con tranquilidad—. Pero me refiero a alguien especifico para usted.
El viejo Sarutobi no respondió de inmediato.
Su expresión permaneció calmada... aunque ahora observaba el sake en su vaso con algo más de atención.
—¿Y qué sabes tú sobre Naruto? - Cuestiono pues era mas que obvio de quien hablaba
—Lo suficiente.
Eso arrancó una pequeña risa cansada de Hiruzen.
El encapuchado soltó otra risa suave.
Y esta vez Hiruzen sintió un golpe de familiaridad al escuchar mejor la risa del desconocido.
El anciano entrecerró ligeramente los ojos.
—...¿Quién eres?
La figura permaneció en silencio unos segundos antes de responder.
—Digamos que... alguien que tenía curiosidad.
—¿Sobre qué?
—Sobre cómo reaccionó la aldea.
Hiruzen apoyó lentamente el vaso sobre la mesa.
—¿A qué exactamente?
—A descubrir quién era Naruto. - Le respondió.
El anciano permaneció completamente quieto.
—¿Lo encontraste? - Preguntó el viejo.
La pregunta salió más rápido de lo que esperaba. Entonces el encapuchado avanzó un paso fuera de las sombras.
—Antes de responder eso...
Lentamente levantó una mano y retiró la capucha.
Cabello rubio.
Ojos azules.
Marcas de bigotes en las mejillas.
Y claramente más alto que la última vez que lo vio.
Su rostro había cambiado. Sus facciones eran algo más marcadas, el cuerpo más desarrollado y la expresión... más madura de lo que Hiruzen jamás habría esperado ver en el chico.

Pero aun asi, todavía podía reconocerlo y los ojos de Hiruzen se abrieron ligeramente.
Por primera vez en toda la conversación, el anciano perdió completamente la compostura.
—...Naruto...?
El rubio sonrió.
Y por un instante, pese a todos los cambios, volvió a verse exactamente como el niño hiperactivo que corría por Konoha haciendo travesuras.
—Hey, Jiji. —dijo con un tono cálido—. Ha pasado un tiempo.
Eso fue lo último que pudo decir antes de que Hiruzen le diera un gran abrazo, que el rubio no dudó en responder.
El silencio se mantuvo durante unos segundos.
—...¿Dónde has estado? —preguntó finalmente con algo de alegría por ver que estaba bien pero también queriendo saber dónde había estado ya que parecía como si la tierra se lo hubiera tragado.
Naruto soltó una pequeña risita por la nariz mientras se rascaba ligeramente la mejilla.
Un gesto tan familiar que por un momento hizo que el viejo Sarutobi recordara al niño de doce años otra vez.
—Sí... bueno... —respondió el rubio con una sonrisa algo incómoda—. Digamos que es una historia larga.
Hiruzen lo observó unos segundos más antes de dejar escapar un suspiro profundo.
Luego tomó la botella de sake y caminó lentamente hacia uno de los sofás de la sala.
—Perfecto. —dijo mientras se sentaba pesadamente—. Porque ahora tengo tiempo.
Naruto soltó una leve risa.
El anciano apoyó un brazo sobre el respaldo mientras seguía mirándolo fijamente.
Y entonces negó suavemente con la cabeza.
—Mírate...
Hiruzen dijo viendo lo cambiado que estaba Naruto.
—¿Qué demonios te pasó? —preguntó con una mezcla extraña de incredulidad y alivio—. La última vez que te vi apenas me llegabas al hombro.
Naruto rio un poco más ante eso.
Naruto abrió la boca para responder algo más... pero entonces pareció recordar algo.
—Ah, cierto. —dijo de repente—. Antes de empezar con toda la explicación... hay algunas personas que quiero presentarte.
Eso captó inmediatamente la atención de Hiruzen.
Una ceja del anciano se alzó ligeramente.
—¿Personas?
Naruto asintió con naturalidad.
Luego giró un poco el rostro hacia el pasillo detrás de él.
—Ya pueden pasar. —dijo con tranquilidad.
Y entonces la puerta de la sala se volvio a abrir.
La primera en entrar fue Ciradyl cuyo largo cabello caía en suaves ondas sobre sus hombros. Vestía un conjunto moderno compuesto por una chaqueta verde esmeralda ligeramente abierta sobre una blusa clara ajustada a sus pechos de copa F que parecían desafiar la gravedad, junto a unos pantalones oscuros que resaltaban su figura elegante y estilizada. Su postura relajada y la natural gracia con la que caminaba hacían difícil ignorarla y que hizo que Hiruzen pasara por alto sus largas orejas élficas.

