In Your Eyes by Luciana know at Inkitt
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In your eyes

Summary

Hyunjin es un pintor que ya no siente nada. Sus exposiciones fracasan, su pasión se apagó y los días se le parecen todos iguales… Felix es luz, dinero, carisma y una sonrisa que desarma. Es el tipo de persona que hace que todo lo demás desaparezca.

Status
2d ago
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1
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n/a
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18+

Capítulo 0 – “Solo esto”

El departamento de Felix olía a perfume caro, a alcohol costoso y a sexo.

Las luces estaban bajas, solo unas tiras led cálidas detrás del cabezal de la cama y la luz de la ciudad filtrándose por los ventanales enormes.

Afuera, Seúl brillaba como siempre: distante, fría, indiferente.

Adentro, el aire estaba cargado.

Hyunjin tenía a Felix debajo de él.

Las sábanas de seda negra estaban hechas un desastre. La camisa de Hyunjin había terminado en el suelo hacía rato, igual que el pantalón de Felix. Solo quedaba la ropa interior de ambos, y esa también estaba a punto de desaparecer. Hyunjin respiraba agitado, con la boca abierta contra el cuello de Felix, dejando besos húmedos y lentos que hacían que el cuerpo debajo de él se arqueara.

—Jinnie… —susurró Felix, la voz ronca y juguetona—. Hoy estás… intenso.

Hyunjin no respondió con palabras. Solo bajó más, rozando con los labios la clavícula de Felix, luego el centro de su pecho, sintiendo el corazón ajeno latir rápido bajo la piel. Felix estaba caliente. Siempre lo estaba. Su piel tenía ese tono dorado perfecto, las pecas repartidas como si alguien las hubiera pintado a propósito, y el cabello rubio revuelto contra la almohada negra. Se veía como algo que no debería existir en la vida real de Hyunjin.

Y sin embargo, estaba ahí. Otra vez.

Hyunjin deslizó una mano por el costado de Felix, subiendo despacio hasta su pecho, apretando con suavidad. Felix soltó una risa baja, casi burlona, y levantó las caderas buscando más contacto. El rozar de sus erecciones a través de la tela hizo que ambos gimieran al mismo tiempo.

—Mírame —pidió Hyunjin de repente, con la voz más grave de lo normal.

Felix abrió los ojos. Esos ojos marrones claros que siempre parecían divertidos, incluso cuando estaban oscurecidos por el deseo. Sonrió de lado, esa sonrisa perezosa y segura que usaba cuando sabía que tenía el control.

—Te estoy mirando, artista.

Hyunjin se inclinó y lo besó. Fue un beso profundo, hambriento, casi desesperado. Metió la lengua en la boca de Felix sin pedir permiso, y Felix lo dejó. De hecho, respondió con la misma intensidad, mordiéndole el labio inferior lo suficiente como para que doliera rico. Las manos de Felix subieron por la espalda desnuda de Hyunjin, clavando las uñas con justa presión correcta.

El cuerpo de Hyunjin ardia. Llevaba días sin verlo. Felix había desaparecido un jueves y reaparecido el domingo por la noche con un mensaje corto: “Estoy en casa. Ven.” Y Hyunjin había ido. Como siempre. Dejando el estudio a medias, dejando los cuadros sin terminar, dejando la frustración de otra exposición mediocre atrás. Porque cuando Felix llamaba, todo lo demás se volvía secundario.

Ahora estaba aquí, encima de él, con el corazón latiéndole tan fuerte que le dolía el pecho.

Hyunjin bajó la boca por el torso de Felix, besando cada costilla, deteniéndose en el ombligo, respirando contra la piel sensible. Felix se retorció, soltando un sonido suave y necesitado. Sus dedos se enredaron en el cabello negro de Hyunjin y tiraron con fuerza justa.

—Más abajo —ordenó Felix, la voz ya no tan juguetona.

