Capítulo Único
[ ⚠️ Advertencia de contenido: ]
Este capítulo contiene contenido explícito de naturaleza sexual entre dos mujeres. ★Incluye lenguaje sugerente, descripciones gráficas de encuentros íntimos y situaciones cargadas.
--> No recomendado para menores de edad o lectores sensibles.
Léase bajo su propio riesgo… y con auriculares puestos (*^-゜)v.
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Título: Peppers
Capítulo único ★ (Omegaverse )
En la industria del K-pop, ser un Alfa es garantía de éxito. Dominancia, liderazgo, resistencia. Huntrix se formó con tres Alfas perfectas: Rumi, Mira y Zoey. Una unidad imparable, feroz. El grupo brillaba con su energía intensa, sincronía animal y carisma salvaje.
Pero Zoey empezó a fallar.
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Primero fueron los mareos, luego los cambios en su olor corporal. La agencia pensó que era el estrés, exceso de trabajo. Pero los exámenes médicos revelaron lo imposible: una mutación en su biología hormonal. Su cuerpo estaba dejando de producir las feromonas propias de un Alfa... y comenzaba a emitir trazas débiles, inestables... De Omega.
Era algo extremadamente raro. Un “colapso dinámico”. Algunos especialistas lo llamaban regresión, otros lo asociaban al trauma. En cualquier caso, significaba el fin para su carrera si se descubría. Porque en esa industria, los Omegas eran considerados inestables, incontrolables, sexuales. Todo un escándalo. Más si se trataba de una chica.
Zoey fue medicada en secreto. Supresores para silenciar las feromonas nuevas, y otras sustancias experimentales para evitar que su cuerpo eligiera un lado. Ser Beta era su limbo. Ni Alfa, ni Omega. Ocultando todo. Fingiendo ser la Zoey poderosa, inquebrantable, fuerte... cuando por dentro, se rompía.
Y esa noche, en el camerino, todo explotó...
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El aire se volvió denso. Afuera, los fans gritaban como siempre. Pero dentro, su cuerpo sudaba de más, temblaba. Sus feromonas —esas que llevaba semanas escondiendo con todo su ser— se escaparon. No como una Alfa dominante, sino dulces. Tibias. Deseosas.
Ahí Zoey lo supo, Beta ya no era. Su cuerpo había decidido por ella.
Mira, que estaba al otro lado del camerino compartido, lo percibió en segundos. La Alfa más autocontrolada del grupo sintió cómo el instinto se le encendía desde el centro de su pecho.
Y eso no podía suceder. Zoey, su Zoey, su "soulmate"… ¿estaba entrando en celo?
—No puedo más… —Susurró Zoey, sentada en el sofá, con el top empapado, el cuello rojizo, la piel vulnerable.— Me duele todo. Me siento tan… hueca.
Mira no lo dudo, se acercó. Sus sentidos no mentían. El olor era inconfundible: fragante, tembloroso, llamando a ser tocado. Zoey la miró con ojos brillosos, y por un segundo, Mira sintió rabia. Rabia por que la pelinegra lo había ocultado. Por tener que sufrir esto sola.
—¿Desde cuándo? —Preguntó Mira, con la mandíbula apretada.
—Hace semanas… pensé que se pasaría... Los supresores me estuvieron ayudando. Pero ahora… ya no puedo.
Mira cayó de rodillas frente a ella. La tomó de las muñecas y las sintió calientes, palpitantes.
—Tú no... eres débil, Zoey. Eres fuerte. Y si tu cuerpo eligió esto… yo... nosotras lo aceptaremos.
Zoey soltó un gemido bajo cuando Mira acercó su nariz lentamente a su cuello y aspiró fuerte. El calor se expandió por su vientre. Su centro pulsaba con fuerza. Las feromonas salían en oleadas incontenibles, demasiado dulces. Ya no podía negarlo. Estaba en pleno celo… uno que la ciencia no pudo controlar ni con sus medicinas.
