Capítulo 1

Daehwa, Daehando. Mayo de 1951
El gran mercado del pueblo de Daehwa estaba rebosante de gente de todos los pueblos y ciudades que conforman el país de Daehando.
Los lobos se movían ágiles entre las personas que aún mantenían su forma humana a la luz del día, pues era más rápido de esa manera para llegar a tiempo al lugar donde se realizaban las compras, intercambios y ventas de distintos productos de toda la región.
Los productos que los comerciantes ofertaban eran demasiado variados, desde frutas y verduras, como lana y carne de los animales cazados a lo lejos en las montañas.
El pueblo de Daehwa se caracterizaba por estar rodeado de enormes pastizales y llanuras que sirven para los cultivos y ganados que allí se criaban.
El mercado se realizaba de manera mensual, teniendo a la región de Daehwa como el “Círculo Social” de las demás entidades que se reúnen en su territorio para comercializar, y socializar entre ellos.
En esta tarde tan refrescante, se llevaría a cabo el Festival de los Pastores, donde se llevarían a cabo distintas actividades en la plaza principal del pueblo, como la competencia de esquila de ovejas, o el manejo de rebaños.
La comida no podía faltar, como las costillas asadas con jugos cítricos y bañados en una salsa dulce de arándano. Las bebidas también eran su especialidad, desde los licores hasta las bebidas inofensivas.
Todo era risas y diversión en las calles de Daehwa, excepto en un lugar.
En el restaurante “El Atardecer de Medianoche”, el más conocido y sofisticado del pueblo, se encontraba un omega peli negro, pálido como si hubiera visto un fantasma y ojeras oscuras debajo de sus ojos como si fuera uno.
Portaba un traje color negro y un sueter de cuello de tortuga color blanco.
El omega no dejaba de juguetear con el color de plata en forma de estrella, con la mirada perdida, mientras el alfa sentado frente de él no dejaba de hablar.
Era grande, y su barriga sobresalía un poco de su pantalón. El peli negro notó que ni siquiera tenía buenos modales desde que llegó y ni siquiera lo saludó, sólo mencionó su nombre y se sentó, llamando la atención de una joven camarera para que lo atendiera lo más rápido posible.
Sus dientes eran amarillos y grandes como las entradas en su cabeza.
— ¿Estás escuchándome? — preguntó el alfa.
Los ojos azules del peli negro dejaron de mirar los cubiertos en la mesa con el fino mantel puesto y la comida servida intacta.
— S-sí — respondió titubeando.
— Bien — siguió masticando su pedazo de carne — Te decía que… mi padre es dueño de una vieja fábrica de papel. No genera tantos ingresos como yo quisiera, pero ya estoy decidido que cuanto yo esté al mando, lo cambiemos por algo más innovador, algo que deje más dinero. Producir papel se me hace una perdida de dinero.
Desde que llegó el afa no había dejado de hablar sobre sí mismo y lo mucho que detesta a su familia, y que él será el gran salvador que los salve de una posible, si es que no ha ocurrido ya, quiebra en el negocio familiar.
El omega dejó de escuchar como media hora atrás.
— ¿Y cuando eso suceda…? — fueron sus primeras palabras dichas en la plática después de haberse quedado callado durante un buen tiempo — ¿Finalmente se pondrá a trabajar, señor?
— ¿Cómo? — el alfa parpadeó de par en par.
— Dijo que fue suspendido un tiempo por su padre. Y de ahí habló acerca de que viajó a varios lugares y se dedicó al deporte, luego… — me perdí — Bueno… — se aclaró la garganta y mejor decidió quedarse callado.
— Estoy trabajando en ello — lo tomó desprevenido — He estado trabajando en la casa de mis padres, que es donde vas a vivir — tosió — Donde vamos a vivir — aclaró y se llevó a la boca su copa de vino — Después de todo, eres joven y tus manos se ven impecables.
El alfa miró las manos del omega encima de la mesa, y este último también las vi por unos cortos segundos antes de bajarlas.
— Necesito manos fuertes y ágiles — le señaló con la punta del tenedor de hierro — Necesito alguien que se levante temprano para preparar el desayuno y me atienda antes de irme a entrenar, mientras tanto tienes que limpiar y mantener toda la casa ordenada. Si vamos a casarnos, necesito que aprendas cómo se maneja las cosas en mi casa antes de que dé a luz. El cachorro se puede quedar en el nido mientras tú realizas tus tareas, no te distraigas. Odio que no cumplan con sus deberes.
El omega escuchó todo, atento, pero a la vez distante.
Se sentía demasiado ajeno a la conversación.
Toda su vida hizo cada una de las tareas de las que el alfa hablaba de manera autoritaria, ya estaba acostumbrado, no era algo nuevo. Era lo que le correspondía hacer al tener el rol del Omega de la casa.
Sin embargo, ahora se sentía disgustado.
— Claro que… al ser un bastardo — comentó de manera casual, pero cruel — Deberás quedar en cinta tan pronto como lo expulses de tu cuerpo.
— ¿Perdón?
— ¿Qué? — preguntó en un tono tosco — Espera, espera un momento — intentó amortiguar una carcajada — ¿Realmente creías que tú…? ¿Qué yo podría aceptar en mi casa así como si nada a un omega de clase baja, y además en cinta?
Las manos del menor apretaron su pantalón a la altura de las rodillas, comenzando a dejar sus nudillos blancos.
Su vista se nubló a causa de las lágrimas retenidas en sus ojos, las cuales cayeron un poco de par en par cuando estaba mirando hacia abajo hasta que ahora sí escuchó reír fuertemente al alfa.
— La condición más importante que discutí con tus padres es que cuando abras las piernas para recibir y dar a luz a mis cachorros, tu bastardo podrá usar mi apellido como suyo, claro… él no será el primero en poseer las tierras y la fábrica que mis padres me heredarán algún día.
El peli negro le miró fijamente a los ojos al ver como el mayor jalaba su silla con su cuerpo hasta quedar a su lado, posando sin discreción su mano en la entrepierna de él, queriendo tocar más allá de sus regordetes muslos.
La sonrisa del alfa era más falsa que las estatuillas de cera en forma de paloma que adornaban el lugar, era tosco y tenía manos inquietas, deseosas de tocar todo el cuerpo del menor.
El omega apenas pudo probar la comida, antes de que empezara a escuchar los comentarios asquerosos del alfa que iban directamente sobre su cuerpo.
