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꧁_✿.𝑺𝓸𝓸𝓫𝓲𝓷
Me despierto de nuevo empapado en sudor. La pesadilla que me persigue desde hace más de un año no me deja descansar, al menos mamá tenía razón y volver a Irlanda fue la mejor decisión; ahora apenas la tengo una vez al mes.
Tras levantarme comienzo a prepararme para ir a trabajar mientras repaso el mal sueño de nuevo. Lo hago porque tengo la esperanza de que algo de lo que pasa me ayude a recordar y me devuelva la memoria.
Saco el uniforme y me lo pongo como si fuera un robot. Hasta que no me tomo el primer café voy en modo automático.
Antes de entrar en la cocina paso por el cuarto de mamá. Está dormida. Ayer fue un mal día. El médico nos ha dicho que no le queda mucho. Puto cáncer.
Le beso la frente y sonrío. No me parezco en nada a ella. Mientras que mamá es una irlandesa de manual, piel clara y pelo naranja, yo debo haber salido a mis abuelos paternos, tengo el pelo rubio y la piel de un tono claro que me hace resaltar bastante por aquí. En cualquier caso, no creo que lo llegue a saber, mi madre no quiere hablar de mi padre ni de nadie de su lado de la familia, dice que le arruinaron la vida y que me apartó de ellos cuando casi me matan.
Tampoco es que lo haya necesitado jamás, así que por mí puede pudrirse donde quiera que esté. Me preparo un café solo sin azúcar y me lo bebo de un trago. Me gusta la intensidad del sabor, después de eso me preparo otro con leche para acompañar las tostadas que cada mañana me como. Una vez que me siento, me detengo a pensar en mi pesadilla. Siempre es igual. Voy en un coche, hay un chico a mi lado al que oigo hablar, pero nunca le veo la cara, tampoco entiendo sus palabras. Luego veo que un vagabundo con un lanzamisiles nos dispara, salto del coche y ruedo hasta golpearme contra una boca de incendios. Después se oyen gritos, gente desesperada, abro los ojos y veo a una mujer quitándome mis anillos y pulseras, luego mi madre me ayuda a levantarme. Me duele la cabeza, tengo una herida. Quiero volver por mis cosas, la mujer sigue robando a otras personas del suelo; entonces hay una segunda explosión justo al lado de donde estaba la ladrona y mi mundo se vuelve negro. Mi madre me ha dicho que eso nunca ocurrió, que tuve un accidente de coche con un novio que por lo visto me maltrataba y ella me convenció para llevarme de vuelta a casa, a Dublín. Yo estaba viviendo en las afueras de Londres con este hombre cuando sucedió todo; por lo que deduje, hicimos un viaje a Italia y allí pasó todo. Gracias a que mi madre era mi contacto de emergencia es que se enteró. De eso hace más de un año y todavía no logro recordar nada antes de despertarme en aquel hospital.
Ella dice que todo ocurre por algo, y en esta ocasión voy a darle la razón. Llevábamos años sin hablarnos apenas, pero el destino quiso que regresara con ella cuando mi vida estaba yéndose a pique y la suya se estaba acabando. De no ser por ese accidente, no habría vuelto a casa para pasar con ella sus últimos meses de vida.
—¿Ya te vas? —me pregunta Nuala, que entra a la cocina buscando el café que ha debido de oler.
Comparte la casa con nosotras, de lo contrario, no la podríamos pagar, y de paso se encarga de mamá mientras yo trabajo para traer comida para todos.
—Sí, hoy tenemos un cliente importante y la jefa me ha pedido que vaya yo.
—¿Está cerca?
—En Killiney Hill.
Su respuesta es un silbido. Ambas sabemos la clase de personas que viven allí: asquerosamente ricas.
—¿Te queda cerca de la parada?
—Sí, la línea 7B me deja a una calle de donde tengo que ir.
Escucho un pequeño ruido de la habitación de mi madre y Nuala se acerca para comprobar que todo está bien. Es una bendición tenerla. Es amiga de mi madre desde niñas y la ayuda a contarme, cuando saca las fotos, todo lo que yo no puedo recordar.
—¿Todo bien? —pregunto, y ella asiente, aunque en sus ojos veo que no es verdad.
Respiro hondo y, como cada siempre, empiezo el día antes de que el sol lo haga. Para cuando llego a la parada, el autobús se aproxima y corro para no perderlo. Tengo unos veinte minutos hasta que me toque bajar y decido ponerme un audiolibro que me tiene muy enganchada. Cuando llego a la dirección y me identifico con los guardias de seguridad, me dan paso y camino hasta la entrada. Me quedo maravillado ante la mansión que veo. No es por el lujo, estoy acostumbrado a limpiar casas cuyos retretes valen más que mi vida, sin embargo, esta es espectacular porque está totalmente cubierta de hiedra, es precioso el verde de las hojas que cubre la fachada.
—Señorito Doyle, supongo —escucho a una mujer en la puerta principal.
