El trato
5:07 a.m.
La pista estaba vacía excepto por Sacha Morales.
Como siempre. El aire frío de la mañana chocaba contra sus piernas mientras corría por el carril cuatro con la respiración perfectamente controlada. Sus audífonos apenas dejaban pasar el sonido de sus tenis golpeando el suelo húmedo.
Uno.
Dos.
Tres.
Más rápido. Correr era la única cosa que lograba callar su cabeza.
Porque cuando dejaba de correr… empezaba a pensar demasiado.
Y últimamente pensaba demasiado en Jackson Hale.
El chico fotografo.
El que siempre llevaba cámaras vintage colgando del cuello y hablaba sobre París, Tokio y Nueva York como si perteneciera en todos esos lugares.
A Sacha le gustaba escucharlo hablar.
Porque mientras él hablaba de arte y viajes, ella olvidaba por un momento la presión de las competencias, las marcas y los entrenamientos.
Terminó el sprint inclinándose hacia adelante mientras recuperaba aire lentamente.
Sigues entrando muy cerrada en la curva. Sacha levantó la cabeza inmediatamente.
Anderson Blake estaba sentado en las gradas inferiores con una hoodie negra y una botella de agua.
Otra vez
Alto.
Cabello oscuro despeinado.
Piernas largas estiradas frente a él.
Y esa calma desesperante.
—¿No tienes algo mejor que hacer? —preguntó ella.
Anderson sonrió apenas.
—Buenos días para ti también.
Ella rodó los ojos.
—¿Por qué siempre apareces aquí?
—Porque tú siempre estás aquí.
Eso la hizo quedarse callada un segundo.
Anderson bajó lentamente las escaleras hasta quedar frente a ella.
—Vas a destruirte las piernas si sigues entrenando doble sesión.
—Gracias, entrenador.
—De nada, corredora.
Sacha tomó su botella de agua evitando mirarlo demasiado.
Porque Anderson tenía una forma muy intensa de observarla.
Como si realmente la viera.
Y eso la ponía nerviosa.
Mucho.
—¿Vas a ir esta noche? —preguntó él.
—¿A dónde?
—Bolos. Todo el campus va.
Sacha hizo una mueca.
—Odio los bolos.
—Perfecto. Yo odio la gente.
Eso le sacó una sonrisa pequeña sin querer. Anderson la notó inmediatamente.
Y sonrió también.
—Ahí está.
—¿Qué?
—Tu sonrisa. Pensé que era un mito.
Sacha sintió calor en las mejillas y empezó a caminar hacia la salida.
—No voy a ir.
—Sí vas.
—¿Siempre consigues lo que quieres?
Anderson metió las manos en los bolsillos.
—Todavía no.
Esa misma noche, el lugar de bolos estaba lleno.
Luces de colores.
Música alta.
Demasiadas personas. Sacha ya quería irse.
Emma, su mejor amiga, prácticamente la había obligado a venir porque Jackson estaría allí. Y sí estaba.
Al otro lado del lugar, riéndose mientras enseñaba fotos de un viaje reciente a un grupo de estudiantes.Sacha intentó verse relajada mientras lo observaba discretamente.
—Estás mirándolo demasiado.
Ella giró inmediatamente. Anderson.
Claro.
Llevaba una camiseta negra ajustada y el cabello todavía húmedo, como si acabara de salir de entrenar.
—No estoy mirando a nadie.
—Claro.
Sacha tomó la bola de boliche.
—¿Qué quieres, Blake?
Él inclinó un poco la cabeza hacia Jackson.
Te gusta.
Ella se quedó callada.
Y eso fue suficiente respuesta.
Anderson suspiró divertido.
—Tienes gustos complicados.
—¿Y eso qué significa?
—Que parece el tipo de chico que se enamora de ciudades antes que de personas. La frase golpeó raro.
Porque era verdad.
Jackson hablaba más de viajar que de quedarse.
—No pedi tu opinión —dijo ella.
—No. Pero puedo ayudarte.
Sacha frunció el ceño.
—¿Cómo?
Anderson tomó una bola y lanzó un strike sin esfuerzo.
Todo el grupo gritó emocionado.
Él ni siquiera miró los pines.
Solo a ella.
Ella se quedó callada. Y eso fue suficiente respuesta.
Anderson suspiró divertido.
—Tienes gustos complicados.
—¿Y eso qué significa?
—Que al parecer el tipo de chico que se enamora de ciudades antes que de personas. La frase golpeó raro. Porque era verdad. Jackson hablaba más de viajar que de quedarse.
—No me pidió tu opinión —dijo ella.
—No. Pero puedo ayudarte.
Sacha frunció el ceño.
—¿Cómo?
