Una noche Perfecta
Tal vez nada saliĂł como lo habĂa planeado pero de lo que estaba seguro era que no se arrepentĂa de nada.
Momentos antes...
Sasuke suelta un suspiro imperceptible, ajustando el cuello de su capa mientras caminaba por las concurridas calles de Konoha. Sus ojos agudos escanean cada vitrina con una mezcla de frustraciĂłn y determinaciĂłn.
Para cualquiera, Naruto era fácil de complacer, un cupĂłn para ramen, una bufanda nueva o cualquier objeto naranja brillante bastarĂa para sacarle esa sonrisa ruidosa. Pero para Sasuke, "cualquier cosa" no era suficiente.
No cuando se trataba del vĂnculo que compartĂan, y mucho menos ahora que sus propios sentimientos habĂan evolucionado hacĂa algo mucho más profundo.
Después de andar un tiempo y no encontrar algo que le guste decide volver a su casa.
El silencio de la residencia Uchiha nunca se habĂa sentido tan pesado como en ese momento. Sasuke cerrĂł la puerta tras de sĂ, dejando que la oscuridad del recibidor lo envolviera.
Se quitó la capa y la lanzó sobre el sofá, sentándose a continuación con la cabeza apoyada entre las manos. Por la ventana, el cielo de Konoha comenzaba a iluminarse.
Sasuke mirĂł las paredes de su sala. SabĂa que en pocos minutos Naruto estarĂa rodeado de gente, riendo, bebiendo y recibiendo regalos de todos, de Sakura, de Kakashi, de Hinata... regalos que probablemente serĂan prácticos o divertidos.
“¿Cómo le explicas al sol que quieres ser el único que reciba su luz?”, pensó con amargura.
Sasuke no se molestĂł siquiera en encender las luces cuando camino a su habitaciĂłn. Se dejĂł caer sobre la cama, aĂşn con la ropa puesta, sintiendo el peso del agotamiento fĂsico y la derrota emocional.
El silencio de su habitaciĂłn era absoluto, solo interrumpido por el tic-tac de un reloj que parecĂa contar los segundos de su fracaso. Sin intenciĂłn de hacerlo, cerrĂł los ojos solo un momento para calmarse, pero el sueño lo reclamĂł, sumergiĂ©ndolo en un descanso pesado ajeno al bullicio que comenzaba a despertar en la aldea.
A varios kilĂłmetros de distancia, Naruto caminaba de un lado a otro acomodando su hogar para recibir a sus amigos.
—¡Rápido, rápido! —dijo Naruto a uno de sus clones—. ¡Kakashi-sensei siempre llega tarde, pero los demás no tardarán en aparecer! ¡Y Sasuke...!
Se detuvo en seco, mirando hacia la puerta con una mezcla de ansiedad y esperanza. HabĂa invitado a Sasuke personalmente, insistiendo tanto que el pelinegro solo pudo responder con su clásico "Hmp". Para Naruto, esa fiesta no estarĂa completa si ese "teme" no cruzaba su puerta.
De pronto, el timbre de la casa de Naruto sonĂł, haciendo que el rubio diera un salto.
El pequeño departamento de Naruto empezĂł a llenarse. Kiba discutĂa ruidosamente con Choji por el Ăşltimo trozo de carne, mientras Sakura y las chicas reĂan en un rincĂłn. Incluso Kakashi-sensei habĂa llegado, ocultando su rostro tras su libro de siempre.
Sin embargo, en medio de todo ese calor alboroto, Naruto sentĂa un vacĂo punzante.
Naruto mostraba una pequeña sonrisa y agradecĂa los regalos que le daban, pero sus ojos azules se desviaban constantemente hacĂa la puerta de entrada cada vez que alguien nuevo llegaba.
"¿Se habrá arrepentido?", "¿Le habrá pasado algo?", se preguntaba Naruto, ignorando por completo la conversación que Shikamaru intentaba mantener con él.
—Oye, Naruto, te estoy hablando... —dijo Shikamaru suspirando—. Estás buscando a Sasuke, ¿verdad? Es un fastidio, pero ya sabes cómo es él.
Naruto no respondiĂł. SabĂa que Sasuke le habĂa dado su palabra, un "Hmp" que para ellos valĂa más que cualquier contrato firmado. Sasuke no era de los que rompĂan promesas sin una razĂłn de peso.