—Solo, ayudame... —Emitió con voz rota, temblando— ¿O solo me miraras...?
—Te ayudare. Pero no como una amiga. De la única forma que queda...
Y Mira la besó. Sin permiso. Sin miedo. Con fuerza. Con mucha fuerza y deseo.
El sofá crujió bajo ambas cuando Mira la hizo retroceder. La desvistió con precisión, como si lo hubiera soñado miles de veces. Zoey gimió fuerte, ya sin contenerse. Las caricias de Mira eran firmes, territoriales. Su lengua bajó hasta su centro y la saboreó como si fuera una necesidad vital.
—Tu olor… nunca debiste esconderlo. Es casi... perfecto.
—Entonces... ¡hazlo! —Gritó Zoey, con el cuerpo algo arqueado— Mátame si quieres, pero sácalo todo de mí.
Mira no dudo, la comió hasta hacerla gritar. Luego la volteó, marcando su cuello con mordidas, lamiendo la piel sudada. Usó sus dedos hasta que Zoey tembló entera, la humedad chorreando por sus muslos. Y cuando la presión fue insoportable, se frotó contra ella con fuerza, como si pudiera marcarla simbólicamente, como si pudiera protegerla con el cuerpo.
—Te juro... —Jadeó Mira, con los labios sobre su oído— Que nadie te va a tocar jamás como yo lo haré. Si tu cuerpo decide ser Omega, entonces... lo serás, solo para mi.
—Entonces hazlo... —Susurró Zoey, con el corazón latiendo como loco. Y lo fue.
Una mordida simbólica. Un lazo emocional. Dos cuerpos rompiendo reglas que la industria les impuso.
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El camerino ya no olía a desodorante, maquillaje o a esfuerzo post show. Olía a ellas. A deseo. A un cuerpo saciado. A feromonas que se mezclaban sin permiso.
Zoey aún temblaba en el sofá, con las piernas casi abiertas, los muslos húmedos, la piel marcada de besos y mordidas. Su top ya estaba en el suelo, y su cuello vibraba suavemente con cada respiración agitada. Mira la miraba desde el suelo, con el rostro empapado, las pupilas aún dilatadas y el pecho subiendo y bajando con violencia.
—No... fue suficiente —Murmuró Zoey de pronto, su voz ronca, cargada de algo más que necesidad. Casi parecía dolor.
Mira alzó la cabeza, frunciendo el ceño.
—¿Qué?
—Sigue. Mi cuerpo... todavía está en celo. No se ha ido. Me arde todo... dentro. —Se arqueó ligeramente, gimiendo por el roce involuntario contra el sofá. Un nuevo golpe de feromonas dulces llenó la habitación.
Y Mira... Mira solo apretó los dientes.
—Zoey… si sigo... voy a perder el control.
—Entonces piérdelo —Gruñó ella con un tono entre ruego y desafío. Sus ojos húmedos lo decían todo. No era solo un deseo. Era el terror a quedarse a medias. A no completar la transición. A quedarse atrapada entre una beta y omega. Ser incompleta. Hasta ese punto, ya no le importaba quien podría llegar a ser.
—Hazme omega por completo. Mátame si hace falta, pero no me dejes así… No pares, solo por que soy yo...
Eso fue todo lo que Mira necesitó.
La levantó del sofá con violencia, la llevó a una de las sillas de maquillaje y la sentó al revés sobre sus piernas, abrazándola por detrás. Rozó su nariz contra su nuca, aspiró profundamente su olor a vainilla ardiente, y luego hundió los dientes en la curva del cuello. No fue una mordida de marcaje real, pero el instinto se encendió como si lo fuera.
Los dedos de Mira entraron con fuerza. Tres esta vez. Más profundo. Más rítmico. La otra mano le sostenía una pierna en alto, abriéndola aún más. Zoey gritó su nombre, derramándose sin control, una vez más… luego otra.