Hyunjin obedeció. Bajó el bóxer de Felix con las dos manos, lento, disfrutando de cómo la tela rozaba la piel. La erección de Felix saltó libre, gruesa, rosada, ya goteando un poco por la punta. Hyunjin sintió la boca llenársele de agua. No dijo nada. Solo se inclinó y pasó la lengua plana desde la base hasta la cabeza, saboreando el sabor salado y caliente.

Felix jadeó fuerte, arqueando la espalda.

—Joder, Hyun…

Hyunjin volvió a hacerlo. Otra vez. Y otra. Hasta que tuvo la punta en la boca y chupó con fuerza, hundiendo las mejillas. El gemido que soltó Felix fue casi un gruñido. Las caderas del rubio subieron buscando más profundidad, pero Hyunjin lo sujetó con ambas manos contra el colchón, obligándolo a quedarse quieto. Le gustaba cuando Felix perdía un poco el control. Eran los únicos momentos en los que sentía que realmente lo tenía.

Chupó con ritmo, usando la lengua, la saliva, la presión. Bajó todo lo que pudo hasta que la punta tocó el fondo de su garganta y tuvo que retirarse un segundo para respirar. Un hilo de saliva conectaba su labio inferior con la erección brillante de Felix. Hyunjin lo miró desde abajo, con los ojos entrecerrados, y volvió a engullirlo.

Felix tenía la cabeza echada hacia atrás, la boca abierta, el pecho subiendo y bajando rápido. Una de sus manos seguía en el cabello de Hyunjin, guiándolo, empujándolo más profundo cada ciertos segundos. No era violento. Era posesivo. Como si Hyunjin fuera solo una boca muy talentosa que existía para su placer.

Y a Hyunjin le gustaba. Le dolía, pero le gustaba.

Cuando sintió que Felix estaba cerca, se apartó. Un hilo de saliva cayó sobre el vientre del rubio. Felix abrió los ojos, molesto por la interrupción.

—¿Por qué paraste?

Hyunjin no respondió. Se quitó el propio bóxer de un tirón y se acomodó entre las piernas de Felix, alineando sus erecciones. Las frotó juntas con la mano, lento al principio, luego más rápido. El calor, la humedad, el roce de piel contra piel era adictivo. Felix gimió y levantó las caderas para aumentar la fricción.

—Ven aquí —exigió Felix, tirando de él hacia arriba.

Hyunjin obedeció. Se colocó encima del todo, pecho contra pecho, y volvió a besarlo. Esta vez el beso fue más sucio, más desesperado. Se frotaron juntos mientras se comían la boca, gimiendo en los labios del otro. Hyunjin podía sentir cómo el pre-semen de ambos los hacía resbaladizos. El calor en su vientre bajaba cada vez más peligroso.

En un momento, Felix giró la cabeza y mordió el lóbulo de la oreja de Hyunjin.

—Quiero que me folles —susurró, la voz cargada de deseo—. Ahora.

Hyunjin se estremeció entero. Asintió, sin confiar en su voz. Se apartó solo lo suficiente para buscar el lubricante en la mesita de noche. Felix siempre lo tenía a mano. Siempre. Como si esta fuera la única parte de su relación que realmente planeaba.

Hyunjin se echó una generosa cantidad en los dedos y volvió entre las piernas de Felix. Este ya tenía las rodillas flexionadas, abierto, esperando. Hyunjin lo miró unos segundos más de la cuenta. La imagen lo golpeó en el pecho: Felix desnudo, sonrojado, con los labios hinchados y los ojos oscuros, esperando que lo usara.

¿Qué somos? pensó Hyunjin, pero no lo dijo. Todavía no.

Introdujo el primer dedo con cuidado. Felix estaba caliente y apretado, pero se abrió fácil, acostumbrado. Hyunjin movió el dedo en círculos, buscando, hasta que Felix soltó un jadeo más agudo. Ahí. Agregó un segundo dedo. Luego un tercero. Estiró, empujó, preparó. Felix se retorcía contra su mano, empujando hacia abajo, buscando más.

—Suficiente —dijo Felix entre dientes—. Métetela. Quiero sentirte.