—No es propio de él... —murmuró Naruto para sà mismo—. Sakura-chan, ¡cuida la fiesta un momento! ¡Tengo que revisar algo!
Sin esperar respuesta, el rubio saliĂł al balcĂłn y saltĂł hacĂa los tejados. El aire frĂo de la noche le golpeĂł el rostro, pero no le importĂł. CorriĂł con una agilidad desesperada en direcciĂłn al barrio Uchiha.
Naruto se quedó de pie frente a la imponente puerta de la residencia Uchiha, con el puño aún suspendido en el aire y empezo a golpear la puerta.
—¿Sasuke? —llamó de nuevo—. ¡Oye, teme! ¡Abre de una buena vez!
El frĂo de la noche empezĂł a colarse bajo su chaqueta naranja.
DespuĂ©s de unos segundos que parecieron eternos, se escuchĂł el clic de la cerradura. La puerta se abriĂł apenas unos centĂmetros, revelando a un Sasuke que lucĂa todo menos impecable, tenĂa el cabello más revuelto de lo normal, la ropa ligeramente arrugada y una expresiĂłn de fastidio absoluto.
—¿Dobe? —pregunto viendo al chico—. ¿Qué haces aqu� —ladeó su cabeza confundido por su presencia.
Naruto se quedĂł mudo por un segundo, parpadeando ante la imagen que tenĂa enfrente. Sasuke estaba ahĂ, con el cabello alborotado y esa mirada de "acabo de despertar y quiero matar a alguien" que lo hacĂa ver extrañamente adorable.
—¡Que quĂ© hago aquĂ! —exclamĂł Naruto, recuperando el aire y cruzando los brazos sobre el pecho—. ¡La fiesta de Año Nuevo, Teme! ¡Esa es la que hago aquĂ! Te estuve esperando durante horas. PensĂ© ¡que te habĂas olvidado de nosotros!
—¿Fiesta?... ¡Oh la fiesta! —dijo despuĂ©s de pensar un poco, se habĂa olvidado completamente—, no creo que deba ir... —soltĂł Sasuke finalmente, apretando el borde de la madera de la puerta con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
Naruto borrĂł su sonrisa de inmediato, confundido.
—¿De quĂ© estás hablando, Teme? Ya estás despierto, ya estoy aquĂ... ÂżCuál es el problema?
Sasuke bajĂł la mirada, ÂżCĂłmo iba a decirle que habĂa fracasado en una tarea tan simple como comprar un regalo? En su mente, llegar con las manos vacĂas frente a todos los que seguramente le habĂan dado algo a Naruto era una derrota que su orgullo no podĂa soportar.
—Simplemente no tengo ganas, Naruto. Vuelve tĂş —mintiĂł, su voz sonando más frĂa de lo que pretendĂa para intentar alejar al rubio.
Pero Naruto no se moviĂł. Dio un paso más, quedando a escasos centĂmetros de Sasuke, lo suficiente para notar que el pelinegro no solo estaba cansado, sino extrañamente tenso.
—Mientes —dijo Naruto con una calma inusual—. Te conozco. ¿Qué es lo que pasa por esa cabeza tuya?
Sasuke soltó un suspiro pesado, rindiéndose ante la insistencia de esos ojos azules.
—No tengo nada para ti, Dobe —confesĂł en un susurro casi inaudible—. Estuve... estuve buscando algo. Todo el dĂa, pero nada era suficiente. Nada era... lo que querĂa darte. Y me quedĂ© sin tiempo.
—SĂłlo eso... entonces no debes preocuparte... —le resto importancia—, además el mejor regalo serĂa tenerte junto a mĂ... digo junto a todos nosotros —, se sonrojo y corrigiĂł sus palabras.
Ese pequeño tropiezo en las palabras de Naruto no pasĂł desapercibido para los oĂdos de Sasuke. El rubio, siempre tan transparente, acababa de dejar escapar una verdad que hizo que el corazĂłn del Uchiha diera un vuelco.
Sasuke fijĂł su mirada en el rostro de Naruto. El rubio estaba allĂ, con las mejillas encendidas por un sonrojo que intentaba ocultar desviando la vista, rascándose la nuca con nerviosismo. La correcciĂłn de "junto a todos nosotros" habĂa sonado forzada, casi desesperada.
—¿Junto a ti? —repitió Sasuke en un tono bajo, casi un susurro.
Naruto se tensĂł, dándose cuenta de que su error habĂa sido expuesto.