No importaba cuántas veces, su cuerpo seguía pidiendo más.
La silla crujía bajo ellas. El espejo frente a Zoey mostraba su reflejo: mejillas rojas, cabello pegado a la frente, labios entreabiertos y los ojos desenfocados de tanto placer. Podía ver cómo Mira se aferraba a su cintura, cómo movía la mano bajo su vientre, cómo gemía también contra su espalda. Era salvaje. Algo primal. No había nada de ídolos en ese momento. Solo cuerpo. Solo necesidad.
Cuando el tercer orgasmo la atravesó como fuego líquido, Zoey rompió a llorar. No de tristeza. De alivio. De pertenencia.
—¿Sientes eso? —Susurró Mira contra su oído—. Es mi olor en ti. Mi alma… mi instinto sobre tu piel. Nadie puede olerte ahora sin saber que... eres mía.
Zoey asintió, temblando, mientras una última oleada la hizo estremecerse.
—Ya no hay vuelta atrás, ¿verdad?...
—No la quiero —Respondió Mira—. Te voy a cuidar, Zoey. Yo... nunca más voy a soltarte.
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Zoey despertó tarde esa mañana.
El cuarto del departamento Huntrix olía aún a feromonas secas y a sudor, pero había algo cálido y seguro flotando en el aire: el olor de Mira, ese olor a Ámbar calido. Pegado a las sábanas, a su piel, a cada rincón de su cuerpo. Se sentía cansada, pero entera. Como si por fin, después de tanto miedo, algo en ella hubiera encajado.
Cuando estiró el brazo, el lugar de Mira ya estaba vacío, pero tibio. Y entonces, como si lo hubiera previsto, escuchó pasos suaves acercándose a su habitación. La puerta se abrió y ahí estaba Mira, con una taza humeante en la mano.
—Te traje té. No quiero que te muevas todavía —Dijo en voz baja.
Zoey sonrió débilmente, pero en sus ojos aún quedaba algo nervioso.
—¿Nos... escucharon anoche?
Mira dejó la taza sobre la mesita de noche y se sentó junto a ella.
—No sé. Y no me importa —Respondió, con el mismo tono grave con el que la había dominado horas antes— ¿Te sientes mal?
Zoey negó, tragando saliva.
—No. Me siento... real. Como si... ya no estuviera fingiendo ser algo que no soy. —Se llevó la mano al cuello, donde todavía quedaba una marca rojiza— ¿Eso significa que me marcaste?
Mira tragó saliva. Se quedó en silencio unos segundos.
—Fue algo simbólico. No quise hacerte eso sin preguntarte primero. No por el deseo...—Desvió su mirada— Pero si tu cuerpo lo acepta... y si tú lo quieres, puedo hacerlo de verdad.
Zoey la miró a los ojos, sintiendo el vértigo de todo lo que implicaba esa promesa. Su corazón se agitó, pero no por miedo. Era más que deseo. Algo más profundo. Instintivo.
—Y si no lo hacemos… ¿va a doler más después?
Mira asintió levemente.
—Sí. Si te vuelves Omega completamente, vas a necesitar un Alfa que te regule durante los celos. Que te ancle. Que te proteja de ti misma… y de los demás.
—¿Tú quieres ser eso para mí?
Mira no respondió, solo la besó, esta vez con ternura.
—Ya lo era. Desde antes de que todo esto pasara. Desde que empezaste a cambiar... ya eras mía.
Zoey respiró hondo. Se acercó aún más, buscando el cuello de Mira y aspiró su olor, su calor. Su hogar.
—Entonces... mátame otra vez —Susurró.
Y sin más palabras, las sábanas cayeron.
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Nota: Las mejores (casi) dos horas de mi vida... ¿Qué les digo?, pase por donde me crie. Y escucharlo con música fue la mejor parte kajajaja... (me volví adicta) ┗|`O′|┛









jajaj amo que estemos en todo menos en wattpad