— Por lo que tu deber como mi futuro omega será que — el alfa continuó hablando — Des a un alfa como un primogénito de la casa Han.
El mencionado corrió la cara hacia un lado cuando el alfa acarició su mentón y se acercó para olfatearlo, escuchando claramente el gruñido de disgusto procedente de su garganta.
No era la primera vez que Jungkook sentía que su vida era una jaula, pero sí la primera vez que esa jaula lo llevaba tan lejos de casa, con el vientre apenas empezando a notarse, su aroma que estaba cambiando por uno más dulce y lechoso debido al embarazo y su corazón completamente roto.
Sus padres lo dejaron para que fuera a esta cita arreglada solo, mientras ellos disfrutaban del festival y rezaban a la Diosa Luna que ese alfa aceptara a su hijo, pues ellos lo habían traído hasta acá con la excusa de una “solución digna y rápida”. Ellos no creían capaz a su hijo de poder cargar solo con un cachorro, y mucho menos sin un alfa que se hiciera responsable.
El pueblo entero hablaría de él y se lo comería vivo.
Se los comería vivos a todos.
A la familia Jeon.
— No creas que por tener un rostro bonito, tendrás la vida mágicamente arreglada — su horrible aliento chocó contra su cara — Tendrás que trabajar por ello. O yo puedo trabajar contigo — el tono de voz cambió completamente.
El alfa hablaba con condescendencia, como si Jungkook fuera una mercancía defectuosa que aún podía arreglarse.
— Puedo hacerte un omega de verdad — su otra mano intentó tocar más allá de su ropa.
Jungkook no dijo nada al principio, intentó alejarse, pero su cuerpo se quedó inmóvil, como si no respondiera sus órdenes al estar paralizado.
Contó hasta diez. Hasta veinte. Hasta que el alfa le susurró en el oído y eso fue demasiado:
— Solo así… tu bastardo vivirá, Jeon Jungkook… — continuó hablando, pero ni siquiera pudo terminar su frase.
El golpe sonó como un disparo, cuando el alfa Han lo recibió justo en su mejilla.
No fue una bofetada.
El golpe fue duro y fuerte, a puño cerrado.
El color rojo como el rubí tiñó por completo la mejilla izquierda del alfa al igual que los nudillos del omega.
El restaurante se quedó en silencio. Las miradas de los demás comensales no se hicieron esperar y todas se posaron en ellos, como si de un espectáculo se tratara.
El golpe ni siquiera le dolió tanto al alfa como su ego que fue pisoteado y exhibido frente a otros.
— ¿Cómo te atreves, pequeño pedazo de…? — furioso, se puso de pie, soltando improperios que Jungkook apenas escuchó.
Ni siquiera lo dejó terminar, pues para entonces ya se puso de pie y salió corriendo del restaurante, con los ojos llenos de lágrimas y la garganta ardiéndole.
Huyendo de la escena.
Porque en ese momento era eso o desmoronarse frente a todos, frente a ese alfa, frente a sus padres.
Jungkook se sintió demasiado abrumado cuando todo el ruido causado por la gente ni siquiera se detuvo a pesar de que las gotas de lluvia cayeron de los nubarrones grisáceos.
El agua lo empapaba mientras tropezaba con los bordillos de piedra, con la respiración agitada, sintiéndose tan pero tan pequeño, tan… maldito.
No entendía porque tenía que correr con esa suerte.
Sí sólo quería proteger a su bebé.
Solo quería ser libre.
Sólo quería desaparecer.
Sus padres no estaban cerca, por lo que el menor aprovechó para huir. Aunque eso poco le servía si no conocía absolutamente nada del lugar donde se encontraba.
Inseguro, pero aún así temerario, comenzó a correr en dirección contraria a toda la gente que estaba concentrada en el centro del festival.
Después de un rato llegó a un puente de piedra que conectaba una de las salidas de la ciudad con la naturaleza llena de campos y maleza.
El peli negro se detuvo y se paró en medio del puente, asomando su cabeza para mirar el cielo oscuro a través del reflejo del agua debajo de sus pies.
Gracias a las gotas de lluvia, fue fácil disfrazar sus lágrimas que caían por sus mejillas al lado de éstas. Pero no era fácil disimular sus sollozos y jadeos lastimeros.
Estaba cansado.
Estaba asustado.
No sabía qué hacer.
Se sentía más perdido que un cachorro sin sus padres.
El aguacero le nublaba la vista, frenó casi de golpe al oír pasos cercanos detrás de él. Aproximándose con un ritmo constante, reduciendo la distancia entre ambos.
— Disculpa — habló con voz pausada.
Al girarse de golpe, con el pecho agitado y la vista borrosa, se encontró con un hombre distinto.
Alto, más joven, con el cabello pegado a la frente por la lluvia. Elegante, incluso bajo el agua. Con un abrigo de lana negra que no parecía haber sido hecho para mojarse, y una mirada oscura, atenta. Observadora.
Jungkook creyó haber visto un fantasma.
— No pude evitar prestarle atención antes de que saliera huyendo del restaurante.
— ¿Qué es lo que quiere? — preguntó, filoso como un cuchillo
— Lo siento — se hizo a un lado — Mi intención no era asustarle, ni molestarle. Vengo en son de paz.
El peli negro frunció el ceño y dio dos pasos atrás.
— No te conozco — fue lo primero que dijo — No soy tu amigo.
El omega frunció el ceño. El otro se detuvo a una distancia prudente.
Había algo en él… no amenazante, pero sí inquietante.
— Eso me queda más que claro — rascó su ceja derecha con la punta del dedo índice — Disculpa, ¿Te molestaría si continuamos esta plática en un lugar menos… mojado? La lluvia parece que no cesará dentro de un buen rato — se quitó el abrigo negro, empapado en agua.
Jungkook no pudo evitar mirarlo de arriba abajo. Como si a simple vista pudiera inspeccionar y descifrar realmente las intenciones del otro con tanto solo verlo.
Portaba un traje simple de color negro sin corbata, una camisa blanca con tres botones del cuello hacia abajo desabrochados y unos zapatos de cuero color negro. Sacudió su cabello rubio empapado gracias a la lluvia
— ¿Te puedo pedir que me acompañes a mi hotel? Nadie nos molestará.
— No me acostaré con usted, señor — respondió tajante — No pretenda ser amable si busca algo de mí.