—¡Ya sabes a lo que me refiero, Teme! —exclamó Naruto, agitando las manos en el aire para disimular su vergüenza—. Solo digo que... bueno, la fiesta es aburrida si no tengo a quién molestar. ¡Eso es todo!
Sasuke no tuvo tiempo ni de protestar. Naruto lo tomo de la mano e hizo que empezara a caminar. El agarre era firme, cálido y lleno de esa energĂa arrolladora que siempre lograba ponerlo en aprietos. DejĂł que el rubio tirara de Ă©l, no sin antes cerrar la puerta de su casa con la mano libre
Naruto sintiĂł el tirĂłn en su brazo y se detuvo girándose con curiosidad, estaban a escasos metros de su hogar se veĂa el resplandor de las luces que salĂan por sus ventanas.
—¿Qué pasa, Teme? —preguntó Naruto, soltando un poco el agarre—. ¡Ya casi llegamos! Si te arrepientes ahora, te juro que...
—Solo espera un momento —dijo tranquilo viendo el cielo.
Naru se quedó viéndolo y espero.
—Es una linda noche —dijo Sasuke sin ver al rubio, paso su lengua sus labios humedeciendolos y suspiro—, sabes... hay alguien que me gusta... —su vista estaba perdida entre las estrellas.
El corazĂłn de Naruto dio un vuelco, como si hubiera recibido un impacto directo en el pecho. El frĂo de la noche pareciĂł congelarse alrededor de ellos, dejando solo el sonido de la respiraciĂłn agitada del rubio y la calma de Sasuke.
Naruto soltó la mano del pelinegro lentamente, sintiendo de repente un peso extraño en el estómago.
— ÂżAlguien... que te gusta? —repitiĂł Naruto en un susurro, la sonrisa habitual que siempre llevaba puesta se desvaneciĂł, reemplazada por una expresiĂłn de confusiĂłn y un dolor sordo que no supo explicar—. Vaya, Teme... no sabĂa que tĂş... bueno, que te fijaras en alguien de esa forma.
—Es alguien que siempre ha estado ahà —continuĂł Sasuke, su voz fluyendo con una suavidad que Naruto nunca le habĂa escuchado—. Alguien ruidoso, molesto... un completo idiota que no sabe cuándo rendirse. Pero que tiene un brillo que no puedo encontrar en ningĂşn otro lugar.
Naruto apretĂł los puños a los costados, sentĂa una mezcla de envidia y tristeza. ÂżQuiĂ©n es esa persona tan especial para Sasuke?, se pregunto Naruto.
—Pues... —Naruto tragĂł saliva, tratando de sonar animado aunque su voz saliĂł un poco temblorosa—, esa persona tiene mucha suerte, Sasuke. DeberĂas decĂrselo... hoy es una buena noche para eso.
—No es tan fácil como parece, él...
—¿Es un chico? —pregunto confundido.
—¿Eso te molesta? —pregunto viendo al rubio.
—Si, bueno no, a lo que me refiero es que... no me lo esperaba... —termino por decir.
—¿Pensaste que nunca me enamorarĂa? —pregunto.
—Yo, bueno no, es decir... agh teme esto es complicado... ¿Quien es..? —quizo saber.
—¿Qué harás cuando lo sepas? —se acercó a él.
—Darle mis condolencias —trato de sonreĂr. Él es feliz si Sasuke es feliz.
—Que buen amigo —rodó los ojos—, vamos a la fiesta —dijo y empezó a caminar.
Naruto se quedĂł pensando un momento.
—Teme... a mà también me gusta alguien —dijo al alcanzarlo.
—¿Ah s� —levanto una ceja—. ¿Quién es la desdichada?... "y a quien debo desaparecer" —pensó lo último.
—Bueno, también es un chico, es muy prepotente y su ego anda por los cielos, pero eso es lo que me gusta... —se encoge de hombros.
—Pobre tipo —sonrĂe de medio lado.
—Ni que lo digas, siempre me hace que lo ande buscando... parece una princesa en apuros —se cruza de brazos y sonrĂe.
Ambos se quedaron en silencio y sonrieron un poco, se tomaron de la mano y llegaron hasta el hogar del rubio, ya no habĂa más que decir.
Tal vez nada habĂa salido como lo habĂa planeado, pero no se arrepentĂa de nada, ni siquiera de no darle un regalo, porque ambos habĂan recibido el mejor de todos en esa perfecta noche.
Fin