prologue.ㅤbrighter days ahead.
El año 2020, con el estallido de la pandemia por COVID, puso en primer plano dos temas fundamentales: la pérdida y la soledad. En los años siguientes, esos sentimientos evolucionaron hasta volverse casi tangibles. La inteligencia artificial permitió que personas vulnerables y socialmente inadaptadas buscaran refugio en chats románticos que les brindaban una sensación de seguridad y estabilidad.
Las empresas tecnológicas no desaprovecharon esta oportunidad, y Corea del Sur llevó a cabo su proyecto más ambicioso: KiKi Connect, una desarrolladora de inteligencia artificial que dio el siguiente paso hacia los androides, máquinas especializadas en la materialización de los deseos humanos.
Pronto, los androides comenzaron a llenar las calles. Muchos los adquirieron como asistentes emocionales, pero rápidamente su uso se extendió a otro tipo de necesidades, como las románticas. Durante años se luchó por la legalización de los matrimonios y las relaciones sexoafectivas entre humanos y androides, hasta que finalmente, en 2026, se logró.
KiKi desarrolló nuevos modelos, capaces de moldearse a la semejanza de su usuario: color de cabello, ojos, piel, complexión, altura, voz e incluso la personalidad.
¿Podían los androides reemplazar a personas que ya no estaban? En absoluto. Y, sin embargo, ese terminó siendo el modelo más adquirido por la corporación: uno en el que todos los rasgos y recuerdos del fallecido se almacenaban en la memoria del robot para devolverlo a la vida... de alguna manera.
Lee Heeseung, un ex idol de la industria del entretenimiento y ahora un hombre sumido en un profundo duelo, se enfrentó por primera vez a un dilema inesperado. Aquel robot que tenía frente a él, ¿podría amarlo de la misma forma en que su novia lo había amado alguna vez?