La siguiente en entrar Ruby cuyo corto cabello negro con puntas rojizas seguia con el mismo corte que cuando Naruto la conocio por primera vez. Llevaba una sudadera negra con toques rojos de mangas largas parcialmente ajustada que resaltaba sus, ahora más grandes, pechos copa D que tenían un tamaño más que decente para el orgullo y alegría silenciosa de la chica. También vestía unos jeans oscuros que acentuaban su figura atlética y femenina al mismo tiempo que se pegaban a un firme y redondo trasero. Cada movimiento suyo transmitía una vitalidad inquieta que hacía imposible no notar su presencia.

Tras ella apareció Momo que llevaba su largo cabello negro peinado con elegancia y una presencia refinada que inmediatamente evocaba la sensacion de estar ante alguien de la nobleza. Vestía una blusa roja que hacía destacar sus impresionantes pechos de copa E que parecían a punto de desbordar de su escote, su vestimenta estaba acompañada de una falda oscura moderna que se apretaban a sus caderas proporcionales que completaron una figura casi perfecta que hizo que el Tercer Hokage se aclarara la garganta.

La cuarta en entrar fue Chloe que de inmediato el hokage relaciono con Kumo por su particular tono de piel, aunque no se le podía culpar ya que había muy pocas personas con un tono de piel oscuro fuera de Kumo, su cabello rubio estaba atado en una coleta alta. Vestía una chaqueta negra de manga corta sobre una camisa blanca que delineaba la silueta curvilínea aunque atlética, y algo musculosa pero sin exagerar, que tenía y que hacían resaltar sus pechos copa D junto a un par de pantalones cortos que se ajustaban alrededor de su redondo trasero. Su expresión tranquila contrastaba ligeramente con su postura propia de una guerrera.

Con una presencia algo intimidante la siguiente en aparecer fue Raven. Su cabello púrpura caía suavemente sobre un rostro sereno mientras llevaba una chaqueta ajustada que se esforzaba por contener sus pechos, que aunque cubiertos, tienen un tamaño mas que decente, sus pantalones oscuros que se ajustaban cómodamente a sus grandes caderas que de haberla visto desde atrás vería su trasero extraordinariamente grande y voluptuoso que se movía con una gracia hipnótica junto a sus botas altas que le daban una apariencia mucho más informal que la vestimenta que normalmente usaría alguien como ella. Aun así, su sola presencia bastaba para hacer que el instinto shinobi de Hiruzen reaccionara ligeramente.

La siguiente fue Mona, cuyo cabello morado estaba atado en dos coletas. Vestía con una sudadera de color morado cuyas mangas eran de color blanco, ademas vestia con unos leggins negros que se pegaban a sus esbeltabas piernas y sus caderas que sin duda eran señal mas que clara de tener un trasero notablemente grande que se acentuaba con cada movimiento. Sus pechos, de una copa C casi D, se mantenían firmes bajo su ropa, creando una figura que mezclaba delicadeza y sensualidad. Atrás había quedado su característico sombrero de “bruja” y lo había reemplazado por una gorra blanca sobre la cual estaba estampada una constelación de estrellas.

Con su cabello azul cayendo elegantemente sobre sus hombros, Juvia entró mostrando una pequeña sonrisa tímida. Llevaba un suéter azul oscuro acompañado de una falda moderna y medias negras que se adherían a su figura curvilínea pero equilibrada, donde ni sus pechos de copa D casi E ni su trasero redondo destacaban sobre el resto. Su figura mantenía una proporción particularmente armoniosa que transmitía una sensación mucho más suave y natural que extravagante y además daban una apariencia de ser una joven tranquila.

La penúltima en entrar fue Gogo con su cabello negro corto y su atuendo deportivo revelaban caderas inusualmente anchas y un trasero firme y prominente que se acentuaba con sus pantalones ajustados. Aunque su pecho no se quedaba atrás con una generosa copa D, eran sus caderas y trasero los que definían su figura atlética y femenina a la vez. Aunque su mirada algo aburrida contrastaba con su atuendo que parecía estar orientado al deporte.

(La IA siguio vistiéndola con ropa mas parecida al uniforme de un equipo que a ropa para hacer deporte como los conjuntos deportivos ademas de que era la mejor de todas las imagenes que me dio antes)
Finalmente entró Mari, siendo su corto cabello rojo, lo que llamó de inmediato la atención del Ex-hokage al ser un color de pelo bastante raro de encontrar, se sonrisa dejaba ver ligeramente unos pequeños colmillos. Vestía ropa casual inspirada en un uniforme escolar moderno: una chaqueta clara abierta sobre una blusa ajustada y una falda corta oscura acompañada de medias altas, que destacaban su curvilínea figura con sus pechos de copa E que se movían con cada paso que daba y su trasero, aunque no tan prominente como el de algunas de las otras, era igualmente redondo y atractivo. Entre todas probablemente era la que transmitía el aire más travieso, algo que Hiruzen notó casi de inmediato al verla sonreír.