Anderson tomó una bola y lanzó un strike sin esfuerzo.Todo el grupo gritó emocionado. Él ni siquiera miró los pines. Solo a ella.
—Finjamos que sales conmigo.
Sacha soltó una carcajada.
—Ni loca.
—Escúchame. El jamás te ha mirado realmente porque cree que eres inalcanzable.
—¿Y tú cómo sabes eso?
Anderson sonrió apenas.
—Porque yo también lo pensé.
Silencio.
El corazón de Sacha dio un pequeño salto incómodo.
—¿Y qué ganas tú? —preguntó ella.
Que mi ex deje de perseguirme.
—Esto es una pésima idea.
Las mejores siempre lo son.
Sacha miró otra vez hacia Jackson.
Luego volvió a mirar a Anderson.
Y ahí estaba el problema.
Porque Jackson parecía interesante.
Pero Anderson…
Anderson hacía que todo se sintiera más vivo.
—Solo por unas semanas —dijo ella finalmente.
Anderson extendió la mano.
—Entonces tenemos un trato.
Sacha dudó un segundo antes de tomarla.
Y ninguno de los dos notó que ese sería el inicio del desastre más bonito de sus vidas.
Eran 8:34 de la mañana siguiente, Sacha llegó tarde a su clase de fotografía.Otra vez. Entró rápidamente al salón acomodándose el cabello crespo en una coleta alta mientras sostenía su cámara y un café helado casi vacío.
—Morales —dijo el profesor apenas la vio entrar—. Qué sorpresa.
—Lo sé, también me emocioné.
Varias personas soltaron pequeñas risas. Sacha caminó hacia uno de los asientos del medio mientras intentaba ignorar el cansancio en sus piernas por el entrenamiento de esa mañana. La clase de fotografía era una de las pocas cosas fuera del atletismo que realmente disfrutaba, Le gustaba capturar momentos pequeños. Expresiones reales. Luces imperfectas.
Le gustaba observar.
Y honestamente…
también le gustaba que Jackson estuviera ahí. Porque Jackson parecía pertenecer completamente a ese mundo artístico.
El profesor empezó a hablar sobre fotografía urbana mientras proyectaba imágenes enormes en la pantalla.
—Las mejores fotos no son planeadas —decía—. Son las que capturan algo auténtico.
Sacha levantó apenas la cámara para tomar una foto rápida de la luz entrando por las ventanas.
Click.
Bonito ángulo.
La voz masculina hizo que casi dejara caer la cámara. Giró inmediatamente. Anderson Blake estaba sentado justo detrás de ella. Con una gorra negra hacia atrás y una sonrisa demasiado tranquila.
Sacha abrió los ojos.
—¿Qué haces aquí?
—Buenos días para ti también.
—No tienes esta clase.
—Ahora sí.
Ella frunció el ceño.
—¿Por qué?
Anderson apoyó el brazo sobre la silla.
—Escuché que era interesante.
—Eres pésimo mintiendo.
—Y tú muy linda cuando estás confundida. sacha sintió calor en las mejillas inmediatamente.
—Cállate.
Anderson sonrió apenas mientras miraba alrededor del salón. Y ahí fue cuando Sacha notó algo. Varias chicas estaban mirando a Anderson. Obviamente. Porque Anderson llamaba la atención incluso cuando intentaba verse relajado.
Pero él no parecía notar a nadie.
Solo a ella.
Eso era peligroso. Muy peligroso.
El profesor pidió formar parejas para el próximo proyecto.Sacha inmediatamente buscó a Jackson con la mirada. Pero antes de hablar…
—Ella va conmigo.
Anderson lo dijo con completa naturalidad. Sacha giró hacia él.
—Perdón, ¿qué?
—Somos pareja ahora, ¿recuerdas?
—Eso era solo para los bolos.
—No. Dijiste “unas semanas”.
Ella abrió la boca para responder algo… pero Jackson apareció junto a su mesa en ese momento.
—¿Ya tienes pareja para el proyecto? —preguntó él mirando a Sacha.
Y por alguna razón…
Anderson tensó ligeramente la mandíbula. Sacha lo notó.
—Eh…
Antes de responder, Anderson habló primero.
—Sí. Conmigo.
Jackson levantó ligeramente las cejas.
—Oh.
Por un segundo el ambiente se sintió raro. Incómodo. Como si ambos estuvieran compitiendo sin decirlo.
Y Sacha estaba justo en medio.
Jackson sonrió suavemente.
—Bueno… suerte entonces.
Cuando él se alejó, Anderson soltó el aire lentamente.
—¿Qué fue eso? —preguntó Sacha inmediatamente.
—Nada.
—Parecías celoso.
Anderson soltó una risa baja.
—Princesa , tú todavía no has visto cómo me veo celoso.
Y por alguna razón…
eso le dio mariposas.