— ¿Qué? No, absolutamente no — alzó las manos a la defensiva — Lo que menos quiero hacer contigo es tener un encuentro de ese tipo, omega — se aclaró la garganta — Nunca. Solo quiero hablar de negocios.
Reafirmó con una voz más suave y calmada.
Tranquilo.
Demasiado tranquilo Demasiado calculado.
Jungkook dudó por un momento el ir o no con ese chico ya que se trataba de un completo extraño y sus padres le enseñaron que él no debía irse con…
— ¡Jungkook! ¿Dónde estás? — la voz de su madre, llamándolo.
— Okey, vamos, vamos — dijo apresurado. Desconfiando de sus propias decisiones, pero confiando en que si no actuaba aquí y ahora, al final no haría nada para salvarse.
Para salvar a su cachorro.
— Bien. De acuerdo.
Al llegar al lugar, el omega esperaba que lo llevara a su habitación, que suponía que el alfa se refería a mi hotel.
No esperaba que se refería a todo el hotel.
Al llegar, se sorprendió de ver el vestíbulo completamente vacío, incluso el recepcionista tampoco estaba en su lugar ordinario. Las únicas personas que los recibieron, fueron dos camareros quienes les dieron toallas para secarse, un par de sandalias y una taza de té.
— ¿Gustas que te traigan algo de ropa? — preguntó mirándolo — La tuya está demasiado mojada.
Jungkook apretó su brazo izquierdo con la mano y mordió su labio inferior.
No confiaba.
No confiaba en él.
En lo absoluto.
— Puedes tomar esta — uno de sus subordinados le mostró la ropa que sujetaba con las manos colgada en ganchos — No sé cual sea tu estilo ni me interesa. Pero desde que llegamos, no has dejado de ensuciar los pisos.
El peli negro miró sus pies y lo supo.
— Okey — respondió bajito.
— Por aquí, señor — le indicó el empleado — Puede usar esta habitación para poder cambiarse.
—— Y tomar un baño — dijo el rubio — No queremos pescar un resfriado.
— Por aquí, señor — repitió.
El omega siguió por detrás al empleado que lo guió a una habitación pequeña detrás de la recepción, dejó la ropa en la cama y luego salió.
Jungkook entró directamente al cuarto de baño donde comenzó a desvestirse, dejando caer toda la ropa mojada al suelo. Luego abrió el grifo para que dejara caer el agua la cual salió primero fría y luego comenzó a salir caliente.
El cuarto rápidamente se comenzó a llenar de vapor, y esa fue la señal que el omega tomó para poder meterse debajo del manto de agua hirviendo. Se quejó un poco debido a la quemazón, pero rápido su cuerpo se acopló a la temperatura alta.
El baño no le tomó tanto tiempo, enjabonó, talló y enjuagó su cuerpo rápidamente, y al final dejó su cabello, oscuro como la noche.
Sus ojos azules se posaron directamente en su vientre.
Apenas tenía ese pequeño rebote en su piel, se había curveado ligeramente a la altura de las caderas hacia arriba, pero aún era demasiado pequeño como para que alguien lo notara. Era casi imperceptible.
Pero bien sabe que su cuerpo está cambiando.
Su cuerpo se está acoplando para albergar a la nueva vida que está creciendo dentro de su vientre.
Sus feromonas habían estado cambiando de aroma y su glándula no dejaba de palpitar cada que su lobo sentía que su bebé estaba dentro de él.
Un cachorrito.
Sus pulmones se contrajeron y su respiración se sintió pesada.
Lo extrañaba.
Oh, cómo lo extrañaba.
Despejó su mente al cerrar la llave y luego salió descalzo de la regadera. Tomó una de las toallas blancas que se encontraban perfectamente dobladas encima de un mueble al lado del baño.
Secó todo su cuerpo y luego enredó la toalla en su cintura antes de salir.
Tomó un pequeño bote de crema que se encontraba al lado de otros frascos de vidrios que contenían perfumes y fragancias de distintos tipos y comenzó a colocarla en todo su cuerpo, tan rápido y brusco como si tuviera toda la prisa del mundo. A excepción de su vientre, ese pequeño y especial lugar lo hizo con sumo cuidado y dedicación.
Después de eso, miró las prendas puestas anteriormente en la cama y las empezó a colocar todas, pantalón, camisa y un saco.
Tomó la misma toalla con la que secó su cuerpo y comenzó a secar su cabello, exprimiendo el resto de agua y luego la dejó colgada en el respaldo de una silla y salió, usando las sandalias, pues sus zapatos seguían igual de empapados.
— Por aquí, señor — el empleado que lo acompañó momentos antes lo estaba esperando para poder dirigirlo.
Un escalofrío recorrió la espalda del omega cuando regresó al vestíbulo principal, lleno de mesas con finos manteles puestos y un olor a madera de roble.
Pensó que no había tardado demasiado, pero se dio cuenta que no era así, cuando el rubio ya lo estaba esperando, sentado en una de esas mesas, leyendo un periódico mientras su taza de café se enfriaba un poco.
El omega aceleró el paso y luego tomó asiento rápidamente.
En cuanto tomó asiento, todos los empleados abandonaron la sala y ellos dos se quedaron completamente solos.
Antes de que su cerebro pudiera formular una disculpa coherente por haber tardado más de lo esperado, el rubio habló sin más.
— ¿Tendrá un cachorro? — habló con su voz grave.
Los ojos del peli negro se abrieron de par en par y sus mejillas se pusieron rojas como el rubí.
— E-eso a usted no le incumbe — respondió abochornado.
— Solo le pido una cosa — bajó el periódico y le miró a la cara fijamente — Escúchame antes de decidir si acepta, o no.
El omega apretó sus labios y recargó su espalda en el respaldo de la silla. Aferrando sus manos en el reposabrazos de terciopelo, enterrando sus uñas en esta, antes de explotar.
— Si es así — aclaró su garganta — Le puedo ofrecer un trato que beneficiará no solo a ti, sino a tu pequeño cachorro.
El peli negro entrecerró los ojos y soltó un gruñido bajito.
— ¿Y qué trato sería?
— Cásate conmigo — perdió todo respeto al empezar a tutearlo.
La garganta le quedó seca y su glándula de nuevo comenzó a palpitar.
— ¿Perdón?
Hoy realmente no estaba siendo su día con los alfas.
¿Realmente todos le estaban tomando el pelo?
¿Querían jugar con él?
¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones?