— Soobin, por favor, aunque todos me llaman Soo.
—Señorito Doyle, no tenemos todo el día, el señor estará aquí al final de la tarde y hay mucho que hacer.
Genial, me ha tocado la simpática.
La sigo dentro y me fascina la decoración. Es una casa victoriana, pero tiene combinados muebles minimalistas y modernos sin dejar que la esencia de la historia se desvanezca por ello.
Me indica dónde está todo para comenzar a limpiar y no pierdo el tiempo. La mansión es grande, tiene unas seis habitaciones, tres baños y dos aseos. Sin contar con la biblioteca, la sala de estar y un salón comedor. Al menos la cocina no es demasiado grande. Lo que más me hipnotiza es la terraza acristalada desde la que se puede ver la bahía de Dublín. Tiene que ser maravilloso leer aquí, tapado con una buena manta mientras la lluvia cae a raudales.
Despejo mi cabeza porque no es momento de fantasear. Por lo visto, de pequeño lo hacía mucho, eso me ha dicho mi madre. Me pasaba horas diciendo que era Grey O´Malley, la rey pirata de Irlanda. Entro en una de las habitaciones y veo que hay juguetes y todo es como muy rosa. Antes del accidente yo tenía el pelo del color de estas cortinas.
Cuando la herida en mi cabeza se terminó de cerrar, llevaba unas raíces rubias de tres dedos y decidí comprar un tinte barato para volver a mi color natural.
Sonrío cuando veo las muñecas dormidas en unas cunitas de juguete, están arropadas a la perfección y se nota que se han tratado con mucho amor.
Limpio el resto de la casa y solo paro a descansar para comer, cuando «la simpática» me avisa de que tengo un plato de comida en la cocina. Al menos me ahorro hoy eso.
Para cuando termino la parte de dentro de la casa ya está oscureciendo. Miro mi móvil y compruebo que no tengo mensajes de Nuala, el último es de hace tres horas y me dice que mamá se ha tomado la medicación y parece estar mejor.
Salgo en busca del ama de llaves para decirle que ya he acabado y que mañana regresaré para hacer el invernadero y el jardín. Es lo que acordó el dueño de la casa con mi jefa. Por lo altas que están esas hierbas, mañana sé que me va a esperar un día duro de trabajo.
—Hola —escucho tras de mí, y si no llego a taparme la boca el grito que doy se hubiera escuchado en Greystones.
Me giro y veo una niña de unos seis años que me mira con una enorme sonrisa antes de salir corriendo hacia el invernadero.
La sigo por instinto, aunque no puedo evitar pensar que podría ser un espíritu y que me lleva a un lugar apartado para devorar mi alma.
Mierda, tengo de dejar de leer tanta novela de fantasía.
—No puedes estar ahí —le digo una vez que la encuentro subida a un banco junto a unas flores que no reconozco.
—Sí puedo, las planté yo, ¿quieres olerlas? —me pregunta, y asiento. Supongo que será la hija del jardinero, aunque viste demasiado bien para eso.
Me acerco y huelo. No puedo evitar sonreír. Me encanta el olor a flores frescas y la vida que traen con ellas.
—Creo que podemos meternos en problemas si nos pillan aquí —le digo, tratando de cogerla de la mano para salir de ahí.
Voy a buscar al ama de llaves para avisarle de que me voy y de paso entregarle a esta niña. Los dueños no deben tardar en llegar y sé que no les gustará que una niña merodee sola por mucho que en esta casa haya una.
—Conor sabe que estoy aquí, siempre me deja venir a ver cómo están mis flores —me asegura como si supiera quién demonios es ese tal Conor.
—Pues la señora Aoife no tengo tan claro que se emocionara por encontrarnos aquí —le rebato, y agarro a la niña de la mano, tirando de ella para que me siga.
—Es un poco gruñona, es el ama de llaves de este sitio desde hace millones de años —me asegura—, pero me deja ir donde quiero. Escucho la puerta del invernadero abrirse y al girarme un enorme hombre me mira con cara de pocos amigos. Sus ojos van de mi cara a mis manos y un segundo después lo veo que saca un arma y me apunta. Mi respuesta es poner a la pequeña tras de mí y él gruñe.
—Dame a la niña —me ordena.
He oído de secuestros en zonas ricas, pero nunca he estado cuando se ha producido uno. Solo sé que aprovechan las mudanzas para colarse entre el personal y luego piden un rescate, si es que es la intención; a veces, las personas solo desaparecen.
—No te la vas a llevar —le suelto como si pudiera hacer algo contra él. En este momento veo que hace un movimiento, como en las pelis, y carga el arma que me está apuntando.
—Supongo entonces que quieres morir joven —sisea, y veo que su dedo comienza a moverse en el gatillo.
Hoy pensaba que me quedaba poco tiempo para estar con mi madre, lo que no sabía es que me quedaba poco tiempo en general. Puta mala suerte.








