Chapter 1
Capítulo 1: Enemigos Jurados
En el corazón de la Tierra se libraba una batalla colosal. Kael, un ser imponente y alto, capaz de controlar el tejido del tiempo, esquivaba los ataques de su peor enemigo. El cuerpo de Kael era de un blanco absoluto, con orejas pequeñas, ojos que brillaban como el oro y una boca tan delgada que solo se hacía notoria al hablar. En el centro de su pecho, un núcleo de energía dorada latía con fuerza, otorgándole la vida.
Frente a él estaba Xenor. Alto, cubierto por una oscuridad total en su cuerpo negro, compartía las facciones finas de Kael, pero sus ojos y su núcleo vital brillaban con un tono morado oscuro. Xenor poseía el don de la teletransportación y la capacidad de moldear el plasma a su antojo.
-¡Nunca me derrotarás, Kael! ¡Yo destruiré este patético mundo! -exclamó Xenor, canalizando energía en sus manos.
-¡Eso es lo que tú crees! -respondió Kael con firmeza.
El núcleo dorado de Kael brilló intensamente, disparando un letal rayo láser. Xenor, reaccionando en una fracción de segundo, materializó un escudo de plasma que absorbió el impacto, para luego contraatacar lanzando una densa bola de energía morada. El impacto derribó a Kael, provocando un estallido de tierra. Sin embargo, el guardián del tiempo se puso en pie de inmediato, materializó un pesado mazo con picos y, tras una rápida finta, le asestó dos golpes brutales a Xenor en el torso.
-¿Eso es todo lo que tienes? ¡Pues mira lo que puedo hacer! -rugió Xenor, limpiándose la energía estropeada.
Haciendo aparecer su espada de plasma, Xenor lanzó tres estocadas veloces. Kael logró esquivar la primera con un movimiento ágil, pero las dos siguientes le impactaron de lleno, haciéndolo retroceder. Cortando el aire, Kael recuperó el equilibrio.
-Veo que eres fuerte... ¡Pero ahora mira esto! -sentenció Kael.
Kael se encogió sobre sí mismo, transformándose en una esfera perfecta. Su cuerpo comenzó a sobrecargarse de energía cinética y temporal hasta que estalló. Una onda expansiva de 30 metros a la redonda arrasó con el terreno, dejando a Xenor gravemente herido y debilitado entre los escombros.
-Nos volveremos a ver... -escupió Xenor, jadeando.
Antes de que Kael pudiera dar el golpe final, Xenor se teletransportó, desapareciendo en un destello morado hacia su base secreta.
-¡Cobarde! ¡Cuando te vuelva a ver, no tendré piedad! -gritó Kael al viento.
Capítulo 2: Una Alianza Inesperada
Al día siguiente, Xenor descansaba en los monitores de su base subterránea. De pronto, las pantallas de noticias interrumpieron su programación habitual: la Tierra estaba bajo ataque por una brutal especie alienígena llamada Cornum.
Antes de que pudiera procesar la información, un estruendo sacudió el lugar. El techo se derrumbó y Kael cayó pesadamente, trayendo consigo a una de esas criaturas.
-¡Hay que dejar nuestras diferencias atrás! ¡Ayúdame a quitarme a este Cornum de encima! -exclamó Kael, forcejeando con el invasor.
Sin pensarlo dos veces, Xenor extendió su mano y le lanzó una bola de plasma al Cornum, carbonizándolo al instante. El silencio inundó la base.
-¿Estás bien? -preguntó Xenor, bajando la guardia por primera vez.
-Sí, estoy bien... Veo que ya te empezaste a preocupar por mí, ¿verdad? -respondió Kael con una sonrisa de medio lado.
-E... ¡Eso no es cierto! -replicó Xenor, desviando la mirada, notablemente incómodo-. ¿Qué es lo que quieres?
-Bueno... Tenemos que firmar una alianza, tú y yo, para combatir a los Cornum -propuso Kael con seriedad.
-¡¿No?! Después de todo lo que hemos pasado, ¿pretendes que seamos aliados?
-¡Nos tenemos que aliar! ¿O acaso quieres que la humanidad sea esclavizada por esos monstruos? -exclamó Kael, apelando al orgullo de su rival.
Xenor guardó silencio por unos instantes, sopesando las opciones.
