Lo que nunca nos atrevimos a decir
La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales del instituto mientras los estudiantes salían apresurados.
—¡Liam, apúrate! —gritó Noah desde el pasillo.
Liam levantó la mirada de su cuaderno y sonrió con timidez.
—Ya voy...
Eran mejores amigos desde los seis años. Compartían todo: los almuerzos, las tareas, las tardes jugando videojuegos e incluso los silencios. Para todos era normal ver al enorme alfa de cabello negro caminar junto al pequeño omega que siempre llevaba un libro entre las manos.
Noah medía casi un metro ochenta y siete. Era fuerte, divertido y el centro de atención donde fuera.
Liam era todo lo contrario: tranquilo, inteligente y reservado. Nunca le gustó destacar.
Aun así, siempre estaban juntos.
—¿Qué quieres comer? —preguntó Noah mientras rodeaba los hombros de Liam con un brazo.
—Lo que tú quieras...
—Eso significa hamburguesas.
—Lo sabía...
Los dos comenzaron a reír.
Lo que Noah no sabía era que Liam llevaba enamorado de él desde hacía años.
Y Liam tampoco imaginaba que Noah sentía exactamente lo mismo.
Pero ninguno era lo bastante valiente para confesarlo.
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Esa noche fueron con su grupo de amigos a celebrar el cumpleaños de uno de sus compañeros.
La música era tan fuerte que apenas podían escucharse.
—¡Solo una copa! —insistió Noah.
—No me gusta beber...
—Entonces beberé por los dos.
Al final terminaron riéndose de cualquier tontería.
Una copa se convirtió en dos.
Dos en cinco.
Y cinco...
En una noche que ninguno de los dos recordaría por completo.
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A la mañana siguiente...
Liam abrió lentamente los ojos.
Sentía un terrible dolor de cabeza.
—¿Qué...?
Miró a su alrededor.
No era su habitación.
Estaba en el departamento de Noah.
Y lo peor...
Dormía abrazado a él.
Los ojos de Liam se abrieron de golpe.
—¡¿N-Noah?!
El alfa también despertó sobresaltado.
Ambos se quedaron completamente inmóviles.
Luego miraron el desastre de la habitación...
Su ropa estaba tirada por el suelo.
Los dos se sonrojaron al mismo tiempo.
—Creo... que hicimos algo... —murmuró Noah, llevándose una mano a la frente.
Liam sintió que el corazón iba a salírsele del pecho.
Ninguno supo qué decir.
El silencio fue más fuerte que cualquier palabra.
Y sin saberlo...
Aquella noche cambiaría sus vidas para siempre.