— Mi nombre es Jung Hoseok — se presentó, después de su gran petición — Y tengo un problema familiar que necesito resolver urgentemente.
— ¿Y eso que tiene que ver conmigo? — preguntó, apretando los puños.
— Eres un omega embarazado — respondió con frialdad — No tienes un alfa que te respalde, y tu familia claramente busca una solución rápida, ¿O me equivoco?
El hecho de que haya adivinado casi todo por completo, hizo que el peli negro temblara y desviara su mirada.
Sí. Estaba embarazado.
Sí. Su familia buscaba una solución rápida.
Pero el alfa…
No estaba ahí porque Jungkook no quisiera.
Ni él tampoco.
Él…
— Yo necesito una figura que calme mi familia — continuó explicando — Mis padres quieren que me case y me convierta en el heredero modelo que ellos esperan. Claro, también están viendo más a futuro, buscan que yo también tenga un heredero.
Jungkook tuvo miedo de hablar, pero no pudo evitar preguntar:
— ¿Qué quiere que haga? — preguntó en voz baja — ¿Qué me case con usted, me deje tomar… y… y al final le dé herederos?
— Únicamente el matrimonio. No pienso tomarte, de ninguna manera.
— ¿Y mi cachorro?
Se sentía como un tonto preguntando, pero no podía evitar ser tan desconfiado. Cuando toda su vida ha escuchado de los matrimonios arreglados, los cuales eran más comunes que los que se hacían por amor.
Sus padres se casaron así.
Y los suyos también.
Y no sabe que tantas generaciones más, conocidos, vecinos y amigos lo hicieron de la misma manera.
— Estará a salvo.
— ¿Qué gano yo?
El alfa se encorvó hacia enfrente y luego cruzó sus dedos, con los codo posados en la mesita del centro.
— Te ofrezco mi apellido. Una casa. Seguridad para tu cachorro — enlistó — A cambio, tú mantienes tu lugar a mi lado durante el tiempo necesario. Nada más.
— ¿Nada más? — enarcó una ceja.
— Nada más — le confirmó — No te sientas obligado a darme afecto, ni tener obligaciones maritales más allá del papel. Tendrás tu espacio, y yo el mío. Ambos nos beneficiamos. Tú te libras del escándalo, yo de la presión.
Jungkook le miró la cara, directo a esos ojos color verde miel, como si tratara de leer algo detrás de esa expresión serena, pero no encontró nada.
Ni deseo. Ni deseo.
Ni ternura.
Solo una certeza impecable.
— ¿Y por qué yo? — insistió, incrédulo, totalmente.
— Porque estás lo suficientemente desesperado como para considerar mi oferta — respondió el alfa sin titubear — Y porque no me interesa involucrarme con ningún omega.
Jungkook tragó saliva.
No era un rescate.
Era un contrato.
— ¿Y luego qué?
— Nada más — negó con la cabeza y luego se enderezó, recargando su espalda ancha en el respaldo — Dormimos en habitaciones separadas. Hacemos vidas paralelas. Nadie se mete con el otro. Tú mantienes a tu bebé seguro. Y yo conservo mi libertad.
Jungkook lo miró como si estuviera loco.
Pero después de todo…
Era eso o volver con sus padres, volver al escándalo, a la humillación.
A los cuchicheos.
Al temor de criar a su hijo solo.
Su cuerpo tembló y su vista agachada no dejó de ver la mesa, mientras cruzaba sus piernas, intentando contenerse. Luego de eso, su atención fue llamada cuando miró la mano que Hoseok extendía, abierta.
No era amor.
Ni siquiera era cariño.
Era una elección.
— ¿Qué me garantiza que no cambiará de opinión, y mi cachorro y yo terminaremos en la calle? ¿Qué no me pedirá más de lo acordado?
— ¿Cómo qué?
— Como que me pedirá que le otro cachorro y… y… gracias a ello, mi hijo termine sin protección.
— ¿Y tú?
— No importa lo que pase conmigo… o con usted — dijo más firme — Lo único importante para mí es mi cachorro, señor Jung.
El alfa lamió su mejilla derecha, sin dejar de mirar al omega.
Sabía que había hecho una buena elección.
Desde que vio cómo se defendía del otro alfa en el restaurante.
Desde cómo se cuestiona todo, incluso cuando él es solo un omega.
Y él, un alfa.
Alguien tan frágil como tú, no debería ser tan fuerte, pensó.
— Te doy mi palabra, como garantía de que no busco otro cachorro más que el que ya llevas creciendo dentro del vientre — respondió — Y mi interés personal. Créeme, no haga nada que no me beneficie.
Hubo un silencio. Largo.
Pesado.
Finalmente, Jungkook extendió la mano hacia él, con los dedos temblorosos.
— ¿Tenemos un trato, señor…? — aún no sabía su nombre.
— Jeon — se aclaró la garganta y habló más fuerte — Jeon Jungkook.
— Bien. Entonces es un trato.
Hoseok le tomó su mano sin vacilar.
Firme. Seguro. Como si ya supiera desde un principio que obtendría lo que quería.
Así fue como llegó el pacto.
No por amor, o por esperanza.
Sino de conveniencia. De control.
Y sin saberlo aún, Jeon Jungkook entró en una jaula de oro que lo protegería, pero también lo marcaría.
ChungHae, Daehando.
Una semana después.
La tarde caía con lentitud sobre la casa de los Jeon, mientras Jungkook, con las manos apretadas sobre su regazo, observaba como la luz dorada del sol filtrada por las cortinas se extinguía lentamente.
Sus padres, sentados del otro lado del comedor, mantenían una expresión fría, rígida. El silencio pesaba como una sentencia.
Y a su lado, un alfa del que escasamente sabe su nombre.
— Entonces… ¿te vas? — preguntó finalmente su madre, con la voz quebrada, como si no pudiera creerlo.
Jungkook asintió. Su estómago estaba revuelto y tenía ganas de vomitar, no por el embarazo, sino por los nervios.
— Esta noche — respondió el joven alfa por él — Ya está todo arreglado.
— ¿Todo arreglado? — su madre insistió — ¿Así de fácil? ¿Cuál es el truco?
Hoseok ahora sabía de donde Jungkook había sacado su fuerza para encarar y hacer preguntas, incluso a los alfas.
— Si se preocupa por la clase de alfa que soy — continuó el rubio — Vengo de buena familia. Tengo una posición estable, más que muchos alfas y voy a casarme con su hijo.
Los Jeon se miraron el uno al otro.