-Está bien. Pero cuando se acabe esta guerra, todo volverá a la normalidad. ¿Entendido?
-Hecho -asintió Kael.
Capítulo 3: El Plan y el Brazalete de las Sombras
Tras salir a las calles y exterminar a las primeras avanzadas de los Cornum, ambos regresaron a la base para planear una estrategia definitiva.
-¿Te acuerdas del brazalete morado? -preguntó Kael.
-Sí, claro que me acuerdo. Es el artefacto que utilicé para invocar al ejército de sombras cuando intenté gobernar el mundo... antes de que tú me detuvieras -respondió Xenor con amargura.
-Ese brazalete es nuestra única opción. Tenemos que conseguirlo.
-Pero está resguardado en la Base de Armas Avanzadas, el lugar más seguro del planeta -advirtió Xenor.
-Tengo un plan en mente. Vamos a recuperarlo -aseguró Kael.
Minutos después, se encontraban en las inmediaciones del complejo militar. Kael repasó los detalles:
-El plan es sencillo. Usaré mis habilidades para detener el tiempo. Aprovecharemos ese lapso para entrar, robar el brazalete y salir. Pero hay un problema: mi control temporal solo dura un minuto exacto, así que tendremos que ser extremadamente rápidos.
Kael cerró los ojos y su núcleo dorado brilló con una frecuencia estroboscópica. El tiempo se detuvo. El viento se congeló y las luces parpadearon estáticas. Xenor agarró firmemente a Kael del hombro y se teletransportó al interior de la base militar. Corrieron a toda velocidad por los pasillos congelados hasta la bóveda de alta seguridad. Al llegar a la celda del artefacto, Xenor rompió el cristal blindado y tomó el brazalete.
En ese preciso segundo, el conteo llegó a cero. El tiempo reanudó su marcha y las alarmas comenzaron a resonar con fuerza. Decenas de guardias armados los rodearon, abriendo fuego.
-Por fin algo de acción -sonrió Xenor.
Moviéndose como un equipo perfecto, Kael ralentizaba los proyectiles mientras Xenor los noqueaba con ráfagas de energía. En cuestión de segundos, todos los guardias quedaron fuera de combate. Xenor volvió a sujetar a Kael y se teletransportaron fuera de la base, apareciendo en un callejón seguro.
-¡Lo logramos! ¡Dame esos cinco! -exclamó Kael, entusiasmado.
-Exacto, amigo -respondió Xenor, chocando las manos con un gesto de camaradería.
-Bueno, Xenor, ponte el brazalete, invoca al ejército de sombras y ¡vayamos a acabar con esta guerra!
Xenor miró el artefacto morado en sus manos y dio un paso atrás.
-No... No puedo.
-¿Por qué? ¿Acaso quieres que la humanidad sea esclavizada? -preguntó Kael, confundido y frustrado.
-¡No, claro que no quiero que se extingan! Es solo... por una razón personal -confesó Xenor, bajando la cabeza.
-Cuéntamelo. Soy de confianza, te juro que no se lo diré a nadie.
Xenor suspiró profundamente y comenzó su relato:
-Hace mucho tiempo, viajaba por el cosmos en mi nave espacial y llegué al inhóspito Planeta de las Sombras. Al aterrizar, me topé con su soberano: El Rey de las Sombras. Era un ser imponente, hecho de pura oscuridad, con cuernos ramificados, ojos inyectados en sangre y colosales alas de demonio. Una misteriosa aura negra flotaba a su alrededor.
-¿Qué te trae por aquí, terrícola? -me rugió con una voz que hacía temblar el suelo.
-Vengo por tu reliquia más preciada: tu brazalete -le respondí desafiante.
-¡Jajaja! Nunca lo lograrás, muchacho -se burló él.
-No me subestimes -le advertí.
Tuvimos una batalla encarnizada que casi destruye el lugar, pero logré derrotarlo, le arrebaté el brazalete y escapé a la Tierra.
Kael lo escuchó con atención.
-Es una gran historia, pero sigo sin entender. ¿Por qué eso te impide ayudarnos ahora contra los Cornum?
-¡Porque el poder de ese brazalete me corrompió! -gritó Xenor, furioso y asustado de sí mismo-.