Hyunjin retiró los dedos, se echó más lubricante en la erección y se posicionó. La cabeza rozó la entrada de Felix. Ambos contuvieron la respiración. Hyunjin empujó despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo el cuerpo de Felix lo tragaba. El calor era sofocante. La presión, perfecta. Cuando estuvo completamente dentro, se quedó quieto, temblando, con la frente apoyada en el hombro de Felix.

—Muévete —ordenó Felix, clavándole las uñas en la espalda—. Y no seas suave.

Hyunjin obedeció.

Empezó con embestidas profundas y lentas, casi sacándose del todo antes de volver a entrar hasta el fondo. Felix gemía con cada una, la voz rota, las piernas envueltas alrededor de la cintura de Hyunjin. El sonido de piel contra piel llenó la habitación, mezclado con respiraciones agitadas y el ocasional gemido más alto cuando Hyunjin daba en el ángulo correcto.

Hyunjin lo follaba como si pudiera quedarse dentro para siempre. Como si cada embestida pudiera obligar a Felix a sentirlo de verdad. A quedarse. A decir algo que no fuera solo deseo.

Pero Felix solo gemía su nombre, tiraba de su cabello y le pedía más duro.

Y Hyunjin, como siempre, se lo daba.


Hyunjin embistió más fuerte.

El cambio de ritmo hizo que Felix soltara un gemido largo y roto, echando la cabeza hacia atrás contra la almohada. Las sábanas de seda se arrugaban bajo sus cuerpos cada vez que las caderas de Hyunjin chocaban contra él. El sonido era obsceno: piel húmeda contra piel, el chapoteo del lubricante, las respiraciones entrecortadas que se mezclaban en el aire caliente de la habitación.

—Así… joder, así —jadeó Felix, clavándole las uñas en los hombros con suficiente fuerza como para dejar marcas—. No pares.

Hyunjin no pensaba parar. Tenía una mano aferrada a la cadera de Felix y la otra apoyada junto a su cabeza, usándola de apoyo para empujar más profundo. Cada embestida era precisa, dura, casi castigadora. Quería que Felix lo sintiera mañana. Quería que cada vez que se sentara recordara quién lo había abierto de esa forma.

El calor dentro de Felix era adictivo. Apretaba alrededor de su polla de una manera que le robaba el aliento. Hyunjin gruñó contra su cuello, mordiendo la piel sensible justo debajo de la oreja. Felix se estremeció entero y apretó más las piernas alrededor de su cintura, obligándolo a quedarse aún más adentro.

—Más duro —exigió Felix, la voz ya destrozada—. Quiero que me uses.

Hyunjin cumplio. Sacó casi toda su longitud y volvió a entrar de un solo golpe seco. El cuerpo de Felix se arqueó. Un gemido alto se le escapó de la garganta, crudo y necesitado. Hyunjin repitió el movimiento una y otra vez, cada vez más rápido, cada vez más brutal. El cabezal de la cama empezó a golpear suavemente contra la pared.

El sudor les corría por la piel. El pecho de Hyunjin resbalaba contra el de Felix. Podía sentir el corazón del otro latir desbocado, igual que el suyo. Por un segundo, solo un segundo, cerró los ojos e imaginó que esto significaba algo más. Que el temblor en las piernas de Felix no era solo placer físico. Que los gemidos de su nombre salían de un lugar más profundo.

Pero entonces Felix habló otra vez, y la ilusión se rompió.

—Mírame mientras me follas —ordenó, tomándole la cara con una mano—. Quiero ver tu cara cuando te corras dentro.

Hyunjin abrió los ojos. Los de Felix estaban oscuros, brillantes, llenos de deseo… y de esa distancia familiar que nunca desaparecía del todo. Incluso ahora, incluso con la polla de Hyunjin enterrada hasta el fondo, había algo en su mirada que decía esto es solo sexo. Hyunjin sintió un tirón doloroso en el pecho, pero no se detuvo. Empujó más fuerte, haciendo que Felix jadeara contra su boca.