Sintiendo que algo no iba bien.
Sin tener la certeza de porqué.
Empezando con que este chico no era el alfa que ellos habían escogido para su hijo.
¿Por qué él era la mejor opción para su hijo?
Otro niño como él.
Inexperto.
Incapaz.
¿Qué tenía de diferente?
El padre de Jungkook soltó una carcajada sarcástica.
— ¿Y tú aceptaste?, ¿Así, sin más? — preguntó el alfa mayor — ¿Un omega embarazado de otro alfa aceptando casarse con un desconocido?, ¿Qué clase de vergüenza es esa?
— La misma que ustedes tuvieron cuando estaban dispuestos a emparejarme con ese cerdo ese día — respondió Jungkook con firmeza, aunque sus manos no dejaban de temblar — A-al menos… él no me pidió que me callara, n-ni que lo complaciera…
Apretó sus labios antes de comenzar a llorar.
Su madre se levantó de golpe.
— ¿Y vas a irte con él?
— E-eso era lo que ustedes querían, ¿o no?
La familia Jeon se miraron unos a los otros, los tres, sin decir nada.
— Bueno — habló el alfa Jung — Con esta decisión tomada, espero que la respeten, porque lo hagan o no, ya está tomada. Y ahora, su hijo y yo debemos irnos.
Hoseok se puso de pie y miró a Jungkook desde arriba.
— ¿Estás listo?
— Necesito despedirme antes — dijo el omega.
— Bien — sacudió su pantalón y se dio media vuelta — Un gusto conocerlos, señor y señora Jeon.
Hizo una reverencia antes de salir de la casa de los Jeon, sin recibir una respuesta de su parte. Dejando solo a Jungkook con sus padres.
— No puedo creer que hayas osado desobedecernos no solo una vez, sino dos, al escoger de nuevo a un alfa que no se hará cargo de tu cachorro, Jungkook — dijo su madre.
— ¿Y cómo saben que es igual? — preguntó, con la voz ahogada de aguantar el llanto.
— ¿Quieres que te repita lo que pasó con él? ¿Con el bastardo que te dejó en este estado?
— ¡Madre! — gritó.
Él no era un bastardo.
Nunca podría serlo.
No… si fue el primer amor de Jeon Jungkook.
El primer y único alfa en su vida.
El que le dejó embarazado.
Antes de marcharse.
Ninguno de los dos lo sabía.
Para cuando Jungkook notó el cambio sútil pero muy presente en su cuerpo.
Su alfa ya se había marchado del pueblo.
Jungkook no pudo llamarlo de regreso.
Pero ahora, justo ahora, lo único que al omega le importaba era su bebé.
Su hijo.
El producto de su amor.
— Madre — dijo un poco más calmado — Mi cachorro necesita algo más que una familia con miedo al escándalo.
Esa era una de las principales razones por las cuales los Jeon buscaron a un alfa para su hijo.
Pero no un alfa cualquiera.
No uno que estuviera en el mismo pueblo de ChungHae, pues el pueblo era tan pequeño que todos terminaban conociendo a todos. Sería imposible hacer pasar por su propio hijo al cachorro que Jungkook esperaba.
Por eso buscaron demasiado lejos.
No querían que fuera de la edad, pues dudaban que un alfa joven pudiera manejar a su propio hijo. Tal como ellos no pudieron hacerlo y él se descarrió.
— Mi cachorro tendrá un techo, un apellido — apretó los labios — Y-y… un padre que se responsabilice aunque no sea suyo.
El silencio que siguió después de que el dejara de hablar fue más cruel que cualquier reproche de sus padres.
Y justo en ese momento, lo supo. Jungkook supo, que ese sería el último día que llamaría a ese lugar su hogar”.
Los días para llegar hasta la ciudad de Cheongdan, el corazón económico de todo Daehando, fueron más cortos de lo que Jungkook pensó, pues viajar en tren lo hizo un poco más ameno, sin embargo, él no dejaba de estar demasiado nervioso.
Más que el hecho de haber enfrentado a sus propios padres.
Sentía que esto era otro nivel.
Tardaron tan solo tres días en llegar, el último casi al anochecer fue cuando llegaron a la ciudad, sin embargo, Jungkook estaba tan cansado y mareado, que no pudo reincorporarse tan temprano, por lo que Hoseok terminó llevándolo a un hotel.
Era de la misma cadena que cuando lo vio y habló con él en Daehwa.
Ahora Jungkook comenzaba a entender algunas cosas.
Esa noche, durmió como una piedra en cuanto su cuerpo tocó la cama, pero alrededor de las seis de la mañana, cuando el sol aún no tocaba los suelos, ya no pudo conciliar el sueño, por lo que terminó levantándose temprano para alistarse.
Tomó un baño rápido y se perfumó, intentando no oler demasiado a gestación.
Se puso la ropa que el alfa escogió y compró especialmente para él, para ese día, esa ocasión.
Una camisa de color azul lavanda, un abrigo oscuro y un pantalón blanco, zapatos cafés y una tela para cubrir su cuello donde su glándula se ubicaba, la encarga de producir sus feromonas.
Esa mañana temprano, Hoseok ya lo estaba esperando en un comedor del hotel ubicado al aire libre. Al omega ya no le sorprendía.
Hablaron muy poco en el desayuno, aunque Jungkook casi no pudo comer, ya que sentía un hueco en el estómago como para poder hacerlo.
Después de eso, Hoseok salió a checar algunas cosas personales y de trabajo, dejando completamente solo a Jungkook, quien no se atrevió a salir de su habitación, solo se quedó sentado en la silla mecedora ubicada en el enorme balcón, mirando las calles urbanizadas de la ciudad de Cheongdan.
Era su primera vez en una ciudad así.
Era totalmente diferente a su pueblo natal.
— ¿Estás listo? — preguntó el alfa cuando regresó — Ya es hora.
El camino en auto manejado por el chofer personal del alfa fue silencioso, tortuoso. Jungkook no quería morderse los labios ni apretar sus uñas contra su piel, pues ahora estaba más bonito que de costumbre.
Se veía como otra persona frente al espejo.
El peli negro se sorprendió al ver las grandes extesniones de terreno que tenía el lugar, una vez la reja principal se abrió y el auto de lujo comenzó a avanzar por la carretera privada.
A la vista, la mansión de los Jung se alzaba imponente, una estructura de columnas blancas y jardín perfecto que olía a control y tradición.
