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Hay algo que nunca te dicen sobre las idols.
No cuando las ves sonreĆr.
No cuando brillan bajo las luces.
No cuando miles de voces gritan sus nombres como si fueran eternas.
Nunca te dicen lo que pasa despuƩs.
DespuƩs de los escenarios.
DespuƩs del maquillaje.
DespuƩs de que las cƔmaras se apagan.
Porque la verdad no vende.
La verdad no es bonita.
Y definitivamente... no es perfecta.
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Dicen que para ser idol tienes que sacrificarlo todo.
Tu tiempo.
Tu cuerpo.
Tu voz.
Tu privacidad.
Pero nadie menciona lo mƔs importante.
Nadie te advierte que, en algĆŗn punto, el sacrificio deja de ser algo que haces...
y se convierte en lo Ćŗnico que eres.
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Las convierten en sueƱos.
En estƔndares.
En metas imposibles para otros...
y obligatorias para ellas.
Las construyen con cuidado.
Las moldean.
Las perfeccionan.
Hasta que no queda nada fuera de lugar.
Ni siquiera ellas mismas.
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Y cuando por fin estƔn listas, cuando son lo suficientemente hermosas, lo suficientemente talentosas, lo suficientemente perfectas...
Las muestran al mundo.
Como si fueran obras de arte.
Como si fueran intocables.
Como si fueran...
muƱecas.
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Pero incluso las muƱecas se rompen.
Aunque nadie quiera verlo.
Aunque nadie lo admita.
Aunque todos prefieran seguir mirando hacia otro lado.
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Porque al final, no importa cuƔntas luces hayan.
No importa cuƔntas personas aplaudan.
No importa cuĆ”ntas veces sonrĆan.
Si miras lo suficiente...
si de verdad prestas atención...
vas a notar algo.
Algo pequeƱo.
Algo casi invisible.
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Las grietas.
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Y una vez que las ves...
ya no puedes dejar de hacerlo.