Para cuando la última de las jóvenes terminó de entrar a la sala, el silencio se había vuelto bastante notable.
Porque honestamente...
Ver a tantas chicas increíblemente atractivas entrar una tras otra a su hogar no era precisamente algo que Hiruzen hubiera esperado experimentar ese día.
El viejo Sarutobi parpadeó lentamente.
Luego volvió la mirada hacia Naruto.
Después otra vez hacia el grupo.
Y nuevamente hacia Naruto.
—...Naruto. —dijo finalmente con absoluta calma—. ¿Quiénes son ellas?
Naruto soltó una pequeña risa algo nerviosa mientras se rascaba detrás de la cabeza.
—Bueno... ellas son Ciradyl, Ruby, Momo, Chloe, Raven, Mona, Juvia, Gogo y Mari. —fue diciendo mientras las señalaba ligeramente una por una—. Y... bueno...
Por primera vez desde que había regresado, Naruto pareció genuinamente avergonzado.
—Ellas son mis novias. - Dijo para el asombro del viejo.
Las chicas observaron al anciano con distintas reacciones. Algunas parecían tranquilas, otras ligeramente incómodas y unas pocas claramente divertidas esperando la respuesta del anciano inmovil.
Entonces la mirada de Hiruzen se oscureció.
Naruto tragó saliva apenas.
—...Eh...
Pero antes de que pudiera reaccionar, el anciano se puso de pie de golpe, avanzó hacia él y le sujetó ambos hombros con fuerza.
—¡Naruto, muchacho...! —dijo con una gravedad absoluta.
El rubio se tensó instintivamente.
—¿S-Sí?
Entonces Hiruzen lo miró directamente a los ojos.
Y habló con la voz más emocionada que Naruto había escuchado jamás.
—Me llenas de orgullo. - Le dijo con una gran sonrisa.
Naruto parpadeó.
—...¿Eh?
—¡Míralas! —exclamó Hiruzen señalando al grupo con ambas manos—. ¡¿Cómo demonios hiciste esto?!
—¡Viejo! - Le reclamo sintiéndose ligeramente insultado.
—¡Son todas unas bellezas! —continuó el anciano completamente alegre.
—¡No digas eso así!
Varias de las chicas soltaron pequeñas risas.
Incluso Raven desvió apenas el rostro ocultando una mínima sonrisa.
Hiruzen asintió varias veces mientras seguía sujetando a Naruto por los hombros.
—Sabía que llegarías lejos, muchacho... pero esto... esto supera todas mis expectativas.
—¡Deja de decirlo como si fuera algo que nunca sucedería! - Volvió a quejarse.
—¡Y además parecen agradables! ¡Eso es importante!
—¡¿Qué clase de evaluación es esa?! —protestó Naruto completamente rojo.
Ruby ya estaba riéndose abiertamente mientras Momo intentaba mantener algo de compostura sin demasiado éxito.
Mari directamente parecía divertidísima viendo a Naruto morir lentamente de vergüenza.
Hiruzen finalmente soltó al rubio antes de asentir con orgullo paternal.
—Definitivamente eres nieto mío. —declaró con total convicción.
—¡Ni siquiera estamos relacionados por sangre! - Le respondió de inmediato antes de suspirar - Caray y yo que esperaba que pasando tres años hubieras cambiado, aunque bueno tampoco me quejo.
Tras decir eso Naruto le dio otro abrazo pues había extrañado mucho a su figura de abuelo.
El propio Hiruzen respondió con gusto al abrazo feliz por saber que el chico al que consideraba como un segundo nieto estaba mas que bien.
Un momento que había dicho Naruto ¿tres años?, el Ex-hokage parpadeo varias veces cuando su cerebro terminó de procesar dichas palabras.
- Un momento Naruto que dijiste, tres años? - Le cuestiono separándose del abrazo - Apenas y si han pasado unas semanas desde que desapareciste, los exámenes Chunnin son pasado mañana.
El grupo de chicas junto a Naruto parpadearon un par de veces con la cara en blanco y de haber sido posible una barra de carga hubiera parecido en sus cabezas.
- ...¿Eh? - Fue lo único que salió de las bocas de los adolescentes reunidos.
Fin del capitulo.
Espero que el capitulo les halla gustado la verdad estaba bastante inspirado a la hora de escribirlo y el tiempo que me hubiera tomado ciertamente se redujo especialmente con la ayuda de la IA con algunos diálogos, y sobretodo con las descripciones, que tenia planeado agregar imágenes pero eso me llevaría mas tiempo, aunque probablemente las agregue despues.
Espero que les halla gustado, y probablemente no se esperaban ese salto de tiempo, verdad.
Sin mas que decir nos vemos en el proximo capitulo.
![The Moon's Weapon : the cursed mate [ MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_123f31099804e79c6de11657975bcaae.jpg)








Damn the girls and Naruto all look good.