Jungkook se sintió pequeño, demasiado pequeño, al bajar del auto, al caminar junto a Hoseok por el sendero de piedra. Se aferró a su abrigo ajustado que ocultaba la hinchazón apenas visible de su vientre.
— ¿Está seguro que funcionará? — susurró, apretando los dientes.
— No digas nada que no quieres que sepan — respondió el alfa en voz baja — Yo me encargo del resto. Solo sonríe cuando te mire.
Cuando estuvieron en la entrada principal, ni siquiera tuvieron que tocar la puerta, pues esta se abrió de par en par y fueron recibidos por el mayordomo con una sonrisa y una elegante reverencia.
Dentro, los padres de Hoseok ya los esperaban.
— Bien, vamos — habló el alfa, quien tomó a Jungkook de la mano para caminar.
El omega no dijo nada, solo se dejó guiar por todo lo que el alfa dijera o hiciera.
El sonido de los zapatos de Hoseok y Jungkook contra el mármol del recibidor resonaba como un eco solemne. Las paredes altas, decoradas con arte exquisito y retratos familiares, lo hacían sentir diminuto.
El peli negro intentaba ir a la par del otro, junto a su supuesto prometido, con el corazón golpeándole el pecho como si quisiera escapar. Sus dedos estaban entrelazados, aunque el agarre de Hoseok era más estratégico que afectuoso.
El mayordomo los condujo al salón principal, donde esperaban el los señores Jung: dos figuras impecables, vestidos como si nunca descansaran, sentados en sus grandes sillas de terciopelo como estatuas de porcelana antigua.
— Hobi — le llamó su padre omega al ver a su hijo, levantándose con una sonrisa contenido — Por fin regresaste.
Por primera vez en todo el camino, Hoseok soltó la mano del omega para ir en encuentro con su padre, quien lo recibió con un corto abrazo, casi sin cariño, pues rápido comenzó a inspeccionar y analizar todo con la mirada.
— Madre, padre — saludó Hoseok con naturalidad pulida de quien había sido entrenado para saludar con falsa dulzura desde que era tan solo un cachorro — Estoy agradecido de estar aquí. Yo quiero presentarles a mi prometido, Jeon Jungkook.
Jungkook hizo una reverencia, sintiendo la mirada inquisitiva de ambos padres clavada sobre su espalda como agujas.
—Un placer conocerlos — dijo, haciendo un esfuerzo por sonar tranquilo.
El señor Jung lo miró de arriba abajo, sin molestarse en disimular su evaluación. Su mirada se detuvo brevemente en el vientre de Jungkook.
— ¿Jeon?, ¿De qué familia? — preguntó con voz grave.
— Él es…
— No te pregunté a ti, Hoseok. Le pregunté a él — le señaló con un movimiento de mentón.
Jungkook miró al alfa mayor, luego al rubio quien le asintió brevemente y luego fingió admirar las obras de arte colgadas detrás de él.
El peli negro volvió la vista al señor Jung, y le respondió:
— De ChungHae — dijo sin bajar la mirada—. Mi familia es de ahí.
El omega Jung frunció los labios, con una sonrisa fría.
— ChungHae… un pueblo de pescadores, ¿no es así? — sus ojos verdes se clavaron en el omega más joven — ¿Qué clase de linaje tienen allá?
— No es una familia influyente —interrumpió Hoseok con firmeza, antes de que su madre siguiera — Pero ni siquiera es importante, madre. Jungkook ha estado conmigo desde hace meses, y lo amo. No hay nadie más con quien quiera compartir mi vida… ni criar a nuestros cachorros.
El silencio fue afilado como una navaja. El señor Jung tomó su copa de vino y bebió con lentitud.
— Nos sorprende… este cambio — dijo finalmente, mirando a su hijo con ojos evaluadores— Todo este tiempo estuviste rechazando todas nuestras opciones de omegas, hombres y mujeres que vienen de familias importantes y poderosas, o por lo menos… con grandes negocios que se pueden explotar — su voz gruesa comenzaba a poner de pelos de punta al omega peli negro — Siempre rechazaste cualquier sugerencia de matrimonio, hijos, responsabilidades…
— La vida cambia cuando encuentras a la persona adecuada, padre — replicó Hoseok con una sonrisa impecable — Tal vez fui demasiado inmaduro antes, pero ahora… estoy más que listo para asumir el rol que quieres para mí padre. Esta vez es en serio.
— No esperábamos una noticia tan repentina, Hobi — dijo su madre — ¿Un matrimonio así de la nada? ¿Sin avisar? ¿Estás seguro de querer casarte con él?
Hoseok regresó al lado de Jungkook, tomándolo de la mano con naturalidad, apretándola suavemente.
— Madre, padre — les miró a los ojos — Cuando lo conocí supe que no tenía sentido esperar. Me enamoré de él, por eso le propuse matrimonio.
Alzó la mano que sostenía de él, dándole un beso en los nudillos, con el anillo que le compró a la medida.
De oro y un diamante incrustado en medio.
Jungkook lo miró, sorprendido por la intensidad de sus palabras, y la facilidad con la que su lengua se movía para decirlas. Hoseok sonreía, con una dulzura tan convincente que casi podía engañar incluso al omega a su lado.
—Y ahora esperan un cachorro —agregó su padre, arqueando una ceja.
Jungkook palideció por un segundo, ¿Cómo lo supo?, pero Hoseok no dudó ni un segundo.
Sabía que su padre tenía la nariz y el sentido del olfato como el de un sabueso
— Sí, así es padre — volvió a sonreír — La Diosa Luna quiera que haya un pequeño Jung corriendo por aquí. Según el médico, llegará en el invierno, justo a tiempo antes de la Gran Hibernación.
Su padre omega, madre como él siempre le llamó, sonrió, completamente satisfecho.
— Estábamos muy preocupados por ti, Hobi. Tu comportamiento, tus... amistades, tus decisiones. Pero ver esto… este cambio… este compromiso — el omega miró a Jungkook como si fuera una joya barata en una vitrina de cristal — Es un alivio.
— Me alegra ver que por fin maduraste — dijo el alfa mayor, con su voz dura — Este es el tipo de vida que siempre quisimos para ti, hijo.
— Gracias, madre. Gracias, padre — dejó de verle para mirar a su padre, quien aún parecía no creerle del todo — Estoy agradecido por el apoyo de ambos — hizo una reverencia perfecta — Haré todo lo necesario para honrar nuestro apellido. Mi prometido y yo construiremos algo digno de la familia Jung, criaremos a nuestro hijo como lo que debe ser, un Jung de nacimiento.