Cambió de ángulo. Levantó una de las piernas de Felix y se la acomodó sobre el hombro, abriéndolo más. La nueva posición le permitió llegar todavía más profundo. Felix gritó su nombre, la voz quebrada. Sus uñas se clavaron en los antebrazos de Hyunjin dejando medias lunas rojas.

—Ahí… ahí, joder, no pares —balbuceó Felix, los ojos entrecerrados—. Eres tan grande… me llenas tan bien.

Las palabras sucias le subían por la columna a Hyunjin como electricidad. Aceleró el ritmo. El sonido de sus cuerpos chocando se volvió más húmedo, más rápido, casi violento. El lubricante y el pre-semen hacían que cada embestida resbalara con facilidad, pero la presión seguía siendo perfecta, sofocante.

Hyunjin se inclinó y lo besó con fuerza, casi con rabia. Metió la lengua en su boca y la folló con el mismo ritmo con el que le follaba el culo. Felix gimió dentro del beso, chupándole la lengua, mordiéndole los labios. Había saliva en la comisura de sus bocas. El beso era sucio, desesperado, perfecto.

Cuando se separaron por falta de aire, un hilo de saliva los siguió conectando un segundo antes de romperse. Hyunjin apoyó la frente contra la de Felix y siguió embistiendo, más corto, más rápido, buscando ese punto que hacía que el cuerpo debajo de él se estremeciera sin control.

Lo encontró.

Felix soltó un grito ahogado y apretó alrededor de su polla con tanta fuerza que Hyunjin casi se corre ahí mismo. Los ojos del rubio se pusieron en blanco un instante. Sus muslos temblaban. Hyunjin no le dio respiro. Siguió golpeando exactamente ese mismo lugar, una y otra vez, disfrutando de cómo Felix se deshacía debajo de él.

—Voy a… joder, Hyun, voy a correrme —advirtió Felix con la voz rota.

—Entonces córrete —gruñó Hyunjin contra su oído—. Quiero sentirte apretarme mientras te lleno.

Felix no necesitó más. Su cuerpo se tensó de golpe. La primera descarga le salió sin que nadie le tocara la polla, solo con las embestidas profundas. Se corrió entre sus vientres, caliente y espeso, manchando la piel de ambos. El orgasmo le duró varios segundos, con contracciones fuertes que exprimían la polla de Hyunjin sin piedad.

Hyunjin lo folló a través de todo el orgasmo, sin piedad, sin parar. Solo cuando las contracciones empezaron a volverse hipersensibles, redujo un poco la velocidad… pero no se detuvo. Seguía duro, seguía necesitado, seguía buscando algo que no sabía nombrar.

Felix respiraba entrecortado, con la mirada nublada y una sonrisa perezosa y satisfecha en los labios.

—Aún no te has corrido… —murmuró, acariciándole el cabello húmedo de sudor—. ¿Qué esperas?

Hyunjin no respondió. En cambio, se salió de golpe. Felix soltó un quejido por la pérdida repentina. Antes de que pudiera protestar, Hyunjin lo giró con facilidad, poniéndolo boca abajo. Felix se dejó hacer, levantando el culo de forma instintiva. Hyunjin le dio una nalgada seca que resonó en la habitación y luego volvió a entrar de una sola embestida profunda.

Ambos gimieron.

Esta posición era más animal. Más cruda. Hyunjin se aferró a las caderas de Felix con las dos manos y empezó a embestir con fuerza, mirando cómo su polla desaparecía una y otra vez dentro de ese cuerpo. La espalda de Felix se arqueaba con cada golpe. Su cara estaba de lado contra la almohada, la boca abierta, soltando gemidos ahogados con cada embestida.

—Más… más duro —pidió Felix, la voz ya casi un hilo—. Úsame.

Hyunjin lo usó.

Las embestidas se volvieron casi brutales. El sonido de piel contra piel llenaba todo. El sudor le corría por la frente y le caía sobre la espalda de Felix. Podía sentir el orgasmo acumulándose otra vez en la base de su columna, pesado, inevitable. Pero no quería correrse todavía. Quería quedarse dentro un poco más. Quería fingir, solo un momento más, que esto era suyo de verdad.