¡Esa reliquia fue la que me volvió malvado la primera vez! ¡No arriesgaré mi mente de nuevo! ¡Tendrás que derrotar a los Cornum tú solo!
-¡Está bien! ¡Y yo que pensaba que ya éramos amigos! ¡Adiós! -exclamó Kael, profundamente decepcionado.
Kael encendió su núcleo y se elevó por los cielos a gran velocidad, dejando a Xenor solo con sus temores.
Capítulo 4: El Sacrificio y el Nacimiento de un Dios
Al día siguiente, Xenor observaba las cámaras de seguridad de la ciudad principal. Kael estaba en la primera línea de defensa junto a militares, policías y civiles. Pero la estrategia no funcionaba; los Cornum los estaban masacrando.
-No puedo dejar que mueran... -se dijo Xenor a sí mismo, viendo la pantalla-. Una parte de mí dice que me ponga el brazalete y vaya a salvarlos, y la otra me dice que me esconda. ¡Al diablo! ¡Voy a apoyarlos! -exclamó, golpeando la mesa con determinación. Se colocó el brazalete morado en la muñeca.
En el campo de batalla, la situación era desesperada.
-¡Resistan! ¡Tenemos que detenerlos! -alentaba Kael, cubierto de heridas.
De repente, un enorme cañón alienígena disparó un súper rayo láser que impactó directamente en Kael, dejándolo moribundo en el suelo. Los Cornum se preparaban para ejecutarlo cuando, a lo lejos, una silueta imponente emergió entre el humo.
-¿Xenor...? -susurró Kael con las pocas fuerzas que le quedaban.
-Yo ya no soy Xenor... ¡Ahora soy Misterio! ¡Ejército de sombras, AL ATAQUE!
Una marea de guerreros oscuros brotó de las sombras de Misterio, arremetiendo ferozmente contra las líneas Cornum. Misterio se teletransportó al lado de Kael y le extendió la mano.
-¿Estás bien, amigo mío?
-No... estoy muy herido -admitió Kael.
Utilizando las propiedades místicas del brazalete, Misterio canalizó una corriente de energía que cerró las heridas de Kael.
-¡Levántate! ¡Acabemos con esta guerra hoy mismo!
Ambos guerreros se lanzaron al ataque, coordinando plasma, golpes de mazo y control temporal. Sin embargo, los Cornum desplegaron su maquinaria pesada: un Strider, un colosal robot de 10 metros con forma de araña, tres patas blindadas, cañones de plasma pesados y propulsores de vuelo.
El Strider disparó, pero ambos héroes esquivaron el ataque dividiéndose. Kael llamó la atención del robot flotando frente a sus sensores tácticos, dándole el tiempo suficiente a Misterio para teletransportarse directamente sobre la cabina.
Misterio forzó la compuerta, sacó al piloto Cornum y lo atravesó con su espada de plasma.
-¡Súbete, Kael! ¡Toma el arma secundaria de plasma! -gritó Misterio, tomando los controles del Strider enemigo.
Desde la retaguardia enemiga, un oficial de comunicaciones alienígena transmitió un mensaje desesperado:
-¡Comandante Cornum, nos están ganando el terreno!
Al otro lado de la línea, la fría voz del líder supremo respondió:
-La maquinaria pesada ya va para allá. Ya no me interesa conquistar la Tierra... ¡Destrúyanla por completo!
El cielo se oscureció cuando una colosal Nave Nodriza entró en la atmósfera. De sus hangares comenzaron a descender tropas ultra avanzadas, robots gigantes de 80 metros y Striders titánicos de 90 metros que comenzaron a bombardear la superficie. Un Cornum de Rango II (un comandante de élite) fijó su puntería y disparó un súper rayo concentrado hacia el Strider que pilotaban los héroes.
-¡Salta ahora! -advirtió Misterio.
El rayo desintegró la máquina. La explosión lanzó a Misterio por los aires, dejándolo gravemente herido sobre el pavimento.
-¡Misterio! ¿Estás bien? -gritó Kael, corriendo hacia él.
-Sí... solo son rasguños -mintió Misterio, presionando su hombro herido.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Misterio se teletransportó detrás del Cornum de Rango II y lo decapitó con su espada. Pero la victoria fue efímera: una horda de Cornum Élite de Rango III cayó sobre él, apuñalándolo repetidamente. Kael desató un rayo masivo desde su núcleo dorado para apartar a los atacantes, pero el daño ya estaba hecho.