Hoseok miró con ojos de enamorado a Jungkook y luego volvió su vista a sus padres.
— Planeamos hacer la boda en agosto.
— ¿Tan pronto? — preguntó el omega mayor.
— Fue una decisión de ambos. Jungkook y yo queremos algo íntimo. Y, pues… el embarazo apresuró las cosas.
— Que conveniente — murmuró el señor Jung, dejando su copa sobre la mesa.
El omega peli negro sintió como se le erizaba la piel. Por el tono de voz del alfa mayor, ese comentario no era una suposición. Era una acusación.
— Claro — intervino el omega Jung, volviendo a su tono teatral — Aunque, claramente… Jungkook-ssi necesitará adaptarse rápido a nuestras costumbres. La vida en la ciudad, en nuestra familia, no es para cualquiera. No queremos escándalos ni que el apellido de la familia Jung esté en boca de todos solo por la equivocación del miembro nuevo.
— Lo hará bien, madre — dijo su hijo, cruzando una mirada con el omega que significaba no hables, deja que yo maneje esto — Es discreto. Y me parece que es muy bueno para adaptarse rápidamente.
— Espero no haya sido por interés — agregó el omega Jung, con una risa helada, casi malvada — Un omega embarazado aceptando casarse con el heredero del banco más poderoso del país. No es un cuento de hadas que se escuche todos los días, ¿no? — su risa fue cruel e hiriente.
— No me interesa su dinero — respondió Jungkook de inmediato, con los dientes apretados — Y ciertamente tampoco me interesa vivir en su mismo techo.
El omega Jung le miró con una ceja alzada y una expresión de desagrado, como si le hubieran hablado en otro idioma.
— Lo que quiere decir es que le interesa vivir bajo mi mismo techo, con nuestro propio nido.
Hoseok le miró de reojo solo para sentenciarle con la mirada que se callara antes de provocar algo peor.
Y mientras el omega Jung comenzó a servir el té para los más jóvenes, mientras conversaba con su esposo y su hijo acerca de las cunas de oro o plata, y tutores privados, Jungkook sentía que apenas podía seguir el guión.
— Estamos aquí para ayudar al hijo de mi hijo, omega — intervino el alfa mayor — Así que no intentes evitar eso.
Jungkook escuchó a detalle y se limitó a asentir, mientras tomaba la taza con té caliente que Hoseok le entregó en las manos y le miró. Con cierto recelo.
Cada gesto de Jung Hoseok era preciso.
Cada palabra, una pieza de ajedrez.
La cual movía a su antojo, según su beneficio.
Lo miró de reojo. Ese no era un alfa enamorado.
Era un estratega.
Un perfecto actor capaz de mover las piezas en su poder a su antojo.
Cuando finalmente los dejaron solos en el ala este de la casa, Jungkook se dejó caer sobre una silla con los ojos vacíos.
— ¿Esa es tu familia? — preguntó el peli negro con asombro — ¿Es así una familia de ricos?
— Eso — respondió Hoseok, quitándose el saco — Es lo que estamos fingiendo que somos.
—Te creen… completamente — dijo incrédulo. Pues él jamás fue capaz de mantener una mentira tanto tiempo frente a sus padres.
Ellos siempre terminaron averiguando todo, por lo que Jungkook ya sabía que mentirles era en vano, y hacerlo solo le traería un castigo peor.
Solo que esta última vez, fue algo dentro suyo y se pudo defender por primera vez en base de mentiras.
Acerca del alfa que lo abandonó.
Acerca de su estado de humor.
Acerca de su embarazo.
Acerca de su matrimonio arreglado.
— ¿Cómo lo haces? — intentó sonar más relajado — Con mis padres nunca pude hacerlo. Mentir así de bien.
Hoseok se giró hacia él, serio.
—Porque aprendí a mentir antes que a hablar — era la primera vez que confesaba algo así a otra persona — Porque les doy lo que quieren. Un hijo obediente. Un matrimonio impecable. Y ahora, un heredero en camino.
Lo miró directamente a los ojos.
—Y tú solo tienes que mantener la boca cerrada — su tono de voz se volvió frío — El vientre sano… y no arruinar el papel que escribí para ti, ¿Entendido?
La sonrisa dulce y tono teatral, abandonó por completo su boca
Cheongdan, Daehando. Junio de 1951.
Había días en que el silencio era tan espeso como el terciopelo. Jungkook caminaba por los pasillos de mármol con la cabeza baja, sintiéndose como una mancha de tinta sobre una página blanca. Cada paso que daba era observado, juzgado. A veces con sonrisas hipócritas, otras con palabras envenenadas disfrazadas de amabilidad.
Solo por unos segundos, unos breves segundos, Jungkook creyó que estaría a salvo, que todo estaría bien, que pasaría por un embarazo tranquilo y cómodo.
Pero fue todo lo contrario.
Cada que Hoseok salía de viaje de negocios y el omega se quedaba solo con los padres de su prometido, ellos convertían su estadía en un completo infierno.
Era la quinta semana desde su llegada, Hoseok tenía apenas dos días que salió de viaje a un pueblo cercano a la ciudad. Sin embargo, fue más que suficiente para que el omega Jung, Jung Jihoon le hablara a los sastres para que midieran su vientre, sin pedirle permiso, y le dijera qué ropa debía usar para no parecer un pobre adolescente de campo embarazado.
Jung Jihoon y su esposo, Jung Seohyun, jamás estuvieron de acuerdo con el fácil y rápido matrimonio que su hijo planeó. Sin embargo, cumplió, deliberadamente, con la petición que ellos le habían hecho que era un heredero.
Ese año Hoseok ya había cumplido los 22 años.
Y Jungkook apenas estaba a punto de cumplir 18 en septiembre.
Sería un padre joven cuando llegara el momento del parto.
Jihoon sujetó la muñeca del menor con fuerza cuando este intentó retirarse, herido por tener que ocultarse.
— ¿Dónde vas? No hemos terminado.
— No quiero… seguir aquí — respondió en voz baja.
— ¿Aquí donde? — preguntó el mayor — ¿Midiéndote la ropa cara que te compré, o en el techo donde te dejé vivir?
No todo en la vida es bueno.
Jungkook debía saberlo muy bien.
¿Por qué fue tan iluso?