Se inclinó sobre la espalda de Felix, pegando su pecho contra él, y mordió el hombro del rubio mientras seguía follándolo. Felix gimió fuerte y empujó el culo hacia atrás, buscando más.

—Dime que te gusto —susurró Hyunjin de pronto, sin poder contenerlo. La voz le salió rota, casi vulnerable en medio de la crudeza—. Dime que esto… que yo…

Felix giró un poco la cabeza. Su perfil estaba sonrojado, los labios hinchados, los ojos entrecerrados por el placer. Sonrió de esa forma perezosa y peligrosa que siempre usaba cuando sabía que tenía a alguien exactamente donde quería.

—me gusta cuando me follas así —respondió, la voz cargada de lujuria—. Ahora cállate y córrete dentro de mí.

Hyunjin sintió el golpe en el pecho, pero su cuerpo no se detuvo. Al contrario. Las palabras de Felix, tan honestas en su crueldad, lo empujaron más cerca del límite. Aceleró. Las embestidas se volvieron cortas, desesperadas, profundas. El calor en su vientre se concentró de golpe.

—Felix… —jadeó, aferrándose más fuerte a sus caderas.

—Eso es… dentro. Quiero sentirte —exigió Felix.

Hyunjin se corrió con un gemido gutural. Las primeras descargas fueron fuertes, calientes, llenando a Felix mientras seguía empujando, alargando el orgasmo todo lo posible. Se quedó enterrado hasta el fondo, temblando, con la frente apoyada entre los omóplatos de Felix, respirando como si hubiera corrido kilómetros.

El silencio que siguió estuvo lleno solo de respiraciones agitadas y del latido salvaje de dos corazones que no latían al mismo ritmo.

Hyunjin todavía estaba dentro de él cuando sintió que las palabras se le subían a la garganta otra vez. Esa pregunta peligrosa. La misma de siempre. La que Felix nunca respondía.

Esta vez no estaba seguro de poder guardársela.


Hyunjin todavía estaba dentro de él cuando el silencio se volvió demasiado pesado.

El orgasmo lo había dejado temblando, con los músculos de los brazos fallándole un poco y el corazón latiéndole tan fuerte que le dolía el pecho. Tenía la frente apoyada entre los omóplatos de Felix, respirando el olor a sudor, sexo y el perfume caro que siempre usaba el rubio. La piel de Felix estaba caliente, brillante, marcada por los dedos de Hyunjin y por algunas rojeces de los besos demasiado intensos.

Por un momento, solo un momento, Hyunjin cerró los ojos y se permitió imaginar que esto era suficiente. Que el hecho de seguir conectados, de sentir el calor de Felix a su alrededor, significaba algo. Que tal vez, si se quedaba lo bastante quieto, Felix lo abrazaría de verdad. Que le acariciaría el cabello. Que diría su nombre con esa suavidad que a veces usaba cuando estaba de buen humor.

Pero Felix se movió primero.

Hizo un pequeño ruido de incomodidad y empujó suavemente hacia atrás con el culo, señal clara de que ya había tenido suficiente. Hyunjin entendió al instante. Se salió con cuidado, lento, sintiendo cómo el cuerpo de Felix se cerraba detrás de él y cómo un poco de su propio semen se deslizaba por el muslo interno del rubio. La imagen le provocó un tirón extraño en el pecho: posesivo, triste, hambriento.

Felix se giró y se dejó caer de espaldas sobre las sábanas hechas un desastre. Tenía el pecho subiendo y bajando todavía rápido, el cabello rubio pegado a la frente por el sudor, los labios hinchados y una sonrisa perezosa, satisfecha, casi arrogante. Se veía hermoso. Se veía inaccesible.

Hyunjin se recostó a su lado, de costado, mirándolo. No se atrevió a abrazarlo de inmediato. A veces Felix lo permitía. Otras veces se apartaba con una risa suave y un “hace calor, Jinnie”. Nunca se sabía.

