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En el diccionario de las flores y sus significados se podía elegir las flores que representaban el sentimiento de una persona hacia otra sin la necesidad de palabras, una forma elegante y hermosa para pedir perdón o representar devoción. En este se destacaba la flor con su clase, sus colores y el número de flores que se deben usar para que siempre combines apropiadamente el arreglo floral que deseas realizar por aquella persona, aunque esto podía variar de persona en persona según como vea el mundo.
La rosa siendo tan hermosa como ella sola tenía una variedad de significados en sus colores, siendo las más destacadas él: rojo pasional, blanca pureza, amarilla, celos, azul paciencia, negra eternos, violeta flechazo o nostalgia. Una variedad en cada flor y que podría compartir el mismo significado a mayor o menor medida, en su caso mentiría si dijera que se ha dejado influir por su conocimiento en estos temas cada que le regalan una flor o debe realizar un regalo con ellas, nadie lo entiende o lo toman como un idiota, pero para alguien que no es más que un arbusto marchito las flores son un consuelo.
Su primera flor fue un jacinto amarillo que replanto y cuido con mucho cariño hasta marchitarse, siendo su primera vez quiso alargar su vida sin entender que aquello no tenía futuro. (Celos)
La segunda fue un pensamiento multicolor, que aún al sol de hoy tiene a su cuidado y es de sus flores más hermosas, siempre recibiendo su amor y cuidado para que siga creciendo un día más, madre realmente sabía que flores le gustaban. (piensa en mí como yo lo hago en ti)
La tercera fue un Alhelí Amarillo la cual compartió el cuidado con su primera amiga Iliana tras iniciar su terapia tras el suceso, cada que sé reuniendo se entregaban la flor al otro para que pasara un tiempo con ella hasta que terminó en sus manos una última vez, al final tuvieron que separarse, pero no dejaron de hablar. (Fidelidad en la enfermedad)
Y la última fue la única a la que prefirió fingir ignorancia, un Crisantemo Azul, una flor hermosa que cuido en sus primeros años antes de aquel traumático día en que su cuerpo lo traicionó, un regalo de su primer amor y fue un estúpido por confiar en él. (el amor se acabó, no me costó mucho superarlo)
Se puede ver como una tontería, pero un sentimiento agradable ver los mensajes tras cada flor sin necesidad de que la otra persona lo diga, pero vuelve a repetir, cada quien tiene una perspectiva de como son las cosas.
Era solo un friki de las plantas.
Hacía poco había empezado a desempacar las cajas de la mudanza tras terminar el papeleo en su anterior hogar dispuesto a iniciar una nueva vida lejos de los chismes y miradas incómodas de la gente dificultándole su vida diaria, aprovechando que su madre había conseguido el puesto de profesora en un pueblo rural y que su padre realiza su trabajo dentro de casa, las pocas ocasiones que salía era para entregar algún trabajo de restauración o para recoger el siguiente, pues siendo ese el calor no les afectó a ninguno el cambio de aires y hasta resultaba mejor, ahí por lo menos no tenían que compartir edificio con otras personas.
—Calix, mi príncipe, termina de acomodar tu habitación si no quieres terminar durmiendo en el suelo—.
Asintió con la cabeza tras terminar de acomodar sus flores en el jardín y asegurarse que ninguna salió herida por el transporte de un lado al otro tan brusco, paso por el pasillo y entro a la pequeña habitación con ventana pequeña y con sus cosas aún dentro de cajas, por suerte su padre había armado gran parte de los muebles en él va y viene transportando las cosas, así que solo se limitó a acomodar las cosas en su lugar correspondiente mientras escuchaba una canción de fondo producida por su teléfono.
No estaba seguro de como debía iniciar su vida en ese pueblo o si debería terminar sus estudios en él, técnicamente se había saltado un año y tenía su diploma entre sus papeles por lo que no estaba obligado a ello, y lo menos recomendable es mantenerse encerrado con sus plantas por mucho que le guste así que todo apunta a que terminaría buscando trabajo para mantenerse distraído y ayudar a la economía de la casa, aun si sus padres no lo apuran le gustaría ayudarlos a pagar todo lo que gastaron en los tratamientos médicos y los medicamentos, eso de actuar mantenido no es de su gusto.
Se amarró el cabello en alto con uno de sus ganchos viejos de flor y paso su atención a limpiar los cristales de las ventanas antes de escuchar como sus padres hablaban animadamente con alguien en la entrada de la casa, se dirigió allí por curiosidad y recostó el hombro contra la puerta observando con leve interés, una pareja y su hijo mayor o menor con pinta de haber estado sacando la basura por las bolsas negras, aunque entre estas había una que cargaba el chico con unos irreconocibles girasoles, una pena que vayan a tirarlo cuando son tan deliciosos.
—¿Vienen de muy lejos? ¿Viaje difícil? Espero que no, intentamos limpiar el camino de las ramas y barro—.
—ni se preocupe, fue un viaje agradable aunque no esperaba ver un camión acomodando los cables en el camino ¿Paso algo?—.
—tranquilo doc., es algo común en este pueblo ese tipo de daños con todo ese viento y eso… Esperemos que no llueva, eso sí nos dejaría sin luz—.
—¿Servicio técnico?—.
—yep, a esos malditos parece que les gusta hacer su trabajo terrible—.