¿Por qué Hoseok tenía una sonrisa amable?
¿Por qué era rico?
¿Por qué no lo ha tocado inapropiadamente tal como lo prometió?
A estas alturas, el peli negro esperaba que si alguien le pusiera un dedo encima, fuera Jung Hoseok. No sus padres, ni nadie más.
Pues un golpe sana rápido, pero las palabras no.
El abuso mental era más pesado que el físico.
— Recuerda que estás aquí porque nuestro hijo nos lo pidió — le dijo fríamente — No creas que eso te da derechos, sucio omega. No eres nadie aquí, ni siquiera eres digno de usar el apellido Jung. No eres más que el recipiente que lleva dentro al futuro de esta familia.
Jungkook no respondió. Solo se fue directo de la sala una vez Jihoon lo soltó y luego corrió a su la habitación asignada y cerró la puerta.
Y lloró.
Por primera vez desde que dejó ChungHae, desde que aceptó aquel trato. Las lágrimas le salieron como agua acumulada detrás de un dique que por fin cedía.
Ni siquiera lloró cuando dejó a sus padres.
Ni cuando llegó a Cheongdan.
Lloró por su cachorro, por sí mismo, por estar atrapado en una vida que no era suya.
Lloró cada día después de ese percance.
Y cuando Hoseok llegó, tres noches y lo encontró acurrucado en la cama con la cara aún húmeda, simplemente lo observó sin decir palabra. Se sentó en el borde de la cama y le ofreció un pañuelo.
El peli negro abrió los ojos, apenas logrando ver a través de sus lágrimas.
— No quiero quedarme aquí — dijo Jungkook con la voz quebrada— No puedo. Me odian — soltó un jadeo lastimero
— Lo sé —respondió el alfa sin rodeos — Pero lo soportarás. Por tu cachorro. Y porque esto es temporal.
— ¿Temporal?
El mayor se levantó de la cama y comenzó a caminar sin dirección a lo largo de la gran habitación.
Y con ese tono tranquilo que siempre usaba cuando tenía que decir algo fuerte, le dijo:
— Me enlisté.
Jungkook lo miró como si no entendiera las palabras.
— ¿Qué…?
— La guerra en el norte se intensificó. Me ofrecí como parte de la delegación bancaria para supervisar los fondos en la zona de guerra — Jungkook no entendía nada de lo que decía, no porque fuera un tonto, sino que su cerebro se negaba a cooperar, como si se hubiera bloqueado de golpe — Es una oportunidad política, estratégica. Mi padre me apoya.
—¿Vas a dejarme aquí… solo?
Al omega no le importaba la guerra, los fondos o lo que sea.
Él solo tenía una preocupación en mente.
— No tienes otra opción — respondió el alfa, sin dureza, pero sin compasión — Sería peor si estuvieras solo allá fuera. Aquí estarás protegido, aunque no lo parezca. Lo único que quiero es que mantengas al cachorro a salvo.
—¿Y tú? ¿Qué quieres para ti?
—Sobrevivir —respondió Hoseok, con un dejo amargo—. Este matrimonio es una transacción, Jungkook. No lo olvides.
Jungkook miró sus propias manos blanquecinas.
Estaba solo.
Realmente solo.
Estaría acabado.
— ¿Por cuánto tiempo…
— Mmh — respondió el alfa, sin interés.
— ¿Por cuánto tiempo estarás fuera?
— Me llevará un par de semanas, incluso podrían ser meses. Todo depende de quien esté al mando.
Jungkook apretó sus puños encima de sus muslos.
Pero esta vez no se permitió llorar por quien dice ser su prometido.
No cuando llega oliendo a jabón de su cadena de hoteles con un leve aroma a feromonas.
El peli negro no esperaba ningun tipo de lealtad del joven alfa, sin embargo, esperaba que esos mismos actos desleales, se quedaran fuera de la habitación.
Al menos, por un tiempo.
Semanas después de la partida de Hoseok, todo cambió.
El omega Jung rápido dejó de fingir, y el alfa casi siempre se encontraba trabajando, por lo que el contacto con Jungkook era casi nulo.
Las comidas eran silenciosas e incómodas, a menos que el omega mayor decidiera hablar, y cuando lo hacía, eran como cuchillos envueltos en terciopelo.
“Siéntate correctamente cuando estés en la mesa. ¿Así piensan criar niños en tu pueblo?”
“No hables tan fuerte. Es desagradable. Nadie te dio derecho a que hablaras.”
“Supongo que eso es lo que pasa cuando crías omegas sin educación. Se meten con quien sea”
Los sirvientes, al ver el trato que Jung Jihoon le daba al menor, comenzaron a imitarlo. Jungkook se convirtió en una presencia decorativa, a la que se ignoraba o despreciaba abiertamente.
Una noche, al bajar a beber agua, escuchó a los padres de Hoseok conversando:
— ¿Y si ese cachorro ni siquiera es suyo? — decía el señor Jung con tono hastiado — Habría que ir con una chamana para que lo verifique, ya sabes…
—No hasta que se vea como uno de nosotros — respondió el omega — No soportaría que alguien diga que mi nieto parece de granja. Menos que resultara ser un bastardo.
Jungkook no pudo más.
Regresó corriendo por todo el largo pasillo hasta su habitación, en el tercer piso.
Pequeña como una jaula.
Pues la grande, la que era del alfa, los Jung le prohibieron usarla mientras su hijo no estaba, por lo que lo reubicaron en una más pequeña y fría en las noches.
Se encerró en su habitación, abrazando su vientre como si eso pudiera proteger a su bebé de todo el odio que lo rodeaba.
Tenía miedo.
Tenía miedo de parir ahí. De criar a su hijo entre esa clase de personas. De que Hoseok no regresara jamás.
Pasaron los meses. Hoseok escribía con frecuencia, pero sus cartas eran frías, meticulosamente redactadas. Jungkook no le respondía. Solo esperaba. Y contaba los días.
Pero ya no lloraba.
Ahora, cuando el omega Jung lanzaba una frase hiriente, Jungkook sonreía y pensaba “di lo que quiera, pero no tocarás a mi hijo”
Y por dentro, algo en él crecía. No solo el cachorro.
También un deseo:
De escapar.
De pelear.
De hallar un lugar donde no tuviera que fingir que no existía.
De encontrar la manera de volver a los brazos de su ex alfa, quien lo embarazó.
Kim Taehyung.