Misterio intentó ponerse en pie, debilitado y sangrando energía morada. Nuevos Striders apuntaron hacia ellos. Kael se interpuso para protegerlo, pero un asesino Cornum emergió de la nada con un cuchillo de plasma y lo clavó directamente en el núcleo vital de Misterio. La luz morada de su pecho comenzó a parpadear... hasta que se apagó por completo. Misterio cayó inerte.
-¡NOOOOOOO! ¡MISTERIO! -gritó Kael, las lágrimas corriendo por sus mejillas blancas, transformándose en una furia ciega-. ¡Malditos... ahora sufrirán las consecuencias!
Los ojos de Kael se encendieron con un brillo dorado cegador. Su núcleo comenzó a sobrecargarse de manera inestable. Elevándose hacia las nubes, todo su cuerpo se convirtió en una supernova viviente, desatando una mega explosión que desintegró a todos los Cornum a la redonda. Desafortunadamente, la onda expansiva residual y el contraataque de unos jets enemigos remataron a Kael, derribándolo y dejándolo al borde de la muerte.
-Creo que... hasta aquí he llegado... -susurró Kael de rodillas, cerrando los ojos.
Mientras tanto, en el limbo entre la vida y la muerte, el espíritu de Misterio flotaba en la oscuridad. De pronto, una voz profunda y resonante hizo eco en su mente. Era su padre.
-Hijo mío... tú no puedes morir aquí. Tienes que continuar con mi legado. Levántate... porque ahora, eres un Dios.
En el mundo real, el cuerpo inerte de Misterio comenzó a levitar. Sus ojos se abrieron de golpe, emitiendo un fulgor morado tan intenso que distorsionaba el espacio a su alrededor. Su núcleo de energía volvió a encenderse, brillando con la fuerza de un sol oscuro.
-¿Creyeron que había muerto? -dijo Misterio con una confianza absoluta y divina-. Ahora sufrirán las consecuencias de sus actos.
Misterio ascendió hacia el firmamento a la velocidad de la luz. Con sus nuevos poderes divinos y el control absoluto de las sombras, comenzó a atravesar las naves del imperio Cornum, desintegrando a los Striders gigantes y reduciendo a chatarra a los robots de 80 metros en cuestión de minutos. Ante tal demostración de poder apocalíptico, la armada alienígena se vio obligada a ordenar una retirada de emergencia, huyendo de la Tierra.
Tras el enorme despliegue de poder, Misterio perdió el conocimiento y cayó suavemente hacia el suelo. Kael, arrastrándose con sus últimas fuerzas, llegó hasta él.
-¿Amigo...? ¿Estás vivo? -preguntó Kael, exhausto.
Misterio abrió los ojos lentamente, confundido.
-¿Qué... qué pasó? ¿Dónde estoy?
-Nos salvaste, amigo... A mí y a todo el planeta. Hiciste que el Imperio Cornum se retirara de la Tierra -le explicó Kael, aliviado.
Misterio se incorporó, contemplando sus manos imbuidas en energía cósmica.
-Ya lo recuerdo... Mi padre me habló en el vacío. Me encomendó seguir su legado. Debido a esto, tendré que irme de la Tierra; no sé por cuánto tiempo, pero juro que volveré. Si el planeta vuelve a estar en peligro, no dudes en contactarme.
-No... no te vayas. ¿Qué haremos en la Tierra sin ti? -pidió Kael, triste por la partida de su nuevo hermano de armas.
-Tengo un deber que cumplir allá afuera. Cuida bien de este mundo, lo dejo en tus manos. Volveré en unos años. Adiós, Kael.
Misterio se envolvió en una estela morada y partió hacia el cosmos profundo.
FIN
Escena Post-Créditos:
En los restos desolados del Planeta de las Sombras, una figura colosal emergió de las cenizas. Sus cuernos brillaron bajo la luz de las estrellas muertas y sus ojos rojos destilaron puro odio. El Rey de las Sombras miró hacia el firmamento, apuntando en dirección a la Tierra.
-Te he encontrado, Xenor... Juro que me vengaré.



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