Esta vez, Felix no se apartó cuando Hyunjin acercó una mano y le acarició el pecho, dibujando círculos lentos sobre la piel todavía sensible. Tampoco dijo nada. Solo cerró los ojos un segundo, disfrutando del contacto como quien disfruta de un masaje agradable… no como quien recibe cariño de la persona que ama.

Hyunjin sintió que la pregunta se le subía por la garganta otra vez. La misma de siempre. La que llevaba semanas, meses tal vez, atragantada.

Trató de tragarla. De verdad lo intentó. Se mordió el interior de la mejilla, respiró hondo, se concentró en el tacto de la piel de Felix bajo sus dedos. Pero el silencio de la habitación, el olor a sexo, la forma en que Felix ya parecía mentalmente en otro lado… todo se juntó.

—Lix… —empezó, la voz más baja y rota de lo que esperaba.

Felix abrió los ojos. Lo miró de lado, con esa expresión entre curiosa y ligeramente advertida. Como si ya supiera lo que venía.

Hyunjin tragó saliva. El corazón le latía con fuerza dolorosa.

—Mi amor… ¿qué somos?

El silencio que siguió fue breve, pero se sintió eterno.

Felix no se tensó. No suspiró con fastidio. Ni siquiera apartó la mirada de inmediato. Solo lo observó un segundo, con esos ojos marrones claros que siempre parecían estar evaluando. Luego sonrió. Una sonrisa lenta, suave, casi cariñosa… y completamente vacía de lo que Hyunjin necesitaba.

Se incorporó un poco, se inclinó sobre él y lo besó.

El beso fue profundo, caliente, experto. Felix tomó la cara de Hyunjin con una mano, le apartó el cabello húmedo de la frente con el pulgar y metió la lengua en su boca con la misma seguridad con la que siempre tomaba lo que quería. Hyunjin, traicionado por su propio cuerpo, respondió al instante. Cerró los ojos y se dejó besar, sintiendo cómo la pregunta se disolvía un poco bajo la presión de esos labios.

Cuando Felix se separó, apenas unos centímetros, su aliento caliente rozó la boca de Hyunjin. Susurró, con voz ronca y cargada todavía de sexo:

—Solo sigue follándome asi de duro, Hyun…

Hyunjin se quedó congelado.

Las palabras cayeron sobre él como agua fría. No había rabia en ellas. No había crueldad abierta. Solo esa naturalidad terrible con la que Felix siempre desviaba todo lo que se pareciera a compromiso. Como si la pregunta de Hyunjin hubiera sido una interrupción molesta en medio del placer. Como si lo único que importara fuera seguir usándole el cuerpo.

Felix no esperó respuesta. Se volvió a acostar, esta vez de lado, de espaldas a Hyunjin, y estiró un brazo para buscar el teléfono en la mesita de noche. La luz de la pantalla iluminó su perfil perfecto. Empezó a revisar algo con total naturalidad, como si lo que acababa de pasar —el sexo intenso, la pregunta, el beso para callarlo— no hubiera dejado ninguna huella.

Hyunjin se quedó mirando su espalda.

El semen de Felix todavía estaba en su vientre. El de Hyunjin se le escapaba a Felix por el muslo. El olor a sexo seguía impregnando las sábanas. Y sin embargo, la distancia que había entre ellos en esa cama de lujo se sentía más grande que nunca.

Hyunjin extendió una mano y tocó suavemente la cintura de Felix. El rubio no se apartó, pero tampoco se acercó. Solo siguió mirando el teléfono.

—Felix… —intentó otra vez, más bajo.

—Mmm —respondió Felix sin girarse, distraído—. ¿Qué?

Hyunjin abrió la boca. La cerró. Sintió un nudo arderle en la garganta. Al final solo dijo:

—Nada.

Felix tarareó en respuesta, como si hubiera recibido exactamente lo que esperaba. Unos segundos después soltó una risa bajita por algo que vio en la pantalla y escribió un mensaje rápido. Hyunjin no preguntó a quién. Ya había aprendido que preguntar solo lo hacía ver más intenso, más necesitado, más patético.