Risas de padres y más intercambio de información resaltante del pueblo para ambos, por el olor podía distinguir el subgénero de la familia de tres siendo madre beta, padre e hijo alfas ¿Acercarse? No gracias, todavía debía terminar de organizar las cosas como que flores poner en el pórtico que combinarán con el color hueso de la pared, lo malo es lo difícil que iba a ser mantener el color de esta sin que agarre suciedad de polvo.
Frunció el ceño pensativo en la decoración girando la escoba para sacarle las pelusas dejadas por el cabello que se caía de alguno y que ni siquiera en el transporte se dignaron en limpiar hasta ese momento, quito con cuidado de no tocar nada desagradable y echo las bolas de pelo a la bolsa de basura dando la espalda al grupo, pero aún atento al ruido cercano se tensó ante unos pasos acercándose y un olor inmediatamente reconocible como marino, tan salado como el mar que le hizo encogerse en el sitio antes de agarrar con fuerza la escoba y lanzar un escobazo a la persona logrando asestar un golpe que lo hizo retroceder.
—¿¡Akim!? ¡Oh mi dios! ¿¡Estás bien!?—.
—¡Calix! ¡Baja esa escoba!—.
Miro momentáneamente al chico alarmado de que tuviera una reacción violenta conociendo como eran los alfas normalmente, sus dedos pálidos por agarrar el palo de madera que al momento de encontrarse con los ojos del chico se tensaron, no en miedo sino confusión porque le devolvía una sonrisa de resignación ilógica para alguien que recibió un golpe de una escoba en la cabeza.
—lo siento chico, ¿Te asusté feo?, debi hacer más ruido para hacerme notar, pero no quise distraerte de tu limpieza, solo vine a presentarme—.
Voz picará, vivaz, melódica, todo lo que se esperaría de un chico que no lo tomaba en serio como amenaza sino que aceptaba sus culpas como lo más natural, riéndose ante el dolor de la madera que lo había hecho girar la cabeza del sitio y tropezarse.
—hey, tienes buena puntería ¿Has pensado en participar en los partidos de béisbol?—.
Lo observo en completo silencio como se acariciaba la mejilla a sí mismo y le devolvía una sonrisa tan agradable, la piel bronceada decorada con unos tatuajes en ambos brazos y dos lunares pequeños en la barbilla, con un cabello rubio largo y salvaje propio del viento despeinándolo, piercings en las orejas y uno en el labio inferior, por último unos ojos azules tan brillantes como el cielo. Un alfa de revista en todo lo que implica la palabra y esos eran los más raros, se notaba que era una mariposa social de la manera más literal posible.
Esa mirada era rara, no desagradable al punto de querer golpearlo otra vez para que respete, sino una en la que parecía no atreverse a mirarlo directamente con vergüenza, ¿Ha dicho que es raro? Porque lo es.
—soy Akim Volkov y soy hijo del oficial Edgar Volkov—.
Al verlo extender la mano reconoció el sudor en la palma pegajosa y mezclada con la suciedad de la tierra, dedos largos y seguramente ásperos, no podía comprobarlo ante la interrupción de su madre que lo tomo y abrazo contra el pecho de esta tensa por los acercamientos del joven alfa, extraño era que durará tanto tiempo sin interrumpir el contactó, desde lo ocurrido no permite que se acerque alfas a él.
—lo siento Akim, pero mi Bebé no puede hablar ¡Es mudo! ¿Entiendes?—.
—¿Mudo? Ah, lo siento, no sabía señora—.
—obvio no, ahora ve con tus padres—.
—pero, ¿el nombre de su hijo es…?—.
—no te importará querido, dudo que se vean tan seguido, ahora ve que tu madre está muy preocupada—.
Y así lo mando a volar como si se tratara de un callejero o un pervertido que acoso a su hija virginal, no le permitió disculparse por haberlo golpeado en reflejo y ya bastante avergonzado se sentía por mirarlo más de lo debido, tanto su madre o la señora Volkov no iban a dejar que ese chico se acerca a él ni bajo amenazas y lo comprendía, no sabía si terminaría pegándole con el palo de escoba en las costillas.
Entraron a la casa y de inmediato intento comunicarse con su madre para que ella pudiera disculparse con la señora Volkov, lo que menos necesitaban era tener a la policía en su contra por sus estupideces.
—pero mi niño, no hiciste algo malo—.
Hizo un movimiento rápido de manos indicando lo obvio “casi le rompo la escoba en la cara”, no podía ser más claro con sus palabras.
—si… Debiste hacer más fuerte, que muchachito tan descarado—.
—Olga por favor, que tendré que ir a la comisaría si el chico pone demanda por agresión— interrumpido su padre tras entrar agotado.
—¿Ah si? Pues dile que su hijo no debes estar liberando feromonas ¿Qué hubiera pasado si mi bebé tenía un ataque? ¿Se haría responsable el desgraciado?—.
—mi alma, Olga, que venían de limpiar, es obvio que apestaría a feromonas si estaba sudado—.
—¡Excusas! ¡Vio un chico bonito y se quiso aprovechar!—.
Ya pasó de escuchar y regreso a su habitación para limpiar el resto del desastre que era su equipaje, con suerte y no se volvían a encontrar y era lo mínimo que esperaba con una situación así.