Se quedó acostado de espaldas, mirando el techo alto del departamento. Las luces de la ciudad se reflejaban en el cristal del ventanal. Se escuchaba, muy de fondo, el ruido lejano del tráfico. Dentro, solo el sonido suave de los dedos de Felix tocando la pantalla.

Hyunjin sentía el cuerpo pesado, satisfecho físicamente… y completamente vacío por dentro. El orgasmo todavía le dejaba un hormigueo agradable en las piernas, pero el pecho le dolía de una forma que no tenía nada que ver con el esfuerzo. Era un dolor viejo. Familiar. El mismo que sentía cada vez que intentaba alcanzar a Felix y se encontraba con aire.

Se giró un poco y observó la nuca del rubio, el nacimiento del cabello húmedo, la curva de su hombro marcado por una chupetón que él mismo había dejado minutos antes. Esa marca debería significar algo. Debería ser prueba de que, al menos por un rato, Felix había sido suyo. Pero ahora, viéndolo tan relajado, tan ajeno, la marca solo se sentía como algo temporal. Como todo lo demás.

Felix dejó el teléfono sobre la mesita después de un rato y se estiró como un gato satisfecho. Bostezó.

—Me voy a duchar —anunció con voz perezosa—. ¿Vienes o te quedas ahí?

La pregunta era casual. No había invitación real en ella. Era solo una cortesía automática.

Hyunjin dudó. Una parte de él quería seguirlo hasta la ducha, pegarse a su espalda bajo el agua caliente, abrazarlo por detrás y esconder la cara en su cuello hasta que el dolor se calmara. Otra parte, más orgullosa y más herida, sabía que si lo hacía estaría mendigando otra vez.

—Voy en un momento —respondió al final, con la voz neutra.

Felix asintió, se levantó de la cama sin ningún pudor y caminó desnudo hacia el baño. Hyunjin siguió con la mirada la línea de su espalda, el culo marcado por los dedos, los muslos todavía brillantes. La puerta del baño se cerró a medias. Unos segundos después se escuchó el agua de la ducha.

Hyunjin se quedó solo en la cama grande.

Se pasó una mano por la cara. Tenía los labios hinchados. El cuello le ardía donde Felix lo había mordido. El cuerpo le pesaba. Y en el centro del pecho, justo debajo del esternón, había un hueco que el sexo no había podido llenar.

¿Qué somos?

La pregunta seguía ahí, sin respuesta. Empujada bajo la alfombra con un beso y una orden sucia. Como siempre.

Hyunjin se sentó al borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza gacha. El semen se le estaba secando en la piel. El aire acondicionado del departamento empezaba a enfriarle el sudor. De la ducha llegaba el sonido del agua y, muy bajito, el ruido de Felix tarareando una canción que Hyunjin no reconoció.

Se quedó así un rato largo, escuchando.

Sabía que en unos minutos Felix saldría de la ducha, se secaría el cabello con una toalla cara, se pondría un bóxer limpio y probablemente le diría que ya era tarde o que tenía sueño o que mañana tenía que madrugar. Sabía que él, como siempre, asentiría. Que se vestiría en silencio. Que tal vez recibiría un beso distraído en la puerta. Que caminaría de regreso a su estudio con el olor de Felix todavía en la piel y el vacío todavía en el pecho.

Y también sabía que, la próxima vez que Felix lo llamara, volvería a ir.

Porque aunque le doliera, aunque la pregunta nunca tuviera respuesta, aunque cada encuentro lo dejara un poco más vacío… Hyunjin todavía no sabía cómo dejar de quererlo.

Se levantó al fin. Recogió su ropa del suelo con movimientos lentos. Se limpió a medias con una de las sábanas. Y mientras escuchaba el agua de la ducha seguir corriendo, se dijo a sí mismo, una vez más, que mañana sería diferente. Que la próxima vez sí pediría una respuesta de verdad.

Mentira piadosa.

La misma de siempre.

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Te entiendo Hyunjin, fui tú en un momento de mi vida y no es nada bonito 😮‍💨😮‍💨

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